Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

III. Sobre cómo un don perfecto y una señorita imperfecciones eran amantes de las apuestas

Angielizz (Anbeth Coro)


Jasper era… ¿cómo podría describirlo sin parecer una completa idiota? Un niño. Era un niño. ÉL creía en una serie de tonterías y cursilerías imposibles. Posiblemente él había sido el influyente principal en Edward. Edward, mi hermano mayor por seis años y quien estaba a punto de casarse, y podría apostarme todas mis zapatillas a que Jasper fue quien lo asesoró a elegir el anillo de compromiso y lo motivó con ideas para esa propuesta cursi con fuegos artificiales.

¿Quién putas usa fuegos artificiales? Mi hermano no. Jasper lo haría. Y por lo tanto Edward lo hizo.

Ugh. Aunque tal vez Edward es tan cursi como Jasper, no hay remedio para ninguno de los dos, no se llega a esa edad con todas esas absurdas y ridículas ideas para que alguien les haga cambiar de parecer. Estaban jodidos, aunque ninguno de los dos quería darse por enterado.

Por ejemplo, Edward cree que Heidi, su prometida desde hace cinco meses, es su gran amor verdadero, aunque el único amor posible entre Edward y ella es la billetera. Pero la chica es una maldita diosa y debe serlo también en el sexo, sólo eso explicaría lo idiotizado que tiene a mi hermano. Porque eso hace el amor, o la idea del amor, en las personas. Las vuelve monos sin sentido. Y posiblemente a mi hermano iba a costarle tarde o temprano un divorcio descubrirlo.

¿Pero entonces por qué estoy tan molesta con Jasper?

No estoy enojada con Edward por ser un romántico empedernido. No. Estoy molesta con Jasper por serlo. ¿Por qué?

Porque es soltero y atractivo y podría tener mucho más pero a él le encanta el sufrimiento y las relaciones estables que sólo son una pérdida de tiempo y de autoestima. Él representa todo lo que yo evado. Y además de eso cree que tiene la razón, puedo leerlo en su expresión mientras me rueda los ojos y levanta esa ceja juzgona en mi dirección como preguntándose ¿Y a ti por qué te gusta meterte en tantos problemas con idiotas?

Porque así soy. Porque si no fueran idiotas, la única idiotizada terminaría siendo yo. No me creo inmune al amor, pero creo que soy una profesional en evadir al amor. No como don perfecto que atrae el romance sin siquiera esforzarse ni eludirle. Jasper es como si saliera a la calle cada mañana y se preguntara, ¿de quien me enamoro hoy?

Y por supuesto no han de faltar mujeres que se enamoren de él, aunque por alguna razón sigue soltero a sus treinta y dos. No es el tipo de una noche, a él le gusta meterse en el romance de lleno, su mas corta relación seguramente ha sido de medio año, aunque por alguna razón sigue buscando a su futura esposa. Como si no estuviéramos todos destinados a tener un divorcio en esta vida.

—¿Qué quieres? —pregunta en mi dirección y estoy a punto de soltarle un que te pierdas, tarado. Pero no quiere saber qué quiero que pase sino qué bebida quiero.

—Un raspado de fresa.

—Que sean dos —y la mesera se retira con nuestras ordenes. Solo Jasper puede conocer un lugar de raspados abiertos a las once de la noche.

No es que pensara que Jasper iba a llevarme a un motel después de salir del bar, pero tampoco esperaba que fuese a traerme a un lugar tan infantil como este y a esta hora. Cualquier mililitro de alcohol se evaporó en cuanto pisamos el restaurante con arcoíris como decorativo del lugar.

Miro hacia el resto de sillas vacías, por supuesto, somos los únicos bobos que vendrían a esta hora a tomar un raspado.

—¿Segura que estás bien?

Asiento e involuntariamente mi mano derecha va a mi muñeca izquierda como si aun pudiera sentir el agarre de ese imbécil. Los ojos marrones de Lucas se oscurecen cuando su mirada sigue el movimiento de mis manos, dejo de moverme y bajo las manos a mis piernas.

—Está todo bien.

—Alice, ¿por qué sales con todos esos imbéciles?

—Solo me divierto con ellos, no estoy saliendo con ellos.

Rueda sus ojos.

—¿Alguna vez has pensado que podrías tener más?

¿Más? Niego con mi cabeza.

—No quiero más. Solo quiero una follada gratis de vez en cuando.

—¿Y alguna enfermedad de trasmisión sexual gratuita?

—Yo siempre uso condón. No es que sea de tu incumbencia, pero si eso te ahorra tener pesadillas, pues ahí lo tienes.

En ese justo momento aparece la mesera con nuestros dos vasos de raspado de fresa con su respectivo popote. Le doy un sorbo al mío sintiendo mi cerebro congelarse.

—Te conozco desde que tienes diez años, y nunca te he visto salir con alguien de verdad.

—Suenas como mi hermano, mira, estoy bien así. Nada de dramas, celos ni peleas de novios, eso no se me da.

—Parece que estas describiendo el noviazgo de una adolescente.

—Todos los noviazgos son así.

—¿Cómo puedes saberlo si nunca has tenido un novio?

Sí tuve un novio. Era mi mejor amigo de la vida. Basicamente lo conocía desde que mamá y papá se casaron y nos mudamos a la casa del jardín. Su nombre era Peter, crecimos juntos, él tenía la edad de Edward así que ellos siempre fueron más unidos. Pero cuando yo llegué a los dieciséis y él regresó un fin de semana de la universidad entonces comenzamos a conversar.

Teníamos mucho en común, y yo era una hormonal adolescente que siempre había estado encaprichada por su vecino guapo y divertido. Pero era la primera vez que Peter me miraba a mí, tal vez porque ya no tenía el cuerpo de una niña, ni las ideas de una niña. Quería más.

Y ese verano, Edward reprobó una materia así que se quedó a cursarla en el verano. James, un amigo de mi hermano pasaba las vacaciones con nosotros, James era muy guapo también e inteligente, pero mi enamoramiento no era James, sino Peter. El vecino lindo de ojos verdes y cabello revoltoso oscuro.

Peter iba a la casa del jardín cada día, James y Peter se odiaban así que mientras Peter rondaba conmigo en la alberca, James se mantenía en la habitación de invitados, lo que nos daba mucho tiempo a solas.

Tal vez si hubiese oído a James, no lo sé, tal vez…

Pero tenía dieciséis, y toda la atención de Peter. Así que mientras nadábamos en la alberca de pronto él se me quedó viendo y dijo que era muy hermosa y la mujer más guapa que había visto en su vida. Se lo creí todo, como estúpida niña de dieciséis.

Y ya que era una novata en el sexo, decidí ir lento. Y ya que Peter era ingenioso aceptó subir cada escalón conmigo. Cada día del verano aprendí cosas diferentes, hacer chupetes, cómo se sentían sus manos encima de mi ropa, debajo de la blusa, encima de la ropa interior, debajo de la ropa interior, dentro de mí, mi boca en su cuello, mi mano encima de su ropa, debajo de su ropa, mi boca en su miembro, su boca en mi coño. Hasta que finalmente decidí que estaba enamorada y quería entregarme a él.

A la mañana siguiente Peter regresó a la universidad.

—No necesito un novio —digo con firmeza. Si para eso servían los noviazgos, preferible ir directo al sexo en lugar de permitir a alguien adentrarse a mi alma sólo para dejarme al día siguiente incluso cuando dijera amarme.

—Lo que haces es estúpido y peligroso. ¿Qué habría pasado si no hubiera aparecido?

No respondo y le doy un sorbo al popote del vaso de mi raspado. Miro a Jasper y me encojo de hombros, y como es tan perfecto y correcto sonrío seductora antes de pasar mi lengua sobre el popote como si estuviera dándole una mamada a él, sólo para molestarlo un poco.

Lo veo pasar saliva con claridad.

—Lo que no entiendo, Jasper, es porque tú y yo nunca hemos tenido sexo.

—Yo sí lo sé.

Ruedo los ojos, seguramente me dirá que no soy su tipo o que me ve como su hermanita menor.

—¿Lo sabes, eh?

—Porque cuando estemos juntos —cuando estemos, no un: si estuviéramos— voy a ser el último con el que vas a querer estar.

Y yo que he pensado toda una vida que es el atractivo, misterioso y nerd amigo de Edward.

—No lo creo. Yo no reciclo hombres.

—¿No reciclas hombres? —arruga su frente.

—No me acuesto con nadie más de una vez.

—Bueno, eso es porque, y como ya dije, no has dormido conmigo.

—Jasper, eres una persona respetable, y realmente me agradas, no quiero romper tu ego varonil cuando te des cuenta que no vamos a repetir.

—Alice, no quiero romper tu ego de diosa sexual —sonrío ante el apodo—, pero vas a ser tú quien vaya rogando por mí.

Una risa franca sale de mi garganta haciéndolo sonreír, lo que me gusta de Jasper es que toma los insultos con buena cara siempre, es como si jamás pudiera estar de mal humor. Y es guapísimo, y en realidad no me importaría tener sexo con él, pero no quiero que vaya rogando tras de mí.

—Tú eres muy guapo —se lo digo—, pero va a ser muy incomodo si empiezas a buscarme y llamarme para una segunda vez.

—No voy a llamarte si eso es lo que te preocupa —suena sincero, sonrío mirando el lugar decorado con arcoíris.

—¿Realmente quieres follarme, no?

—Alice —el tono en que me habla enciende fibras de mi piel apagadas, lo miro a los ojos y luego a sus labios rosados y delgados que se abren para mí—, voy a hacer mucho más que eso. Y te habrás dado cuenta entonces de cómo desperdiciaste tu tiempo en esos idiotas con los que te acuestas.

—Jasper —muerdo mi labio con diversión y seducción—, no va a pasar. Yo no repito, nunca, por nadie. Eres el mejor amigo de Edward, pero aún así no va a pasar.

—¿Quieres apostar?

Hay tres cosas que me gustan en la vida: follar, comprar y apostar. Así que su propuesta me resulta imposible de ignorar.

—¿Qué tipo de apuesta? Porque si me dices una estupidez como apuesto a que te enamoras de mí, te juro que me voy.

Se ríe y niega con su cabeza.

—No seas cursi, Alice. Te apuesto a que después de que te… —se acerca sobre la mesa— folle, vas a volver por mí. Y vas a pedir más —aprieto las piernas cuando siento una descarga eléctrica en mi centro—, posiblemente pases muchas horas preguntándote cómo hacer que vaya tras de ti —se acerca aún más a la mesa, e irremediablemente yo también me acerco a la mesa sin romper el contacto visual con él—. ¿Quién sabe? Tal vez hasta descubres que no sabes nada del sexo a pesar de todo lo que crees saber. Vas a pensar en mí —toma mi mano que está encima de la mesa y desliza su dedo índice sobre el centro de la palma de mi mano de manera lenta, me quedo quieta luchando contra el modo en que ese mero acto envía placer a mi cuerpo— vas a tocarte pensando en mí, quizás busques a otro hombre por orgullo, pero al final del día vas a volver a mí, porque para entonces me vas a pertenecer en más formas de las que vas a querer admitirte. Te apuesto a que vas a querer repetir conmigo.

—No lo creo —mi voz suena suave y baja pero segura, yo nunca repito, ni siquiera con este increíble, guapo y de pronto dominante hombre está aquí ofreciéndome tener el mejor sexo de mi vida.

—Entonces apuesta.

Respiro despacio mientras una sonrisa va surcando mi rostro.

—Es que no va a pasar, Jasper. Yo no me enamoro de los hombres, y para que te busque debería sentir más que sólo placer.

Vuelve a su posición incial, recargando su espalda contra la silla y alejado de la mesa, me cruzo de brazos sin alejarme de la mesa y le sonrío con confianza.

—Entonces no te importara dejarme apostar y perder.

Yo estoy lo suficiente excitada para dejarlo intentar y fracasar.

—Bien, vamos a mi casa.

—No, Alice.

—¿A la tuya?

Vuelve a negar con su cabeza y lo miro confundida.

—Tú has tenido el suficiente sexo ocasional, es mi turno de hacerlo a mi manera.

—El sexo tántrico no me va –se ríe haciendo que la mujer tras la barra nos mire con curiosidad, oh amiga, si solo supieras las apuestas que se están haciendo en esta mesa.

—Quiero tres citas contigo.

—¿Por qué?

Se encoje de hombros.

—Para asegurarme que no tengas un ETS.

—Oh, Jasper, ¿hablas en serio? Me hago chequeo cada seis meses y —se comienza a reír— ¿qué?

—No creo que tengas un ETS. Pero juegas con demasiadas ventajas, tres citas sin sexo no es repetir.

Lo considero unos segundos, venga, Jasper y yo hemos salido infinidad de veces a lo largo de estos años. ¿Por qué tres salidas más harían la diferencia? Me encojo de hombros y le doy la razón.

—De acuerdo, pero si hay globos y flores me retiro. ¿De acuerdo? Sólo será sexo, nada de cosas románticas de por medio en esas citas.

Sonríe de lado y asiente. Estira su mano frente a sí y entiendo que quiere que yo la tome, lo hago dandole un apretón para cerrar el trato.

—Tenemos una apuesta, Alice.

—Espero que disfrutes del mejor sexo de tu vida, porque sólo va a pasar una vez.

—Te apuesto a que irás corriendo tras de mí después de eso. Y ni siquiera te va a importar romper tus reglas.

Oh Jasper, si tan sólo supieras que jamás volvería a cometer el error de encariñarme con nadie para que llegara a lastimarme.

Ahora teníamos una apuesta, y en tres citas y una follada más tarde le demostraría que a mí sólo me gusta follar, sin repeticiones ni romances de por medio.

¿O no?


Nota aclaratoria: Esta historia tiene su comienzo un mes antes que UNA DAMA DE BURDEL, por lo que como te podrás dar cuenta aun Edward está comprometido con Heidi.

¿No has leído una dama de burdel? Aquí su sinopsis para que vayas tras ella mientras esperas por la siguiente actualización:

Lo único que tuvo claro cuando él le ofreció vivir en su apartamento de lujo es que jamás volvería a su anterior vida, preferible arriesgarse a refugiarse en el penhouse de un amable desconocido que volver a servir tragos en ropa interior en un burdel. Sólo tiene que seguir unas simples reglas y no equivocarse, a cambio tendrá eso que le costó tanto conseguir antes: un techo seguro, un trabajo digno y comida. Lo único que no debe hacer es cometer un error, ¿cómo cual? Él jamás debe saber que es una dama de burdel, ella jamás debe enamorarse de él, sin importar cuán encantador sea o atractivo le parezca, y por muy bien que se vea él sin camisa está prohibido ceder al placer. ¿Entonces porqué esos tres puntos son tan complicados de seguir?

Nos leemos pronto, no olvides dejar tu comentario y seguir esta historia.

Gracias