Cap 5

Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Poco sabía Ranma que, mientras que él rememoraba con pesar los días previos a la decisión de Akane, esta última también recordaba, forzosamente, uno de los eventos que gatilló en ella una cólera más allá de la normal. Las pesadillas se habían disfrazado de tiernos sueños, enseñándole primero las preparaciones que se habían llevado a cabo para que contrajera nupcias con el testarudo artista marcial. Pero, despiadadamente, habían revelado su verdadera naturaleza, obligándola a revivir el día que aperturó la semana más desastrosa que había vivido desde que los Saotome habían llegado a su vida.

-Día 1, hace 4 meses-

La segunda boda, un desastre.

Ranma, un imbécil.

Su familia, una jauría de locos.

La gente de Nerima, perversa.

Como siempre, los Tendo y los Saotome no habían decepcionado a la hora de montar un gran espectáculo. Akane estaba más que desolada, con su vestido de novia hecho jirones, sentada a la orilla del río poco profundo que corría al costado del camino que solía tomar para ir al Furinkan desde casa. Era casi medianoche, pero no podía volver aún. No tenía la estabilidad como para regresar en esas fachas sin desmoronarse, paseándose por las calles para ser el hazmerreír de la gente… por una segunda desgraciada vez.

Cuando el alboroto empezó, mucho antes de que pudieran tan siquiera empezar con los votos, una señora, que estaba en camino a adoptar la apariencia momificada de la vieja Cologne, había dicho: "¿Todavía con 3 prometidas? Ni se han casado y sigue poniéndole los cuernos". ¿Eso pensaban todos de ella? ¿Cuando caminaba, veían en el suelo la sombra de dos grandes astas?

¿Ranma entendía? Por supuesto que no. Él no entendía cómo se sentía y por qué se enojaba tanto. Era demasiado insensible como para ponerse en sus zapatos. Todos creían que él la engañaba. Sin importar si lo suyo fuese o no real, todos creían que tenían una relación. Y todos veían cómo él era perseguido por otras tres mujeres, algunas más desfachatadas que otras, y cómo no hacía ni el más mínimo esfuerzo por esclarecer quién era su prometida y con quién iba a casarse… ¡aún luego de 24 meses! Aún no reunía el coraje como para ponerle un alto a todo y cuidar de sus sentimientos.

Se trataba de una cuestión de honor. De su honor. Si estuviera ella en sus zapatos, lo entendería. Comprendería qué tan avergonzado podría sentirse él. Pero, pensándolo mejor, ¡ya lo había vivido! E incluso, según las temporadas, lo volvía a vivir. No era tan ingenua como para no advertir el especial interés que algunos de sus mutuos conocidos y amigos tenían en ella. Pero jamás les había dado alas. ¿Quién más que él la había besado? ¿O dormido en el mismo espacio? Ella rechazaba cualquier intento, con mayor o menor vehemencia dependiendo de la persona y la situación.

Mientras, siempre se cruzaba una nueva línea con el permisivo prometido que le había tocado. Parecía que todo el mundo tenía derecho sobre él, que ese cuerpo era tierra de nadie ya que no era capaz de decir basta y sacarse de encima las serpenteantes caricias de ese grupo de… de…

- ¡Ahhhh!

Un árbol murió esa noche. Lo desprendió del suelo, arrancando las raíces que, al desarraigarse de la tierra, crujieron en un lamento furibundo. Pero la pena y rabia de Akane era mayor que la de cualquier otro ser vivo en Nerima en ese momento. Era su boda, otra vez, y había sido arruinada, otra vez. Como se arruinaba todo lo que trataba de tener con Ranma. ¿Qué cambiaría? En 2 años, dos largos, a veces divertidos, a veces exasperantes, años, todo seguía igual. Aunque… algunas cosas sí eran distintas. Ya lo sabía. Sabía que lo amaba. Pero, después de tantas peripecias, aún no podía poner un dedo sobre aquello que él sentía por ella. ¿Era amistad? ¿Era responsabilidad? ¿Era… amor?

Eso último no. Claro que no. Se lo había restregado en la cara una y otra vez. No, no y no. No te amo, no lo dije, nunca lo he dicho, no fue así.

Y luego de 2 años de nada que la devolviese a ese momento donde creyó haberlo escuchado, se convenció de que, en verdad, él jamás se lo había dicho. Sintiéndose drenada por el desbordante esfuerzo físico y emocional, se dobló en el suelo. Quien la viera, seguro no podría evitar reír. Era una novia fallida por segunda vez. ¡Dos veces! Estaba despeinada, sucia, había arrancado un árbol, lloraba. Solo deseaba desaparecer. Cerrar los ojos y, al abrirlos, encontrarse en el futuro. ¿Dónde estaría en 10 años? Tendría 28 y quizás… quizás estaría viajando. Sí. De viaje. Ya habría terminado una carrera. ¿Qué carrera? No se puede viajar mucho siendo enfermera. Quizás enfermera… ¡en el ejército! ¿Por qué no? Enfermera para el ejército de Japón. Ellas sí viajaban. Podría replegarse a una nueva base cada año. Así lo haría hasta llegar a… a… ¡a Canadá! Sabía un poco de inglés, no era tan difícil, podría aprender y mudarse a ese país. Una vez ahí, habría todo un continente nuevo por explorar.

¿Y Ranma? ¿Él no estaba en su futuro? Si trataba de imaginárselo, las cosas se complicaban, como siempre. Se limpió las lágrimas con el borde de las mangas y un poco de su maquillaje se impregnó en estas. Tuvo que volver a acercar la tela a su rostro porque empezaron a correr libremente decenas de perlas acuosas, con más soltura esta vez, cuando trató de incluir a su testarudo prometido en su futuro. Ya se lo podía imaginar. Ranma en el ejército con ella, trayendo a la mitad de la base loca por él y a la mitad de la base masculina con ganas de partirle la cara. Levantando murmullos. "¿Te enteraste? Tiene otras 3 prometidas". "Seguro la engaña, ¿ya viste que una de las enfermeras dice que salió con él anoche?". "¿Cómo no la engañaría? Con tantas chicas mucho más FEMENINAS, BONITAS Y AMABLES que ella". ¿Cómo no llorar?

- ¡Akaneeee!

Como si lo hubiera atraído telepáticamente, el susodicho apareció en la cercanía, gritando su nombre. Pudo ver que seguía con el traje de novio. Hubiese salido de su escondite, cerca del puente, de no ser porque vio que detrás de él estaban ellas. Shampo y Ukyo eran más persistentes que Kodachi, que prefería sacrificar un momento extra con Ranma que su ritual nocturno de belleza. Ya ni siquiera parecía que estaba enamorada de él, sino que lo seguía por costumbre y por placer, porque siempre era divertido frustrarle la vida a alguien. También Ryoga los acompañaba, vociferando su nombre con entonación desesperada. Era una suerte que Kuno, con su inverosímil capacidad para presentarse en los momentos menos adecuados, no la hubiese encontrado primero. Seguro seguía el mismo ritual nocturno de belleza que su hermana.

¿Qué le diría a Ranma? Ya podía predecir cómo irían las cosas. Ella aparecería ante él, él le preguntaría que dónde estaba y que por qué se había ido. Luego, alguien, quien fuera, lo echaría a perder. Seguro dirían "¿por qué estás tan preocupado por ella?", y él idiota diría todo lo que no debería. Que quién estaba preocupado por ella, que nadie se atrevería a tocar a una marimacho tan fea y que solo estaba haciéndolo para que el señor Tendo dejase de lloriquear en casa.

No quería, por sobre todo, que la encontrasen a ella también lloriqueando. No podía parar y su debilidad era tan crónica esa noche que sentía que moriría si recibía una humillación más. Tan torpemente como sus piernas le permitieron ser, se acurrucó contra una de las bases del puente, implorando con cada tremor que no la hallaran. Lo pidió tan ardorosamente y con la pena tan apretujada en cada uno de sus lamentos, que el puente se enterneció de ella. Al retroceder, pisó tierra muy endeble. Al palpar la zona, se dio cuenta de que era una madriguera. Parecía vacía y estaba recubierta por las raíces de las plantas que crecían, salvajes, alrededor de la humedad que encerraba la base de cemento de la construcción. Tomó la falda de su vestido y la enlodó. Cuando entró al hoyo, usó la basta, ahora terrosa, para camuflarse. Y esperó.

Sintió el crujir de los pasos de alguien medianamente cerca. Quizás, su idea había sido ridícula. ¿No se burlarían más de ella si la encontraban a medio esconder? ¿Y en esas fachas? Era la novia más horrenda que el universo hubiese concebido jamás. Y Ranma se lo diría. Todos se lo dirían. Excepto Ryoga, que siempre había demostrado tenerla en alta estima, por motivos que no quería reconocer del todo porque no podría nunca corresponderle. Los pasos tronaban en sus oídos, ahora más cerca, engrandecidos por resonar bajo tierra, que era donde ella intentaba con esmero guarecerse.

- ¿Quién rayos hizo esto?- Escuchó a Ukyo, seguramente refiriéndose al árbol que interrumpía la afluencia del agua del riachuelo.

- Chica violenta haber empeorado, ¿neh, Airen?

- Lo que le falta de gracia le sobra de fuerza.- Fue la única contestación.

Si continuaban husmeando, pronto descubrirían el pasto hollado que había dejado tras de sí al caminar con pesadez hacia la seguridad del puente. Eso era todo. La ridiculizarían por segunda vez. Él haría gala de que había logrado librarse de desposarla, incluso luego de dos años. Antes, lo había soportado. Pudo hacerlo porque, después de todo, las emociones eran frescas y nuevas. Ahora, la repetición había traído consigo una acibarada frustración.

Aunque se conocían mucho mejor y compartían suficiente tiempo juntos, disfrutando de cosas que, para su sorpresa, ambos apreciaban, su relación romántica no había avanzado a la par de su amistad. Él era su amigo. Su mejor amigo. Discutir con él y ser su apoyo en problemas disparatados que sobrepasaban el juicio común era algo que ambos hacían ya por diversión. Sabía que nunca se negarían ninguna ayuda mutua, y que de parte de ninguno de los dos podía esperarse una puñalada a muerte por la espalda. Sabía que él lo reconocía. Se lo había dicho. "Eres la persona en l-la que más confío", le había dicho durante una rutinaria excursión nocturna hacia el refrigerador. Comiendo algo que él se había empecinado en preparar para los dos, le había revelado que era en ella en quien sentía que podía depositar su vida. Y ella solo había repuesto que así también ocurría para ella. Pero se había reservado el decirle que en su presencia también se sentía segura, protegida, feliz, nerviosa y acompañada. Mas nunca querida.

No habían pasado de miradas y de casuales tocamientos sin intención, banales acercamientos circunstanciales. Pero tanto Ukyo como Shampoo, y hasta Kodachi, se habían asegurado de adentrarse a otros terrenos con Ranma en los últimos 24 meses. Él siempre se encargaba de rehusar su culpabilidad. Hasta cierto punto, era, en efecto, inocente. Pero su crónica incompetencia para decir no y zanjar cualquier intento, su estupidez para continuar cayendo en variaciones de las mismas trampas, su falta de madurez para asumir su cuota de responsabilidad, todo eso lo hacía culpable. La paciencia de Akane Tendo había rebasado su límite ese ridículo día, en el que nuevamente su boda se había ido al diablo.

- ¡Shampoooo!- El alarido ferviente de Mousse la sustrajo de sus penas.

- ¡Tonto Mousse no asustar a Shampoo así!- Se quejó la aludida, propinándole un golpe en la cabeza al joven que intentaba abrazarla, sin éxito.

- ¿Has visto a Akane?- Fue lo primero que salió de la boca de Ranma, que notó que el de lentes había brotado de entre el frondoso amague de hojas del árbol caído en medio del agua.

- Quizás mientras caía.- Empezó a relatar el otro, poniéndose un poco más serio al percibir la preocupación tan marcada que dibujaba tensión en la cara de su, a veces, enemigo.- Cuando Shampoo me mandó a volar, caí en ese árbol. Antes estaba allá.- Explicó, señalando la zona donde antes estaba plantado y estable el tronco, aunque nadie le hubiese pedido dar tantos detalles.- Pude ver a alguien con un vestido blanco yendo hacia la carretera central.- Se apresuró a concluir.

- ¿La carretera? ¿Qué diablos está haciendo esa boba?

Antes de que Ryoga pudiese iniciar su propia ronda de preguntas a Mousse, Ranma salió disparado en la dirección en la que pensó que podría hallar a su novia fugitiva. El jovencito chino trató de colgarse de las caderas de la amazona para evitar que se uniera en la carrera, pero esta lo empujó hacia el agua fría del canal. Transformado en pato, no pudo hacer más que lanzar unos cuantos graznidos de protesta, mientras se acicalaba con impotencia el plumaje desprolijo.

Pronto, el único sonido que reinó en medio de la penumbra fue el del corazón de Akane, azorado por el alivio y desconfiado por el abrupto estallido de gentileza de quien no creía que fuese a socorrerla. Salió como un caracol de su concha, asomándose por entre los pliegues enmarronados de su falda. Luego de brotar del todo de la tierra, Mousse lanzó un escueto "¡cuac!". Debía irse. Otro graznido la instó a aprovechar la ventaja que le había dado y huir hacia donde mejor le pareciera, pero no podía simplemente irse. Una de las alas del, ahora, pato, estaba doblada. Quizás, sí había volado por los aires minutos atrás y se había herido en la caída.

Con paciencia, abrió los brazos para invitarle a venir hacia ella. Pero el otro no hizo más que rechazarla con un aleteo violento de alas. Sin embargo, si se trataba de violencia, nadie le ganaba a la chica Tendo. Dispuesta a devolverle el favor, lo tomó del cuello y lo forzó a anidar en su pecho. Le tapó el pico y le susurro que se callase si no quería formar parte de los insumos de alguno de los restaurantes que abrían temprano en la zona, y echó a correr. Se pisó un par de veces la pesada basta del vestido tipo merengue, que ya no era más que un recuerdo mal formado de lo que debía ser un atavío nupcial, y se arrancó más de la mitad de la tela de un pisotón.

Con las piernas libres, empezó una sigilosa pero dubitativa danza por los senderos de su ciudad natal. El traqueteo de sus tacos bajos era absorbido a duras penas por el minúsculo ronquido de una ciudad dormida. Dejó que las sombras que producían algunas casas la engulleran, para luego deslizarse por el silencio de la madrugada hasta una parte alejada de la carretera central, del puente, de la Furinkan y de su casa.

La zona rosa de la pequeña Nerima no era un lugar que frecuentara mucho. Mousse empezó a revolotear, torciendo un poco más la dirección de su herida ala, y tuvo que callarlo zarandeándolo. No quería atraer la atención de nadie indeseable, aunque era casi imposible considerando cómo se veía. Algunas personas le lanzaron piropos, alguien incluso trató de cortarle el paso. El pato picaba en respuesta, deseando tener agua caliente a la mano para volver a su forma original y defenderla.

Pero pronto comprobó que Akane Tendo no había gastado ni un ápice de su energía al derribar el árbol tan solo una veintena de minutos atrás. Con agilidad, se deshizo a patadas de los problemas que surgían a través de su camino. "¿Por qué estamos aquí?", se preguntó, sin entender a dónde se dirigía con tanta seguridad una persona que nunca habría imaginado que conociera ni tan siquiera de la existencia de una zona rosa en la, aparentemente, mansa Nerima. Entonces, sus lentes reflejaron las luces de un letrero espeluznantemente brillante.

"STRIP HOUSE"

- ¡Quédate quieto!- Le ordenó, luchando por mantenerlo consigo sin lastimarle más el emplumado cuerpo.- ¡Tengo una amiga aquí, por favor, solo coopera!

¿Qué no había cooperado ya lo suficiente? Se había pasado la medianoche envuelto en problemas ajenos. Pero no había podído resistirse a ayudarla. Cuando la había visto caminar hacia el altar, por segunda vez, realmente creyó que, por fin, todo caería en su sitio. El estúpido de Ranma ya no sería un obstáculo, casado con una mujer nada despreciable. Muy por el contrario. Muy, muy apreciable. No tanto como Shampoo pero, sin dudas, deslumbrante. No tan cautivadora como su formidable amazona pero, y saltaba a la vista, hechizadoramente dulce.

Era ella, después de todo, la que ocupaba el lugar que Shampoo anhelaba. Y, si era capaz de tomar esa posición, entonces debía ser superior en algo. El que la muerte la hubiera cortejado sin éxito era parte de ese embrujo inhumano que había despertado el interés de nuevos admiradores. "Te lo mereces, Saotome", pensó, satisfecho porque sabía que el chico de la trenza jamás viviría en paz. A donde fuese, tendría que cargar con la duda de si su mujer estaría bien, sana y salva. Porque una mujer así, hermosa y que ya había danzado con la parca, no le podía ser indiferente a nadie. Y la cosa empeoraba cuando, además, la nobleza de su carácter la hacía relucir como una extraña gema.

- ¡Hey, sin tocar!- Le reprendió, tomándolo del cuello.

- ¡Cuac!- Pudo exclamar tras rozar por accidente su pico entre los pechos de la fémina.

Bueno, por otro lado, tenía una fuerza tan bruta que no podía hacer más que compadecer a Ranma. Un paso en falso y el temperamento de la chica lo haría viajar gratis de un pueblo al otro. ¿Cómo había podido contra un árbol tan fieramente afianzado al subsuelo? Cuando la había visto hacerlo, algo hizo que se pusiera a la defensiva y tomase una pose de guardia. Ella ni siquiera se había percatado de su presencia, pero estaba tan iracunda que su aura de batalla se había desatado. No pudo verle la cara, pero su espalda estaba tensa. Sus venas sobresalían por la matizada tela brocada que cubría sus delgados brazos, formando un nuevo diseño. Su pelo corto le dejó vislumbrar la musculatura de su cuello, apretujada por el esfuerzo. ¿Cómo había logrado vencer a un árbol?

- ¡Akane!

- ¡Yuka!

- ¡Cuac!- Al ser aplastado en medio del abrazo de las dos chicas, un hilillo de sangre se asomó por sus orificios nasales.

- ¿Qué haces con un pato?

- Yuca, no puedo hablar ahora…- Balbuceó, a punto de hipar y desbarrancarse en un aglomerado llanto que apenas sí podía controlar.-... no puedo regresar así a casa, por favor.

- Ven.- Susurró, llevándola dentro del establecimiento.

No le hizo ninguna pregunta más, y Mousse supo entonces para qué servían los amigos. Él nunca había compartido estrechamente sus penas con nadie, aún menos sin tan siquiera hablar. Pero para la amiga de la chica Tendo, había bastado una buena mirada para simpatizar con toda su agonía femenina. Pisando el cigarro que había estado fumando segundos atrás, tomó de los hombros a la que había sido una novia por menos de 12 horas y la hizo pasar. Los altísimos y macetudos hombres que custodiaban la entrada no hicieron más que escanear la escena con ojos curiosos.

Yuka guió a Akane por un pasadizo, y cada vez las luces eran menos rojizas y violetas, la música, menos aturdidora, y la gente, menos desvergonzada. Había visto a una mujer haciendo acrobacias en un tubo antes de doblar la esquina, mientras otra estaba de cuclillas, zarandeando sus…

- ¡Cuac! ¡Cuac!

- Que no haga ruido.- Le advirtió su amiga de la preparatoria, tratando de cubrir con su cuerpo al animal.

- Mousse, te lo suplico.

- ¿Mousse? Ah, con razón se me hacía conocido.- Soltó Yuka, ojeando el pasillo.

- Por favor, haz silencio.

Sintió su cálido abrazo, un abrazo tan necesitado y bondadoso que se relajó al instante. Sin importar lo que viese y cuánto le alterara, se mantendría en silencio. Pero era tan difícil. ¿Por qué estaban ahí? ¿Cómo conocía Akane Tendo ese lugar? ¿Por qué no podía haberse encontrado con la chica en su forma original?

- Mi descanso todavía no termina, ¿quieres hablar?- Ofreció, a sabiendas que el problema tenía que ver con la inconclusa excusa de boda en la que había sido dama de honor más temprano ese día.

- No, todavía no.- Rechazó, contrayendo el pecho, acurrucando más al pato, como si fuera una niña buscando calma en el suave cuerpo de un peluche.

- Bueno.- No quería insistir y tuvo que tragarse su opinión sobre cierto trenzudo.- Toma la llave. Si alguien trata de entrar, solo respóndele que estás con un cliente. Si te pregunta quién eres, dile que…- Se detuvo un momento, inspeccionando su teléfono para ver quién no estaba trabajando ese día.-... Venus. Si no te dejan en paz, diles que me busquen.

- S-sí… Yuka, apenas salga el sol me iré, ¿de acuerdo?

- No te preocupes.- Antes de dejarla ante la entrada del cual sería su lugar de descanso por unas horas, la volvió a abrazar.

- ¡Cuac!

- Prométeme que hablaremos sobre esto más tarde, ¿sí?

- Sí, te lo contaré todo, te lo prometo. Y no le digas nada a Sayuri aún, por favor.

Por única respuesta, la otra asintió.

El crujir de la puerta cerrándose le erizó las plumas a Mousse. ¿Con un cliente? ¿Qué tipo de sitio era ese y… ¿por qué rayos la chica Tendo estaba ahí? El color se le había escurrido del cuerpo. No sabía qué pensar. ¿Acaso Ranma sabía sobre la doble vida de su prometida? ¿Qué pasaría con él? ¿Por qué había una cama tan grande y por qué todo olía tan bien? ¿Quién fue el de la idea de poner un espejo en el techo?

- Cálmate, por favor.- Le dijo arrodillándose con él aún teniendo un ataque de nervios entre sus manos.- Déjame curarte. Es lo mínimo que puedo hacer después de…- Y no dijo más.

Lo depositó sobre la cama y se dirigió hacia el baño. Escuchó el agua correr y luego el ruido de un sollozo romperse. Sintió el impulso de acercarse pero lo retuvo en su corazón. Era un llanto personal, que destilaba una energía tan triste y tan contagiosa que hizo que él también recordara todas las penas que había pasado por el amor no correspondido de Shampoo. Luego, el abrupto cese y un cajón abriéndose y cerrándose y, tras esto, las pisadas descalzas de Akane.

- N-no sé bien qué hacer...q-quiero decir… no hay mudas de ropa, solamente batas de baño. ¿Está bien?

No podía diferenciar bien los rasgos de su rostro, su vista empeoraba cuando era un pato. Tragó ásperamente. ¿A qué se refería con que si estaba bien?

- Entraré yo primero, lo haré rápido. Cuando salgas tú, curaré tu brazo, ¿sí? Te lo debo.- Sentenció.

Sonaba a un plan.

- ¡O-oye! No te hagas ideas raras o…- El crujir de su puño en frente de su pico hizo que negara con rapidez.

- ¡Cuac, cuac, cuac!- Graznó, como si ella pudiera entenderle.

Akane se levantó, ahora con sus defensas en alto, y se encaminó hacia el cuarto de baño. Ante sus pasos, la cola, que había quedado suelta tras la pérdida de la falda, se meneó en un hipnótico vaivén del que el chico casi no pudo escapar. ¿Cómo podría haber convivido Ranma con aquella jovencita por tanto tiempo sin tan siquiera hacer un solo movimiento? ¿Era tan lento? ¿O quizás…? Ugh, ahora que lo pensaba, ¿qué no pasaba demasiado tiempo junto a Ryoga? ¿Y que no le había jugado demasiadas bromas transformado en mujer? Lo único que le daría algo de sentido a su lentitud sería que sus gustos fueran otros.

- ¡Cuac!

- Cálmate.

No pudo continuar meditando sobre la orientación sexual de su rival porque Akane, terminando antes de lo esperado, lo alzó con delicadeza para transportarlo hasta el pie de la bañera. Estaba muy reactivo aquella noche, poco acostumbrado a sentirse tan bien tratado en su forma maldita. No quiso ni tan siquiera tratar de mirarla, contemplando la idea de que, quizás, la bata de baño que usaba fuera más pequeña que lo que había quedado de su traje nupcial.

- Te recomendaría usar la ducha en vez de la bañera, así podré atenderte más rápido…- Ante la pequeña gota roja que se asomaba por su nariz, ella se apresuró a gritar.- ¡Atender tu herida, estúpido!

- ¡Cuac!

Y de un certero manotazo lo hizo saltar dentro del gran cuenco de cerámica. Cerró la cortina y, manteniendo la cara del otro lado, internó sus brazos para alcanzar las llaves del agua. Le advirtió que se hiciera a un lado para no recibir un chorro muy frío o caliente directamente, y empezó a regular la temperatura.

- Así está bien.- La voz del, ahora, hombre le hizo dar un respingo.

Apenado por la naciente incomodidad, vio cómo sus manos desaparecían con prontitud y su sombra huía hacia la habitación, cerrando la puerta. "Oh, genial". Acababa de mojar su cabello, que se pegaba a su espalda mientras el agua se deslizaba por entre cada hebra, cuando se dio cuenta de que no le era posible alzar su brazo derecho para enjuagarse. Sea como fuese, tenía que salir de ahí. No podía quedarse mucho tiempo. ¿Qué clase de lugar era ese? Seguramente ella tampoco estaba muy contenta entreteniendo la idea de que él pasase más de la madrugada a su lado.

Con esto en mente, se enjabonó como pudo y trató de terminar de prisa. Con el miedo de la inexperiencia, sacó poco a poco la mitad superior de su cuerpo de la ducha. Ahí estaba el albornoz, una piecita pequeña que apenas sí serviría para cubrirle algo.

- Esto tiene que ser una broma.- Farfulló, observando la prenda a través de sus gruesos lentes, salpicados por gotitas de agua.

Trató de colocarse la prenda. Ni siquiera podía cerrar ese trozo afelpado en torno a su pecho. Si salía con eso, algo se asomaría por entre sus piernas y estaba seguro de que lo siguiente que reconocería sería a San Pedro, abriéndole las puertas del cielo porque, a pesar de todo, había sido un buen tipo. Había muerto prematuramente a causa del puño de una linda e incisiva chica, pero había sido un buen tipo.

Dispuesto a vivir, se amarró la bata de lado y aseguró las mangas en torno a su cadera. Para darle mayor estabilidad a la prenda, usó la correa. Aún así, con la especie de pañal que se había fabricado, estaba casi desnudo. ¿Cómo se presentaría ante una mujer que no fuera Shampoo de aquella manera? Ya antes Akane había estado presente mientras se bañaba, pero también habían estado ahí Ryoga y Ranma. Este último, menos azorado que el resto, hasta había salido en toalla detrás de ella, como si esa situación hubiese ocurrido ya demasiadas veces como para mostrarse realmente afectado. O quizá le pasó lo mismo que a él en aquella ocasión. Estar con otros dos sujetos en la bañera de una casa familiar no era, desde ningún punto de vista, entrañable. Pero estar solo y medio desnudo en un lugar con un espejo en el techo con Akane Tendo, sí era algo que podía alimentar fantasías.

- ¿Estás bien?

- ¡Cuac!- Olvidando que ya no estaba bajo el efecto del agua fría, graznó en lugar de hablar.- D-digo, sí.

- Encontré un botiquín.- Declaró, del otro lado de la puerta, su voz también temblorosa.

- Qué bien…- Era ahora o nunca.- Eh… deberías saber que… la bata no me queda así que tuve que improvisar.

El sonido de las bisagras de la puerta le serruchó los oídos. ¿Qué vería del otro lado? Lo impulsivo solo le nacía con la amazona y ya estaba acostumbrado a sus determinantes rechazos. No sabía precisamente cómo comportarse en frente de una mujer que no fuera ella. Alguien amable que quería cuidar de él. Y que estaría probablemente sentada sobre una cama, con el albornoz limitando con sus lechosos muslos y un espejo encima, rebotando la visión de su cuerpo.

- Lo siento, yo tomé la que era para ti.

Y cayó de bruces contra el suelo alfombrado. Por supuesto, tenía que ser. Eso explicaba la pequeñez de la prenda que él había tenido que usar La bata de baño que ella llevaba le quedaba tan grande que las mangas, aún remangadas, colgaban. Tan solo podía ver parte de sus rodillas, lastimadas por el ajetreo al que se había sometido durante todo el día.

- Tu pelo está muy mojado.

- No puedo exprimirlo.

Aunque no le dolía demasiado, ejercer presión con su mano derecha lograba que una lacerante pulsación se instalara en su codo. La articulación parecía como astillada. Había seguido a Shampoo, como siempre, en su misión por entorpecer la búsqueda del otro pelinegro, y esta finalmente se había hartado de su insistencia y lo había pateado. Durante la caída, le explicó a Akane como quien quiere solo hacer conversación, había tratado de amortiguar el golpe cayendo primero con las piernas. Pero algo había pasado que no había podido mantener el peso de su cuerpo adecuadamente durante su descenso, y había aterrizado de cara primero. Así, al reagrupar sus brazos en un movimiento rápido, el choque lo había cogido mal posicionado y su codo se había vencido.

- ¿También te golpeaste la cabeza?- La oyó, sintiendo sus dedos palpar, blandamente, su coronilla.

Luego, rozó la piel de sus hombros descubiertos al tratar de tomar su cabello, y parte del pectoral. Este músculo se contrajo en un espasmo, rebotando sin que pudiera evitarlo, receptivo ante la descarga provocada por el calor extraño del otro cuerpo. "Perdón", dijeron ambos. La vio sonrojarse, pero no estaba seguro de si era por él o porque su rostro, en general, estaba irritado por la ardua conmoción que trataba de reprimir. Sus ojos seguían acuosos. Había sollozado en el baño pero todavía había más que desfogar. ¿Por qué ese imbécil la hacía llorar? ¿Qué acaso disfrutaba ver lo bonita que era también cuando lloraba? Quizás Ranma era un sádico que se regocijaba haciéndola sufrir.

- ¿Tienes… un nunchaku en el pelo?- Farfulló confusa, sacando un arma que se doblaba al menos en 4 partes, con gruesos medallones de fierro como uniones.

- Soy un maestro de armas.- Repuso, como si eso explicase lo suficientemente bien que pudiese camuflar un objeto así tan bien.

Optó por no preguntar más, ya que iba a ser igual de útil que cuestionar la fuerza bestial de Ryoga o la resistencia anormal de Ranma. Continuó con su faena. Ella estaba arrodillada delante de él, ya que él no había hecho el menor intento por incorporarse y acercarse hacia la única superficie cómoda: la cama. Akane tuvo que alzarse un poco para estar a una altura que le permitiera recolectar todas las largas hebras de carbón del muchacho chino. Este se dejaba hacer, estupefacto, sin la fuerza suficiente como para tratar de dejar de invadirla con su pirética mirada. Dispuesto a ser imperturbable, cerró los ojos.

Pero pronto no pudo reprimir el deseo de contemplar un poco más de lo que sucedía. Ella empezó a apretar el cúmulo de sus cabellos con sus pequeñas manos, dejando que el agua resbalara por sus muñecas y se ahogara en sus mangas o, al caer, en la tela que protegía sus piernas.

- Tus lentes están mojados, voy a secarlos.- Declaró, retirándolos pausadamente, como si hacer movimientos bruscos pudiera asustar a Mousse.- Déjame ponértelos.- Dijo luego de haberlos limpiado, para que él no tuviera que hacer ningún esfuerzo innecesario que agravase más el estado de su articulación.

¿Así era con Ranma? Debía ser genial tener a una mujer que se preocupara por él. Aunque los viera peleando a menudo, también los había visto llevarse bien. Por otro lado, Mousse comprendía que una ventaja que tenía por encima de su rival era la de saber cuándo callarse. Sus palabras podían ser erráticas en momentos de tensión, y este era uno de esos momentos donde su corazón no sabía si latir o rendirse. Si continuaba bombeando sangre como lo hacía, habrían partes de su masculinidad que aprovecharían la presión extra. Y conociendo a la chica Tendo, eso le costaría la vida.

- C-creo que ya está. Mi brazo es el que necesita pararse… ¡curarse! Quise decir curarse. Porque me duele. Mi brazo.

"Todo sería más fácil con un cuac", se dijo, reconociendo que le estaba siendo infiel a Shampoo desde lo más hondo de su ser.

- Deberías ir con el doctor Tofu cuando amanezca. Ahora solo puedo desinfectar esto y vendarte.

- ¿Cómo conoces este lugar?- Indagó, dispuesto a no dejar que el silencio y sus dudas le llevaran a sacar conjeturas.

- …- ¿Estaría bien contárselo? No era su amigo pero hablar quizás le desinflamaría un poco la lesión que le amargaba el alma.- Mi amiga trabaja aquí como bartender… está reuniendo dinero para poder pagarse la universidad.- Musitó, en un suspiro.- Yo… me escapé una vez para ayudarla. Estaba en problemas porque… ya sabes, como mujeres, a veces existen ciertos riesgos. No es justo, ¿sabes?

Definitivamente, era injusto. Yuka, una alumna sobresaliente y centrada, llena de ambiciones que podrían sobrepasar incluso las de su tacaña hermana Nabiki, tenía que acudir a un sitio en medio del peligro más inminente para reunir dinero. Había empezado hacía un año, cuando ni siquiera era legal para ella trabajar. En otro año y medio más, había calculado que ya tendría suficiente como para pagar la mitad de sus estudios. La otra mitad sería financiada, en partes, por sus padres y el banco. Mientras, ella y Ranma solo tenían que ponerse de acuerdo para acceder a la misma oportunidad que Yuka luchaba todas las noches por conseguir. Habían convenido, previa presión de sus padres, tener al menos dos años libres luego de graduarse de la preparatoria para pensar en su futuro, juntos, y reabrir el dojo, juntos. No obstante… "juntos" era el problema. La fecha de vencimiento del plazo no paraba de acercarse, y ni siquiera habían podido concluir con el pesado asunto de la boda.

Sabía qué quería para su futuro. Sería enfermera. Sabía cómo dar clases. Ya había sido alumna, ¿qué mejor capacitación que esa? Pero la determinación de Ranma no era fácil de sobrellevar. Él quería lanzarse a un ring y recolectar gloria a través de Japón, mientras que Genma prefería asegurar un plan B, el dojo, y C, la universidad, para su hijo. Y Soun le había dicho que si no podía embarcarse en una empresa en común junto con quien sería su futuro esposo en paz, entonces no podría asumir el dojo. Estaba dispuesto a financiar los estudios del impulsivo trenzudo, solo si iban juntos a la misma universidad. Y se negaba a que cargase con el dojo sola porque: "Típicamente, esto se pasa de padres a hijos". No a hijas. No a una hija. No a ella, que estaba lista y dispuesta.

- ¡Ay, perdón!- En un descuido, le había vendado ya todo el brazo y se hallaba apretando las vendas en torno al pescuezo del joven de las gafas.- Ya está.- Decretó, luego de arreglar el vendaje para finalizarlo con un moñito.

- Gracias… creo.- Susurró, a medio asfixiar, pronunciando lo último en un tono tan bajo que creyó que no llegó a decirlo sino a pensarlo.

- Perdona… espero haberlo hecho bien.

Mouse entornó los ojos para contemplar el trabajo de la chica. No era una obra de arte, pero la técnica se mostraba buena. Había fajado con suficiente tensión las áreas próximas al codo, y relajado la presión justo en la articulación para mayor movilidad. Finalmente, un moñito extraño, que más parecía un garabato en 3D, adornaba la parte frontal de su brazo.

- Está bien.- Musitó, sintiendo algo extraño en algún lado de su juvenil ser.

- ¡Me alegro!- Exclamó con debilidad, apoyando una mano sobre el hombro del otro, sin suficiente energía como para darse cuenta de que estaba realizando un gesto demasiado cercano.

Sin más, aprovechó que ya estaba tomando el hombro del chico para apoyarse en él e incorporarse. Para ella, pensar en lo comprometedor no figuraba en su lista de prioridades. Estaba muy fatigada, física y emocionalmente, como para fijarse en la pulsante incomodidad que Mousse sentía. Sin más, dejó el botiquín en el suelo y marchó hacia la cama. Se echó sin reparar en que el muchacho podía entrever su piel desde donde estaba, y cerró los ojos. Necesitaba dormir. Se la había pasado afuera por horas, desde antes de que la noche derrocara al día, y ya estaba haciendo mella en ella el cansancio.

- Puedes quedarte si quieres.- Ofreció, arropándose debajo de las sábanas rosadas de una cama deleitosamente cómoda.- O irte, no importa. También puedes pedirle a Yuka una muda de ropa.- Bostezó, presa de un acosador sueño que le exigía que se rindiera.

- ¿Cómo puedes ser tan confiada?- Fue la respuesta.

No podía verlo. Su visión ya se encontraba borrosa. En algún momento, su conciencia quedaría ausente.

- Eres… amigo de… de… Ranma…- Él pudo percibir cómo su tierna voz chirriaba un poco al decir ese nombre.

- No soy su amigo. Yo lo detesto.- Repuso, dando un vistazo al espejo del techo.

- … pero eres una buena persona.- Se removió en la cama, girándose hacia el lado contrario, dándole la espalda.

- Y tú eres… una buena mujer, Akane Tendo.- Sin proponérselo, se acercó a gatas al borde de la cama.- ¿Por qué continúas con Ranma?

- No… sé…- Ya hasta parecía que hablaba en sueños.

- Si tú me lo pidieras… yo… yo te alejaría de él.- ¿Podía hacerlo? En un fugaz chispazo de su imaginación, se vio volviendo a su natal Joketsuzoku junto a una inesperada invitada.

- … zZzZzZ…

Parcialmente, lo había hecho. Había logrado alejarla de Ranma. No, no se la había llevado lejos. Pero pudo despistarlo y permitir que ella se viera hermosa y tranquila, su figura delineada por las sedosas sábanas y su aliento tibio empañando las lunas de sus gafas. Tuvo que retroceder. Había caminado, sin notarlo, hasta el otro lado para escudriñar su semblante aletargado. Si supiese el poder que tenía su encanto… pero era mejor si era ajena a ello. Si nunca aprendía a usar sus armas de mujer, mejor. Las amazonas aprendían a hacerlo desde temprano, eran mujeres guerreras, todo a su alcance podía convertirse en un arma. Y de ellas, su belleza era la más mortal. Mientras Akane Tendo siguiera ignorante del arsenal con el que había venido al mundo, la guerra no empezaría. Estaba seguro de que esa era la razón por la que Shampoo no había seguido con la tradición tras darle el beso maldito.

Y ahora, ¿qué hacer? Quedarse era insostenible. También tenía sueño, pero no iba a dormir semi desnudo en el suelo. No solo le daba un poco de arcadas imaginar que se había atrevido a tocar el alfombrado con su propia piel, sino que no deseaba lidiar con el insoportable dolor de espalda que tendría más tarde. Mucho menos viable era compartir cama con la chica Tendo, y no deseaba sincerarse consigo mismo pensando en por qué. Por otro lado, ¿qué tan seguro era dejarla sola?

- Mmm, nah, no, mua, ha… ¡Hiaa!

¡CRASH!

Un poderoso codazo hizo que uno de los tablones de la cama cediera. Tal vez no estaba tan vulnerable mientras dormía como él creía. Sin pensárselo dos veces, tomó valor para abandonar la estancia por la puerta por la que había entrado. Su esperanza era encontrar algo de ropa en alguna parte. Aunque sea un par de pantalones. Así, abrió con cuidado la puerta, echando seguro por dentro y dejando la luz prendida a su salida como única muestra de despedida. Escuchó el clic al cerrar y trató de mover la manija, comprobando que era imposible volver dentro sin tener una llave. Se giró para empezar su búsqueda pero…

- ¡Ranma!- Exclamó, cara a cara con el chico de la trenza.

NOTA DE LA AUTORA:

¡Hola! Me comprometí a publicar los lunes pero a veces es un poco difícil debido al trabajo. Trabajo como creadora de contenidos, escribiendo contenido para páginas web, e-books, posts para social media, guiones para videos de Youtube, blogs, y demás. También soy profesora de español. Amaría poder dedicarme más a mis propias historias, a mi novela, y terminar mi libro de cuentos, pero es complicado debido a toda la energía creativa que invierto escribiendo para otros. Me hace feliz poder escribir este fanfic, es como un escape de la estructura y rigidez que me exige mi trabajo, así que pueden estar seguros de que siempre habrá un capítulo nuevo cada semana, aunque no siempre pueda cumplir con la promesa de hacerlo los lunes. Sé que para muchos de ustedes leer también es un escape a un lugar que quizás consideren mejor. Siempre he dicho que leer abre puertas hacia otros mundos, pero adoro escribir porque me permite, como autora, crear esos mundos. Agradezco que estén visitando el pequeño mundo que he desarrollado en base a la historia de la talentosa Rumiko. Sin más que escribir por ahora, ¡nos leemos pronto!