Cap 6

Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

-Día 1, hace 4 meses-

- ¡Ranma!

- ¿Mousse?

El corbatín lo traía en el bolsillo. Las mangas, rasgadas, mostraban los signos de la pelea que se había desatado ese día, hacía ya muchas horas. Los nuevos agujeros en su pantalón negro, por otro lado, daban a entender un encuentro más reciente con el único sujeto capaz de perforar cualquier superficie con tan solo un dedo. Aquellos hoyos eran perfectamente circulares, Ryoga había dejado los bordes chamuscados. Con una mueca de enojo, el chino observó que, en el cuello de su camisa blanca, había lápiz labial. Inconfundible. Tenía que ser de Shampoo porque Ukyo no usaba maquillaje y Kodachi solo usaba un férreo carmín.

- ¿Qué haces aquí?- Preguntaron al unísono, ambos con una pose desconfiada que denotaba que pensaban lo peor del otro.

Pero pronto, Mousse se puso nervioso. Las fachas de Ranma no eran nada en comparación con las suyas. Y ¿de qué fachas hablaba? ¡Si estaba prácticamente desnudo, con signos de haberse bañado recién, saliendo de un cuarto a hurtadillas! Lo peor de todo es que dentro se hallaba quien peor parada podría salir de la situación. Pero, de repente, se le ocurrió...

- ¿Por qué te ríes?- Lanzó el otro pelinegro, divisando la maligna sonrisa de su adversario y ocasional amigo.

Era maligno, pero era algo. Algo que le haría pagar a Ranma por llevar una huella de labial en la camisa nupcial en lugar de un botón floral. Solo tenía que abrir la puerta. "Velo por ti mismo", le diría. Y el tonto se acercaría, curioso como los gatos que tanto odiaba, a la entrada y caería al suelo del impacto. En la cama, con un gran espejo que seguro podría entender para que les había servido… "Maldición, solo espero que esta noche no haya ningún terremoto", meditó, intranquilo… estaría ella. La que habría sido su esposa si tan solo hubiese tenido el tino de imponer su amor por sobre su cobardía e inmadurez.

Ranma gritaría, patalearía, le diría improperios. "Me encanta tu futura esposa, Saotome, puedo garantizarte que tendrás una estupenda luna de miel con ella". Eso le echaría en cara. ¡Ah! Aún más. Le diría que, mientras él se la había pasado correteando durante todo el día, como solía hacer siempre al dejarse llevar por las tonterías de los demás, él había estado consolando a su pobre novia fugada. Había hallado el mayor consuelo en él, ¡y qué consuelo! Un consuelo tan grande, tan fogoso y tan impaciente que había terminado rendida, desfallecida por el salvaje socorro que le había prestado. ¡Oh, y no se olvidaría de Shampoo! "Querida, qué ciego estaba al pensar que eras la más hermosa". Con eso destruiría ese ego con el que tantas veces lo había menospreciado. "¿Quién hubiese pensado que las caderas más bellas del continente estaban en..."

- Mousse, por favor, ayúdame a buscar a Akane.

Pero sus planes maquiavélicos se vieron interrumpidos por el sincero susurrar de Ranma. Tenía los ojos vidriosos, una palidez que le carcomía la cara, y más de un centenar de pequeños espasmos que le agitaban las manos. Estaba… como en Jusenkyo. Parecía que acababa de perderla otra vez.

- Ryoga no tiene idea ni de dónde está parado y Ukyo y Shampoo no hacen más que estorbar… por favor, necesito a alguien que realmente pueda ayudarme a encontrarla.

Si tan solo el estúpido pudiese demostrarle a ella que realmente le importaba. Montaba toda una pantomima en frente de la persona que, claramente, amaba, alejándola. Pero esta actuación se deshacía frente a todos los demás, solo en ausencia de ella. Era increíblemente ridículo. ¿A quién le importaba saber lo que él sentía? La única persona en el mundo que tendría que saberlo se encontraba rendida en el sueño, alejada de los verdaderos sentimientos de un niño demasiado tonto como para saber cómo evidenciarlos, posiblemente agotada por soportar un golpe tras otro a su dignidad.

- ¡Ranma!

De la nada, sin aire que soportase sus palabras, llegó Yuka. Estaba al fondo del pasillo, corriendo hacia ellos. El de la trenza se giró y Mousse aprovechó para hacerle señas de que se fuera, de que no se le ocurriese decir nada.

- ¡No es lo que piensas, Mousse…- Empezó a explicar, sin fijarse en los aspavientos del otro para detenerla.-... solo la acompañó…

- ¡Y-y-y-ya le estaba por contar yo mismo!- Interrumpió el aludido, tartamudeando en busca de un poco de tiempo para formular su excusa.- De hombre a hombre, como debe ser, jajajaja.- Rió, robóticamente, sudando a pesar de estar en paños menores.- M-mira Saotome, yo también necesito pedirte un gran favor.

La tentación era grande. Tan solo tenía que pedirle que entre y que la vea. Después, él solo sacaría sus conclusiones. Y su amor de juventud estaría arruinado. No se repondría de aquella supuesta traición. Jamás podría volver a verla igual. Ya no confiaría en ella. Akane Tendo quedaría marcada como lo que no era. Y él mismo no podría mirarla a la cara o tan siquiera osar sostener los ojos de ninguna otra mujer porque sabría que era escoria. Su madre misma viajaría hasta Japón para ahogarlo en algún lado y crear un nuevo Nannīchuan.

- Te ayudaré a buscar a Akane, pero no le digas a Shampoo que… que…- "Que me acosté con tu futura esposa, ¡ja! Sí, Saotome, llora, llora y siente lo que yo he sentido por años".-... que vengo a-a este sitio para… ejem…- ¿A qué iban los hombres ahí?-... descargar energía.

Tenía la más grande carta para finalmente destruirlo. Pero sus ojos de cachorro destrozado y la limpia voluntad de Akane eran difíciles de dañar. Solo le quedaría soñar con lo que podría haber pasado de haberle abierto la puerta. Aunque sin llave, habría tenido que derribarla. Y una vez dentro, con el ruido, era más que seguro que Akane se habría despertado. Y él habría visto su rostro somnoliento y asombrado, y se habría sentido aún peor al verse in fraganti, cometiendo un acto de deslealtad inmensurable contra la persona que, aún en medio de su dolor, le había otorgado su calidez amical. Los buenos tipos no hacían ese tipo de jugadas, por más que los malos se lo merecieran.

- Nunca lo pensé de ti. Estabas tan encaprichado.- Le reprendió, como si fuese capaz de entender lo que significaba el amor para Mousse.

- ¡Enamorado!- Lo corrigió el otro, conteniendo las ganas de tomarlo por los costados y derribar la puerta usando su cabeza como ariete.- Y lo estoy, yo nunca… yo… pero yo... pe-pero yo tengo nece-necesidades y…- Barboteó, procurando no desmentirse a sí mismo y levantar sospechas.

- Creo que es mejor que salgan de aquí, se supone que solo los mayores de 21 años pueden ingresar. ¿No te lo había dicho ya antes, Mousse? No quiero tener problemas.- Se apresuró a intervenir Yuka, salvando el acto errático del pelilargo. Tomó a Ranma del brazo para jalarlo hacia las escaleras.- Ten, exhibicionista.- Canturreó, lanzándole algo de ropa al joven de los lentes, y guiñándole un ojo sin que el insensato prometido de Akane lo advirtiera.

Una vez en el primer piso, con la música tocándole los oídos, Ranma intentó conseguir que la mejor amiga de su marimacho pudiese darle algún indicio de en dónde buscarla. El de cabellos largos, ya vestido con unos pantalones holgados negros y un polo a juego del staff del nightclub, volteado hacia afuera para ocultar el vergonzoso logo, llegó en el momento en que la chica negaba, enfáticamente, saber algo sobre el paradero de la menor de las Tendo.

- No sé cómo se te ocurre que podría estar aquí.- Le dijo, cruzada de brazos. Los años no habían pasado en vano, sobre todo considerando el ambiente al que había estado sometida por ya 12 meses. Yuka tenía la experiencia de lidiar con seres desagradables, y no daba su brazo a torcer con ninguna facilidad.- Nadie sabe de mi trabajo, y si se enteran sabré que es por tu culpa.

- ¿Cómo que nadie?- Indagó el de apagados ojos azules, dolido porque, nuevamente, se le fuesen a atribuir responsabilidades que no quería seguir asumiendo.- ¿Y Sayuri?

Sayuri ya había telefoneado a Yuka para comentarle que Ranma había, prácticamente, asaltado su casa. Su padre había roto el seguro de la puerta y entrado con un cuchillo al oír el grito de su hija, que no sabía quién había forzado su ventana. Entre balbuceos, el angustiado chico había podido darse a entender. Tanto Sayuri como Yuka, y sus familias, habían estado en la boda. Viéndola fracasar, otra vez. Así que era comprensible que Akane estuviese frustrada. Lo que era nuevo era ver al, hasta la fecha, mejor artista marcial de Japón descompuesto por la congoja. Ante la amenaza de no irse hasta obtener algo sobre Akane, y la contra propuesta del padre de Sayuri de llamar a la policía, la adolescente tuvo que decirle que no estaba ahí pero que quizás Yuka tenía alguna información. Insistió tanto en que le dijese dónde encontrarla y se rehusó tan inquebrantablemente a llamarla en aras de no alertarla, que Sayuri no pudo hacer más que confesar que estaba en la zona rosa de Nerima, en voz bajita para que el secreto continuase perteneciéndole a pocos.

- Bueno, Sayuri lo sabe, y ahora tú también. ¿Te vas o cómo es?- Diferente a la chica de la secundaria, sin dudas.

- No me voy.- Y él, tal cual lo recordaba toda la Furinkan.- Si Sayuri lo sabe eso quiere decir que Akane también. Ustedes tres se cuentan todo. ¿Dónde está?

- Yo que tú iría a usar mis habilidades detectivescas a otro lado.- Espetó, echando a andar de vuelta hacia el bar, que se atendía casi solo sin ella.- No está aquí. Si quisiera escapar de ti, ¿crees que iría con las únicas dos personas que tú sabes que la ayudarían? Akane es más lista que eso.- Y antes de que cualquier otra voz pudiese intentar responderle, con las manos en jarras, dijo:- Y más te vale no cruzártela con ese barato lápiz labial en la camisa.

Confuso, Ranma trató de localizar la huella de algo de lo que no tenía memoria, finalmente encontrando una estampa rosácea cerca al pliegue del cuello de la almidonada prenda que vestía. Bufando con tedio el nombre de la amazona china, extirpó la tela y la hizo añicos, hebra por hebra. "¿Qué les pasa a las mujeres hoy en día?", se dijo Mousse, asombrado. Había visto a tantas chicas sacar las garras que parecían no tener, que estaba fascinado. Creyó que solo las féminas de su pueblo natal estaban hechas para la guerra, pero su llegada a Nerima le había mostrado un tipo de amazona diferente. Se necesitaban agallas para hacer lo que Yuka hacía, y un corazón incluso más frío que el de Shampoo para ver el estado en que se desvanecía Ranma y, aún así, mentirle sin asco.

- Te estoy pidiendo que me ayudes a encontrarla por su bien, Yuka. Olvídate por un momento de que no te agrado y...

- No me agrada cómo la haces sentir, Ranma.- Lo cortó, con una lengua tan filosa que no le dio tiempo de reponerse.- Y sinceramente creo que, por su bien, se ha alejado de ti.- "Diablos, señorita", pensó el de gafas, observando con la respiración contenida que su, usualmente, hablador e insistente rival no hallaba palabras.- Y ahora váyanse antes de que hagan que nos clausuren. Solo se aceptan mayores de 21.- Y sin más, zanjó el asunto.- Y tú…- Apuntó a Mousse con un dedo.-... regresa cuando quieras a devolverme lo que traes puesto.

"Verdaderamente, fascinante", pensó, con un calor rubicundo estallándole en las mejillas.

Ya en la calle, los dos malditos de Jusenkyo resolvieron salir por completo del barrio rosa. La idea había nacido de Mousse, quien le recalcó a Ranma que era imposible que su novia fugitiva estuviese en esos lares y tan tarde. ¿Qué no había tenido ya antes problemas con los hombres? Si había tenido, en su momento, que abrirse paso hasta su salón de clases colocándole una buena golpiza a cuanto pretendiente le saliese al encuentro, ¿por qué se expondría a un ataque peor en la zona rosa de la ciudad? No tenía sentido. Ninguno. Y Yuka tenía razón. Y lo mejor era salir, salir de ahí, cuanto antes, y corriendo.

- ¿Qué le pasó a tu brazo?

La pregunta lo hizo frenar en seco.

- Nada importante… Yuka me lo vendó.- Mintió, volteando disimuladamente el moño decorativo por si acaso fuese capaz de reconocer aquella cosa tan fea como marca distintiva de la mujer con la que convivía.

- ¿Puedes escalar en tu estado?- Cuestionó, dispuesto a dejarlo de lado si la respuesta era negativa.

- Claro, Saotome, esto no es nada.- Resolvió, arrancándose el vendaje para demostrarle que era tan duro como se veía y para no tener que preocuparse por esconder una huella del paradero de la menor de las Tendo.

- Entonces, ¡sigamos!

Se sentía un poco estúpido jugando al sabueso por Nerima en plena madrugada cuando él sabía dónde estaba Akane. Pero lo hacía por su bien. Por el bien de la pareja dispareja. Al presenciar el desasosiego de Ranma, sintió pena. La buscaba con una mortal aflicción que no le había visto horas antes, cuando lo mandó al desvío. No le importaba que todos supieran que la estaba buscando porque desapareció justo en medio del fracaso de la boda. La gente gritaba en respuesta a sus gritos, y le decían que se callase, que los dejase dormir, y que eso le pasaba por ser un fresco y tener otras 3 prometidas. Las desventuras de ambos jóvenes eran la comidilla del pueblo. Y Ranma no tenía reparos en acrecentar los chismes que surgirían en los días venideros.

- Tenemos que parar.- Expresó, dándole el alcance en la cima de un poste.

- Si estás cansado, vete. De todas formas no me has sido de ayuda.- Luego, cogió aire con esfuerzo.- ¡Akaneee!

- ¡Ranma, ya cállate!- Lo tomó del hombro con su brazo herido y, aún con la fragilidad de esa extremidad, tuvo más fuerza que él en ese momento.

El joven de la trenza no pudo continuar sosteniéndose y se dejó caer, llevándose al de lentes consigo sin querer. Su cansancio no le permitía ya reaccionar bien. Pero no podía darse por vencido. Si estaba en peligro, si algo le sucedía… era impensable. Literalmente. Lo que venía después del fin de Akane no era una incógnita. Era un fondo blanco. El abismo de la carencia. No existía nada más allá de ella. No sabía cómo había ocurrido pero, cuando intentaba imaginarse un futuro en el que ella no existiera, su mente se tornaba en un vacío inescrutable. ¿Es que no podía pensar en sí mismo vivo sin ella? La idea era absolutamente aterradora. Él, que había crecido siendo retado en todo sentido, no podía contra el reto más grande: anular la dependencia. Tras dos años juntos, sin atreverse a estar realmente juntos, lo que sentía por ella era… incomprensible. Y lo asustaba.

- ¡Ya terminemos con esto! ¡No quiere verte! ¡Ya déjala en paz!

- ¡Nadie te detiene, Mousse!- Gritó, incorporándose.- ¡Akaneeee!

- Tú… ¡¿Por qué eres tan terco?!- Esta vez, se cuidó de usar su brazo bueno, y asestó un golpe certero.

- ¡Yo no soy como tú!- Ni siquiera lo bloqueó, más por voluntad que por incapacidad.- ¡Jamás voy a abandonarla! ¡Yo nunca voy a rendirme!- Inflando sus pulmones, la volvió a llamar.- ¡Akaneee!

- ¡Yo no me he rendido con Shampoo, imbécil!- Tuvo que morderse la lengua para no ir más allá y revelar la verdad

- ¡No es mi problema! ¡¿Crees que me interesa lo que pase entre tú y Shampoo?! ¡Solo me interesa Akane! ¡Solo ella y ni siquiera… ni siquiera…- Su voz empezó a debilitarse, a empequeñecerse, y fue reemplazada por el lamento de un niño sin rumbo.-... ni siquiera sé si está bien. No sé si está a salvo, Mousse, no sé si está viva, no sé si… ¡Mierda, Akaneeee!

Lo dejó descargar el hervidero de emociones que albergaba dentro en un último y desalentador intento por atraerla hacia él. ¿Qué esperaba? ¿Que ella respondiese con un "¡Ranmaaaa!"? Evidentemente, era eso. Tenía la esperanza, como la tenían muchos otros, de que le correspondiera, con igual fervor. No podía permitir que siguiese así. Quizás la ternura de la chica Tendo había forzado a su corazón a crecer un par de tallas ese día, o tal vez le sentaba muy mal atestiguar lo patético que podía llegar a ser el otro artista marcial. Sea cual fuese el caso, no podía continuar conteniendo una verdad que sabía que aliviaría el temor más grande con el que Ranma se abrumaba.

- Escucha, Saotome, te diré dónde está.- Afirmó, esperando, sin demasiada convicción, que al explicárselo todo no lo malinterpretase.