CAP 8

"Una última carrera"

.

.

.

Estaban corriendo tanto como podían

O al menos, todo lo que el hornet podía ya que era evidente que aquello le estaba costando muchísimo pero el auto rojo no se había sentido ni con el corazón ni con los ánimos de negarle algo como aquello cuando el propio Kadoa le había dicho que iba a ser algo que muy pronto tendría que detener por completo; aun recordaba las historias acerca de lo mucho que Doc se había deprimido al ya no poder seguir adelante con las carreras, aún podía notarle en la mirada lo mucho que hubiera dado por volver a estas y retomar algo que amaba pero que ya le había dejado atrás y que muy probablemente, si le permitiesen volver de alguna manera la mayoría le dejaría hacer tan solo por lástima, algo que definitivamente el auto azul oscuro no deseaba.

Muy rápido había notado cómo cualquier pizca de compasión provocaba que el Hornet inmediatamente cambiase su expresión amable por una bastante dura.

Así que intentaba lo mejor posible no empujar al otro auto a una situación que fuese incómoda para ambos aunque a esas alturas del juego ya era difícil, especialmente cuando los sonidos de su motor se empezaban a hacer bastante notorios y podía distinguir lo fácil que se cansaba incluso, solo despertando en las mañanas; había terminado optando por dejarlo dormir tanto como quisiese y solamente de vez en cuando revisaba su respiración para estar seguro de que esta seguía normalmente y que no se había ido en alguna de sus ausencias.

Pero estaba empeorando.

Tanto que el propio Sheriff ya le había relevado del cargo para que pasase el mayor tiempo posible a su lado y de todas maneras, hasta para el McQueen comenzaba a ser algo complicado tan solo por los mareos y el cansancio que él mismo había comenzado a sentir.

Incluso de vez en vez un leve dolor punzante aparecía al detectar como seguía avanzando la construcción de su bebé dentro de su cuerpo pero hacía lo posible por ignorar aquello, después de todo, no le parecía que fuera el momento adecuado para concentrarse en él mismo; con cada día la mirada de su esposo parecía ser un poco más opaca y empezaba a temer que realmente, no alcanzaría a conocer al hijo de ambos y que de ellos solo quedarían las historias dolorosas que el Ford pudiese contarle al bebé.

Había días enteros en los que solo podía llorar y lavarse la cara en cuanto escuchaba al otro auto levantarse, intentando no deprimir a este en esos momentos y hablándole de los mejores momentos de sus carreras tan solo para notar como el ex corredor sonreía con ánimos.

Solo eso era lo que Rayo quería y era a lo que más se aferraba para mantenerlo por siempre en su memoria, porque…

Los recuerdos de su encierro en la mansión Leander sencillamente no lo abandonaban y las pesadillas de aquella época tan solo habían empeorado con el pasar de los días, enfermándole y provocándole a vomitar aún más al acercarse la noche, como si no hubiese tenido suficiente. Incluso le parecía que accidentalmente había comenzado a perder peso lo que ya había llamado la atención del mecánico negro que le había comenzado a preparar una dieta para que no fuese a desnutrirse justo cuando su cuerpo lo que necesitaba era el doble de energías.

Pero sencillamente no podía olvidar y menos ahora que el perder a Doc era algo tan cercano que casi podía tocarlo con la punta de las llantas

No quería perderlo

No quería que muriese y sin embargo con cada día que pasaba, parecía que el final estaba un poco más cerca y que el momento de decirle adiós se abalanzaba encima suyo con la risa de aquel lamborghini negro resonando en su cabeza al haber predicho la pronta muerte del Hornet.

Solo quería encogerse debajo del capó de su ahora esposo y no salir de este nunca.

Pero…

-Jamás creí que en verdad algún día… podría llegar a ser padre, sabes?

Doc se había detenido por unos momentos para tomar aire y ahora, observaba como el sol comenzaba a esconderse en la lejanía, pintando de colores el enorme cielo desértico al tiempo que en el borde de los perfiles de las montañas rocosas comenzaba a notarse una oscuridad suave, producto de las nubes de lluvia que se acercaban muy lentamente; a pesar de la belleza del atardecer, de la misma forma les iba llegando un ligero viento frío y un fuerte aroma a tierra mojada que iba presagiando tormenta para aquella noche.

Los párpados de Rayo solo bajaron un poco para luego, ver de reojo al auto azul que estaba a su lado y que parecía tratar de respirar pausado y profundo; el joven corredor intentó tragar un poco aunque sentía la boca seca mientras le parecía comenzar a revivir aquellos días en cautiverio, creyendo que el hornet ya había partido y sin tener más esperanzas de ver la luz del sol a pesar de todo…

Muy despacio se acercó de lado a su pareja para cerrar los ojos y apoyársele de lado, frotando suavemente el metal de su cuerpo con su mejilla.

-Yo tampoco lo imaginé –dijo en un tono bajo y suave el McQueen –quiero decir… ni como padre ni como madre… estaba tan encerrado en mi cabeza que si acaso alguna vez me pasaba por la mente que ya me preocuparía de ese tipo de cosas cuando fuera el momento pero realmente, no me las tomaba tan en serio… ni siquiera cuando comencé a salir con Sally llegaba a pensar en los hijos, solo quería seguir corriendo y… -sonrió un poco mientras un poco de rubor acudía a su capó –si acaso, quería verte orgulloso, sabes?... pero ahora…

-Estoy orgulloso de ti –dijo Doc y volteó un poco para ver en los ojos azul claro del Ford que parecían perderse en los suyos

Sencillamente, era una visión que quitaba el aliento, era como poder tocar el cielo en el día más claro de todos y al mismo tiempo, sentir que el suelo se perdía en la inmensidad de todo lo que estos mostraban; siempre podía contar con nadar en su mirada y sentir que lo tenía todo y al mismo tiempo, sentirse diminuto ante el toque de ese rayo de luz que sentía cuando el chico le miraba de aquella manera tan intensa, ahora con el destello de quien guarda un secreto muy poderoso y creciente en su interior.

Ahora comprendía aquella frase que se daba respecto a que cuando un auto estaba esperando, este relucía en todas las formas posibles.

Rayo siempre había sido una lumbrera por justicia propia pero ahora… sencillamente era el sol, la luna y las estrellas, era la fuerza de la imagen en su costado en un golpe que le hacía temblar solo por su mirada.

Nunca… ni siquiera en mil vidas podría decirle por completo lo que era el amor que salía de cada una de las curvas de su cuerpo y de cada engrane, para que supiera lo que le significaba tenerlo a su lado y que le amara con la misma fuerza con la que él lo hacía; era el maldito auto más afortunado de todos y de alguna manera por dentro se sentía miserable de pensar que a final de cuentas, no iba a poder disfrutar de un buen tiempo a su lado ya que desgraciadamente… el anochecer estaba llegando.

Y su viaje sería el más solitario de todos, llegando hasta la carretera de lo desconocido y esperando a que llegara aquel punto en que el novato también tuviese su momento…

Pero la espera sería larga y tortuosa para ambos…

-Rayo… -comenzó a decir despacio rozando con sus labios los del otro que le devolvió aquella caricia con suavidad –quiero que sepas… que fuiste la maravilla más grande de mi vida… y que el amarte fue el privilegio y el honor más grande que he tenido en toda mi existencia sumada… -suspiró y pegó su parabrisas con el del otro que cerró los ojos y pareció sollozar por lo bajo –te amo tanto… que quiero que no dejes de luchar y de ser feliz con lo que puedas aferrarte de aquí en delante…

-No es justo… -dijo por lo bajo el auto de carreras rojo mientras que los ojos del hornet entristecieron su semblante –prometimos que…

-Pero ahora está el niño –respondió suavemente el ex corredor mientras que algo de confusión pareció brillar en los ojos de su pupilo –yo… no podré quedarme… no podré verlo crecer y jamás le escucharé llamarme "papá" –el auto de color azul parpadeó varias veces como si aquella realidad se le hubiese estrellado de repente en los vidrios frontales emitiendo un gemido dolido mientras que Rayo le observaba bastante angustiado –yo… nunca pensé en tener una familia y ahora que la tendré… ni siquiera podré pasar tiempo con ella… -algunas lágrimas cayeron de los ojos de aquel viejo auto que bajó la cabeza como si le hubiesen derrotado repentinamente

El McQueen sollozó y se le apretó más de lado, sin saber cómo disminuir en algo el dolor del otro… el dolor propio… aquel que estaban compartiendo y que les revolvía el interior de manera que ahora su propio estómago parecía doler y girar solo de lo tortuoso que resultaba todo; su corazón palpitaba tan fuerte que le parecía que saldría corriendo antes que él y ninguna idea le pasaba por la cabeza para darle más apoyo a su pareja porque él mismo no encontraba calma.

-Lo siento, no quería hacerte llorar…

-No quiero perderte –gimió el McQueen para luego negar varias veces con la cabeza –Hudson… yo… no sé criar a un bebé! –soltó abriendo los ojos con miedo al tiempo que su esposo le veía –tuve una familia terrible. Mi infancia fue un asco y lo único que me viene a la cabeza cuando pienso en algo similar eres tú y Mark y todos ellos… todos en Radiador Springs, las Serpientes, tú… esa… esa es una familia… -dijo y suavizó un poco la mirada –Doa… y su amigo… nunca me han dejado solo y ahora…

-Piensas que te voy a dejar solo?

-No dije eso! –soltó el McQueen sacudiendo la cabeza –no es que me vayas a dejar solo porque quieres pero… Chrysler, qué voy a hacer con nuestro hijo? –comenzó a temblar con angustia para luego, encogerse en el suelo con las pupilas empequeñecidas –qué pasará si me equivoco?... qué pasará si lo hago sufrir cómo lo hizo mi padre conmigo? –jadeó y el hornet se recostó a su lado con dificultades, tan solo mirándole de reojo –qué sucedería… -Rayo tomó un poco más de aire –si algún día me veo a mí mismo parado delante de la salida de Radiador Springs mientras me doy cuenta de que nuestro hijo se ha ido repentinamente y sin que tenga forma de encontrarlo?

Musitó y los párpados del ex corredor bajaron un poco

Cómo podía culpar a Rayo de tener tanto miedo de aquello? Cómo podía siquiera recriminarle el que estuviera tan asustado y le compartiera aquello cuando la verdad era que, realmente cualquiera que fuera la situación y sin importar que sus amigos estuvieran cerca realmente el chiquillo iba a estar solo?

Incluso si hablase con Mark acerca del hermano mayor dudaba mucho de que en aquellos momentos el crío quisiese ningún acercamiento con su vieja familia y el bebé realmente no iba a ser de mucha ayuda ya que sería frágil y durante sus primeros años dependería casi por completo de su madre para sobrevivir; y al final del día, cuando la noche lo cubriese todo solo sería Rayo contra el mundo, contra su propio trabajo que ya le suponía una presión inmensa, contra la realidad de preocuparse por la educación de un pequeño auto que vería en el corredor el único conocimiento que tendría de lo que se movía a su alrededor y sin saber el porqué del dolor de su madre, del porqué de sus miedos, sus pesadillas…

Todo eso, esperaba en solitario al otro coche y no había nada que Hudson Hornet pudiese hacer al respecto.

Suspiró

-Quiero que vuelvas a casarte

Los ojos del McQueen se abrieron de golpe y le observaron con el horror pintado en los ojos aunque el viejo auto parecía pensativo pero tranquilo, tan solo observando la negrura que se iba extendiendo por delante de ellos como el preámbulo de una de sus últimas noches sobre la tierra

-No estarás hablando en serio, verdad? –musitó en un tono incrédulo, frío y terriblemente dolido el Ford que había empezado a temblar sin dejar de ver a su esposo- Hudson…

-Yo sé que… serás una gran madre, sabes? –comenzó a decir el auto azul despacio, apenas parpadeando mientras que se daba cuenta de que había muchas cosas que nunca había dicho, que nunca había hecho… y que el tiempo finalmente le señalaba con un dedo que se le había agotado la cuerda a su reloj –has vivido tantas cosas… has crecido, has aprendido y al mismo tiempo les has enseñado a los demás a ver el mundo de una manera diferente, me enseñaste a mí que a veces el pasado puede ser terrible pero eso no nos tiene por qué destruir obligatoriamente pero al mismo tiempo, que no todos somos capaces de reparar nuestras piezas tan rápido como los demás y que es importante… tener la compasión y la empatía para intentar ver las cosas desde el punto de vista de los demás…

El aludido parpadeó levemente confundido y nervioso, terminando por ruborizarse

-No sé de qué me estás hablando… creo que ya estás delirando, abuelo –intentó bromear el corredor forzando a mostrar una sonrisa maliciosa a pesar de que sus ojos continuaban reflejando miedo y pesadez; Hudson Hornet le sonrió cansado pero de forma cariñosa antes de frotarle suavemente la punta del capó –desde cuando he sido yo empático con nadie?... tú mismo me lo dijiste…

-Y en un segundo te moviste para demostrarme que me equivocaba –dijo mirándole con tanto amor y admiración que el más joven aumentó su rubor –no solamente porque cumpliste con tu parte y luego, decidiste que valía la pena el quedarte un día más aunque fuera para de alguna manera, agradecerle a todos en el pueblo un poco de todo y regalarles un poco de luz a sus vidas –dijo lo que provocó que el otro bajase la mirada, sonriendo tímidamente –también porque nunca me guardaste rencor a pesar de haberte mantenido cautivo, a pesar de haberte impuesto sobre el chasis el peso de todos mis miedos y odios por un mundo que me había herido y a pesar de haber traicionado la confianza de todos –suspiró y cerró los ojos un momento, percibiendo los párpados algo pesados

Vaya que eso de estar perdiendo funciones era cansado

-Pero… es que no tenía por qué sentirme así –dijo Rayo aún confundido mientras le veía intentando encontrarle un sentido a sus palabras –me refiero… yo te había mostrado que realmente era un imbécil y tú solo querías proteger a tus amigos del daño que yo pudiera hacerles…

-Ves? –sonrió un poco más el hornet y Rayo parpadeó –tienes empatía. Aunque a primera vista uno creería que no, que solo eras otro niño egoísta y sin sentimientos, realmente, siempre fuiste capaz de sentir un poco de lo que los otros percibían desde su propio lado… el miedo y todo aquello contra lo que luchaste en tu infancia seguían torturándote y te impelían a defenderte de todo lo que considerabas una amenaza –dijo Doc con suavidad –pero luego, una vez que te relajabas eras capaz de ver todo lo que nosotros no… cuando muchos otros autos de tu tipo rehuirían a Mate solo por ser quién es, tú, a veces fastidiado y algo tirante, de todas maneras le aceptabas como era y te acercaste con él sin hacerle sentir menos que tú… con tus errores pero nunca pasaste la línea para ser alguien cruel –dijo y el más joven pareció parpadear un poco, avergonzado por las palabras del mayor –tienes más en ti de lo que tú mismo ves y fue eso mismo lo que hizo que aquel día, el día de la carrera final no actuases a la defensiva y con odio en mi contra después de haberte insultado y de haberte entregado a los demás –dijo el número 51 sonriendo un poco más –por el contrario… sonreíste y te emocionaste de verme a pesar de todo… no porque yo fuera alguien famoso… no, fue solamente porque era yo y creías en mí más de lo que yo quería hacerlo y sin pedírtelo y sin que me lo debieras, me regalaste una luz que es lo que más amo hasta el día de hoy

Suspiró el auto azul mientras unas pequeñas lágrimas volvían a aparecer en los ojos del Ford rojo

-Te das cuenta?... de todas las reacciones que hubieran sido en realidad, correctas y apropiadas y que yo hubiera estado forzado a aceptar debido a lo que te había hecho, me regalaste la mejor y la más inesperada de todas: cariño, calidez… y amor al final de cuentas –dijo bajando la mirada con una sonrisa avergonzada –no me lo merecía, había rechazado cualquiera de tus intentos y oportunidades de ver en mí algo más que solo un viejo auto derrotado… y a pesar de todo, nuevamente, me abriste tus puertas y confiaste en mí. Me diste un amor incondicional del que no esperabas nada a cambio excepto, que no te abandonara como lo habían hecho quienes te habían dado la vida y visto crecer… algo muy humilde en comparación a todo lo que podías haber exigido… y solo por eso, me lo entregaste todo.

Cerró los ojos mientras que percibía como su pareja se le recargaba y suspiraba profundo sobre su costado

-Y ahora, vuelves a dármelo todo con una criatura que sencillamente, es el reflejo de lo que ambos siempre habíamos querido y que espero de todo corazón, aprenda todo lo que yo vi en ti… y espero que, si no es demasiado pedir… me permitas enseñarle al menos en tus memorias, lo poco bueno que podría dejar yo en este mundo…

-No digas tonterías… no puedo ver nada malo de ti que no quisiera presumirle –se rió débilmente Rayo mientras seguía frotando de lado su mejilla con la del otro –me tienes en un lugar demasiado alto y ni siquiera me lo he ganado… pero te lo agradezco –le sonrió de nueva cuenta mientras que la brisa los recorría a ambos.

Era extraño como a pesar de la oscuridad que se cernía sobre ellos y la falta de estrellas, aun así, aquella tormenta lejana que comenzaba a dejar escuchar el sonido de sus truenos le parecía de una belleza desconocida y misteriosa.

Casi como si estuviese siendo preparada… para ellos dos.

-Tú fuiste el que me mostró que mis heridas no tenían por qué pesar en quienes me rodeaban –musitó pensativo el McQueen –y que debía de dejar de lastimar a quienes querían acercarse solo porque tenía miedo. Tú me hiciste verme y darme cuenta de que ese no era el Rayo McQueen que había querido ser todo ese tiempo –dijo bajando un poco los párpados –todo lo que soy ahora… y lo que podría ser en el futuro, es gracias a ti, Hudson… es gracias a que no me soltaste y aun cuando estaba perdiendo la cordura en esa mansión… seguiste a mi lado y no dejaste de luchar hasta que me trajiste de vuelta a casa… a tu lado…

Le miró y entonces, sus gestos cambiaron nuevamente a unos dolidos

-Y por eso no entiendo por qué demonios quieres que me case de nuevo… -frunció el ceño y apretó los dientes –porqué… te estás rindiendo…

-No me estoy rindiendo, novato –dijo el auto azul y aquella pequeña palabra provocó una sonrisa de un segundo, tirante, en el McQueen al que le brillaron los ojos por el apelativo que ahora sentía como un abrazo cálido pero que ya nunca jamás iba a volver a recibir –pero tampoco quiero que tú lo hagas –dijo y le miró con seriedad –porque no quiero que tú y mi hijo se queden solos toda la vida. No quiero que mi pequeño crezca viendo cómo su madre permanece solo para siempre por amor a un auto que ya está más allá de todo. Porque mereces ser amado intensa y largamente, tanto como yo no voy a poder hacer… no, escúchame Rayo –pidió alargando una llanta para voltear el rostro del Ford que se había girado un poco y verle nuevamente a los ojos –quiero, que me prometas que si se aparece alguien que pueda hacerte feliz… tomarás la oportunidad. No te estoy pidiendo que me reemplaces porque yo jamás podría hacer eso –dijo enfatizando un poco más sus ojos azul oscuro en los del otro –pero si quiero que te des una oportunidad de volver a ser amado… y de amar a alguien que sé que probablemente, también te necesitaría en su vida. No que te unas al primer imbécil que jure que te ama sino a aquel que tú veas que entiende lo que es ser tú y al que tú seas capaz de comprender desde su lado del dolor… que se puedan complementar y que por ello mismo, acepte a nuestro hijo como propio…

-Odio esta situación –replicó el McQueen levantando la mirada mientras que aquel dolor que le revolvía el interior se hacía más intenso; emitió un quejido bajo y apretó los dientes unos segundos ante la mirada triste y pensativa de Doc –y honestamente… no creo que querría que alguien más fuese el padre de nuestro bebé, sabes? –dijo y le miró directamente a los ojos con seriedad –yo… solo quiero poder decir que es el hijo de Doc Hudson. Que eres… y que fuiste un padre increíble y que lo único que podríamos sentir por ti, es orgullo

Aseguró asintiendo una sola vez lo que provocó una risa débil en el hornet

-Debo de decir que… aunque no estoy del todo de acuerdo contigo, chico… me haces sentir soberbio y egocéntrico de vez en cuando –anunció esforzándose en alzar la barbilla tan solo para ver la pequeña sonrisa en el auto rojo –gracias…

-Oye… tú fuiste el que me convirtió en el campeón de la Copa Pistón de este año y aún estoy a dos más de alcanzarte –replicó el McQueen haciendo reír al mayor –ponte prepotente y presumido en cuanto lo consiga… porque tienes que resistir hasta que al menos seas capaz de ver cómo finalmente… dejo de ver tu espalda y cómo crezco para poder avanzar a tu lado –dijo con firmeza lo que provocó una mirada orgullosa por parte del otro

-Estoy muy orgulloso de ti, Rayo –dijo suavemente su jefe de mecánicos mientras que su pareja le miraba con esperanzas y una emoción contenida –más de lo que te puedes imaginar. Y no necesitas de demostrarlo con ningún premio o trofeo porque no son necesarios para que yo ya sepa quién eres y que tan alto ya llegaste

Dijo y se puso de pie con dificultades, alarmando un poco a su pareja que se levantó de golpe para servirle de apoyo aunque titubeó solo por un segundo mientras que su sistema parecía haber dejado escapar un sonido similar al de un engranaje girando y abriendo algún tipo de compuerta; frunció el ceño mientras que un poco de la presión de su aceite bajaba pero optó por ignorar aquello en pro de colocarse firmemente al lado del hornet cuyo cuerpo parecía ser un poco más pesado que antes, quizá porque por algún motivo parecía que ya no estaba sosteniéndose de la misma forma sobre sus llantas

Rayo le miró con algo de alarma y bajó la mirada, realmente parecía que la goma de sus neumáticos empezaba a estirarse un poco por toda la presión del peso del antiguo auto de carreras que no estaba apoyándose del todo en sus ejes y cuyo motor parecía ser menos sonoro

Hacía cuántos minutos que había empezado a bajar el tono de su combustión?

-Ah… Hudson…?

Los ojos azul oscuro de aquel auto continuaban fijos hacia la nada, ya ni siquiera mostraban una dirección específica o que mantuviesen un pensamiento, sencillamente parecían levemente idos y al Ford aquello le hizo saltar el corazón a la garganta con pánico; reconocía ese tipo de mirada porque él mismo la había compuesto al momento de comenzar a perder las esperanzas y el sentido cuando estuviese bajo el dominio del lamborghini que le hacía girar en la cabeza las ideas de que nunca se libraría y de que estaba llegando literalmente a los últimos segundos de su existencia sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Comenzaba a sentir náuseas y mayor dolor en el interior, parecía que estaba a escasos segundos de perder al otro auto cuando apenas aquella mañana había despertado débil pero había retomado las fuerzas suficientes para correr un poco a su lado esa tarde

Y ahora…

-Doc…

-Quisiera correr una carrera –dijo repentinamente el hornet de forma pensativa mientras que los ojos celestes del menor se abrían con un poco de sorpresa y alarma –una última carrera en contra tuya estaría bastante bien, sabes? –musitó el ex corredor avanzando finalmente de forma muy pesada conforme parecía que algo chirriaba en los ejes de este y la mirada del corredor de Rusteze se volvió más concentrada, alarmada y ahora seria: de alguna manera le parecía que reconocía ese sonido pero no podía llevar a su memoria exactamente de dónde y eso era frustrante

Pero si sabía que no era algo bueno y comprendía perfectamente bien que lo que lo estuviese provocando solo podía significar que había algo que tenía que ser revisado inmediatamente por el médico de color negro en el pueblo y que había permanecido vigilante y al pendiente de ambos.

Tenía que llevárselo, tenían que ver en esos momentos al hornet, tenían que…

-Una última carrera…

-Hudson… cariño… -se atrevió a decir el Ford rojo a pesar de que jamás había empleado aquella palabra con el otro pero necesitaba llamar su atención de alguna manera, incluso si aquellas palabras antinaturales a él le hacían voltear con extrañeza; pero no parecía haber surtido efecto en el auto que parecía murmurar más para sí mismo que para él, como si en menos de un minuto su mente se hubiese desconectado de su computadora y ahora, tan solo estuviese pasando por su programación algún tipo de frases completamente random y sin sentido –amor… hay que volver al pueblo…

-Por favor… quiero… tengo que correr una última carrera… -el ceño del hornet se volvió levemente más serio conforme el propio cuerpo del Ford empezaba a sonar de manera más insistente y le parecía como si el aire se le estuviese colando por huecos y partes que ni siquiera recordaba que tuviese –hace años que no corro de verdad… al menos una última Copa…

-Copa… Hudson, está bien, está bien… correrás lo que quieras pero primero acompáñame al pueblo por favor –insistió el más joven moviéndose para tratar de empujar de lado al mayor que en un segundo pareció apretar con fuerza las llantas en contra del suelo –correrás lo que desees pero te lo ruego, vamos primero al pueblo…

-No…

-Hudson…

-Una última carrera –volvió a decir mientras que parecía hacer un último intento por acelerar un motor que para horror del número 95 parecía ahora sonar como si estuviese goteando y empujando aceite hacia el exterior –tengo que… por él…

-Oh Chrysler… Hudson… -el más joven empezó a llorar sin poder evitarlo mientras apretaba su propio acelerador para descubrir con alarma cómo este mismo dejaba escapar lo que parecía ser un sonido pegajoso en alguna parte cercana a su motor; palideció de golpe con las llantas ahora temblando por el horror que lo embargaba y la sensación de que aquella pesadilla solo estaba empeorando todavía más… por qué no se había revisado con tiempo? Por qué no había hecho que Kadoa revisara su motor por si en verdad lo que todos tenían en el pueblo era contagioso?

Por qué no… había pensado que aquello podría matar a su bebé?

Hudson Hornet avanzó un poco más, como si quisiera moverse en dirección de Willie's Butte y entonces, dejó salir un último pensamiento con un destello de claridad en la mirada

-La última carrera… contra el Rayo McQueen…

Y entonces, se desvaneció

Rayo nunca había visto a ningún auto caer en cámara tan lenta como en aquellos momentos le parecía que se mostraba el escenario por delante de sus ojos, con el pesado cuerpo del hornet que descendía hasta estrellarse contra el duro suelo del desierto mientras que levantaba polvo rojizo por debajo de este; todo aquello era una horrible pesadilla, una donde su cuerpo ahora se sentía como el infierno al tiempo que le parecía ver en su memoria la carcasa vacía de Hudson Hornet, observándole desde la nada de un frente sin parabrisas en la oscuridad de un cementerio una noche, perdido en el desierto sin saber a dónde correr hacía ya tantos años…

No…

Aquello era peor porque ese cuerpo azul oscuro era de verdad y estaba delante de sí, dejando escapar los últimos gruñidos de un motor que estaba a punto de apagarse por completo. No lo estaba imaginando, no era el miedo de un sitio desconocido, era el amor de su vida, el auto más importante en toda su existencia y se estaba esfumando como la espuma de mar al momento de tocar el borde de una playa agitada; no supo cómo fue que había terminado por gritar y saltar para forzar su ahora pesado motor a moverse a pesar del ruido tan estridente que hacía para poder llegar al lado del cuerpo caído de su esposo que había cerrado los ojos mientras apenas y podía ver como si estuviese suspirando.

Su corazón estaba hecho pedazos y no sabía cómo repararlo

-Hudson… HUDSON!... MALDITA SEA, RESPÓNDEME!

Trataba de llamar con desesperación mientras que movía las llantas para empezar a empujar el cuerpo del otro auto y terminaba por escuchar un sonido de algunas partes que se desprendían por dentro de su pareja, solo consiguiendo que emitiese un gemido de terror; tenía que correr en dirección de Radiador Springs pero la simple idea de dejar a solas a su esposo lo estaba matando por dentro y de alguna forma también sentía como si el mismo se hubiese congelado en aquel punto, incapaz de reaccionar adecuadamente

Pero no podía permitírselo

Sencillamente, esa era una opción que no era aceptable sobre todo con la vida del otro en ese límite donde ya no sabía si podría recuperarlo

-HUDSON! POR FAVOR, POR FAVOR! –chilló con fuerza y pegó su rostro al de este –NO ME DEJES TODAVÍA… POR FAVOR, NO ME DEJES… NO LO HAGAS!

Sollozó desesperado y tragó

-Voy a ir por ayuda, de acuerdo?... traeré ayuda pero lucha… lucha por favor, por todo lo que tenemos… pelea una última vez…

Rogó mientras retrocedía y emitía un fuerte gemido al tiempo que cerraba los ojos repentinamente, percibiendo como si algo se hubiese desgajado desde el fondo de su vientre y hasta alguna parte en el interior de su cuerpo lo que por unos segundos casi le hizo emitir un grito de terror; aquello había sido demasiado parecido a esos momentos en los que Bran Leander le tomase por los cables de conexión que llevaba consigo y los estirase con fuerza hasta arrancarlos de su posición para violentarle pero…

Ese sujeto no estaba ahí…

Y el aceite que ahora empezaba a correr y a gotear resiguiendo toda la línea de sus tubos de escape y cables de tensión eléctrica definitivamente no estaba relacionado con ninguna herida abierta que tuviese puesto que hacía poco tiempo que le habían reparado al completo; se tambaleó y se apoyó sobre las llantas delanteras empezando a gemir de pánico conforme su motor ahora parecía resonar a toda velocidad, como si estuviese forzando su marcha para empujar un objeto que presionaba terriblemente contra todo su sistema eléctrico y de combustión.

Casi le parecía sentir como sus tubos, cables y demás refuerzos de metal eran doblados y estirados de manera antinatural fuera de su posición y cómo parte de la gasolina que alimentaba su energía también brotaba de alguna parte, temiéndose que fuese a estallar en llamas solo por eso.

Su cabeza comenzó a girar

Hudson Hornet estaba muriendo

Y él había comenzado a dar a luz

Gritó

Gritó como nunca lo había hecho en la vida e hizo resonar su voz por todas las rocas y los recovecos de los muros secos que rodeaban Radiador Springs, suplicando por un milagro y maldiciendo aquella noche todo lo que en esos momentos le arrancaba la vida por partes iguales y le volvía a dejar tan solo y desprotegido como aquella mañana cuando partiese de la granja sin mirar atrás, apenas con alimento en el estómago por haberlo robado de la alacena y con el frío de las gotas de rocío que le habían empapado.

Y la noche negra en la lejanía, le devolvió un fuerte destello de luz mientras que las nubes negras giraban suavemente alrededor de un pueblo que ya había sido alterado momentos antes sin que Rayo McQueen lo supiera y que ahora, se sorprendía con lo que parecía ser la pérdida de uno de sus miembros más queridos.

Aquella sería una noche larga… y terriblemente inolvidable…

.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::TBC::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::