¿Cómo fue que, en cuestión de segundos, fue suficiente para que todo se me escapara de los cascos?
No. Es que, todo eso no pudo ocurrir, ¡por supuesto que nada acabó de ocurrir! Era solo mi loca e incoherente imaginación por el fuerte golpe que me di en la cabeza.
Pero él aún estaba en el piso.
Él no se movía por más que lo llame.
Sus Cutiemarks se habían borrado de sus flancos.
"¿Qué debo hacer?" Esas palabras se repetían en mi cabeza como suaves susurros acosadores.
Sus padres, sus familiares, amigos, conocidos… ¿Qué les iba a decir? ¿Cómo iban a reaccionar cuando les diera la noticia? Pensar en sus posibles caras y respuestas causó que mi estómago se retorciera con dolorosa fuerza.
Todas mis emociones discutían en mi cabeza, ¿pero en cuál de ellas debería escuchar? ¿O en cual de todas debería de confiar? ¿O habrá un libro en que me pudiera guiar? ¡Ni siquiera sé que título pudiera tener!
— ¿Twilight, en dónde estás?
Esa voz, ¡Es Spike, y sus pasos los escuché cada vez más cerca!
Mi pequeño bebe dragón aún tenía inocencia en su mente como para asimilar ver a un poni fallecido, ¡y peor aún si se enterara que fui yo la responsable del suceso!
No tuve el tiempo de pensar en un plan porque ya estaba subiendo las escaleras con el impulso de mis alas.
¡Gracias a Celestia que Spike aún estaba lejos! Fue un gran peso que me pude quitar en forma de suspiro, pero estaba avanzando rápido, ¡Y ahora estaba corriendo hacia mí!
No iba a dejar ni siquiera que se acercara a las escaleras, así que galope para cortarle el paso.
— ¡Twi! Que miedo me disté, por un momento pensé que te habías olvidado de mí, ¿en dónde te habías metido?
¿Qué le digo, piensa que le digo?
— Tenemos… que irnos Spike.
— ¿Irnos?
— Y ahora, alista todo para regresar a Ponyville en este instante.
Mi pequeño dragón ladeó su cabeza.
— ¿Así no más? Pero, ¿terminaste las investigaciones?
—Yo...eh...Necesitamos regresar a Ponyville en este instante. — ¡No, lo volví a repetir!
—¿Pero por qué Twi? Tú misma dijiste que no nos íbamos a marchar hasta encontrar alguna pista sobre ese hongo estenatio, eh… ¿escurilato? Como sea a que le llamaste a esa cosa.
— Si, digo ¡no! Yo… lo que quiero que me entiendas es que, este momento realmente necesitamos irnos. — Avancé, pero Spike no se movió.
— Sabes que esa sonrisa tuya asusta, ¿verdad?
—¿Sí? Es… que solo estoy un poco impacientada.
— ¿Solo un poco? Mírate, tu casco le está haciendo competencia al pico de un pájaro carpintero — Ni siquiera fui consciente de que estaba dando pequeños pero rápidos golpes al piso con mi pata. ¿Qué otra cosa estaré haciendo para que Spike sospeche más de mí?
Observé hacia atrás, ¿pero porqué sentía que la entrada a las escaleras se estaba acercando? ¡¿O es que nosotros nos estamos acercando sin que me diera cuenta?!
— ¿Twilight, que ocurre? — volví mi atención hacia Spike — Estas actuando... muy rara.
Por Celestia, todo estaba pasando tan rápido como para procesar una respuesta razonable, si tan solo él no me lo dejara tan difícil.
— Lo que ocurre... se debe al hongo. ¡Si, es por el Sternutatio Vesperum! Encontré un brote que está creciendo por los alrededores del castillo y, si no nos vamos rápido... lanzaran sus esporas y me infectaran. Estoy tan impacientada y nerviosa porque eso ocurra, y por eso te estoy pidiendo que nos marchemos.
— ¡¿Hongos aquí también?! Un momento, espera — arqueó una ceja — ¿No era que solo brotaban en las tardes? Estoy seguro de eso, tú misma me hiciste documentar todo en las tar...
¡Suficiente, no voy a seguir aguantando!
— ¡¿Por qué no solo obedeces y ya, Spike?! — Mi garganta se quemó por lo fuerte que grité.
Spike retrocedió un poco y parecía que quería decirme algo, pero, oh por supuesto, ya no lo iba a dejar. — No se si no lo logras entender, pero, por segunda y última vez, estamos en una zona que posiblemente será contaminada por las esporas del Sternutatio Vesperum, y si no cooperas para marcharnos lo antes posible, te voy a obligar a limpiar todo el granero de Applejack para que sientas lo que verdaderamente es estornudar. Ahora, dejemos de perder más tiempo y ¡vámonos en este instante! — Le di un breve empujón para que se moviera de una vez.
— ¡Está bien, está bien! — comenzó a caminar, ya era hora que obedecieras —. Por Celestia, no necesitas ser brusca conmigo. Esos hongos, como sea que les llames, te ponen como mula.
¡Cómo odio cuando él me dice eso!, pero ya no seguiré discutiendo con él. Ya logré lo que quería, y eso puede compensar cualquier cosa que me diga.
Celestia estaba a punto de cumplir su sagrada tarea de levantar el sol, y desde que llegué a mi propio castillo, no toqué ni siquiera mi cama.
No paraba de temblar, vagar y de masticar mi crin por pensar que, si quiera, ocurrió algo de lo que pasó en ese lejano castillo.
— "¿Y si todo era una pesadilla? Después de todo... estoy en mi habitación" — Me detuve para poder analizar esa posibilidad.
¡Sí, todo tenía que ser una pesadilla!
Comencé a dar brinquitos como lo hacía mi querida amiga Pinkie Pie por lo feliz que me puso esa noticia.
Y es que, si analizaba con más detalle los sucesos, me di cuenta que nada tenía coherencia, es decir, primero; el pequeño que apareció de repente en un castillo que literalmente está oculto por el Bosque Everfree. Segundo; que él tuvo un accidente que, por las posibilidades, debió apenas salir con moretones, así como a mí me pasó. Tercero, y por supuesto la más ilógica de todas, era que yo lo hubiera abandonado cuando yo jamás haría algo semejante.
Era un verdadero chiste de eventos que incluso comencé a reír, pero... si todo era un mal sueño, aunque fuera ficticio, ¿de verdad…había abandonado al pequeño?
Yo… lo hice, pero no tuve de otra opción.
Spike estaba conmigo y no me iba a perdonar si él hubiera presenciado esa escena. No iba a soportar cómo el miedo hubiera marcado el rostro de mi Spike, o cómo le hubiera tenido que explicar todo el suceso.
Era entendible, pero, aun así, ¿cómo fui capaz de hacer tal acto? ¿Por qué no se me ocurrió otra cosa más que escapar como una cobarde?
¡¿Qué fue lo que hice?! ¡¿Cómo puedo está aquí saltando cuando tengo que estar allá?!
No me di cuenta en qué momento abandoné mi habitación y mi castillo, pero si estaba segura que mi destino era regresar a los confines del Bosque Everfree.
Ponyville estaba siendo iluminada por los primeros rayos matutinos del astro mayor, y muy a mi pesar, el pueblo no tenía esa magia con la que lo caracterizaba.
El aire apestaba tanto al aroma del hongo que ya estaba sintiendo comezón en la nariz y por dentro de los ojos.
Mientras avanzaba con prisa por las calles, estaba impresionada por la poca cantidad de ponis que estaban transitando, y es que, por lo general, a estas horas, la gran mayoría salían de sus hogares para comenzar hacer sus itinerarios diarios.
La agradable música que solía transmitir Ponyville estaba siendo opacada por los atronadores estornudos de sus afligidos pueblerinos.
Observé el cielo y estaba completamente nublado.
Era evidente el gran desorden por todas esas nubes esparcidas cómo si fuera un montón de basura tirada. Apenas y dos pegasos estaban intentando despejar el cielo cuando se suponía que debería estar todo el equipo de Rainbow Dash ocupándose de la tarea, ya que debió de ser verano hace ya bastante tiempo.
La plaza, que por lo general era muy comercial, ahora no había ningún poni que lo adornaran con sus diversos colores. Era tan grave que ni siquiera estaba el hermano de Applejack que acostumbraba a vender manzanas junto con su hermana menor.
Estornudé con fuerza, y en eso, a los alrededores, los ponyvillenses se unieron a un coro disonante de estornudos.
Cuando estaba pasando cerca de Sugarcube Corner, la puerta principal se abrió y salió de ella mi amiga Pikie Pie. Siempre tan oportuna en los momentos menos oportunos.
Me tape la boca al ver cuan grande y numerosos estaban los granos en el rostro de mi amiga, aunque esa no debió ser la gran sorpresa. Ella siempre estaba tan feliz, contagiando a los demás con su fiebre de la risa, agregando también que siempre su mundo funcionaba en una lógica que burlaba toda regla científica, pero esta vez, incluso si estaba galopando, lo estaba haciendo con una normalidad que para nada la identificaba. Nada de saltos, nada de risas, nada de volteretas o de flotar en el aire. ¡Esa no era ella!
— ¿Qué ocurre Pinkie? — Intenté acercarme.
— ¡No puedo hablar ahora, es una emergencia!
Sin que le pudiera decir nada más, ella se fue deprisa y, en ese momento, salieron galopando del edificio el señor y la señora Cake junto a sus bebes cargados en sus lomos. No me dio tiempo de preguntarles algo porque ya estaban alejados en la misma dirección por donde se fue mi amiga.
¡Oh no! Los detalles y la evidencia mostraban que algo les había pasado a los pequeños Cake.
— ¡Pinkie, espérame, voy acompañarte!
Ya estaba en la carrera por alcanzarlos, pero una soga al cuello me detuvo, y esa soga estaba apuntado hacia el bosque.
No podía distraerme, tenia que llegar a ese castillo, pero ¿cómo podía desamparar a una de mis mejores amigas en este momento? ¿Qué hago? ¿Cuál es la decisión correcta?
Mastiqué y mastiqué mi crin. Observé el cielo y el sol no paraba de avanzar hacia el oeste. Tenía que elegir, y ni siquiera el dolor de estar jalando los pelos con mis dientes ayudaron a que escogiera rápido.
Respiré profundo.
Tragué saliva.
Mi respiración se cortó y avancé.
Llegar al castillo es lo más importante.
Si pensé que pasar Ponyville fue inquietante, el Bosque Everfree elevaba al cuadrado la fórmula de la ansiedad.
La oscura vegetación, los grandes ojos rojos que observaban mis pasos y los ruidos de las bestias salvajes, no era ni para nada comparado a la mezcla de sentimientos que atormentaban mi mente y estremecían mi cuerpo.
Esperaba que, por0 Celestia, que un gallo dragón apareciera sin que me diera cuenta y me convirtiera en piedra como en aquella ocasión.
Si, eso sería un pequeño consuelo.
Escuché algo no muy lejos de mí, y antes de pensar que Celestia pudiera cumplir con mi petición, el sonido se trataba de voces que me resultaron familiares, pero no distinguí de quien se trataba. Descarté que fuera Zecora porque ya hace bastante que pasé por su cabaña y la vi, entonces, ¿quién estaría en las profundidades del bosque? ¿¡Y si me están siguiendo algunas de mis amigas!?
¡No! ¡Tengo que evitar que si quiera lleguen al castillo!
Me movilicé por entre los arbustos para interceptar a quien sea que estuviera ahí, pero me detuve para esconderme entre los árboles porque resultó que la voz le pertenecía a la grifo Gilda. Y no estaba sola, porque había otra grifo que no conocía y, al parecer, ambas estaban discutiendo. Lo supuse por la brusquedad de los movimientos de sus picos, aunque no pude distinguir lo que decían.
¿Qué estará haciendo Gilda en medio de este bosque?
Duré unos minutos vigilándolas, aunque mis esfuerzos por saber que decían eran nulos. Pero, ¡gracias de nuevo Celestia, porque Gilda no conoce la ubicación de tu antiguo castillo! ¿Pero qué tal si Rainbow Dash le contó de su ubicación y por eso están aquí?
No, no creo en esa posibilidad. Espero que no.
Me aparté con pequeños pasos para no producir ruidos indeseados y continúe avanzando por el oscuro bosque.
Apenas ingresé al desolado castillo de las Hermanas Nobles, me detuve, y todo parecía estar mucho más lejos de lo que debería.
Los sucesos regresaron con gran dolor a mi cabeza como si de un diario reportando a detalle lo ocurrido se tratase.
Ya estás aquí Twilight, solo avanza...
El primer paso fue el más difícil, pero el siguiente no fue el mejor.
Mis latidos los escuchaba. Ni el sonido de mis pezuñas o mi respiración podía competir con los golpes resonantes y acelerados del corazón, y cada vez que avanzaba, ¡más fuerte lo escuchaba y más doloroso era!
Atravesé por la sala de los tronos y por el pasillo adornado por las armaduras de los corceles, y cuando ingresé en la siguiente habitación, mi abdomen se comprimió con dolor.
No me atreví a dar un paso más porque el pequeño potrillo todavía seguía inerte y en la misma posición tras el último escalón.
Caí sentada por el gran peso de mis actos.
Todo era tan irreal, pero tan cierto como el sol que Celestia levanta cada mañana.
Junté mis cascos a mis mejillas.
Ahora que estaba aquí, tenía que hacer lo correcto. Debía pedir ayuda para trasladarlo y reportar el accidente, pero en eso, un gran escalofrió congeló hasta los pocos pelos que tengo cerca de mis pesuñas.
¿Qué van a pensar todos en Ponyville cuando lo informe? Sin duda sería un gran escándalo porque soy la principal sospechosa de su fallecimiento.
No. Soy la principal culpable.
Había leído libros sobre medicina forense y derecho civil ecuestriano, y sabía por escrito todo el procedimiento que iba a implicar.
La fe que tenían sobre mí, sobre la imagen de la Princesa de la Amistad, se destruiría para siempre, incluso la reputación de las demás princesas seria dañada por este hecho.
¡Oh Celestia, Luna, Cadance! ¿Cómo voy a involucrarlas en algo que solo yo tengo la culpa?
Y ellas no eran las únicas que serian afectadas, porque en esa formula también entraría la actual situación de Ponyville.
Todos estaban tan afligidos por la plaga del Sternutatio Vesperum que, si se llegaran a enterar sobre esta noticia, empeoraría aún más la situación del pueblo.
¿Quién investigaría la cura a esta plaga si yo iba a ser procesada?
No podía abandonarlos, todos dependían de mí. Yo… tenía que solucionar primero el problema sobre el hongo antes que el accidente del joven.
¡¿Pero en que estaba pensando?! ¿Cómo es posible que le diera prioridad a este escenario como si fuera una lista de verificación? ¡Por Celestia, un potrillo está muerto al frente mío y fue por mi culpa!
— ¿Qué hago, que hago, que hago? — repetí en voz alta mientras caminaba en círculos —. No puedo dejarlo aquí. No puedo llevarlo a Ponyville. No puedo alertar a todos más de lo que están. ¿Entonces qué debo hacer?
¡Eso era! La solución más acertada era buscar a los padres del pequeño... pero esa idea se complicó al darme cuenta de las variables que faltaban por definir, y era que no sabía cuáles eran sus padres. No solo Invertiría mucho tiempo en encontrarlos, sino que además ¿cómo saber si son de Ponyville? Él Jamás me dijo de donde era, y a él nunca lo había visto por el pueblo, incluso dijo que nunca escuchó sobre mí o sobre el título de la Princesa de la Amistad.
— ¡Su familia puede ser de cualquier parte de Equestria! — grité y jalé mi melena con fuerza — ¡Piensa! Cada día que pasa, el Sternutatio Vesperum degrada situación y los síntomas están empeorando. ¿Y si a la larga se vuelven mortales?
Ya no podía pensar bien con tanto dolor de cabeza. ¿Qué debía hacer? ¿Qué haría otro si estuviera en mi lugar? ¿Qué harías tú Celestia?
Ella sin duda escogería lo correcto. Escogería en beneficio mayor, lo que más ayude a los demás, incluso si eso conllevaría a sacrificar algo, así como ella tuvo que desterrar a su hermana a la luna para salvar a todos de la eterna noche.
Tenía que pensar como Princesa. Tenía que pensar como ella. Tenía que pensar primero en el bienestar de Ponyville, y también el de Equestria.
Eso era lo que tenía que hacer, pero no podía irme y dejar el cuerpo abandonado, no de nuevo.
Busqué en una lluvia de ideas. Cada una era descartada, pero una se repitió entre todas.
Esa era la peor, pero era la que permaneció como la única posible a este problema.
Debía de enterrarlo.
Era una solución que me provocó bastantes nauseas, pero ¿había otra alternativa posible?
Si dejaba el cuerpo aquí, se inundaría de un olor que ni siquiera quería imaginar, además de que corría el riesgo de que mis amigas vinieran de improvisto, con el pretexto de ayudarme y que lo consiguieran.
Si se enteraran de lo que pasó, retrasaría por completo la búsqueda de cualquier dato sobre el hongo y no soportaría jamás que mis amigas encubrieran este horrible acto por el bien común.
Yo debo asumir esa responsabilidad.
Comencé a planear los detalles. Nadie, además de mis amigas y Spike, u otro que no conociera, sabían de la localización del castillo, y afuera, había un inmenso terreno donde podía cavar y dejar al pequeño en un lugar seguro, en donde solo yo supiera en donde yacería, y una vez que acabe con la plaga del Sternutatio Vesperum…
— Diré la verdad — Lo susurré.
Temblé y me tapé los ojos.
Era el momento ideal para volver escapar y nunca regresar, pero debía ser fuerte, todos en Ponyville confiaban en mí, sé que soy la única que puede dar con el paradero del Sternutatio Vesperum.
No lo debo pensar dos veces, solo ejecutarlo.
Me acerqué con lentitud a donde se encontraba el pequeño. Duré unos segundos quieta, ignorando mi propia voz interna.
— "Por favor, no lo hagas"
Aruñaba el suelo con mis pesuñas. No paraba de mascar mi melena. Toda parte de mí hizo presión para evitar otro movimiento más, pero… no podía parar. Celestia no dudó en desterrar a su propia hermana, así que yo no debo tampoco dudar.
Con mucho cuidado lo levité a pocos centímetros del suelo y comencé a llevarlo a la salida del castillo.
Aguanta, ¡no vayas a estornudar!
Pude encontrar el lugar que consideré perfecto para comenzar a excavar. La tierra era blanda, no había vegetación cerca y estaba a una distancia considerable del castillo, del árbol de la armonía, y de cualquier otro camino transitable.
Lo dejé con suavidad a un lado, y usando magia, comencé a cavar, sacando grandes cantidades de tierra.
Así como se estaba acumulando la pila de tierra, se estaba acumulando mi culpa. Ni siquiera toda la maldad de aquellos enemigos que una vez combatí con mis amigas se comparaba con lo que estaba haciendo.
Era por el bien mayor, era por el bien de todos.
No sé cuánto tiempo tardé, pero el hoyo ya tenía la suficiente profundidad.
Observé al potrillo.
—"No lo hagas"
Su cuerpo se iluminó con mi aura mágica. Estaba mucho más pesado.
—"¡Para, no lo hagas!"
Cuando lo levanté, me detuve. Sus cascos estaban caídos, su cabeza recaía hacia un lado, y sus ojos, los que antes me observaron con reto, ahora estaban vacíos, apuntando hacia el lugar donde lo iba a enterrar.
—"Por favor, Twilight... ¡no lo hagas!"
Con mucho cuidado, lo deposité en el hoyo. No le quité nada, ni las alforjas que una vez cargó.
Ya estando en reposo, comencé a sepultar con la misma tierra que había cavado.
Cuando la última pila de tierra tapó el agujero, contemplé el lugar donde ahora descansaba el potrillo que apenas y había conocido ayer.
No supe cómo se llamaba, ni siquiera me acuerdo muy bien de como era su cutiemark.
Estaba siendo observada por él desde algún plano que no era este, juzgando lo que le estaba haciendo.
De seguro me odiaba.
Si tan solo, en ese momento, cuando él salió corriendo, si yo no lo hubiera seguido…. Yo no estuviera aquí, y él no estuviera bajo tierra.
Todo… es mi culpa.
— Por... favor, espero que me perdones. —Musité y, en ese momento, estornudé.
