Excusas no tengo. Lo único que me queda es pedirles paciencia. Entré a la universidad y estoy más ocupada que nunca. Además, tengo proyectos personales pendientes. Regresé durante estas fechas navideñas porque por fin tengo tiempo para escribir. Espero subir otro capítulo, sino es antes, después de navidad.
Capítulo: 9/27
Pareja: Clyen
Canción: Yellow de Coldplay
POV: Token
Capítulo dedicado a Gabi, tal como lo prometí. Muchas gracias por felicitarme en mi cumpleaños.
South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 7: "Sospechoso"
"Mira las estrellas, mira como brillan por ti"
19 de Febrero del 2012
12:08 PM — Denali, Alaska, EUA (-9 UTC)
No cualquiera puede ser guardabosques, menos en un territorio tan hostil como Alaska y mucho menos en invierno, cuando todo es penumbra. Pero todas esas pruebas, Clyde había sido capaz de superarlas y se convirtió, oficialmente, en un guardabosque. Por eso les dieron el día, aunque sólo pasó una semana. Denzel insistió en que era un logro impresionante, al último novato se lo comieron los pumas. Token le dio una mirada enojada mientras Donovan temblaba de miedo. La pequeña fiesta aumentaba a cada segundo. Sólo tenían música, lo que darían por una rebanada de pastel.
—Clyde — dijo Token, lo apartó de los gemelos. Aunque en la sala de recreación, eso significaba dar un paso lejos de ellos —, tengo un regalo para ti
El rostro de Clyde se tornó rojo a más no poder. Token le entregó una pequeña figurilla de madera con forma de oso, estaba pintada y se veía recién hecha. Al tomarla, Clyde notó un curita en el dedo de Token, exclamó muy preocupado.
—Te las timaste al hacerlo — miró detenidamente el regalo —. No tenías porque, Token
—Quería darte algo especial, algo hecho por mí — admitió apenado el afroamericano
Ambos sintieron una mirada en sus hombros, al voltear vieron a Denzel muy enojado. Token apretó los puños, estaban cansado de ser acosado constantemente por ese chico y lo que menos quería era que el gemelo odiara a Clyde. Tendría que acabar con eso lo más pronto posible. Le dijo que deseaba hablar con el afuera. Denzel fue por su abrigo y le pasó el suyo a Token. Aún no estaba seguro sobre sus sentimientos hacia Clyde, pero Denzel se sentía celoso y un hombre celoso es capaz de hacer cualquier cosa. Al abrir la puerta, el frío aire de Alaska le hizo saber que así tendría que ser él para sacarse de encima al gemelo Thompson.
Rebeca esbozó una sonrisa al verse sola con Clyde, tenía una oportunidad para decirle a Donovan lo que sentía por él, otra no encontraría y se moría por probar esos seductores y rosados labios. Se acomodó el cabello lo mejor que pudo y se acercó al chico con los movimientos más coquetos que conocía. Antes funcionaron muchas veces.
Token POV
Me cansé, es oficial, me cansé de él. Estoy harto de ese chico. No le debo nada, no me debe nada, ¿qué mierda hago soportando estas escenas de chica celosa? No somos nada y nunca seremos nada. Yo estoy enamorado de Clyde. Mierda, ¿qué pienso? ¿Yo? ¿Enamorado?
— ¿Qué deseas decirme, Token? ¿Algo que no puede escuchar nadie más?
—Denzel — le grité y lo hice estremecerse —. Estoy cansando de tu actitud, de tus caricias, de tus jodidas indirectas. Te he dicho mil veces que yo no soy de esos. Y si lo fuera, no me siento, para nada, atraído hacia ti. ¿Pero sabes que es lo peor?, que a pesar de que te das cuenta de todo esto, sigues actuando de la misma manera
Denzel se quedó mudo, mi rostro estaba rojo de la ira. Finalmente me había atrevido a decírselo, me había puesto los pantalones y le grité lo que me guardé desde que esas actitudes comenzaron. Porque me daba coraje por Clyde, no deseaba compartir mi amor con nadie. Yo lo amaba. Sí, yo lo amo y no permitiré que nada ni nadie se atreva a separarlo de mí.
Thompson comenzó a negar con la cabeza, supe de inmediato que ya no habría nada más que decir, me giré, dispuesto a entrar a la cabaña. Pero la mano de Denzel se cerró con fuerza en mi muñeca. Lo estiré, forcejeé lo más que pude, sin resultado alguno. Quedé frente a él, lo empujé con fuerza y casi se cae, de no ser porque se sujetó de mí. Seguía negando con la cabeza, se acercó con intenciones de besarme, volví a empujarlo. Si alguien llegaba a vernos, me despediría de la oportunidad de ser el novio de Clyde. Lo zarandeé una vez más y tal parece que acabé con su paciencia, porque tomó mi otra muñeca y me regresó todos los empujones. Choqué con la pared de madera de la cabaña, muy sorprendido. Jamás pensé que fuera capaz de hacerme eso.
—Haré lo que sea para que seas mío, Token, métetelo en la cabeza
¿Cómo no hacerlo? Con ese ceño fruncido y esas palabras serias sería imposible de olvidar, al menos, no para mí. Tal vez subestimé a Denzel.
Fin Token POV
Cuando más confías en tu suerte, es precisamente cuando ésta va a acabarse. Rebeca abrazó a Clyde, con la excusa de felicitarlo por la pequeña victoria que era pasar la primera semana. Se apretujó a él e hizo que Clyde deseara arrojarla lejos en ese preciso momento. Pero era un caballero y no demostró su desagrado, de hecho, le devolvió el abrazo. Grave error, eso sólo logró darle alas a la, ya de por sí, ilusionada de Rebeca. Ella rompió el abrazo, con las mejillas sonrojadas. Eso le demostró a Clyde el error cometido, quiso cambiar el tema, pero Thompson fue más rápida.
—Debo decirte algo, Clyde — logró articular la sonrojada chica —. Pues, desde el momento que te conocí he deseado decirte esto. Clyde, la verdad yo…
—Detente — susurró Clyde; pero la chica no lo escuchó, casi parecía que se trataba de una súplica silenciosa a lo que, en el fondo, sabía que no podía evitar
—Me gustas, Clyde, te amo desde ese día. Y sé que tú sientes lo mismo por mí
Ese instante le pareció eterno, vio que rebeca se le acercaba, con las claras intenciones de besarle. Tuvo menos de un segundo para pensar, ¿rechazarla de una vez por todas?, ¿o arriesgarse a que le diera ese beso y luego huir de ahí?, eso implicaba renunciar a Token para siempre. No, primero moría antes de rechazar a Token.
Empujó a la chica sin la mínima señal de caballerosidad, casi provoca su caída. Nada se interpondría entre su felicidad y él sólo sería feliz al lado del afroamericano. Rebeca soltó unas lágrimas al golpearse la pierna con la mesa, aunque luego de éstas les siguieron más, por la terrible decepción. El rostro del castaño denotaba un enojo tan grande que no se calmaría con unas lágrimas.
— ¿Cómo es que no has entendido? Yo no siento eso por ti, Rebeca. Yo no te amo
Pensó que la chica lloraría, que le suplicaría, que haría lo que fuera con tal de estar con él, incluso de humillarse en extremo. Un error más para la lista del día. La chica apretó los puños y se enderezó, con un odio inmenso hacia el chico que decía amar. Nadie rechaza a Rebeca Thompson.
—Marica — masculló la chica —. ¡Eres un jodido maricón!
Justin sacaba del horno el pastel recién hecho. Era arriesgado decorarlo en ese estado, pero la fiesta de Clyde casi acababa y deseaba darle al menos un pequeño presente de su parte. Comenzó a poner el betún, se preguntó por cuánto tiempo más seguiría la farsa de que Token es sólo su amigo. Esperaba que no mucho, estaba ansioso de ver al afroamericano con alguien que lo apreciara y ese chico Clyde también se veía muy necesitado de cariño. Aunque muy en el fondo deseaba que tuviera sentido común y no fueran a decirle a los gemelos, una guerra surgiría si ese par llegaba a enterarse de la relación.
Terminó de poner el nombre de Clyde en el pastel, lo metió a una caja, y le puso un moño como regalo. Salió de la cocina y el frío lo golpeó con fuerza. No podía ver muy bien por la penumbra, pero estaba completamente seguro que ese chico de ahí era Token y que empujaba a Denzel con fuerza. Al acercarse, se dio cuenta de que se trataba de una pelea, pensaba separarloa; pero cuando llegó las cosas ya había terminado. La puerta de la cabaña de recreación se abrió de un portazo. Rebeca salió hecha una verdadera fiera, empujó a Justin y casi tira el pastel. Menos mal que no sabía que era para Clyde, de lo contrario ella misma lo habría pisoteado.
Denzel siguió a su hermana, cojeando, hubiera preferido una huida más dramática; pero la maldita herida en la pierna disminuyó su velocidad considerablemente y con ello el dramatismo. Justin se quedó de pie, vio como los gemelos se encerraban en el Jeep, pero no arrancaron. Volteó a ver a Token, preguntó qué demonios había ocurrido. Clyde se asomó por la puerta. Los dos respondieron exactamente lo mismo, al mismo tiempo, sin haberse puesto de acuerdo.
—Los rechazamos — el tono fue tan natural que tranquilizó al cocinero
Justin soltó un suspiro, extendió la caja, Donovan la tomó sonriente, y revelando el hermoso y todavía caliente pastel que el chico les había preparado.
—Comamos ahora que está caliente — dijo Justin, sacó un cuchillo de entre sus ropas. Clyde se estremeció de inmediato, se alejó por reflejo de ese cuchillo
Token le miró extrañado. Clyde nunca se veía tan asustado. Le quitó el cuchillo a Justin y lo dejó en la mesa, le quitó el pastel a Donovan para luego abrir la tapa. El nombre del castaño estaba escrito con chispas de chocolate. Token no pudo evitar pasar su dedo por el betún para probarlo. Su expresión de agrado finalmente le sacó una sonrisa al novato, que imitó a su compañero.
Justin sacó unos platos y cortó el pastel, le dio una rebanada a cada uno. Sin duda era el mejor pastel que Clyde probó en su vida. Sabía casi igual al de su madre. La alegría se le cayó de nuevo, recordó una cena de navidad en Seattle, la última cena de navidad antes de ese día. Se atragantó con el bocado. Tosió y se golpeó el pecho. Dejó el pastel a un lado, con un nudo en el estómago y se sentó en un sillón junto al fuego.
— ¿Estás bien, Clyde? — preguntó Token. Se sentó a su lado, rememoró la tarde en que casi besa al chico que se robó su corazón. Clyde asintió con lentitud, se dejó llevar, apoyó la cabeza en el hombro de Black
El enojo inicial comenzaba a pasar en Rebeca mientras Denzel esperaba a que su hermana encendiera el auto de una puta vez, si él pudiera manejar, ya habrían llegado a Denali. Pero la mente malvada de la chica a penas tomaba el control. Tenía que vengarse a toda costa de ese chico. Piensa Rebeca, ¿qué es lo que más adora Clyde o con lo que podrías chantajearlo? ¡Su mochila!
—Eso es — dijo ella, alegre —. Vas a pagármelas, Clyde Donovan
—Por Dios, Rebeca, sólo enciende el auto de una vez — gruñó el chico herido
—Cuida el carro —respondió la gemela y salió del Jeep
Denzel se golpeó la cabeza con la guantera, lo que quería era huir, correr para no pensar en la terrible decepción, para no derramar esas amargas lágrimas que ahora escurrían por sus mejillas. Hizo una promesa, pero con el rival que tenía, era muy difícil de cumplir. Deseaba entrar a esa cabaña y darle un balazo al que se robó su amor. Pero no podía. Él no era tan malo o no estaba tan desesperado o confiaba en la mala leche de su hermana.
"Y todo fue amarillo"
Amarillo chillante era la mochila que Clyde Donovan defendía como su alma, dejaba su cabaña con llave en todo momento e incluso al lograr entrar, Rebeca tuvo que buscar un buen rato dicho objeto. Por fin lo encontró, en el fondo del armario. Encendió la luz del buró para que nadie se percatara de su presencia en ese lugar. Finalmente sabría lo que Clyde protegía con la vida misma. Abrió el cierre, escuchó a la perfección cada uno de los dientes desenganchándose. Al meter la mano, se topó con algo usual: ropa. Sacó una camisa de pijama que parecía normal. Claro, eso hasta extenderla.
Una enorme mancha de sangre cubría todo el pecho y una de las mangas, la derecha. Ahogó un grito y aventó el objeto, metió la mano de nuevo y se topó con el pantalón, también lleno de sangre. Miró las manchas carmesí en esa ropa con la tenue luz de la lámpara. Podrían haberlo atacado, sí, seguramente, o quizás tuvo un accidente. ¿Entonces por qué luchaba por ocultarlo?, ni que fuera la evidencia de un crimen horrible
Miró en la penumbra el contenido de la mochila, aún había otra cosa ahí y no estaba muy segura de querer sacarlo. Finalmente, se armó de valor, introdujo la mano, y tocó una toalla. Era blanca como la nieve que caía afuera y estaba enrollada en la última pertenencia de Clyde. La quitó con lentitud, quedó muda al instante. Un reluciente cuchillo manchado de sangre muy seca. El arma blanca decía muerte por todos lados. Por eso esa actitud tan sospechosa y el desesperado intento de alejarlos de esa mochila. La prueba de un crimen, el arma homicida.
Clyde, ¿de verdad había sido capaz de…? No. ¿Estamos hablando del mismo chico amable y considerado? ¿El Clyde Donovan que parecía incapaz de matar a una mosca? Ella lo ha dicho, parecía.
—Por Dios — suspiró la chica —. ¡Oh por Dios!, esto… esto es evidencia
Guardó la ropa, junto con el cuchillo, en la mochila. Apagó la luz del buró. Dio gracias porque era invierno. Lo menos que deseaba era darle el aviso a Clyde de que ya iban por el, o peor, de desatar una furia dormida.
Entró asustada al Jeep, con la mochila en las manos, temblaba como nunca. Denzel abrió los ojos de par en par, nunca pensó ver a su hermana así, parecía una torre de naipes a punto de derrumbarse al mínimo soplido. Le preguntó qué pasaba y ella se limitó a ver la mochila. Encendió el Jeep y aceleró de inmediato, sin darle tiempo a su hermano de ponerse el cinturón de seguridad o, tan siquiera, sujetarse. Denzel se golpeó la cabeza de nuevo.
—Cuidado, Rebeca — gritó Denzel cuando estuvieron a punto de chocar con un árbol
Miró la dichosa mochila. ¿Qué carajo podría haber ahí dentro que causara semejante revuelo? Quedó atónito con lo que vio, quiso gritar al darse cuenta de que, todo es tiempo, había estado al lado de un asesino. Se arrepintió de todas las veces que bromeó o que hizo enojar a Clyde. Y agradeció no haber puesto en marcha su venganza. Cerró la mochila, temblaba casi tanto como su hermana. Rebeca empezó a sollozar, pero al recordar las frías palabras de Clyde, la ira se apoderó de ella. Se vengaría, por ella, por Token, por Justin.
Denali entero, el oficial Thompson debía enterrarse, su padre debía saberlo. Aunque eso significara no volver al bosque debido a las nuevas sobreprotecciones de su progenitor; pero claro que valdría la pena. Todo con tal de ver encerrado a ese peligro contra la sociedad. Se pudriría en una cárcel, claro que si Clyde hubiese aceptado a Rebeca, ella habría apelado por él o incluso no lo habría delatado. Pero él afrontará las consecuencias de sus actos. Y aunque no lo pensó en ese momento, ella y su hermano también pagarían absolutamente por todo.
— ¿Lo delataremos? — preguntó Denzel mientras se acercaban a las luces de la ciudad de Denali. Rebeca volteo a verle con cara de que eso era más que obvio —. ¿No temes a alguna represalia? No sé, ¿de Token? Él de verdad está enamorado y dudo que se quede de brazos cruzados al ver cómo te llevas a ese chico de su lado. Aunque asesinara a alguien
—No si logramos reunir pruebas de complicidad — respondió la chica Thompson
Token POV
Dos horas pasaron desde la dramática huida de los malos perdedores de los gemelos. Pero la fiesta estaba más animada que nunca. Platicábamos muy alegres entre los tres, siempre que el cuchillo estuviese alejado de Donovan. ¿Qué clase de miedo le tenía Clyde a ese utensilio? No lo consideraba un arma como para explicar el miedo irracional hacia éste. El castaño tenía tantos secretos y aún así estaba locamente enamorado de él, como si lo conociera de toda la vida. Como si hubiésemos sido amigos antes de nacer. Qué locuras estás pensando, Token. Seguramente Clyde no se sentía así. Dices tantas cursilerías que podrían salirte corazoncitos de la boca.
Justin se puso de pie al ver las luces de un camión que aparcaba, sonrió de lado a lado, así que eso era lo que yo suponía que era. ¿Qué otra cosa, además de su adorado trabajo en la cocina, podría causar semejante alegría?
—Menos mal que pudimos usar las influencias de los gemelos una última vez, papá Thompson no permitiría que sus hijitos pasaran hambre — se burló Justin
Las provisiones habían llegado y, a juzgar por la cara de perrito moribundo que puso, quería que le ayudáramos a meterlas al almacén. Solté un suspiro, de nada serviría negarnos. Además, Clyde podría aprender la clase de alimentos que tenemos como hacemos para conservarlos y evitar que se acerquen los animales del bosque. Me levanté del sillón y le ofrecí la mano, me sonrojé cuando la aceptó. Justin nos dio la espalda y fingió no darse cuenta de lo que pasaba a sus espaldas.
El señor que conducía el camión nos saludó muy alegre. Él venía a entregarnos las provisiones desde su juventud y se llevaba muy bien con Justin, a pesar de que el cocinero no pasó toda su vida en ese lugar. De hecho, llegó como a los once años, acompañado de su padre. Antes de que este muriese de cáncer, dos años después. Abrieron la parte de atrás del camión y Clyde se quejó al ver la cantidad de cajas que tendríamos que bajar y acomodar.
—Será más rápido si trabajamos juntos — le dije y animé el panorama
Justin era el único que tenía copia de la llave del almacén, así que nos hizo cargar varias cajas en lo que quitaba varios cerrojos. Y me parece que lo hizo a propósito. Dejé la comida en el suelo y vi el rostro cansado de Clyde. Unas cuantas cajas después, ya no podía respirar sin jadear. Por suerte yo sostenía la última. Justin nos ofreció un vaso de agua, pero sólo fue para darnos la noticia de que otro camión venía en camino. Casi me atraganto con el agua.
—Te la creíste — rio el cocinero —. Debiste ver tu cara, Token
—Y si deseas conservar la tuya, te alejarás y no volverás a hacer esas tontas bromas
Clyde suspiró con alivio, al igual que yo, lo último que deseábamos era pasar el resto de la tarde acarreando cajas. Entonces comenzamos a clasificar la comida, guardamos la carne en un congelador al fondo del almacén, los artículos perecederos se quedaron a la mano y las latas terminaron en un estante al fondo. Nos llegaba toda clase de comida, estos gemelos eran unos nenes consentidos. Mira quien lo dice, Token, tu eres rico. Aunque el dinero no da la felicidad, en cambio Clyde si me la da.
Me le observé, su perfecto rostro, sus mejillas rojas de tanto esfuerzo, las pequeñas gotas de sudor que bajaban de su frente y esos ojos chocolate que me atraían como si fuera una hormiga en un día de campo. De pronto me apreció que hacía demasiado calor en el almacén. Entonces escuchamos un ruido sordo, la puerta cerrase, pensamos que Justin sentía el frío que entraba por la puerta, pero el cocinero ya no estaba.
Intenté abrir y no lo logré, la golpeé con fuerza, estoy seguro de que Justin está ahí afuera. Pero no me abría, no nos abría. Me dejó encerrado, aquí con Clyde. ¡Con Clyde! ¡Hijo de puta! Todo esto era parte de un plan. Me sonrojé al ver que Clyde se unía a los golpes a la puerta, pero era inútil, perderíamos toda la comida si tiráramos la puerta. Tomé su mano, para que ya no golpeara.
—Es sólo otra broma, tenemos que esperar a que nos deje ir
— ¿Y eso cuándo? — me preguntó
—Hasta que deje de ser divertido
Fin Token POV
Justin cerraba con llave el almacén. Aceleraba el proceso, si los gemelos estaban enojados con ellos, lo mejor era que estuvieran juntos de una vez. Así serían más fuerte que sólo "los amigos Clyde y Token".
Fue a la cocina a preparar un estofado, les daría mucho frío ahí adentro y comer algo caliente podría ser la disculpa perfecta. Aunque si todo corría de acuerdo al plan, ellos le agradecerían a él. No pudo evitar esbozar una sonrisa al pensar en la clase de cosas que harían ahí. Quizá Justin debería buscarse a alguien.
—Tengo frío — dijo Clyde. Tembló y se acercó a Token —. ¿Tú no?
El afroamericano le abrazó, compartió su calor corporal. Donovan cerró los ojos, feliz de estar tan cerca de su amado. Entonces escuchó los latidos del corazón de Black. Al principio, creyó que lo imaginaba; pero no, ahí estaban otra vez, acelerándose a cada segundo. Se separó un poco y vio el rostro sonrojado de su compañero. Se puso rojo él también. Token se sorprendió al verlo así, pensó que lo empujaría y le llamaría marica. Pero no. Se quedó ahí, viéndole fijamente a los ojos, para alternar miradas a sus labios.
Entrelazaron sus manos, se acercaban más a cada segundo. Clyde entrecerró los ojos, disfrutando el momento. Token sabía que no habría vuelta atrás, pero ¿por qué carajo desearía dar vuelta atrás? Ambos labios se fundieron en uno solo. Clyde sintió como algo dentro de él explotaba, le dejó una sensación tan maravillosa, como si flotara entre hermosas nubes. Token sintió que el tiempo se detenía y sólo existía ese instante, sus labios con los de Clyde, por siempre. Cuando el beso se rompió, Token esperó la reacción del castaño. Donovan abrió con lentitud los ojos, se cercioró de que lo ocurrido no se trataba de un sueño. Una vez que se dio cuenta de que era real, se abalanzó de nuevo a los labios de Black. El afroamericano se sorprendió al principio, pero luego correspondió, devorando a besos al chico Donovan. Le agradeció a Dios por mandarlo a su camino, el único ser en la tierra, aparte de Dolly, que quería con toda su alma.
El alguacil Thompson salió de la estación de policía, sumamente sonriente, era común que su hija lo visitara, pero siempre le alegraba verle. Y más cuando acababa de atrapar a los cazadores de la banda de Danny Manson. Pero cuando Rebeca bajó del Jeep, supo que algo andaba muy mal.
La chica sostenía una mochila color amarillo, Denzel bajó pálido del auto, como si acabase de ver un fantasma. Los policías, que descansaban en las escaleras de la estación, se pusieron de pie, muy serios. Rebeca les extendió la mochila, un oficial sacó la pijama ensangrentada y vio el cuchillo al fondo de la misma. La gente había salido de sus casas, curiosa sobre lo que ocurría. El padre de Rebeca quedó en shock. Eran pruebas suficientes para acusar a alguien de asesinato y ordenar un juicio en su contra, ¿de dónde las había sacado? Rebeca miró a la gente, que buscaba una explicación al rostro serio de los oficiales. Denali era tranquilo, nunca había asesinatos.
—Estoy segura de que recuerdan a Robert Hanson — el simple nombre de ese hombre causó exclamaciones y murmureos —. Recuerdan que secuestraba prostitutas y las llevaba a una cabaña en Alaska, las soltaba en el bosque para darles caza como animales. Y resulta ser que ese bosque rodea la ciudad de Denali. Pues, creo que el parque nacional puede albergar a otro Hanson. Denuncio a Clyde Donovan de asesinato, no sé contra quien, pero merece que lo interroguen
El alguacil Thompson estaba mudo, Clyde ¿qué no era compañero guardabosques de su hija? ¿Su adorada hija trabajaba con un posible asesino? Toda la gente volteaba a verse, con la preocupación desfigurando cada rostro, el asesinato se persigue de oficio; pero sólo el alguacil decidía si seguía la denuncia. Se acomodó el sombre y dijo a uno de los todavía atónitos oficiales de Denali.
—Haz una orden de arresto contra Clyde Donovan, lo traeremos para interrogarle. Como motivo escribe: presunto culpable de asesinato con arma blanca
Rebeca esbozó una sonrisa, en unas cuantas horas, cuando la orden fuera autorizada, el chico de Seattle estaría tras las rejas. Denzel, en cambio, tenía mucho miedo por Token, por lo que era capaz de hacer para proteger a su amado.
"Tu piel y tus huesos se convirtieron en algo hermoso"
La temperatura descendió, pero eso no le importó ni a Clyde, ni a su nuevo novio Token, estaban abrazados, juntos. Justin por fin se iba a dignar a abrirles la puerta. Entró al almacén con dos platos de estofado y sonrió al verlos tan pegados, los chicos se separaron de inmediato. Pero el cocinero se fue, dijo que no deseaba hacer un mal tercio.
El estofado sabía delicioso, pero era de color rojo, debido al tomate. Clyde recordó. No todo sería miel sobre hojuelas, de hecho, nunca podría haber miel en su vida. Token notó el repentino cambio de humor, tomó la mano del castaño. Estaba decidido a hacerlo hablar, ahora que eran algo más que amigos, merecía saber un poco más de la vida de su amado. Tal como él tuvo que contarle a Clyde su triste vida.
—Clyde — Token regresó al joven a la realidad —. Creo que merezco saberlo, ¿no crees?
— ¿Saber? — preguntó Clyde—. ¿Saber qué, Token? No oculto nada
Black alzó una ceja, sin creerle ni una sola palabra. Clyde lo notó, le conocía lo suficiente como para saber que no le creería. Soltó un largo suspiro, se prometió a sí mismo que nadie, absolutamente nadie, se enteraría de ese pequeño detalle. Porque si les decía, nunca le perdonarían. Amaba a Token y no soportaría perderle, pero por eso mismo no podía engañarlo. Había huido de Seattle para que nadie le volviera a hacer una pregunta sobre aquella trágica noche. Pero ahí estaba de nuevo. Dejó el plato de estofado a un lado y se dio cuenta de que estaba llorando.
—No conoces nada de mí — dijo Clyde mientras temblaba —. Nada, Token. No tienes ni la menor idea de lo que era mi vida antes de conocerte. ¡Era un infierno!
—Por eso intento que me la cuentes. Te amo, Clyde. Quiero estar contigo en lo que sea. No me importa tu pasado, sólo me importa lo que eres ahora
—Lo dices porque no sabes lo que te diré. Tú… no querrás ni verme después
Token se asustó después de oír eso. ¿Qué clase de secreto podía ser tan horrible? Tomó la mano de Clyde y le dijo, luego de verle a los ojos, que lo amaba. Lo repitió una y otra vez. Eso solo logró que las lágrimas salieran con mayor fuerza.
Token POV
¿Por qué, Clyde? ¿Acaso no me tienes confianza? ¿No sientes lo mismo por mi? Esas preguntas rondaban mi mente. Sin dejarme un momento en paz. El llanto de Clyde aumentaba y yo intentaba comprenderle. Juro que estoy por volverme loco. Escuché un rugido muy familiar, mi rostro se alegró cuando vi a Dolly afuera de la bodega. Clyde dejó de llorar. Yo me puse de pie, sin soltar su mano, lo hice salir.
Dolly me levantó una pata, yo la saludé y luego le acaricié detrás de la oreja, había crecido tanto, pareciera que ayer todavía era una osezna indefensa. Entonces vi dos pequeñas sombras detrás de ella. Sus cachorros, ella los acercó, empujándolos con la nariz. Cargué a uno de ellos, era idéntico a Dolly a esa edad. Clyde levantó al otro, al principio con miedo, pero luego el osito le lamió la mejilla.
Esta calma era tan preciosa, las estrellas brillaban más que nunca, se veían de un intenso color amarillo, brillaban por Clyde y por mí. Pero siempre he creído en lo que dicen, después de la calma inusitada aparece una terrible tormenta. Los gemelos no se quedarían con los brazos cruzados. Dolly me gruñó un poco y me acercó a Clyde. Incluso ella se había dado cuenta. Dejé a su cría en el suelo y acaricié la mejilla de Donovan. El rostro de mi novio se encendió, tenía que convencerlo, ganarme su confianza. Deseaba que me acompañara eternamente en los bosques de Alaska, al lado de Dolly. Viviríamos la vida que siempre he deseado y sé que él también desea. Dejó a la otra cría y pronto las dos criaturas corrían y jugaban entre la nieve. Eran tan pequeños, pero tenían tanta fuerza. Clyde me besó de improviso, me estremecí.
—Lo siento — se disculpó una vez cortado el beso —. Quería probar tus labios, por si es la última vez. Por sí… no pudieras soportar la verdad sobre mí
— ¿Me dirás? — inquirí más animoso que de costumbre —. ¿No es broma?
Él negó con la cabeza, extendió su mano, la tomé de inmediato, y caminamos rumbo a la cabaña. ¿Cómo no se me ocurrió antes? La mochila, su secreto estaba en la mochila. Todo se esclarecería pronto. Por favor, calma, mantente hasta entonces. Jamás pensé que la naturaleza me traicionaría.
Fin Token POV
Justin pensaba y pensaba. Dispuesto a resolver el misterio. Desde el primer instante que vio a Clyde, le pareció terriblemente conocido. ¿Dónde carajo lo había visto antes? Él nunca vivió en Alaska hasta los onces, antes de eso vivía en Nebraska. Aunque, recordó tres meses cuando tenía ocho años, que vivió en Seattle. Claro, de seguro ahí vio a Clyde, el chico era de ahí.
Pero si sólo lo había visto en la ciudad. ¿Por qué le parecía tan importante? ¿Cómo es que no recordaba exactamente donde lo vio?, si le parecía un recuerdo tan importante como para ya nunca olvidarlo. Pero lo olvidó. O quizá no lo olvidó. Los recuerdos malos los reprimimos, como la última charla con su padre en ese hospital antes de morir, tuvo que ir a terapia para recordar la última voluntad de Wallace. ¿Tan terrible era el recuerdo de Clyde? ¿Cómo para bloquearlo? Recuerda, Justin, ¿qué hacías en Seattle a los ocho años? Dibujaba. ¿Dónde? En mi escritorio al lado de la ventana, pasaba horas sentado allí. Viste algo, ¿qué viste?, ¿qué viste?
Sus ojos se abrieron de par en par, recordó cada detalle. Cada maldito detalle en la oscuridad de la noche en la que no pudo dormir y se quedó dibujando hasta la una de la mañana. Cuando abrió las cortinas y lo vio. ¡Lo vio!
Se puso de pie, muy asustado, que digo asustado, muerto de miedo. Negó una y otra vez con la cabeza. Clyde, él, no puede ser. Token, está con él en este momento. Si Clyde le dice lo que pasó esa noche, no le creerá o peor, le entenderá mal. Debía entrometerse otra vez. Salió de la cabaña, del comedor y vio unas luces a lo lejos. Al principio pensó que era sólo el Jeep de los gemelos, pero entonces parpadearon luces rojas y azules.
—Mierda, Clyde — gritó el cocinero, pero ya era tarde ¿a dónde huir?
Cayó a mitad de camino, cuando ya no sólo las luces advertían de la presencia de esas personas, sino también el inconfundible sonido de las sirenas policiales. Justin golpeó el suelo con fuerza, ¿cómo es que no se había dado cuenta antes?, ¿cómo es que no pudo predecir la venganza de los Thompson?
Entraron a la habitación, Clyde hizo que Token se sentara en la cama mientras abría su armario. No la vio. La buscó y nada. Se puso pálido. Revisó cada lugar, cada rincón, ignoró las preguntas de Token y los ofrecimientos de ayuda. No escuchaba nada. Su secreto, su evidencia, el recuerdo eterno de su terrible pecado, no estaba en ningún lugar. ¿Quién podría habérselo llevado?
Entonces se dio cuenta, maldijo mil veces su estupidez. Se arrepintió de haber rechazado a Rebeca, su secreto había salido a la luz sin que él se diera cuenta. Soltó unas lágrimas de desesperación cuando por fin se sentó en el piso. Token tocó su hombro, más confundido que nunca. Clyde tocó su mano, temblaba. Se dio cuenta demasiado tarde, Rebeca tuvo el tiempo suficiente para llegar a Denali y delatarle. Ya no había necesidad de decirle nada a Black, en cualquier segundo se daría cuenta de la clase de persona que era su noviecito.
Vio las luces parpadeantes en la ventana. Dolly soltó un rugido, trató en vano de alejar a las máquinas que separarían a la pareja. Los oseznos se escondieron detrás de su madre. Clyde se puso de pie, se limpió el rostro.
—En el fondo, siempre supe que este día llegaría — dijo Clyde, más para él que para Token
— ¿Este día?, ¿de qué estás hablando, Clyde? — preguntó Token, harto de ser excluido del tema, harto de no saber que amenazaba a su novio
Las patrullas rodearon la cabaña, los policías le apuntaron a Dolly. Token le gritó que se fuera, que tenía unos hijos que proteger. Le prometió que estaría bien. La osa le dio una última, fugaz y triste mirada a su casi hermano, antes de correr hacía el bosque y perderse en la oscuridad. Clyde bajó la mirada, mechones de cabello le cubrieron la frente y parte de los ojos. Rebeca salió de una de las patrullas, no deseaba perderse ni el mínimo detalle de lo que estaba por ocurrir.
— ¿Qué quieres, Rebeca? — gruñó Token —. ¿Qué hacen estos policías aquí?
—Calma, Token, tienes suerte de que no reuniera las pruebas suficientes para agregarte en el teatrito — respondió la chica, sin apartarle la vista al castaño
Denzel miraba la escena desde el interior de la patrulla. Su corazón se apretó y sintió unas tremendas ganas de vomitar. Le daba asco la situación en la que se habían metido, la actitud de su hermana, el silencio de Clyde. Se tapó la boca con la mano y desvió la mirada, no soportaría esto. El alguacil Thompson bajó de la patrulla al tiempo que Justin se ponía de pie, a sabiendas de que lo único que podría hacer era ver cómo ocurría todo, como si se tratara de una película. Y de hecho, la historia parecía sacada de una película policiaca o de muerte.
—Clyde Donovan — dijo el oficial, se llevó una mano a la cintura para repeler cualquier reacción agresiva —. Tengo una orden de arresto contra usted
— ¿Bajo qué cargos? — bramó Token al extremo de su furia, adiós calma
—Homicidio con arma blanca — respondió el alguacil Thompson
Token soltó una risa, alegó que eso no tenía ningún sentido. El alguacil dijo que tenía en su poder la mochila de Donovan, la cual contenía su nombre bordado, ropa ensangrentada y un cuchillo en las mismas condiciones. Dijo que por ley debían interrogarle, pero que no le pasaría nada si decía la verdad y no tenía nada que ver con los objetos de su mochila. Token apoyó esa teoría dijo que alguien en la estación debió cambiar el contenido.
—Lo confieso — habló por primera vez Clyde —. Soy un homicida. Yo… maté a mi padre con ese cuchillo. Yo lo maté. Eso iba a decirte, Token
El afroamericano abrió los ojos de par en par, negó una y otra vez con la cabeza. El alguacil hizo una seña y dos policías esposaron a Clyde, le leyeron todos sus derechos. Token no podía creer lo que acaba de decir. Casi metían a su amado a la patrulla, salió corriendo hacia él. Dijo que la broma era buena, que ya podía dejar de bromear. Que no era divertido.
—Te lo explicaré todo, Token. Ve a la estación y te lo explicaré — logró decir Clyde antes de que la puerta de la patrulla se cerrara y estas arrancaran rumbo a Denali
La noticia sería la comidilla de los medios. Un verdadero banquete. Las sirenas y las luces se fueron dejando la penumbra de la noche. Y los ruidos de su vida nocturna en el bosque.
9:03 PM — Denali, Alaska, EUA (-9 UTC)
