CAP 2

"Borderline"

.

.

MESES ANTES

.

El oficial de policía dejó escapar un fuerte suspiro mientras que buscaba la mejor manera para no estallar de golpe en contra de quienes en aquellos momentos se encontraban en el interior de aquel tráiler rojo, sacudiéndolo como si fuese a ser el fin del mundo.

No sabía si llorar o gritar, parecía que esa boda que habían tenido había soltado el freno de la libido en todo el mundo y se habían olvidado de cualquier tipo de discreción o de cuidado al respecto; no le habría importado tanto tan solo por ver feliz a su mejor amigo y que por tanto tiempo había necesitado un poco de cariño… pero en aquellos momentos parecía que la Luna de Miel no la había terminado y que seguían manteniéndola a pesar del tiempo. Había matrimonios que después de sus momentos de darse cariño comenzaban a aburrirse… aquellos dos?... parecía que no tenían llenadera el uno del otro a pesar de que sus discusiones acerca de los entrenamientos y las carreras seguían siendo las mismas.

Sin embargo, el pueblo ya no era un sitio solitario, discreto, perdido en medio de la nada del desierto en el Condado Carburador donde solía dar lo mismo el que a alguno de ellos corriese por todas partes jugueteando que haciendo otro tipo de actividades en lo que solía ser la privacidad de sus patios.

Ahora, la población de Radiador Springs se había incrementado de forma alarmante durante los últimos meses no solamente por la llegada de varios curiosos y otros autos llamados por la nueva popularidad del sitio debido ya no solo a la fama de dos de sus habitantes sino por la boda de estos; había sido como ponerle una luz gigantesca a todo el pueblo y ya no se daba abasto por lo que había tenido no solo que llamar a unos cuántos más oficiales del cuartel del cuál él había venido sino además aceptar muy a regañadientes la ayuda que otro de sus nuevos habitantes le había ofrecido para la protección en general de quienes habían crecido en el sitio.

Pero eso no había sido lo único diferente en los últimos meses.

Todo había comenzado con la llegada de Ramón a los gritos a la clínica de Hudson Hornet, pidiendo su asistencia con urgencia debido a que su esposa había entrado en labor de parto.

Labor de parto.

El pueblo había estallado con aquella noticia mientras todos se preguntaban en nombre de Chrysley cómo y cuándo había sucedido aquello.

Con la edad no solamente de la exótica motorama sino la de su marido en pánico, nadie se hubiera imaginado que aquello podría pasar ya que había mucho tiempo que los dos habían dejado de intentar. No que hubiesen dejado de lado sus actividades íntimas, después de todo, la personalidad del impala dejaba bastante para saber que estaba completamente enamorado de su mujer por lo que el lado físico de la relación se seguía manteniendo saludable; pero después de varios intentos infructuosos, el que repentinamente tuviesen a su amigo temblando de miedo mientras un muy aturdido Hudson Hornet trataba de ayudar a llegar al mundo al hijo de ambos, bueno… realmente impactaba.

Si lo habían notado levemente celoso y sobreprotector de su mujer desde que algunos otros autos estuviesen coqueteándola y acercándosele pero el pensar que ahora hubiesen procreado…

Aquel sitio y la manera en la que convivían entre ellos definitivamente ya no iba a ser lo mismo

-Y eso es lo que sucede cuando un pueblo tranquilo y sin acción pasa a soltarse un poco los cables –había dicho entre risas un Barracuda blanco más que divertido mientras recibía una mirada de advertencia por parte de sus dos mejores amigos que al mismo tiempo, entendían lo que quería decir

Pero no era solamente el comportamiento más físico y desenfrenado de los autos que vivían en ese sitio que de pequeño ya no tenía demasiado, los nuevos nacimientos y estados de preñez de algunos otros autos que les habían dejado demasiado impresionados… sino el caso de los tractores que estaban muriendo.

Uno tras otro, como si repentinamente les hubiese fulminado un rayo los animales iban cayendo sin apenas marca de haber sido tocados y eso comenzaba a desconcertar a los granjeros locales y a sus vaqueros que habían comenzado a acercarse al sheriff del condado para reportar todas aquellas extrañas incidencias mientras que le pedían una investigación al respecto; el mercury no se había alarmado tanto, a lo mucho eran dos o tres pequeños casos casuales en los que incluso Doc había concordado sin haber ido a las granjas, que podía tratarse de algún animal que hubiese estado de paso y que sencillamente ya se retiraría al seguir su camino…

Sin embargo y después de comenzar a ver un incremento en los ruegos y los reportes de las granjas y terrenos que rodeaban a Radiador Springs, al policía comenzaba a antojársele que todo aquello era de todo menos una casualidad como tal.

Tan solo lo que iba escribiendo, los detalles de la debilidad en los tractores al ir andando, sus miradas perdidas, el sonido ahogado de sus escapes y el hecho de que ni siquiera Mate ya consiguiese alterarlos tan solo recibiendo una marcada apatía como respuesta… el auto en blanco y negro sentía que había algo demasiado extraño en aquello conforme llenaba las montañas de papeles que se le pedían ante todo suceso que se reportase en su oficina, terminando por suspirar y alzar la mirada mientras se daba cuenta de que en verdad e incluso con ayuda aquello le estaba sobrepasando.

Tenía incluso un pizarrón de hormigón donde iba añadiendo todos los casos que se presentaban, incluso terminando por salir durante varias semanas del pueblo para hacer preguntas en las granjas que se salían del condado Carburador solo para darse cuenta de que todos los eventos solo ocurrían en los territorios que estaban dentro de un radio de 50 kilómetros alrededor del pueblo; era como si tuviese un aura oscura por encima de su cabeza que estuviese tocando todo y que estuviese amenazando todo lo que estaba cerca suyo pero sin dejarle pistas claras de lo que pudiese ser.

Empezaba a sentirse desesperado.

Y la realidad era que no había querido molestar a Doc con aquello a pesar de que le había enterado de las cosas que sucedían.

Sencillamente, le veía tan feliz y tan pleno al lado de aquel chiquillo que ya había comenzado con las carreras clasificatorias para la Copa Pistón de ese año que simplemente no tenía el corazón para hacerlo; además, él era el maldito sheriff de Radiador Springs por todos los cielos! No era posible que se le presentase un asunto tan grave como ese sin que él pudiese sacarlo adelante, viéndose como el auto panzón más inútil de todo el condado!... pero al final del día, Doc seguía siendo el encargado responsable de aquel pueblo, una suerte de alcalde local donde su palabra era la ley y donde tenía que enterarlo de alguna manera de lo que estaba pasando en el territorio que correspondía a su jurisdicción como juez.

Pero tenía que aceptar que ahora, Doc Hudson también era entrenador.

Y uno que estaba lidiando con un joven corredor de la Copa Pistón que también había tenido unos cambios bastante… singulares desde su peculiar punto de vista a partir de la boda. Ya no era solo el hecho de que parecía estar unido con cemento al costado del ex corredor casi todo el día mientras que el viejo coche sonreía satisfecho, como si ninguno de los dos hubiese tenido una vida verdadera antes del otro; también parecía que sus ataques de ansiedad se habían incrementado de un momento a otro así como sus momentos de lágrimas y de gritos, que parecían asustar a todo el mundo y que a veces el Hornet no sabía cómo detener.

Quizá era ese deseo ansioso del chico de ganar la Copa Pistón finalmente o la presión que sus rivales habían comenzado a ejercer encima del Ford, Sheriff no lo sabía.

Pero si recordaba de forma bastante clara (todo mientras golpeteaba con su llanta el suelo, sin dejar de ver las sacudidas del tráiler que tenía delante de su parrilla y se ruborizaba bastante avergonzado de los sonidos que escuchaba) lo que había sucedido apenas hacía un par de semanas cuando uno de los autos más molestos para el McQueen, Chick Hicks, se presentase en el pueblo para comenzar con pequeños ataques de presión y hostigamiento en contra del auto rojo con el rayo amarillo en el costado.

Lo que suponía no hubiese sido tan grave si el propio número 95 hubiese permanecido con su carácter resistente a aquel tipo de agresiones de forma regular… sin embargo, eso ya había cambiado.

El oficial aún recordaba la expresión que había colocado el McQueen, palideciendo fuertemente cuando aquel enorme coche verde repleto de pegatinas se le hubiese estacionado delante con una sonrisa de satisfacción y presunción, después de haberle estado retando acerca de haber perdido en la temporada anterior y de que hubiese requerido de la compasión de otro perdedor como él ya que sin ello, ni siquiera hubiese tenido un equipo al cuál acudir durante las competencias siguientes ya que todo el mundo, lo odiaba y ahora solamente estaba en el foco por su perdedor esposo.

Aunque molestas aquellas palabras, todos habían decidido ignorarlas ya que se trataba del resentimiento de un auto para el cuál había llovido la desgracia.

Campeón o no, había perdido mucho impulso y simpatías por el accidente que le había provocado al viejo Strips y parecía que el corredor para Hostile Bank estaba realmente desesperado por ganar una nueva Copa y demostrar que no necesitaba de un frenón repentino de su rival en Rusteze para vencerlo y ganar una segunda copa por su propia cuenta.

-Déjale chico… esa es su manera de enfrentar lo que está sucediendo –le había dicho Doc mirando de forma casi aburrida al cremlin sin verse afectado por sus puyas

Sin embargo aquel día los insultos y las burlas del auto verde habían llamado la atención de muchos en el pueblo que se habían acercado a observar con precaución, Mark y Paul entre algunos mientras parecían sopesar lo que estaba pasando y lo que podía venir a continuación; Doc había pasado bastante tiempo lejos de aquel tipo de presiones y por lo que habían visto en el McQueen en aquellas semanas, estaba a muy poco de realmente estallar pero no sabían a qué grado… o si eso lo afectaría emocionalmente para la temporada de carreras.

-No vas a poder esconderte todo el tiempo por detrás de tus amigotes McQueen, siempre fuiste un cobarde pero parece que lo que realmente para estar bajo el reflector no era ganar una carrera sino que te entraran una buena sacudida –decía el Hicks con sorna y malicia sin percibir como el color seguía desapareciendo del rostro del 95 y cómo sus ojos empequeñecían y todos entendían el porqué:

Leander

Esa experiencia siempre iba a estar presente en el McQueen y no iba a dejarle estar tranquilo cada que alguien mencionase algo que mínimamente se lo recordase.

-Chico… está bien, respira –murmuró el auto azul a su lado sintiendo como el motor del otro empezaba a gruñir en un timbre muy bajo y ronco. No era solamente miedo lo que en aquellos momentos hacía que el Ford temblase: estaba prácticamente furioso. Ahora que pasaban más tiempo juntos, el Hornet de poco en poco notaba los sutiles cambios en el sonido del motor del corredor y lo que indicaban que comenzaba a perder el piso no solamente al momento de estar asustado o preocupado… si no cuando estaba comenzando a perder los estribos

Hasta aquel momento lo más que le había visto hacer era gritar pero…

Recordaba bastante bien lo que era tener esa edad y llegar al punto de quiebre donde la cabeza cerraba cualquier pensamiento racional.

Y parecía que el auto verde con el número 86 no había tenido suficiente puesto que se había acercado para seguir presionando un poco más al 95 que parecía haber querido retroceder un poco pero que había dado un pequeño estremecimiento involuntario debido a la parálisis que ahora se presentaba en sus ejes; su ahora esposo se pegó de costado al más joven intentando hablarle en voz baja y después, le dirigió una mirada de advertencia al otro corredor, finalmente frunciendo el ceño enojado.

Aquello ya superaba en mucho su paciencia

-Por tu bien te sugiero que te vayas ahora mismo –sentenció el juez con frialdad y dureza mientras que el Hicks le veía con desprecio alzando una ceja; de poco en poco el resto de autos en Radiador Springs se acercaron un poco más como para darles apoyo… y al mismo tiempo para vigilarlos –Sheriff!... llévalo al límite del condado y no dejes que regrese…

-Seguro –había dicho el oficial de policía encendiendo la luz de su sirena sin añadir el sonido mientras se acercaba a aquel corredor… y lo mismo hacía el royce color vino en dirección de su amigo

Aquello no lucía nada bien

-Paul…

-Ya sé, ya sé… no le veía esa cara en… un año, aunque esta no se ve tan mala como en ese momento –replicaba el barracuda en un murmullo mientras movía la cabeza indicando a otros autos que estuviesen listos solo por precaución –al menos no trae su cara de "matar"…

-Y mejor no esperemos a que quiera usarla –suspiró el mafioso resoplando un poco

Que desde que ese niño había llegado a la vida del Hornet, por lo que todos comentaban este también había tenido sus cambios bastante propios…

Sin embargo a pesar del sheriff presionando por un lado el otro corredor parecía haber plantado firmemente las llantas en el suelo, mirando al policía que entornaba los ojos hacia este

-Muévete de una vez!

-No pueden hacer eso y lo sabes –espetó el Hicks arrugando levemente el cofre para luego, observar al hornet que entrecerró los ojos e hizo resonar suavemente su motor mientras que el McQueen permanecía profundamente silente y casi ausente; por unos momentos, el viejo corredor 86 percibió como si lo mejor realmente fuese dejar aquellas puyas por ese día y hasta la siguiente carrera de clasificatorias pero…

Aún sentía el orgullo herido. Aún seguía viendo en su cabeza una y otra vez las escenas que habían circulado todo el año de cómo Dinoco le había dado la espalda y cómo él mismo había tenido que rogar a sus patrocinadores que lo mantuvieran a pesar de la mala imagen que les había dado; había tenido casi que pagar por la segunda oportunidad que le estaban dando y no iba a escatimar esfuerzos en sacudirse a esa maldita peste roja y amarilla que había estado apareciendo en sus pesadillas

Mucho menos con tan buena oportunidad por delante

-Bien, bien!... ya me voy pero te advierto, viejo, que no vas a estar todo el tiempo a su lado para estar cuidando a tu niña de porcelana de quebrarse ahora que parece que más que fortalecerlo, lo volviste más frágil… ah! Pero estoy equivocado, la nueva posición que toman para entrenar es la de estar arriba suyo, no es verdad? –se rió con crueldad mientras que parecía que al hornet se le contraían las pupilas y estaba por avanzar para enfrentar a aquel auto pero al siguiente segundo le habían presionado por los costados para frenarle, escuchándose una sarta de insultos por parte de todos los demás autos que les rodeaban:

Era evidente que el viejo corredor les había molestado

-Hudson!... cálmate, no vas a ayudar al niño de esta manera! –había soltado Mark Shelby haciendo más presión con sus frenos mientras sentía como el otro le arrastraba unos centímetros por la fuerza del motor: el muy maldito seguía teniendo lo que necesitaba y no podía menos que admirar eso

Pero ahora un nuevo motor se escuchaba, haciendo la suficiente fuerza para parar al hornet gracias al motor reforzado del barracuda que había empleado sus propios pistones de carrera para hacer una contra fuerza a la de su amigo, apretando los dientes mientras intentaba calmar a quien tenía al lado

-Maldita sea… me estás erosionando setenta años de frenos! –soltó el ex corredor de ojos verdes esta vez consiguiendo hacer retroceder a la fuerza al otro –baja el acelerador!... sabes que a este mocoso aún no le cambian su primer aceite… te está provocando a propósito! –dijo mientras que los ojos cafés del 86 se entornaban suavemente para luego, ser empujado por el policía hacia la calle

-Ya fue bastante de juegos! Fuera de aquí! –ordenó el sheriff dándole otro empujón a Chick Hicks que emitió un gruñido y comenzó a conducir

-Solamente digo… que entiendo el por qué se volvió tan popular de repente –agregó el cremlin dándole una mirada rápida de arriba abajo al número 95 que seguía tan quieto como una roca –pero no te va a bastar el levantar el trasero para todo el estadio McQueen, te lo digo de una vez! –nuevamente aquel coche le dirigió una última mirada de malicia mientras se ponía de lado y el Ford apenas y separaba los labios un poco, con una expresión oscura –aunque si lo haces para mí…

El corredor de Hostile Bank se rió con fuerza, ya sin importarle mucho cuántas sensibilidades había tocado

Ni siquiera le importaban las miradas de rabia e indignación de los demás. Hacía meses que había pasado de ello y había estado ideando planes y soltando demasiado dinero para que hubiese quienes estuvieran dispuestos a mantener a aquel coche en su lugar; ese niñito de pintura roja solamente había tenido suerte por haberse topado por accidente con un corredor que no era mejor que él pero que igualmente había sido lo suficientemente popular como para darse a conocer y ahora, le compartía de esa misma fama ya pasada de moda a su pupilo.

Y la cara de miedo que ahora tenía ese chico… valía todo el odio de aquella población

Y entonces…

El número 86 perdió la respiración

El silencio sepulcral que le había seguido a aquel instante sería uno que nadie en Radiador Springs iba a olvidar e incluso el mercury que recordaba los eventos de aquel día juraba que se hablaría de ello por el resto de la existencia del pueblo.

Y la verdad fuera dicha

Nunca había visto a tanto barbaján de la calle y malviviente con las parrillas caídas y las bocas tocando el suelo mientras que sus expresiones parecían reflejar tal sentimiento de asombro y desconcierto que parecían extrañas en sus rostros; incluso el líder de todos ellos parecía haber dejado de apretar al hornet mientras la impresión de lo que presenciaba hacía que incluso el número 51 pareciese levemente confuso. Y el barracuda había abierto tanto los ojos que parecía que sus cristales se caerían mientras dejaba escapar un fuerte "Chrysler!"

Todos habían esperado que sucediesen dos cosas: o que el crío permaneciese callado necesitando ser consolado por el Hornet más tarde para dejar salir la oscuridad que aún le arañaba desde el fondo de su cabeza… o que este le devolviese una respuesta fría y aguda a su rival de carreras de manera que lo dejase balbuceando tonterías.

Pero nadie se había esperado aquello.

Chick Hicks tenía hundido todo el lateral izquierdo dejando ver que el motivo de su falta de respiración era la presión que estaba haciendo el metal hacia adentro de su cuerpo mientras que era arrastrado aún por la fuerza del motor del corredor rojo que temblaba en rabia aún acelerando como si lo que más quisiese en aquellos instantes fuese tirarlo por el borde de uno de los precipicios que bordeaban las montañas alrededor; después de un segundo de estupefacción, tanto Hudson Hornet como Paul Atkins se lanzaron a separar a aquellos coches con ayuda de otras dos Serpientes que ahora hacían su propio esfuerzo para frenar al coche rojo y hacerle retroceder de la mejor manera que podían.

Del otro lado, tanto el sheriff del condado como otros dos autos alejaban al verde que boqueaba intentando respirar mejor con una expresión de susto y de incredulidad que estaban seguros que no se le iban a quitar en semanas.

-Me atacó… ESE INFELIZ ME ATACO!

-SUÉLTENME! –exclamó el número 95 apretando aún más los dientes mientras hacía rugir nuevamente su motor con lo que hacía deslizar un poco a aquellos cuatro autos que en si eran pesados pero que estaban teniendo dificultades de todas maneras –DÉJAME IR, HUDSON!

-CHICO, CÁLMATE! –exclamó su jefe de mecánicos mientras que el Atkins no dejaba de juramentar

-Esto son caballos de fuerza y no nuestras burradas –resoplaba el barracuda mientras que el cremlin seguía con una expresión desorbitada

-CONTROLA A TU MALDITA MUJER, ANCIANO! –le reclamó el Hicks al Hornet que le devolvió una mirada de odio y frialdad conforme su pareja volvía a acelerar tratando de librarse de todos a su alrededor

-CIERRA LA MALDITA BOCA Y LÁRGATE! –advirtió el número 51 mientras que los seguían separando y entonces, el Hicks dio un último grito

-MALDITA SEA, TÚ ERES EL RESPONSABLE DE ESE LOC, PONLE UNA CADENA Y UN BOZAL Y ENCADÉNALO A UNA PARED! LO VOY A DEMANDAR! –soltó aquel corredor lo que sacó de sí al número 95 que casi pasó por encima de dos de los pandilleros que le detenían teniendo casi que ser aplastado por su propio esposo

-RAYO!

-VEN Y DÍMELO EN LA CARA, MALDITO BASTARDO! –chilló el Ford intentando acelerar aún más arrastrando un poco más a su ya bastante rabioso esposo que parecía dividirse entre la necesidad de detener a su pareja y la de golpear él mismo a aquel infeliz –TE VOY A METER UNA CADENA POR EL TUBO DE ESCAPE Y LA ATARÉ AL FONDO DE TU MOTOR PARA SACARLO POR AHÍ, A VER SI TE ENTERAS DE LO QUE ES Y TE GUSTA!

-RAYO, CÁLMATE!

-NO VOY A CALMARME, QUÍTATE DE MI CAMINO!

Finalmente el número 86 había sido retirado por la fuerza conforme el Ford rojo boqueaba fuera de sí, con una expresión de fiereza que había hecho retroceder a más de uno excepto al hornet y al número 52 que seguían bloquéandole el paso; los dos respiraban bastante agitados, la fuerza que habían hecho para mantener controlado al joven corredor había ido más allá de lo que solían soportar en cuanto a tensión sobre la carrocería y parecía que aún les faltaba un último round por la manera en la que flameaban los ojos azules del McQueen.

Hudson Hornet no sabía si quedarse admirando aquello o decirle lo cautivado que lo tenía en aquellos momentos con semejante exhibición.

En verdad que estaba casado con ese auto?

Cuándo había vendido su alma como para haberse quedado con él?

Sin embargo, tenía que despertar y ayudar a hacer control de daños por lo que se acercó un poco mientras veía la forma en la que el cuerpo del auto rojo se estremecía con la rabia contenida y los deseos de volver a golpear a su rival; habría pensado que con la fuerza del impacto habría tenido una gran abolladura pero no, la estructura del crío le había ayudado para mantener el capó con apenas y unos pequeños hundimientos que no le significarían ningún problema a Ramón para arreglar adecuadamente.

-Novato… -llamó con suavidad el auto azul frotando un poco el capó del alterado corredor que ni siquiera le miraba, las pupilas aún contraídas por lo que acababa de pasar y las llantas temblando fuertemente –tienes que calmarte… no importa lo que haya pasado, tienes que aprender a retener esos impulsos…

Rayo le devolvió una mirada de tanto desagrado y fastidio que casi hace retroceder al médico. No había esperado eso

-Háblame de controlar impulsos cuando lo hagas tú mismo –resopló el número 95 lo que hizo que algunos de los presentes cerraran un ojo adoloridos y que otros retrocediesen un poco por la expresión que ponía el auto azul –encadenar… -Rayo McQueen sacudió la cabeza y volvió a estremecerse mirando hacia abajo –ya le daré yo razones para que realmente me… para que… para que él… otra vez…

Su voz había comenzado a bajar hasta casi ser inaudible lo que hizo que su esposo compusiese una expresión preocupada y se acercase, ignorando lo que había dicho en su contra momentos atrás para luego, frotar suavemente su mejilla

-Shhh… todo está bien Rayo… todo está bien…

-No… no lo está…

-Vamos a casa –musitó suavemente el hornet mientras que su pareja cerraba los ojos mostrando un gesto tan agotado y derrotado que el mayor supo que todo había terminado: el Ford ya no iba a luchar y había llegado a su cuota límite de estrés por aquel día. Hudson Hornet besó suavemente la punta de su capó y le empujó un poco para hacerle retroceder y luego, avanzar hacia el garaje del hogar de ambos –vamos…

-Vas a sedarme? –había musitado el McQueen muy por lo bajo mientras que su esposo le dirigía una mirada suave y amable

-No… no haré eso…

-Quizá si lo necesite –suspiró el número 95 para luego, abrir los ojos nuevamente con algo de molestia –iré a donde Ramón…

-Chico

-Necesito una mano de pintura, tengo marcas de la de Chick encima y es terrible, me veo espantoso con eso –resopló nuevamente el McQueen para luego, acelerar fuertemente –te veo después…

-Chico! –había soltado el Hornet mientras que Paul reía nerviosamente y el primero rodaba los ojos –iré a calmarlo… no sé qué le sucede últimamente que parece estallar más que de costumbre… en todo caso, iré a ver si puedo tranquilizarlo… y quita esa sonrisa estúpida de orgullo Mark, lo que el niño hizo no es para que lo presumas! –advirtió el juez con un fuerte sonido de motor antes de salir disparado a buscar al otro…

Y aunque los pandilleros habían comenzado a murmurar entre ellos con verdaderas sonrisas de diversión y admiración por lo ocurrido, el oficial de policía no había podido estar más de acuerdo con su amigo

Rayo McQueen quizá tenía carácter cuando se lo buscaba, quizá estaba alterado o a veces tomaba las cosas como lo hacía con las carreras, de forma rápida y sin pensarlas demasiado… pero nunca había sido así de violento; y el sheriff estaba seguro de que mucha de la culpa la tenían esos imbéciles que en aquellos momentos compartían comentarios como si lo que hubiese conseguido el menor hubiera sido el mayor logro de toda su vida. Suerte iba a tener el corredor de que no le expulsaran de la Copa Pistón o le pusiesen una advertencia fuerte que le afectase en su carrera.

Porque seguramente el otro corredor intentaría que eso sucediese

-Martín últimamente está muy enojado con todo… pensé que casarse con Doc lo iba a hacer feliz, Doc siempre nos ayudaba a ser felices a todos –había dicho la grúa con preocupación en el pequeño grupito que se había formado a los lados del sheriff mientras veían en dirección de donde se habían ido sus amigos

-Bueno… el muchacho ha estado bajo mucho estrés, la prensa lo está volviendo loco desde su boda con Doc y tampoco es como que lo que le pasó la última vez pueda olvidarse en poco menos de un año –decía uno de los estudiantes en la Academia de Corredores de Hudson Hornet que había estado observando todo, meciéndose un poco en sus llantas mientras que los demás asentían un poco

-Yo creo que deberíamos de poner nuevamente barricadas a las entradas del pueblo y limitar el ingreso de cierta clase de gentuza que solamente provoca influencias negativas en los jóvenes americanos que requieren de la guía correcta para volverse ciudadanos de ejemplo! –había resoplado Sarge hinchando un poco el cuerpo y aunque el mercury estaba de acuerdo con su amigo había notado la repentina tensión en el rolls royce que entornaba los ojos observando al militar

-Qué debo de entender por eso…?

-Creo que entendiste bastante bien, disidente!

-Debería sentirme ofendido de alguna manera por lo que dice un pequeño jeep de campo que no pudo subir de rango antes de salirse de la milicia? –resopló el Shelby a través de su parrilla y en ese momento el jeep se giró para hacer frente a aquel coche

-Señores, por favor… Sarge, aunque me agradaría sobremanera que en estos momentos hicieras lo que pasa por su cabeza… me temo que no puedo permitirlo… (aunque me gustaría ayudarte) –había terminado por decir el oficial, percibiendo una sonrisa cómplice por parte del sargento y una seña retadora por parte del líder de mafia, que con una pequeña garra salida de un lateral de su cuerpo parecía mover el dedo medio, como si le retase a intentarlo

Apenas y aquello empezaba a caldearse de nueva cuenta pero esta vez entre los coches ahí presentes cuando una porshe se había atravesado en medio de aquellos autos haciéndoles parpadear

-No creen que lo primordial aquí es la salud de nuestro amigo por encima de su pelea de octanaje, señores? –interrumpió la abogada mirándoles con seriedad lo que hizo que todos volteasen en diferente dirección excepto por el barracuda que se asomaba igual que los demás para luego, darle de lado con su llanta de lado a la grúa como si le compartiese una broma

-Pues a mí me parece tierno, cuando se empiezan a tumbar las tuercas significa que se quieren… yo aquí percibo muuuucha tensión de la buena… y un tercero en discordia, esto ya digno para convertirse en el libreto de una muy buena telenovela… se de muchos que querrían verla salir en televisión –se rió el ex corredor observando a su mejor amigo y los otros dos oficiales que ahora le veían con enojo y fastidio

-DE QUÉ TENSIÓN NOS HABLAS!? –gritaron al mismo tiempo

-Podrías por favor no ayudarlos? –la abogada miró con severidad al barracuda que no dejaba de sonreír y mantenía una expresión feliz con los párpados a medio ojo. Realmente se veía satisfecho por cómo había dejado a aquellos tres autos a lo que la Carrera suspiró profundo –creo que lo importante aquí es devolverle al pueblo al menos una sensación de seguridad. Todos siempre quisimos tener nuestra dosis de turistas, ver a Radiador Springs nuevamente activo… -dijo la chica mirando los alrededores a lo que el Shelby se inclinó de lado hacia el policía sin dejar de ver a la fémina

-Es normal que esta niña se ponga tan… filosófica?

-Ah sí… si se trata del pueblo, ella es la más apasionada –suspiró Sheriff mientras seguían oyéndola hablar, siendo la grúa el más entusiasta con aquello

-…y aunque me emociona ver que hay tanto movimiento por parte de nuestros nuevos residentes que han decidido que este sitio es el mejor hogar para criar de forma segura a sus familias, quizá… no sea tan mala idea ir bajando un poco la presencia de los externos o de los que no han vivido aquí el tiempo suficiente al menos… por unas cuantas semanas –terminó por decir la chica a lo que el resto la vio casi con cara de espanto; la porshe cerró los ojos, imaginaba el porqué de sus gestos y asintió una sola vez

-Pero señorita Sally, usted siempre decía… -había comenzado a decir Mate pero entonces la aludida sonrió con pesadez

-Lo sé… y no hablo de cerrar a cal y canto el pueblo, nadie quiere eso –dijo con voz suave y baja para después, tomar aire profundo –pero con Rayo entrando de nuevo en las competencias y con ese tipo de corredores metiéndose aquí, buscando lastimar a nuestros amigos… quizá si tengamos que revisar que no cualquiera pueda pasar por el pueblo

Razonó suavemente y de uno en uno, los demás habían asentido

-Supongo que tienes razón –terminó por decir Sarge haciendo una mueca y Flo asintió algunas veces

-Yo estoy de acuerdo, esos sujetos solo por molestar al pobre hacen un escándalo tremendo… y Junior no deja de llorar, quiero que mi Ramón descanse un poco también… -suspiró la mujer con un tono preocupado

Y tal cuál habían llegado a aquel acuerdo, en los siguientes días se habían colocado nuevas barreras de vigilancia alrededor del pueblo, tan solo dejando pasar a la mayor afluencia de turistas hacia la zona donde se encontraba Wheel Well y las cascadas ya que eran el mejor atractivo turístico que tenían aparte del chiquillo; pero parecía que lejos de haber mejorado en algo los sentimientos del corredor tan solo lo habían hecho tomar la actitud contraria:

Parecía bastante deprimido creyendo que todo era por su causa.

Y aquel día, no solamente sumado al comportamiento del Ford y a la decisión de bajar el número de turistas, se había agregado la presencia de alguien en la comisaría del pueblo lo que había hecho que Sheriff terminase por acceder a la realidad de que necesitaba a Doc Hudson enterado de todo.

Pero…

Lo que había terminado por encontrar al momento de detenerse en los jardines de Rojo para finalmente hablar con su mejor amigo no se lo había esperado, aparte del pequeño grupo de autos congregados alrededor de aquella caja de tráiler y que se reían de forma silenciosa tan solo mirando como aquella cosa se estremecía cada cierto tiempo junto con algunos sonidos peculiares; el oficial había enrojecido a más no poder, ya hacía tiempo que se había prohibido que los visitantes del pueblo se acercasen al sitio donde había estado quedándose el número 95 hasta antes de casarse con el Hornet pero de todas maneras siempre había quién se saltaba las normas por gusto.

Y ese día no había sido la excepción.

Y la sorpresa no solo de ver a los congregados sino de escuchar él mismo lo que parecía ocurrir en el interior de aquella caja roja que mostraba el logo de Rusteze en grande por uno de sus costados, le había dejado lo suficientemente pasmado e irritado como para tardar en reaccionar

-LARGO DE AQUÍ!

Había terminado por gritar el oficial asustando a los autos que estaban congregados alrededor murmurando cosas entre ellos y que habían salido disparados en todas direcciones aunque se había quedado atrás un miembro de la prensa que a todas luces llevaba un pequeño aparato que estaba grabando todo; el sheriff resopló, sabía que como aquello llegase a los medios de comunicación estos no se iban a dar descanso para burlarse del Ford o hacer algún comentario hiriente al respecto

Pero es que esos dos tampoco se ayudaban a sí mismos…

-Hijo… borra eso y lárgate –advirtió el oficial entornando los ojos y mirando a aquel coche de color cobre que le miró con un gesto altanero y burlón que hizo estremecer de rabia al oficial

Solo porque la ley no le permitía agredir sin una buena razón a los civiles…

-Estoy protegido por la ley de información que protege a los reporteros –replicó el auto alzando la barbilla con seguridad y el sheriff hizo sonar un poco su viejo motor

-No creo que eso incluya ese tipo de obscenidades…

-Obscenidades… bien marcado –se rió aquel auto haciendo que el oficial volviese a estremecerse con rabia contenida; al siguiente momento aquel auto le acercaba de forma prudente la pequeña grabadora que llevaba consigo haciendo que el oficial retrocediese un poco. Se imaginaba el dilema en el que quería colocarlo –quiero que me diga oficial… cómo es que permiten que Hudson Hornet haga este tipo de cosas en público? –inquirió el reportero con malicia –hay alguna especie de pago aquí para que pueda saltarse las normas de su propio pueblo en cuanto a la discreción de ciertos actos que no deberían de ser tan… evidentes?

Inquirió el reportero y el mercury se quedó silente.

Sabía que aquel coche quería que hablase, sabía que lo estaba provocando para ponerlo en un predicamento y si daba un movimiento en falso no solamente él perdería su trabajo sino que podrían poner en investigación y suspensión a su mejor amigo… tenía que pensar…

-Vamos Sheriff… tiene que responder, no sea tímido –sonrió aquel auto nuevamente y el aludido entornó aún más los ojos

Separó los labios, mientras su cabeza se movía a gran velocidad pensando en frases y palabras hirientes mientras creía que no sería tan mala idea por una vez abusar un poco de su autoridad para encerrar a aquel sujeto un par de días en el corralón del pueblo y entonces…

CRASH

Aquel aparato había caído al suelo con un gran sonido que hizo brincar del susto al auto de color cobre que no esperaba aquel movimiento y entonces, su preciada grabadora se hizo pedazos cuando una llanta la aplastó con fuerza, terminando aquella cosa haciendo un sonido ahogado; tanto el mercury como el reportero miraron con sorpresa a la abogada que acababa de llegar y que parecía liviana y despreocupada de lo ocurrido

-Porqué en el pueblo dicen que hay un alboroto aquí?... qué hizo Letritas esta vez?

Había soltado la porshe mirando con calma a los dos autos… para entonces percatarse de que el reportero pasaba del impacto y la sorpresa de aquello a una ira verdadera

-Cómo te atreviste a romper mi grabadora!

-Uy!... en serio? –replicó la abogada pretendiendo una verdadera sorpresa mientras quitaba su llanta de encima de aquel objeto –creo que no me di cuenta. Manda la nota a la fiscalía del pueblo para que paguemos por el daño provocado en esta lamentable situación –dijo con tranquilidad la chica mientras que el auto que tenía delante entornaba los ojos y se acercaba un poco a la porshe que no lucía alterada

-Y piensas que me voy a quedar así nada más, chiquilla!?

-Pues… a menos que quiera que te acuse en estos momentos por invasión a la propiedad privada a pesar de que un oficial de la ley ya te ordenó que te retiraras y por ensuciar con basura un pueblo histórico… -la coche observó los restos de aquella grabadora con gesto sencillo antes de volver a mirar a los ojos al reportero –pues sí, te vas a quedar así y te vas a ir. Cierto?

-Grrrrr…. –aquel auto pareció meditar por unos segundos qué era lo que debía de hacer a continuación para finalmente, darse la vuelta y alejarse maldiciendo

Sally condujo hasta quedar cerca de Sheriff y se quedaron los dos observando cómo aquel sujeto se alejaba hasta que el oficial cerró los ojos y negó un par de veces con la cabeza

-Mi nivel de pago no es lo suficiente como para estar lidiando con estas cosas… -dijo el viejo oficial recibiendo una mirada de curiosidad por parte de la chica

-Oye… a qué se estaban refiriendo todos con lo referente a…? –había comenzado a preguntar la abogada retrocediendo para girar a ver a aquel oficial… cuando nuevamente el tráiler parecía haberse agitado, dejando escapar un sonido que hizo abrir mucho los ojos a la chica y ruborizar fuertemente al oficial que tosió varias veces por lo bajo, bastante avergonzado –oh…

-No deberías de estar aquí Sally, esto no es correcto –dijo el oficial mirando hacia la caja del número 95 –les diré que paren, de todas maneras tengo que hablar con Doc… pero… -un nuevo sonido había hecho avergonzarse otra vez a aquel mercury que parecía bastante abochornado –por todos los pistones, parece que estuvieran construyendo un auto ahí dentro!

-Pues… a mí me parece que efectivamente van a terminar haciendo uno -suspiró con calma la fémina conduciendo para acercarse a la pequeña rampa secundaria que se alzaba en aquella caja mientras que el policía la veía con los ojos desorbitados

-Sally!... qué haces?

La abogada sin inmutarse comenzó a golpear fuertemente la puerta de la caja del tráiler escuchando como un pequeño grito ahogado se dejaba percibir, evidenciando que alguien había intentado acallar un sonido vergonzoso

-Doc… podrías por unos instantes soltar los tubos de escape de Letritas y salir?... tenemos qué hablar –pidió sin alterarse la porshe mientras que el policía se preguntaba… de dónde había sacado toda esa fuerza y entereza la chica para lidiar con aquellas cosas sin perder la cabeza en el intento

.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::TBC::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::