CAP 3
"Tiempo contado"
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ADVERTENCIA: Lemon de coches
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Aquella mañana se había volteado completamente de cabeza.
Había comenzado con el joven corredor queriendo tomar un respiro después de haber estado entrenando durante horas para poder tomar las energías que necesitaba para hacer frente a cada una de las carreras clasificatorias para las que era llamado y a las que acudía siempre recordándose que debía de evitar darle más problemas a Doc.
Aunque últimamente se había vuelto un poco más difícil que de costumbre al sentir como si todo lo que lo rodeaba ardiese y que estuviese intentando asfixiarlo.
Sí… esa era la palabra.
Todo se estaba volviendo asfixiante al grado que de repente se preguntaba si lo que quería hacer era continuar corriendo en la Copa Pistón o si lo mejor sería dejarlo finalmente para encerrarse en algún lado o internarse en algún hospital hasta entender qué era lo que estaba mal con él; la desesperación y la ansiedad empezaban a volverlo loco al grado de que ya no podía pasar de ciertos días sin vomitar la comida o la bebida de la mañana y perder las energías, obligándose a permanecer de pie hasta que llegaba a un sitio seguro y se dejaba ir desmayado hasta el suelo.
En más de una ocasión había terminado por asustar al Hornet que no podía menos que angustiarse por la manera en la que veía debilitarse al corredor
-Hijo… esto no está bien…
-Ya lo sé –suspiraba Rayo y entonces, se permitía sentir alivio al ver que sus tiempos seguían siendo buenos y continuaban moviéndole posiciones para mantenerse en aquellas carreras; y sin embargo la incertidumbre y ahora, aquella sensación de abatimiento y frustración hacían aún más presión al grado que el auto rojo había terminado sacudiendo la cabeza –no sé qué tan correcto sea que yo siga corriendo en estos momentos…
-Qué quieres decir?
El sol matutino había acompañado tanto al corredor como a su jefe de mecánicos hasta que finalmente habían llegado a los jardines que rodeaban la Corte Marcial de Radiador Springs y luego, los ojos azules del hornet habían seguido al ford rojo que sin apenas detenerse había ingresado en la caja de tráiler; el hornet le había seguido hasta que las puertas se habían cerrado, revelando nuevamente las pequeñas luces que refulgían como estrellas sobre la cabeza del McQueen que las observaba silente, como si deseara perderse en ellas.
En aquellos momentos el entrenador de este solo podía ver su espalda, mientras que el silencio seguía cubriéndoles a ambos.
Finalmente, la voz del menor se dejó percibir.
-No me puedo concentrar…
-Entiendo –dijo mientras que el número 95 cerraba los ojos para luego, dejar escapar un fuerte suspiro
–Creo… que estoy llegando al límite de mis fuerzas…
-Ni siquiera llevas la mitad de esta temporada, chico –musitó con suavidad el hornet para luego pasear sus ojos azules por todas las pequeñas curiosidades que el corredor tenía en aquella caja; era más que obvio que ya no solía vivir en esta y que la había ido redecorando cada vez que el conductor de su tráiler, Mack, la recogía para transportarle a los circuitos donde se hacían las carreras previas a la final. A veces el ex corredor lo acompañaba en el interior de esta pero la mayoría del tiempo era el muchacho quien viajaba a solas en su interior mientras él le seguía por fuera
No quería que volviese a perderse como cuando se habían conocido la primera vez
-Vaya… esa me gusta –comentó con suavidad el hornet observando una de varias fotografías que el joven corredor había colocado de ambos para adornar uno de los muros al fondo donde se podía ver que estaban juntos –me agrada ver que estás convirtiendo este lugar en uno más cómodo para ti…
-No quiero pensar… todo el tiempo… cuando estoy encerrado aquí… -había comenzado a decir el menor y los ojos del mayor se clavaron nuevamente en su espalda –Hudson… aún no puedo olvidar a Bran… lo que hizo…
-Dudo que puedas hacerlo alguna vez –suspiró el hornet acercándose un poco y lo que alcanzaba a moverse un poco de lado por detrás del otro, que había agachado la cabeza y cerrado los ojos –a mí aún me cuesta… durante algunas noches sentirme tranquilo del todo sabiendo que ese infeliz aún acecha los alrededores…
Musitó Doc mirando hacia la ventana entintada del McQueen que parpadeó un poco y miró a su jefe de mecánicos a través del reflejo del vidrio, sabiendo que no era al lamborguini al que se refería; podía distinguir aquel pequeño brillo de miedo y de resentimiento que el auto azul guardaba en su pecho y que había notado como le torturaba en las noches cuando este tan solo permanecía con los ojos clavados en la ventana de su habitación, como si de algún momento a otro el firebird pudiese lanzarse a través de esta
-Lo siento mucho…
-Es algo que se queda contigo, te lo graban en el metal del cuerpo y es justamente con la intención de que no seas capaz de superarlos, de aún mantener control de tu cuerpo y de tu mente de manera que aún te estremezcas al recordarlos… les ayuda a sentir que aún están en control tuyo… -dijo con un tono bajo y grave el hornet a lo que Rayo parpadeó un par de veces
-También contigo?
-La última vez que vi a ese desgraciado… casi me consigue –respondió el número 51 sonriendo con mucha pesadez mientras que unas grandes ojeras se marcaban en su capó lo que preocupó al auto rojo –aún… tiene el poder, sabes?... es difícil cuando te das cuenta de que a un infeliz como ese solo le hace falta hablarte al oído para tenerte a su merced, temblando de miedo y de otras sensaciones que te hacen sentir asqueado de ti mismo al grado que te preguntas si realmente estás siquiera luchando contra eso
Hudson Hornet cerró los ojos dolido y sonriendo débilmente a lo que el Ford rojo se movió para voltearse un poco mejor a pesar de la escasa movilidad que tenían ambos en aquel lugar
-Tú sabes perfectamente que no quieres eso. Yo lo sé Doc… puedo verlo, tú no quieres que ese maldito te ponga las llantas encima…
-Y aun así, créeme que es capaz de hacerme que se lo pida si se lo propone… y por mucho que eso me despedazaría, soy consciente de que tengo que trabajar en la mejor manera para superarlo y finalmente, dejarlo ir –dijo el adulto para luego, frotar suavemente la parte posterior de su pareja con el capó a modo de cariño –y sé que sientes lo mismo –dijo suavemente lo que hizo que el McQueen bajase la mirada –sé que aún te afectan las palabras de ese corredor aunque él no tenga ni idea de lo que está haciendo…
-Es un imbécil –musitó Rayo temblando irritado y dolido a lo que el otro coche suspiró antes de besar un poco de la cajuela de este haciendo que el más joven cerrase un poco los ojos
-Lo sé –musitó el hornet haciendo una pequeña mueca de comprensión mientras se alzaba un poco tan solo para besar suavemente y despacio la ventana posterior del corredor rojo que terminó de cerrar los ojos, dejándose hacer mientras asentía débilmente –lo suficiente como para que te haga sentir que ya no quieres seguir adelante…
-Me hace pensar en que quizá es por eso que Adriano dejó las carreras –dijo por lo bajo y el auto azul se detuvo unos momentos para verle de lado –demonios… esto ha sido solo Chick pero… -negó con la cabeza y su entrenador frunció un poco el ceño
-Es normal que puedas sentirte desesperado y frustrado con esta situación –aseguró el veterano con sus ojos azul oscuro aun viendo la expresión algo cansada de su pareja –se está aprovechando de eso porque sabe muy bien de lo que eres capaz… yo también sé de lo que eres capaz…
-De arreglar una calle y no morir en el intento? –sonrió finalmente un poco el McQueen haciendo que los ojos de su pareja brillasen con alivio y gusto al escucharle decir aquello –o de destrozarla sin apenas ayuda?... al menos sé que también soy capaz de muchas otras cosas más importantes… y de algunas más interesantes aunque creo que esas ya las notó
Se rió suavemente Rayo sintiéndose un poco más animado que antes mientras que su esposo frotaba con cariño su lateral trasero
-Cómo cuáles son las importantes? –inquirió curioso el hornet recibiendo una mirada de reojo por parte del Ford, cuyo celeste parecía deslumbrar más que el cielo azul en un día de verano
Cómo adoraba esa claridad, esa vida… ese espíritu que se dejaba sentir como la calidez del sol sobre su cuerpo al saber que era a él a quien le entregaba aquel amor incondicional; aún seguía sin poder creer que él fuese el merecedor del corazón de aquel niño que hubiese llegado a su vida, honrando el apodo que tenía por nombre: potente, electrizante, poderoso y al mismo tiempo con una luz y una energía que lo llenaban de vida y al mismo tiempo le hacía estremecer por lo imparable de lo que eran su ser y su alma.
Si pensaba que ya lo había conocido todo acerca del amor… el Rayo McQueen le había hecho sentir diminuto en su ignorancia
Porque en esos instantes, el único significado de esa palabra al pleno estaba delante suyo, mirándole con una chispa infinita en la mirada y haciéndole sentir como quien se tiende en medio de la noche a contemplar la infinidad y la majestuosidad del universo.
Estaba enamorado
Tanto como un crío. Estaba total y perdidamente enamorado y su corazón palpitaba de emoción solo por ese sentimiento.
Rayo sonrió un poco más y se encogió de hombros antes de dejar de ver al otro para observar la pantalla del televisor que se mostraba de igual forma en aquella zona del tráiler como en la parte posterior de forma que no importase la posición en la que estuviese estacionado el Ford rojo, este pudiese mirar las pantallas; se acomodó un poco mejor sabiendo que su esposo le miraba aún curioso por lo que había dicho y entonces, cerró los ojos sintiendo un pequeño instante de satisfacción.
Realmente… no importaba lo que dijese ese idiota de Chick.
No importaba lo que Bran le hubiese hecho o le hubiese provocado en el pasado.
Lo único que importaba en aquellos momentos era el que su esposo lo amaba y que no se alejaba de su lado sin importar todas las marcas invisibles que cruzaban su cuerpo y su alma, no permitiéndole sentirse completo para el hornet; pero a este, esas cosas no le detenían de tocarle, de amarle y de hacerle sentir que podían estar juntos porque sencillamente, le pertenecían el uno al otro. Tomó aire profundo observando el reflejo de sus propios ojos en la pantalla que le devolvían un gesto aún inquieto por encima de lo que sentía y entonces, se movió un poco hacia atrás hasta sentir la calidez del cuerpo de su pareja.
Eso era lo que más quería en aquellos momentos.
-Hacerte feliz… creo…
Dijo finalmente con un tono bajo el McQueen haciendo que su pareja alzase ambas cejas para después, escucharle reír suavemente.
-Por supuesto que me haces feliz, Rayo… eso ya lo sabes –dijo con cariño el mayor volviendo a besar suavemente el borde de la cajuela de este provocando que el más joven suspirase profundamente para luego, verle temblar suavemente
-Bueno… también sé que tocarme te hace feliz así que… -se animó a bromear un poco el chico de ojos azul claro lo que volvió a hacer reír a su esposo que se acomodó mejor mientras seguía besándole –por qué no ahora?
-Ahora… -murmuró el hornet volviendo a besar la ventana posterior del corredor que asintió apretando un poco los párpados mientras que su motor sonaba suavemente, volviendo a hacerse un poco hacia atrás al tiempo que bajaba el cuerpo para que el otro pudiese subir un poco más y alcanzarle mejor –no lo sé chico… -fingió pensar conforme escuchaba un pequeño quejido en su pupilo que volvía a respirar profundo –te parece el mejor lugar para esto?
-No me hagas rogarte –gruñó levemente molesto el número 95 lo que provocó una risa más pronunciada en su entrenador –lo que más quiero es olvidarme de ese maldito de Bran y preferiría pensar en ti cuando me suba a este estúpido cacharro que en lo que me hizo en aquellos momentos en este mismo sitio… podrías ayudarme un poco con eso, no?
-No es la primera vez que estamos aquí solos –respondió el mayor mas sin embargo continuó besando el cuerpo del más joven que comenzó a estremecerse conforme iba pasando sus labios por el borde de la ventana posterior hasta la lateral posterior permaneciendo en esta por algunos momentos, provocando suavemente al otro que pareció encogerse un poco entre temblores –ni la primera vez que hacemos algo en este sitio…
-Pero mientras más… momentos tengamos aquí…. Chrysler! –emitió un jadeo corto estirando suavemente las llantas traseras intentando no agitarse demasiado ahora que percibía como el otro auto seguía bajando -…mejor… mejor para mí… más distancia entre una cosa y la otra… Ah! Hud… son… -se mordió levemente la lengua y cerró con mayor fuerza los ojos antes de escucharse con mayor fuerza su respiración
Realmente creía en aquello y lo deseaba fuertemente.
Quería empañar lo mejor posible el golpe de recuerdos que recibía cada vez que ingresaba a su tráiler y sentía que algo desagradable se presentaría a su espalda, impidiéndole moverse, respirar o escapar…
En aquellos instantes solo quería concentrar la cabeza en todas las sensaciones que le recorrían de arriba abajo, haciendo murmurar a su motor con fuerza a momentos mientras que se acomodaba lo mejor posible para que el otro le alcanzase de mejor manera el cuerpo; no iba a poder verle el rostro por aquellos momentos pero no importaba, solo con escucharle respirar y poder oler la gasolina que alimentaba su motor le bastaba para saber que estaba consigo y que no le había dejado.
Solo tenía que oír su voz susurrando su nombre para sentirse tranquilo de que no era nadie más… y que ningún otro auto podía provocarle aquella calidez en el pecho al llamarle por ese nombre que abrazaba fuertemente y que le significaba toda una vida nueva.
Volvió a quejarse conforme su motor volvía a gruñir y percibía como la temperatura comenzaba a incrementarse en su cuerpo de una manera agradable. Su esposo no solamente le conocía completo por ser su mecánico personal y quien le entrenaba sino al mismo tiempo, por ser su pareja y por haberle estudiado de tal manera que no necesitaba de mucho para tenerle moviéndose en contra suya; no se quejaba, disfrutaba demasiado el sentir como le cubría con amor como nadie más lo había hecho y el percibir sus labios resiguiendo la línea que bordeaba sus laterales y la zona de cableado y de tuberías hasta la parte inferior.
Incluso en un lugar tan pequeño como la caja del tráiler… se las arreglaban bastante bien
Por su parte el Hornet no podía sentirse más satisfecho ante aquello.
Con cada vez que lo hacían, el crío se iba abriendo más y más al hecho de que tuviesen ese tipo de actividades y su temor a estas se iba desvaneciendo un poco más con cada momento.
No había sido fácil… incluso en su segunda vez durante el viaje que habían tenido hacia Mónaco, había instantes en que se había percatado de cómo el Ford se quería obligar a disfrutar algo que en segundos le provocaba un pánico que congelaba su cuerpo y lo inmovilizaba de pavor; había tenido que hablarle, que susurrarle y que ser muy paciente ante las acciones de retraimiento del cuerpo del joven corredor para que este de poco en poco pudiese relacionar sus toques con algo positivo en lugar de con la tortura que aquel europeo le había rasgado en el cuerpo.
Y había tenido que ser paciente también al hecho de que el Ford se disculpase todo el tiempo por no darle una mejor experiencia física al tener tantos tropiezos y timidez por su trauma.
Pero no le importaba.
No le importaba tener que ser lento cuando fuese necesario, tener cuidado y esperar con tal de que el chico se sintiese seguro, feliz y pleno a su lado y bajo su cuidado, no le molestaba tener que pausar cualquier cosa que estuviesen haciendo a pesar de la incomodidad si con eso significaba que la confianza que le tenía el número 95 se haría más fuerte; le honraba y le hacía sentirse pleno el poder darse cuenta de que todos esos detalles significaban un mundo de diferencia para un auto que estaba acostumbrado a utilizar una careta de seguridad superficial que escondía al chico aterrado de todo que parecía desconfiar incluso de su reflejo en los espejos.
Le había tomado demasiado tiempo poder ver al verdadero Rayo McQueen que se asomaba solo en sus momentos de mayor vulnerabilidad, cuando las cosas se salían del control de su volante y sentía que perdía el asidero.
Era cuando se daba cuenta de qué tanto confiaba el chico en él y cómo le dejaba ver a un auto que muy pocos conocían en verdad.
Y se sentía honrado por ello.
Por eso mientras se inclinaba para comenzar a bordear los tubos de escape laterales del otro despacio, sintiendo cómo el menor alzaba una de sus llantas traseras para darle un mejor espacio de movimiento, pensaba que la vida le estaba quizá devolviendo un poco de lo mucho que le había arrebatado en su juventud; le estaba brindando un corazón que no se merecía y además, le sumaba la oportunidad de cuidarlo, de sanarlo y de amarlo como él nunca se permitió recibir de nadie más por su estúpido orgullo.
Era su momento de intentarlo.
Y quería hacerlo bien.
El menor se estremeció y abrió aún más la boca, intentando tomar más aire en sus pulmones conforme sentía al otro besar su zona inferior lateral y su motor rugía nuevamente por la ansiedad que aquello le estaba provocando; el hornet siempre era endemoniadamente lento, provocándole completamente de manera que para cuando le tomaba le tenía más ansioso que nada porque sucediese. No era una mala estrategia tomando en cuenta que el miedo generalmente lo tenía tirando en dirección contraria, pero su ahora esposo…
Diablos
Era extrañamente reconfortante el saber que era capaz de tener su cuerpo y su mente completamente dispuestos a complacerle sin necesidad de herirle o de amenazarle para que accediese a sus deseos.
Porque sinceramente y de corazón, quería hacerlo.
Además, todos los toques que le daban se sentían terriblemente bien.
Lo desesperaban, le hacían dar vueltas la cabeza… antes de siquiera razonarlo había comenzado a gemir con mayor fuerza al sentir la cálida lengua de su pareja ir todavía más abajo, resiguiendo la curva que daban sus tubos de escapa laterales hasta juntarse en el centro para seguir más adelante a donde salía todo lo producido por su combustión; bendito momento para haberse casado con un médico especialista justamente en Combustión Interna, era quién mejor sabía hasta dónde podía tocar y que tan lejos llegar para volverle loco a esa velocidad tan demencialmente lenta.
Apenas y pensándolo había alzado su parte posterior con un fuerte quejido lo que hizo que al hornet le brillaran los ojos con diversión al notar tan expuesta la zona inferior en el cuerpo del Ford que había agachado toda la parte frontal hasta pegarla al suelo sin dejar de temblar.
-Estás seguro?
-Que Chick por algún motivo bizarro sepa que te muestro el parachoques no significa que tenga que dejar de hacerlo –resopló el McQueen frunciendo el ceño volviendo a provocar una risa baja en su entrenador –eso te pertenece, qué le importa a él?... si lo envidia pues mal por él y mejor para mí, porque al menos yo disfruto bastante de esto mientras que seguramente él permanecerá virgen como el aceite de Rusteze lo que le quede de garantía
Resopló con fuerza y esta vez fue una carcajada lo que salió de la boca del hornet antes de acomodarse mejor por debajo del otro coche que se ruborizó fuertemente aún con expresión de molestia
-Puede ser… pero no eres el único que disfruta de esto chico –aseguró el corredor veterano con una expresión intensa que el ford no podía ver pero sí que podía sentir –además… el nunca podrá escucharte de esta manera –musitó un poco antes de comenzar a darle atención a aquella zona expuesta, besándola y rozándola con los dientes lo que provocó que el menor tensase de golpe el cuerpo por la fuerza de la sensación que le había recorrido hasta que antes de siquiera percatarse, le sentía removiéndose un poco más rápido por encima de su capó, gimiendo de forma más sonora y estremeciéndose continuamente como si buscase sentir un poco más de aquello
Y él quería complacerlo
Realmente, le gustaba ver que temblaba de aquella manera por su causa y que su motor sonorizaba un poco más en cuanto pasaba los dientes por alguno de los circuitos eléctricos que alimentaban los sistemas de control posteriores hasta hacerle pedir un poco más
Un poco más de su toque, un poco más de movimiento…
Se avergonzó levemente al darse cuenta de que él mismo había comenzado a gemir y a frotar un poco la parte inferior de su cuerpo contra el suelo tan solo por la manera en la que su pareja se retorcía ante lo que le estaba provocando; pero literalmente cualquier movimiento de cuerpo o sonido que brotase de los labios del McQueen era suficiente para encenderle a él también.
Era imposible no hacerlo… el chico era hermoso sin importar por dónde lo viese y con algo de culpa a pesar de todo, sabía que lo deseaba y más de lo que le gustaría admitir.
Menuda forma de pensar a la antigua pero era imposible negarlo.
Su educación le hacía sentir extraño ante el hecho de saber que realmente, había momentos en que deseaba el cuerpo de quien se había casado con él y que realmente le gustaba el tenerle para sí mismo haciendo todo aquello como si no existiese nada más.
Se suponía que si le decía aquello al Ford, le regañaría al respecto y le diría que estaba bien hacerlo pero…
Bueno, pensamientos de viejos.
Al menos sabía que lo estaba haciendo bien por la forma en la que el otro auto ahora se movía en pequeños espasmos como si aquello no le fuera suficiente… y al recibir una corta mirada del otro, indicándole que estaba listo mientras se acomodaba mejor para que pudiera usar los cables especiales que tenían para aquello… algo más le hizo parpadear con extrañeza.
Un click
Luego otro
Era como si pudiese percibir el trabajo de un reloj de bolsillo al momento de mover las manecillas, con cada segundo al embonar y mover sus engranes para trabajar adecuadamente; se acercó un poco más frunciendo el ceño, ese sonido tan particular estaba seguro de haberlo escuchado alguna vez en el pasado pero no estaba seguro del porqué. Cerró un poco los ojos intentando concentrarse en aquel sonido tan peculiar que le había pensar en piezas finas conectándose las unas a las otras y en pequeños cilindros al chocar.
No tenía sentido, no había nada en el cuerpo de un corredor que pudiera llegar a sonar de una manera tan peculiar…
Pero bueno
Rayo no era ni normal ni peculiar. Su padre le había destruido y reconstruido tantas veces que no le sorprendería el enterarse de que había alguna otra pieza dentro del cuerpo de su pareja que pudiera haberse activado después de todo lo ocurrido en los meses anteriores; sin embargo solo por precaución buscaría al único otro auto que conocía bien el cuerpo de su pareja como para saber rápidamente qué tenían que revisar y que además tenía conocimientos previos de su sistema como para poder manipularlo sin provocarle al corredor algún otro problema que le ocasionase tener que dejar las carreras.
Al menos él era consciente de que había cosas que aún no sabía del todo y que prefería no manipular, por el bien del chiquillo.
-MALDICIÓN HUDSON! –había chillado el auto rojo que no había dejado de temblar y que ahora lagrimeaba de pura ansiedad sin abrir los ojos y con el capó tan rojo que parecía brillar con luz propia –vas a quedarte viendo mis partes privadas todo el día o vas a hacer algo? –jadeó varias veces haciendo que su esposo diese un respingo de sorpresa al haber olvidado por unos segundos lo que habían estado haciendo –ya… ya no puedo… -el McQueen había apretado fuertemente los dientes para después dar un fuerte gemido desesperado mientras estiraba las llantas posteriores –diablos… diablos… no puedo aguantarme tanto!
Había vuelto a chillar el auto rojo removiéndose desesperado a lo que el mayor notó que pequeñas gotas de un líquido colorido comenzaban a reseguir las finas líneas de tubos y cables del corredor cuyo motor hacía tanto ruido que seguramente resonaba hasta el exterior; hacía tanto calor a ese nivel que la temperatura había alcanzado el punto exacto para que el radiador del crío empezase a vibrar dejando ver que en efecto había estado resistiendo lo que su computador interno ya avisaba que estaba por ocurrir. El hornet sonrió, de alguna manera era satisfactorio saber que ese chiquillo necio era capaz de resistir una necesidad como aquella tan solo por él.
Interesante.
-Si insistes… -dijo con suavidad el viejo hornet antes de besar un poco más profundo aquella zona de cables en el Ford lo que provocó que este emitiese un sollozo ansioso y que las llantas de este temblasen tanto que estaban a punto de fallar en sostenerle –entonces, no te hagamos esperar más…
-Por favor… por favor… ya… hazlo, hazlo ya… -suplicó el número 95 mordiéndose los labios conforme el otro auto preparaba aquel cableado especial que les hubieran regalado durante su boda y que había encontrado altamente adecuado; realmente, había podido notar las quejas de su batería la primera vez que hubiese tenido contacto con la potencia eléctrica del McQueen, tan diferente a la suya y entonces cuando utilizase por primera vez aquel aditamento… había sido completamente diferente.
Lo había disfrutado como nunca y a pesar de las diferentes potencias entre ambos y el cruce de energías, mucho más ruidosas y estremecedoras en el Ford de modelo más actual que en el propio, aquellos cables habían hecho tan bien su labor que había sentido todo sin lastimarse y sin lastimar al crío.
Todo al grado que había terminado por pedirle ayuda al joven médico que se las había regalado para instalarlas en ambos de forma permanente de manera que no tuviesen que desesperarse al momento de sus actividades como para mandar por un cuerno los cuidados y usar los cables nativos y sin protección que ambos tenían; por lo tanto en aquellos instantes el hornet solo había tenido que acomodarse lo suficiente como para soltar las conexiones de su propia pareja que emitió un grito ahogado y entonces, hizo lo mismo con las suyas
-Listo para esto, novato? –preguntó a cambio recibiendo una mirada de réplica y bastante molesta de quien seguía con la parte posterior alzada; aquello volvió a provocar unas pequeñas risas en el auto de color azul que asintió –muy bien entonces
Y vino el primer choque eléctrico
Si había creído que ya había visto todo por parte del corredor en lo referente a sus relaciones se había equivocado.
Y estaba ansioso e impresionado de forma grata al darse cuenta de que aquel niño siempre tenía una manera de sorprenderlo y provocarlo de manera que antes de darse cuenta ya le estaba lanzando mayor corriente a través de los cables, haciendo que el más joven gritase desesperado mientras que se daba cuenta de que había vaciado ya una parte de su radiador al no ser capaz de retenerlo más allá del primer intercambio de energía; pero eso tan solo le había hecho sentir desesperado a él de igual manera ya que ahora frotaba con un poco más de fuerza su cuerpo contra el del menor, jadeando y haciendo casi tanto ruido como el de color rojo mientras que se permitía dejar que su motor funcionase a las revoluciones suficientes como arrojarlo a toda velocidad fuera del tráiler.
Benditos fueran sus frenos de disco que habían aguantado por tantos años que le permitían quedarse en un mismo punto, frotando con la parrilla la parte inferior del cuerpo del McQueen que gritaba con más ansiedad y que ahora retorcía las llantas delanteras por la desesperación que sentía.
El ex corredor estaba seguro de que nadie en toda su vida hubiera podido imaginarse algo como aquello.
Ni siquiera ese maldito lamborghini que le había forzado a entregarse, casi asesinando el alma y la esencia del joven corredor en el proceso al grado que casi lo había perdido.
Lo que había pasado en aquel entonces era tan solo una imagen y una fachada para permitirle al Ford sobrevivir. Lo que tenía delante suyo en aquellos momentos era tan real como la mirada que le dirigió el chico al momento de quitarse debajo suyo para empujarle un poco hacia el frente hasta que con un estremecimiento hizo que este subiese las llantas frontales en un pequeño alzamiento al fondo de la caja del tráiler; aquello lo hacían sabiendo que se respetaban y que le significaban todo al otro y que lo que compartían en aquellos instantes era algo muy personal y que le pertenecía a quien habían decidido entregarse.
Y esa era la diferencia que hacía una enorme brecha entre lo que significaba estar bajo el dominio de autos dementes como lo habían sido sus abusadores y lo que en aquellos momentos les hacía amarse el uno al otro con deseo y con necesidad por saber que no estaban soñando al tocarse y al besarse.
El auto mayor se alzó un poco sobre el otro coche por la parte posterior y le removió hacia el frente, sacándole un fuerte quejido y un temblor a quien tenía debajo que le estremeció a él también antes de hacer aquello de nuevo, frotando su propio cableado en la parte superior del Ford mientras que este se empezaba a frotar contra el suelo con desespero y ansiedad, pareciéndole percibir que habían superado de alguna manera la resistencia del sitio sobre el cuál estaban por la manera en que el suelo y las paredes se estremecían. Su mente comenzaba a nublarse por lo que los recorría ambos mientras que sus actos se convertían en algo ya hecho por inercia y deseo, apenas dándose cuenta del momento en que ya intercambiaban energía de forma continua y como esta comenzaba a soltar pequeñas chispas al chocar de golpe la una contra la otra.
Todo ardía y sus voces ya no se distinguían, entre murmullos y pequeños gritos que apenas y les dejaban percibir la vida del pueblo en el exterior, como si se tratase de algo ajeno a cualquiera de ellos en esos momentos.
No les importaba.
Rayo gritó con más fuerza mientras sollozaba al mismo tiempo sin poder retener la voz a pesar de que al sentir como empezaba a burbujear lo que le restaba en el interior y le parecía que el calor de su pareja le traspasaba hasta cubrirlo todo.
Lo importante era que estaba a salvo.
Estaba seguro.
Estaba con él.
Y eso le era suficiente.
Se sacudieron aún con mayor fuerza, haciendo todo lo posible por sentirse el uno al otro hasta que el final llegó de forma repentina y poderosa para ambos, dejándoles tan agotados que apenas y habían podido moverse tendidos en el suelo del tráiler y respirando tan rápido que apenas y parecía que podían hacerlo; hacía demasiado calor, la ventana que generalmente permitía la vista al exterior estaba completamente empañada y los corazones de ambos resonaban casi o tanto más que sus motores de carreras que competían por ver cuál era el más sonoro en aquellos instantes.
Rayo suspiró un poco y trató de recomponerse, aun temblando con fuerza de vez en vez mientras que su vista se nublaba con cansancio
Era increíble como aquel tipo de cosas podía agotarle todavía más que cuatrocientas vueltas seguidas en un circuito cerrado en contra de otros coches que ejercitaban tanto como él; y era increíble al mismo tiempo… sentirse tan bien. Quizá no tan energético como en otras ocasiones pero… estaba bien. Se sentía bien y no había podido evitar sonreír un poco al percibir la respiración del hornet detrás suyo y que se había apoyado en su parte posterior a descansar un poco de aquello.
Era un momento por demás extraño, curioso… pero al mismo tiempo, agradable como ninguno otro
-Te amo
Dijo el hornet besando con suavidad el metal del otro a su alcance lo que hizo sonreír suavemente al McQueen que asintió un poco y cerró los ojos suspirando fuertemente
-Yo también te amo –dijo muy bajo para luego, estirarse y acomodarse un poco mejor conforme le parecía que ya había sido suficiente de la temperatura de aquel sitio y extendía una llanta para encender el clima frío en aquel sitio
Un aire fresco llegó hasta ambos y el corredor dejó escapar un suspiro fuerte
-Mucho mejor –musitó el chico de ojos celestes para luego, abrirlos con sorpresa un segundo después mientras hacía un gran esfuerzo por ahogar un quejido repentino, dándose cuenta de que de todas maneras se le había escapado –DOC!
-Lo siento –se rió entre dientes el médico mientras que comenzaba a lanzar pequeñas descargar continuas y suaves de nueva cuenta a través del cableado de manera que el auto rojo cerraba los ojos otra vez mientras temblaba –es algo difícil resistirse…
-Pensé que íbamos a entrenar… -dijo el McQueen con dificultades antes de emitir un quejido más alto y moverse en el suelo por el aumento en el nivel de electricidad que le mandaba su entrenador, dándose cuenta de que empezarían de nuevo
-Tómalo como un entrenamiento de resistencia –respondió el hornet volviendo a besar despacio el cuerpo del otro que se rió entre dientes mientras se ruborizaba con fuerza
-Estás loco
-Solo un poco
Realmente no podía sentirse más feliz. El juez de aquel condado adoraba a ese chiquillo y no podía pedir más que aquello, estando al lado de aquel a quien amaba y que le provocaba sonreír al despertar en las mañanas tan solo por saber que le vería a su lado. El hecho de sentirle con él… era lo único que quería…
Y entonces tosió.
Había sido fuerte y repentino, quedándose sin aire por solo un segundo lo que apagó de golpe la electricidad que le enviaba al otro y que hizo que el más joven se tensase de golpe por la sorpresa para luego, verle con un dejo preocupado; ese sonido viniendo del auto azul no era normal, hacía unos días que le había escuchado un sonido muy bajo y extraño de vez en cuando pero ahora…
Ahora había sido diferente
-Hudson…? –llamó con un tono bajo y preocupado el corredor volteando la punta de su cuerpo lo mejor que podía para ver al otro auto que parecía hacer un esfuerzo para recuperar el correcto encendido de su motor –Doc!
-Estoy bien, chico –dijo el hornet respirando profundo hasta que finalmente le pareció que su sistema funcionaba de mejor manera –sigo algo constipado, es todo –suspiró haciendo una mueca –tenía años sin tener este tipo de acción de forma tan continua… ya no soy lo de antes…
-No digas esas cosas, todavía tienes más resistencia que yo –se rió algo temeroso el Ford mientras recibía una mirada enternecida de su esposo –tú siempre vas a ser más fuerte que yo…
-Eso me gustaría mucho, chico –suspiró levemente resignado el viejo auto mientras que la mirada del otro se volvía más angustiada y triste –pero los dos sabemos la realidad…
-No quiero oírlo –el auto rojo cerró los ojos y miró en otra dirección a lo que su pareja bajó levemente los párpados con tristeza –solo… no…
Hudson Hornet asintió
Esa plática nunca había sido sencilla, ni siquiera cuando la hubiesen tocado por primera vez. Y aún así, a pesar de todo…
Estaba el pacto de ambos
Y quizá por eso también… tenía tanto miedo de encarar una realidad que parecía estar más cerca de lo que había calculado. Porque realmente y lo sabía de corazón, no quería que su final significase también el de aquel auto que le significaba toda su vida; no quería arrancarle de la existencia solo porque la suya había encontrado su final. No quería que esos ojos celestes dejasen de reflejar el cielo tan solo porque su propio anochecer había llegado. No era justo para él. No era justo para ninguno de los dos.
-Rayo…
Había comenzado a decir cuando algo golpeó fuertemente la puerta del tráiler provocando que ambos autos saltasen con los ojos muy abiertos, el Ford dejando escapar accidentalmente un gemido de sorpresa por aquello ya que no esperaban a nadie en aquel sitio; retrocedió accidentalmente golpeando al mayor que dio un golpe también contra un lateral del tráiler, meciéndole por accidente.
-Chrysler!
-Descuida –suspiró Doc cuando escuchó a la joven abogada que les llamaba hacia el exterior:
-Doc… podrías por unos instantes soltar los tubos de escape de Letritas y salir?... tenemos qué hablar…
Los ojos de ambos se abrieron con sorpresa y a cómo pudieron se vieron el uno al otro para ruborizarse fuertemente un segundo después y tragar pesadamente para luego, comenzar a reír los dos por lo que la chica acababa de decir; sabían que debían de sentirse muy avergonzados, para que la Carrera hubiera dicho aquello…
Bueno…
-Creo que nos van a regañar… -dijo Rayo sonriendo muy apenas mientras que finalmente los dos se desconectaban el uno del otro y el hornet alzaba la mirada casi como si se lamentara
-Me van a despedir y a arrestar, eso es lo que va a pasar –gruñó el viejo corredor volviendo a provocar unas pocas risas ahogadas en su pareja –pero mejor darle prisa a esto. Si ella ha venido hasta aquí, significa que algo debió de haber pasado –suspiró entendiendo que aquellos momentos, solo eran un pequeño instante de alejarse del mundo real pero que a final de cuentas ninguno de los dos podía apartarse por siempre de este. Dándole un último beso a la parte trasera del otro, asintió –muy bien. Veamos qué sucede
-Bien –respondió el número 95 intentando arreglarse lo mejor posible mientras que lo que había pasado segundos antes aún seguía en su cabeza y se quedaba pensando…
No quería aceptarlo, pero…
Levantó la mirada
Porqué el tiempo a veces tenía que ser tan injusto y siempre en su contra?
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