Tengo que decir que si subí este capítulo fue por el mensaje de SweetInsanity1039. Ahora me temo que no puedo prometer cuándo estará listo el siguiente. Me toma mucho esfuerzo pasar los capítulos a computadora, pero no me he olvidado que tengo esto pendiente. Aunque no supone el mismo esfuerzo transcribir que escribir, sí consume casi todo mi día.

Capítulo: 10/27

Pareja: Creek

Canción: Someone like you de Adele

POV: Craig

En fin. Sólo quiero recordarles que la historia ya está terminada a mano, sólo falta transcribirse. Intentaré hacer un esfuerzo, aunque no sé si dará resultados. Gracias por seguir al pendiente y no pierdan la esperanza. En el día menos esperado, volveré a actualizar.

Aclaración: seguramente hay un montón de errores en las referencias a la ciudad y sus tradiciones. Lamento que sea así, pero la historia me exigía modificar la realidad para que las horas empataran en cada sitio.

South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.


Capítulo 8: "¿Qué he de recordar?"

"Escuché que tus sueños se hicieron realidad"

19 de febrero del 2012

6:08 PM – Río de Janeiro, Brasil (-3 UTC)

Tweek tenía que cubrirse el rostro con la mano para que la cegadora luz no le dañara la vista. Sus ojos se ajustaron a la intensidad y se vio allí solo. El ensayo general estaba por comenzar: se preparaban las luces, efectos, bailarines y el equipo de sonido. Tweek temblaba de pies a cabeza, excepto por sus manos, que sostenían fuertes el micrófono, su medio de expresión y su todo. Bueno, su casi todo. Volteó a su izquierda y vio a los ojos a su guardaespaldas. Llevaba una semana sin hablarle –a menos de que fuera de trabajo–. Su lazo se había congelado luego de esa fiesta de bienvenida. Tweek se perdió en su postura y su expresión preocupada, que miraba sólo a las luces colgadas de una estructura metálica, justo arriba del rubio. Tanto se perdió en Craig, que no escuchó la voz de Tony en su auricular, quien le ordenaba comenzar a cantar de una puta vez.

Cantó, mientras los técnicos ajustaban el sonido hasta darle el volumen adecuado y se aseguraban de que su voz llegaría hasta el último rincón. Craig volteó a ver a su cliente. Se sentía sumamente culpable por haberle provocado ese dolor de cabeza y el consecuente desmayo. Pensó que si se alejaba, todo regresaría a la normalidad. Pero no fue así; de hecho, empeoró las cosas aún más.

Entonces, Tweek escuchó la orden final de Tony: debía descansar la voz y asegurarse de ir a la entrevista a las ocho en punto. "Estás libre", le dijo por fin. Tweek casi se arranca el auricular y fue a dejarlo detrás del escenario, junto con el micrófono. Allí se topó con Craig. El chico del gorro azul se ruborizó; Tweek desistió, no le volvería a hablar. Pero cuando estaba a punto de irse, la mano de su guardaespaldas lo detuvo, girándolo hacia él.

—Perdóname, Tweek —dijo Craig—. No debí haberte dicho eso en la fiesta.

— ¿P-por qué n-no? ¡Gah! —preguntó el rubio.

—Porque tú debes recordar por ti mismo. Si es que debes, entonces lo harás. No debí haber interferido en eso. Lo lamento. ¿Podemos hacer como si nada hubiese ocurrido? —dijo Craig, bajando la mirada.

El rubio se limitó a asentir. Su guardaespaldas tenía cierta razón en sus palabras.

Tweek estaba de nuevo en la habitación de su hotel, con las palabras de Craig haciéndole eco en su cabeza. ¿Recordar? ¿Qué debía de recordar? ¿Se refería acaso a lo que ocurrió después de que se despidió de su mejor amigo? ¿Por qué no podía recordar ni el rostro, ni el nombre de ese chico? Su libreta roja estaba en la cama, así que volvió a ver el manuscrito. Sabía que, si seguía pensando en eso, el dolor de cabeza volvería; pero ¿valdría la pena? No hay nada peor que no recordar el pasado. Sin él, no puedes saber quién eres en realidad. Estás a la deriva en la vida. Al menos eso sentía Tweek. Si saber la verdad significaba sufrir una migraña, estaba más que dispuesto.

Se sentó en la cama, con la vista fija en ese manuscrito. Sintió cómo las letras se movían, recreando la escena en el papel, como si fuera uno de los efectos especiales de una película. Se vio a sí mismo de niño, en esa escuela. Se vio en la calle, buscando su madre y padre. Los vio del otro lado del boulevard. Sonrió y corrió hacia ellos; pero entonces dos muros blancos le impidieron el paso. Vio que su madre desviaba la mirada, que su padre no hacía nada, a pesar de los gritos de auxilio de su hijo. Sujetaron a Tweek con fuerza, lo levantaron del piso y dejaron caer su mochila. Tweek volteó a ver el lugar a donde se lo llevaban y se topó con una luz cegadora. Una que lo regresó a la realidad y le provocó el dolor.

Tweek lanzó la libreta, que apagó la luz del cuarto; pero las de la ciudad se veían a través de la ventana, así que cerró con fuerza las cortinas. Después se desplomó en el suelo. ¿Dónde encajaba Craig en todo lo que vio? Esperó a que el dolor disminuyera antes de empezar a arreglarse para la entrevista. Ésta sería nada más y nada menos que con el conductor más reconocido de todo Río de Janeiro: César, el presentador del canal tres.

¿Qué si estaba nervioso? No era su primera entrevista y podía decir que no sentía temor. ¿De qué podría preguntarle que no le hayan cuestionado antes? Fácil, de Craig. Cerró los ojos con fuerza y se convenció a sí mismo de que César no le preguntaría absolutamente nada relacionado con Tucker. Tony no lo permitiría.

Craig POV

Me senté en uno de los sillones de la recepción y solté un suspiro. Me sentía más libre por haberle dicho eso a Tweek, pero me muero de ganas porque me recuerde. Sé que eso le provocará mucho dolor, pero necesita acordarse; me lo agradecerá, de eso no tengo duda.

Paul se sentó al lado mío. Estaba vuelto loco, pues se pasó todo el día acomodando a los músicos y los instrumentos. No tengo idea de cómo es que sigue de pie. ¿Y así va a dar un concierto en unas horas? Los organizadores del festival le acompañaban, quienes también se veían exhaustos y seguramente no se habían sentado en todo el día. Jason se me quedó viendo.

— ¿Cómo puedes estar tan calmado? ¿No tienes órdenes que dar a tu equipo?

—Ya lo hice, desde hace días. En la mañana sólo ajustamos detalles de lo ya contemplado —respondí con desdén. No iba a fingir que me agradaba.

Jason me miró enojado. Kevin trató de evitar la guerra con un cambio de tema, aunque su pregunta se relacionaba mucho con mi trabajo.

—Estuviste en una escuela de guardaespaldas, ¿verdad? ¿No extrañas ser estudiante, con menos estrés y responsabilidades?

Recordé esos eternos días detrás de un pupitre, mientras deseaba con todas mis fuerzas graduarme para buscar empleo con Tweek. Pasaba mis exámenes sólo por ese fuerte deseo, esa voluntad. Bajé la mirada, no sabía cómo explicar que nunca convivía con ninguno de mis compañeros, ni charlaba con mis maestros. De hecho, mi vida ha girado en torno a esta misión: hacerle recordar a Tweek un hecho que regresaría mi vida a la normalidad. Incluso, si tenía suerte, me llevaría a una vida mejor a la que tenía antes de ese incidente. Pero ahora debía concentrarme y responder las preguntas de ese chico. Relajarme, aunque sea esta noche.

—No, vale la pena el trabajo al poder visitar todas estas ciudades. No lo digo por halagarlos, como lo hace Tony —no puedo creer que, ni al intentar ser amable, no pueda evitar fastidiar un poco a ese pelirrojo. Pero si no veo mal, acaba de asomarse una sonrisa de los rostros de todos. Incluso el exhausto, y que yo creía dormido, músico Paul—. ¿A ustedes les gustaría regresar?

—En parte —dijo Kevin—. Volver al día que conocí a Jason en la escuela.

Puedo jurar con mi vida que Jason se sonrojó. Así que esa amistad era distinta. Algo más similar al ¿amor? Nelly se paró delante de mí, con los brazos en la cintura. Me miraba intrigada.

— ¿Puedo hablar contigo de algo, en privado? —me preguntó.

Yo alcé una ceja, pero acepté. Nos alejamos de la recepción y nos detuvimos cerca del restaurante.

— ¿Qué le dijiste a Tweek para que se pusiera así? ¿Qué buscas realmente?

—Que me recuerde —fui directo, sin mentir, pero tampoco sin revelar demasiado.

—Yo puedo ayudarte, podría hablar con él y… —se detuvo para ver mi reacción.

—No quiero que sea así —le respondí—. No quiero que nadie interfiera, ni siquiera yo.

Nelly bajó la mirada, no dudo que esté realmente preocupada por Tweek, pero nadie se meterá. Es asunto mío y de Tweek. Si él no me recuerda, yo no sé qué haré; pero será por una razón. Le di la espalda a la chica y saqué un cigarro, lo único que realmente lograba calmarme. Además, claro, del sueño donde finalmente puedo probar los labios de Tweek. Pero lo malo de un sueño es que cuando despiertas la realidad te parece mil veces más dolorosa. Solté el grisáceo humo, así eran las nubes esa noche: de un deprimente color gris, muerto. Parecida a la noche en que me di la vuelta en esa calle y escuché un grito. Si pudiera regresar allí…

—Tu eres… —comenzó Nelly, tartamudeando— el chico de la canción, ¿no es así?

Volteé a verle, sin saber qué decir. Era verdad, yo era el chico a quien le escribió esa canción. Yo sí recordaba lo que pasó después de que giré en esa calle estrecha, rumbo al fin de semana. No pude evitar estremecerme, luego asentí con la cabeza. Traté de irme, pero de nuevo su voz me detuvo.

—Tal vez, si lo pones en una situación parecida a lo que debe recordar, acabará haciéndolo.

Me puse pálido al considerarlo siquiera. ¿Yo? ¿Poniendo a Tweek en una situación así? Sé que ella no lo dijo con mala intención. No sabe ni de qué habla, pero el estómago se me revuelve de sólo pensarlo. Negué con la cabeza. Si la historia se repite, que así sea. Yo no haré.

Me fui de ese lugar luego de apagar mi cigarro en el piso. Ya eran las siete, Tweek no debía de tardar en bajar para ir al canal tres, a la dichosa entrevista. No estuve equivocado, pues del elevador salía mi archirrival: Tony. Tweek iba a su lado. Su cabello rubio seguía igual de alborotado que siempre. No era para menos, ése era su sello distintivo. Lo que más me gustaba de él.

Subimos a una elegante limosina. Mi equipo ya debería estar allá. En cualquier segundo me avisarían que el foro estaba despejado. Espero no volver a toparme con esa multitud enardecida de fanáticas. Tony seguía muy enojado conmigo, mientras que Tweek luchaba por controlar su tic nervioso. También seguía las instrucciones previas a cada entrevista.

La plática con Nelly seguía en mi cabeza. Tal vez lo mejor para Tweek era que yo lo dejara en paz, que la canción se quedara incompleta para siempre. Quizá yo debería salir de su vida y perder el propósito de la mía. Probablemente he sido egoísta todo este tiempo, pensando en mi comodidad, en mi beneficio. Pero sé que Tweek sería feliz si todo fuera como antes. Pero, por Dios, Craig, admítelo, los sueños del rubio se hicieron realidad: cantaba profesionalmente, era famoso, amado, clamado, deseado, rico. ¿cómo puedo yo compararme con eso?

Nuestros ojos se encontraron y por fin noté el denominado "remolino" en el iris de Tweek. Cuando Paul me contó de éste, creí que estaba loco. Era más una mancha que giraba, pero cuando el rubio me sonrió, desapareció por completo. ¿Habría causado yo esa desaparición? Me sonrojé sólo de pensarlo.

Finalmente llegamos al foro. Había seguridad a más no poder. Me quedé al lado de Tweek mientras lo arreglaban para las cámaras y le colocaban el micrófono. Vi a lo lejos al conductor estrella, César, con un peinado ridículo y un acento diferente al local. No tengo la menor idea de lo que decía, pero –a juzgar por sus gestos– no le agradaba su vestuario. Escuché por mi comunicador a uno de los de mi equipo, quien me daba instrucciones sobre las salidas de emergencia y cuándo podría intervenir en la entrevista, en lugar de la seguridad local. La mitad no lo escuché, al perderme de nuevo en la presencia de Tweek. Regresaría a mi niñez. Volvería a la época feliz. Ambos lo haríamos.

— ¿Nervioso? —le pregunté.

Él negó con la cabeza y volvió a sonreír.

Fin Craig POV

Unas afortunadas –o muy hábiles– chicas habían logrado colarse en el foro. Sostenían sus libretas impacientes, deseando tener un autógrafo de su ídolo. Esperaban un descuido para abalanzarse sobre él. Se le quedaban viendo a Craig, el atractivo chico que salió en las noticias al rescatar al cantante rubio. Fue llamado por la prensa "guardaespaldas personal". Él no tenía ni idea de lo suertudo que era, eso pensaban las chicas, pues cualquiera de ellas daría todo por tan siquiera hablar con el cantante. La seguridad las descubrió con la guardia baja. Unos hombres trataron de sacarlas, pero ellas corrieron rumbo a su ídolo. Tweek se asustó al verlas tan cerca y Craig quiso interferir; sin embargo, una de ellas sabía inglés.

—Por favor, señor Tweek. Vinimos desde Brasilia sólo por su autógrafo.

Craig estaba por pedirles que se fueran, pero el rubio le detuvo.

— ¿P-para q-quién sería? —inquirió mientras tomaba la libreta y la pluma.

El rostro de cada una de ellas se iluminó. A veces pasaba eso, que una chica se colaba y le pedía una foto o un autógrafo. A Tweek no le gustaba negarse, ya habían pasado por tanto para llegar hasta él. Firmó sonriente cada una de las hojas.

Craig no podía creer que era el mismo chico. Tweek odiaba tener fans, pero eso no tenía por qué demostrarlo frente a ellas. Esa actitud no era un entrenamiento de Tony, se trataba de su verdadera personalidad y su código de conducta. Si él fuera quien llegara tan lejos sin obtener una recompensa, odiaría al artista sin dudarlo. Ésa era la clase de famoso que el rubio siempre aborreció y que nunca deseó ser. Devolvió las libretas y casi tuvo que taparse los oídos debido a lo agudo de los gritos de alegría de las jovencitas. Craig rompió una de las reglas de los guardaespaldas, pues demostró sus sentimientos de alegría. Las chicas finalmente se alejaron, escoltadas por los demás guardias.

—Señor Tweek —dijo una de ellas—, me parece que debería de fingir un poco más, o todos los medios se darán cuenta que usted y su guardaespaldas están enamorados.

Después desapareció por el pasillo, dejando muy sonrojados a los dos chicos. ¿Tan obvio era? Por Dios.

"Odio aparecer de la nada, sin ser invitado"

A las ocho en punto las cámaras se encendieron. César apareció con su sonrisa de televisión y dio la bienvenida al programa. Anunció a Tweek, quien cantaría en menos de cuatro horas en el Sambódromo frente a miles de almas cariocas. Luego hizo unas cuantas bromas y agradeció por los comentarios en Twitter del programa. Después dio el anuncio de una marca de refresco. Finalmente, inició la entrevista. Todo iba perfectamente normal, hasta que llegaron a las últimas tres puntas, que siempre eran polémicas, inesperadas y obligatorias.

—Tu padre dijo a los medios que estaba orgulloso de tener un hijo como tú. ¿Qué opinas de eso? —dijo César, mientras cruzaba la pierna.

—Él… —Tweek se quedó pensativo, sólo recordaba a su padre como un hombre con miedo y culpa—. T-también e-estoy ¡Gah! orgulloso d-de ser su hijo.

Parecía que César desperdició una pregunta, pero las siguientes se cobrarían esa pérdida. Tony estaba nervioso, Paul intentó tranquilizarle, pero era una tarea imposible. Una mala respuesta podía hundir su carrera más rápido que el Titanic en el mar.

—Nos enteramos de lo ocurrido en una fiesta la semana pasada. Todas tus fans están preocupadas por tu salud. ¿Qué fue exactamente lo que te pasó esa noche?

Tweek se puso pálido al recordarlo. Tony fue quien entendió la intención de la pregunta. Inquirir "¿usas drogas, Tweek?" hubiera sido más grosero. El rubio tardó en responder, aumentando los rumores por unos instantes, al igual que el rating y la expectación de los fans, que se negaban a creer que su mayor ídolo era un asqueroso adicto a las drogas, alcohol o cualquier otra cosa.

—S-sufro d-de migraña. ¡Gah! —respondió el rubio, saliéndose por la tangente.

— ¿Por qué contrataste a un guarda espaldas? Habías rechazado a docenas antes de elegir a éste. ¿Qué tiene exactamente de especial? —ésa era la pregunta final.

Ahora el rostro de Tweek se puso totalmente rojo. Tony se golpeó la cabeza con la mano una y otra vez. El rubio se había hecho esa misma pregunta muchas veces y aún no tenía una respuesta. Bajó la mirada y luego vio a Craig. La cámara enfocó al guardaespaldas y luego al rostro de Tweek, quien ya tenía la respuesta.

—Porque lo quiero —dijo, provocando un grito ahogado y miles de murmullos.

"Una mierda", así describió Tony la entrevista. ¿Cómo carajo se le ocurre a Tweek decir esas cosas en televisión? Ahora la prensa de todo el mundo pensaba que es marica. Aunque no estarían muy alejados de la realidad, con esos ojos enamorados apuntando directamente a Tucker. No tenían tiempo que perder, ya habían llegado al Sambódromo para la inauguración oficial por parte de los organizadores, aunque los desfiles ya habían iniciado. Tony estaba más nervioso que nunca. Ahora sí que su reputación pendía de un hilo más delgado que un cabello y si no daba la mejor presentación de toda su vida, podría caer de la cima en cualquier segundo. La mayoría de las fans huirían si supieran que nunca tendrían a Tweek. No todas eran fanáticas de ese tipo de relaciones.

¿Dónde carajo estaban Kevin y Jason? Buscaba en todos los camarotes, la mayoría estaban vacíos, pues casi todos ya estaban afuera, listos para la inauguración. Tony también debería estar allá. Entonces, él abrió la puerta correcta, o quizá la equivocada. Sus ojos se convirtieron en dos platos, pues no podía creer lo que tenía enfrente. Jason prácticamente se comía a besos a su compañero. Kevin estaban sobre una mesa con Jason entre sus piernas, besando su cuello una y otra vez. Tardaron varios segundos en darse cuenta de la presencia de Tony. Al hacerlo, se cubrieron muy sonrojados e intentaron explicar lo que estaba más que claro. Kevin y Jason no sólo eran los mejores amigos y compañeros de trabajo, sino que eran amantes. Aun siéndolo, pudieron escalar sociablemente al lugar destinado para los heterosexuales, los "normales". Eso le parecía imposible a Tony, hasta hoy, hasta ver a ese par.

—Podemos explicarlo —casi jadeó Jason, con las mejillas ardiendo—. Nosotros…

—Gracias —dijo Tony, desconcertándolos—. No deben explicar nada. Ustedes se aman. ¿qué otra cosa necesitaría yo saber? Además de aprender a tocar la puerta antes de entrar, claro.

Dicho eso, salió sonriente de allí. Kevin y Jason se dieron una mirada, sin entender exactamente lo que ese chico había intentado decirles; pero lo importante era que su secreto no corría peligro. Ahora tenían un carnaval que inaugurar, los dos juntos.

El reloj marcaba las nueve de la noche y el momento finalmente había llegado. El escenario estaba arreglado y las luces apuntaban directamente a los dos organizadores más jóvenes de la historia. La gente de Brasil, e incluso del mundo entero, miraba sus televisores y contenía la respiración. Los desfiles del día fueron espectaculares, pero la promesa del cantante más famoso del momento era la base del carnaval.

Tweek tenía un apodo en el mundo de la música: "El remolino", pero no era por esa mancha en su iris, sino porque al cantar arrasaba con todo: voces, expectativas, sueños. Un torbellino que levantaba autos, casas y dejaba todo desolado. Sus fans dejaban lo que estuvieran haciendo con tal de verle cantar.

Craig se asomó un poco del lugar donde tenían a Tweek en primera fila. Tony regresaba sonriente, extrañamente sonriente. ¿Qué no estaba mega encabronado por la entrevista de Tweek? ¡Pero si incluso le sonrió! Craig abrió los ojos de par en par, las sorpresas del día no acababan.

Kevin se acercó al micrófono, seguía un poco asustado por haber sido descubierto en una situación tan comprometedora y, al verse en la pantalla gigante, no pudo evitar sonrojarse. Jason sintió un nudo en la garganta. Sí, había hablado del carnaval desde hace meses, pero nada te prepara para semejante cantidad de personas. Cada una de ellas con expectativas hacia su trabajo.

—Agradecemos a todos por venir —logró decir Stoley— y deseamos darles la bienvenida a este carnaval. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros disfrutamos organizándolo. Además, deseo invitarlos al concierto especial que tendrá lugar aquí a medianoche. Sé que ha habido especulaciones y por eso deseo decirles oficialmente que Tweek dará el concierto gratuitamente.

Una ola de aplausos y gritos de emoción asustaron a Tweek al principio e hicieron que temblara. Craig se apresuró a abrazarlo. Fue un acto reflejo. Pronto todas las cámaras grababan el acto romántico entre el guardaespaldas y el cliente. Si de por sí esa entrevista había sido suficiente para dudar de la sexualidad de esos dos. Ninguno de apartó del contacto.

Nunca en su vida habían visto un espectáculo tan lleno de luz y de colores. La alegría se veía en cada paso, sonrisa y salto. Trajes elaborados, pasos de bailes increíbles, escuelas que llevaban años ensayando para ese momento. Hombres, mujeres. Música por doquier. Al principio, Tweek se sintió intimidado, pero, como todos en ese país, se dejó llevar por la música y la alegría. Papeles de colores volaban por el aire, Craig luchaba por mantener la seguridad y no se despegaba del rubio. Tony les había dado la libertad de ver el desfile, pues faltaban unas horas para el concierto y nunca volverían a tener una oportunidad como esa.

Llegaron a la calle, Tweek quería acercarse más, hasta las valla de seguridad; pero Craig lo detenía. Si una fan daba el grito, una multitud les aplastaría. Escondió al rubio en un callejón vacío, a espaldas de todas las personas que veían el desfile nocturno. Entonces, una anciana apareció delante de ambos. Su cabello era blanco y estaba recogido con un broche. En cuanto los vio, sonrió y dejo ver sus pocos dientes. Se quitó el adorno del cabello y se lo aventó a Craig. Él intentó preguntarle ¿por qué les entregaba eso? Pero tan pronto dejó de verla, desapareció.

Tweek miró curioso el broche. Era un tucán hecho de oro. Craig lo apretó en su mano y lo guardó, tal vez la señora buscaba decirles algo y, al no encontrar las palabras, les entregó ese broche. El rubio miró una vez más a su guardaespaldas y recordó las palabras que dijo en la entrevista. Craig le miró también. Sabía que su amado rubio aún no recordaba nada, pero las ganas de besarle eran tan inmensas que no le importaba dejar eso a un lado, con tal de unir sus labios con él al menos una vez. Pero entonces el pelinegro escuchó por el comunicador la orden: era hora de ir al escenario y prepararse para el concierto.

—C-Cantaré salida —dijo el rubio cuando casi llegaban al Sambódromo.

Craig se sorprendió. Eso no estaba en el plan; Tony se enfadaría. ¿A quién carajo le importaba si Tony se ponía furioso? El guardaespaldas sonrió.

— ¿Podría hacer dueto contigo?

Las mejillas el rubio se sonrojaron. Aceptó de inmediato.

Las cosas detrás del escenario estaban vueltas locas. Tweek llegaba retrasado y Paul iba de un lado al otro con instrucciones, mientras hacía una última revisión de instrumentos y sonido. Nelly le daba una mano, pero ese era trabajo para diez, no para dos personas. Tony había dejado a un lado el estrés y en parte era un alivio para todos no escuchar sus quejas y apuros aquí y allá. A Paul le parecía extraña su actitud, le preocupaba. Tony actuaba como si estuviera enamorado. ¿Conoció a alguien? ¿Por fin se había olvidado del músico? ¿O Paul había sido un juego para él desde el principio? Un nudo se le hizo en el estómago y Nelly tuvo que sacudirle para que volviera a su trabajo.

Casi todo estaba listo y Paul quiso darse un respiro. En unos minutos, subiría a tocar al escenario. Revisaba su guitarra cuando el manager más cotizado en la actualidad se paró delante de él. El músico trato de controlarse y verse desinteresado, pero le fue imposible.

—Paul, me he dado cuenta de algo —ante la falta de respuesta, se acercó aún más—. No te culparía de estar enojado, pero sé que no lo estás. Porque sé que me amas tanto como yo a ti.

El músico le miró a los ojos, completamente en shock. Tony le besó de improviso. Paul trató de negarse, de hacerle ver que estaba furioso con él, pero no pudo. Correspondió más feliz que nunca y pronto todos los músicos empezaron a aplaudirles. Nelly se asomó desde el otro lado del escenario y sonrió. Ya va uno, falta el otro par de tórtolos. Cuando el beso se rompió, Paul estaba rojo a más no poder y seguía sin creer lo que había pasado. Tomó la mano de Tony y le dio otro beso.

—Siempre que tocaba una canción de amor lo hacía pensando en ti, Tony —confesó—. Tocaré como nunca hoy, no por el público, sino por ti.

El manager le abrazó con fuerza, hasta que empezó la cuenta regresiva para salir al escenario. Paul corrió a su lugar, sin imaginarse que la vida de todos estaba por dar un giro tan brusco que no alcanzarían a agarrarse.

"No me olvides, te lo suplico"

Llegaron tarde y ahora vestían, maquillaban y le colocaban a Tweek el micrófono al mismo tiempo. Craig esperaba afuera, mientras escuchaba los reportes de último minuto de su equipo. Todo en calma. Todo en paz. Vio la prueba de las luces y la estructura que las sostenía le volvió a parecer débil. Pero como le dijeron en el ensayo, él no era un experto. El rubio salió del camerino y vio una vez más a su guardaespaldas mientras caminaba rumbo al escenario, pero se detuvo en la orilla de éste.

—C-Cumpliré m-mi ¡Gah! promesa —dijo Tweek—. C-Cantarás conmigo.

Craig le sonrió y le suplicó con la mirada que no se olvidara de él. Tweek se dejó llevar por el deseo de su corazón. Besó a Craig en ese instante. El pelinegro correspondió de inmediato, había esperado diez años para probar esos labios. Las manos de Tweek se entrelazaron detrás de la nuca de Craig, mientras Tucker lo tomaba de la cintura y ladeaba la cabeza para profundizar el beso. Tweek sintió un hambre inmensa, quería comerse a Craig a besos. Temblaba ansiosamente, se olvidaba de su realidad, se olvidaba que tenía más partes del cuerpo además de sus labios que probaban los de Craig. Amaba a ese chico pelinegro con su alma y deseaba más que nunca recordar por qué lo amaba tanto, por qué se había enamorado de él. El beso se rompió cuando la música de la primera canción comenzó a sonar. Tweek le sonrió y trató de alejarse, pero Craig lo detuvo un instante más. Colocó el broche en la manga izquierda del rubio. El brillante tucán le daba un toque de Río de Janeiro al vestuario. Le besó una última vez antes de que el joven se perdiera en la pared de humo que salía de las máquinas laterales.

Las luces, que recorrían el público, se concentraron en el escenario e iluminaron la figura de Tweek. El rubio se sintió libre. Miró a todas las almas allí presentes: los celulares encendidos y afuera, grabando o iluminando el lugar; carteles fosforescente en portugués; gritos que venían desde el fondo de los pulmones; propuestas de matrimonio; declaraciones de amor; y sí, ¿por qué negarlo?, insultos o envidias entre los hombres y mujeres allí presentes.

Paul marcó el inicio de la canción con unos acordes de su guitarra. La voz de Tweek calló todas las demás, no era para menos: estaba cantando en portugués uno de sus éxitos. Era la canción que más había ensayado y se sentía orgulloso de poder cantarla a la perfección. Craig quedó maravillado al oírle. Si bien no era la primera vez que le oía cantar, no dejaba de sorprenderle. Se desenvolvía a la perfección; era un Tweek completamente distinto. Los bailarines subieron al escenario y amenizaron la canción. Tony miraba con amor a su músico favorito y Nelly tocaba el teclado. El coro cantaba perfecto y el público enloquecía. Kevin y Jason respiraban tranquilos, sentían que la misión estaban cumplida y no contuvieron las ganas de besarse.

La canción terminó con una ola de ovaciones. Tweek se acercó a Paul y le susurró algo al oído. El músico dudo un segundo, pero luego hizo la seña a su compañeros para que tocaran salida. Los músicos se vieron entre sí, pero obedecieron. Unas pequeñas notas sonaron en el aire, desconcertando a los organizadores y a Tony. Tweek se dirigió al público.

—Quiero d-dedicarles e-esta canción —dijo el rubio. Miró a su izquierda—, y quiero c-cantarla c-con m-mi mejor a-amigo ¡Gah! Craig Tucker. V-Ven al e-escenario, Craig.

El pelinegro tomó uno de los micrófonos de los coristas y salió frente al público, sonriente. No sabía cantar, nunca lo había intentado, pero lo único que deseaba en el mundo era interpretar esa canción con su amado. Eso le permitiría entrar a su nuevo mundo, a dónde realmente era feliz. Tony no detuvo nada. Al menos Tweek se encargó de decir "mi mejor amigo" en vez de "el chico que me excita" o "el chico con el que quiero perder mi virginidad". Nelly sonrió más todavía. Ahora sí todo estaba completamente en paz.

Craig POV

Les dije un millón y medio de veces. ¿Me escucharon? ¡Ni una sola de ellas! ¿Qué puede saber un idiota guardaespaldas de equipo de iluminación? Nada, pendejo, sólo es la jodida lógica. Cuando ves que la estructura que detiene las luces tiembla ante las más mínima brisa de aire, significa que algo anda mal. ¿No lo creen? Bueno, pues ellos no lo consideraron en sus perfectos planos, ni en su preparación de meses.

En cuanto escuché ese ruido sordo, supe exactamente lo que había pasado. Reaccioné antes que todos, incluso que el miedo que debió haberme paralizado. Corrí hacia Tweek. El broche brillaba en el brazo y por un instante pensé que la mujer lo entregó con mala intención. Pero, aunque se escuche loco, creí escuchar un gemido de miedo proveniente de ese objeto. Éste había sido colocado justamente para lo contrario, pero ahora ya no importaba. Estaba sucediendo lo más obvio e ignorado.

Empujé con fuerza a Tweek, causando que trastabillara y finalmente cayera sobre el iluminado piso del escenario. Bueno, iluminado hasta ahora. El soporte de las luces era pesado y de color negro. Lo vigilé muchas veces en los ensayos y ahora me caía encima. Sentí la primera de las luces impactarme en el hombro y la cabeza. Los vidrios del foco roto se clavaron en mi piel y los alrededores de mi piel se quemaron por el calor acumulado. Entonces, el resto de la estructura se me vino encima. Tuve las mismas lesiones a lo largo de la espalda y una pierna. Sin embargo, un último cable impidió que su peso total me aplastara.

Todo el escenario se oscureció. La luz se había cortado y yo sentía el peso de la estructura. Me quedé sin aire al instante y no recuperarlo. Escuché gritos, exclamaciones asustadas, pero yo sólo podía ver a Tweek, temblando, mientras se preguntaba ¿qué carajos había pasado? Sencillo, Tweek, me cayeron las estrellas del cielo. Acabo de evitar que tú fueras aplastado. Sentí un líquido caliente en mi rostro y vi mi sangre. Podía morir. Seguramente moriría. Pero al menos logré salvarlo. Ésa era mi condena, lo que merecía por no haber alcanzado ese maldito automóvil blanco.

Fin Craig POV

Todo ocurrió en un segundo. El público estaba impactado, los organizadores estaban impactados, el equipo estaba impactado, los televidentes lo estaban, ¡todos! El único que estaba hecho pedazos era Tweek. Su vida acababa de ser aplastada por una estructura de luces artificiales de colores. Todo se detuvo y la triste imagen quedó grabada en el remolino, que se extendió por todo su iris. De pronto, se vio obligado a bajar del arcoíris y estrellarse estrepitosamente con el suelo de concreto. Unas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, aunque su cabeza seguía en shock. No se desmayaría, al contrario de lo que todo habrían supuesto. No. Permanecería allí, viendo cómo unos paramédicos levantaban el metal antes de que el último cable cediera. Tony los organizaba como podía, mientras Paul y Nelly llegaron hasta Tweek. Craig le había salvado la vida, pues el rubio hubiese muerto al instante.

Los médicos tomaban el pulso de Craig y revisaban las sangrantes heridas provocadas por los focos. El verdadero temor era el daño interno e incluso una hemorragia o parálisis por una vértebra rota. Tendrían que llevarlo a un hospital de inmediato. Tweek reaccionó e intentó llegar hasta donde estaba su amigo, pero Paul lo detuvo. Su micrófono seguía encendido, por lo que todos los presentes lograron escuchar.

— ¡Craig! ¡Mierda, C-Craig! ¿Por qué m-me cuidaste? ¡Craig! Por f-favor. ¡Gah! Yo no p-podría seguir s-si no regresas. ¡Gah! ¡Craig di algo!

Finalmente le apagaron el aparato, pero Tweek no podía dejar de llorar. Gritaba y moría a cada segundo. Estaba igual de herido que su guardaespaldas. Su corazón podría hacerse polvo con un movimiento de cabeza de quien le controlaba el pulso. Por suerte, eso no pasó. La ambulancia llegó al lugar y subieron a Craig a una camilla. Tweek quería ir con él, no deseaba despegársele; pero no se lo permitieron. A nadie. Kevin y Jason dijeron que los llevarían al hospital.

Pronto, los dos músicos, el manager y el cantante viajaban a toda velocidad detrás de una ambulancia, rumbo a una eterna esperan en el hospital. ¿Qué no estaba a punto de cantar salida al lado de Craig?

Tres hora sin recibir una noticia del estado de Craig. Se pasaron tan lentamente que se sintieron eternas. Tweek no había pronunciado una sola palabra en ese tiempo y se dedicaba a tomar vasos y más vasos de café. Tony abrazaba a Paul, el chico le debía le vida a Craig y verlo en ese estado era devastador. Nelly lloraba en silencio, ¿por qué siempre que creía que todo iría bien ocurría una tragedia? Kevin y Jason dejaron atrás sus preocupaciones y responsabilidades en el carnaval. Sólo deseaban escuchar que Craig estaría bien. Pero ningún doctor salía de las puertas que rezaban "terapia intensiva" con luces de neón. La desesperación se apoderaba con rapidez de los corazones de todos.

Entonces, un doctor salió. Su semblante era triste y sus ojos no esperanzaba. Tony y Paul se acercaron mientras Nelly intentaba controlar a Tweek. El doctor se quitó los anteojos.

—Casi muere, por suerte no hubo daño en su columna ni un sangrado interno, pero el golpe en la cabeza fue demasiado fuerte. No pudimos evitar que cayera en coma.

El corazón de Tweek se detuvo un instante al escuchar esas palabras. Nelly rompió en llanto. Incluso Tony comenzó a llorar, pues se arrepentía de haber desconfiado de Craig.

—Salvó a Tweek —sollozó Tony— y yo siempre lo traté como una basura.

—Uno de ustedes puede verlo si así quiere —dijo el doctor.

De inmediato todos voltearon a ver a Tweek.

Le colocaron una bata especial, cubrieron su cabello y le pusieron unos guantes en manos y pies antes de dejarlo pasar. Tweek casi se derrumba al verlo, lleno de máquinas y tubos, con el corazón latiéndole muy apenas. Se acercó con ganas de darle un beso, de pedirle que despertara para volver a casa. ¿Casa? ¿Cuál era realmente su casa? ¿Por qué no podía evitar tararear salida cada vez que veía a Craig? Sostuvo con fuerza su mano, mientras unas lágrimas bajaban por sus mejillas y mojaban el cubre bocas verde.

— ¿Qué he de recordar, Craig? —dijo sin tartamudear ni una sola vez.

Entonces el recuerdo apareció, con un poderoso rayo de luz, un pitido y un tremendo dolor de cabeza. Regresó a su canción, a su recuerdo reprimido.

2:03 AM – Río de Janeiro, Brasil (–3 UTC)