Cap 8

Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

Ranma se sustrajo de aquel recuerdo a la fuerza, reventando la burbuja de Morfeo y volviendo a su presente. El terror todavía estaba en su mente, rondándolo como si fuera su presa. ¿Desde cuándo se había convertido en alguien tan vulnerable? Pensar en ella siempre lo emblandecía. Aunque también, en más de una ocasión, lo había vuelto fuerte. Pensar en sus lágrimas, en su llanto al no sentirlo más cerca, su tristeza al saber que se había ido… saber que lo extrañaría si ya no regresaba lo había revestido de más poder del que conocía en situaciones en las que había sido casi seguro que perdería. El primer momento nítido que podía rememorar era el de la batalla contra Herb. Se la tuvo jurada desde que presenció cómo se deshacía del cuerpo de Akane, como si no fuera más que un saco de huesos y carne.

¿Acaso ahora Akane todavía temía perderlo? ¿O ahora ese temor estaba ya destinado a ser el aliciente en batallas de otro? De Kano. Ya tendría tiempo para encontrar la respuesta… lo averiguaría cuando por fin la viera. Con o sin mastodonte de por medio, obtendría todas las respuestas que necesitaba y quería cuando la tuviera en frente. Lo que también tendría sería paz. Podría desprenderse de la absorbente preocupación. La que lo había instado a deambular por calles desconocidas tantas veces, bajo la premisa de que, en algún momento, se la toparía. Como siempre. Sus caminos siempre se cruzaban… ¿no?

Mantuvo los párpados pegados, como rehusándose a volver del todo a su realidad. La inesperada llegada del nuevo prometido, con fotos y más cartas, había sido prácticamente una bendición más que una decepción. Una semana más y finalmente habría ido, contra el disparatado juicio del señor Tendo y su padre, a dar aviso a la policía. Eso era lo que Nabiki y Kasumi querían, aún cuando las cartas de Akane los habían visitado quincenalmente para asegurar que estaba viva, bien, que no había sido raptada por ninguna tribu de artistas marciales salvajes. Y, sin embargo, en todas esas cartas se había guardado la noticia más importante… tenía a otro. Y, finalmente, se había atrevido a enviarlo para que, personalmente, se encargara de dar aviso de su existencia. ¿Acaso él ya no significaba nada para ella?

Mientras Ranma se tomaba años oníricos para desperezarse, Ryoga, que había sido el primero en abrir los ojos, ya estaba al lado de Kano. La conversación que había tenido durante la madrugada con su amigo y rival todavía seguía dormida en su consciencia. Se había acercado al nuevo enemigo común de todos cuantos pretendieran a la menor de las Tendo, con la determinación de fulminarlo, de una vez por todas. Pero el gruñido de su corazón se quedó congestionado en su paladar, mutando a una especie de ronroneo sutil. Apenas sí disfrazaba su asombro con una mueca de irritación. admirando aquella tenue expresión triste en un rostro de pómulos de porcelana. Debajo de esas dos hileras de cejas semi pobladas, se perfilaban unas pestañas que brillaban a causa de microscópicas notas de agua salada.

Un rubor tímido cubrió sus orejas mientras lo observaba dormir, la ira descendiendo hasta convertirse en extrañeza. Hipnotizado, observaba cómo dos gruesas gotas nacían de las comisuras de los ojos del forastero. Debía estar soñando algo muy triste. ¿Por qué estaba tan triste? Akane lo había elegido a él. Quizás estaba triste porque no era el ganador definitivo sino que tenía que pelear y, aunque pelear era todo lo que hombres como ellos podían hacer, amar era una mejor opción. Y podía entender eso. Podía empatizar con eso.

Lo observó mientras mecía su colosal figura tranquilamente en el suelo y balbuceaba incoherencias. No se había callado ni un solo momento durante toda la maldita madrugada. Y, aunque eso habría sido suficiente para matar a cualquier otro, sus murmullos no habían hecho más que adormecerlo. Ni siquiera Ranma había reaccionado ante aquella perorata deambulante que no había cesado bajo la luna. Ahora que estaba peligrosamente cerca, Ryoga pudo distinguir algunas cosas que fluían como agua caliente, hirviendo, de la boca de su nuevo contrincante:

- ...traño mucho… pulpo… asado… sí… sí, acepto… acepto… el pulpo…

Aparentemente, extrañaba mucho a un pulpo asado con el cual deseaba casarse.

- Ugh, no puedo hacerlo.

Aunque quisiera. No anhelaba nada más que destrozarle la existencia con el filo de la sombrilla que al fin había podido recuperar sin lastimar más la superficie del dojo. Pero las palabras de Ranma, enmarañadas en su cabeza, y la cara desarmada del enemigo lo hicieron recapacitar. Le lanzó una última mirada al anillo que Kano tenía en el dedo anular antes de renunciar por completo a las ganas de matarlo, mientras estuviera dormido, y exhaló el vapor que le cocinaba las entrañas en un esfuerzo por deshacerse de la poca maldad de la que era capaz.

El natural bullicio de los gallos del improvisado corral del vecino llegó hasta el dojo, desperezando al joven de la trenza por completo. Antes de que se alzara al vuelo para quitar a Ryoga de la cercanía de Kano, este le hizo un ademán con la mano para tranquilizarlo. "Esperaré hasta el día del duelo", le dijo, lanzándole la sombrilla abierta, que su amigo tomó con precisión.

- Ramen y Risotto, ¿qué diablos están haciendo?- Dijo Kano, tan pronto como el segundo cantar de los gallos hubo terminado.

Sus oídos habían permanecido inertes ante el alboroto que ambos muchachos habían creado durante la noche, pero reaccionaron al instante ante el cántico descuadrado de los animales de corral. Incorporó su pesada corporeidad con más agilidad de la esperada… pisando luego uno de los tablones destrozados durante la rencilla que Ramen y Risotto habían mantenido. Al tratar de apoyar sus codos para frenar la caída, fracturó el resto de la madera. Su cara dio de lleno contra los macizos listones que componían el suelo, llevándoselos de encuentro. Su agrandada silueta quedó dibujada en el piso, dejando tras de sí un rastro de astillas y polvo.

- ¡¿PERO QUÉ…?

Su aura de pelea explotó.

Y Ryoga recordó, tras ser golpeado por una onda expansiva que hizo que trastabillara hacia atrás, por qué debía morir. Este era… este era Kano.

Un ser con venas que se atragantaban de sangre, delineando en alto relieve el cableado que existía debajo de su dermis. Sus ojos, inyectados de más ira de la que ellos conocían, con la parte blanca ahora carcomida por la presencia de miles de vasos sanguíneos rotos por la presión. Los músculos de su pecho, hinchados repentinamente. Era la versión humana de un toro de Lidia. Su tamaño, sin igualar físicamente al de la tenebrosa forma maldita de Pantimedias Taro, era más sobrecogedor. Sin agua fría y sin maldición de por medio, él era el monstruo más temible que habían vislumbrado.

Ese era el monstruo que Akane había escogido… o ese era el monstruo que había escogido a Akane. La idea nació en la mente de ambos chicos al mismo tiempo. No había forma de que Akane hubiese decidido emparejarse con esa descomunal y perturbadora masa colérica, de cuya piel emanaba un vapor sanguinolento pues su aura era tan sórdida que hasta evaporaba las gotas de sangre que sudaba.

Sudaba sangre, el olor metálico y caliente chispeó de inmediato en las fosas nasales de los otros dos muchachos. El guante de carne que le cubría todo el cuerpo brillaba bajo una capa rojiza, y parecía estar a punto de estallar. Sus músculos titilaban, sus huesos rechinaban, y esa vibración generada desde las uniones de sus propias articulaciones resonaba con las de los otros dos chicos. Ambos podían sentir el contagioso colapso de una mente a la que la cordura había abandonado. La pesadez de un odio innato y barbárico que se alimentaba de todo cuanto vivía. Provocándoles el mismo malestar que debía estar padeciendo Kano. La presión que su estructura estaba soportando bajo la aplastante energía que producía debía ser apenas sí manejable. Podían sentirlo. Sus órganos internos escogiéndose por el empuje de todo ese chi burbujeante, capaz de desquebrajar el envase en el cuál continuaba caldeándose. La locura a punto de desbordarse por esas orbes deshabitadas.

Hasta que ya no.

Tan rápido como había despertado, su aura se había disipado.

- Perdonen, nunca estoy de muy buen humor en las mañanas.- Aclaró, con voz parsimoniosa.

De un grácil y elástico estirón, ya estaba en la entrada del dojo, dirigiéndose hacia la casa. Las vendas que antes acompañaban su tórax y brazos estaban decorando ahora lo que quedaba intacto del suelo del dojo. Su ropa no estaba rasgada. La camiseta sin tirantes había resistido muy bien la explosiva expansión de la masa muscular de Kano, y ahora estaba amoldada a su tronco, sin rastros de haberse dañado. Los pantalones de entrenamiento, holgados, también habían podido acompañar el sorpresivo aumento de su musculatura inferior.

Era inconcebible. Esa bestia no podía quedarse ni un minuto más bajo el mismo techo que el resto de todos ellos. Si habían logrado molestarlo de tal manera por unos tablones rotos, ¿qué no pasaría cuando el rutinario caos de la vida que solía desarrollarse en la casa de los Tendo derrumbara la puerta? Peor aún, ¿qué ocurriría cuando el temperamento de Akane se encontrase con la terrorífica bestialidad de Kano?

- Es un peligro.

Una voz temblorosa por la edad sembró más inquietud entre ambos amigos.

- Vieja momia… ¿cómo rayos apareciste?- Cuestionó Ranma, observando el paso firme pero liviano de la diminuta mujer.

¡Plock!

- Ejem, quise decir, abuela Cologne, ¿qué hace aquí?- Se corrigió después de recibir el saludo pesado de un bastonazo.

- Shampoo me contó que había llegado el prometido de Akane…

- ¡Todavía no es oficial!- Rezongó Ryoga, intuitivamente.

- Eso no importa ahora. Parece que tenemos un problema más grande entre manos.

- ¿A qué se refiere?- Preguntó el de la bandana antes que su compañero.

- Parece que la pequeña Akane ha cometido el error de enviarnos a un demonio.

Sentenció, aferrándose a su bastón para disimular ante los estupefactos aún adolescentes la serpenteante sacudida que remecía sus esqueléticas manos.

NOTA DE LAAUTORA: ¡Gracias por la paciencia! Todavía tengo mucho trabajo pero intentaré publicar semanalmente. El capítulo es cortito, pero no perderé la constancia. ¡Nos leemos pronto!