Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

V Sobre como señorita imperfecta odiaba las citas, excepto esta primera cita

Angielizz (Anbeth Coro)

Agradecimientos a: Adriu, Noriitha, Miop, Cinty77


Si me preguntara alguien que esperaba de una cita con una persona que he conocido por más de quince años, yo diría que nada impredecible.

Imaginaba por ejemplo un restaurante caro, música de piano de fondo, un montón de cosas cursis por decir, un dialogo de libreto mal hecho de cine, su mano metiéndose debajo de mi vestido, pero solo hasta el muslo porque al parecer la primera cita sería algo inofensiva e insignificante, una mano hasta el muslo para dejarme deseando por más.

¿Qué más imaginaba? Hablando sin parar de cosas que ya sabíamos del otro pero que repetíamos para parecer interesados, un ajá de vez en cuando, un "no me digas" fingiendo asombro y también alguna interrupción inapropiada de una mesera que fingiría coquetearle y él fingiría no darse cuenta.

¿Lo siento? Yo también he visto esas películas asquerosas de Hollywood. Todo mundo lo ha hecho, por eso sabía que era lo que iba a ocurrir. Excepto que…

Nada de eso pasó así.

—¿Me has hecho venir, en tacones para jugar boliche?

Jasper no respondió, en su lugar se bajó del automóvil y me abrió la puerta extendiendo su mano hacia mí, me rehusé a tomarla.

—No, no, no. ¿Sabes los gérmenes que tienen esos zapatos? Además, ni siquiera traigo mis calcetas, y por supuesto que no voy a usar unos zapatos que no combinen con mi atuendo, no estuve una hora eligiendo estas zapatillas rosas para que vengas a decirme que —pero mi discusión se vino abajo mientras Jasper abría la puerta de atrás y regresaba con una caja de zapatos. La abrió mostrándome unos zapatos rosados para jugar bolos.

—¿Aún calzas del cuatro?

Abrí y cerré la boca un par de veces sin lograr discutir nada, eran rosados y eran unos zapatos nuevos. ¿Acaso era tan predecible como esperaba que él fuera? Con la diferencia que él sí había adivinado cómo sería esta cita.

—En la guantera hay un par de calcetines nuevos.

Abrí la guantera, un par de calcetas estaban ahí.

—Bien jugado.

Quería tomarme con la guardia baja y hacer todo lo que no me esperaba, por favor, yo también podría hacer eso si me dieran una semana para planear esta cita.

—¿Lista para perder?

—Nunca pierdo, Jasper.

—Siempre hay una primera vez, Alice.

Sólo sería una cita, con alguien que conocía por demasiados años. Esto era una inofensiva cita en el boliche, ¿qué esperaba conseguir de todo esto?

Y entonces me puse a imaginar mientras caminábamos hacia la entrada del boliche que habría hecho alguna ridiculez como comprar el lugar, o al menos rentarlo por una noche, y quizás puso una mesa con velas, un mesero que aparecería desde el fondo con mi comida favorita y entonces

Abrió la puerta del lugar y el ruido de las personas jugando y las luces y la música pop me trajo a la realidad. Se acercó a un joven y le dijo que ya teníamos reservación en la línea 1. El encargado le pasó unos zapatos a Jasper.

—¿No te compraste unos rosas para ti? —pregunté recargándome en la barra mientras él se agachaba para ponerse los zapatos de payaso.

—Pensé que estos combinarían con mis boxers —apreté la sonrisa contra mis labios.

—¿Usas boxers de payaso?

—De Eso, por supuesto.

Negué con mi cabeza, pensando que bromeaba hasta que se puso de pie y jaló el borde de su bóxer para mostrar un dibujo del payaso de eso, regresó su ropa interior a su lugar mientras yo me carcajeaba como estúpida loca incapaz de controlar las risas.

—¿Sabías que iba a decir eso? —pregunté una vez que estuvimos en los sillones frente a dónde estaban saliendo los bolos.

—Tenía dos opciones —dice sentándose conmigo y recargándose contra el sillón mirando hacia mí, imité su postura mientras el joven encargado hacia lo suyo para programar la máquina.

—¿Cuál era la otra opción?

—Que preguntaras si los zapatos combinaban con mi cara de payaso.

Levanté una ceja.

—Tú no tienes cara de payaso.

En ese momento el encargado me pidió que pusiera los nombres de los jugadores en la pantalla.

—Elije el mío —dijo Jasper desde su lugar— y asegúrate de poner "Ganador".

Me giré a mirarlo dispuesta a decirle que lo único que iba a ganarse sería una patada en el trasero, pero lo único que pudo salir de mis labios fue una risa. Cielos. La gente pensaría que me había metido alguna droga antes de venir aquí, ¿pero era mi culpa?

Sentado con zapatos de payaso, estaba Jasper con una nariz roja de payaso. Sacudí mi cabeza intentando controlarme.

—¿Puedes creer que hay gente que piensa que parezco un payaso?

Regresé a la máquina mientras intentaba morderme los labios para dejar de reír. GANADORA. Iba a escribir perdedor, pero no quería romper los sentimientos de Jasper cuando estaba de tan buen humor. Venga, se estaba esforzando en esta cita para que hablar del inevitable hecho de que esto duraría solo tres citas y una noche de sexo. En su lugar escribí PENNYWISE.

—Empiezo yo —dije yendo hacia uno de los bolos, pero Jasper ya se estaba levantando y dejándome su nariz roja entre las manos.

—Primero ordenemos algo de comida, no puedo vencerte con el estómago vacío.

Me acercó el menú, bebidas, papas fritas, hamburguesas, alitas, aros de cebolla. ¿En serio? Miré a Jasper como si me hubiesen dado un menú con opciones para elegir mi enfermedad terminal.

—¿Quieres que elija por ti?

—¿Dónde están las ensaladas?

—Alice, tú no comes ensaladas.

—Tampoco como comida frita.

—Interesante —dijo sentándose de nuevo en el sillón de cuero negro, lo seguí.

—¿Qué es Interesante?

—Parece que tendremos muchas primeras veces tú y yo.

—Oh eres un —pero ningún insulto apropiado salió de mis labios, pero no porque me hubiese quedado sin palabras sino porque en ese momento apareció un mesero a tomar nuestra orden.

—Dos órdenes de alitas y papas fritas. BBQ y las más picantes que tenga. Un refresco para mí y un té helado para mi novia.

—Yo no soy tu novia y no quiero un té —el mesero apuntó las ordenes sin moverse, claramente incomodo ante mis palabras.

—De acuerdo, una soda para mí y la chica con la que voy a tener el mejor sexo de nuestras vidas dentro de tres citas quiere…

—Agua embotellada. Eso es lo que quiere la mujer que va a darte el mejor sexo de TU vida por única vez.

¿Dónde estaba el señor correcto y perfecto que jamás usaba lenguaje soez?

—Y después de tres citas, dile —dijo Jasper asintiendo hacia el mesero y codeándome.

—Y después de tres citas, no antes.

Miramos al mesero que seguía estático en su sitio.

—Ya la oyó. Si tarda con nuestras ordenes contara como una segunda cita, y tengo intenciones de hacerla esperar por mí.

No sabía si reír o quedarme con la boca abierta por el asombro, ¿Quién era este hombre?

—Ahora, déjame explicarte las reglas.

—Conozco las reglas, no puedo pisar después de la línea, tengo sólo dos oportunidades para tirar todos los palos y no debo hacer que la pelota ruede hacia los extremos. He jugado a esto antes.

Jasper levantó una ceja acercándose peligrosamente a mi rostro.

—Nunca has jugado a esto antes, Alice —sus ojos oscuros estaban sobre los míos, nuestros labios estaban a escasos centímetros de distancia, realmente imaginé que esta era una de esas movidas para besarme y esperé, pero en su lugar acomodó un mechón de mi cabello detrás de la oreja antes de alejarse—. Las reglas de mi cita son las siguientes: Tienes diez turnos antes de que acabe el juego. Cada pieza que quede levantada por turno es una pregunta que vas a responder. No quieres preguntas, entonces tendrás que tirar todo.

Yo había jugado esto antes de niña. Miré hacia la pista. Mierda. ¿Cómo es que iba a ganarle en esto?

—Una pregunta por pieza es demasiado.

—¿Crees que vas a perder?

Me levanté maldiciendo y yendo tras una pelota rosada. Por suerte era la de menor peso, así que podía con esta.

Miré a la pelota y al final donde estaban las diez piezas esperando por nosotros, respiré hondo.

Y justo cuando lleve mi brazo hacia atrás para tomar velocidad y fuerza, la voz de Jasper me distrajo.

—Piensa que es mi pene, igual y atinas a una.

Maldito hijo de perra con rabia, iba a matarlo.

Vi como la bola se fue hacia el extremo y cayó por la cuneta, adiós mi primera oportunidad. Miré hacia Jasper como si quisiera matarlo.

—¿Quieres que te enseñe como tirar?

—No.

—Jamás dije que no haría trampa. Quiero conocerte, para eso son las citas.

—Tú ya me conoces, Jasper. No hay nada interesante ni nuevo en mí.

Esperé a que la pelota rosada volviera a aparecer, cuando la tuve en mi mano miré hacia Jasper que se había quedado en silencio sólo observándome.

—Si vuelves a distraerme así voy a matarte.

Esta vez la concentración y la falta de interrupción por parte de Jasper valió la pena porque logré tirar ocho de diez. Sólo dos preguntas.

—¿Además del rosa cuál es tu color favorito?

—Me gusta el Golden rose, no el rosa. Y… el blanco. ¿Y el tuyo?

—No es tu turno de preguntar.

Rodé los ojos viéndolo levantarse por una bola, agarro varias bolas de boliche antes de elegir un color azul. Bueno, posiblemente no lo estaba eligiendo por el color sino el peso, ¿no? Pero eso no le quitaba lo azul a la bola.

—¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de Carlisle?

Lo pensé un momento. Papá había llegado a mi vida unas semanas antes de mi cuarto cumpleaños, mamá había estado casada antes de él y de ese primer funesto matrimonio éramos Edward y yo el resultado, aunque mientras Edward era el primogénito del exesposo de mamá, yo había sido tratada más como el resultado de una infidelidad porque jamás me trató como su hija, aunque pagó la manutención y me dejó su estorboso apellido al lado de mi nombre.

Sin embargo, Carlisle a todas reglas era mi padre y la única persona que se merecía tal título.

—Estábamos jugando en mi habitación, aun no estaban casados, creo que mamá ha contado que tuvo que dejarme a su cuidado para ir a trabajar y cuando regresó lo encontró con una corona de princesas y con un ejército de peluches jugando conmigo. Recuerdo eso. ¿Sabes? Puede que sea un invento mío, pero podría jurar que pensé en ese momento que si algún día iba a tener un papá quería que fuera él porque… ¡Maldito hijo de perra con sarna!

¿Chuza! ¿Chuza? ¿Ese cabrón se había atrevido a hacer chuza en su primer tiro?

Me levanté de mi sitio totalmente enojada mientras la risa de Jasper aparecía sobre mi enojo. Estaba abriendo mi corazón y él, muy cabrón, había hecho una chuza.

—Alice, yo nunca pierdo.

—Yo tampoco —dije enojada yendo por mi pelota rosa de la suerte—, si te atreves a distraerme te la voy a lanzar a la entrepierna —dije apuntándolo con una mano mientras la otra sostenía una pelota.

—Yo… sus órdenes —dijo un muy avergonzado mesero mirándome con miedo, y compasión a Jasper.

—¿Qué le digo? Voy a casarme con ella.

—No a excepción que me emborrache contigo en Las Vegas y nuestra única tanda de sexo sea frente a un Elvis sacerdote.

—Son jueces, Alice —corrigió Jasper mientras lo miraba con ganas de matarlo.

—Perdona, si follamos frente a un juez disfrazado de Elvis.

—Lo añadiré a tus fantasías sexuales.

—Añádetelo por el culo.

Le di la espalda caminando hacia donde me esperaban los bolos a la distancia. Agarré aire y me concentré. Yo voy a ganar, voy a ganar.

Lancé la bola, pero sólo conseguí derribar tres. Ignoré la sonrisa de satisfacción de Jasper y esperé que mi bola volviera por mí.

—Me gustan las chicas que saben enojarse.

—Lo que explica que seas soltero todavía, y que necesites de apuestas para tener sexo conmigo.

Tomé la bola rosa y tiré enfocada en ganar.

—¡Sí! ¿Lo viste? Derrumbé todas.

Jasper aplaudió con una tensa sonrisa hacia mí y se puso de píe yendo por su bola.

—¿Ahora ya no te parece tan gracioso, ¿no?

—Apenas es tu segundo turno, Alice.

Me recordó sin tono bromista, apenas me miró al pasar a mi lado y sin hacer dramas tiró la bola. Tiró la mitad de las piezas. Caminó de regreso a donde salían las bolas, pero en lugar de esperar por su bola azul tomó una negra y repitió el recorrido. Otra chuza.

—Tu turno —dijo sin celebrar su victoria, sentándose a mi lado y tomando una pieza de alita bañada en salsa BBQ.

Evidentemente mi último comentario había arruinado por completo su ánimo. Me levanté sintiéndome extraña e incómoda y tomé la bola rosada. Mientras me paraba a medio metro de la línea miré mis zapatos de boliche rosados. Miré hacia atrás. Jasper estaba respondiendo un mensaje. Lancé la bola haciendo que se fuera por la cuneta.

—¡Mierda! —gruñí, consiguiendo que Jasper mirara hacia la pelota girando y llegando al final sin derrumbar ningún bolo.

—Tienes otra oportunidad todavía —dijo dándome una dulce sonrisa de misericordia barata. Volví a esperar a la bola rosa y caminé de regreso.

Tiré esta vez cinco bolos.

Me quedé unos segundos mirando hacia los bolos antes de mirar a Jasper.

—Pregunta.

—¿Te gustan las papas con cátsup? —asentí, les puso cátsup a las papas— ¿te gustan las papas con crema? —volví a asentir y les puso crema a las papas— ¿te gusta la mostaza? —esta vez negué con mi cabeza, suspiró mirando hacia las alitas— ¿BBQ o Salsa habanero?

—¿Eso es muy picante?

—Lo más picante del menú.

—BBQ.

—¿Quieres tomar agua directamente de la botella o del vaso con hielo? —miró hacia el vaso que habían dejado sobre la mesa frente al sillón y a mí. Me encogí de hombros mostrándole que me daba lo mismo.

—En el vaso, supongo.

Vació el agua en el vaso y se puso de pie yendo por su bola, pero no era la azul esta vez sino la verde.

—¿No vas a preguntarme nada? —pregunté sentándome y sonriéndole con coquetería— ¿Puedes preguntarme por fetiches y esas cosas?

—Acabo de hacerte cinco preguntas.

Oh.

Caminó hasta pararse frente a la línea, me puse de pie con prisas y justo cuando el lanzaba su brazo hacia atrás yo agarré su trasero distrayéndolo por completo. La pelota se fue en diagonal y cayó en la cuneta.

—Bien, eso estuvo cerca —dije mirándolo con una ceja levantada.

—Eres una pequeña tramposa —dijo caminando de regreso, esta vez eligiendo una pelota morada.

—¿Podrías hacer chuza con los ojos cerrados? —sonrío sincero, una sonrisa de lado que hacía que pudiera ver un hoyuelo.

—Podría hacerlo, supongo. Siempre y cuando sepa a dónde tirar.

—Acomódate y cierra los ojos. Te apuesto a que no puedes.

—De acuerdo.

Se puso en medio frente a la línea roja, llevo su brazo hacia atrás y sonrío antes de cerrar sus ojos y lanzar. Pise la línea roja. Y un segundo después la bola caía en la pista consiguiendo hacer chuza.

Era un puto profesional del boliche.

—Parece que pisaste. Tengo diez preguntas.

—Acabas de hacer trampa, mi pie no está en la línea —abrí los ojos grandes e inocentes.

—¿Yo? Oh… bueno, tal vez, nunca dije que no haría trampa.

Salté hasta el sillón y tomé una alita con crema.

Caminó hacia mí mirando hacia el techo.

—Pregunta.

—¿Tienes hermanos?

—Hermanas.

—¿Hermanas? ¿En plural? —sonrío contra su propio esfuerzo de mantenerse serio.

—Son tres preguntas ahí. Y sí, son en total cinco.

—Cielos. Cinco son… vaya, si Edward tuviera cinco Alices, estaría loco. Más loco, quiero decir.

—No puedo negar que no hay algo de locura a causa de ellas.

Pensé en una manera inteligente para no hacer más preguntas.

—No conozco sus nombres.

—Puedes preguntarlos.

—No.

Agarré una papa frita esta vez.

—Karla, María, Natalia, Olivia y Patricia.

—Jota, Ka, Eme, Ene, O y Pe. Tus papas son adictos a las matemáticas y el orden o algo así, seguramente.

—Lo notaste.

—Yo soy muy observadora. Por ejemplo, estuviste jugando con las bolas azules y ahora estás eligiendo colores al azar para lanzar.

Levantó una ceja y se encogió de hombros.

—No importa la bola, sino el jugador.

—Pero antes habías estado usando la bola azul solamente —insistí.

—Lo sé.

—Tendrás que decírmelo, aunque no quieras. ¿Por qué estabas usando antes la bola azul? —pregunté esta vez y luego le saqué la lengua— y no se vale mentir.

—Porque el rosa le combina al azul —su respuesta llegó sin premuras, lo que me indicaba que no estaba mintiendo, además estaba enfocando su vista lejos de mí, me quedé sin lograr formular ninguna pregunta, era como si hubiesen apagado mi cerebro— ¿pedimos la cuenta?

—¿Qué? —agarró mi mano y le dio un apretón.

—Tienes razón, Alice. No voy a acostarme contigo por culpa de una apuesta. Así que me retiro, aunque fue divertido jugar.

—Pero… ¿por qué?

Sus ojos oscuros me miraron, su pulgar quitó un poco de crema de la alita de la comisura de mi labio antes de que respondiera.

—Porque sí.

—Eso no es una respuesta. Todavía tengo seis preguntas. ¿Por qué te retiras tan pronto?

—Porque no quiero que la razón por la que te acuestes conmigo sea por ganarme una apuesta —se encoge de hombros y vuelve a acomodar un mechón de mi cabello tras mi oreja. Haberme cortado el cabello por encima de los hombros era un problema o quizás una ventaja si iba a tener a Jasper acomodando mi cabello tras mi oreja a cada rato, pero sería solo un problema si no había pasado ni media hora cuando me quedé sin cita para jugar.

Parpadeé confundida, ¿qué mierda? Le he dado una posibilidad para follar y ha decidido solo lanzarse al mar en picada antes de seguir con el plan.

—¿Y si añadimos una clausula a nuestra apuesta?

Entrecerró sus ojos.

—¿Qué tipo de clausula?

—Tenemos tres citas y sólo si son buenas dos de tres lo hacemos, siempre y cuando tengamos una mutua tensión sexual y deseo por el otro, entonces follamos. Y si no, pues será como tres salidas más a las montañas de salidas que hemos tenido antes, ¿Cuál es el problema?

Se me quedó viendo a los ojos y le sostuve la mirada con seguridad, venga, no podía jugar conmigo y luego sólo decirme que siempre no estaba interesado en mí. Yo no iba a permitirlo.

—Con una condición —levanté la ceja esperando por él— no puedes hablarme como a ellos.

—¿No puedo decirte bombón? —bromeé.

—No les dices así. No, no puedes insultarme para alejarme de ti. Ese afán de estar a la defensiva todo el tiempo y tirando insultos. No puedes hablarme de ese modo.

—Yo uso malas palabras.

—No me refiero a las malas palabras y lo sabes. Me gustas, Alice. Pero no más de lo que me gusto yo mismo, así que, si tengo que elegir entre tú y yo, voy a elegirme a mí. Así que si vuelves a decir algo como "Por estas soltero a tu edad porque blibliblibli" —dijo imitando horriblemente mi voz, pasé saliva—, me iré.

—Suena justo.

—Bien.

—Aun me quedan cuatro preguntas.

—Te quedan dos. Preguntaste por las clausulas y preguntaste si podías llamarme bombón.

—Eso no contó.

—Todas las preguntas cuentan.

Y ya que necesitábamos cambiar de atmosfera decidí preguntar.

—¿Sueñas conmigo?

Su respuesta llegó igual de fácil que cuando respondió por el color azul de su bola.

—¿Con quién más iba a soñar si no fuera contigo?

Maldito hombre tramposo.


Si estás leyendo tambien UNA DAMA DE BURDEL, creo que es evidente el cambio de tono por la personalidad de Jasper y Alice, así que esta tendrá su drama más adelante, pero casi siempre será romance/comedia. Lo que es un buen respiro para la tragedia de Edward y Bella en la otra historia.

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

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