Cap 7

Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

-Día 2, hace 4 meses-

- ¡¿Es en serio, maldito pato desgraciado?!

El aullido rabioso del único hijo de Genma se le adelantó al cacareo de los gallos no capados aún del vecino más próximo al dojo. Los animales, despertados por el disruptivo timbre de alarma de la voz, cada vez más grave a medida que la edad le ganaba la partida, de Ranma, empezaron a cantar. Así, aleteando al unísono, contribuyeron a despertar a toda la cuadra y sus alrededores.

- ¡Ya te dije que yo no tengo la culpa, bestia!

Una explosión hizo vibrar los cimientos del hogar de los Tendo. La pelea se estaba llevando a cabo en frente del gran portón de entrada, sin reparos en lo afectadas que podrían terminar las áreas fronterizas al lugar. Un par de maceteros fueron las primeras víctimas, bailando sin querer hasta el borde del gran estante de madera que decoraba parte de uno de los muros de la propiedad, rajando los tallos de sus ocupantes al quebrarse. Las sobrevivientes fueron las azaleas en kokedama, que rodaron hasta salpicar con sus flores maduras la tierra verde de la residencia. Aunque sus bellas flores yacían inertes y descuartizadas, su núcleo seguía intacto, demostrando que su valor residía más en su aguante que en el color seductor de sus frutos.

- ¡Por favor, ya basta!- Trató de acallarlos Kasumi, que los había recibido apenas habían llegado.

Tanto ella como Nodoka habían pasado la noche en vigilia, por lo que fueron las primeras en darle una rigurosa bienvenida a Akane apenas esta se había asomado por la puerta. Había llegado vestida con ropas de otra chica, por lo que trataron de cuestionarla. Pero su rostro fatigado y los rastros de las lágrimas secas en su piel, las obligó a no decir más y dejarla pasar. La escoltaron hasta su cuarto, impidiendo que Soun se acercase para abrumarla y, Genma, para pedirle explicaciones. Después, montaron la guardia para esperar a que Ranma llegase. No les cabía dudas de que aún estaba ahí afuera, tratando de dar con su novia fugitiva.

- ¡No es mi culpa que no se te hubiese ocurrido venir a ver si estaba en su casa, imbécil!- Vociferó el de lentes, con dos garras de fierro envolviendo sus manos.

Mousse no se había atrevido a revelar cómo los hechos se habían dado realmente, de nuevo, por lo que había optado por comerse sus palabras a medio camino y mentirle como mejor le saliera. Le contó una telenovela sobre lo que supuestamente había pasado esa noche entre él y la misteriosa chica a la que presuntamente cortejaba en paralelo con Shampoo. Ranma había intentado detenerlo en medio de su relato, alegando que él no era quién para juzgarlo y que, a decir verdad, ya era hora de que dejase de ser un arrastrado y volcase su atención en alguien que lo apreciara más. Y que no tenía tiempo para seguir conversando sobre su vida amorosa porque debía encontrar a su prometida y él le había dicho que sabía dónde estaba, así que podía empezar a hablar sobre eso.

- ¡Me hiciste ir por media Nerima por las puras!- Le reclamó el de la trenza, dispuesto a descargar su frustración.

"Eh… sí, ella está…", le había respondido, vocalizando con una lentitud desesperante. El sol debía estar por dar la cara en cualquier momento. "Ella está… ¡seguramente está en los baños termales! Piénsalo, tú no la buscarías ahí, ¿verdad?". Y así, lo llevó de un lugar a otro, aprovechándose de su súbita actitud mansa, producto del estrés, el agotamiento y el cansancio. Solo esperaba que Akane tuviese la misma puntualidad que demostraba para acudir a los duelos. De ser así, para cuando los primeros rayos del sol astillaran el día, seguro estaría en camino hacia su hogar. "¿Y si la buscamos en su casa?", había propuesto luego de haberle hecho rondar por más de 10 sitios distintos en un intento por asegurarse de que ya varios minutos hubiesen pasado desde el ingreso del astro solar al cielo. Cuando llegaron y, en efecto, la hallaron ahí, Ranma se había amargado. Quizás consigo mismo más que con él. Quizás más contra Akane y deseaba desquitarse antes de tener que lidiar con ella.

- ¡Encima que te ayudo, pedazo de ingrato!

- ¡Terminen ya!

¡Splash!

El salpicar del agua helada les provocó escalofríos. Nodoka dejó el balde en el suelo y salió a recoger a su imprudente hijo, con el amenazante brillo de la katana refulgiendo ante el sol mañanero. Kasumi se encargó de disponer el regreso del pato al Neko Hanten, y se disculpó, de paso, por los inconvenientes que parecía haber sufrido a causa de la accidentada boda inconclusa. Recogió la ropa negra, de un estilo tan poco usual al que solía llevar, que había quedado desperdigada por el suelo durante su transformación y la dobló. Como los lentes del chico habían quedado cuarteados, decidió ir y depositarlo en las mismas manos de la severa Cologne.

- Tu prometida está intentando dormir.- Evidenció Nodoka, guiando a su hijo hacia el interior del complejo Tendo.

¿Cómo era posible que un día terminase mal y el siguiente empezase aún peor? La honorable mujer, a punta de miradas tan cortantes como el arma que había vuelto a envainar, condujo a Ranma hasta el baño y le preparó la bañera. Iba a obligarlo a vivir las siguientes horas en total apacibilidad, de una u otra forma. La expresión tan dolida de su futura nuera había conmocionado su corazón de madre. Habría querido quedarse abrazándola y consolándola pero entonces ¿quién estaría ahí para Ranma? Genma era un buen pa...nda y había sido tan buen padre como había podido pero ¿no era el calor amoroso de una madre lo que necesitaban los hijos al estrellarse contra el fracaso?

Akane necesitaba eso y no lo tenía. Y Nodoka se sentía culpable por no haber dejado que su niño se lamiese las heridas por su cuenta mientras ella trataba de compensar el cariño que sabía que la menor de las Tendo podía precisar. Le ayudó a deshacerse del desgarrado traje de novio que tan bien había lucido 24 horas atrás. Su cuerpo, desnudo y femenino, le hizo pensar por un momento que había tenido la bendición de tener también una hija. Hubiese sido bonito, ¿no? Si la hubiese tenido, Genma jamás se la hubiese llevado, y esa niña habría estrechado el abismo que le quedó luego de tener que desprenderse de su pequeño.

- ¿Mamá?

En su forma actual, era un poco más bajo que ella, y podía abrazarla… abrazarlo y colocar su mentón sobre la coronilla rojiza de su cabeza. Incluso su olor habitual cambiaba en ese estado. El sudor que emergía de sus poros se transformaba de una fuerte esencia masculina que denotaba el trabajo físico al que se exponía diariamente, a un aroma dulzón que invitaba al olfato. Si hubiese tenido una hija… todos esos años, los habría sufrido en su compañía. Con una hija, la espada hubiese perdido filo. Con una hija, Ranma hubiese sido su hijo. No su mundo, como lo era realmente.

- Mamá, por favor, no llores…Siempre flaqueaba ante esa especie de kriptonita líquida que solo las mujeres sabían cómo exprimir de sus ojos.- Lamento haberte decepcionado, sé que esperabas que me casara, yo no quise que esto… pasó otra vez… lo siento.- Si hubiese sido una mujer de verdad, quizás sí se hubiese atrevido a acompañar sus palabras con un llanto sincero.

- No me has decepcionado a mí, hijo.- Su abrazo amoroso lo aprisionó.- Yo seré feliz con lo que tú decidas hacer. Dime: ¿tú estás feliz por no haberte casado con Akane? ¿Esperabas que esto pasara otra vez?

Un severo silencio. Y, finalmente, los brazos de su hijo hundiéndose en su espalda, sus dedos aferrándose a su kimono, su rostro escondido en su pecho, Y la convulsión, por un breve y fugaz momento, la convulsión de la profunda pena.

- Mi Ranma…

Pero tenía un hijo y no una hija. Y, el precio a pagar por convertirse en un hombre entre hombres era, naturalmente, sacrificar todo aquello que, por oposición, no fuese varonil. Un hombre sufriendo por amor… un hombre abriendo su corazón… un hombre dispuesto a mostrar su debilidad… ese no era el hombre que Ranma había estado destinado a ser. Y, sin embargo, sufría. Y su corazón trataba de hablar. Y era obvio cuál era el nombre de su debilidad.

- Entra ya a la bañera.- Dijo, apretujándolo una última vez.- Solo deja que descanse, descansa tú también, y luego arreglen sus cosas.- Le aconsejó.

- Gracias, mamá.- Respondió, dejándose tragar por el agua caliente, ahora con un timbre más grave y apagado de voz.

¿Qué más podía hacer? Él no era bueno expresando sus sentimientos. Cuando Genma se lo había llevado, prometiendo convertirlo en un hombre entre hombres, quizás debió de haberle preguntado primero qué significa para él ser un hombre. Tal vez, de haberlo sabido, se lo habría pensado dos veces antes de permitirle lanzarse a la aventura con su primogénito. Aunque el chico conocía la nobleza y tenía un carácter igual de recio que su destreza para las artes marciales, tenía puntos débiles que habrían sido más fáciles de parchar de haber crecido junto a su madre.

La palabra elocuencia no existía cuando se trataba de decir lo que sentía. Para Ranma era más fácil hasta dejarse morir de hambre que decir un "te quiero". Y aunque trataba de traducir en acciones lo que no le era posible articular verbalmente, carecía de la sutileza necesaria para advertir cuando estaba bien o no acompañar sus gestos con bromas, algo que le había costado, poco a poco, agendarse la vulnerabilidad de Akane.

Siempre alerta, dispuesta a levantar la voz o el puño según se le antojase, ella no sabía lo que era mostrarse frágil. Si alguna vez había recibido el consuelo de alguien, no había sido más que por pocos minutos, a conciencia, dejándose ser brevemente para luego distanciar su pena y actuar como si lo peor ya hubiese pasado. Pero Nodoka presentía que lo peor nunca la había abandonado. Que siempre se había quedado ahí, refugiado en su pecho como un tumor que se agrandaba y la arrastraba más y más al colapso. ¿El primer síntoma? Que hubiese pasado toda la noche afuera sin avisar a nadie.

Dada la agresividad con que solían responder a la vida y la innata insuficiencia de inteligencia emocional que poseían, lo único que parecía tener sentido para Nodoka era dejar que ambos se repusieran a su manera. Luego, permitir que naturalmente surgiera la iniciativa de verse e intentar, si existía la manera, de hablar con el corazón, o el hígado, en la mano para perdonarse.

Ese día, ambas familias se reunieron para un diezmado desayuno. El almuerzo probablemente se postergaría hasta muy entrada la tarde, y la cena se llevaría a cabo de forma ligera, para no interferir con una merecida noche de buen sueño luego de haber pasado la anterior sin pegar el ojo.

Ni Akane ni Ranma se presentaron al desayuno, y Kasumi solo supo que ya estaban despiertos al escuchar algunos leves suspiros ahogados detrás de la puerta de su hermana menor, y el movimiento de cosas detrás de la del frustrado novio. Quizás estaría guardando los restos de su traje. Ella misma le había ayudado a escoger los zapatos que irían con la camisa y el corbatín, procurando que hicieran juego con los adornos azules del hermoso vestido de la novia.

Ambos ropajes ya estaban perdidos. El vestido, porque Akane había regresado sin él, y el traje, porque había sido reducido a unos trapos que no servirían ni para fregar el piso del dojo. Con evidente lástima, les dejó dos bandejas al pie de sus puertas, tocando para avisar que la primera comida del día les aguardaba si la querían.

Él había comido pero ella todavía se abstenía de dar señales de poder integrarse al flujo común que seguían los Saotome y los Tendo. Después de las cotidianas amenazas que desbalanceaban los planes de ambos jóvenes, solían hacer cosas como encerrarse en sus respectivas habitaciones, ya que Soun dijo que en su casa siempre habría un cuarto que fuera de Ranma, y/o visitarse para dialogar y sellar su reconciliación con una discusión menor. Pero esta vez, aunque ya el todavía adolescente se había unido a ellos en el almuerzo, cerca de las 4 de la tarde, ella no podía hacer acopio del valor suficiente como para salir.

Sabía que todos empezarían a preguntarle cosas. Y no quería tener que contestar porque podría escapársele que había terminado yendo donde Yuka con Mousse, y tendría entonces que revelar las actividades nocturnas de su amiga y comprometer al chico de lentes. Idear mentiras no era del todo su fuerte. No le gustaba y ya estaba muy agotada como para exprimir su cerebro antes de recuperarse completamente.

Quizás lo que más acaparaba ahora su mente era el árbol. Al volver a casa, había pasado cerca del puente y lo había visto ahí, tirado. Otras personas que salían al trabajo de madrugada también se habían reunido en torno al fallecido, murmurando por la extrañeza. El cadáver, compuesto de un robusto tronco y una fluida mata de ramas y hojas, era evidencia de que lo había hecho.

Pero, ¿cómo? ¿Cómo había logrado tal hazaña? Tal vez no sabía exactamente los medios que le habían permitido hacerlo, pero su cuerpo sí que guardaba memoria del acontecimiento. Sus brazos le ardían, como si en vez de huesos su carne albergase carbones centelleantes. Los músculos de sus piernas, endurecidos, amenazaban con romper en estrepitosos calambres si se estiraba. Los tendones de su espalda, agarrotados, parecían ligas tensas que no soportarían ni un tirón más. Si tratase de saltar, probablemente se desbarataría contra el suelo como un juguete.

Y se desbarató, porque se le ocurrió intentarlo y ver si había quedado tan afectada como creía que estaba, corroborando que así era cuando sus rodillas no resistieron el impacto y ni siquiera rebotó en el piso, sino que quedó aplastada en él. Sintió cómo el 60% del agua de la que están compuestos los cuerpos humanos la abandonó, dejándola seca y marchita. Cuando abrió los ojos de nuevo, se reincorporó a gatas primero, sabiéndose deshidratada y todavía lábil. Además de la ropa, Yuka le había traído de comer y beber justo antes de la despedida, así que le asombraba la aparición del agujero negro que se ensanchaba en su estómago, amenazando con succionarla hacia adentro, gruñendo cual monstruo moribundo.

- ¡¿Las 8 de la noche?!

¿Cuánto tiempo había estado fuera de sí? Jamás antes había perdido el conocimiento tan largamente por culpa de un golpe tan soso, y nunca antes había sobrellevado un hambre tan atroz como la que ahora le perseguía el razonamiento. Debía comer algo o se volvería loca. Pero si salía y alguien trataba de conseguir de ella explicaciones sobre a dónde había ido a refugiarse después del caos, seguramente no conseguiría mentir. Bastaba con que abriese su puerta, estaba segura. Sería su padre o Kasumi o la tía Nodoka. O peor aún, sería él. No era improbable que él quisiera saber dónde había estado, de eso discutía con Mousse, lo había escuchado. Y tenía que agradecerle con creces al joven chino por su lealtad.

Lo único que la frenaría de darle un mordisco a su propia pierna sería comerse las barritas energéticas que guardaba para reabastecerse durante las maratones. Ya que se le había dado por participar en las largas carreras que se organizaban en Nerima, motivada casi siempre horas antes de que se llevasen a cabo para no desanimarse por los imprevistos que reinaban en la casa, tenía esos pequeños bocadillos a la mano.

De hecho, ¿cuántas pequeñas cosas no tenía preparadas en caso de que sus planes fuesen, irremediablemente, arruinados? Cuando iba a la Furinkan, solía llevar una muda de ropa extra en el maletín, un par de zapatos para Ranma por si los perdía al pelearse en el riachuelo, dinero para comprar el almuerzo en caso de Kuno la abrazara e hiciera que se le cayera la comida, y demás precauciones. Pero terminar la escuela no había facilitado las cosas. Parecía que nunca había un momento en el cual pudiese realmente estar convencida de que iba a tener un respiro. Vaselina para las vigas del techo y así evitar que alguien se escondiera y la atacara mientras dormía, un par de frasquitos con poción desparalizante en un cajón suelto a ras del suelo, una navaja fácil de maniobrar bajo la almohada para liberarse de cuerdas y un alicate para destruir alambres o cadenas, etc, etc. La lista de los etcétera no era pequeña. Que existiera una lista era una locura.

El ronronear de su apetito la instó a regresar a su objetivo primordial. Guardadas en una cajita debajo de su cama, para cuando metió la mano para agarrar la primera barrita, se percató de que ya no había ninguna. Las envolturas de 15 barritas, de cerca de 250 calorías cada una, yacían desperdigadas alrededor de donde ella estaba arrodillada. ¿En qué momento se las había tragado todas? ¡Un par de envolturas incluso estaban incompletas porque, al parecer, también se las había comido! De hecho, no encontraba la quinceava por ninguna parte. Y, aún tras aquel atracón inconsciente, seguía teniendo espacio para una comida más. Quizás cerdo asado con arroz y verduras, miso con pescado, pulpo glaseado… ¡Acaba de devorar más de 3000 calorías! ¿Cómo podía seguir teniendo hambre? Al menos, su estómago ya no era aturdidoramente demandante. Pero sí obsesivo.

- ¡Ya sé!- Consiguió una idea con la poca claridad que recobró tras acallar los quejidos de su apetito.

Podría tanto comer una buena cena antes de que volviese a ver su pantorrilla con la boca hecha agua, como evitar entrar en detalles sobre la travesía que había vivido. Lo primero sería bajar a toda velocidad hacia la cocina, donde seguramente estarían su hermana y su tía. Aprovechándose de la tierna disposición de ambas mujeres y de que todavía tenía mala cara, les pediría que la dejasen ayudar a preparar la comida para todos. Sería su forma de ofrecer unas disculpas generales, y podría ir picando cuanto encontrase en la alacena. Haría un acompañamiento delicioso para la cena que estarían preparando Kasumi y tía Nodoka. Uno exquisito. Bueno, una decente. Comestible. Algo que no matase a nadie. ¿Y qué les diría cuando sacasen las preguntas de debajo de la mesa? Que había… que había… estado con… nadie. Que había caminado y se había perdido. Listo. ¿Quién podría contradecirla? Era su palabra contra la de cualquiera que quisiera refutar sus mentiras.

Al abrir la puerta, sus pasos casi no llegaron a sus oídos. La bulla que brotaba del primer piso subía a borbotones por la escalera. Había pensado que se trataba de los usuales disturbios que se desataban cuando Ranma y Genma se peleaban por el último trozo de pescado, o cuando el maestro Happosai llegaba para adueñarse de la TV y sintonizar algún canal donde se estuviera transmitiendo un concurso de Señorita Ciudad Algo. Pero las voces coincidían con las que habían arruinado su boda el día anterior… y prácticamente todos los días previos antes de ese. Como mal presagio, estaban ahí otra vez, augurando que ese también sería un día de mierda.

El impulso por retroceder sobre sus pasos no pudo ganarle a la voraz voluntad de su estómago, que empezó a lacerarle el cuerpo con gritos que exigían comida, ensordeciéndola y presionándola a avanzar, un peldaño por vez, hasta estar a un paso de ingresar al comedor. Era muy tarde para ir a la cocina, su olfato la había guiado exactamente hacia donde sabía que habría algo ya preparado y sabroso para darle fin a su necesidad. Nunca había sentido tanta hambre, quizás se debía al esfuerzo del día anterior. Pero ya antes se había sometido a extenuantes sesiones de entrenamiento y nunca había reaccionado así. Quizás fuera porque había llorado mucho. O tal vez había sido culpa de toda la energía que desperdició en aquel árbol.

Sea como fuese, sus tripas tronaron y tuvo que adentrarse a la estancia, llena de gente, para dejar de tiritar. Habría preferido subir de vuelta a su alcoba y ocultar el hecho de que no se había bañado, su cara estaba afectada por la congoja, y todavía estaba vestida con la ropa que le había dado Yuka. Un pantalón negro y un polo a juego, que estaba volteado hacia afuera para ocultar el vergonzoso logo del club donde su amiga era bartender.

- ¡Akane!- Bramó Shampoo antes de que pudiera ser Ranma quien lo hiciera, lanzando un sorpresivo ataque punzocortante hacia su cuello.

No lo pudo bloquear. Un líquido espeso y cálido coloreó toda la longitud de su garganta.

NOTA DE LAAUTORA:

¡Hola! Solo quería agradecerles por leer y decirles que estaré subiendo un nuevo capítulo el 01 de noviembre, a más tardar. Tengo bastante trabajo esta semana y, cuando termine, me tomaré la semana siguiente para avanzar capítulos de esta historia y así poder mantener un mejor ritmo. El día 7 de la peor semana de Akane y Ranma ya está escrito, y creo que ese era el capítulo que más me iba a costar desarrollar.

Otra cosa: no sé si a alguien le será útil (yo creo que sí), pero yo trabajo como freelancer de forma completamente online desde los últimos 5 años en Upwork (como escritora) y Italki (como profesora). Si están teniendo problemas para encontrar trabajo, prácticas o quieren ser independientes, les recomiendo esas dos plataformas. No tienen que pagar nada, no es ninguna vaina piramidal, son solo dos páginas que conectan a profesionales con clientes. Si saben inglés es un gran plus. Si no saben, existe Workana (como Upwork pero en español), pero nunca la he utilizado. Si tienen preguntas, escríbanme por aquí y les ayudo :)