Bueno aqui les dejo un dos por uno... que tal les parece. sin mas... aqui esta.


7 Xifos: Dolores de día, odio de tarde y calor de noche.

Annabeth habia dicho que los hijos de Apolo no ayudarían, de cualquier modo, nos encaminamos la casa grande, aquel lugar que lucía como una casa de granja de varios pisos. El sangrado habia parado con la ambrosia, más aquel punzante dolor regresaba con el movimiento y cualquier rose que sufriera.

Esperaba ser recibido por Quirón, lo cual no paso, en el porche estaba un chico rubio. El tipo era de unos trece años, y se veía muy delgado. Era alto y bien parecido, con pelo rubio corto y una sonrisa amistosa. Llevaba una camiseta naranja sin mangas, pantalones cortos, zapatos deportivos, y un collar de cuero con cinco bolas de arcilla de diferentes colores. Lo único inquietante acerca de su apariencia era una ligera presencia de luz que parecía estar a su espalda, como si la luz lo iluminara para resaltar.

Jugueteaba con la cinta que le pasaba por el hombro y sostenía un maletín de cuero. Al mirarme alzo la ceja y me estudio, parecía más intrigado sobre la herida que sobre mi rostro. Y enseguida puso una cara de preocupación, como si algo sobre la herida no le gustara nada, o tal vez era de mí.

- ¿Duele, punza o arde? - pregunto el chico en cuanto paramos delante, y nos saludó solo agitando la mano.

Yo no contestaria a eso, no les dejaría saber que tan mal estaba, pero, pero Annabeth dijo -Solo cúralo, Solace-

El chico gruño y miro a Annabeth como si esta le hubiera dicho una tontería. Lo cual con seguridad no le pasaba regularmente a Annabeth.

-Eso intente toda una noche- murmuro molesto el chico antes de mover una vieja mecedora y una mesa de picnic junto a mi lado. -Siéntate Percy y comenzare a desinfectar-

- No es necesa…-

Toco mi hombro con una mano, dio una sonrisa sincera y con sus ojos relucientes y alegres lo repitió-Tomaría asiento y deja que comience a tratarte de aliviar ese dolor. Por favor-

No supe como terminé sentado en la mecedora, o como terminé sin camisa y con un chico rubio pegado a mi cuello, examinando los estropicios que habia provocado en la pelea con Clarisse. Annabeth observaba recargada contra el barandal del porche e intentando desviar su vista, aunque por momentos regresara la vista.

-Gracias por esto- dije

- Esto es para lo que estamos aquí - respondió sacando varias cosas entre ellos desinfectante, un par de vendas y también algo morado en una botella. - Y como supongo que nadie más te lo dirá, te doy la bienvenida, Percy. Soy Will Solace, cuenta conmigo como tu doctor de cabecera, ven siempre que necesites algo, estoy a tus disposición-

-No pensaras lo mismo cuando tu cabaña te pregunté por qué me ayudaste- dije sin pensar mucho, eso no era lo mío. Lo que, si sabía era que cada campista parecía verme como su enemigo.

-Se trata de Will- dijo Annabeth como si fuera la mejor respuesta a todo -El siempre cura a todos, sin importa quien sea. No te preocupes Michael con seguridad tampoco dirá nada de que te cure, además en parte son ordenes de Quirón-

Levante la vista y la observe y podría haber jurado que se ruborizaba y mordía el labio mirándome. Ella me vio mirando, y su expresión se endureció de nuevo.

-Michael es el jefe de cabaña de los hijos de Apolo. Él también te puede curar, no temas ir con él. - Dijo Will sacando de su pequeño maletín una botella con agua y me miro -Tal vez te arda, tienes tierra y piedras incrustadas, así que será necesario lavar primero-

Asentí mirándolo y riendo un poco -No es mi primera vez siendo curado, tu padre siempre es un poco brusco-

Will inclinaba la botella ya, pero al escucharme se quedó parado un momento, sus ojos se ensombrecieron por un segundo y suspiro calmándose.

- ¿Cómo esta? - pregunto

- ¿Apolo? -

-si-

-Es un dios, poco o nada lo puede dañar- dije mientras sentía el agua ya tocar la herida y un dolor intenso cuando Will paso su mano lavando la suciedad. Aprete los dientes.

-Bueno, hay otras formas de herir a alguien, incluso de herir a los dioses-murmuro Will restregando con fuerza, tal vez desquitándose de que conociera a su padre. - De cualquier forma, si llegaras a verlo… dile que visite a mi madre solo un momento, solo quiere despedirse de el-

-Okey- gruñí al volver a sentir como frenaba de lavar -Pero no sé cuándo lo volverá a ver, pero pronto no creo-

-No importa, solo hazlo-

Volví a asentir, ahora mirando como Will tomaba algodón y desinfectante. Lo coloco con sumo cuidado y aplicado por parte de mi barbilla y mi cuello, incluso casi hasta mi pectoral. Donde note sus mejillas algo más rojas y como se ponía nervioso. Levante la mirada para Annabeth, que era quien lo conocía más, pero ella también tenía las mejillas sonrojadas y desviaba la mirada cada vez que se encontraba con la mía.

Una vez terminado de aplicar el desinfectante, saco lo del tubo de color morado, olía como a flores, pero con un toque agrio. Lo esparció de igual forma, se sentía como tener una costra de algo húmedo y oloroso que daba tentación de rascarlo hasta que se desprendiera.

-Esto cubrirá la herida y acelera el proceso de curación natural. - dijo Will con esa cara de preocupación- Esperaba que con la ambrosia ya estuvieras curado, pero… no entiendo por qué tu… no curas como cualquier semidios. - Me miro a la cara y pareció consternado - Pareciera que eres más mortal de lo que somos nosotros-

- ¿A qué te refieres? - pregunto Annabeth moviéndose y rodeando hasta mi otro costado, intentando encarar a Will. -Que él no es hijo de un dios, pero la Ambrosia no le hace daño o… -

-podría ser hijo de un dios muy menor- dijo Will alzando los hombros. - Aun estas indeterminado ¿Cierto? -

Ambos me miraron y por segundos no respondí. -Nadie me ha reconocido aun-

Se volvieron a mirar, para luego que Will esperara a que secara la pasta y luego pusiera una venda alrededor. Aunque en mi mentón aún se notaba un poco de la pasta y me hacía ver algo ridículo.

-Listo- indico una vez que incluso ya tenía bien la camisa puesta- Ahora solo cuídate, nada de pelear con Clarisse o cualquier otro, tienes movilidad total pero no te sobre esfuerces y evita dañar, golpear o rasguñarte otra vez. Esa pasta se ira con el agua, así que toma varias duchas-

Se notaba que las noticias volaban al igual que en cualquier colegio o incluso que en una oficina publica (Si había estado en varias).

-Por supuesto doc.- dije y estiré mi mano -Gracias, otra vez-

Will estrecho mi mano y rio -Por cierto, tienes un hermoso cuerpo-

Me quede petrificado, inmediatamente entendí por qué Will tenía las mejillas sonrojadas y el hecho de que estuviera más nervioso al tratar mi pectoral.

-Eso no lo sé, solo… me entrenaron muy bien- dije algo nervioso, pero sonriéndole.

-Si no me crees, que te lo diga Annabeth, ella también te estuvo observando todo el tiempo ¿Verdad? -

- ¡WILL! - grito Annabeth esta vez por completo roja.

-Me voy antes de que ella me mate- rio Will alejándose y otra vez agitando la mano antes de echar a correr, con Annabeth lanzándole una daga que se clavó en el suelo y gritándole que no huyera.

Una vez pasado eso, Annabeth no volvió a verme, comenzó a caminar por el campamento, dando pisadas largas y resonantes, farfullando y con una mirada que alejaba a todos. Era bueno eso pues a donde fuera los campistas me miraban como si acabara de matar a un lindo gatito o les hubiera incendiado su peluche favorito. Y si se acercaban ellos veían a Annabeth furiosa y se alejaban.

Annabeth me mostro otros lugares alrededor. Aunque en ningún momento me miro al rostro: la tienda de metal (donde los chicos hacían sus propias espadas), el cuarto de artes y oficios (donde los sátiros lanzaban chorros de arena a una estatua gigante de mármol de una cabra gigante), y el muro de escalada, que de hecho consistía en dos paredes cara a cara que se sacudían con violencia, rocas caían, se esparcía lava, y chocaban la una con la otra si no llegabas a la cima con la suficiente rapidez.

Me encanto el muro, tanto que estaba por probarlo, cuando Annabeth me tomo y arrastro lejos, diciendo que por indicaciones de Will no podría esforzarme más durante ese día. Finalmente me arrastro hasta el lago, donde el camino llevaba de vuelta a las cabañas, la playa y al bosque.

-Tengo entrenamiento que hacer- dijo Annabeth categóricamente. -La cena es a las siete treinta. Solo tienes que seguir el camino que va hacia esa estructura sin techo, es el comedor-

- ¿Tanto tengo que esperar? -pregunte, si antes tenía mucha hambre ahora estaba que, si Clarisse pasaba con un dulce, volvía a enfrentarme con ella por él.

Me miro en forma de regaño y escepticismo, y me di cuenta de que al final había pasado peores cosas. Un poco de espera no cambia nada. Mas viéndola de frente, note que desde hacía casi una hora no me había visto a los ojos y si que era bonita, aunque me llamo la atención que sus ojos parecieran querer que le dijera algo.

-Necesitas hablar con el Oráculo- dijo Annabeth.

- ¿Por qué? El da comida a quien se lo solicita-

Rodo los ojos y se cruzó de brazos. – ¿Por qué sigo pensando que tú eres? -

-Yo soy el que soy…. Ni más ni menos… pero ¿Qué quieres tú que sea? -

Ella bufo y se quedó viendo el lago. Yo mire el Mangrove, el cual se alzaba en medio del lago, con la luz daba un tono verde que me dio paz y que me saco una sonrisa. Aunque mi déficit de atención ataco y me hizo buscar lo que Annabeth miraba. No esperaba que nadie estuviera mirándome desde el fondo, así que mi corazón dio un vuelco cuando observe a dos chicas adolescentes con las piernas cruzadas en la base del muelle, unos veinte metros más abajo. Ellas usaban jeans azules y camisetas verde brillantes, y su cabello castaño flotaba alrededor de sus hombros, mientras pececillos entraban y salían de sus risos. Ellas sonrieron y saludaron como si yo fuera un viejo amigo.

Saludé de regreso.

-No las alientes - me advirtió Annabeth -Las Náyades son terribles coqueteando. -

- Bueno he encontrado peores- dije mientras le miraba volver a bufar y esta vez dando una mirada dura.

-No es gracioso-

- ¿Celosa? -

- ¿Yo de ti? –

-Tranquila, solo necesitas un poco de comida y tendrás mi estomago en tu palma de la mano-

-Tienes algas por cerebro- Annabeth pasó su palma por la barandilla del muelle y aquello que le molestaba apareció en su mirada y luego apretó los puños.

- ¿Qué sucede? -

-No sabes la suerte que tienes- gruño y sus ojos se hicieron más tormentosos- Los dioses están ocupados. Ellos tienen muchos hijos y ellos no siempre… bueno no se preocupan por nosotros, Percy. Nos ignoran. En cambio, tu… estas a su lado, los ayudas, los apoyas y …. Ellos saben de ti-

Pensé en todo lo que pasé desde mi llegada al Olimpo, sus tratos y los diversos entrenamientos que tuve, incluso en como ellos parecían quererme matar dos o tres veces por día. Se notaba que no conocían del todo a los dioses, en aquel lugar era como si fuera un honor y privilegio dar la vida en una cruzada heroica. Aunque esta solo fuera cruzar medio Manhattan por un par de Hotdogs de donde le gustaban a Zeus.

Pensé en algunos chicos que había visto en la cabaña de Hermes, adolescentes que parecían sombríos y depresivos, como si estuvieran esperando por una llamada que nunca vendría. Yo había conocido chicos así en la academia Yancy, abandonados en una escuela por padres ricos que no tenían tiempo para lidiar con ellos.

- ¿Suerte? - murmure al recargarme en la barandilla y mirando el lago y como resplandecía - Yo no los ayudo ni apoyo en nada, ellos tienen el poder suficiente para cambiar y hacer las cosas a su antojo. La mayoría del tiempo solo soy una pieza más en su tablero, una que mueven cuando sus antojos egoístas surgen… no hay mucha diferencia entre yo y una mascota-

Gruño y supe, sin verla, que su mirada era otra vez molesta - Entonces que ¿Debemos estancarnos? Conformarnos y no hacer nada-

-Estarás estancada aquí, pero estarás bien- dije recercándome sobre la barandilla - Créeme, hay lugares peores en los que estancarse-

Annabeth tomo mi hombro con brusquedad y su mirada me hizo temblar, pues aquellos ojos me habían atormentado durante años- ¡Para algunos de nosotros, es como si no viviéramos, solo sobrevivimos! ¡En el mundo mortal, atraeremos a los monstruos y puede que nos maten! ¡Pero por lo menos no me recluiré y me quedare escondida como una cobarde! -

Mire el suelo para no tener esa mirada gris sobre mí, para no tener que sentir un escalofrió ante ella. - Puede que sea cobarde o idiota, pero por lo menos aquí seria… - aguarde un momento pasando mi mano por el antebrazo con suavidad, ya que sabía que no lo comprendería -… capas de sobrevivir-

Annabeth sacudió su cabeza, de debajo del cuello de su camiseta sacó un collar de cuero con ocho cuentas de barro de diferentes colores. Era tal como los de los demás campistas, excepto que el de Annabeth también tenía un gran anillo de oro colgado de ella como un anillo de graduación.

-He estado aquí desde que tenía siete- dijo ella con furia en la voz -Cada agosto en el último día del periodo de verano, recibes una cuenta por sobrevivir otro año. No por vivir… si no sobrevivir un año más. He estado aquí más tiempo que la mayoría de los consejeros, y ellos están en la Universidad. ¡Estoy harta de esto! -

Me quedé allí por un minuto incómodo de silencio. - Entonces sal de aquí, ve y vive tu vida, si eso es lo que deseas-

- ¡SERÍA UN SUICIDIO! - Grito Annabeth en su rostro - Aquellos que nuestro padre o madre son dioses importantes estaríamos muertos, cazados y devorados en menos de un mes. Claro que alguien con la protección de los dioses y sin ser un semidios poderoso podría entender- Su voz se apagó. Puede notar por su tono de voz que no había querido decir eso, pero había explotado al tocar una fibra sensible.

-Si bueno, algún día tal vez entiendas de que hablo- suspire y me despeine el cabello, aquello se ponía tenso y no me gustaba nada - De cualquier forma, solo estoy temporal aquí, terminare mi misión y me largo-

Volvió a acercarse más, al punto que la tenia casi encima y sus ojos viéndome fijamente al rostro - ¿Qué misión? Cuéntame sobre ella, hare lo que sea para ayudar -

Le observe - ¿Enserio no sabes? -

Negó con la cabeza y apretó el puño - Ojalá supiera. Chiron, Thalía y los sátiros, ellos los saben, pero no me lo dirán. Algo está mal en el Olimpo, algo muy importante. La última vez que estuve allí, todo parecía demasiado normal. -

-Pensé que te dijo- mencioné volviéndome a recargar - Así que Thalía no ha mencionado nada a sus amigos, debo admitir que chismosa no es-

-Pero aun así me percate de que, justo después de nuestra visita - continuó Annabeth pensando y repasando en voz alta -El clima se volvió extraño, como si los dioses hubieran comenzado a pelear. Un par de veces desde entonces, escuché a los sátiros hablando. Lo mejor que puedo entender es que algo importante fue robado. Y si no es devuelto para el solsticio de verano, habrá problemas. Cuando viniste, yo esperaba… quiero decir… se que te mandaron por eso y- dudo un momento- pensé que podíamos trabajar juntos. Pensé que quizás sabías algo-

Lo pensé por un buen rato, luego le sonreí y asentí- Correcto te contare, un par de ojos y oídos no hace daño, sin contar que eres demasiado listilla para tu bien. Pero me siento demasiado hambriento y mentalmente sobrecargado para contarte hoy. -

-Tengo que saber- murmuro Annabeth para si misma, aunque con seguridad considerando mis palabras -Si puedo resolver el problema…-

Pude sentir el olor de una barbacoa proveniente de un lugar cercano. Annabeth debió escuchar mi estómago gruñir. – Adelántate, te veo en el comedor- me dijo.

Asentí, sabiendo que Annabeth era de las que pensaban todo y además planeaba casi cada paso. Admitía que, si me presionaba en ese momento, mi mal humor por el hambre saldría a flote, así que la dejé en el muelle, deslizando sus dedos por la barandilla como si estuviera trazando el plan de batalla.

Camine a lo que a mí me parecía el comedor, todo el mundo estaba movilizándose, ya fuera a sus cabañas o al comedor. A mi aparecer la mayoría lucia muy normales, incluso cuando me miraban como si acabara de envenenar a la mascota comunitaria.

Pronto estaba frente de las columnas de mármol, la hoguera circular en medio y doce mesas de picnic cada una con un estandarte representativo de su cabaña. Por primera vez, noté que muchos de los campistas tenían facciones similares: nariz afilada, cejas arqueadas, sonrisas maliciosas.

Encontré un hermoso árbol de bajas ramas, en el cual dejé caer la espalda y las piernas estiradas. Afortunadamente, nadie me prestó mucha atención mientras caminaban y pasaban a mi alrededor, por lo que puse mucha atención en sus comportamientos. Casi siempre me recordaban que el 90% del lenguaje es no verbal, lo que decía que, si alguien se notaba raro a mi vista, tendría que informarle a Thalía o investigarlo por mi propia cuenta.

-Te encontré- dijo una voz conocida, de inmediato oía sus pezuñas y luego, Grover, se sentó a su lado - ¡Te peleaste con Clarisse! -

- ¿Qué quieres que te diga? - reí mientras dejaba caer la cabeza contra el tronco. -A donde quiera que esté hago amigos-

-Sin dudar alguna- gruño, no puede notar si estaba enojado o no, pero su voz indico mas preocupación. - ¿Quién gano? –

- ¡Me apaleo! - dije entre risas, al recordar como Clarisse era una guerrera nata, no muchas veces te encontrabas con una chica así.

-El primer día siempre es difícil- su voz se descompuso y casi se rompió por un momento. Lo observe, se miraba preocupado y al ver que mordisqueaba una rama del árbol, con seguridad por nerviosismo.

-Suéltalo-

- ¿Qué? -

-Di lo que quieres decir, te conozco… o bueno eso creo-

-Siempre luces como si pudiera manejar cualquier cosa. - comenzó Grover girándose para mirarme - Pero… esto de la búsqueda, de que estes aquí… el que sea temporal… quisiera hacer más por ti-

Le deje caer un brazo sobre los hombros y lo aprete un poco, era mi único amigo en ese momento y por el daría mi vida.

-Cuanto esto termine, aquí o afuera, sé que estaré bien… después de todo tengo un gran amigo mitad cabra… mitad llorón-

- ¡Ehhhhh! -

-Bromeo- le dije en una carcajada y el se rio un poco -al menos un poco-

Había unas cuantas cosas que tenía que preguntarle, pero al momento que lo pensé, un cuerno sonó en la distancia. De alguna manera supe que era una caracola, aunque no lo hubiera oído antes.

Se escucho una voz gruesa y firme - ¡Once, formen filas! -

- ¡Cuatro, formen filas! -

- ¡Nueve, formen filas! -

Continuaron los gritos por todos lados, indicando la hora de la cena y todas las cabañas, como una centena de campistas, se presentó en el patio común. Se alineaban en orden de antigüedad, así que por supuesto yo aproveche para recordar rostros y ver quienes tenían mayor porcentaje de estar involucrados. Los más jóvenes quedaron descartados de inmediato, seguido de los que tenían poco tiempo en el campamento, incluso los sátiros quedaron fuera de la lista (demasiado leales al olimpo).

Campistas vinieron de otras cabañas también, excepto de dos cabañas vacías al final, y la cabaña ocho, que había lucido normal durante el día, pero ahora comenzaba a brillar color plata mientras el sol se ocultaba.

Caminamos sobre la colina hasta el pabellón del comedor. Náyades emergieron del lago, algunas otras chicas salieron de los bosques, extrañamente eran del color de la clorofila, y cuando digo salieron de los bosques, quiero decir directamente de los árboles. Observe una chica, como de nueve o diez años, saliendo de un lado de un árbol de arce y venir saltando hasta la colina.

En total, había quizás cien campistas, algunas docenas de sátiros, y una docena entre ninfas de los árboles y Náyades.

En el pabellón, las antorchas ardían alrededor de las columnas de mármol. Un fuego central quemaba en un brasero de bronce del tamaño de una bañera. Cada cabaña tenía su propia mesa, cubierta de tela blanca adornada con púrpura. Tres mesas estaban vacías.

-Me tengo que ir- dijo Grover mirando a la mesa de la cabaña 11, atestada de gente - Busca un lugar y acomódate-

Grover troto hasta la mesa doce, donde se sentó lo más alejado del señor D, algunos sátiros, y un par de niños regordetes rubios que se parecían el señor D le acompañaban.

Me levante y camine con calma hasta el borde del pabellón, Chiron se hizo a un lado en una mesa demasiado pequeña para un centauro. No era de mi agrado sentarme con Chiron, pero al final era mejor que comer parado; me acerque, pero en cuanto entre al pabellón y se percataron de mi todos me empezaron arrojar miradas de odio.

De todas las mesas sentía algún tipo de rencor, o simplemente una advertencia de no sentarme en ninguna mesa. Incluso de la de Annabeth, que estaba sentada en la mesa seis con un montón de atléticos de apariencia seria, todos con sus ojos grises y cabello rubio miel.

Observe un grupo más feroz de todos, cada uno mirándome con los ojos enrojecidos y con lanzas y espadas a la mano. Incluso Clarisse, sostenía una daga limpiándose, mientras con ella hacia cachitos una servilleta. Se notaba que los hijos de Ares querían rebanarme en rodas delgadas.

Alguien golpeo mi hombro desde atrás con el suyo y paso a mi costado, Thalía murmuro en ese momento -Entiéndelo, nadie te quiere aquí, piérdete-

Suspire y me encamine a un pilar del pabellón, deje la espalda contra este y me deslice hasta el suelo. Al final no necesitaba una mesa en donde comer, habia tenido que comer en peores lugares que el suelo, como una vieja cloaca o incluso entre basura.

En cuanto se dieron cuenta que no me sentaría en una mesa se relajaron, comenzaron a platicar, reír y eructar por parte de la mesa de Ares. Incluso Thalía sola en su mesa, sonreía y parecía satisfecha con verme alejados de todos.

Chiron me miro y miro a los demás, algo de decepción se notaba en sus ojos. Finalmente, golpeó su pata contra el suelo de mármol del pabellón, y todo el mundo guardó silencio. Él levantó su copa. - ¡Por los dioses! -

Todos los demás levantaron sus copas. -
¡Por los dioses! -

Las ninfas se acercaron a las mesas con platos de comidas: uvas, manzanas, fresas, queso, pan fresco, y si, barbacoa. Todo aquello olía demasiado bien, mi estomago dolió y por un momento pensé mejor en irme.

Una ninfa se acercó, su color verde era muy claro, tenia flores en el pelo y sus ojos tenían un color a madera. Sonrió y me entrego un plato rebosante de todo un poco, junto con una copa vacía.

La chica miro mi desconcierto y dijo -Grover dice que dejes de ser tan testaruda. Dilo que quieras y aparecerá la bebida en la copa. Sin alcohol, por supuesto. -

Se alejo entre saltitos, mientras que algunos la veían mal, aunque a ella no parecía importarle y tampoco a sus compañeras ninfas.

Miré la copa y dije -Gaseosa-Se lleno de un liquido acaramelado y bebi hasta vaciarla.

El plato tenía un montón de carne ahumada, parecía que Grover sí que conocía mis preferencias alimenticias y no me haría comer como vegetariano.

Note que todos se ponían de pie, y llevaban sus platos al fuego central del pabellón, que estaba a un par de metros de mí, lo que me permitió ver que todos tomaban una porción de su comida y la lanzaban al fuego; la fresa más madura, el más jugoso trozo de carne, el más cálido rollo de mantequilla.

Entonces recordé que solían hacer ofrendas a los dioses, que casi siempre llegan a los templos en el olimpo y los olores que desprendían no era a comida quema; Olía a chocolate caliente, brownies recién horneados, hamburguesas a la parrilla y flores del campo, y cientos de otras cosas deliciosas que no deberían ir bien juntas, pero lo hacían.

Rei un poco al recordar a un par de mis jefes intentando vivir del olor por un par de meses, luego se atascaron a comida chatarra por un par de días seguidos. Calle cuando fue el turno de Thalía que arrojó un gran trozo de carne y dijo -Zeus-

Detrás de ella estaba un sujeto rubio y una cicatriz en el rostro, arrojó un buen tanto de uvas y dijo entre dientes -Hermes-

Pasaron de uno a uno, lo que me permitió observarlos y de nuevo verificar como se comportaban, ahora hacia lo que pensaban de los dioses. Algunos incluso se inclinaban al hacer su ofrenda, otros simplemente cerraban los ojos y murmuraban algo, como si fuera un deseo.

En menos de 10 minutos todo el pabellón habia pasado. Era el único que no habia echo su ofrenda y algunos ojos me miraban otra vez.

Mire el plato, debía ser por lo menos el doble de grande de lo normal. Y se notaba que Grover habia llenado todo lo posible. Ciertamente muchos dioses no merecían mi ofrenda, pero habia otros que sí.

Me levante con cuidado, camine hasta la hoguera y vi el fuego crepitar mientras las voces que callaban, todos parecían atentos a lo que diría. Y ya que estaban escuchando, aprovecharía ello.

-Deméter- arroje un racimo de uvas rojas y jugosas – Hades- un gran trozo de carne – Hefesto – un gran pedazo de queso- afrodita – un gran rollo de mantequilla (sabia que le gustaban) -Hermes- arroje un poco de carne ahumada -Hera – otro rollo de mantequilla.

Muchos gruñían a mi espalda, con seguridad por hacer una ofrenda a sus padres olímpicos, pero debía hacerlo, ya que, gracias a ellos, estaba dentro del campamento. Quedaba suficiente en el plato. Cerré los ojos y lazando todo el plato me deje caer de rodillas, suspire y dije - ¡PARA MI SEÑORA HESTIA! -

Incline el plato por completo, dejando caer todo en las llamas, ni un solo trozo de carne, una ova o migaja se quedó en él. Durante un momento no paso nada, luego el fuego se alzó sobre el mismo pabellón alumbrando todo a su alrededor, paso de ser de ser una llama naranja a un color dorado. Luego lentamente descendió y volvió a estar igual de normal que siempre.

Deje el plato en la mesa más cercana, que agradecía que estaba por completo vacía. Luego con las manos en los bolsillos y una sonrisa lleva de satisfacción por saber que la ofrenda fue bastante bien recibida por mi señora Hestia. Sin decir nada y sin mirar a nadie tome rumbo a mi pequeña tienda de acampar.

De camino respire el aire de mi alrededor, los árboles, la tierra, el agua. El sonido de las aves cantante al atardecer y el sol brillando en el horizonte de color naranja me hicieron olvidar del hambre que tenía. Todo era demasiado tranquilo.

Note la luz desde el camino a la playa, habia alguien dentro de la tienda de campaña. Mire a todos lados, intentando saber si habia alguien alrededor primero. Luego me acerque con cautela intentando escuchar, tocando mi cadena de eslabones, si necesitaba ocupar las dagas, estaba seguro de que pronto me quedaría sin ellas.

Note una figura dentro y espere un momento.

- ¿Vas a esperar afuera? -

Aquella voz me hizo dar un salto, abrí la tienda mirando a Hestia adentro sentada en la pequeña cama y sonriéndome. Llevaba la misma ropa de la mañana, su cabello estaba amarrado en una coleta, pero parecía mucho mas radiante. Incluso el calor de adentro inundo mis sentidos.

Entre con cuidado y estaba por inclinarme cuando ella se arrojó sobre de mi abrazándome. Me miro y soltó una risita, que parecía mucho al crepitar del fuego.

-No era necesario tonto-

- ¿Qué? -

Rodo los ojos con su sonrisa -La ofrenda, fuiste muy lindo. Gracias- dijo Hestia acariciando mi mejilla, de inmediato el calor me lleno.

-Te debo la vida y mas mi señora- dije sin saber como mis brazos rodearon su cintura.

Afuera se escucharon aplausos y como los campistas estaban comenzando una fiesta o parecido.

-Hacía mucho que nadie me dedicaba una ofrenda. Y menos una tan generosa - dijo Hestia mirando hacia afuera, como si supiera también que pasaba – Pero debías comer, estas herido y …-

-No pasa nada, dormiré y mañana en la mañana comeré algo- dije para despreocuparla.

-No tengo mucho tiempo- gruño Hestia dejando su frente en mi pecho, no sabía cómo podía siempre encontrar la estatura exacta para ello. -Solo quería darte las gracias y esto…-

Levanto su mano, que se ilumino de naranja y toco mi cuello, justo donde las vendas cubrían la herida. Se sintió caliente, al punto de empezar a arder, luego fue como una cobija cómoda alrededor de mi cuerpo.

-…No puedo curarla por completo- suspiro mirando mis ojos, se notaba el conocimiento, los siglos y siglos de poder detrás de ellos - Come bien, cuídate y, por favor, no te lastimes-

-lo intentare-

Se separo y se rio un poco más, luego con la mano me hizo una seña de girar y la obedecí. Sentí un par de brazos rodearme y como ella dejaba su mejilla en mi espalda.

-Pronto enfrentaras tu destino, recuerda que no todo lo dicho es lo que parece a primera vista-

-Mi señora…-

-Hestia, solo dime Hestia-

-Hestia ¿Qué sucederá? -

-Cuídate Percy-

Un destello dorado y sentí como el calor de alrededor desapareció. Voltee y note que la mesita tenia una caja de pizza, una buena porción de papas fritas, también un par de piezas de pollo frito y una copa de las del pabellón. Una nota surgió de un fuego de la nada, poniendo "Espero te guste".

Abrí la caja, mostrando la más apetitosa pizza que habia visto hasta ese momento. Afuera cantaban todos alegres, eran canciones de campamento acerca de los dioses. Risas y gritos de júbilo se escuchan en todas partes.

Estaba solo, comiendo recostado, tranquilo y por primera vez… desde hacía años, sentía los problemas lejos de mí.

Más tarde en la noche, cuando la comida se acabó, intente cambiar mi venda del cuello, percatándome que la herida habia cerrado mucho, ahora era una horrible costra, pero no parecía estar expuesta como antes. No me di cuenta cuan exhausta estaba que mi cuerpo se negaba a moverse. Mis dedos se enrollaron alrededor de los cuernos del Minotauro.

Pensé en mi mamá, pero tuve buenos pensamientos: su sonrisa, las historias que me leía antes de dormir cuando eran un niño, la manera en que me decía no dejes que te piquen los chinches.

Cuando cerré los ojos, me dormí instantáneamente.

Ese fue mi primer día en el Campamento Mestizo.

Ojalá hubiera sabido lo que estaba pasando afuera.