— ¡Achú!
Toda mi garganta ardía de tanto estornudar una y otra vez. Liberé y sorbí tanto moco que, por Celestia, ¡que asqueroso!
Cómo deseaba en este momento ser de la misma especie de mi pequeño Spike, ya que él es, según mi juicio, el único habitante de Ponyville que no estaba sufriendo de alergias crónicas, ya que, al parecer, solo estaba afectando a los equinos.
Levité y pasé con magia cada una de las hojas del libro que, espero, me dé las respuestas de las inusuales reacciones alérgicas; el tomo del reino fungí ecuestriano, escrito por un importante biólogo de las épocas de antaño.
Aquellas descripciones que las palabras me narraban hicieron que recapitulara que, desde hace varios días atrás, mis amigas y yo descubrimos un brote de hongos descomunales. Pequeños anaranjados, de copa de sombrilla, y con un raro efecto alérgico.
Pinkie las bautizó como "hongos estornudos" y, admito que aún me causa gracia el nombre, pero, como todavía no conseguía registro alguno, decidí que debían llamarse por el nombre científico de "Sternutatio Vesperum", que significaba Estornudo Vespertino.
Estaba orgullosa por el nombre en el que decidí bautizarlas, ya que, hacen alusión a que esa especie surge de la tierra en las tardes para expulsar esporas que, al igual que el aroma natural del hongo, causaban reacciones alérgicas. Luego, casi tan rápido como es pasar a la siguiente página, se escondían bajo tierra hasta la tarde del siguiente día.
Cómo me pesaba la respiración por recordar en todos los fallidos intentos por eliminarlas. Me daba la sospecha de que se podían mover bajo tierra, ya que, ni siquiera encontramos alguna cuando excavamos.
Y tan solo esa parte era la introducción del Sternutatio Vesperum.
Todos, incluyéndome, pagamos fuerte la ignorancia, ya que la exposición prolongada de las esporas en los últimos días, provocó unos singulares efectos secundarios que variaban dependiendo de la especie equina afectada.
Lo que pude notar en los datos que recolecte fue… un tanto singular y curioso: A ponis terrestres les brotaban granos en el rostro; a los pegasos les están causando una caída prolongada de las plumas, y a los unicornios, cada vez que estornudan, la magia se bloqueaba, algo similar a la fiebre del cuerno, que provoca erráticos hechizos cuando estornudan, pero en este caso, es a la inversa, además, que un nuevo síntoma se presentó, que es una leve hinchazón en las patas.
Lo más interesante y frustrante al mismo tiempo es que, yo, siendo una alicornio, me permitía presentar todos los síntomas de las tres especies de ponis al mismo tiempo, pero agudizadas. Aun así, tener granos que ardían, las alas comenzando a desplumarse, y lo peor, bloqueo de magia, no era para nada agradable en lo absoluto.
— ¡No encuentro nada que sea útil! — Mi grito se repitió por toda la desolada biblioteca del castillo de las hermanas nobles.
Arrojé el libro sin misericordia junto al montón de aquellos desafortunados ejemplares y levité uno nuevo, pero mi lengua chasqueó por que el autor del ejemplar no era uno de mis favoritos.
De sólo pensar que ya deseché los mejores tomos me provocó remolinos en el estómago.
— Spike, ¿encontraste algo? — seguí hojeando las paginas, pero no recibí ninguna respuesta — ¿Spike? —
¿Qué era tan importante como para que no me respondiera? Él sabe que detesto que lo haga, y más en estos momentos que necesito de su cooperación.
Dejé valiosos segundos de información para ir a buscarlo, más mi sorpresa fue que él estaba insultando numerosos buenos libros utilizándolos como cama, además que roncaba con suma exageración para su tamaño.
Ya tenía preparada la mejor lista de sermones para despertarlo, pero me tragué todas las palabras como saliva y me resentí a suspirar. Por una parte, tenía la sana obligación de comprenderlo, ya que llevamos una buena cantidad de tiempo invertido sin recibir el trigo del esfuerzo.
Por el sol de cada mañana que nunca me gustó admitirlo, pero presenciar a mi pequeño bebé dragón durmiendo en mis horas de estudio, era como darme hincapié a seguir su mismo ejemplo.
Era sumamente tentador, pero soy más fuerte que esa necesidad primaria. Ya era suficiente con que mis amigas no pudieran asistir conmigo por tantos inconvenientes causados por el Sternutatio Vesperum.
Ellas y toda Ponyville necesitan de mí, y no los pienso defraudar.
Volví a mi tarea de repasar el libro, pero fui interrumpida cuando estornudé y dejé caer el tomo que tenía levitado por culpa de la magia bloqueada. Que frustrante es no poder usar hechizos como se debía.
No tardé en levitar de nuevo el libro, pero, aunque lo intenté soportar, el hormigueo en la nariz me obligó a estornudar, y estornudar, ¡y otra vez estornudar!
¡Ya estaba tan harta que hasta me podía arrancar la melena! Le di una patada al libro, y solo porque le tengo consideración a Spike, salí de la biblioteca para desquitarme con todos los insultos y maldiciones que me sabía, pero... ¿cómo, de todas las aleatoriedades tan minúsculas de eventos que pudieran ocurrir al momento en que cerré la puerta de la biblioteca, fue que, estando justo al frente, casi a unos cuantos cascos de separación, me estaba observando un pequeño potro que jamás había visto?
¡Por Celestia! ¿Cómo debería de actuar ante semejante sorpresa?
Cada punta del pelaje se me erizó ante la fija mirada de aquel pequeño terrestre de un tan pálido color amarillento y cubierto de rojizos granos en su rostro.
Los nervios invalidaron hasta los movimientos de mis ojos porque ese joven actuaba tan en blanco cómo una página vacía.
No encontraba, o ni siquiera tenía una guía, o alguna lista en mi biblioteca mental que me orientara ante esta inaudita situación. Agradezco a mi sentido común que pudo actuar por mí en este momento que más lo necesitaba.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
Él infló sus mejillas y expulsó el aire junto con su respuesta.
— Paseo por el castillo. Lo exploro.
— ¿Y estás sin compañía? — desvió su mirada sin responderme, pero el silencio fue su delator. Ante su irresponsabilidad, fruncí las cejas y enderecé mi postura —. ¿Pero en que estabas pensando? Este lugar no es para potrillos, ¿y cómo es que cruzaste todo el bosque Everfree? ¿Y acaso no te diste cuenta de la hora que es? Deberías estar en tu casa con tu familia en este preciso momento.
Mi aludido bajó la cabeza y emitió un breve gruñido.
— Lo sé… — Masculló. Esa siempre era la respuesta de los irresponsables.
— Tus padres deben de estar preocupados, pudiste perderte, o incluso lastimarte, ¿si quiera eres consciente de las bestias peligrosas y monstruos aterradores que habitan en el bosque?
Su única respuesta era el insultante silencio, ¿y acaso no sabe que es de mala educación no mirar a los ojos cuando se le está dirigiendo la palabra?
Quizás... quizás estoy siendo algo inflexible con él, y creo que empeoraría la situación si él llegara a llorar por mis regaños.
Solté bastante aire. Demoré unos segundos, pero pude recordar un magnífico libro que, sin duda, me ayudará en esta situación, claro, no por nada se titulaba "101, todo lo que necesitas saber para tratar con tu niño rebelde, es especial si tu niño es un bebé dragón"
— Eh, ¿puedo permitirme saber, por qué estás en este castillo y a estas horas? Por favor, sólo estoy preocupada por ti— Le pronuncié con la voz más sutil, pero con un pequeño toque de carácter, además, me incliné para quedar a su altura, pero no lo suficientemente bajo como para no perder mi autoridad.
Nunca hay que dudar de las sagradas palabras de un buen tomo, ya que, casi al instante de seguir con cautela los pasos, él me dejó de ignorar, hasta sus orejas bajaron, por lo que ya era una muy buena señal.
— Bueno, yo... me gusta venir y quedarme en este castillo de en vez en cuando.
Sentí un fuerte nudo apretándose en la boca del estómago.
— ¿Vienes y te quedas aquí? Es... es decir, ¿ya lo estabas haciendo mucho antes? — Lo que temía se hizo realidad cuando él asintió — ¿Y qué hay de tus padres? ¿Ellos saben de esto?
— Si lo saben — Esa mentira me chocó tan fuerte que hasta me hizo encorvar el cuello y levantar una ceja — Bueno... sí y no. En realidad, ellos piensan que estoy en... ¿cómo te digo? Unos de esos retiros escolares, pero nunca me gusto ir a esas cosas, por eso vengo acá y hago lo que soy bueno, y eso es explorar.
¿¡Ah!? ¿Acaso él pensará que esta zona es un parque para potrillos? ¿Y aparte me sonríe con semejante respuesta? Fue tan insultante como si alguien hubiera arrancado una página de un buen libro.
— Lo que haces está muy mal, ¡Y estas zonas son muy peligrosas!, no debes volver, ni mucho menos explorar de nuevo y ni engañar a tus padres de esa manera, ¿qué tal si ellos descubren que no estás en donde alegaste? — dejó de lado su incoherente sonrisa —. No solo eres un mentiroso, sino además un irresponsable por exponerte ante semejante peligro sin pensar en las posibles consecuencias. Doy gracias a Celestia porque te encontré por casualidad, vas acompáñame y dentro de media hora o menos nos regresamos a Ponyville.
— Puedo cuidarme por mí mismo — noté bastante agresión en su tono —, no necesitas preocuparte por mí y más que ni siquiera somos conocidos.
— Por supuesto que me voy a preocupar, eres un pequeño potrillo y no estas tomando en consideración los peligros inminentes que rodea el bosque Everfree y de estar sin ninguna tutela. Estoy dispuesta a ser responsable de lo que te pase hasta que regresemos y te deje en casa de tus padres, pero ellos tendrán que saber de las cosas peligrosas que haces a sus espaldas.
— ¡No!, ya te dije, puedo valerme por mí mismo. Observa — se puso de medio lado y, entre las grandes alforjas que portaba, apenas estaba visible su cutiemark de dos mapas con unas siluetas que no logré comprender —, tengo mi marca, ya soy un adulto. Puedo cuidarme y puedo estar en este castillo cuando yo quiera, así como tú también estas aquí.
— Yo estoy aquí por asuntos muy importantes, y que tengas cutiemark no te hace un adulto ni te da responsabilidad.
— ¡Por supuesto que si lo hace!
Ya me estaba palpitando la sien por la narrativa de esta discusión. Tengo que ser inteligente si quiero lograr convencerlo. Recopilaré los pasos más eficaces de libro y los usaré contra él.
— Se lo emocionante que puede ser el sentirse un adulto, pero ¿por qué tantos deseos de serlo, si aún puedes disfrutar tu niñez con responsabilidad al máximo? Todavía te queda mucha juventud que puedes invertir estudiando, o si lo tuyo es explorar, puedes ir al bosque White Tail que es mucho más seguro y protegido, o mejor, ¡un buen libro te puede llevar a lugares nunca antes explorados, y lo único que tienes que hacer es dejar que las palabras guíen tu imaginación! — Le dediqué una pequeña sonrisa, pero desapareció cuando él me esquivó la mirada.
— Eso no es lo mismo. Tú no me entiendes.
— Entonces quiero hacer el esfuerzo por entenderte. — me levanté y abrí la puerta de la biblioteca con magia —. Acompáñame y me platicas, quiero escucharte mientras preparo mis cosas para marcharnos.
— No quiero hablar contigo y no quiero acompañarte. Regresaré como siempre lo hago y cuando yo lo decida.
Ese tono tan grosero de responder estaba tachando con una gran equis mi paciencia.
— Lo expresé una vez, y no lo volveré a repetir, no te irás. Vas a esperarme y nos marcharemos juntos.
No solo no me estaba obedeciendo, sino que tiene el descaro de estar retándome con sus anaranjados ojos hacia los míos.
Jamás me iba a ganar, tengo tanta experiencia en este tipo de miradas afiladas gracias a las rebeldías de Spike, pero sin darme algún aviso, él simplemente se dio la vuelta y salió galopando.
Su acto era comparable a un insulto, pero si creyó que escaparía, estaba de lo más equivocado, porque con un básico hechizo de levitación fue suficiente para volverlo atraer. Una cosa que no te enseñan sobre ser levitado, es que, por más que el individuo intente liberarse, así como lo estaba haciendo ese jovencito, es una tarea muy complicada, al menos, claro, que sea un unicornio y te sepas el contra hechizo adecuado.
— ¡Bájame! — Gritó.
Con suavidad lo dejé en el piso y lo liberé.
— Te quedas conmigo.
Apretó tanto la mandíbula que hasta se mostraron sus encías, pero volvió a quitarme la mirada y cruzó sus patas delanteras.
— Como quieras — Reprochó entre dientes.
Tenía tantas ganas de reprenderlo que hasta mis patas me estaban motivando para que lo hiciera, pero ese honor era reservado para sus padres. No recuerdo que yo, cuando tenía el mismo tamaño de ese potrillo, fuera tan rebelde con los demás adultos.
— Lo siento — Me dijo de repente, casi susurrando.
No le correspondí, pero el que se disculpara me alivianó un poco el estrés, aunque no le encontré un sentido coherente ante esa disculpa repentina.
Le indiqué que entrara a la biblioteca, pero no me respondió, ni siquiera se movió como indicación a mi demanda.
Ya tenía tanto dolor de cabeza como para tener que planificar una nueva alternativa para superar su barrera silenciosa, pero él comenzó a tartamudear, hasta que sus palabras las pude descifrar con claridad.
— O ...oye, ¿Puedo pedirte un favor?
— ¿Emm, favor?
— Prometo regresar contigo y eso, pero, ¿puedo quedarme en tú casa por esta noche?
¿¡Que!? ¿Ahora que se trae entre cascos con esa pregunta?
— Sabes que no puedo hacer eso, ¿verdad? — Me acerqué. —Tengo que llevarte a tus padres, y eso es lo correcto.
— Es eso lo que no quiero— Intente hacer contacto visual, pero lo evitó con un brusco movimiento —, o puedes dejarme cerca del pueblo y puedo resolver después.
— Definitivamente tampoco voy hacer eso.
— Si me llevas con ellos... me van a lastimar, me encerraran y, no me dejaran salir nunca más. Por favor, apenas y tengo mi marca, ¡Es mi talento natural! —sus orejas se bajaron —. No me quites mi oportunidad de hacer lo que lo que soy bueno, incluso no volveré a este castillo ¡Te lo juro!
No... no había una parte del libro que me pudiera guiar ante este especifico caso. Me senté al lado de él, y tomé bastante aire para darme el tiempo que necesitaba para pensar bien en la respuesta.
— Es posible que no te agrade lo que te vaya a decir, pero no puedo hacer lo que me pides.
— ¡Pero...!
— ¿Entiendes el riesgo por el que estas pasando? ¿Qué tal si, en un hipotético caso, yo fuera una poni malvada y te secuestrara? —no me respondió— No quiero que algo así te pase, por eso estoy tan preocupada por dejarte con tus padres, y sé que el castigo es algo que nadie quiere, pero créeme, es por tu propio bien. Ellos siempre ayudan a corregir lo que estamos haciendo mal, y nos convierte en una mejor versión de nosotros mismos.
No estaba segura de que tan fuerte debieron ser mis palabras cómo para que él se dejara caer al frio piso de los pasillos. Desearía seguir aconsejándolo, pero mis parpados ya estaban pesando tanto que, apenas termine con todo este asunto, iré a tomar un pequeño descanso para continuar con la investigación.
— Ven, tenemos que irnos antes que oscurezca. —Insistí.
— Oye... ¿Eres una princesa, cierto? Tienes cuerno y alas, y eso es raro de ver.
— Si te respondo a la pregunta, ¿podemos marcharnos? — Asintió muy despacio. — Bueno, se podría decir que sí, soy una princesa, la Princesa de la Amistad para ser exactos.
— Nunca escuché de una tal princesa de la amistad.
— ¿En serio?, digo, bueno, en realidad no me agrada mucho el hecho de ser princesa, no estoy acostumbrada. Pero, así como soy una princesa, prometo por la realeza ecuestre que te regresaré sano y salvo a tu familia.
El joven poco a poco se incorporó, pero su postura no estaba del todo firme.
— Está bien, volveré contigo.
¡Pude al fin que entrara en razón! Quería gritar, pero no. Aún.
— Bien, ven y pasa para poder preparar las cosas para marcharnos.
— Pero antes – él abrió una de sus alforjas y sacó un frasco de plástico con una etiqueta que mostraba la imagen de un durazno.
— ¿Quieres uno? — Estaba concluyendo que él era como un libro nuevo sin portada, nunca se sabe que contenido habrá por leer.
— Si, ¿por qué no?
— ¿Pero me ayudaría abrir la tapa? Está muy apretada — Me dijo extendiendo el frasco hacia mí. —, así lo podemos compartir.
¡Esta vez si iba a gritar de alegría! Eso demuestra que, nunca es tarde para empezar con la pata correcta.
— ¡Por supuesto! — usé levitación para atraer el frasco —. Tenemos en común el gusto hacia los duraznos, son deliciosos.
Qué raro, por un momento la risa de aquel joven fue algo... rara. Quizás no esperaba tal afirmación, pero bueno, un bocadillo es algo bien recibido.
— Por cierto, no nos hemos presentado correctamente. Soy Twilight Sparkle, — continué y usé magia para destapar el frasco. No estaba tan apretada como imaginé — ¿Y usted cómo te llamas?
Pero cuando abrí el frasco, en su interior no había duraznos, ¡había varios Sternutatio Vesperum!
Todo ese desagradable aroma invadió mi nariz, rasgando el interior de las fosas nasales y toda la garganta.
Estornudé con tanta fuerza que la levitación falló, dejando caer el frasco contaminado.
— ¡Ja, te la creíste! — gritó, a la vez que también fue víctima de los estornudos —, Ahora ¡déjame en paz!
Cada vez que estaba siendo aturdida por la reacción alérgica, él se estaba alejando aún más de mí.
Después de otro estornudo, de estar parcialmente cegada por las lágrimas y de aguantar el ardor en toda la vía respiratoria, ¡ahora ese jovencito si me va a conocer de verdad!
Me teletransporté delante del malcriado y lo volví a levitar.
— ¡No huyas! ¿Acaso no ves que no quiero que te lastimes? ¿¡Como puedes ser tan irespon...!? ¡Achú!
La levitación se quebró, haciendo que callera en seco.
— No necesito que me cuides — estornudó y se levantó —, ¡soy un adulto! — Me empujó y siguió escapando.
¡Ya, hasta aquí acabó mi paciencia!
Iba a usar mi teletransportación de nuevo, pero, ¡no puede ser!, mi cuerno se negaba a funcionar entre tantos estornudos.
No me quedaba otra alternativa. Te agradezco Celestia por darme estas alas ideales para perseguirlo.
El pasillo se estaba terminando y él, aunque era rápido, no iba a lograr escabullirse a la velocidad de mi vuelo.
Extendí las patas y logré encadenarlo con la mayor fuerza que mis cascos pudieron aplicar.
— ¡Suéltame, maldita sea, déjame ir, odio que me sujeten!
— ¡No lo haré! — ¿cómo era posible que él, siendo mucho más pequeño que yo, tenga mucha más fuerza y me estaba ganando? —Te dije que me haría cargo y que regresaremos juntos, y eso es lo que haremos, ¡quieras o no, mocoso grosero e irresponsable!
Luchaba con la anormal fuerza del pequeño y con la fastidiosa sensación de estornudar, pero ambas eran mucho más de lo que podía afrontar sin el uso de magia.
Estaba tambaleando y retrocediendo, y por más que mis pezuñas estaban clavadas, él lograba arrastrarme de un lado a otro.
— Entonces, ¡tendrás que obligarme! — afincó sus cascos contra la pared y nos empujó, pero al intentar mantener el agarre y el equilibrio, mis patas traseras resbalaron y comencé a caer.
Dolor. Comenzó agudo, pero cada vez era mucho más fuerte.
Todo a mi alrededor estaba desenfocado y apenas tenía respuestas de mis propias articulaciones.
¿Qué fue lo que me pasó? ¿En qué parte estoy?
Mi única respuesta fue una fuerte presión en el cuerno, pero justo cuando lo toqué, el dolor se clavó en mi cráneo con tanta fuerza que me hizo gritar.
Respiré rápido para calmar el sufrimiento.
Cada vez me estaba doliendo menos, y poco a poco mi visión se estaba normalizando.
Era difícil distinguir que era lo que estaba en frente.
¿Esas son escaleras?
— ¡Escaleras!
La ecuación se resolvió sola al saber qué era lo que me había pasado, pero ¿dónde está el pequeño? ¿se habrá tropezado conmigo?
No necesité esforzarme a buscarlo, dado que él estaba tirado boca arriba justo en el último escalón.
Mi respiración se cortó porque por más tiempo que pasaba, ¡él no se movía!
— ¿Puedes oírme? ¿Cómo te sientes? —Me agaché y lo toqué su frente. ¡No estaba reaccionando! — ¡Eh! ¿Me escuchas? — Lo sacudí con levedad intentando que respondiera, pero nada.
Mi pulso golpeaba la vena del cuello por el silencio absoluto del pequeño.
Debió quedar inconsciente por la caída. ¡Sí, eso era, debía estar inconsciente!
Eso es un gran consuelo, así que cálmate un poco Twilight. Él está bien.
Él… está bien.
Aun así, él necesitaba atención medica en cuanto antes, pero ¿cómo lo traslado hasta Ponyville? En definitiva, estaba descartado usar magia por la incertidumbre de los efectos del hongo, y sola no iba a poder moverlo con precaución.
¡Claro, por supuesto! Spike puede ayudarme a movilizarlo. Soy testigo de cómo mi pequeño bebé dragón lograba levantar una torre completa de libros, y por supuesto que él sería levantar al pequeño. O al menos ayudarme a movilizarlo.
— No te preocupes, voy por ayuda — Le dije. Oh Celestia, por favor, espero que él si me esté escuchando.
Pero, un momento, algo no estaba bien. Su vientre no se movía por efecto de la respiración.
El silencio como respuesta a todos mis llamados no era lo peor. Era su estado tan inamovible que angustiaba mi corazón.
¿Acaso?... ¡No!
Borré de inmediato cada mal pensamiento.
Recuerda Twilight, él está bien.
El esta… bien, ¿pero y si no lo está?
La curiosidad pudo más que mis nervios. No quería ni siquiera hacerlo, pero mi casco me desobedeció y se postro a su nariz, todo para que pudiera percibir la corriente de aire.
Respiré más lento.
Los latidos me ensordecían.
El tiempo solo avanzaba y, en ningún momento, ni siquiera los pelos de mis pesuñas pudo detectar ni la mínima brisa en sus fosas.
¡No! ¡No podía estar pasando!
— ¡Ya relájate Twi!, que no sienta el aire no prueba nada malo— ni siquiera eso era un buen intento para consolarme, pero tenía que buscar una mejor alternativa.
Puse mi oreja en su pecho.
Cerré los ojos y tomé bastante aire. Sentí mi agitado pulso hasta en mi cabeza porque buscaba, en cada parte, en la izquierda, más en la derecha, justo en el centro del pecho del pequeño joven ¡donde biológicamente no podía estar su corazón! Y aún con esas, ¿por qué no podía escucharlo?
Tenía que latir, estaba segura que su corazón latía con normalidad, ¿pero por qué no lo podía escuchar? ¡Él estaba inconsciente! ¡¿Por qué no lograba escuchar nada!?
— ¡No, no, no, no, no…!
No te dejes rendir Twilight, ¡aún queda una esperanza!
Lo había leído hace tiempo y lo sabía, y es que la respuesta estaba en sus cutiemarks, y es que ellas representaban el talento de los ponis en vida, como la magia que fluye en todos nosotros, y dejan a su portador cuando… No, no me atrevía ni siquiera pensar en eso.
Al asomarme a uno de los costados del potrillo, en ese momento, retrocedí.
Grité, y esta vez mi voz interna no podía refutar lo que significaba que sus costados estuvieran en blanco.
El pequeño poni, había fallecido.
