Muy pocas veces sucedía este evento, pero Ponyville estaba silenciosa y calmada mientras caminaba por sus calles.
Seguro que lo que sentía estaba mal, pero compartía la misma serenidad y tranquila que el pueblo.
Y no fue fácil desde que ayer salí del bosque y regresé a Ponyville.
Ni siquiera recuerdo si soñé por la noche, pero ahora tenía más energías y ya tenía planificado el día de hoy.
Ni siquiera podía engañarme. ¡Soy una terrible poni!
Sin avisarme, se reportaban aquellos recuerdos. Siempre eran sobre el pequeño al final de la tumba que cavé, y así como aparecían, eran reemplazados por otros recuerdos que no tenían nada que ver con lo sucedido.
Y cuando el mismo peso de la culpa apretaba mi abdomen, después no sentía nada, ni una sola nota de culpa, ¡Y eso era lo que me aterraba!
¡Toda la falsa tranquilidad era transcrita por todos esos recuerdos!
No. Esos sentimientos no me derrotarán hoy. Le hice una promesa al joven antes de marcharme de su lugar de descanso, y esa era que resolvería todo y diría la verdad.
— Estas muy callada Twilight, ¿en qué estás pensando? — Spike me jaló con poca fuerza la melena. Me dejé llevar tanto en mis pensamientos que me olvidé que tenía a mi pequeño bebé dragón sobre mi lomo.
— Oh, no estaba pensando en nada en particular — dejé escapar una carcajada que hasta a mí me pareció incomoda —, solo estaba mirando las nubes y, de hecho, el cielo es un desastre.
— Esta vez no veo a ningún pegaso, y mis escamas ya están pidiendo el sol de verano de nuevo. ¿Cuándo creen que acabaran?
— Como sabes… ¡Achus! — No pude tapar mi nariz a tiempo y salieron los pegajosos mocos. No por nada Spike era mi asistente número uno, ya que pudo anticipar mi petición y me pasó un pañuelo, pero ¡agh! Sin poder usar magia, era muy difícil usar mi pata para hacer la simple tarea de limpiarme. ¿Cómo si acaso lo hacen aquellos que no tienen cuerno? — Gracias Spike, como decía, mientras que el Sternutatio Vesperum esté desplumando a los pegasos, o mientras anule la magia de los unicornios, no podrán cambiar el clima de Ponyville.
— ¿Y los terrestres? — Ladeó su cabeza a un lado.
— ¿Los terrestres? — Yo también terminé haciendo lo mismo — Oh, bueno, ellos no tienen tantas tareas entre verano y otoño.
— No lo creo, una vez vi como toda la familia de Applejack galopaban por toda Sweet Apple Acres para hacer caer las flores de sus árboles.
— Ay Spike, eso es algo muy básico. Si tan sólo su familia permitiera mi ayuda, con un simple hechizo quitaría todas las flores de su granero sin necesidad de malgastar tanto tiempo y recursos. De hecho —sentí cosquillas en mi estomago porque estaba por llegar mi actividad favorita del día —, ya que mencioné recursos, me gustaría verificar de nuevo nuestra lista de hoy, puede que necesitemos volver de nuevo al castillo si olvidamos algo.
— ¡Entendido! — Cuando Spike afirmaba con su saludo militar también era de mis partes favoritas. De las alforjas que llevaba, sacó una pluma y pergamino y lo desenrolló. Apenas y llegaba al suelo, por lo que era muy poco por verificar esta vez. — Veamos, iniciar la verificación de la lista de verificación… ¿eh, listo?
— Muy bien, ¿hojas, plumas y tintas?
— Déjame revisar… Si. Listo.
— ¿Merienda?
— Super listo.
— ¿Cerillos, velas, velones del número cero al número cuatro con sus respectivos repuestos?
— Hay una caja de cerillos por cada vela, así que listo.
— ¿Jabones individuales, crema dental, cepillo dental individual?
— Listo, listo y… espera… no encuentro los jabones.
Me detuve y giré a la dirección opuesta.
— ¿Olvidé los jabones? ¡Es grave, tenemos que regresar y buscarlos!
— No, aquí están… listo.
— ¡Spike, no me asustes así, revisa antes de afirmarme! — Volví a girar de nuevo hacia mi destino —. Como sea, continuemos.
— Espera un minuto, ¿jabones? ¿Para qué lo necesitamos? Te creo lo de las velas y si acaso los cepillos y la crema dental, ¿pero jabones? No llevamos nada de estas cosas al bosque Everfree.
— Oh, lo lamento Spike, se me olvidó comentarte que no iremos al castillo de las hermanas nobles. — No pensaba volver a tocar ese lugar, ¡ni mucho menos con Spike!
— ¿Entonces a dónde vamos?
Pensé que, por las cosas, ya lo hubieras deducido Spike. En fin, a mi asistente número uno todavía le faltaba tiempo por madurar.
— Vamos a ir a Canterlot.
— ¿¡Tan lejos!? ¡Ugh! ¡Hubiera al menos llevado gemas para el viaje si me hubieras dicho!
— Por eso anoté merienda, Spike.
— ¡Pero estoy seguro que llevas tú merienda! ¿Por qué no dejaste que yo revisara esta lista antes de salir? ¿Y por qué a Canterlot en primer lugar?
— Es por descarte Spike, debido a que no encontramos nada ayer en la biblioteca, hoy iremos a probar con una más grande, y esa es sin duda en la biblioteca donde nos criamos.
— ¿Y por qué no otro lugar que no esté más cerca?
¿En serio, Spike, te lo tengo que explicar todo?
— Porque en ese lugar nos podemos quedar más tiempo si se retrasa la investigación, y ya estás haciendo demasiadas preguntas.
— Bien, quizás para la próxima deberías de anotar avisar al tú asistente número uno sobre qué lugar ir en la lista de verificación.
— De hecho… esa no es una mala sugerencia, pero continuemos ¿quieres? Ya sé que tenemos la caja de pañuelos, ya que me diste uno, así que verifica si tenemos la crema para granos, las pastillas antialérgicas de emergencia y…
— Oye, si te sabes todo esto de memoria, ¿por qué hacer una lista de verificación en primer lugar?
¡Oh, con mi lista de verificación sí que no te metas!
— ¡¿Quieres dejar de interrumpir y continuar verificando?! ¡Solo tienes que hacer eso!
— Wou, Twilight, tu humor apesta tanto como el aliento de una cabra desde ayer. ¿Qué te ocurre?
— Spike, solo… — respiré y expulsé más aire de lo que había tomado —, estoy frustrada ¿sí? Quiero que todo salga de acuerdo a lo que establecí en la lista y no quiero ningún contratiempo en el día de hoy — mis pelos se erizaron y mis patas se detuvieron porque Spike estaba acariciando mi crin con el cepillo que justamente tenía que verificar — ¿Se puede saber que estás haciendo?
— Siempre te veo que haces esto para relajarte. Esto te relaja, ¿no?
— ¡No en este momento! — Sacudí la cabeza para escapar de esa tortura — Como sea, terminemos de verificar, ya casi llegamos a la estación y de verdad que me voy a enojar mucho si olvidé algo a partir de este punto.
— Como si enojarte se pudiera evitar. — Inflé mis mejillas, capturando toda mala palabra dirigido hacia él. —Veamos, veamos…
Sinceramente, para ser mi asistente número uno, su especialización no era para nada verificar. Un defecto bastante favorable para el día de hoy.
No era común, pero había un objeto que no estaba en mi lista de verificación y que estaba bien alejado de la merienda y camuflado junto con los artículos médicos.
Él ni siquiera se percató que yo vigilaba su trabajo, y es que apenas y echaba un vistazo en mi alforja para verificar la lista, y eso era justo lo que necesitaba, porque no quería que encontrara mi pequeño cofre con sellado mágico, misma que estaba ocultando los Sternutatios Vesperum.
Sé que estaba cruzando el umbral de la moral, porque esos hongos son los mismos que utilizó aquel joven como método de escape.
Pude mantenerlos lejos de la vista de Spike y casi me ahogué entre estornudos en intentar pasar ese espécimen del frasco al cofre.
Daria hasta mi cuerno porque ese accidente jamás hubiera ocurrido, pero más que querer que el joven no hubiera fallecido, era que existía una gran incógnita: ¿cómo hizo para recolectar Sternutation Vesperum si esas cosas se ocultaban bajo tierra al mínimo peligro?
— Todo está en su lugar Twilight. — Continuó mi pequeño asistente.
— Es un alivio escuchar eso. Cómo recompensa, Rarity me contó en una ocasión que cerca de la estación inauguraron una pequeña tienda de joyería y piedras preciosas. Estoy segura que…
— ¡Si, por favor! A papi se le antoja un crujiente rubí.
Ay Spike, tu glotonería, a veces, era muy graciosa… y costosa.
Ya faltaba poco por llegar.
Pasamos de largo por la tienda de joyerías porque esa no era prioridad ahora.
— ¿Oye, Twilight…?
¿Tan rápido querías tus golosinas mi pequeño Spike?
— No te preocupes, primero reservaremos nuestros puestos y volveremos a la joyería después.
— No, lo que quise decir es ¿oyes eso, Twilight…?
Eso fue raro, y ciertamente no estaba escuchando nada, de seguro era otra de sus típicas bromas.
Aun sabiendo ese razonamiento, mis orejas se alzaron en contra de mi solicitud, pero él si estaba diciendo la verdad.
No era muy auditivo, pero a medida que nos acercamos, iba tomando más sentido. Muchas voces, estornudos y gritos, cada vez más fuertes y provenientes en una sola dirección.
Aceleré el paso, y fue cuando crucé la esquina que pude saber el origen de aquellas voces.
Grité y di un golpe bastante fuerte contra el piso, porque en frente de la entrada de la estación estaba bloqueada por un montón de ponis.
¿Cómo pude ser tan ilusa como para no suponer que gran parte de los habitantes querían emigrar para escapar la plaga? ¡Por razón y estaba tan vacía Ponyville en un principio!
— Wow, un muro de colores equino. Ja, eso sí que no me la esperé.
— No es momento para ser irónico Spike, ¡Esto es bastante serio! ¿puedes si quiera intuir en la gravedad del asunto?
— Aam, ¿Qué tenemos que hacer una larga fila para subir?
¡¿Y todavía me molesto en preguntarle?! ¡Que pérdida de tiempo!
— Es más complejo que eso, solo analízalo Spike, si en este momento hay muchos ponis conglomerados, eso quiere decir que no hay trenes disponibles, y suponiendo que todos están aquí desde muy temprano, entonces la demora entre trenes es igual de larga, y tomando en cuenta el Sternutatio Vesperum, ¡solo queda como conclusión que, si no tomamos un tren a tiempo, tenemos que refugiarnos y no podremos salir hoy de Ponyville!
— ¿Y qué tal si lo intentamos de nuevo mañana mucho más temprano? Por lo que me acabas de contar, dudo que podamos subir hoy.
— ¡Por supuesto que no! Spike, está en juego la salud de todos, incluso la mía. Cada día que pierda el tiempo se estarán agravando los síntomas del Sternutatio Vesperum, y eso no lo voy a permitir más. ¡Ni porque me quemen un libro me voy a perder el siguiente tren!
Me levanté en mis patas traseras para tomar impulso y galopé hacia la multitud.
Por más que quería avanzar, era teóricamente incapaz por la gran barrera equina que tapaba hasta el minúsculo espacio posible.
— ¿Por qué no pasas volando o te teletransportas hacia la entrada? — Sugirió Spike.
— No, si hago eso, podríamos crear un disturbio por colarme y retrasaría todavía más abordar.
— ¡Eres literalmente una Princesa! Que se yo, ordéneles que les deje pasar o algo.
Por primera vez en todo el día, pudiste sugerir una buena idea.
— Lo voy a intentar, aunque no me siento cómoda con tener que abusar con mi estatus.
Respiré profundo y me dirigí a los últimos ponis del grupo.
— ¡Escuchen!, es urgente que me den espacio para tomar el siguiente tren. — ni siquiera nadie levantaron sus orejas ante mi demanda. Respiré más profundo y solté las palabras desde los pulmones — ¡Por favor, para poder proseguir con mis investigaciones sobre el hongo, les ruego que me dejen pasar!
Mí nuevo llamado apenas y fue suficiente para que algunos ponis se voltearan y, entre ellos, estaba la maestra del pueblo que, cuando me vio, se acercó con mucha velocidad.
— ¡Princesa Twilight! Gracias a Celestia que te encuentras aquí, ¡tú si puedes hacer que ellos entren en razón!
— ¿Ellos? — Spike y yo respondimos al mismo tiempo — ¿A quiénes te refieres con ellos?
— A los guardias que tienen cerrada la estación y no están dejando pasar a nadie.
— ¡¿Qué?! — tosí porque la noticia se me atoró en la garganta — ¿Y desde cuando está pasando?
Otro poni se incorporó a nosotras.
— Han estado ahí desde ayer por la tarde princesa. Por favor, ordéneles que nos dejen pasar, ¡ya no quiero estar otro día más aquí! — Juntó sus patas delanteras y se arrodilló.
— ¡Ellos no piensan en los niños que están sufriendo de asma por culpa de ese hongo! — Continúo la maestra.
Al igual que ellos dos, muchos más ponis se dirigieron a mí y comenzaron a rogar.
Observé a Spike, y él, con sus ojos, comunicó la misma duda.
¿Ahora que hago? Este escenario estaba fuera de cualquier posibilidad que tenía para el día de hoy, ¿Cómo podría ayudarlos?, pero, si los ayudaba, estaría perdiendo tiempo valioso para marcharme de Ponyville.
Debía decirles a todos ellos que no podía ayudarlos y buscar otra alternativa de viaje, pero un nudo figurativo en mi garganta evitaba que soltara esas palabras.
Espera, ¡sí podía hacer algo!, y podría solucionar dos problemas en una sola acción, pero odiaba tener que recurrir a ese método. Lo siento Celestia, pero tendré que abusar del poder que me concediste.
— Voy ayudarlos, pero necesito que me dejen pasar para hablar con aquellos guardias. — sonrieron y sin recibir protestas de nadie, ellos ayudaron para que todos despejaran un espacio suficiente para poder avanzar entre el muro equino — Spike, quédate aquí y cuida de las cosas. — Con una afirmación de su garra, mi pequeño asistente bajó de mi lomo y quitó las alforjas. Ahora que estaba libre de ese peso, pasar no era un problema.
Tal y como me habían dicho, cuando llegué, había varios guardias formando una muralla equina a los alrededores de la entrada de la estación con una cobertura de bloques de trigo.
Los ponis que aún estaban cerca, recibían gritos y empujones por parte de los que se suponían debían ser los guardianes de Ponyville. ¡Pero qué vergüenza que ellos estuvieran usando sus uniformes azules en contra del pueblo!
— ¡En el nombre de Celestia! ¡Espero que me den una buena explicación para que estén bloqueando la entrada! — Expresé con la voz más fuerte que mis cuerdas vocales pudieron aguantar.
Los últimos ponis se apartaron y me dejaron espacio para ponerme en frente de los guardias que aún se negaban a dejar su posición.
Un guardia pegaso, con un uniforme y sombrero más distintivo, se aproximó por entre la muralla de trigo, y aunque era notable su estatura, no me iba a intimidar, no cuando ya he enfrentado a colosales enemigos que le superaban en mucha escala.
— Princesa Twilight — Fue lo único que dijo.
— Lo voy a exigir una sola vez. Despejen la entrada y permitan la salida a todos nosotros en este instante.
— Princesa, con todo el respeto que usted se merece, tenemos órdenes de no dejar salir a ningún poni del pueblo bajo ninguna circunstancia.
— ¿Es que acaso no logras ver que todos quieren ponerse a salvo de la plaga? ¡Se supone que su deber es ayudarnos, no perjudicarnos!
— Y también nuestro deber es seguir las órdenes. Solo si la cumplimos, aseguramos el bienestar de Ponyville. — Lo que me dijo, fueron las palabras más hipócritas y sin coherencia dadas a la situación.
— ¿Asegurar el bienestar? —Apunté a todos los ponis que estaban atentos —Todos ellos están afectados por los síntomas del hongo. ¡Solo mírate! Estas desplumado por completo y tienes la nariz muy hinchada ¿y aun así me dices que no dejando pasar a nadie aseguras el bienestar común? —No me respondió — ¡Estas empeorando aún más todo de en vez de solucionarlo! — Aún no me respondieron y varios de los guardias comenzaron a desviar sus miradas de la mía, ¡esta era mi oportunidad! —Como princesa de la amistad, residenciada en Ponyville y bajo la tutela de la Princesa Celestia, te exijo… mejor dicho, ¡Les exijo a todos ustedes, guardias Ponyvillenses, que despejen la entrada de inmediato!
Aquellos uniformados comenzaron a murmullar y, todos a la vez, observaron al de mayor rango que aún esperaba su respuesta ante mi mandato.
— ¡Ya la oyeron, lárguense! — Algún poni de la multitud gritó y todos comenzaron a decir lo mismo, escupiendo el odio hacia los guardias.
Aquel pegaso se quitó su sombrero con sus desplumadas alas.
— Princesa, si me permite, necesito hablar con usted en privado — redujo su tono de voz. — Déjenla pasar solo a ella, y atentos para que nadie se pase de listo.
Los guardias delanteros se hicieron a un lado y dejaron un espacio minúsculo entre su cobertura.
No vacilé, y con esfuerzo, salté los bloques y entré a la estación.
En el fondo, cerca de las maquinarias, estaban los ponis operativos custodiados por más uniformados, y ese gigantesco y molesto pegaso estaba esperándome sentado en una de las bancas de la estación.
Me acerqué y me puse al frente, quedando justo de su tamaño.
— ¿Y bien? — Debí apuntarle con mi cuerno y utilizar algún hechizo contra él, pero no llegaría a ese extremo. No todavía.
Él suspiró y comenzó a frotar su nuca.
— No… no podemos obedecerte. — ¿cómo se atreve a decirme eso sin ni siquiera mirarme? — Desearía poder marcharme al igual que todos, pero debo seguir las órdenes.
— ¿Y entonces prefieres dejar que el Sternutatio Vesperum siga infectando a todos por seguir unas ordenes absurdas?
— ¡No es sólo por seguir ordenes princesa! — Se levantó de la banca, sobrepasando con facilidad mi estatura. Le apunté con mi cuerno — ¡En este momento, en los límites del pueblo, estamos siendo rodeados por una legión de pegasos y unicornios de la Guardia Imperial, y ellos van a evitar que ni usted, yo, o cualquier poni coloqué un casco fuera de Ponyville!
— ¿La…Guardia Imperial? — Sus palabras me empujaron y perdí el equilibrio — No… no te creo.
— Lo creas o no, fueron las ordenes de la alcaldesa, y estamos obligados a cumplirlas.
— ¡No te creo! — No podía ni siquiera quedarme quieta por esa noticia — ¡Es increíble que la alcaldesa los haya obligado a atentar contra sus propios habitantes! — apunté al pegaso con mi pata inflamada —. O me estas mintiendo, o ella los mintió a ustedes, porque jamás en mi vida y ni en mi conocimiento de historia ecuestre que la guardia imperial estuviera comprometida a rodear un pueblo entero, ¡es absurdo!
— Si piensas de ese modo, entonces habla personalmente con la alcaldesa y que ella misma te explique la situación de melena a cabeza.
— ¡Eso es lo que haré! Voy hablar con ella y espero que, cuando regrese, tú y todos tus guardias desalojen esta estación porque, si no, ¡juro que usaré hasta la mismísima magia prohibida para obligarlos a volar de aquí!
No di hincapié para continuar y galopé tan pronto a la salida antes de que me explotara alguna vena en mi cabeza. No tuve consideración en pasar por los guardias que obstaculizaban la entrada e ignoré los llamados de toda la multitud.
Empujé la puerta para ingresar a la alcaldía.
Estaba luchando contra mi propia agitación, esforzando más de lo normal mis vías respiratorias para poder ingresar aire por mi garganta. ¡Si tan solo pudiera utilizar mi magia para teletransportarme, no estuviera ahogada por galopar unas cuantas calles!
Las tantas venas ubicadas en mi cráneo querían reventar.
Por lo menos, el edificio estaba casi solitario si no fuera por la recepcionista, un alivio después de estar empalagada de tantos ponis.
— ¡Twilight! ¿Qué te pasó? ¿Por qué me volviste a dejar solo? — Spike acabó de entrar por la puerta con nuestras cosas.
— No puedo explicarte ahora Spike, tengo un asunto que hablar con la alcaldesa. Quédate aquí y espérame.
— ¿Pero…?
— ¡Que te quedes y no repliques! ¡¿Quieres?! ¡Ya estoy cansada de tus protestas! ¿Acaso es tan difícil que obedezcas o me ayudes? ¡Estoy pasando por un momento bastante estresante y no me estas ayudando en nada!
— ¡Solo estoy preocupado por ti! — Spike alzó tanto la voz que tuve el presentimiento que la recepcionista nos estaba observando. — Estas actuando rara, me regañas por cualquier cosa y… y estas siendo muy mala conmigo ¿Te hice algo malo?
¡Si, lo estas haciendo! Hasta mi ojo me está doliendo por tener que lidiar con todos estos contratiempos, ¡Y tu…!
Oh… Spike, por favor, no ahora, no utilices esos ojos tristes, no esos mismos ojos de cuando te crie desde que saliste de tu cascaron.
Estaba mal sentir esta amargura en mi corazón, Celestia me indicó que no debía tratarlo como un hijo, porque ciertamente no lo es y él tendría consecuencias en su crecimiento, pero esa tarea era imposible con esos ojos llorosos.
Era su madre, y sus lágrimas me lastimaban. Mis palabras eran como si yo lo hubiera lastimado físicamente, y yo recibí el doble de ese dolor por provocarlo.
No… No en este momento, ¡no quería recordar ese joven justo ahora!
La madre de aquel joven debía estar preocupada, sin saber que una terrible poni enterró a su pequeño bajo tierra.
Si yo fuera ella, si alguien me informara que Spike falleció y que lo habían enterrado…
Cubrí mi boca porque sentí ganas de vomitar.
¡Oh Celestia! No me imagino cómo te sentiste en los días posteriores al destierro de tu hermana, pero… tengo que avanzar, igual como tú lo hiciste. Diré la verdad cuando termine con todo. ¡Lo prometo! ¡No es momento de distraerme!
— No… no armes una escena ahora, Spike. Quédate quieto y… obedece. — Lo siento, pero no podía permitirme perder más tiempo.
Lo dejé y me acerqué hacia la recepcionista.
— Necesito reunirme con la alcaldesa Mare y pronto.
— Em… ¡achis!, disculpé...buenos días señorita princesa Twilight — Ella acabó, con lo que supuse, de usar la sonrisa más falsa que pude contemplar hasta el momento.
Pasó el tiempo y esa incomoda sonrisa estaba inflando cada vez más las venas de mi cabeza.
— ¿Y bien? — comencé a dar golpecitos al piso con mi casco — ¿Está la alcaldesa, o no?
— Pues…bueno… la alcaldesa si está, pero…— frotó uno de sus ojos que estaba muy enrojecido —, justo en este momento está muy atareada y no creo que tenga el tiempo para atenderte, así que ¿por qué no mejor y regresas más tarde? ¿O prefieres tomar asiento?
Sentí que la vena en mi cabeza explotó. ¡Al tártaro con tanto protocolo innecesario!
Avancé hacia la puerta de la oficina sin decir nada más.
— Es…Espera ¿Qué haces? Se que eres princesa, ¡pero no puedes pasar sin una autorización previa! — La escuché decir, pero la ignoré.
Abrí con fuerza la puerta de la oficina donde estaba la alcaldesa. Ella estaba rodeada de montones de papeles apilados en un fatal desorden, pero además de notar el gran caos de su melena entre pintada de magenta y gris, su rostro entero era más un cultivo de enrojecidos granos que cuero.
— ¡Princesa! —Exaltó.
— Necesito hablar con usted señora alcaldesa— Cerré la puerta de la oficina.
— Me apena decirte que no, pero estoy muy atareada en estos momentos…
— Entonces seré rápida. ¡¿Cómo es que les diste órdenes a los guardias para impedir la salida de todos?! ¡¿Y qué tiene que ver la guardia imperial en el perímetro de la villa?! — La alcaldesa se levantó de su silla.
— Pensé que ya estabas enterada del asunto…
— No, no estoy enterada, por eso ¡quiero respuestas y soluciones!
— No pienso atenderte mientras tengas esa actitud en mi oficina— volvió a sentarse sin quitarme sus ojos de los míos —. Puedes que seas la Princesa de la Amistad, pero en este momento te diriges a mí como la alcaldesa y representante de Ponyville.
— ¿Actitud? — Levanté mi ceja — ¡Mi actitud!, se debe a que estamos en medio de una plaga de hongos que no he conseguido una forma de erradicarla. Todos los pueblerinos están infectados y los síntomas son ahora más visibles y, posiblemente, peligrosos. ¡Mi actitud, señora alcaldesa!, es que tuve que ir y regresar por el peligroso Bosque Everfree para conseguir una solución y... — Reprimí las siguientes palabras que estuvieron a punto de resbalar por mi lengua porque, en ese momento y sin ninguna piedad, mi mente me ilustró al pequeño potrillo en el piso. — ... ¡Y todo fue en vano porque no encontré nada! ¡Y ahora que necesito viajar para proseguir con mis investigaciones, resulta que me enteré que ordenaste impedir la salida de todos!
— ¿Y tú no crees que tengo más derecho de comportarme grosera como lo estás haciendo conmigo? — volvió a incorporarse de su asiento articulando sus cascos con sus palabras — Yo sé muy bien que todos estamos afectados por ese hongo. Estoy hasta en la melena de amonestaciones de Clousdade porque estamos atrasados en el clima, ¿y cómo pedirles a nuestros pegasos que laboren cuando ninguno está en condiciones de volar? — Señaló todo el escritorio — para colmo, se acumuló demasiado papeleo porque ninguno de mis ayudantes quiso trabajar con esta crisis, ¡y por si esos ponis del cielo no tuvieran suficiente exprimiendo mis fondos con multas, ahora ellos nos catalogaron como riego biológico ante toda Equestria!
— ¿¡Riesgo bibliológico…!? — La nueva noticia hizo que sintiera los latidos de mi corazón en mi cuello.
— Estoy sumamente estresada, pero lo que te ruego es que tratemos de conservar la calma.
— ¡¿Cómo me pides que guarde la calma?! — cada vez era más difícil poder inhalar si quiera un poco de aire— ¡Me acabas de decir que estamos catalogados como amenaza biológica! Es…es… ¡no te creo! — mi cabeza estaba acumulando tanta presión por tratar de darle, aunque sea poco, ¡de coherencia a todo!
La alcaldesa puso sus cascos en la sien y se volvió a sentar.
— ¡Oh, santos henos, necesito una aspirina para mi cabeza! — Abrió una repisa de su escritorio y de él sacó una carta marrón. — Quizá esto te pueda dar mejor explicación de la que yo pueda ofrecerte Princesa.
Extendió la carta por el escritorio.
Tomé aquella carta con prisa. Justo en ella había dos sellos que reconocí. El primero era de Clousdade, y el segundo era el distintivo sello real, único y detallado, que sólo se estampaba en autorización de la suprema Princesa Celestia.
De toda mi vida que recibí cartas de la princesa por los informes, todas y cada una tenía el mismo sello que la carta que tengo, pero aun así tenía que verificar que no fuera una falsificación.
Verifiqué.
De nuevo verifiqué.
Otra vez verifiqué.
Cada marca, cada detalle y hasta el menor diámetro era correcto. Estaba en presencia de un auténtico sello de la realeza.
Me enfoqué ahora en el contenido, en lo que cada una de las palabras escritas quería comunicar.
Pero, al igual que pasó con el sello, tuve que verificar más de una vez que la información era autentica.
Punzada en mi cabeza, escalofrió por mi lomo, incesante temblor en mi ojo, garganta seca… todo lo padecí al mismo tiempo cuando releí la carta por última vez.
"Para la Alcaldesa Mayor Mare.
En los últimos días pasados se recibieron múltiples informes sobre una epidemia que está causando alergia crónica como principal sintomatología.
La ciudad de Tall Tale, Baltimore, el pueblo de Appleloosa e incluso la Capital Canterlot se vieron afectadas por los cargamentos de mercancía que se están exportando de Ponyville, además, se reportó que sus propios pueblerinos actúan como vectores de la infección por medio de esporas alojadas en el pelaje.
Debido a la fuerte evolución de los síntomas a corto plazo, la Organización Ecuestriana de Salud teme que puedan ser nocivos o mortales por tratarse de una infección desconocida.
Con la aprobación de la suprema autoridad de Canterlot, todo el pueblo de Ponyville, incluido sus habitantes, serán considerados de manera indefinida como Amenaza Biológica.
Nos comprometeremos, junto con la colaboración de Canterlot, de enviar sin demora suministros auxiliares, atención médica y un equipo de investigación. Por consiguiente, cese cualquier tráfico de mercancía y cierre cualquier vía de entrada y salida hasta que finalice la cuarentena.
Rogamos que siga las pautas mencionadas para evitar futuros inconvenientes en la armónica Equestria.
Se despide.
Organización Equestriana de Salud, Sede Principal, Clousdade. "
Ahora que lo pienso… ahora que tengo la oportunidad de parafrasear cada eventualidad del día, todo me pareció tan abrumadoramente divertido, que comencé a desahogarme con montones de risotadas mientras enrollaban con cuidado la carta y la dejé encina del escritorio, porque, para cada ocasión, ¡siempre tenía que ser ordenada!
— Princesa…
— ¡Se me ocurrió la mejor idea de todas! — Salté con bastante euforia mientras contraía mi diafragma por mis carcajadas — ¿Por qué no mejor creamos una réplica exacta de Ponyville? ¡Pero muy, muy lejos de aquí! Así la OES pensará que aún estamos en el viejo Ponyville y estarán ocupados mientras estamos todos felices y contentos en nuestra nueva Ponyville… Oh, espera, ¡tengo una idea mucho mejor!, si vamos a estar en cuarentena, ¡podemos pedirle a la Gran y Arrepentida Trixie que vuelva a levantar un campo de fuerza sobre Ponyville!
— ¿Qué clases de soluciones son esas? Estoy que me desmayo por el estrés, no encuentro mis pastillas ¿y ahora pretendes decir esas estupideces? ¿Acaso estas bien de la cabeza?
— ¡Oh, por supuesto que no estoy bien! — reí más de los que mis ojos pudieron aguantar. Pero cada vez iba perdiendo la razón de la gracia y comenzó a anudar todas las sensaciones amargas en mi garganta. — ¿Cómo puedo estar bien cuando algo como esto va a ocurrir en toda Ponyville? ¿Cómo puedes si quiera manejar esta noticia?
— Yo… solo no quiero que nada se salga de control más de que ya está. Por eso ordené que nadie saliera de Ponyville hasta que Clousdade haga su trabajo.
— Pero, aun así, siento que puedo solucionar todo esto, siento que puedo hacerlo solo si me dieras la oportunidad. Créeme, si viajo a Canterlot, podré hallar una solución y acabar con esta plaga antes que empeore.
— Princesa... —su tono de voz se escuchó más apagado y se volvió a sentar — tal vez esto sea mucho más grande de lo que puedas manejar, deberías mejor ir a refugiarte y descansar, te noto bastante afligida.
— ¡Por favor señora alcaldesa! —me acerqué a su escritorio —, sé que puedo. Si pude solucionar cualquier mal que se presentó en Ponyville y en Equestria, ¿porque no iba a poder con esta simple plaga de hongos?
"Por favor, por favor autoriza a los guardias para salir de una vez del pueblo. Necesito salir con urgencia. Necesito... escapar..."
— ¿Recuerdas la primera vez que nos ayudaste a empacar el invierno? — justo, en ese momento, mi mente quedó como una hoja vacía — Ese día, pensé por un momento que mi carrera terminaría, porque, por Celestia, nunca fui buena para organizar o ser organizada — soltó una breve risa y sonrió — Pero fue gracias a ti que pudimos salvar el inicio de la primavera y mi empleo, porque dejé que alguien más experimentada que yo me ofreciera su ayuda en ese momento. —dio un gran respiro, estornudó, y continuó — Sé muy bien de todas tus hazañas y de todas tus obras aquí en mi querida Ponyville, y ahora estoy tan acostumbrada a eso, que ya sé que cada problema que se me escapa de los cascos, estoy segura de que lo solucionaras. Pero este problema, este hongo misterioso, va mucho más allá de lo que usted, o yo, podríamos solucionar, y creo que es momento que no tomes más este tipo de responsabilidad y lo delegues a alguien que si pueda solucionarlo.
— ¿Estás queriendo decir que no haga nada? ¿Cómo puedes pensar de esa manera señora alcaldesa?
— Solo quiero que entiendas que, si sigues intentando sin éxito algo que no puedes solucionar, terminaras estresándote, y mucho, y sé que lo que digo puede sonar egoísta, pero en realidad es la búsqueda de un bien mayor para todos. Que la OES tome represarías de este asunto es lo mejor que nos pudiera pasar, así yo puedo quitarme un problema para poder solucionar otro que estoy segura que puedo hacer.
Estaba aguantando. Mis ojos estaban por derramar lágrimas, pero aguantaba con furia que eso pasara. Mis orejas temblaban y ya no fui capas de observar de frente a la alcaldesa.
— De verdad que no puedo ayudarte con tu demanda— continuó la alcaldesa — pero quiero que me entiendas Princesa. Yo también te considero una muy buena amiga, y de verdad no me gustaría que continuaras con esa agotadora responsabilidad que cargaste, me disgusta verte tan afligida y agotada. Por favor, ya hiciste mucho por mi pueblo, ve y descansa.
— Disculpé señora alcaldesa— la observé —, nosotras no somos amigas.
No hubo más palabras de parte de las dos, pero toda mi cabeza gritaba de furia y estaba ahogada de varios sentimientos cruzados a la vez. Nada tenía orden y coherencia en las fugaces imágenes que pasaban por mi cabeza. Recordaba un cruel acto, recortaba mis fallos con la cura, recordaba las caras afligidas de los ponis, recordaba las escaleras, recordaba la tierra y la tumba.
Salí de la oficina de la alcaldesa y me encontré con Spike.
Él no me saludó.
— Regresemos Spike, no vamos a Canterlot hoy…— Las palabras no salieron con fuerza.
Mi pequeño asistente colocó las alforjas a mis costados y él se subió a mi lomo.
Es cierto que no estaba de ánimos y cualquier respuesta era suficiente para empujar mi debilitada paciencia, pero Spike no dijo ni una palabra desde que salimos de la alcaldía.
Me detuve y lo observé. Esperé cualquier pregunta o comentario sarcástico, cualquier burla, ¡o lo que sea!, pero solo estaba con la cabeza baja y sus ojos delataban su melancolía.
— Spike… —Quería decirle más, que no era cierto todo lo que le dije, que yo era tan molesta como una mula, que yo fui cruel y que me perdonara, pero todas esas palabras se cortaron antes de que fueran pronunciadas.
Mis labios temblaron, y cuando deseaba que una lagrima resbalara por mi mejilla y fuera la que le dijera a Spike todo lo que no pude decirle, esa lagrima no se presentó.
Yo… de verdad… soy una terrible poni.
