2. Día de examen desastroso
—Otōsan ¡Mira! —el pequeño dedo de la niña señaló un grupo de luciérnagas que volaban sobre el campo abierto.
El hombre alzó la mirada con una sonrisa mansa, la naturaleza les brindaba una hermosa vista. Cuando no tenía ninguna misión, él y la pequeña Hotaru solían hacer pequeños viajes al bosque que no duraban más de dos o tres días, ahí el mayor se encargaba de enseñarle a su revoltosa hija todo lo que sabía para que algún día se convirtiera en una gran kunoichi y pudiera cuidarse a sí misma.
—Sí, son luciérnagas —le contestó el hombre absorto en el parpadeo de las luces de los insectos—. Ellas son como tú, Hotaru.
La niña se levantó del suelo y corrió hacia ellas tratando de capturar alguna. La melodiosa risa de su hija le hizo sonreír instantáneamente. Su padre le hablaba, pero su voz se iba haciendo cada vez más lejana e inaudible… sólo podía recordar sus afectuosas miradas y eso la llenó de toda la satisfacción.
Aquella noche la joven Hyūga tuvo sueños acogedores donde estaba con su padre en el bosque bajo la luz de luna llena, cientos de luciérnagas los rodeaban al compás del viento y la sinfonía de los encantadores sonidos de la noche. Esa hermosa imagen se fue difuminando hasta que hubo un punto en que sus pensamientos quedaron envueltos en un manto negro pero tibio del cual no quería apartarse.
—Hotaru...
Una voz lejana comenzó a llamarla, pero no le hizo mucho caso, se sentía muy bien donde estaba. Se sentía bastante tranquila y no tenía la preocupación de convertirse en shinobi.
—Hotaru...
—No molestes... —gruñó la muchacha tratando de quitarse las suaves manos que la movían.
—Hotaru...
En la insistencia hizo que la chica se enojara y como acto de reflejo lanzó un golpe al aire. Seguido de ello escuchó un grito. Hotaru se exaltó de inmediato al reconocer la voz. Cuando abrió los ojos se dio cuenta que había golpeado a Hinata en la nariz.
— ¡Hinata! —La chica no sabía qué hacer, sólo agitaba las manos frenéticamente mientras repetía sus disculpas atropelladamente — ¿Te encuentras bien?
La joven se levantó del suelo agarrándose la nariz enrojecida, movía una de sus manos indicándole que le restara importancia al asunto.
—L… lo siento... —le dijo Hinata retirando la mano de su pequeña nariz—. Ya es hora de que despiertes, sino se hará tarde.
—Oh... —articuló Hotaru sin emoción una vez que recordó lo que le aguardaba ese día en la academia, esa lamentable realidad le robaba la esperanza de tener buen inicio.
—¿C… cómo te fue ayer con mi padre...? —preguntó Hinata esta vez consternada mientras observaba algunos moratones que eran visibles sobre la pálida piel de Hotaru.
Definitivamente la mañana era para levantarse con el pie izquierdo con recuerdos tan poco placenteros. Tuvo un descanso tan acogedor y reparador que por poco olvida la desastrosa sesión de entrenamiento con el líder del clan Hyūga quien le dio la paliza de su vida la noche anterior. Pero no lo recordó tanto por los golpes en su cuerpo, más bien fue el gruñido proveniente de su estómago que la hizo doblarse en sí misma y sacar un quejido moribundo.
Ahora tenía un hambre de monstruo, de seguro no se saciaría a menos que comiera un buey.
Para desviar el foco de la tarde anterior Hotaru empezó a hablarle a Hinata de lo hambrienta que estaba, procuró no entrar en muchos en detalles para evitar preocuparla y también como forma de aceptación a la situación que afrontaba. Esa paliza ya formaba parte del pasado, o al menos así lo quería ver pues sabía que vendrían peores de parte de Hiashi Hyūga y tenía que prepararse mentalmente para seguir sobreviviendo.
Era extraño volver al comedor donde estaba toda la familia reunida tras faltar a una comida. Ellos sentados sobre sus rodillas en sus respectivos espacios, emanaba una seriedad y un silencio sepulcral que ni las chicharras se animaban a cantar para al menos dejarle saber que aún estaba en la tierra y no atrapada en alguna dimensión espiritual. Hotaru odiaba comer con la familia, aunque tuviera años con ellos jamás se acostumbró a esa atmósfera tan pesada y silenciosa que empeoraba ante la mirada reprobatoria de Hiashi al mínimo movimiento que hacía.
Ni siquiera dio los buenos días, automáticamente la pesada mirada de Hiashi se puso sobre ella, la cual a duras penas intentaba de ignorar.
Probablemente todos ya estaban enterados de lo que ocurrió en el dojō, por eso el motivo de esas penetrantes miradas mientras sobre ella mientras buscaba su lugar. Por un momento quiso imaginar que estaba sola, no le gustaba arruinarse las mañanas. En especial por un personaje del cual no deseaba ni verle las hebras del cabello, Neji.
El desprecio entre ambos era mutuo, ella lo odiaba a él por ser tan arrogante; y él en cambio, a pesar de ser un chico engreídamente tranquilo se aseguraba dejárselo más que claro cuando cruzaban sus miradas, o incluso cuando pasaban por el mismo pasillo tenía que al menos empujarla con el hombro.
Hotaru estaba mentalizada para tener un día tranquilo, aunque los pronósticos de la realidad no eran prometedores. Por ello, en cuanto se sentó junto a Hinata comenzó a engullir las sobras insípidas en silencio, procurando que ni se escuchara cuando masticaba para evitar algún tipo de reprimenda.
—El examen de graduación es hoy.
La pregunta hizo que la joven se atragantara con el arroz que apenas masticó ¡Vaya a forma de traer a colación temas complicados! Y para el colmo el hombre había metido a Hinata de por medio.
Como era de esperarse, el aura severa del líder intimidó a su hija haciendo que esta fuera tímida al dar su respuesta:
—S... sí...
—Creo que no hay que abundar mucho sobre ello, saben cuáles son las exceptivas sobre ustedes.
Hotaru no quiso mirarlo, pero supo que ese comentario estaba especialmente dirigido a ella. Hiashi no era hombre de eufemismos, decía las cosas tal cuales eran, pero no le apetecía hablar mucho. Deseaba evitar alterarse por cualquier subida del temperamento que lo pusiera de malas tal como la noche anterior en la cena que, apenas pudo tocar sus alimentos debido al enojo que aun sentía por la joven pelinegra.
—Sucesos han dado inestabilidades a la integridad de nuestro clan. Esta generación ha salido problemática y débil a diferencia de nuestros antecesores y este es su momento de que asuman la responsabilidad como miembros del clan Hyūga, enmienden sus errores y muestren ser dignos de la sangre que llevan. Es muy importante siempre enaltecer nuestro apellido, en especial cuando últimamente a algunos parece no importarles —la vieja Hokona finalizó sorbiendo del té verde que solía tomar religiosamente todas las mañanas. La mirada mirada cortante se dirigió brevemente a la joven pelinegra quien no tuvo necesidad de siquiera verla, sabía a la perfección que hablaba sobre ella.
En palabras de Hotaru, Hokona era una vieja intensa, desde hace mucho deseaba cantarle las cuatro verdades alto y fuerte, pero hacerlo sería considerado como pecado capital dentro el clan, Hokona era muy respetada, aún así tenía la esperanza de que llegara ese día.
El tiempo restante durante el desayuno pasó en medio de esa tensión sofocante, a cada bocado que la joven tragaba eran como piedras que caían en su estómago.
Con sólo pensar en el examen se le hacía un nudo en el estómago, era su segundo examen de graduación y sabía el gran peso que tenía en sus hombros, Hiashi no consentiría otro fracaso. Pero, aun así, las ganas de no presentarse eran más fuertes que provocar su furia nuevamente, creía que era mejor vivir en la calle... incluso estaba considerando pedirle a Naruto que le hiciera un espacio en su casa, a lo mejor no le molestaría.
El motivo por el que Hotaru reprobó el examen anterior no fue por falta de habilidades. Ese hecho sorprendió a muchos, Hotaru Hyūga fue una de las estudiantes más destacadas en la academia ninja junto a Neji, su punto fuerte era el taijutsu y podría decirse que en aquel entonces equiparaba en agilidad y talento al muchacho. Pero próximo al examen de graduación recibió una noticia nefasta, la muerte de su padre la destrozó y faltar al examen fue una de las formas en la que lidió con su dolor. Ese día simplemente vagó por los alrededores hasta el día siguiente, después Iruka-sensei se presentó su casa y allí tuvo soportar su largo sermón mientras Hiashi la perforaba con la mirada.
Hotaru no quería lidiar con ello nuevamente, esta renuente a convertirse en shinobi, después de todo no veía razón para hacerlo y con sólo pensar en ser uno la llenaba de un enojo inexplicable. Su lado rebelde estaba dispuesto a afrontar las consecuencias de lo que eso llevaría: ser expulsada del clan Hyūga. Conocía tan bien a Hiashi Hyūga que se adelantaría a su veredicto una vez se enterara que no presentó el examen nuevamente.
Tenía muy presente cada palabra que Hiashi le dijo la noche anterior y concluyó que si no era una hija digna para su padre tampoco sería una Hyūga.
Hotaru le pidió a Hinata que se adelantara a la academia, esta simplemente la miró preocupada a sabiendas de que su amiga estaba tramando algo. Pero calló cualquier comentario, Hotaru era demasiado obstinada y cuando se le metía hacer algo en la cabeza era imparable.
Antes de marcharse Hotaru pasó por su habitación, empacó algunas cosas en un bolso discreto para evitar cualquier tipo de mirada extraña. Se aseguró de dejar muchas de sus pertenencias, sabía que si llevaba muchas cosas con ella la primera en notarlo sería Hinata y quería evitar que la buscaran.
Justo cuando pensó que su plan iba a la perfección, aconteció que apareció la primera amenaza para su plan. En el pasillo vio a un desagradable personaje aproximándose en dirección contraria, Neji Hyūga.
Al verlo, ni se molestó en disimular su desagrado, puso cara de asco como si estuviera oliendo las heces de Akamaru. Trató de caminar lo más apartada posible, para evitar siquiera chocar con él, cosa imposible pues Neji la había puesto en su rango de visión, incluso veía la comisura de su labio extendido hacia arriba mostrando arrogancia.
Ella estaba decidida a no dejarse provocar por él, se mentalizaba para la situación que se avecinaba.
—Si te dice algo, no lo escuches... —se lo repetía una y otra vez como si se tratara de un conjuro para protegerse.
Cuando vio que el chico se detuvo justo pasando por su lado repitió esas palabras con más fuerza. Pero sin importar cuanto lo intentara, el genio de la familia Hyuga siempre tendría algo que la haría estallar.
—Por fin, ya era hora que te largaras...
Esas palabras la tomaron por sorpresa.
Ella se volvió hacia él con los ojos abiertos desmesuradamente mientras él la miraba con superioridad, y ahora ante su expresión, su sonrisa altanera se ensanchó mucho más.
—Eres tan predecible, Hotaru. Piensas en blanco y negro. Incluso cuando Hiashi se dé cuenta ni le sorprenderá saberlo.
Ella ahora frunció el ceño.
—Esa es la verdad, eres así. Pero a los débiles cobardes como tú siempre les es difícil aceptar su destino.
El desgraciado trataba de provocarla y estaba funcionando. Neji podría ser muy tranquilo, pero cuando se proponía a sacarla de quicio siempre tenía éxito. También se metía con Hinata, aunque con esta a veces prefería solo evitarla. Sabía que él guardaba mucho rencor en su corazón, en especial hacia ella quien era una total fracasada y estaba bajo la sombra de la rama principal.
—Creo que irte es lo mejor. Después de todo harás lo mismo del año pasado y reprobarás el examen, tu fracaso sólo traería más vergüenza a los Hyūga.
Hotaru tensó la mandíbula para canalizar su enojo. Ya estaba acostumbrada a recibir esa clase de comentarios de parte de Hiashi, pero que vinieran de alguien como él era inconcebible.
—Puede que mi destino sea ser una fracasada, pero siempre voy a ser mejor que tú ¿Sabes por qué, Neji? —ella vio como Neji se tensó en su lugar, él sabía a lo que se refería.
Imitó su sonrisa altanera mientras señalaba la frente donde estaba la marca de maldición de la familia Hyuga que él tenía bajo de su banda, pero curiosamente ella no.
Jamás había sacado a colación el tema a pesar de ser uno de los puntos débiles del genio. Hotaru no era tonta como para meterse con Neji, él era fuerte y sabía que su fuerza actual no igualaba la de él, así que siempre trató de mantenerse al margen con cualquier tema que pudiera suscitar a una pelea. Pero ella ya había alcanzado el punto donde no le importaba en absoluto echar a perder las delicadas paredes de la casa.
Como esperó, la reacción posterior de parte del muchacho fue violenta pues sin pensarlo siquiera la tomó bruscamente por el cuello y la estampó en la pared como si fuera una estampilla. Lo había hecho enojar tanto que su agarre firme temblaba, incluso había activado el Byakugan.
Ella sonrió con gratificación, ya llevaba mucho tiempo que queriendo decírselo y como no pensaba a volver se ahorraría protegerse de los intentos de homicidios.
Ahora sólo debía salir de esa situación ilesa.
—Si vuelves a decir eso, te mato... —masculló mientras apretaba al agarre sobre su cuello.
—Ya no me volverás a ver, no tienes que molestarte.
Aunque mal parada, Hotaru había ganado esa batalla. No pudo sonreír más grande ese día cuando vio la cara de fastidio en el Hyūga, había aplastado su orgullo como a una mosca. Por lo que no tuvo de otra que soltarla e irse gruñendo por lo bajo.
Tras salir del territorio de los Hyūga Hotaru se puso a saltar sobre los edificios de la aldea, matando el tiempo de allá para acá hasta que pasó el tiempo donde supuso que los exámenes habían terminado. Esperaba que a su amigo rubicundo le hubiese ido bien, últimamente se mostraba muy entusiasmado por convertirse en shinobi. Y pese a no compartir su entusiasmo admiraba la determinación que tenía, y al parecer tenía claro a dónde quería ir. Ella en cambio, después de autoexpulsarse del clan ni siquiera sabía dónde ir.
Ella iba en dirección a la academia, se lo imaginaba con la banda en la frente y una sonrisa llena de orgullo después de lo duro que había trabajado, con esa imagen en mente sonrió. Después de todo, tras toda esa torpeza y habladuría, conocía esa pasión que tenía por alcanzar su sueño.
Desde la latitud de un edificio bastante a la academia pudo observar la muchedumbre de estudiantes graduados y padres orgullosos, pero entre todos ellos no pudo ver a Naruto.
Frunció el ceño, eso no era buena señal. Siendo como era él estaría en medio de la multitud vociferando de alegría.
Le costó encontrarlo, estaba bajo la sombra de un árbol sobre un columpio con el semblante decaído, y sin la banda ninja que tanto deseaba. Hotaru sintió una punzada en el pecho absorbiendo el dolor que desprendía su enérgico amigo.
—Naruto…
Como respuesta, recibió la mirada del rubio quien al verla dibujó una expresión llena de sorpresa.
— ¿Qué pasó Hotaru? ¿Por qué no estuviste en el examen?
Ella se rascó la nuca.
—Bueno… es una larga historia. Pero veo que a ti no te ha ido bien ¿Por qué no vamos a otro lado y hablamos? No quiero que Iruka-sensei me vea por aquí... Pienso tomar esa invitación del otro día comer ramen. Yo invito.
Ella soltó una carcajada incómoda.
El rubio no dijo nada, sólo asintió con una débil sonrisa no muy propia de él. La chica se preocupó, Naruto se encontraba decaído. Pero no había nada que un buen tazón de ramen no pudiera arreglar.
Justo cuando los dos se preparaban para partir hacia Ichiraku, una tercera persona se les une. Hotaru sintió escalofríos al pesar que se trataba de Iruka-sensei, pero respiró aliviada al darse cuenta que era Mizuki-sensei.
—¿A dónde van jovencitos? —preguntó el mayor con una refrescante sonrisa.
—¡M… Mizuki-sensei! —y aunque no se tratara de Iruka, tampoco significaba que no podía preocuparse.
—Mizuki-sensei —habló Naruto esta vez—. Hotaru y yo vamos a Ichiraku ¿Sucede algo?
—Ya veo. Precisamente contigo quiero hablar, Naruto ¿Me lo prestas un momento, Hotaru-chan?
La joven asintió automáticamente mostrando preocupación en el rostro.
—No te preocupes. No le diré a Iruka que te vi por aquí —le dijo Mizuki guiñándole un ojo.
Así tan rápido como vino Mizuki partió con Naruto hacia algún lugar, mientras Hotaru se marchó no sin antes dejándole saber al rubio que lo esperaría en Ichiraku. Lo que Hotaru no sabía, es que en su intento de escapar de cierta persona ya estaba bajo el ojo de Iruka Umino y el tercer Hokage quien retuvo al maestro de ir a por la joven en cuanto la vio aparecerse.
—Debo hablar contigo, Iruka.
Tras una ráfaga de viento, maestro y Hogake terminaron en la oficina del Hokage. Allí, Hiruzen procedió a servirse un poco de té, indicando que iban a hablar largo y tendido.
El anciano invitó al joven maestro a tomar asiento en uno de los muebles mientras le extendía una taza de té el cual ni siquiera probó, la agarró por simple cortesía. Lo último que le apetecía era tomar algo, pero el calor que desprendía la taza entre sus manos lo ayudaba a relajarse un poco. Su cara mostraba lo agobiado que sentía, durante todo el día su mente giró en torno a sus dos estudiantes más problemáticos.
—Quiere hablarme de Naruto ¿No es cierto? —dijo el joven maestro más como una afirmación que una pregunta.
—En parte... —contestó el Hogake de forma inconclusa, despertando la curiosidad en el otro—. Sé que Naruto no es tu única preocupación.
—Sí... —le respondió el maestro al son de un suspiro agotado sobre el humo que desprendía el té—. También está Hotaru, no sé qué hacer con ella... Estoy pensando seriamente en que se le expulse de la academia.
—Reprobó el examen otra vez ¿Verdad?
—No sólo eso, ella no tiene ningún interés en convertirse en shinobi, falta el respeto a lo que implica ser un ninja y avergüenza a su familia. Ella no está a la altura de estar siquiera en la academia.
Hiruzen siguió observándolo, quería escuchar cada palabra salir de su boca.
—Su nivel de insolencia es incluso mayor a la de Naruto, y eso que ambos parecen ser muy amigos. Me preocupa que su actitud influencie la determinación de Naruto en seguir su camino...
—Entiendo lo que quieres decir, la actitud de Hotaru es preocupante pero tampoco es bueno precipitarse a los hechos.
Las calmadas palabras del Hokage llamaron profundamente la atención de Iruka.
— ¿La conoce bien, Lord Hokage?
—Algo así... —respondió el hombre pensativo, al parecer dentro de sí parecía estar reviviendo un recuerdo importante con relación a la muchacha, desafortunadamente Iruka no tendría la oportunidad de saber qué era lo que pasaba sobre su problemática estudiante—. Escucha bien Iruka, sé que tienes razones para preocuparte sobre Hotaru. Esa niña tiene una triste historia que tal vez nunca llegues a conocer porque me he encargado de que nadie la sepa por respeto a los deseos de su padre, una historia que ni ella misma conoce por su propio bien. Te puedo asegurar que el corazón de Hotaru no es malo, simplemente está perdida en el camino que debe seguir, ella no sabe aún cuál es así que no la apartes sin saber lo que debe hacer.
Aquellas palabras punzaron el pecho del maestro. Una luz se encendió dentro de su cabeza que a la vez tocó las fibras de su corazón, al instante un sentimiento de culpa lo invadió haciendo que su semblante decayera y así mismo su ánimo recriminándose por haber dicho tales palabras sobre ella... Y el fallo tan grande que había cometido como maestro.
—Qué tonto soy... Se supone que soy su maestro, pero me olvidé de lo más importante. No sólo enseño, debo guiar a mis estudiantes para que encuentren su camino ninja. Bajé tanto la guardia... Me concentré tanto en enseñarles a que aprendieran cada lección que olvidé asegurarme de que cada uno tuviera un camino qué seguir.
Hiruzen sonrió complacido al ver que el joven maestro había aprendido una gran lección.
—Por eso confío en ti para que hagas que Hotaru empiece a tener el enfoque correcto de lo que es ser un shinobi de verdad. Eres un gran maestro, sé que harás todo lo posible para ayudarla.
Iruka en respuesta soltó una risa algo apenado.
—Me halaga demasiado, Lord Hokage. No lo merezco.
—Acéptalo, muchacho.
—Entonces, en cuanto a la historia de Hotaru ¿A qué se refiere con eso?
El Hokage se tomó su tiempo para responder, el asunto era muy delicado y por respeto al padre de la joven, el cual era un shinobi excepcional, ese secreto quedó entre ellos. Sin embargo, Hiruzen Sarutobi realmente sólo tenía unas pinceladas sobre la situación.
Volviendo a esos días cuando el Hyūga después de casi un año sin dar señales de su misión regresó con un bebé en brazos alegando que era su hija. Estaba muy perturbado, le contó la situación sin dar muchos detalles sobre la madre de Hotaru. Le pidió de favor que no se incluyera en los registros de la niña ni el lugar de su nacimiento, y en caso de que le pasara algo a él, que se asegurara de que ella nunca dejase la aldea. Sin importar cuanto le insistiera hablar del asunto con más detalle le dijo que él solo debía cargar con su pecado. Él lo hizo así en caso de que ella quisiera saber más sobre sus orígenes no tendría ni la más mínima pista.
Pero Sarutobi no estaba de acuerdo con él, pues tarde o temprano las cosas salían a la luz, y con ese espíritu intrépido que aún dormía en su interior algún día sería una fuerza imparable cuando se propusiera a buscar respuestas.
—Una cosa sólo puedo decirte, nadie sabrá con exactitud la historia de Hotaru. Cuando llegue el momento sólo ella lo hará, y en sus manos quedará si hacer que otros la sepan en el futuro.
Iruka asintió, más resignado que complacido por la respuesta que le dio. Pero gracias a esa reunión con el Hokage sabría mejor como abordar la situación con ella sin llegar a los extremos de expulsarla.
Hiruzen se encontraba mirando hacia la nada, tenía una expresión relajada, parecía pensar en algo que lo hacía sentir con cierta satisfacción debido a la sonrisa apenas perceptible.
—Naruto y Hotaru... Interesante combinación. Su amistad con Naruto le hará mucho bien a la pequeña Hotaru.
Iruka sonrió, más para sí mismo burlándose por intentar terminar aquella amistad. Se comportó no muy diferente a aquellas personas que también menospreciaban al rubio, esta vez con Hotaru.
—De lo otro que quería hablarte era sobre Naruto...
Hotaru disfrutaba de un sabroso tazón del ramen de Ichiraku. Era lo mejor que le había sucedido en el día, ya llevaba su segundo tazón mientras escuchaba la historia del fracaso legendario del gran Naruto Uzumaki en el examen, su clon no sirvió ni para moverse.
Hotaru sabía que Naruto era un mal estudiante, pero la pasión que le ponía a las cosas y la luz que irradiaba en sus orbes azules no hacía más que en parte darle pena por lo sucedido, pero sabía que se recuperaría, él era fuerte. A pesar de eso, Naruto aún lucía triste ¿Qué palabras motivadoras podría decirle alguien como ella que no deseaba ser ninja?
Se lamió los labios grasientos después de haberse bebido el caldo del ramen y miró a su amigo. Ya había terminado de hablar y ahora la miraba apenado con aquellos ojos azules tan puros como el agua cristalina de un río.
Su pecho se encogió, no podía simplemente quedarse callada.
—Bueno, sabes que siempre serás bienvenido al club —dijo ella con una risa nerviosa. Se recriminó mentalmente pues ese no fue el mejor comentario que pudo haberle dicho ¿Por qué no un '¡Sé que lo lograrás en próximo año!' o algo por el estilo? Sí, Hotaru Hyūga por ese lado era la peor amiga que alguien pudiera tener.
Naruto sonrió con un halo de tristeza que la conmovió, no le gustaba verlo así.
—Es que deseaba mucho graduarme este año, de veras...
—Lamento mucho no entenderte —le expresó frustrada, apretando los bordes del tazón.
Después, ocurrió un pequeño silencio entre ambos. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Naruto volviera a abrir la boca para seguir con la conversación.
—Hay algo que no entiendo... Hotaru, vienes de una familia genial ¿Por qué no quieres ser ninja? Ni siquiera te he visto usando taijutsu.
Hotaru soltó un gran suspiro, no le gustaba hablar del tema.
—Es que... no sé —resopló—. Simplemente siento que no es mi lugar, no tengo ninguna a motivación o un sueño que seguir...
—Pues en ese caso ¡Quizás necesites encontrar tu propio camino ninja! —Exclamó el muchacho esta vez exaltado, se paró de su asiento extendiendo ambas manos al aire—. Tal vez necesites vivir una experiencia emocionante ¡Lanzarte de un precipicio o algo por el estilo! ¡De veras!
Ante la descabellada idea, ella rió con ganas.
—Ay... Naruto, ¿Te han dicho que eres muy gracioso?
La carcajada de Hotaru era suave, y dulce, esa reacción tan linda hizo que Naruto se sonrojara un poco y rascara su nuca acompañando a la chica en su risa.
—Ah, ya sabes... tengo un gran sentido del humor ¡De veras!
Entonces, ambos jóvenes comenzaron a reír otra vez. Algunos que pasaban los veían extrañados pensando que no había nada de qué reírse, en especial si se estaba con el niño del zorro de las nueve colas. Pero ignorante a la situación y toda una experta en pasar de los demás Hotaru disfrutó de unas carcajadas que nunca pensó que no tendría ese día.
—Oye Naruto, tengo que pedirte un favor... —Hotaru se revolvió incómoda en su asiento, estaba un avergonzada por lo que estaba a punto de pedirle—. ¿Podría quedarme unos días en tu casa?
¿¡EH!?
Aquella exaltación se escuchó en todo el vecindario, no le sorprendía esa reacción de Naruto en absoluto, aunque ambos fueran amigos no eran tan cercanos como para hacerse favores tan personales. Pero en vista la situación, la única persona con la que podía contar era Naruto Uzumaki.
—B...Bueno Hotaru... No es por ofender, pero ¿P... por qué? —el rubio le hablaba atropelladamente mientras se rascaba la nuca.
Ella suspiró.
—Es una historia complicada...
La respuesta cargada con un deje consternado hizo calmar un poco al muchacho, a juzgar por su cara debía ser muy importante para pedirle esa clase de favor. Naruto pocas cosas sabía sobre la vida de ella, pero sí era consciente que parecía llevar una vida complicada en su clan.
Viviendo en un mundo donde a gente lo despreciaba, su única amistad con Hotaru era una de las cosas que lo había salvado de sentirse demasiado solo.
—Está bien, te ayudaré.
La chica mostró una gran sonrisa, una linda y alegre sonrisa que nunca antes había visto en la calmada Hotaru. Ver eso en la muchacha de las sonrisas tranquilas era como ganarse la lotería.
Poco después se dirigieron hacia el apartamento de Naruto, en el trayecto no hablaron mucho. El nerviosismo que Naruto mostró en un principio volvió a aparecer, esta vez parecía más pensativo, cosa inusual en el extrovertido Uzumaki.
Por más que la chica se esforzara por entrar en su cabeza, no daba con el motivo por el cual de repente estaba así. Pero la respuesta era más simple de lo que ella imaginaba, él jamás había llevado a una chica a su casa, y aunque fuera despistado tenía una noción de lo que era dar una buena impresión a los demás.
Hotaru desvió la atención del chico por un momento y atisbó los alrededores, no recordaba haber pisado esa parte de la aldea. Era una porción muy poblada, donde quiera que veía no había otra cosa más que casas, y a lo lejos se podían apreciar los rostros Hokage. A ella le gustaba mucho ese monumento de la aldea porque le infundía mucho respeto y a su padre le gustaba. Lástima que desde el Clan Hyūga apenas eran visibles, allí todo estaba rodeado de imponentes árboles frondosos donde la visión de la poblada aldea era lejana.
Los cambios de ambiente eran buenos, por fin en su interior Hotaru sentía que en realidad estaba en la aldea oculta entre las hojas y no abandonada en un tétrico bosque donde vivía en tensión familiar a todo momento. Pero inmediatamente pensó en Hinata, le pesó imaginar lo preocupada que estaría una vez que se diera cuenta que no volvería esa noche ni en las siguientes.
Sacudió su cabeza para quitar los pensamientos recriminatorios que la acusaban de tomar decisión tan egoísta. A pesar de todo, ella sabía qué era lo mejor para ambas y el clan.
—Ya llegamos —anunció él tomando el pomo de la puerta mientras la miraba. En cambio, ella apenas despertaba de su ensoñación, todo este tiempo mientras pensaba estuvo en piloto automático, lo siguió sin siquiera darse cuenta.
Naruto se rascó la mejilla rayada con su dedo a lo que giraba el pomo con cierta duda.
— ¡Bienvenida a la casa más genial del mundo! ¡De veras! —seguido de ello saco una risa frenética que salió para ocultar los nervios.
Cuando Hotaru entró esquivando la espalda de Naruto, se encontró con un desastre. Típico de Naruto, no podía esperar más.
Lejos de molestarle, le resultó un hallazgo pues nunca había estado en la habitación de un chico, y más una como esta.
Pensando en los dormitorios de la familia Hyuga, las cuales eran tradicionales e insípidas hasta morir, el de Naruto era muy alegre, con una cama poco tradicional, paredes pintadas de amarillo y posters con ninjas y ramen. Simplemente acogedor y divertido, exceptuando por el desastre que había en la mesa de comedor donde la adornaban envases desechables de ramen que parecían estar ahí desde hace días y ya comenzaban a emanar un extraño hedor.
Ella no fue la única que lo notó, pues Naruto con sigilo, como si Hotaru no lo estuviera viendo, echaba los envases en la cesta de la basura la cual estaba en peor estado pues de la misma ya se asomaba comida olorosa por donde paseaban las repugnantes moscas.
Ella simplemente sonrió ante los esfuerzos de Naruto de burlar al ojo que todo lo ve.
—Veo que necesitas un poco de ayuda con la limpieza ¿No? —dijo la Hyuga lanzando su pequeña mochila al sillón y ató su sedoso cabello negro a una cola de caballo.
Naruto puso cara de no saber que decir y a cambio se puso a reír sin mucha emoción. Él no le gustaba limpiar, sólo lo hacía cuando era estrictamente necesario. En otras palabras, cuando se quedaba sin ropa limpia para salir y entonces se veía obligado a lavar unos cuantos pantalones y de paso poner en orden algunas cosas.
Ahora que Hotaru estaba con él la labor de limpiar su habitación fue grande, y sorprendentemente divertida. La chica en ningún momento se quejó de los olorosos pantalones desperdigados en el baño, de la comida caducada que todavía guardaba en el refrigerador, o cuando limpió debajo de su cama y de esta sacó sucios de tal vez toda su vida. Incluso cuando estuvieron lavando su ropa comenzaron una pelea absurda con agua que Naruto ganó tras una ola incontrolable de emoción y le lanzó el cubo con agua donde se limpiaron sus pantalones sucios de hace meses, esperando una paliza de parte de la joven esta sólo rió y le dio un amistoso golpe en el hombro.
Terminaron de los toques finales a la habitación casi al atardecer, pero disfrutaron tanto que apenas sintieron el tiempo pasar, sus cuerpos estaban cansados, y con un suspiro lleno de alivio chocaron sus puños victoriosos y fue cada uno por su lado a descansar.
Naruto se lanzó a la cama, y Hotaru se fue al baño a darse una ducha para quitarse cualquier residuo de agua olorosa.
Sin lugar a dudas esa fue la mejor tarde de su vida, con Naruto a su lado cualquier labor tediosa o trivial podría ser la más divertida de todas. Haciendo memoria, los pocos momentos que disfrutó tanto, todos ellos fueron en compañía de Naruto. Estaba feliz porque no había pensado en los problemas de su familia, ni la penetrante mirada de Hiashi o el insufrible de Neji.
Después de salir del baño tan fresca como una lechuga se ofreció a comprar la cena, por preferencia de Naruto sería ramen. Hotaru no era tan amante al ramen o hacia alguna comida en particular, a excepción de tener una pequeña manía con los dulces, en especial con los dangos siendo específicos cuando estaba en los días rojos.
Decía que siempre y cuando estuviera en un lugar tranquilo no le importaba comer lo mismo las tres veces al día.
Lo que ninguno de los dos nunca se imaginó es que tras esa experiencia su amistad iba a ser más estrecha. Una vez que el ramen instantáneo estuvo listo, se sentaron en el sofá mientras mantenían una amena conversación. Pero una vez que terminaron de comer y entraba la noche la conversación se tornó más profunda.
— ¿Qué hay de tus padres, Naruto?
—No los conocí, tengo entendido que murieron cuando era muy pequeño... No los recuerdo muy bien.
— ¿Pero sabes qué pasó con ellos?
Antes de responder, Naruto se rascó el mentó pensativo.
—Bueno, no estoy seguro. Como no tengo familia alguna nunca supe qué pasó con ellos.
— ¿Al menos sabes cómo lucen?
Naruto negó con la cabeza.
Ese detalle la contristó, era triste estar así de solo en el mundo sin saber quiénes fueron sus progenitores o sin tener conocimiento de algún familiar cercano y encima recibir el rechazo de otros sin razón aparente. Hotaru creía entender el dolor de su amigo, pero no se consideraba tan desdichada como él, al menos sabía que pertenecía a la familia Hyūga pese no llevarse muy bien con ellos, Hinata era como casi una hermana, tuvo un padre maravilloso que murió como un héroe pero... Ahí estaba, ese dolor y soledad.
— ¿Qué hay de ti, Hotaru? —Preguntó él con ojos irradiando curiosidad—. ¿Qué hay de tu familia?
Con sólo pensar en contestar la pregunta se le hizo un nudo en la garganta. No le gustaba hablar de su familia, por lo general evitaba esos temas con él, pero ahora entre la penumbra donde él se molestó en contarle sobre su vida consideró injusto permanecer callada.
—Al menos conocí a mi padre, él murió hace dos años.
El rostro de Naruto se descompuso, ahora la miraba reflejando el mismo dolor que ella mostraba en su rostro evitando encontrarse con sus ojos. Sus manos temblaban, luchaba por mantener sus lágrimas dentro mientras recordaba los lindos momentos que pasó con él.
— ¿Y tu madre?
—Pues qué te digo... nunca la conocí. De hecho, mi padre nunca habló de ella y tampoco me dio curiosidad saberlo. Mi vida en el clan por un lado y mi papá del otro, no tuve tiempo en pensar en ella.
Hotaru no había reparado en ese detalle antes. Desde pequeña siempre había visto a su padre, él siempre fue quien la abrazó en las noches de frío, incluso recordaba su voz al cantarle en las noches cuando solían dormir en el bosque, fue él mismo que le contó historias increíbles sobre shinobis. Sin darse cuenta de alguna forma su padre llenó aquel espacio, fue todo, tanto madre como padre, de manera que no necesitó una figura femenina para decir que tenía una madre.
Aunque le pareció raro que en ninguno de esos escenarios su padre le hablase sobre su madre, o hiciera un comentario sobre a ella, aunque sea uno pequeño. Tenía entendido que cuando las parejas tenían hijos era porque se amaban, o al menos quedaba algo de esa persona en ellos, pero en ese tiempo ni le mencionó si estaba viva o muerta. Nada. Ni un nombre.
Qué raro...
Su mente se desbordó en suposiciones sobre los motivos por el que su progenitor no le hablaría sobre su mamá. Comenzó a atar cabos, analizó el trato de la familia Hyūga, buscó cualquier cosa entre sus memorias que pudiera ser una posible explicación. Si ella no era deseada en el clan, no era a causa de su padre pues tenía la reputación de hombre respetable, sino por su madre, y quizás ese fuera el motivo por el que nunca le hablara de ella. Pero ¿Por qué? ¿Acaso no la amaba?
—Hotaru ¿Estás bien? —la voz del rubio la sacó de su abstracción, sus pensamientos la estaban alterando demasiado. Se dio cuenta que inconscientemente se estaba haciendo daño, sus uñas estaban a punto de penetrar la carne de su brazo de tan fuerte que era su frustración al no tener nada que le diera las respuestas que quería.
Respiró profundamente para guardar calma y miró hacia su amigo de ojos azules. De repente se preguntó de quién Naruto heredaría ojos tan bonitos.
— ¿A quién te pareces? —preguntó sin pensar.
El rubio puso un gesto de confusión.
— ¿De qué hablas?
—Ah, perdona. Me refería a quién te pareces de tus padres, pero recordé que no sabes cómo lucen... que tonta.
— ¡Uh, no! ¡Para nada! A veces he pensado en lo mismo. Puede que no conozca a mis padres, pero siempre me ha gustado pensar que me parezco a mi mamá. Sino ¿De dónde crees que viene este rostro tan atractivo?
Tras eso último ambos estallaron en carcajadas durante un rato.
— ¿Y tú Hotaru? ¿A quién te pareces?
—Pues, soy muy parecida a mi papá...
Naruto parpadeó sorprendido, eso no se lo esperaba.
Debía admitir que después de Sakura una de las chicas más lindas de la academia era Hotaru, tenía una piel tersa y facciones agraciadas que estaría muy lejos de pensar que eso lo heredaría de un hombre. A decir verdad, Naruto tenía su propia imagen sobre lo que era un hombre... Pero claro, los hombres en el clan Hyūga eran una gran excepción, ellos se llevaban el premio del pelo más sedoso y la piel más bonita.
Hotaru sonrió ante la mirada perpleja de Naruto.
En cierto punto de su conversación, Hotaru vio conveniente cambiar el tema.
—Me quedé pensando en lo que estuvimos hablando en Ichiraku, sobre lo del camino ninja... ¿Cuál es el tuyo? ¿No se supone que es todo lo mismo? Ser ninja implica seguir un camino lleno de sangre y sufrimiento, es lo mismo para todos. Pero cuando te veo hablar a ti ¿Por qué crees que en tu caso será diferente?
—Yo pienso que aunque tengamos que pasar por el mismo camino, cada persona tiene un sueño diferente que cumplir. Por ejemplo ¡Yo quiero convertirme en Hokage! ¡Para que todo el mundo algún día me deje de mirar mal! ¿Ves? Es diferente a lo que todos en la academia quieren.
—Es cierto —respondió la muchacha con una carcajada—. Es un gran camino ninja, de seguro serás un Hokage genial.
Esa noche duraron hasta tarde hablando sobre ello. Algo que sorprendió a nuestra protagonista es que ese día habló sobre el mundo ninja junto a Naruto, y por primera vez no se sentía abrumada al hacerlo.
Sin darse cuenta el sueño la venció y no supo nada más, de repente estaba disfrutando plácidamente de un sueño reparador. Pero entonces, le vino al pecho un mal presentimiento, esa sensación la levantó esa noche de súbito.
De su cuerpo emanaba sudor frío, cosa extraña porque no había tenido pesadillas. Incluso atisbó bien a su alrededor para asegurarse de que estaba en casa de Naruto y no fue parte de un sueño cruel que le jugaba su mente. Efectivamente estaba ahí, ella estaba durmiendo sobre el sofá donde ellos estuvieron hablando.
Se levantó y caminó en medio de la habitación, esperó a que sus ojos se ajustaran a la oscuridad. Por un momento no vio nada sospechoso hasta que observó la cama de Naruto vacía y ahí entendió que aquel horrible sentimiento podría tener sentido, en s circunstancias simplemente hubiera asumido que estaba en el cuarto de baño, le gustaría pensar eso, pero iba mal desde el momento que vio la cama del muchacho tan arreglada como la dejaron esa tarde mientras limpiaban.
¿A dónde fue a altas horas de la noche? Era casi media noche y toda la aldea estaba durmiendo, aun así se dispuso a buscar sus zapatos para encontrar a Naruto.
Estaba tan centrada que, tras escuchar un sonido proveniente de la ventana se sobresaltó e instintivamente dio un salto hacia atrás. Cuando vio la figura que se encontraba frente a la ventana del cuarto, sus ojos se abrieron de par en par. No esperaba toparse con alguien de esa forma, y mucho menos con esa persona.
