Me tardé mucho pero les traje de regalo de navidad un nuevo capítulo de esta historia. Aunque dudaba si publicarlo hoy o después de navidad, porque sinceramente, van a llorar. Ya casi termino mis cursos de invierno pero tengo un mega examen el 26. Avancé más en mi borrador y gracias a Sam pude armar un cap entero de esta historia. Pero de eso hablaré después. Mucho después.
Muchas gracias por sus felicitaciones de cumpleaños, me alegraron bastante.
Título: Miedo a la muerte
Capítulo: 7/27
Pareja: Dip
Canción: Who says de Selena Gómez (En lo personal nunca había oído una canción de ella, pero a falta de canciones y como esta expresaba bien los sentimientos y radicales cambios de humor de Pip decidí utilizarla)
POV: Damien
Dato curioso: Esta trama surgió cuando mi abuela estaba internada en Monterrey. En el hotel donde nos quedábamos había un balcón y cuando me asomé pensé ¿Qué pasaría si me arrojo desde aquí, desde el sexto piso? Pensé de inmediato en Pip y en lo difícil que ha sido su vida
De nuevo perdón si las hago llorar tan cerca de navidad, pero creo que merecen una actualización. Les recuerdo que ninguna historia tendrá un final triste, no me gusta hacer finales tristes.
South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 5: "Miedo a la muerte"
"Tienes derecho a tener una vida hermosa"
13 de Febrero del 2012
4:03 AM — Beijing, China (+8 UTC)
Damien Thorn era el peor psiquiatra del hospital, con todos sus casos fallidos. Todos y cada uno de sus pacientes muertos, por eso, cuando la doctora Danna le asignó ese caso supo que solo deseaba deshacerse de ese chico de una vez. No le molestaba ir de noche a ese departamento, solo le parecía demasiado raro. El expediente no decía nada acerca de la actividad nocturna del chico, tal vez a esa hora, con el sueño en su cuerpo los medicamentos le calmaban aún más. Recibió claras instrucciones, el chico no lastimaba a otros, solo a sí mismo; por eso no debía molestarle mucho. Era difícil hacerle hablar, le advirtieron que debía conformarse con movimientos de cabeza o monosílabos. Y por último que lo dejara solo cuando sus amigos, Jimmy y Timmy le visitaran ¿Amigos? ¿Cómo un suicida podía tener amigos? Eso lo averiguaría pronto.
Tocó la puerta hasta que una mujer le abrió, su nombre era Katy y su función, además de ser enfermera, era la mucama. Lo dejó pasar diciendo que a las seis les llevaría el desayuno. Dicho eso se hizo a un lado para que Damien pasara, para luego salir y cerrar la puerta por fuera. El anticristo no tenía miedo, pero estaba consciente de que grababan absolutamente dodo. El encargado de las cámaras, Ernest, no le quitaría los ojos de encima. Cuando entró al departamento le pareció normal, totalmente blanco, con pocos muebles, sin bordes filosos, se asomó a la cocina. Los cubiertos y la vajilla bajo llave. Solo les faltaba poner las paredes con material esponjoso.
Lo vio en la cama, mordiéndose el dedo. Cuando el chico alzó la mirada unas gotas de sangre mancharon las sábanas recién puestas. Se veía delgado, grandes ojeras, piel terriblemente pálida, cabello rubio que le ocultaba una parte de la cara; cicatrices en los brazos, cuelo y supuso también en las piernas. Pero no tenía la mirada perdida que supondría tener un potencial suicida, de hecho, se veía más vivo que cualquiera de los doctores que le atendían. Damien acercó una silla y se sentó viendo fijamente al chico que seguía hiriéndose, dejando caer la sangre gota a gota. Hasta que Damien habló.
— ¿No te duele? — No obtuvo ninguna respuesta, ni el mínimo rastro de haber sido escuchado — Mi nombre es Damien, seré tu nuevo doctor. Ahora, deja de infringirte daño y responde mi pregunta Philip
—Pip — soltó el chico rápidamente, a Thorn le tomó unos segundos entender que así le gustaba que le dijeran. Dejó sus cosas a un lado y se dedicó a verle
Sus ojos rojos se clavaron en el cuerpo del chico, grabando cada detalle de esa bata blanca y esa extraña forma de sentarse. Un pie oculto por la bata y el otro doblado de una forma extraña, como si deseara quebrarse una pierna. En cambio, Pip no sentía ningún dolor, el sufrimiento en su pecho era tan poderoso que el dolor físico no se comparaba. Sus ojos azules analizaban la clase de doctor que tendría ahora; sin duda se veía más siniestro, pero nunca lograría curarle. A menos que le matara en ese preciso momento.
—Tus ojos son rojos — dijo Pip dejando de morderse, apoyándose con esa mano en la cama — eso no es normal — continuó sentándose en la orilla de la cama
—Querer quitarse la vida tampoco es normal, Pip — contestó el anticristo
Ese comentario enmudeció al rubio. Pip se dedicó a ver el piso y mover los pies descalzos de un lado a otro. Damien alcanzó a ver las cortaduras en sus piernas ¿Maniático? No ¿Depresivo? Quizás ¿Obsesivo-compulsivo? Tampoco cuadraba ¿Personalidad límite, disociativa? Parecía estar en contacto directo con la realidad, su mirada no estaba tan desubicada. No era esquizofrenia. Psicosis. Entonces solo se trataba de un chico neurótico, tal vez estrés o un trauma. Seguramente era eso. Su trabajo se complicó, tendría que ubicar el trauma para luego ejercer presión sobre él. Sus medicamentos solo eran calmantes y dudaba que si no los tomara se alocara. Su carácter se veía tranquilo. A excepción de esos impulsos suicidas ¿Cómo es que alguien era incapaz de tenerle miedo a la muerte? La base de nuestros miedos es esa. Sin ese miedo somos capaces de hacer cualquier cosa. Pero una cosa es del miedo a la tolerancia, como muchas personas pasan. Y otra del miedo al deseo, pues hay más trecho.
— ¿Por qué no me hablas de ti, Pip? — preguntó Damien sin obtener respuesta
El anticristo comenzaba a desesperarse, pensó que dejando pasar unos minutos podría obtener una respuesta. Philip se levantó y se asomó por la ventana, los edificios brillaban a la luz artificial de la ciudad. Colores rojos, azules, amarillos dominaba los escaparates de miles de tiendas. Puntos azules en las ventanas de las otras personas. De quienes si eran normales y llevaban una vida común y corriente. Pip soltó un suspiro, volviendo a morder su dedo, la sangre ahora cayó al suelo. Damien se exasperaba cada vez más, sabía que Philip lo escuchaba pero le ignoraba. Odiaba tratar con traumados, le era más sencillo entenderse con quienes habían perdido por completo la cabeza, con ellos no tenía necesidad de ocultar su verdadera identidad. Se presentaba como el anticristo y ni se inmutaban. Incluso llegaban a sonreírle, sabiendo que la hora de su muerte se acercaba. Se levantó de su asiento y se detuvo frente a Pip, el chico reaccionó mal, haciéndose hacia atrás con mucho miedo, dejando un rastro rojo. Damien lo tomó de los brazos.
—Tranquilo, Pip. Solo quiero hablar contigo ¿Hay alguna forma de lograrlo?
Pip parpadeó unos segundos, ningún otro psiquiatra había sido capaz de preguntarle esas cosas. Pero si había algo, miró las cámaras que ahí había. Damien se dio cuenta de lo que intentaba decirle. Buscó su teléfono y le habló a Ernest.
—Desactiva las cámaras — fue directo el anticristo, causando conmoción
—Eso es imposible — alegó Ernest — la doctora Danna me dijo que por ningún motivo…
—La doctora me dijo que tratara a Pip y si desea que lo haga aceptará que se desactiven las cámaras. A menos que desees perder tu empleo por entorpecer mi trabajo
El anciano vigilante y experto en las cámaras de vigilancia desactivó todos los circuitos. Apagándose los focos rojos que eran como molestos ojos de moscas para Philip. Recibiría una reprimenda, pero prefería mil veces que fuera de Danna que del médico que tenía fama de matar a todas las personas que se le acercaban. Damien colgó y volteó a ver al chico rubio. Jamás había visto un rastro de felicidad en el rostro de un suicida. Pero la sonrisa de Pip era tan grande que dejaba ver su blanca y perfecta dentadura. Respiró profundamente, como si el aire se hubiese purificado al estar sin vigilancia. Lamió la poca sangre que salía de su dedo y se acercó a su doctor, dando ligeros saltos. Sin provocar el menor ruido en la alfombra. Le dio un abrazo y luego comenzó a dar piruetas en la sala. La boca de Damien estaba abierta, ese era el caso más contradictorio de su carrera.
—Me sentía tan oprimido — dijo Pip como si fuera un chico normal — estoy cansado de que me vean en cada instante. Ernest tiene una extraña fijación por mí. Incluso en el baño hay cámaras ¿No tengo derecho a la privacidad?
—Cuando dejes de ser un "Enfermo mental" lo tendrás — respondió Damien
—No estoy enfermo — contestó Philip — solo deseo morir. Desangrarme o arrojarme de esa ventana, cortarme el cuello, asfixiarme, incendiarme
Ahora sí hablaba como un desequilibrado. Pip se sentó en el blanco sillón, el pelinegro le acompañó a los pocos segundos. Tendría que llegar a entender su mente antes de tratar de ayudarle a morir. Tal vez era un trastorno bipolar. Un momento de euforia y luego otro de depresión. Pero si de verdad fuera algo que pudiera detectarse y tratarse no lo habrían mandado ahí. Tomó la mano izquierda de Pip rápidamente, viendo la profunda herida que era capaz de hacerse con los simples colmillos humanos. Pip apartó su mano de inmediato, sintiéndose intimidado. Damien se disculpó de inmediato. Incluso el aspecto del chico había cambiado. La luz comenzaba a colarse por las ventanas.
—Adoro el amanecer — dijo él parándose — es tan hermoso, es una promesa
Damien ladeó la cabeza. Pip pensó un poco más, buscando las palabras exactas para expresar lo que en realidad sentía. Se rascó la cabeza hasta chasquear los dedos en actitud de triunfo. Se despejó la garganta.
—Es una promesa, una manera de decir "He vuelto como lo prometí"
— ¿Quién ha vuelto? — preguntó el anticristo comenzando a entender el trauma
—El sol — respondió Philip inocentemente. Extendió su bata como si se trata de un vestido. Riendo y girando de nuevo. Damien miró el reloj, el tiempo se acaba. Sabía que Philip era un devoto católico inglés, así que trataría con una técnica que suele desanimar a cualquiera del suicidio
Puso una mano en su hombro, de nuevo el chico retrocedió. Damien imitó sus movimientos, su temblor, temor, como si se tratara de un espejo, pronto volvió a escuchar la risa.
— ¿No le temes al infierno? — inquirió más como amigo que como doctor
Pip detuvo sus piruetas, miró el piso unos segundos antes de negar fervientemente con la cabeza, una y otra vez. Como si deseara apartar alguna música o molesto insecto que andaba cerca de su cara. Damien supuso que el insecto era él y sus preguntas. Al preguntarle el por qué Pip volvió a ver por la ventana el lento despertar de la gente. Las personas que salen a trabajar, con el sol todavía oculto. Puso su mano en el plástico y lo empujó con fuerza. Damien tuvo que apartarlo a la fuerza. Pip le lanzó una mordida, gruñendo como un animal. Eso era común con los demonios, pero ese chico se veía tan angelical. Quiso darse contra una pared, pero Damien lo detuvo tomándolo de las dos muñecas. Pip pataleó con todas sus fuerzas. "Solo desea provocarte para que lo mates" se decía Damien controlando las ganas de quemarlo ahí mismo.
—Me niego a ir al cielo — dijo Pip finalmente, relajando los músculos — yo no iré a ese lugar ¡Simplemente prefiero arder en el fuego eterno!
Damien volvió a sorprenderse. No hablaba de pactos con el oscuro, de esos puestos imaginarios que los humanos creen obtener al unirse al satanismo. Era el más puro deseo de sufrir eternamente. Incluso él sintió miedo. Pip volvió a morderse el dedo, dejando otro rastro de sangre a su paso. Caminando en círculos como si recordara algo, tenía los ojos abiertos como platos, negando y cubriéndose un oído y la boca con la otra mano. Hablando en chino una y otra vez. Estaba en trance, Damien lo sacudió y hasta se vio obligado a darle una bofetada antes de que el chico volviera lentamente a su realidad. Esbozando otra extraña sonrisa. Se giró hacia la puerta, sumamente ansioso.
—Solo soy una mierda de Dios. El error, la imperfección, lo que no debió ser
La puerta se abrió. Katy traía a dos chicos de la edad de Pip, uno con dos muletas metálicas y el otro en una silla de ruedas. Damien apretó la mandíbula, sabía lo que eso significaba, esperar en el pasillo. Tomó sus cosas y estaba por salir de la casa cuando Pip suplicó mantener apagadas las cámaras. El pelinegro se negó, diciendo que solo cuando él estuviera en el apartamento se apagarían las cámaras. El peso volvió a los hombros del rubio. Sintiendo los ojos de moscas. Damien sabía que esa condición le beneficiaba, Philip podría agarrarle cariño por ese privilegio.
— ¿C-Cómo e-estás P-P-Pip? — preguntó Jimmy de forma muy alegre
—Mátame — respondió el chico de rubios cabellos — mátame Jimmy, por favor
—A-ayer d-diseccionamos u-una r-r-rana ¿Verdad Ti-Tim? — el chico de la silla gritó "Timmy"
—Ábreme como a esa puta rana y mátame — respondió Philip llorando
Jimmy y Timmy eran viejos amigos de Pip, habían estado juntos en la primaria, luego Philip se mudó a Beijing con su familia y al iniciar sus impulsos suicidas los habían transferido a China para ayudar en el tratamiento de su amigo. Su misión era simple, hablar con él, no dejar que abandonara la realidad. Algunos días Philip reía y bromeaba con ellos, dejando de hacerse daño un rato, en cambio otros solo les pedía que lo mataran. Este era uno de esos días. Cuando eso pasaba los dos discapacitados tenían instrucciones de ignorar esos comentarios y seguir con otro tema. Buscando la risa o reacción positiva que en el fondo sabían no obtendrían, al menos no hoy.
— ¡Mierda! ¡Mátame! — gritó Philip tomando a Jimmy del cuello
Timmy soltó unos pequeños gritos, repitiendo una y otra vez su nombre.
—C-claro que P-Pip p-p-puede ir a-al museo. S-Solo deben f-fir-firmarle el p-permiso Tim — dijo el discapacitado ignorando al rubio
Entonces Philip guardó silencio el resto de la visita. No obtendría la muerte por más que se los pidiera. Le contestarían con esas respuestas idiotas. Prefería golpearse en la mesa hasta desmayarse a seguir oyendo sus comentarios. Y justo eso fue lo que hizo a los pocos minutos, haciendo que los discapacitados tuvieran que salir del departamento inmediatamente. Solo lograron ponerlo peor.
"¿Quién dice? ¿Quién dice que no eres perfecto?"
Jimmy y Timmy salían del departamento con miedo en los ojos, la imagen de Pip golpeándose con tanta fuerza fue demasiado. Entonces se encontraron con el psiquiatra en el pasillo, esperándoles pacientemente, Damien se presentó. Les dijo que haría lo posible para mejorar el estado de Pip pero que para lograrlo necesitaría que le dijeran alguna información sobre su amistad con el chico.
—C-Conocemos a P-Pip d-d-desde j-jardín de niños — tartamudeó Jimmy — a-antes d-de que s-se m-m-mudara a Beijing. C-Cuando ingresó a-al manicomio n-nos t-transfirieron de e-escuela p-para estar c-con él
— ¿Es el mismo Pip o lo notaron demasiado diferente a como lo recordaban?
—C-Cuando ríe y j-juega es el m-m-mismo, solo… — hizo una pausa, dejando que Timmy soltara unos gritos y luego suspirara — a-ahora s-solo q-quiere m-morir
— ¿Por qué? Eso es lo que no entiendo ¿Por qué desea morirse?
Jimmy se puso nervioso, tartamudeando tanto que no se le entendía nada. Timmy desvió la mirada, alejando su silla del pelinegro. Jimmy lo siguió sin dejar de tartamudear. Damien lo detuvo, no dejaría escapar su oportunidad de saber el trauma de Philip. El chico castaño intentó soltarse, sin ningún éxito.
—N-No puedo d-d-decirlo — logró articular empujando al psiquiatra
Damien abrió los ojos de par en par, era justo lo que pensaba, esos chicos estaban amenazados. Pero ¿Por quién? ¿Por la persona que le causó el trauma a Pip? ¿Por alguien más? La visita de los chicos discapacitados más que aclarar, fue una forma de confundir más al pobre de Damien. Katy apareció en el pasillo con un carrito con dos charolas. Thorn seguía en shock, bloqueando el acceso a la mujer. Katy tosió un poco, sin resultados.
—Señor Thorn — dijo primero despacio — Señor Thorn, les traigo el desayuno
Damien reaccionó cuando Katy le sacudió un poco el brazo, se hizo a un lado, dejando que la mucama entrara. Pip tenía un golpe muy fuerte en la frente y éste sangraba ligeramente; estaba sentado con ambas piernas cruzadas en una de las sillas del comedor. Damien se sentó frente a él, mientras Katy abría la caja con los cubiertos y le entregaba solo la pequeña cuchara. Huevo, fruta y una rebanada de pan, era el desayuno del día. Pip movió la fruta de un lado al otro del plato hasta que Katy salió y las cámaras volvieron a apagarse. Entonces la alegría volvió a su rostro, tomó su servilleta y limpió la herida que se hizo en la frente.
— ¿Siempre quisiste ser psiquiatra? — Inquirió Pip — ¿O te obligaron a serlo?
—Fue la única carrera que logré terminar — admitió Damien — reprobé las otras, ingeniería, leyes, dibujo, música. Además que mi padre siempre quiso que lo fuera
Pip le dedicó tora sonrisa, apoyando ambos codos en la mesa. Muy curioso. Dejó descansar su cabeza en las manos y le hizo otras preguntas. Le preguntó de su vida en el manicomio, como era ser el doctor y no el paciente; sobre su motivo para estar en Beijing. Damien le contestó cada una de ellas, haciendo énfasis en su estadía en China. Dijo que su padre se había cansado de la vida sedentaria y que durante su adolescencia viajaron por varios países, pero a Damien el único lugar que de verdad le gustó fue la gran República Popular de China, sobre todo su colorida capital. Le gustó el idioma aunque nunca logró aprenderlo por completo. Philip dijo algo en chino, bastante alegre.
—Cuando vives mucho tiempo aquí lo aprendes porque lo aprendes
Pip dobló su cuchara, rompiéndola por la mitad, dejando una punta muy filosa. Damien se la quitó de inmediato, Pip hizo un pequeño puchero, para luego volver a reír. Al ver el reloj se puso de pie sin haber probado ni un solo bocado. Se le hacía tarde para la escuela. Pip abrió la regadera y se quitó la bata, el agua estaba helada; pero de nuevo, eso su cuerpo no lo sentía. Damien le acercó su uniforme rojo y se llevó la bata.
— ¿Me acompañarás a la escuela? — preguntó Pip desde el baño
— ¿Quieres que te acompañe? — se sorprendió el anticristo
—Tú si me agradas — fue lo único que respondió el inglés
Damien POV
¿Agradarle? ¿Qué quería decir con agradarle? Sabía que era un enfermo mental, no hay que hacerle mucho caso, la mitad de las cosas que dice son un delirio, pero esa forma de estar en contacto con la realidad. Todo lo que decía era enserio. Desde el deseo tan profundo de morir hasta esas pequeñas muestras de agrado. No pude evitar sonreír al escucharle decirme eso, era el primer psiquiatra que lograba ese cariño, un momento, ¿No se supone que eso es dañino? La relación paciente-médico no puede mezclarse con mis propios sentimientos ¿Cuáles sentimientos? Yo soy el anticristo, no puedo, no debo tener la mínimo muestra de emociones humanas. Solo te causan problemas, si no, miren al marica de mi padre y a los miles de padrastros que ya he tenido.
Regresé a la sala, escuchando la regadera con claridad, asomándome por la ventana. El sol salía por las montañas y los ruidos matutinos llegaban a mis oídos. Millones de personas en un espacio tan reducido y podían llamar hogar a ese lugar. Jamás despreciaré esa capacidad de adaptarse de los humanos, por eso son la especie dominante. Aunque eran tan autodestructivos, si no miren a Pip, con tantas cicatrices y maltratos a su cuerpo. Dejé de escuchar el agua caer, asomándome para vigilarlo. Era capaz de asfixiarse con alguna de las prendas del uniforme. Pude ver su blanca espalda, con cortaduras aquí y allá. Me sonrojé, encontraba excitante esa escena. De inmediato me reprimí a mí mismo, un chico no piensa eso de otro chico, un médico no puede excitarse con un paciente.
—Damien — escuché su angelical voz decir mi nombre, sentí una alegría tan inmensa que es imposible de describir — Damien — volvió a decirme
Me acerqué a su cuarto, traía puesta una camisa blanca y un pantalón negro con zapatos sin cintas para que no fuera a atentar contra su vida. Traía un moño, también rojo, en las manos. Me pidió ayuda para ponérselo yo tuve que esforzarme para no denotar mi temblor mientras le colocaba dicha prenda. Vi un sombrero café en la cama. Eso no era parte del uniforme.
— ¿Por qué usas ese gorro? — le pregunté tomando el objetivo, viéndolo de cerca
—Por dos razones — contestó el entristeciéndose — fue un regalo y así Dios no podría seguirme. Jamás permitiré que un padre me vuelva a tocar mi cabeza
Pip se acercó a un librero, tomando sus cuadernos y libros, metiéndolos a una pequeña mochila café. Se detuvo viendo uno exactamente, no comprendía ninguno de los símbolos ahí escritos, excepto por algunos en la portada. Me acerqué y lo contemplé junto con él.
—Era cierto lo que decían, las matemáticas son iguales aquí y en China
Cometí un error, me dejé llevar por las sensaciones de mi cuerpo, por ese incontrolable deseo de abrazarlo para que nada malo fuera a pasarle o a hacerse el mismo. Correspondió a mi abrazo con delicadeza, mi corazón latía con inmensa fuerza, el aroma de su cabello recién lavado empezaba a embriagarme. Sonreí sin proponérmelo, deseando detener ese instante por siempre. Escuché pasos pero me parecieron lejanos. Pip se movió, sin soltar mis brazos. Ernest se detuvo frente a nosotros. Le miré unos segundos antes de comprender por completo mi situación. Abrazaba a mi paciente por la espalda y él me correspondía con una inmensa sonrisa. Me separé demasiado tarde como para ocultar mis verdaderas intenciones.
—Se me hace tarde ¿Verdad? — dijo Pip poniéndose la mochila en el hombro
Me tomó de la muñeca y ambos salimos corriendo del departamento, dejando atrás a un asustado Ernest. Creo que debería olvidarme de ese empleo, la doctora Danna jamás permitiría ese tipo de relaciones en su manicomio, perdón, quise decir, su hospital mental. El día era brillante y ninguna nube turbaba la perfección azul del cielo. Pip iba del lado de las casas y yo de la calle, no dudaba que fuera capaz de lanzarse a un auto con tal de morir. Tarareaba una canción y caminaba siguiendo un adorno rojo en el piso, como si fuera un modelo en una pasarela, ambos brazos extendidos a los lados, riendo, con el cabello elevándose por el viento. Todo él era hermoso. Sería un crimen cortar una rosa tan perfecta. Unos chicos con el mismo uniforme de Pip la veían y susurraban entre ellos, sin dejar de ver las marcas en su rostro de las cortaduras que se habían hecho. La más notable de todas era una que iba desde la oreja derecha hasta el cuello, pero eso era difícil de notar, porque su cabello rubio la ocultaba en su mayoría. Miré con odio a esos chicos quienes se estremecieron al sentir mi mirada e incluso dieron un paso hacia atrás, asustados por mis ojos rojos. Pero Pip parecía no notar absolutamente nada, seguía con su tranquilo caminar y con su rostro siempre radiante.
— ¿No tienes frío Pip? — Dije al ver que el chico se quitaba la chaqueta roja de su uniforme, casi podía nevar en ese instante y la camisa blanca era demasiado delgada para abrigarle — puedes enfermarte
—Eso es lo que deseo, que me de hipotermia y muera en unos cuantos días
Suspiré y le coloqué de nuevo la chaqueta, cerrándola hasta el cuello. Pip vio su escuela a lo lejos y comenzó a caminar más despacio. Tuve que comenzar a empujarlo para que avanzara. Los chicos que se le habían quedado viendo a Pip no rebasaron con el miedo impregnado en sus almas. Se lo merecían, Philip sufría internamente lo suficiente como para soportar eso.
— ¿Vendrás por mi también? — me preguntó Philip en la puerta de su escuela
Los alumnos, los padres e incluso los maestros volteaban a verme, quizás era la primera vez que veían a mi amado con alguien que se veía normal. Un segundo ¿Dije mi amado? Por Dios Damien, en unos días él estará muerto y tú continuarás con tu vida de psiquiatra. Esperaba una respuesta. Solo pude susurrarle un tímido "Sí", antes de verlo perderse en esas puertas. Entonces recordé a los dos chicos discapacitados, eran amenazados, necesitaba averiguar algo más de Pip. Su expediente solo mencionaba su condición médica desde su llegada a ese manicomio. Nada de su familia. Averiguaré más de su vida. Regresé a mi oficina más confundido que nunca, más no por mi paciente, si no por mí mismo y mis absurdos sentimientos.
La oficina de Danna resguarda todos los expedientes completos, datos familiares, entrevistas con amigos, prácticamente es un libro de tu vida que cualquiera puede leer y comprenderte y conocerte de inmediato. Su oficina siempre está cerrada pero al ser el anticristo tengo el derecho de uno que otro poder ¿No creen? El lugar se veía igual de ordenado que siempre, esa doctora tenía un serio problema con la limpieza y el orden, pero eso lo trataría con ella en otra ocasión. Busqué el archivero con la letra P, también estaba cerrado, seguramente eran políticas de seguridad que hay en todos los manicomios. Lo abrí y saqué el folder marcado con el hombre "Philip Pirrup" ¿No hubiera sido más fácil darme la información completa y no solo un extracto?
—Cuando alguien cierra con llave, es para que nadie entre — escuché una voz
Me erguí de inmediato, sin soltar el folder. La doctora me veía con una ceja levantada, bastante molesta. No quise excusarme, de qué servía, era obvio lo que buscaba y que ya lo tenía en la mano. Solo tenía que salir de ahí. Pero la mirada de ella cambió, como si hubiera leído mi mente. Cerró la puerta detrás de sí, poniendo una mano en el escritorio, sin dejar de verme un instante.
—Tú no entiendes lo que está en juego ¿Verdad? — me preguntó enojada
—Lo sabría si tuvieras la molestia de decirme en qué carajo me has metido
"Ese es el precio de la belleza"
— ¿Sabes por qué tenemos a ese chico en condiciones tan poco comunes, pero sobre todo, costosas? ¿Tienes idea de la clase de influencia que tiene en la gente de Beijing? ¿En los medios sedientos de una noticia? Resulta que el caso es financiado por el primer ministro Wen Jiabao. Así que si ese chico muere de una forma que parezca que podríamos haber evitado, nosotros también desapareceremos. Philip puede elevar la imagen del gobierno chino como uno preocupado por sus ciudadanos o lo puede hacer quedar como un autoritarismo desalmado ¿Entiendes ahora? Todos en este hospital estamos en peligro
Tardé un tiempo en asimilar lo que ella me estaba diciendo, sin soltar el folder. Ella me miró esperando una reacción a su favor.
— ¿Qué clase de muerte no podríamos haber evitado? — le pregunté
—Una donde muera alguien tratando de evitarlo. Si él se arrojara a la calle y un médico lo hace con él entonces no podrían culparnos — me contestó fríamente
Me quedé mudo. Mis sospechas eran ciertas, me mandaron para matarlo, pero también para deshacerse de mí. Yo ya no deseaba ver morir a Pip.
Fin Damien POV
Damien empujó a la doctora, ella alcanzó a arrebatarle el expediente.
—Ya no hay forma de evitarlo, o te "matas" con él o te mataremos nosotros. Solo debes fingir tu muerte Damien ¿Qué tan difícil puede ser?
El anticristo salió de ahí corriendo, no diría que sí, pero tampoco se negaría, prefería proteger a Pip aunque eso costara muchas otras vidas. Porque ahora estaba completamente seguro, estaba perdidamente enamorado de ese chico suicida y no permitiría que nada ni nadie lo apartara de su lado. Le mostraría la belleza de la vida, eliminaría los deseos de morir del rubio y conseguiría su amor de una u otra manera. La doctora Danna soltó un largo suspiro. Se quitó los anteojos y los dejó en el escritorio, dándose un masaje en las sienes. Bueno, al menos lo alejó del expediente completo. Si averiguaba el trauma de Pip podría trabajar con él hasta el punto de volverlo loco y que muriera de una manera equivocada. Porque para él ya no había remedio, el dolor nunca acabaría, excepto con la muerte. Trataron con todo, con cada terapia o medicamento. Era más fácil matarlo de una vez.
Pip miraba por la ventana, era el primer piso, no podría aventarse y morir. En el aula tenían prohibido llevar cualquier objeto filoso y mucho menos dejarlo al alcance de Pip. Pero la regla no se imponía con los alumnos del turno vespertino. La maestra les pidió sacar sus libros, Pip alargó la mano a la mochila y vio en el piso un objeto brillante, quedó hipnotizado de esa hoja afijada, esas tijeras de color azul olvidadas por los del otro turno. Las tomó antes de que cualquiera pudiera verlo, guardándoselas en la bolsa de la chaqueta. Su sonrisa aumentó. Sus compañeros le temían a pesar de burlarse una y otra vez de él. Cuando se les acercaba todos corrían despavoridos. Recordaban su primer día de clases y la forma en la que se encajó esas tijeras en la pierna derecha mientras con otras intentaba cortarse el cuello. Volvió a ver por la ventana, la gente en la calle le saludaba gustosa. Era un héroe para ellos, alguien capaz de cuestionar la solidaridad del gobierno ante los extranjeros. En cambio Inglaterra lo había olvidado, con ese carácter frío no necesitaban demostrarle al mundo que tenían cariño hacia un niño loco en China. Tal vez los chinos se interesaron en él porque así como le pasó eso a Pip podría ocurrirles a ellos. O a cualquier persona en el mundo. En el país y los medios de comunicación era un mártir, lo seguían miles de ojos, en cambio él solo deseaba morir. Sin pensar en la clase de problemas que atraería al gobierno. Sabía como todos en el hospital, que ya no había más remedio.
— ¿Escuchaste la pregunta, Philip? — insistió la maestra ante la desatención
—La respuesta es treinta — contestó Pip sin dejar de ver la ventana
La profesora quedó muda, era correcto. Creyó que no había anotado la ecuación, de hecho, no lo vio hacer ninguna operación escrita. Todo lo había hecho en su cabeza, era un chico brillante, con un futuro todavía más resplandeciente. En cambio deseaba morir. El timbre interrumpió los pensamientos de la profesora, dejando ir a los alumnos. Afuera esperaba un chico vestido completamente de negro. Los alumnos se le quedaban viendo, murmurando cosas. Reconociéndolo de en la mañana.
—Damien — gritó Philip casi corriendo por el pasillo para encontrarse con su médico de cabecera — por un momento pensé que no vendrías por mi
El anticristo se limitó a sonreírle, caminando los dos de regreso al apartamento. Entonces una maestra los detuvo cuando estaban por cruzar la calle, se presentó como la maestra de matemáticas de Pip y le pidió a Damien unos segundos para hablar con él. El anticristo argumentó que no podía dejar de vigilar a su paciente. Otra profesora se ofreció para cuidarle. A regañadientes Damien aceptó. Se alejaron lo suficiente para que el rubio no pudiera oírles, aunque si pudiera verles.
—Todas las maestras quisieran saber sobre el estado de Philip ¿Han tenido algún avance o sigue deseando morir? — preguntó la mujer
—No debería revelar su estado — respondió Damien, pero en realidad pensaba usar a esas mujeres como testigas de la clase de problema político que había alrededor del inglés — pero no, creo que la doctora Danna ha perdido las esperanzas. Quizás espera a que Pip logre matarse de una vez
El rostro de la mujer se ensombreció, incluso derramó algunas lágrimas.
—Pero le aseguro que bajo mi cargo él no morirá — dicho eso regresó con Pip
A pesar de haber salido más temprano de la escuela no pudieron esquivar la nevada, el medio día acababa de pasar y los copos de nieve se acumulaban en sus ropas, solo faltaban unas calles para llegar al edificio. Pip iba demasiado callado, alertando a Damien, quien se detuvo al lado de un árbol.
— ¿Esos chicos te dijeron algo en la escuela? — Preguntó poniendo ambas manos en los hombros del chico — ¿Te molestaron, Pip? Te juro que si así fue, yo…
—No — Lo cortó Philip — nadie me habla ni para reírse de mí. Solo murmuran. Deja preocuparte por eso Damien. Es suficiente con que me hagas compañía
El pelinegro le acarició ligeramente la mejilla, para luego continuar rumbo al edificio, al entrar se sacudieron la nieve y entraron al elevador. Pip sintió de inmediato los ojos de las cámaras de vigilancia, dejando de sonreír; volviendo a ese demacrado rostro que parecía muerto. Cuando ingresaron al apartamento, Katy terminaba de servir la comida, una sopa de verdura humeante. A Damien se le abrió el apetito de inmediato, dejando la chaqueta a un lado. Pip seguía oprimido, con una mano en el bolsillo de la chaqueta, en cuanto los ojos rojos se apagaron pudo sacar su contenido. Abrió las tijeras al tope, tomándolas totalmente extendidas. Su psiquiatra estaba distraído, por lo que pudo hacerse un profundo corte en la pierna y unos superficiales en las venas de los brazos.
El piso se volvió un poco rojo cuando Damien se dio cuenta, le arrebató las tijeras, gritándole a Katy. La mujer volvió corriendo, topándose con las sangrantes heridas del chico. Se quedó paralizada.
—Ve por un botiquín de primero auxilios ¡Ve Katy! — le gritó el anticristo
Damien limpiaba con alcohol las heridas en los brazos, le miraba enojado, mientras Pip le observaba buscando sacarle una sonrisa.
—No lo intentes — respondió el anticristo — ya me hiciste enojar, y mucho
Pip soltó una risita. Damien lo ignoró, quitándole el rasgado pantalón, la sangre aún salía. No necesitaría puntos, pero aún así era una herida muy grave. Se limitó a limpiarla y vendarla ¿Cómo podía ser tan sádico? Por primera vez en su vida no disfrutaba ver como un humano se hería.
—Trata de dormir un poco y no muevas esa pierna, si lo haces haré que te seden y regresen las cámaras — amenazó Damien. Por primera vez logró una buen a respuesta. Pip dejó de moverse, tapándose con la nueva y blanca sábana — Hablaré a la escuela para que no vayas mañana ¿Está bien?
Pip asintió, pero cuando Damien intentó levantarse la mano del rubio se lo impidió. Sus ojos denotaban miedo ¿Miedo? ¿Miedo a qué? Su cabello rubio se hizo a un lado, dejando ver la cicatriz en la parte posterior del rostro. Damien cedió, sonriéndole, era imposible estar enojado con Philip. Ernest no podía creer lo que hacía, veía la estática en las pantallas de las cámaras ¿Dónde estaba entonces su función? El teléfono sonó, era la doctora Danna, con instrucciones precisas aunque repentinas.
Pip comenzaba a dormirse y Damien pudo soltarse finalmente. Se alejó unos pasos, volteando a ver el dormido suicida. Le ayudaría, haría lo que fuera para mantenerlo con vida… y a su lado.
—Damien — dijo Pip antes de caer dormido — vas a ayudarme a morir ¿Verdad?
1:03 PM — Beijing, China (+8 UTC)
