CAP 6
"Las reglas están para romperse"
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Doc abrió los ojos por unos momentos y entonces, entornó levemente los ojos ante la escena que tenía delante para luego volver a cerrarlos.
Tenía que estar seguro esta vez.
Vagamente recordaba haber perdido el control de sus miedos, cayendo ante estos como si fuera un castillo de naipes al que alguien le hubiese soplado consiguiendo que todas sus piezas se esparciesen desordenadamente; así era como había sentido su cabeza en cuanto le pareciese que la imagen de su antiguo rival de carreras estuviese a su lado, aún torturándole indefinidamente a pesar de que la última vez que se hubieran visto le hubiera dejado claro que ya no le encontraba tan interesante como en su días de juventud, cosa que agradecía en cierta forma.
Recordaba a Mark y su eterna paciencia apareciendo en su campo de visión para hacerle sentir seguro, sin burlarse o siquiera reírse de su estado mental… y luego el calor del chico que se apoyaba en él a pesar de todo.
Crío del demonio.
De alguna forma ese chiquillo siempre se las arreglaba para hacerlo sentir culpable de alguna manera por la forma en la que lo había tratado o por cómo le hablaba en ciertas ocasiones cuando se olvidaba de que tenía que comportarse de una manera más madura; el Ford rojo siempre se las apañaba para crecer y ser más razonable que él la mayoría del tiempo y aún no entendía cómo era que ese chiquillo lo conseguía apenas con esfuerzo.
Pero tenía que admitir… que estaba aprendiendo mucho de este en el poco tiempo que le quedaba de vida.
Vida.
Antes habían platicado acerca de que era muy probable que él fuese a partir antes que el joven corredor pero ambos habían dejado el tema como algo que aún les tomaría tiempo para tener que enfrentar cara a cara y para lo que habían acordado que egoístamente, lo llevarían juntos; tal vez habían nacido en tiempos distintos pero querían retirarse al mismo tiempo para continuar con lo que fuese que existiese del otro lado, juntos. Como era evidente que tendría que haber sido desde un inicio.
Pero últimamente se estaba dando cuenta de lo difícil que le resultaría aceptar que el más joven se hiciese daño tan solo por su estúpido deseo de no separarse de este.
Diablos, lo amaba tanto!
Más de lo que hubiera podido imaginarse aquel día en que viese el reflejo de sus ojos claros delante suyo, cuando le juzgase por un estúpido accidente que los había empujado a conocerse.
Y ahora…
Las voces le hicieron abrir los ojos nuevamente, a pesar de que no estaba muy emocionado al respecto ya que el hacerlo significaba volver a una realidad que no le entusiasmaba en realidad; una donde estaba a punto de colocar un reloj en cuenta atrás para el momento en el que tuviese que partir.
Vaya que daba gracia el pensar que apenas unos pocos años antes hubiera sido feliz de recibir la noticia de su propia muerte mientras que ahora, la lamentaba profundamente.
Pero a final de cuentas… no había nada que pudiese hacer en contra del tiempo.
Y esa era una lección que le habían dado duramente, al golpeársela de frente muy a su pesar y de sus lágrimas.
Finalmente mientras hacía una mueca se obligó a despertar del todo para ver el escenario que tenía delante, terminando por confundirse un poco más ante lo que parecía ser un espectáculo a todas luces y uno, del que se estaba perdiendo completamente la trama: Rayo estaba sentado sobre la parte posterior de su cuerpo, tan pálido que podría haber pasado por un hijo ilegítimo del barracuda blanco que un poco más allá comenzaba a reírse con tantas ganas que lloraba y se retorcía, como si lo que le hubiesen dicho fuese la meca de todas las bromas existentes.
Su mejor amigo, Mark Shelby, alzaba tanto el borde de su parabrisas que parecía que el techo le había crecido al menos diez centímetros mientras que el joven médico que parecía haberse convertido en una especie de segundo mecánico del pueblo tan solo por las veces que lo hacían asistirle cuando él mismo no podía fungir con su labor, parecía explicar algo con un grupo de imágenes proyectadas en uno de los muros de la tienda de Ramón, gráficos y demás imágenes de mecanismos que parecía haber pegado con prisas al lado de las imágenes proyectadas y que por unos instantes le parecía que iba reconociendo.
Finalmente el opal ampere pareció alzar la mirada en desesperación mientras hablaba:
-Sinceramente Rayo, no sé qué era lo que esperabas que saliera después de todo lo que se la pasaron haciendo entre el doctor Hornet y tú –soltaba Kadoa con un tono de voz que dejaba bastante en claro que parecía sentir como si hablase con niños pequeños –seriamente, qué pensabas tú que iba a resultar de todo esto?... Un Iphone?... un Mp5?
-Es que… no… no es posible! –gemía el número 95 temblando como una hoja mientras que Paul Atkins seguía riendo a mandíbula batiente y finalmente, recibía una expresión severa por parte del rolls royce para que se detuviese –me refiero a… soy un…!
Rayo McQueen se ruborizó y el auto negro de cristales rojos delante suyo resopló con fuerza.
-A ustedes en las escuelas para autos deberían comenzar a enseñarles un poco más acerca de la reproducción mecánica en general, en serio… -el opal ampere hizo una mueca de fastidio –porque al paso que vamos…
-Pero…!
-Todos los autos tienen esta capacidad –dijo el joven médico rodando levemente los ojos –TODOS. Sin excepciones. Solo que no es lo que suelan enseñar al parecer porque no es como que la media común el que situaciones como la tuya y la de tu esposo sucedan seguido… pero de que se puede, se puede…
-Pero si eso fuera verdad, entonces todo el mundo lo sabría! –chilló el McQueen abriendo mucho los ojos a lo que el híbrido volvió a resoplar ahogando una risa
-JA!... por favor Rayo… porqué crees que la Asociación les tiene restringido el candado de seguridad para la corriente de electricidad de emergencia en los corredores? –dijo observándole con incredulidad mientras que el aludido volvía a sonrojarse mientras que sus pupilas empequeñecían
-Pues porque… para que no haya accidentes que ocasionen una falla eléctrica al momento de correr –trató de decir con un falso tono de seguridad el corredor rojo frunciendo el ceño a pesar de que ya no se veía tan seguro –eso es de manual…
-Les retiran el candado de seguridad y el cable que realiza la conexión al sistema de emergencia eléctrico no para evitarles la calentura de la temporada –bufó el híbrido –por amor a Tesla, sabes muy bien que con conectar cualquier cable de pinza al cableado sino es que directamente a la batería ya tienes tu bonito choque de corrientes sin necesidad de más, eso lo conocen hasta los críos de diez años –soltó lo que hizo que el Ford viese en otra dirección bastante abochornado –no chico, les retiran el cable eléctrico de emergencias para evitar que pongan a trabajar esa pequeña maquinaria que tienen por dentro y que les significa un buen dolor de cabeza a sus patrocinadores, por tener que mandar a sus titulares forzosamente a tomar meses de descanso MÁS los de recuperación en caso de que así lo requieran
Sonrió falsamente el híbrido mientras que el McQueen emitía un gemido y comenzaba a tallarse los párpados con una de sus llantas
-Te das cuenta?... tienes idea de los millones de dólares que perderían los patrocinadores como Dinoco, como Pink Coat, Leak Less y los demás si tuvieran que estar dando los permisos laborales obligatorios por la Asociación cada que alguno de sus corredores decidiera pasarse por las farolas las reglas? –rió falsamente –a menos que seas este imbécil al que no le importa ir regando descendencia hasta por debajo de las piedras –espetó señalando de lado a Paul Atkins que no dejaba de reír hasta que dio un salto y parpadeó mirando al auto negro soltando un fuerte "OYE!" –la mayoría de los autos no tienen tanta suerte –suspiró –fue lo que sucedió con Adriano Kinnon y ese otro corredor, Seimour Rollingtires…
-Adriano? –Rayo McQueen frunció el ceño –te equivocas, lo de Adriano fue…
-Me dices que perdió el patrocinio de Spencer's Oil solo porque gustaba de su manager? –Kadoa rodó los ojos –estarían fuera más de la mitad de tus compañeros. Esto de enamorarse entre los mismos corredores es secreto a voces, es más fácil conseguir comprensión y apoyo de quienes están dentro del mismo medio que buscando por fuera entre cualquier otra auto o las mismas fans, que al final del día resienten la falta de atención y la mayoría del tiempo no comprenden del todo la obsesión que tienen ustedes por estar girando en toda santa pista que se les cruce por delante –respondió el auto negro lo que hizo que el número 95 abriese y cerrase varias veces la boca sin saber qué decir –eso a la Asociación no podría importarle menos mientras que sigan obteniendo dinero por parte de sus competidores. Mark…?
El joven médico volteó a ver al rolls royce que pareció hacer una pequeña mueca lo que hizo que el McQueen le viese con extrañeza y como si buscase respuestas claras mientras que su médico parecía sonreír entre divertido y tenso; finalmente su jefe emitió un suspiro pesado y cerró los ojos con una pequeña gota de sudor corriendo por el lateral de una de sus ventanas
-Es complicado…
-Él lo sabe mejor que nadie, después de todo, es dueño de más de una escudería, no es verdad? –se rió levemente con diversión malévola el ampere recibiendo una nueva expresión extrañada por parte del Ford rojo –todos los propietarios de escuderías lo saben perfectamente bien…
-Y eso es…? –musitó Rayo
-Que a la Asociación de Automovilismo no podría importarle menos si estás enamorado de una de tus porristas, otro corredor, de tres o cuatro al mismo tiempo o si incluso decides casarte con un tractor o una roca –soltó el Atkins moviendo una llanta restándole importancia a sus palabras al tiempo que los ojos del McQueen se abrían enormemente –en verdad. Podrías haberle hecho saber a los de Rusteze que ibas a convertirte en monje tibetano sin dejar de correr y mientras que siguieras mostrando una buena cara para ellos, les hubiera dado lo mismo que el cambio de clima en el ártico –dijo el barracuda recostándose en el suelo sin mostrar pena por ello mientras que el Ford le observaba incrédulo
-Pero Adriano…
-Veo que no quitas la llanta del tema –sonrió Kadoa de forma floja
-El problema con los Dounce no fue el que estuvieran haciendo sus cositas entre ellos en las narices de Spencer's –suspiró Paul haciendo una mueca –eso era lo de menos. No. El problema fue que lo hicieron público, hijo…
-No entiendo…
-Básicamente, le arrojaron la noticia al patrocinador de tu amigo a la parrilla y de paso, dejaron saber a medio mundo lo que iban a hacer y que no iban a esconderlo solo por la sarta de fósiles que controlan la Asociación y que se preocupan más por sus billeteras que por sus corredores –Mark Shelby sonrió esta vez con algo de diversión en la mirada –te voy a hacer una pregunta chico… porqué crees que la prensa y los que te rodean reaccionaron de una forma muy diferente al matrimonio de los Dounce que al tuyo?
El McQueen pareció pensativo por unos segundos con el ceño fruncido, como si buscase alguna respuesta pero finalmente negó un par de veces con la cabeza
-Supongo que lo que responda estará errado… -aventuró el de ojos celestes observando al mafioso –por qué?
-Porque Adriano Kinnon no estaba aportando nada al momento de casarse con su manager –respondió con simpleza el Atkins y el número 95 se mostró ofendido
-Eso suena…!
-No estoy queriendo sonar ofensivo, solo digo lo que es –respondió sin perder la calma el barracuda blanco sin dejar de ver al más joven –esa es solo la verdad. En términos de corredores, Adriano podrá ser todo lo buen amigo tuyo que quieras pero como aporte al mundo de las carreras realmente no era alguien sobresaliente. Verás, cuando un auto como tú aparece en las pistas se vuelve cotizable –explicó y nuevamente el Ford rojo entornó los ojos pero esta vez un poco más pensativo –solo piénsalo. Una buena parte de lo que eres, de tu imagen, de lo que representas… no se refleja necesariamente en ingresos por mercadería específica a tu empresa, si me entiendes… -Paul suspiró –tiene que ver contigo mismo. Tú eres lo que se vende… y mientras eres soltero, eres cotizable y eso significa que toda la horda de fanáticas locas que se muere por tus tuercas comprará hasta el aceite quemado que se caiga de los pistones –se rió entre dientes –entiendes?... mientras sigas soltero, todas las chicas querrán llamar tu atención y comprarán todo lo referente a ti y llenarán los bolsillos de tus jefes…
-El Rey está casado –dijo levemente cortante el número 95 con un gesto más serio recibiendo a cambio unas ligeras sonrisas por parte de los otros autos –qué?... estoy diciendo la verdad! –dijo –y además hay otros corredores que también están casados… y tú mismo! –miró con severidad al barracuda que alzó una ceja –tú… bueno, tú… -pareció comenzar a balbucear para terminar sonrojándose con fuerza para después encogerse apenado al ver cómo el más viejo lejos de molestarse volvía a soltar una buena carcajada al tiempo que el rolls royce sonreía entre enternecido y divertido
-Si te refieres a que Paul podría engendrar las peores pesadillas de un laboratorio de contagios por todos los autos por los que ha pasado su cuota, no hay de qué apenarse –dijo Mark lo que provocó que el McQueen se encogiese todavía más avergonzado mientras que finalmente el ex corredor blanco le veía divertido pero pretendiendo sentirse ofendido
-Hey!... yo no me he contagiado de nada, soy muy cuidadoso con todo lo que hago… quizá de repente he perdido el suelo alguna vez pasado de copas…
-Lo que personalmente hace que en realidad me preocupe de lo que puedas TÚ pegarle a tus parejas ocasionales… -farfulló el opal ampere por lo bajo frunciendo el ceño con molestia pero el barracuda se encogió de hombros
-No seas ridículo. Soy un buen auto, muy limpio y me cuido a mí mismo y a los demás. Pero ese no era el tema de esto, cierto? –dijo aunque parecía levemente orgulloso al hablar antes de volver a ver al más joven –verás… en el caso de Weathers y los otros suceden dos cosas. Cuando se trata de autos féminas no hay tanto alboroto como podría porque a pesar de todo, las fans siempre sienten que pueden convencer de alguna forma al corredor de turno para que abandone a su pareja y se quede con ellas –explicó con calma a lo que el McQueen abrió los ojos levemente alarmado
Parecía que iba a replicar pero entonces, pareció cambiar su expresión y terminó por emitir un suspiro de pesadez. Después de todo, podía recordar a Tia y a Mia quienes eran un excelente ejemplo de lo que estaba hablando el otro coche ya que estas le habían seguido hasta el pueblo y se habían visto bastante afectadas el día de su boda aunque no tanto como se hubiera imaginado; volvió a ver al barracuda que se rascaba la barbilla de forma pensativa y entonces, este volvió a hablar al ver que nuevamente el número 95 le ponía atención
-En cuanto a los otros autos que se han casado, sencillamente, no son tan conocidos como para que les afecte de forma negativa y como dije, en el caso de las féminas si acaso hay fans es más su deseo por demostrar que ellas son mejores para el corredor que una verdadera molestia por ello –explicó para después emitir un suspiro profundo –en el caso de… los corredores que se fijan en otros corredores y descaradamente lo hacen público… -sonrió y entonces el McQueen tensó fuertemente el cuerpo
-Pero Doc… y conmigo…
-Paul te dirá que somos lo suficientemente conocidos como para que eso no importe y por el contrario, tan solo aumente el interés en ti, chico –la voz de Hudson Hornet hizo saltar a todos menos a Mark que pareció alzar la mirada por unos segundos, como si hubiera estado esperando a por esa intervención –en los raros casos como el nuestro donde ambos autos ya tienen el reconocimiento de los fans de las carreras, el asunto se vuelve todavía más mediático lo que aumenta el valor de ambos aún más de lo que ya se encuentra establecido de forma individual
El hornet frunció el ceño y les observó por unos momentos mientras que el Ford conducía hasta su pareja y por unos momentos tan solo le veía con un gesto preocupado y casi aliviado al verle despierto para después, comenzar a frotar su cabeza de lado con la del otro que le correspondió con cuidado
-Lo siento… en verdad lo siento… -susurró el corredor más joven apretando los párpados mientras que su mentor sonreía débilmente y besaba su costado
-No tienes que disculparte –susurró el hornet suavemente cerrando los ojos con cariño –dije e hice cosas que no debí tan solo porque estabas preocupado. Lamento haberte herido, niño… no te lo merecías…
El número 95 le observó con los ojos levemente húmedos para entonces, ruborizarse y bajar la mirada bastante avergonzado lo que hizo que su pareja le viera con algo de curiosidad y extrañeza
-Aún te molesta el asunto de las parejas de los corredores que pueden decirlo y los que no? –inquirió curioso el número 51 para luego, alzar una ceja observando al Atkins que parecía repentinamente interesado con una gran sonrisa en una pared muestrario de las que usaba Ramón con varios capó pintados –resulta que, una vez que te has fijado en alguien de tu mismo sexo se acabó el juego –el hornet mostró una pequeña mueca conforme Rayo retrocedía y lo veía entre interesado y aún incómodo –como te explicaba, entre nosotros no hay tanto problema por el nivel que tenemos de… popularidad, si quieres verlo de esa manera
El auto azul oscuro parecía levemente incómodo para luego, encogerse de hombros con los ojos cerrados a lo que Rayo negó algunas veces con la cabeza, más confundido que nunca
-No comprendo…
-Deja te lo pongo un poco más claro –intervino el Shelby con paciencia –seguramente confundiste el rechazo de… los demás corredores con una forma de agresión en contra de autos como tu amigo Kinnon, cierto? –inquirió el auto color vino mientras que el número 95 asentía débilmente, ahora comenzando a notar que aquello iba todavía más allá de lo que había entendido –bueno… la realidad es que la mayoría del rechazo que muestran los corredores en situaciones de este tipo es una forma de envidia bastante insana…
-Envidia!? –los ojos del McQueen se abrieron grandemente mientras que Hudson Hornet gruñía y Paul Atkins reía entre dientes
-Tan molesto como suena, pero así es –siguió diciendo el Shelby con los párpados levemente bajos –como ya te hemos explicado, a los patrocinadores y a la misma Asociación no les conviene que se sepa que los corredores salen entre ellos, especialmente en los que no son tan conocidos porque las pocas ganancias que podrían tener por aquellos afines a sus equipos, se perderían al generar desinterés y ya no tener valor en el mercado cotizable de solteros –Mark rodó un poco los ojos mientras que Paul le movía las cejas al hornet que entornó los ojos de forma amenazante hacia el barracuda –en tu caso y en el de Huddy, solo generan un interés más grande al ya tener un valor bastante bueno por sí mismos sin necesidad de quedarse solteros –siguió explicando –cuando son autos varones con otras chicas tampoco hace tanto peso porque las mismas fans compiten por ver quien demuestra que "ama más" a la cara bonita de turno lo que sigue incrementando las ventas –dijo y entonces, volvió a suspirar cansino –pero entre varones, sencillamente, deja en claro que las fans no pueden intentar ganarse ningún favor y entonces, las ganancias caen al suelo –dijo el rolls royce a lo que Rayo bajó la mirada aún irritado pero comenzando a entender –y cuando a eso le sumas un embarazo… si se estaba ocultando la relación entonces con eso la dejas más que clara y además, le sumas la pérdida de ingresos a tus patrocinadores y sus socios por el tiempo que tendrías que estar fuera de las carreras si lo necesitaras…
-WOWOWO –saltó el McQueen abriendo mucho los ojos –no pienso dejar de correr ni en broma! –chilló –no pueden hacerme eso!
Esta vez el hornet pareció tensarse con los ojos muy abiertos mientras veía las reacciones exageradas en el Ford rojo que negaba y sacudía la cabeza como si le hubiesen arrojado un balde de agua para luego, mirar confundido a su mejor amigo cuyos ojos azul oscuro parecían reflejar un conocimiento del que él no tenía ni idea; entornó los ojos e hizo sonar un poco su motor que aunque tenía un ronroneo más débil de lo normal se sentía muchísimo más fluido y mejor de lo que había estado horas atrás. Aquello fue suficiente para llamar la atención del mafioso que volteó a verle con curiosidad mientras que Rayo seguía farfullando para sí mismo bastante irritado y el opal ampere con una expresión de paciencia obligada se acercaba al número 51 para ir retirando tubos y cables de alimentación.
-Mark?
-No estoy seguro de que deba de ser yo el que deba de darte esta noticia, Huds –dijo el rolls royce haciendo una pequeña mueca como si quisiese retener una sonrisa y los ojos del hornet buscaron a su pareja que seguía rumiando contra una pared para luego, verle recostarse y ruborizarse con fuerza; finalmente el barracuda blanco se acercó con una enorme sonrisa y un gesto de orgullo que hicieron que el mecánico le viese alarmado: cuando Paul Atkins se ponía de aquella manera no podía tratarse de algo bueno para él o al menos, eso era lo que la experiencia solía decirle
-Ya, se lo digo yo –dijo con todos los ánimos el ex corredor al tiempo que una enorme gota de sudor nervioso caía por el lateral de una de las ventanas del hornet
-Oh Chrysler… -musitó Hudson Hornet con verdadero nerviosismo –así de malo es?
-Malo? –se rió de buena gana el barracuda –estamos hablando de que te estás muriendo y aún así tienes este nivel de potencia en tu energía, me parece que de hecho es algo de lo que deberías alardear con el resto de autos –se rió nuevamente el número 52 provocando que el juez de aquel condado negase un par de veces con la cabeza
-Eso no es ser claro Paul… a ver, tú –volteó a ver al auto negro que alzó una ceja de forma casi retadora
-Privilegio médico paciente, me temo que eso es algo que usted conoce bastante bien así que no es como que pueda pasarme eso por entre las llantas –respondió rápidamente el híbrido a pesar del gesto irritado del hornet –y créame que hay… ciertos autos con los que no me importa olvidarme de eso sobre todo cuando necesitan una gran dosis de realidad por entre los pistones pero en el caso de usted…
-Muy bien, alguien quiere decirme en nombre de Chevrolet qué demonios está sucediendo!? –soltó fuertemente el ex corredor poniéndose de pie sin con ello amedrentar a los demás coches que parecían intercambiar miradas –ya estoy demasiado cansado y viejo para esto… Mark!
-ESTOY EMBARAZADO!
El eco de la voz del Ford resonó con fuerza en aquella tienda de pinturas conforme los presentes parecían congelarse ante la explosión inesperada del joven corredor que había palidecido y se mostraba más aterrado que nunca; y es que por un ínfimo instante, la certeza de la suerte que había corrido al justamente no quedar en aquel estado por parte de su violador cuando este le había tenido por semanas enteras a su merced hasta hacerle rogar por más y dejarse caer en la desesperación y la resignación de su destino, le habían dado un golpe con la fuerza de un muro de concreto a toda velocidad a lo que antes de siquiera reaccionar, había tratado de correr para terminar vomitando en el suelo con toda la pesadez que el pánico ahora le provocaba
Los ojos de Hudson Hornet se abrieron en alarma pero más rápido que él, el hibrido negro ya se encontraba al lado del Ford rojo con expresión preocupada mientras intentaba calmarlo
-Está bien… está bien… -Kadoa suspiró un poco moviendo una llanta para sobar al otro que temblaba con fuerza –esto es normal y lo sabes…
-No… no está bien –gimió el McQueen comenzando a lagrimear con los ojos cerrados mientras que una sombra cubría el rostro del hornet un poco más allá, comenzando a sentirse más miserable que nunca –porque… si hubiera… si tan solo…
-Chico… -comenzó a hablar el hornet con un hilo de voz
No sabía qué decir. No sabía si debía de disculparse o debía de quedarse callado a pesar de que la ligera emoción que por un segundo le había aparecido en el pecho ahora había sido ahogada por una fuerte punzada de dolor y vergüenza al pensar en lo que estaba sintiendo el más joven; había sido demasiado egoísta, emocionándose por pensar que él… entre todos los autos y a su edad, iba a ser padre por primera vez en su vida sin tomar en cuenta que quizá no era eso lo que quería el otro y ahora, tendrían que enfrentar una realidad que comenzaba a hacerle sentir pánico y que no tenía ni idea de cómo manejar…
Instintivamente volteó a ver a Mark Shelby que por unos segundos pareció algo sorprendido al ver la forma en que su amigo le buscaba con los ojos para luego, negar un par de veces con la cabeza
-No es lo que piensas, Hudson…
-Ah no? –gimió por lo bajo el ex corredor aún mareado por el dolor –entonces qué…?
La voz dejó de salirle para luego, mirar en dirección de donde el más joven ya era atendido y limpiado por el híbrido y el barracuda que hablaban muy bajito con este para entonces, escucharse la voz horrorizada del McQueen que volvía a abrir mucho los ojos y se ponía todavía más pálido de lo que estaba
-Pero qué…? –farfullaba ahora con la voz pastosa para luego, recibir un pequeño trago de algo líquido por parte del mecánico de ojos rojos lo que el auto recibió sin replicar antes de inspirar profundo –pero eso no es… -el número 95 se giró con miedo en la mirada hacia su esposo que aún le veía en un estado de confusión y sentimientos que no podía poner claros de ninguna forma –Hudson… yo si quiero tener a tu hijo!
Rayo McQueen se ruborizó con fuerza después de haber exclamado aquello, provocando un pequeño salto en el hornet que pareció confuso por unos momentos hasta que finalmente pudo aclarar débilmente su voz
-Chico…
-No… lo digo en serio, yo… estoy aterrado, no puedo decir que no… embarazado… entre todos los autos… me refiero… ah! –suspiró tan pesado que hizo un sonido muy fuerte a través de su capó mientras alzaba la mirada desesperado y aún angustiado antes de dejarse caer nuevamente sobre la parte posterior de su cuerpo –no es algo… que esperes mientras creces pensando que solo las chicas tienen bebés… creo que… no es tan estúpido el que no me esperara esto como lo harían las chicas… verdad?
-A esto me refiero cuando digo que las escuelas básicas están con demasiados años de atraso respecto a lo que les enseñan en temas reproductivos –gruñó el ampere mirando en otra dirección bastante molesto mientras que finalmente Hudson Hornet se aclaraba la garganta y se acercaba un poco al auto con el que se había casado, viéndose levemente tímido al no estar seguro de cómo debía de reaccionar
El auto rojo cerró los ojos por unos momentos antes de volver a levantarse y avanzar un poco hacia su pareja, con una mirada con la que intentaba disculparse por lo que le había hecho creer al otro; en verdad se podía saber que se sentía abochornado y bastante intimidado por la noticia que le habían dado y que no había sabido reaccionar aunque… al mismo tiempo, un pequeño brillo, pequeño y tímido también deslumbraba al fondo del iris celeste del otro auto, como la llama de una vela que parece dudar acerca de si tomar fuerza o apagarse por completo
-Pero… aparte de eso… es… nuestra familia, no? –la voz del más joven pareció temblar casi suplicante, observando a su esposo que pareció quedarse congelado por unos segundos hasta que finalmente suavizó la mirada y se acercó despacio a su pupilo –me refiero… vamos a tener… este bebé… Chrysler, que raro se siente decir eso –Rayo volvió a cerrar los ojos mientras respiraba profundo como si tratara de controlarse –mi madre no deseaba tenerme a mí. Nunca lo quiso y eso es algo que yo siempre tuve en claro –dijo con un tono de voz más firme, volviendo a ver al auto azul que por un segundo le observó con dolor, sabiendo lo mucho que aquello afectaba al más joven –pero yo si quiero a este bebé. Amo… a este bebé y amo más el hecho de saber que es nuestro… tuyo, mío… inesperado pero aun así… -tragó pesadamente para luego, percibir como el mayor frotaba suavemente su rostro con el suyo, haciendo que volviese a cerrar los ojos mientras le devolvía aquel gesto cariñoso –me asusté de pensar… que podría no haber sido tuyo…
El hornet separó los labios por unos momentos, pensando en lo que el chico había querido decir con aquello.
Pero realmente no era necesario decir nada más.
Había estado en su lugar alguna vez. Había sentido el pánico y la inseguridad de saber que algo malo podía ocurrir después de su propia experiencia aquella noche en el hospital sin saber muy bien de qué se trataba en aquellos instantes; y aún con el tiempo que había pasado desde que aquel sujeto se hubiera llevado al Ford rojo hasta aquellos instantes… sabía que el miedo era real. Que aunque las posibilidades ya eran algo imposible, de todas maneras el haber sentido por unos instantes que quizá, solo quizá… aquel imbécil había conseguido dejar parte de sí en aquel mundo y sobre la espalda del McQueen…
-Bueno… a menos que fueras un tractor de los del viejo Peabody no habría motivos para pensar que durarías tanto –se rió muy por lo bajo el hornet aun frotando suavemente su rostro con el del otro que parecía un poco más tranquilo y que empezaba a mostrarse más feliz –entonces… -emitió un suspiro casi contenido con un ligero temblor en la voz –embarazado…
-Sí… que… cosa más curiosa, verdad? –dijo mirando ahora con un pequeño brillo de ilusión en la mirada –qué piensas? –dijo hacia el otro que le veía con una expresión de completo orgullo en el rostro –estás listo para compartir la casa ahora con un tercero?
-Hmm… no lo sé… me gusta un poco más la idea de la exclusividad de tenerte solo para mí –replicó el hornet consiguiendo finalmente que su pareja comenzase a reír con un poco más de ánimos –pero si no hay más remedio…
Los otros tres autos se vieron por unos segundos entre sí, sintiendo que quizá estaban pisando justo en medio de un momento que solo era de los otros dos así que después de un segundo de que los dos mayores intercambiasen una sonrisa pequeña y cómplice mientras que el mecánico negro parecía más triste que alegre por aquello, el barracuda decidió hablar
-Bueno!... creo que esto es algo qué celebrar, verdad Mark? –soltó aquel auto dándole un golpecito de lado con la llanta al rolls royce que asintió sonriendo con satisfacción –vamos al bar, yo invito!... no celebrábamos algo como esto desde que adoptaste a Fred… vamos a ser tíos!
-Sí, bueno… me parece buena idea esto de celebrar y… quizá ahora que Hudson ha terminado por tirar raíces deberías comenzar a pensar en lo mismo, "Llantas Rápidas" –bromeó el coche rojo vino mientras apenas avanzaban unos metros antes de escuchar alguien que los llamaba
-Esperen!
Ambos parpadearon un poco y se detuvieron para girarse un poco para ver al McQueen que era quien los había llamado, ante la mirada algo extrañada del hornet que parecía cuestionarle aquello con los ojos
-Llévense a Doc con ustedes…
-Ah?
-Qué pretendes, niño? –el auto azul oscuro alzó una ceja con curiosidad mientras que el auto rojo retrocedía para girar a ver a su esposo con un gesto de bromista satisfacción
-Pues qué más?... son tus mejores amigos y no irás a celebrar con ellos?... se te nota desde hace rato que tienes muchas ganas de ir a contarle a todo el mundo –respondió con un falso tono de orgullo el McQueen mientras que su entrenador comenzaba a sonreír despacio, divertido por aquello –no todos los días puedes decir que te casaste con el gran Rayo McQueen y además, lo dejaste embarazado –suspiró con fingida prepotencia el número 95 moviendo el cuerpo suavemente de lado a lado lo que finalmente trajo las risas sonoras del otro –anda, vete…
-Y tú que harás?
-Aún tengo que hacerle unos últimos chequeos para revisar cómo va la construcción y el crecimiento de la criatura –intervino el híbrido negro recibiendo una mirada agradecida del más joven –pero seguramente que apenas terminando irá a hacer de chisme también… no creo que su mejor amigo y la joven Sally vayan a perdonarlo como no se los diga él mismo…
-Entiendo –asintió el hornet dejando ver un brillo de retenida emoción en la mirada para luego, observar nuevamente al auto con el que se había casado y que no dejaba de observarle con cariño y felicidad –estarás bien?
-Pues… no es como que puedas meterme a otro pequeño coche en el interior, así que creo que mientras no te accidentes antes de tiempo… puedo sobrevivir unas horas sin tu presencia –respondió el McQueen con un tono bromista de abandono lo que volvió a hacer reír a su esposo –Hudson… solo unas horas… quieres? –pidió ahora con un tono un poco más agudo en la voz, como si estuviese resistiéndose de mostrar alguna otra emoción
El número 51 le miró por unos instantes suavizando la sonrisa para luego, asentir despacio para alivio del Ford rojo
-Realmente… eres el auto más increíble y maravilloso que he conocido en toda mi vida –musitó el hornet por lo bajo acercándose al de menor tamaño hasta finalmente besarle despacio, recibiendo la misma respuesta del otro –gracias. Gracias por hacer esta parte de mi vida… la más maravillosa y la más increíble de todas… gracias por haber existido y aparecido esa noche…
Los ojos celestes del Ford brillaron con una mezcla enorme de emociones que se sobreponían las unas a las otras antes de volverse a acercar para besar una última vez al amor de su vida
-Gracias a ti por no haberte rendido conmigo –susurró el McQueen antes de finalmente separarse del más grande –ahora ve… seguramente que Ramón también está afuera queriendo saber qué está pasando para que sigamos invadiendo su tienda
-Es verdad! –se rió de nueva cuenta el hornet para luego, ver al auto negro cerca de ellos –oye, crío!... puedes llevarlo a revisar a mi clínica, Rayo tiene las llaves y creo que te sentirás bastante a gusto ahí… y si necesitas cualquier cosa, en el garaje están el resto de mis herramientas…
-Por supuesto, doctor Hornet… estoy muy agradecido –aseguró el opal ampere para luego, el Hornet darle una mirada de completa felicidad y orgullo al auto rojo antes de finalmente girarse y salir rápidamente de la tienda seguido por sus otros dos amigos, seguramente a punto de gritar por todo el pueblo que sería padre; Kadoa emitió un suspiro profundo y bajo, sintiendo como si algo estuviera de más en aquellos instantes –ni siquiera tuve tiempo de decirle que no se sobrepasara… Chrysler…
Negó un par de veces con la cabeza y se giró para ver al número 95 que en aquellos instantes observaba con un vacío terrible en la mirada la puerta por la que había desaparecido el hornet, preocupando fuertemente al joven mecánico que se acercó preocupado a su amigo
-Rayo?... qué ocurre?
El aludido no habló más. Tan solo se movió rápidamente hasta hundir su rostro por debajo del capó del opal ampere que abrió mucho los ojos antes de escuchar cómo el corredor que instantes antes hubiese estado bromeando y animando al juez de aquel pueblo, empezaba a llorar casi a los gritos y con verdadero dolor como si le hubiesen dicho que el bebé en su interior se hubiese perdido; pero realmente se trataba de algo muy similar por lo que el Ioniq emitió un fuerte suspiro y bajó los párpados, comenzando a pasar una llanta por el techo del otro auto mientras hacía lo posible para consolarlo por el desgarrador dolor que en aquellos instantes pasaba.
No era que Rayo McQueen no fuese realmente feliz por pensar que tendría un hijo con su esposo.
Para nada.
Las carreras?... era más que evidente que aunque le fastidiaría la idea de tener que cuidarse por su estado y que quizá tendría que abandonar si algo malo sucedía, eso no le irritaría tanto.
No
Aquellos instantes reflejaba el ardor que le arrancaba el corazón al saber a ciencia cierta que su bebé crecería sin un padre, en una familia que se iba a desgajar apenas y empezando a ser construida y que el propio hornet apenas y podría de disfrutar de ver que una parte de su vida comenzaba para terminar de forma cruel y abrupta, por haber llegado demasiado tarde a esos instantes.
Y contra la naturaleza de algo ya medido… la propia fuerza del híbrido era insuficiente.
Nunca había existido algo que lo hiciese detener el paso del tiempo.
Y eso hasta Rayo lo sabía.
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