Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
VI Sobre cómo una primera cita perfecta con uno es una noche imperfecta con otro
Angielizz (Anbeth Coro)
Peter hizo para mí un día de campo en el jardín de mi casa, cerca de la piscina. Con un mantel de tela de cuadros, una canasta con bocadillos, un poco de vino, un par de copas, y una rebanada de pastel. Sonreí soltando su mano y corriendo hacia donde estaba nuestro pequeño picnic.
—¿Qué te parece?
—Nunca nadie había hecho esto por mí. ¡Oh Peter, me encanta!
Se sienta a mi lado y se ríe mientras se acerca a dejar un beso suave en mis labios, mi mentón, mi garganta, me estremezco mientras sigue bajando.
—Espera… así no.
Pero sigue besándome.
—¿Por qué, Alice? Sabes que lo quieres tanto como yo.
—James podría venir.
—Nena, no vendrá y si viene me encargaré de alejarlo.
—Sabes que no va a irse si nos encuentra en una situación… como ésta.
—Nena, shh, déjate llevar.
Después del pequeño bache en nuestra cita, retomamos el juego. Aún me quedaban seis partidas por ganar y tenía todos mis deseos de hacerlo.
La única desventaja es que Jasper era realmente bueno jugando boliche. Habría hecho chuza sin parar de no ser porque yo era realmente buena distrayéndolo. En lugar de quedarme sentada mientras lo veía jugar, me paraba a su lado o detrás de él.
—¿Crees que logres follarme tantas veces como tiras bolos? —así consegui que su primera oportunidad del cuarto turno se fuera por la cuneta.
—Alice —sonó como una voz de advertencia.
—Sólo quiero saber.
Fue a esperar su bola azul y cuando regresó volvió a pararse para tirar sin pensárselo.
—Espero que puedas follarme una decena de veces esa noche —mi comentario no había sido lo suficiente rápido ni inteligente porque él consiguió una perfecta chuza. Miraba de él a los bolos caídos y de nuevo a su perfecta sonrisa de idiota.
—¿Una decena dices? ¿Acaso ya estás pensando en repetir, Alice?
En respuesta sólo le entrecerré los ojos mientras caminaba enfurecida por mi bola rosa, escuché su risa imprudente mientras se volvía a sentar en el sillón de cuero.
—¿No vas a distraerme?
—Ya eres lo suficientemente mala sin ayuda.
Le entrecerré los ojos de nuevo y miré hacia el frente. Voy a ganar, voy a ganar, voy a ganar. En ese quinto turno logré tirar siete bolos.
Apenas me senté a agarrar papas fritas, Jasper inició el cuestionario y me pregunté si había escrito antes las preguntas que quería hacerme.
—¿Cuál ha sido tu mejor cita antes de ésta?
—¿Por qué asumes que ésta ha sido mi mejor cita? —hizo una sonrisa de medio lado presuntuosa. Me senté a su lado a comer papas fritas.
—Responde.
Intenté pensar en una última cita, pero el problema es que a mí no me gustaba salir con chicos para perder mi tiempo, y sin embargo mi cabeza me llevó a la última cita antes de esta. Tenía entonces dieciséis años y Peter había hecho un día de campo en el jardín, sacudo mi cabeza enviando ese recuerdo al rincón de mierda donde merece estar.
—No tengo citas. Ya te lo dije.
—Venga, Alice. ¿Cuál fue tu última cita?
—No tengo citas. Siguiente.
Si me creyó o no, no insistió.
—¿Cuál sería tu cita de ensueño? —lo miré recuperando mi humor y sonreí burlona.
—Eso es trampa.
—Prometo no usarlo en ninguna de las próximas dos citas.
Levanté una escéptica ceja en su dirección, sonrío. ¿Acaso sonreír era lo único que sabía hacer?
—¿Cuándo vas a usarlo?
—Responde —evadió.
—Un día de compras.
—Estás bromeando.
—Me gusta ir de compras.
—¿Y a dónde iríamos? —no señalé que yo no iría con él a esa cita ni a ninguna otra después de la tercera.
—Esa es una pregunta.
—Lo sé.
—A todo tipo de tiendas. Un tour de tiendas. Desde tiendas de golosinas, hasta una donde pudiera elegir una corbata que combinara con mi vestido nuevo, iríamos a una tienda de lencería y a una sex shop, y terminaríamos en un bufete de carnes.
Pero en lugar de rodarme los ojos o decir que era una ridiculez solo se quedó mirando su papa frita antes de sencillamente asentir y decirme que ya estaba esperando ver cuál sería el color de su corbata. Y como empecé a tener una sonrisa inapropiada y fuera de lugar le repetí que eso no iba a pasar nunca.
Pero Jasper se levantó como si no hubiera dicho nada. Porque él tiene esa cosa que lo hace tomar los insultos y mandarlos a una pila de palabras sin fondo.
Para mi decepción cuando no consiguió hacer chuza, lograba tirarlos todos en el siguiente tiro. Como dije, era demasiado bueno y tramposo en esto.
Cuando llegamos a mi edificio me quedo esperando en el asiento a que me bese como solían hacerlo los otros tipos con los que salí antes, es claro para mí que vamos a besarnos de tal manera que terminaremos subiendo a mi apartamento. Pero Jasper sólo acomoda el mechón de cabello que había quedado un poco más corto que el resto detrás de mi oreja, antes de recargar su espalda contra su puerta alejándose de mí.
—¿Vas a subir? —pregunto tomando su mano que está sujetando la palanca de cambios del automóvil, me da un apretón suave antes de poner su mano lejos de mí sobre el volante.
—No esta noche —¿No esta noche? ¿de verdad me ha dicho que no?
—¿No?
Niega con su cabeza.
—Pero hemos tenido una buena cita.
—Ha sido estupenda —acepta sonriendo mientras llevaba su mano a mi cabello y lo acomodaba detrás de la oreja. ¿Es-tu-pen-da ha dicho?
—¿Pero?
—Sólo no hoy.
—Bien —sonreí—, diviértete con tu mano.
Me bajo del automóvil cerrando la puerta con un poco más de fuerza de la que debería. Me agacho a la altura de la ventana, pero él sigue sonriendo con diversión.
—Estaré esperando tu llamada —dice y yo me limito a obligarme a sonreír burlona, aunque todo lo que quiero es decirle que es un hijo de perra con rabia. Camino hacia mi edificio.
Pero aunque espero que baje repentinamente, agarre mi rostro y me bese, no ocurre así.
Miro hacia atrás, encontrándolo sólo mirándome sonriente desde el asiento de su carro. ¿De verdad no iba a ir tras de mi por lo menos a robarme un beso? Agita su mano frente a sí. Parece que no.
Lo siguiente que hago al llegar a mi apartamento es hacer una llamada. Aunque no a Jasper. Sino a Tomás. Venga, quizás había sido un poco injusto con él al no devolverle la llamada, había sido una buena noche de sexo la de hace dos semanas.
—¿Alice?
—Hola, Tomás. ¿Estás ocupado hoy?
—Camino a una cita.
—Oh que mal —mi tono suena falsamente decaído.
—¿Tenías algo en mente? —sonrío para mí.
—Muchas cosas, pero llámame otro día. Tal vez podamos repetir después lo de la otra vez —por supuesto que dirá que sí, no había hecho más que llamar, dejar mensajes y enviarme fotos por Instagram de su pene. Encantador.
—¿Estás en tu apartamento? Puedo llegar ahí en diez minutos.
—¿Y tu cita?
—Cancelaré, es una extraña —ella es una extraña, y yo algo seguro. No hay que pensárselo para elegir, ¿por qué Jasper no podía pensar como este tipejo?
Mientras me siento en el sillón a esperar, recuerdo el sexto turno del boliche. Yo hice una chuza, la primera de toda mi vida. Así que eso debía ser una excusa suficiente para lanzar un grito agudo de emoción.
No sólo me bastó hacer un ridículo baile de ganadora, o lanzar los brazos al aire de manera desquiciada, además hice sonidos golpeando mis labios de las manos como si perteneciera a una tribu de ganadores de boliche.
Jasper sólo estaba riendo de mí desde su lugar, pero no me importaba.
—¿Viste eso? —y volví con lo de los sonidos con mi mano y mi boca.
Se puso de píe mientras yo veía la pantalla con la caricatura mostrando mi chuza perfecta. Una vez frente a la línea roja yo seguí presumiendole mi victoria.
—¿Ahora ya estás atemorizado? —me miró con una sonrisa.
—Totalmente aterrado de ti.
Y el cabrón hijo de perra lanzó la bola sin mirar hacia el frente, manteniendo sus ojos siempre hacia mí. Por un segundo pensé ante su confianza que iba a atreverse a hacer una chuza a ciegas y arruinarme mi celebración, pero no fue así.
En lugar de realizar una chuza en ese tiro, solo derrumbó dos, y en el siguiente apenas derrumbó tres, lo que me daba cinco preguntas.
Volvimos a sentarnos, Jasper había dejado para mí las últimas seis piezas de alitas BBQ y estaba tomando de las picantes, aunque con cada alita que comía daba un largo sorbo a la botella de agua que se había tenido que pedir. Me preguntaba si su resistencia al picante era nula o le gustaba eso del sufrimiento por picante.
—¿Cómo se llamaba tu primera novia? —su respuesta fue rápida, lo que decía que no la había olvidado como lo habría hecho algún imbécil.
—Sarahí.
Bonito nombre.
—Imagino que ibas en el jardín de infantes o algo así —sonrío al notar que no estaba preguntando para hacerlo responder.
—Tenía diecisiete.
—¿Por qué no habías tenido novia antes?
—No era muy guapo en ese entonces.
—Yo te recuerdo y no eras muy feo tampoco —se río, agarré una alita.
—Tenías diez años, Alice, creo que lo que sea que fuera tu sentido del gusto no era compatible con la opinión de las chicas de mi edad. Además como recuerdas tenía sobrepeso al final de la secundaria y los primeros años de la preparatoria. Hasta que entré a un equipo de box empecé a bajar de peso y meses después comencé a salir con Sarahí.
—Esa Sarahí debió estar muy ciega antes —digo agarrando otra papa frita.
—Así es la preparatoria.
—¿Y cómo terminó esa relación?
Mira hacia el techo unos segundos como si buscara entre sus recuerdos.
—Con la universidad. Ella se iba a un estado y yo a otro, y ninguno quería una relación a distancia así que sólo cortamos por la paz.
Agarré su vaso de refresco y le di un trago sin pedir permiso, estaba harta de mi agua. Debí aceptar el té helado en lugar de ser una perra orgullosa.
—¿Qué es lo primero en lo que te fijas en una mujer?
Esta era una pregunta con trampa. Verás esta pregunta puede decirte todo de quien responde. Los idiotas dicen pechos o trasero, los imbéciles dicen cosas cursis como su sonrisa o sus ojos, y los mentirosos dicen cosas como su inteligencia.
—Si me hace reír.
Bueno eso yo no sé quién lo diga, sólo Jasper. No quiero preguntar por qué, así que asiento levantando mi ceja esperando que continué.
—¿No quieres saber que es lo que me gusta de ti?
—Que yo te hago reír —respondo como una sabionda, y él sonríe negando con su cabeza.
—Que te haces reír a ti misma —paso saliva para quitarme las ganas de besarlo en ese momento.
Y en este instante llega mi segunda cita de la noche. Apenas abro la puerta mete su pie en mi apartamento y su lengua a mi boca. Ugh.
Cierro la puerta a sus espaldas y sin preguntarme por mi día caminamos hacia mi habitación. Porque así me gusta. Y cuando me quito el vestido con prisas mientras él se baja el pantalón descubro que ya estoy muy mojada, pero no tiene nada que ver mi cita número dos de la noche, sino que estoy pensando en mi cita número uno.
—Incluso cuando la gente te molesta o algun idiota te dice algo fuera de lugar tú no sólo los insultas, les dices algo que te haría reír a ti. Es interesante y gracioso de ver, no lo niego. Excepto cuando lo has usado antes en mí.
Cuando le dije que sólo iba a conseguir acostarse conmigo por una estúpida apuesta.
—No me acostaría contigo por una apuesta, Jasper. Nunca he hecho eso.
Se quedó quieto mirándome a los ojos.
—¿Quieres besarme? —pregunté y él sólo sonrió dulce, sincero y después como todo un patán dijo que:
—No tienes una idea, pero no voy a besarte hoy.
Estoy con mi pecho contra el colchón y mi cabeza enterrada en las almohadas. Y en lo único que puedo pensar es en esa sonrisa rechazándome.
—¿Te gusta así? —grita como cavernícola mi cita número dos. Y me odio un montón por hacerme esto a mí misma, ¿tan terrible era haberme quedado con las ganas? Ahora no sólo me estoy quedando con una frustración, sino que tengo que tolerar a este idiota.
—Oh sí, me encanta —¿será capaz de notar lo falso que suenan mis gemidos? Por eso nunca repito, el sexo repetitivo es aburrido. Es una pena porque este chico me había sacado dos orgasmos la anterior vez que estuvimos juntos, lo que es… mucho o poco según se vea.
Pero ahora me llevaré una pila de orgasmos falsos para hacerlo terminar antes y romper con esta agonía.
—Más. Más. Más —grito tan alto como puedo mientras mis manos golpetean el colchón indicándole como lo quiero. No, si le indicara como lo quiero le haría una señal de pausa. Quiero que termine y se largue de mi piso.
¿Qué estará haciendo Jasper ahora? ¿Tendría otra cita? ¿Y por qué mierda me importa eso? Pues me importa porque si yo he llegado caliente a mi edificio, él también lo ha hecho. Y seguramente está ahora mismo satisfaciendo sus deseos como yo. O no.
O no, y él está en su apartamento pensando en nuestra es-tu-pen-da primera cita, pero sin que un gorila le esté follando por la espalda. Mierda. Cómo pesa este idiota.
—Oh sí, así, así —ya ni siquiera me esfuerzo en fingir mi voz, suena robótica contra la almohada. Y quiero desaparecer y transportarme a otro lugar.
Cuando le pregunté si quería besarme sujetó mi mejilla con su mano pasando mis pulgares sobre mi piel. Y mis labios se abrieron como una reacción automática.
—Voy a besarte sólo cuando no te lo esperes —suena a una promesa incluso entonces.
—¿Por qué? —pregunté arrugando la frente sin entender para qué esperar.
—Se te acabaron las preguntas.
—Nena, voy a… voy a… voy a… —ugh. Justo como la anterior vez.
Espero unos segundos antes de moverme lejos de él y correr al baño a lavarme la cara. ¿Por qué había sido tan estúpida como para invitar a ese tarado a volver?
En los siguientes turnos debía en total ocho preguntas. Me convertí casi en una profesional en muy poco tiempo como puede verse.
Jasper preguntó por mi relación con mamá, que era excelente, nosotras podíamos hablar casi de todo excepto de los idiotas con los que tenía sexo, mamá y yo hablamos al menos tres veces por semana al teléfono en videollamadas, mis padres se habían mudado hace un año a un pueblo con gran recepción de turistas para abrir el segundo restaurante de mamá, pero en realidad se mudaron ahí porque en uno de sus viajes quedaron enamorados de ese lugar y al parecer soñaban con envejecer ahí dado que sus hijos habían abandonado el nido y los nietos no iban a llegar pronto.
Preguntó por mis mascotas, Coco y Channel, dos perros que había rescatado hace un par de años del callejón. Eran unas cosas hermosas, aunque creo que sólo a mis ojos. Coco era una mezcla de pug y chihuahua, tenía el pelaje color crema y una mancha en uno de sus ojos, ella era la más tranquila de las dos aunque también la más exigente de atención. Channel era una perrita pequeña y alargada con pelaje blanco con negro, del tamaño de Coco pero sin la cara aplastada de pug, Channel era la más lista de las dos, sabía traerme el control de la televisión a la cama y saltaba tan alto que podía subir al sillón. Las rescaté del callejón de la cafetería de Alice y eramos inseparables.
Exacto. Mi cafetería. Tenía una pequeña franquicia local de cuatro cafeterías en total. Obviamente no las había conseguido de la noche a la mañana. Edward, mi hermanito mayor, me ayudó con un empujón económico cuando le hablé de ese proyecto, y como no tenía distracciones sentimentales, la cafetería de Alice se convirtió en mi marido por los primeros años, así que me dediqué a ese bebé noche y día hasta hacerlo crecer.
Jasper también me preguntó por mis estudios en la universidad, Administración de empresas, que honestamente había elegido sólo por añadirle un título a mi vida, pero no me gustaba del todo, aunque con la cafetería resultó ser muy útil. Y no había mucho por decir, me gustó más mi vida universitaria por la fiesta y las amigas que por los estudios.
Estaba muy interesado después en saber si era apasionada al cine, tanto que desperdició ahí dos preguntas. ¿Qué género de películas me gustaban? Y ¿si me gustaría ver películas en blanco y negro alguna vez? A la primera pregunta respondí que me gustaban las de terror, ciencia ficción y suspenso. A la segunda le respondí que sí, pero que nunca había visto ninguna antes. Le quedaban todavía tres preguntas por hacer, las tres eran de mi último turno, pero dijo que esa las usaría después y que no podría negarme a responder.
Cuando salgo del baño por suerte el peor sexo de mi vida ya se está vistiendo. IUGH, maldito cerdo de mierda. ¿Ese era el condón sobre mis sabanas? Sencillamente asqueroso.
—Tira esa cosa.
La levanta con sus dedos y va a tirarla al escusado. Se lava las manos y regresa a mí con claras intenciones de abrazarme.
—Demonios, olvidé que mañana tengo que madrugar —digo esquivando su abrazo. Seguramente es del tipo que le gusta hacer cucharita en la cama y me rehuso a eso.
Me pongo mi bata de seda y comienzo a caminar hacia la puerta de mi apartamento. El peor sexo de mi vida camina tras de mí hablándome sobre repetirlo pronto, le doy una sonrisa falsa sin responder. No puedo creer que haya repetido con este idiota solo por sentirme frustrada por culpa de Jasper. Le abro la puerta por completo.
—Adios, Alice. Ha sido la mejor noch —cierro la puerta en sus narices, meto llave, pasador y seguro antes de dar media vuelta y regresar a mi habitación. Quito las sabanas y las llevo al cesto de ropa sucia. Después camino hacia el baño intentando desinfectarme de la esencia de ese tipo.
Y mientras estoy bajo el chorro del agua recuerdo esas últimas tres preguntas que respondió para mí y que me hicieron darme cuenta que no sólo me había equivocado al suponer dónde sería nuestra cita, sino también hacerme notar que en realidad no conocía tanto como pensaba a este hombre.
—¿Por qué el boliche?
—¿Disculpa? —preguntó confundido sentándose a mi lado después del octavo turno y agarrando la última alita disponible, levantó la mano para hacer que el mesero se acercara a nosotros, el pobre chico parecía asustado de mí— ¿podría traer dos tés helado? —el mesero miraba de mí a Jasper con una ceja alzada como si se preguntara cómo es que Jasper no había salido corriendo de aquí.
—En un minuto —y se retiró con nuestra orden.
—Responde, ¿por qué elegiste traerme al boliche hoy?
—Porque soy bueno jugando boliche, y cuando te lo ponen difícil entonces te esfuerzas más. Además, esto ha sido mucho más divertido que estar sentados en un restaurante caro con una cena baja en calorías.
Miro hacia los platos vacíos donde antes había alitas y papas fritas. La comida ha sido un asco, pero en realidad sí me había divertido.
—¿Por qué si has tenido tantas novias nunca has estado cerca de casarte?
Se queda quieto y lo salva el mesero con nuestras bebidas porque eso le da tiempo para distraerse sirviendo té en los vasos con hielo. Me alcanza el mío. Jasper tiene treinta y dos años, y en un par de meses cumplirá treinta y tres. Jamás ha hablado de comprometerse.
—Supongo que aun no encuentro a la indicada.
—Eso no existe.
—¿Qué cosa?
—Eso, la idea de encontrar a la persona indicada. En realidad es la evolución humana que hace que tu cerebro crea que una persona con tu coeficiente intelectual, a quien te sientes atraído por largo tiempo y que es compatible a tus rutinas y metas a mediano plazo puede convertirse en una compañera de vida. No es como si un día despertaras y sólo supieras que vas a casarte con cierta persona como por arte de magia.
—Yo creo que sí, sólo que aún no es tiempo de eso —se encogió de hombros quitándole importancia. Rodeé los ojos mirando hacia la pista apagada, el juego había terminado. En la décima ronda, Jasper había dejado tres bolos en el suelo y la siguiente era mi última pregunta así que debía elegirla con cuidado, sólo que no sabía qué preguntar.
—Si tú vas a quedarte con tres preguntas lo justo es que yo me quede con una.
—Me parece justo —y se acercó a remover ese mechón rebelde por millonésima vez.
—¿Te gustó nuestra cita?
—¿Acaso estás usando una de tus preguntas? —negó con su cabeza con una sonrisa de medio lado.
—No.
—Fue divertida. Posiblemente te añada a mi lista de citas divertidas —la inexiste lista de citas.
—Estoy en la cima, Alice. Aunque no quieras admitirlo todavía.
Salgo de la ducha y me pregunto cuánto de eso es cierto. Me doy una mirada en el espejo del baño con mi cabello húmedo y las gotas del agua bajando por mi cuerpo desnudo.
Sólo será una vez, Alice. Tres citas, un acostón y él estará lejos de mí. Como todos los otros hombres que han entendido mis reglas antes, es tan simple como eso, aunque Jasper tiene un punto: es un buen jugador.
Pero yo tengo dos puntos a mi favor: nunca pierdo y tampoco tengo un corazón.
Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.
Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.
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