Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

II. Sobre cómo un baño apestoso, un extraño repulsivo y un caballero sobrio es demasiada mala suerte para una noche

Angielizz (Anbeth Coro)


Entró primero él al baño de hombres y lo seguí yo entre risas. Puede que no fuera tan guapo pero parecía atrevido, y me gustaban los hombres atrevidos. Significaban que estaban acostumbrados a citas de una noche y no llamar al día siguiente. Yo quería eso. Buen sexo sin obligaciones ni un desayuno desabrido por la mañana.

Comenzamos a besarnos contra la puerta de uno de los baños individuales. El lugar era asqueroso y apestaba un poco pero nunca había follado en este baño. He follado en otros baños, pero en este jamás. Así que sólo quería tacharlo de mi lista de lugares pendientes. Los treinta estaban a la vuelta de cuatro años y yo tenía ganas de vivir. De vivir y de follar.

El sujeto, a quien estaba segura de no haberle preguntado el nombre, agarró mi cuello mientras succionaba el lóbulo de mi oreja, apestaba a alcohol, pero estaba acostumbrada al olor rancio del sudor y al alcohol, que sólo apestara a alcohol estaba bien para mí. Intenté agarrarlo del cabello para profundizar el beso, pero agarró mi muñeca con su mano y luego también la otra con la misma. Su lengua era una invasora dentro de mi boca, parecía estar queriendo dominar todo el interior de mi cavidad bucal. Dejando su saliva alrededor de mis labios. Intenté retroceder, pero mi cabeza ya estaba contra la puerta. Negué con mi cabeza esperando que eso funcionara.

Tenía un feo tatuaje en el cuello, parecía una cachora o una serpiente, muy mal trabajo. Pero no importaba porque en poco tiempo no volvería a ver ese tatuaje.

—Quedate quieta —dijo besando mi cuello y bajando a mi escote.

—Mejor aquí no.

No era buen besador, aquí apestaba a orines y él apestaba a cerveza rancia. Toda mi diversión previa y excitación ahora estaba bajo el suelo.

—Va a gustarte —tenía mis dos manos sujetas con su mano y ahora las tenía por encima de mi cabeza, como si estuviera amarrada a la puerta, inmovilizándome. Intenté romper con su agarre pero solo conseguí que hiciera presión, lastimando mis muñecas y golpeando mis codos contra el metal de la pared.

—Dije que no.

—Nena, eso dicen siempre —sonreía como un imbécil que se cree galán de cine.

—No. Eso estoy diciéndotelo ahora —mi falta de excitación ahora era un aumento de enojo hacia el susodicho.

—Dame un minuto y te haré cambiar de parecer.

Volvió a meterme su lengua a la boca, mientras que con su otra mano buscaba debajo de mi vestido, me removí entre su cuerpo y la puerta. No quería. Nunca había estado en una situación como esta pero definitivamente no quería.

—Eres una niña mala, ¿no? —logré mover mi cabeza para poder hablar.

—Quitate.

Pero parecía o no entender lo que decía o prefería ignorarme. Maldito hijo de puta. Mantuve los ojos abiertos para demostrarle mi desagrado, pero el idiota los tenía cerrados como si hubiese algo que disfrutar de esto. Volvió a besarme, mordiendo mi lengua en el proceso, asqueroso e imbecil, su mano libre dejo el borde de mi falda y subió sobre la tela hacia mi cuerpo, dándole un duro apretón a mi pecho y yendo a mi cuello. Puso su mano alrededor de mi cuello como si pretendiera que afixiarme podría provocar placer cuando solo estaba lastimándome.

—Esto les gusta a todas.

A ninguna.

Forcejée contra él, pero estaba tan idiotizado creyendo que estaba dentro de algun libro de sadomasoquismo y que además lo estaba haciendo bien que parecía ignorar por completo mis quejas bajo su mano.

Lo siguiente que supe fue que alguien lo estaba separando bruscamente de mí.

Reconocería esos ojos donde fuera. Brillantes ojos oscuros que ahora miraban de manera asesina al idiota que me había estado besando, acaricié mis muñecas intentando hacer que pasara la incomodidad.

—Largo de aquí —el idiota ni siquiera se lo pensó cuando ya estaba saliendo a tropezones del baño. Me acerqué al lavabo para poner un poco de agua fría en mis muñecas. Luego me limpie la cara con agua esperando que eso fuera suficiente para el susto y talle mis labios contra mi mano con brusquedad intentando quitarme los rastros de ese…— ¿Qué crees que estás haciendo, Alice?

—No me hables como si fueras Edward.

—No te hablo como tu hermano —dijo gruñendo y cruzándose de brazos.

—Estaba divirtiéndome —respondí mirándolo a través del espejo.

—No parecías divertida.

—Pues no, porque ese idiota resulto ser un cerdo, pero lo tenía resuelto -mi voz sonaba tan molesta como me sentía en ese momento, aunque el rostro enojado de Jasper se mantenía intacto.

—Por supuesto que no.

—Jasper, no estoy de buen humor hoy.

Me iría a casa sin sexo. Eso no podía poner de buen humor a nadie.

—¿Vas a irte? —preguntó levantando su ceja.

—Todavía es temprano —era sábado por la noche.

—Salgamos de aquí.

No parecía estar a discusión ese punto.


Chan Chan, ¿qué les parece?