Ahora no tengo un motivo especial para volver. Quizá sentí el llamado a terminar esta historia inconclusa o no tengo nada mejor que hacer. El caso es que está aquí de nuevo, señores, y espero que ya sea el último regreso. Planeo actualizar la historia cada dos semanas, para que no me vayan a agarrar las prisas, ni el estrés. He de advertir también que no he modificado para nada el texto original. No lo he mejorado y mira que había varios puntos que lo amenizaban. Decidí que la historia original debía permanecer intacta.

Capítulo: 11/27

Pareja: Grophe

Canción: Bad Romance de Lady Gaga

POV: Christophe

Gracias. Si es que seguían esperando. Gracias. Si es la primera vez que conocen esta historia.


Capítulo 9: "La misión del recuerdo"

"Sabes que te quiero, sabes que te necesito"

19 de febrero de 2012

10:08 PM Roma, Italia (+1 UTC)

Christophe POV

Con esta ya van tres misiones de robo a La Camorra. No digo que no sea peligroso, ni importante; simplemente no es lo mío. Tener que vivir tanto tiempo con Gregory, quien se niega a hablarme, y con Dug me está enfermando. Mi hombro no ha sanado completamente, pero estoy seguro de que podría patearle el culo a ese traidor si me lo propusiera. No he vuelto a mencionar el asunto, ni nadie me ha vuelto a preguntar. Pero cuando tenga las pruebas necesarias ya se las verá "mi superior" Dug.

Nos sentamos Mack y yo en uno de los sillones del hotel abandonado. Quedamos exhaustos de cargar tantas cajas y volver a acomodarlas en nuestra bodega. No culpaba a La Camorra de odiarnos. Si un grupo de cabrones me arrebatara lo que he tardado tanto en crear también me emputaría. Es más, creo que ya me ha pasado. Nomás miren a la parejita del año: Gregory y el estúpido de Dug. Nada más y nada menos que los medios hermanos detrás de ellos. Eric se veía contento; Scott no ocultaba su desagrado hacia mí. Estoy seguro de que fue su idea degradarme a Capodecime.

—Buen trabajo —dijo Eric.

No recordaba la última vez que esas palabras salían de su boca.

—Danos un trabajo de verdad, Cartman —me quejé, arruinando su momento de felicidad.

Eric volteó a verme muy enojado, Mack rodó los ojos y Gregory se pasó una mano por el cabello, ¿si ya me conocen por qué mierda se sorprenden cada vez que actuo así? Scott me miró a los ojos, pero no retrocedí. Me he cansado de ser una rata que roba comida aquí y allá. Yo era un mercenario ¡Nací para matar, carajo! La bola de grasa negó con la cabeza, diciendo que iría a buscar algo. Finalmente un punto para mí, luego de esta semana tan espantosa.

— ¿Qué tienes en contra de robar? —me preguntó Mack muy irritado.

—No te hagas. Tú también estás harto de ser el vigilante. Mejor agradéceme por decirlo.

Mack no se atrevió a afirmar lo contrario. Gregory contenía las ganas de darme una paliza, pero poco me importaba ahora. En cuento la traición se llevara acabo volvería arrastrándose a mis pies. Ése era el único lado bueno del egoísta y maldito plan de Dug. Volvería corriendo hacia mí.

Fin Christophe POV

La mafia. El origen de esa organización es muy diferente a lo que cualquiera esperaría. No robaban por ser avaros o desear más territorios. Eran la única forma en la que los ricos podían obtener privilegios. La misma sociedad empujaba a los pobres de sus comunidades a cometer actos delictivos con la esperanza de tener una mejor calidad de vida para ellos y para sus hijos. La palabra mafia, según algunos historiadores, es un acrónimo de la frase "Morte alla Francia, Italia Anela" (Muerte a Francia Italia Anhela), debido a las invasiones de ese país en su sociedad. Por eso al entrar a la mafia, Christophe fue tan despreciado y, sobre todo, tan temeroso de su vida. Un italiano nunca confiaría en un francés.

La mafia nació en Sicilia como La Cosa Nostra aunque han surgido otras. Cada mafia la denominan familia, porque originalmente una organización mafiosa era enteramente familiar. Pero eso cambió a partir de la llegada de Eric Cartman a La Cosa Nostr. Era diferente. Era más salvaje y calculador que el líder anterior. Así pudo demoler el pasado con relativa facilidad y muy rápido. Pero entonces su medio hermano Scott se apoderó de La Ndrangheta y los problemas comenzaron.

Creyeron que la lucha entre familias duraría eternamente. Claro. Hasta la semana pasada. Los negocios turbios son siempre como un juego de ajedrez: buscas deshacerte de las piezas contrarias –en especial del Rey–, aunque, a diferencia de éste, Scott podía poner en juego los elementos robados . ¿El comentario parece irrelevante? Piensen un poco y comprenderán. Si aún así no lo lodran, tendrán que esperar. Muy pronto sabrán de lo que hablo.

La cuarta mafia le había parecido tan insignificante a Cartman hasta ahora. La Camorra crecía a pesar de sus robos y si La Cosa Nostra lograba universo también con la cuarta familia derrotarían al enemigo y finalmente dominarían toda Italia. Pero sobretodo, esa misión le cerraría la jodida boca a Christophe, al menos por un rato. Está decidido.

—¿Qué te parece? —preguntó Cartman a su medio hermano luego de haberle planteado la nueva misión al famoso cuarteto—. ¿Le callará la puta boca?

—Más le vale —respondió el pelirrojo—, o yo se la cerraré a golpes al cabrón.

Cartman regresó a la sala y se encontró con los cuatro chicos en la misma posición. Incluso los ojos enojados de Gregory seguían clavados en Ze Mole. Era un jodido masoquista cuando algo le molestaba o le dañaba debería de alejarse, pero al estar enamorado esa regla siempre se rompe. Si no mírenlo a él, Eric Cartman. Se sentó frente al francés, quien fingía estar dormido del cansancio. Mack lo sacudió un poco, pero su amigo no dejaba de actuar. Finalmente, le dio un golpe en el hombro. La herida ya había cicatrizado, pero el dolor todavía era le mataba cuando se le aplicaba fuerza. Christophe gruñó y le dio un codazo en las costillas a su compañero. Se hizo el sorprendido al ver a Erick y pidió una falsa disculpa por "haberse quedado dormido" en mitad de la sala. Su líder suspiró.

—Tengo una misión. Irás con el líder de la Sacra Corona Unita y le pedirás que se una a nosotros. ¿Es suficiente peligro para ti? —inquirió.

Christophe frunció el seño. Eso era igual de aburrido que andarle robando a La Camorra.

— ¿Te das cuenta de lo importante de la misión? —inquirió Scott, que apareció en la sala sin hacer ruido—. Es nuestra única oportunidad para vencer a La Camorra y no sé si deba encargártela a ti, Christophe.

Ze Mole aceptó de inmediato. Gregory se limitó a suspirar mientras Dug esbozó una inmensa sonrisa. Ésa era la misión perfecta para traicionarlos. No sólo atraparía a Christophe, sino que culparía a La Cosa Nostra para que la Sacra Corona Unita se enojara precisamente con ellos. Era perfecto.

Cartman se puso de pie, dispuesto a irse, cuando la tormenta fue desatada oficialmente. Mack lo presintió, peor no fue lo suficientemente rápido como para detener a su compañero. Gregory también lo vio venir, pero sabía que no lograría detenerlo así que ideó una forma de contrarrestarlo. Christophe tomó a Cartman del brazo y lo hizo girar para que le viera directamente a los ojos. Eso de por sí ya era un acto suicida, pero lo siguiente terminó de colocar la bala en su cabeza.

—Dug es un traidor. Espera la oportunidad para traicionarnos y meternos a la cárcel. Yo mismo escuché cómo se ponía de acuerdo con la policía.

Cartman se encontró en una encrucijada. Por un lado sabía que Christophe no le mentiría, pero por el otro Dug era el subordinado de Scott y Ternoman no aceptaría a un traidor entre sus filas. Primero le arrancaba los huevos. No deseaba hacer pública su confusión interna, pero le fue inevitable. Miró a Ternoman como preguntándole qué hacer.

El pelirrojo alzó una ceja. Él sí pudo controlar la sorpresa y comenzar a analizar esas palabras. Dug nunca le había quedado mal. Era, de hecho, su mejor elemento: calculador y despiadado. Por eso mismo no dudaba de que fuera capaz, pero ¿por qué lo haría? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por la fusión de mafias? Normalmente confiaría en lo que Eric decidiera, pero el castaño estaba más confundido que nunca. Gregory se puso de pie, decidido a intervenir en el ataque de celos de su compañero francés.

—Sólo está celoso de Dug —alegó Gregory, más dirigido el comentario a Scott que a Cartman—. No tiene pruebas de lo que dice. Señor Scott, me conoce a mí, conoce a Dug. ¿Va a confiar en un ex mercenario que no era de su familia?

Christophe terminó de exasperarse. Empujó a Gregory con fuerza, cansado de su ceguera. Dug y Mack quisieron intervenir, pero Scott detuvo a todos sacando una pistola y apuntándole en la frente al francés. No tenía la mínima prueba de lo que aseguraba y su palabra para Ternoman no era suficiente.

El francés se tranquilizó y soltó un bufido. Qué más daba. Que entiendas con las consecuencias. Le dio una última mirada enojada a Dug y salió de ahí antes de que la sangre corriera.

Ternoman volvió a guardar el arma, soltando un suspiro. No confiaba en Christophe, aunque Gregory era muy inocente y Dug podía engañarlo con facilidad. Le lanzó una mirada a Cartman y los dos jefes de la familia salieron de ahí.

Mack siguió a Christophe. Ya era tiempo de hablar de eso. Recordaba a ese chico castaño ayudando al francés a levantarse. ¿Eso quién se lo creería?

Cartman apoyó ambos codos en la mesa. Ahora sí que se enfrentaba a algo nuevo. Sabía que sería difícil la convivencia entre nuevos compañeros, pero ¿Christophe inventándose traiciones? Si es que las inventaba.

Ternoman se quedó de pie, viendo por la ventana. Sabía que por amor un hombre era capaz de inventar lo que fuera. Pero precisamente por eso también dudaba. Por amor te enfrentas a lo que sea con tal de proteger a tu amado. Eso incluye a tus jefes.

—Debimos unirnos hace 10 años —dijo Ternoman—, cuando ellos aún se querían.

—Pero hace diez años yo no era más que un niño estúpido que no entendía que me molestabas porque te gustaba —respondió Eric—, y yo no me daba cuenta de que también me gustabas.

— ¿De verdad estoy hablando con Eric Cartman? ¿El que juró que me mataría de una u otra manera? —dijo Scott en tono burlón. Se acercó a Cartman y le abrazó por la espalda.

Eric sonrió. A tanta gente le habría servido una fusión hace diez años. Se habrían evitado ese roce con la policía y la pérdida de Gregory. Pero el hubiera no existe y tendrían que tachar a Christophe de loco. Al menos para mantener la paz por ahora.

— ¿Estás tonto? Nadie te apoyará —dijo Barbrady a su hijo al escuchar su plan.

—La policía nacional sí —respondió Andrew—. Ellos no son corruptos como tú.

El chico prácticamente le escupió las palabras a su padre, a quien le hirieron más que si hubieran sido saliva o balas. Había logrado que Andrew le contara lo que pensaba hacer: atrapar a Cartman. ¿Estaba desquiciado? Si lo hacía, toda la policía se le irá encima. Les gusta tanto el trato con la mafia. Les evitaba muchos conflictos y si su hijo llegaba a romperlo se echaría la soga al cuello. ¿Cómo mierda pensaba hacerlo? ¿Quién traicionaría a Eric? No veía cómo lograrlo sin desbaratar la organización desde adentro.

Entonces comprendió: había un canario entre sus hombres y Andrew lo aprovecharía. Su hijo era muy testarudo y si continuaba con la discusión sólo ganaría su odio. El oficial Barbrady soltó un suspiro y salió de ahí, tenía que encontrar formas de persuadirlo antes de que algo pasara. Antes de que la oportunidad se le diera. Pero una parte de él sabía que no lo lograría a tiempo. Mejor se despedía de él.

—Mierda —susurró—. Es idéntico a su madre.

Christophe POV

Mack se sentó al lado mío en ese restaurante. Salí corriendo de la base como un verdadero marica y lo mejor que encontré para refugiarme fue ese estúpido lugar. Estábamos al aire libre. Parecíamos unos turistas más en esa ciudad. La capital del amor. A donde todos los caminos llegan. O eso pareceríamos si no hubiera sido de noche y todo estuviera vacío. Soltó un suspiro y me miró pidiendo una explicación. Yo le conté todo: la conversación secreta, su amenaza de que me verían como un loco y su maldita patada al hombro. A mi compañero simplemente le pareció imposible. Después de ver mi ataque de locura dudaba seriamente que estuviera en contacto con la realidad.

—Suena descabellado. Tal vez demasiado —dijo finalmente Mack.

— ¿Tampoco me crees? —le pregunté en tono ofendido—. Bueno, no esperaba que lo hicieses, pero necesito que me hagas un favor.

Mack frunció el ceño, negándose rotundamente. Ya sabía lo que pediría.

—Me la debes, pendejo. Te he salvado el culo miles de vece, así que me ayudarás y mantendrás alejado a ese hijo de puta de Dug de Gregory, ¿comprendido?

Mack es mi amigo. Lo sé porque no se molestó en argumentar algo. Se que muy en el fondo me cree, que piensa lo mismo de Dug peor no se atreve a decirlo. Es mi amigo y sé que hará lo que sea con tal de que yo esté bien. Se limitó a aceptar, no sin antes preguntarme si estaba celoso. Mis mejillas se pusieron totalmente rojas. Lo golpeé en el brazo con fuerza. Él sí que me conocía.

—Lo amo, pero él está decepcionado de mí —dije recordando ese día.

— ¿Decepcionado? ¿Por qué? ¿Qué hiciste o más bien qué no hiciste?

Me puse de pie cuando los agentes policiales nacionales comenzaron a vernos. A leguas se notaba lo que éramos. No nos convenía seguir ahí. Fue la excusa perfecta para que mi compañero ya no me preguntara más. Deberíamos regresar al hotel para recibir las instrucciones de nuestros jefes. Toda la culpa la tienen esos idiotas enamorados, voltearon al mundo de cabeza para destruirse el uno al otro y ahora lo voltean de nuevo para estar juntos. ¿Simplemente no pueden hacerse a un lado y ser maricas en su vida privada? Negocios y pareja no se mezclan. Si no me creen sólo mírenme.

Fin Christophe POV

Andrew estaba enojado. Golpeó la pared. Pateó el bote de basura, tiró las cosas de su escritorio. Estaba enojado con la policía. Toda la estación estaba vacía. Su padre acababa de irse enojado. ¡Andrew es quien debe estar enojado! Por la debilidad de su progenitor, por la debilidad de toda la policía de Roma.

Esa noche contactaría a la policía nacional, pero necesitaba hablar con su contacto primero. Si llegaba con la loca idea de atrapar al capo de La Cosa Nostra sin ninguna prueba o señal de ayuda interna se reirían de él. Sacó su celular. Revisó el registro de llamadas. Estaba por marcar el número cuando el teléfono comenzó a sonar. Andrew parpadeó unos segundos y luego contestó.

—Escúchame atentamente que esta puede ser tu única oportunidad. Iremos a las afueras de Roma a una carpa de circo abandonada y de ahí nos llevarán a la mansión oculta de Billy Miller, el líder de La Sacro Corona Unita. Cartman no irá, pero podrás atrapar a quien fue su Stocappo o quizás a Miller. Es lo mejor que puedo darte hasta ahora. ¿Lo tomas o lo dejas?

Andrew Barbrady aceptó sin rechistar. Anotó la ubicación del punto donde se reuniría y la señal que Dug les daría: en cuanto su teléfono sonara debían entrar. Andrew asentía prestando atención a las instrucciones. Así de rápido como inició, así terminó. Dug colgó y el chico se sentó en su silla. Miró el desastre a su alrededor. Ahora era cuando. Tomó el teléfono de nuevo y marcó a la estación de la policía nacional.

—Con el jefe Bianco —dijo Andrew cuando contestaron—. ¿Qué por qué? Para que atrape al líder de La Sacra Corona Unita. ¡Comuníqueme de inmediato!

Ahora sí se las vería Eric Cartman. A ver qué hacía cuando una de las mafias cayera y cuando tomara a su gente de confianza presos. El siguiente sería él. Sin duda.

— ¿Cómo lo atrapamos? —preguntó el jefe Bianco—. Espero que no sea una broma.

—Tiene la palabra de la policía de Roma, aunque tal vez la considere insuficiente.

El jefe de la policía nacional se interesó por el caso. Escuchó la explicación del chico. Anotó la dirección y fue seducido por la idea de gloria. Aceptó de inmediato. Prepararon un plan para el final de la noche.

El punto de reunión, la carpa abandonada, un símbolo de la base de Roma: "pan y circo al pueblo". Dug estaba ansioso esa noche. Christophe estaría tras las rejas y eso le acercaría un paso más para encarcelar también a Cartman. La noche aún era joven y los cuatro subieron a un auto que salió en completo silencio de la dormida ciudad de Roma. Gregory luchaba por ignorar a Christophe, pero se descubría de repente viendo lo de reojo. Suspiró. Negó con al cabeza y pensó en su novio Dug.

La carpa abanodnada tenái mejor aspecto que el esperado por cualquiera de los mafiosos. Los colores aún estaban vivos y a la luz de la luna lucían como si fuera un circo real. Christophe acarició la carpa con lentitud, recordando el motivo por el que era mafioso. El día en que conoció al amor de su vida: Gregory.

Él había escapado de los maltratos de su madre, pensando en unirse al circo que visitaba Roma una vez por año. Pero cuando fue a pedir trabajo ya había otro niño con la misma idea en la cabeza. Un chico inglés que odiaba a su familia y la vida en Italia tanto como Christophe. Se topó con la mano de Fields que también tocaba la carpa con nostalgia. Los ojos azules y los verdes se toparon un instante. Recordaron todos los momentos pasados, en especial ese día que compitieron por un puesto en el circo cuando ninguno de ellos sabía hacer nada que interesara al maestro de ceremonias. Pero el rastro de la traición ensombreció de nueva cuenta esos ojos azules. Gregory se apartó muy enojado.

—Aún no llega nadie —dijo Mack luego de revisar el interior de la carpa y casi ver la romántica escena entre los chicos—. Dug, acompáñame buscar a los de la otra familia. Chris y Gregory pueden quedarse aquí afuera por si llegan.

Dug miró a Mack. Miró que conveniente para Christophe. Pero no alcanzó a negarse porque el rubio ya lo había tomado del brazo y prácticamente lo arrastraba adentro de la carpa. Gregory se sentó en una gran roca a esperar a que La Sacra Corona Unita se dignara a aparecer. Ésa era la oportunidad de Chris. Se sentó al lado del rubio.

"Tú y yo podríamos escribir un mal romance"

la noche era despejada y miles de estrellas podían verse en el campo italiano. La alegría y la música estaban en el aire a pesar de no haber más humanos que elos. Era hermosa, era un hogar, era lo que ellos deseaban alejar. Christophe sabía por qué alejaba también a Gregory. Su orgullo se lo impedía. Así que lo hizo a un lado. Habló como si hubiera borrón y cuenta nueva. Olvidó al idiota de Dug y el rechazo del inglés. Volvieron a tener ocho años de nuevo.

— ¿Qué te parece si jugamos un rato? Se nota que van a tardarse —el inglés se militó a ignorarlo—. Vamos, Gregory. Conoces este juego "Yo odio y yo amo". Era la única forma en la que lográbamos soportar este país —no obtuvo ninguna respuesta—. Yo empiezo. Yo odio el acento italiano, pero amo cómo te insultan usando las manos y gritando como locos. Yo odio la pasta, pero amo la salsa de tomate que le ponen encima, se me hace agua a la boca.

—Idiota —rio Gregory—. ¿Cómo no te puede gustar la pasta pero sí la salsa que le ponen? —luego se quedó pensativo. Vio el campo de nuevo, considerando si seguirle o no el juego—. Yo odio que Italia sea tan campestre, pero amo la tranquilidad de sus campos. Sobre todo en la noche.

Christophe miró también la pradera. Con algunas luciérnagas atravesándola felices. Desearía ser una de ellas. Volar por el verdor sin ninguna otra preocupación en la vida. Deslizó su mano lentamente hasta atrapar la de Fields. Gregory volteó a verle pero no se apartó. Le gustaba el contacto, le gustaban los verdes ojos de DeLorne. Se acercaron. Primero con timidez y luego con una confianza recién nacida. Entonces sus frentes se tocaron románticamente.

—Yo odio tu necesidad —dijo Christophe—. Pero amo tu sonrisa perfecta.

—Yo odio todo de ti —continuó el rubio—. Pero aún así te amo con mi alma.

Dicho eso, la distancia entre ambos finalmente se eliminó. Unieron sus labios pro primera vez. Era una sensación muy diferente a los besos de Dug. Era real. Era profundo. Era amor verdadero. DeLorne se sentía en las nubes. Ojalá le mataran en ese instante par ano volver a la realidad y así pasar el resto de la eternidad unido a la persona que más amaba en ese mundo. Pasó su mano detrás de la nuca del rubio y lo acercó todavía más. Introdujo su lengua en la cavidad ajena. Pronto, una competencia muy reñida se llevó a cabo en sus bocas. Una que el francés ganó y llevó a su ritmo. Pero como en todo cuento de hadas, la magia desaparece tarde o temprano. Fue por esa tos fingida. Los chicos se separaron de inmediato y se toparon con los rostros sonrojados de algunos miembros de La Sacra Corona Unita. El momento, la oportunidad había pasado.

Al fracaso, ahí estaba destinado su romance. Un romance tan malo que era imposible concebirlo por la cabeza de Gregory. ¿Entonces por qué se había excitado tanto y su corazón había latido como loco al besar a Christophe? Menos mal que Dug no se enteró de ese beso.

Ahora eran conducidos a la inmensa mansión de Miller. Esperaban que esa mafia no se pareciera a La Camorra. De lo contrario, una fusión sería totalmente imposible, pero Cartman no lo vería así. Lo tomaría como la incompetencia de sus estúpidos subordinados y ganarían un castigo.

La mansión de La Sacra Corona Unita era inmensa. Demasiado llamativa. ¿Cómo es que alguien se creía que era un museo? Entraron y alcanzaron a ver algunos objetos antiguos e incluso pinturas sobre la antigua Roma. Subieron por unas escaleras laterales. El segundo piso estaba cerrado al público no por contener objetos demasiado frágiles para ser expuestos, sino porque era una especie de almacén de droga, además del cuartel general.

Los hicieron caminar por un largo pasillo lleno de hombres armados hasta los dientes. A La Sacra Corona Unita le pareció rara la repentina reunión amistosa a mitad de la noche. Pero estaba muy amenazada, sino hacía algo pronto desaparecería. La Camorra se fortaleció tanto que podría derrocarlos en cualquier momento y tener como aliados a La Cosa Nostra era demasiado seductor para Miller. Pero pensaba precisamente en eso. Una alianza. No una fusión.

Entraron finalmente a la oficina del Capo. El chico empezó traficando cigarros en su escuela, luego alcohol y ahora se dedicaba a las drogas y armas ilegales para la población común y corriente. Armas de uso exclusivo del ejército. Tal como lo hacía el antiguo líder. Su padre Wayne Miller.

A su lado estaba una chica que podía parecer indefensa por ser pequeña, peros u mirada era brava y era capaz de matar. No por nada Craig era bueno peleando. Era una característica de familia. Ruby Tucker lo había heredado en su totalidad. Billy saludó amablemente y los cuatro chicos se sentaron delante de ese gran e importante escritorio antiguo.

—Que repentina visita. Eric dijo que deseaba proponerme algo irrechazable.

—Una fusión con nosotros —fue al grano Christophe, ganándose una mirada sorprendida de Miller. Lo tomaron fuera de base—. Una unión con La Cosa Nostra y la Ndrangheta.

Billy se sentó sin ocultar la sorpresa mientras Ruby fruncía el seño. Había gato encerrado en todo esto. Miró de pies a cabeza a ese chico francés. Valiente al hablar así, pero también muy tonto. Ni que decir del otro chico extranjero. Sin duda alguna era inglés y tenía un revoltijo mental que se le colaba por los ojos.

— ¿Y eso por qué? —preguntó Tucker—. ¿Qué ganaríamos nosotros con la fusión? Además de un yugo.

—No caerían ante La Camorra —respondió Dug.

—La Camorra es una amenaza para todos y unidos podríamos derrotarla —continuó Mack.

Billy miró a Ruby y la chica negó con la cabeza. Insistieron con otro argumento de Christophe. Otro rechazo. La pelea inició. El francés y la chica discutían como si ellos fueran quienes lo harían oficial. Billy intentaba calmar a la chica y Gregory y Mack al pelinegro. Los insultos se hicieron personales y de pronto las madres de ambos eran putas y sus padres maricones. Dug aprovechó la distracción. Metió la mano en la chaqueta donde tenía su celular. Bastaba con presionar un botón.

La policía ya había rodeado la mansión oculta entre las calles aledañas, bloqueando cualquier intento de huida. Sólo necesitaban la señal para poner en marcha el plan.

Billy se metió entre los chicos que ya amenazaban con golpearse. Esto se suponía era amistoso. Si no los detenía, sus hombres entrarían armados por semejante alboroto. Empujó a su Stocapo, Ruby, que estaba siendo igual de impulsiva que siempre.

—Esa decisión es importante. No sabemos si nos conviene o no. Debemos pensarlo —dijo Billy.

—Lástima que ya no tengan tiempo —exclamó Dug.

Entonces presionó el botón de su teléfono.

"Porque eres un criminal mientras seas mío"

Lo siguiente que supieron fueron que miles de balas atravesaban los cristales. La policía entraba por todas las aberturas: ventanas, puertas. Incluso las hacía. Lo peor es que estaban acorralados. Esa también había sido una sorpresa.

Christophe no pudo evitar voltear a ver a Gregory, quien miraba en shock a su novio. Contuvo las ganas de gritar un "Te lo putas dije". Andrew entraba con un nudo en el estómago a la acción. Algunas ventanas de casas aledañas se encendieron y la gente empezaba a asomarse. No dudaba que la prensa llegara en cuestión de minutos. Muchos hombres fueron sometidos. Otros heridos. También hubo muchos muertos, de ambos bandos. Los sujetos que llevaron a los de la otra familia a la oficina de su Capo defendían con dientes y garras la entrada inmediata.

Sólo había una salida y Christophe lo vio al mismo tiempo que Dug: saltar por la ventana y suplicar caer sobre algo blando. Intentó tomar la muñeca de Gregory, pero el rubio lo apartó bastante enojado. Todo cuadraba a la perfección: hacer un trato con La Sacra Corona Unita, irrumpe la policía, Christophe encuentra la salida. El inglés ya conocía el final de esto. Desde que supo de esta misión le dio mala espina. Era su misión del recuerdo. El maldito recuerdo que empañaba el inmenso amor que Fields sentía por DeLorne. Dug intentó huir aventándose por la ventana y la ira inundó al francés. La simple idea de verlo escapar lo dominó y cegó su juicio un segundo. Esto hizo que se lanzara junto con él. Eso lo interpretó Gregory como que le importaba un carajo lo que pasara con él. Billy intentó que Ruby le acompañara, pero la chica se negó. Empujó a su líder, dispuesta a dar su vida para defenderlo. Así, los tres chicos terminaron en un basurero que amortiguó lo peor de la caída. Pero dejaron a varias personas importantes. Para cuando se dieron cuenta, ya era tarde.

La policía irrumpió y amagó a los dos chicos y a la chica. Gregory vivía un Deja Vú mientras Mack y Ruby oponían toda la fuerza posible sin ningún resultado. No había oportunidad de negociación. Era la policía nacional, no la de Roma. Andrew sonrió complacido al ver a los detenidos.

Christophe POV

Cuando crees que nada puede ir peor, ocurre algo que te recuerda que siempre se puede empeorar todo. Gregory. La policía lo atraparía. Estaba totalmente perdido. Todo por ese maldito hijo de puta y mis malditos reflejos. ¿Por qué no me quedé a proteger a mi amado y en cambio me lancé a seguir al cabrón de Dug? Porque soy un estúpido, pendejo, francés de mierda. Pero ya estaba ahí, lo tenía enfrente y juro por el Dios en el que no creo que voy a matarlo. Billy se me adelantó. Se le echó encima. Yo saqué mi arma a intenté darle un tiro, pero el cabrón se quitó a Miller de encima y prácticamente me lo arrojó a mí. Su maldita sonrisa, juro por Dios que nunca la olvidaré. Tan satisfecho consigo mismo el maldito. Tan feliz. Nunca amó a Gregory. Eso lo sabía, pero hacerle eso me parecía inhumano hasta para mí. Billy también estaba furioso. Supongo que por esa chica hija de perra. Disparé el arma, pero él se movió más rápido. Ahora él jaló el gatillo y me hirió, ahora, en el hombro izquierdo. Miller intentó lo mismo y se ganó un disparo en la pierna.

Entonces escuchamos voces. Eran los policías aproximándose. Maldije mil veces. Ese cabrón de Dug no le importaba huir, tenía inmunidad. En cambio nosotros debíamos esfumarnos. Intentó detenerme. Con que ése era tu plan, cabrón, atraparme a mí. Pues muy tarde. Corrí lo más rápido que pude, arrastrando a Billy por las calles. Estábamos rodeados. Sólo había una solución: las catacumbas.

Nos ocultamos bajo tierra hasta que el movimiento policial acabó y nos miembros de La Cosa Nostra vinieron a nuestro rescate después de que les llamara.

Fin Christophe POV

Andrew veía cómo el ladrón más conocido, el segundo mejor mercenario de La Cosa Nostra y la mano derecha del líder de La Sacra Corona Unita eran subidos a la patrulla. Estaba orgulloso. Muy orgulloso. Vio a otro chico a lo lejos, más o menos de su edad. Ese debía ser su informante. El castaño le dedicó una mirada a Barbrady y se perdió en la negrura de la ciudad, en lo poco que quedaba de la noche. El jefe Bianco palmeó la espalda del joven. Habían logrado algo grande. Un golpe directo a las bolas de los dos hermanos malignos. El crédito era todo para el comandante italiano, pero eso le importaba poco a Andrew. La satisfacción de hacer pagar a su enemigo número uno era tan dulce que le empalagó.

A las seis en punto de la mañana, el teléfono despertó al oficial Barbrady. Era uno de los miembros de la policía de Roma. Le informaron que encendiera la televisión. La conductora de las noticias de Italia saludó a la audiencia e inició con la nota del momento: el arresto de miembros importantes de tres mafias del país. Puso las fotos de los tres detenidos. Luego continuó:

—Pero lo más sorprende del caso es el hecho de que el coordinador de esta redada fuera un chico de 18 años recién graduado de la policía. El joven Andrew Barbrady, quien acaba de callar todas las bocas que decían que la policía de Roma no hace nada en contra de las familias. Nos enorgullece Andrew. Ojalá le den un asenso.

"En otras noticias, la crisis económica ha aumentado un 3% en las últimos dos meses…

Barbrady estaba estupefacto. Su hijo acababa de ser lanzado a los tiburones. Acabarían matándolo si no hacía algo para que dejara las cosas como estaban y liberara a esos chicos. Salió de la cama de inmediato, rumbo a la estación de policía. En el camino, sacó su celular e intentó ponerse en contacto con su hijo, pero no tuvo éxito. ¿Cómo lo iba a lograr, si él seguía recibiendo halagos de la policía nacional?

Sonreía lo mejor que podía y luchaba por permanecer despierto luego de no dormir durante más de 24 horas seguidas. Estaba agotado, pero trata de explicarles eso a los medios que le entrevistaban y a los policías que le felicitaban. Entonces se topó con los tres chicos que capturaron. El inglés iba cabizbajo, la chica lanzaba insultos y entonces vio al tercero, también rubio pero de una mirada encantadora. Andrew tuvo que sacudir la cabeza para que esa bella imagen saliera de su menta. Le sonaba tanto a amor que le asustaba. ¡Era el criminal que acababa de atrapar! ¿Cómo podía si quiera considerar la idea? Pues eso era porque su corazón fue quien lo dominaba, no su razón.

Entonces su padre irrumpió en el recinto. Andrew rodó los ojos, preparándose para el semejante sermón que recibiría. Así fue, inmenso y público.

—No me importa lo que te digan esos oficiales —concluyó Barbrady padre el discurso—. Sólo yo sé realmente lo expuesto que estás.

Christophe POV

Ahora estaba inmovilizado del lado izquierdo y Billy traía una venda muy grande donde le entró la bala por la pierna. Por suerte lograron extraerla.

— ¡Ése hijo de puta! ¡Debí hacerle caso a Christophe! —gritaba Eric Cartman.

Estaba hecho una fiera, pero de qué servía. Una vez regada la mierda se toman las medidas preventivas. Debió escucharme desde el inicio y nada de esto habría ocurrido. Tuvo suerte de no haber sido él quien fue capturado. Se supone que es el pez gordo, muy gordo. Scott intentaba tranquilizarle sin el menor éxito. Comenzaba a volverme loco tanto griterío. Billy se notaba devastado, como si le hubiesen arrancado el corazón de tajo. Así me sentía yo por Gregory. Una vez le fallé, pero ahora le probaría que me importaba. Le rescataré de su cárcel. El sol comenzaba a salir e insistían en que durmiéramos algo. Preferí oír la discusión entre la parejita incestuosa.

—Calma, Cerdito. Sólo hay que ir y rescatarlos —opinaba Scott.

—Sí, claro, estás en lo cierto. Eso es lo que haremos de inmediato —respondió Eric sarcástico.

Billy propuso varías ideas, pero todas estaban destinadas al fracaso. Gregory, mi amado y dulce Gregory, en una cárcel tan horrible, siendo posiblemente torturado para obtener información de cualquier índole. No podía permitir que lo tuvieran en ese lugar. De nuevo no. Di un golpe en el buró con la mano derecha, aunque mi costado izquierdo resintió también. Todos voltearon a verme con cara de duda. Tenía que ser directo y franco con ellos si es que deseaba convencerlos de poner en marcha mi perfecto, aunque casi imposible, plan de rescate. Si todo salía bien, sería infalible.

—Yo sé que hacer, pero necesitamos la ayuda de La Camorra —dije.

Por sus caras sé que piensan. Es que imposible y que más vale que deje de bromear. No bromeo. La Camorra es la única capaz de darnos la fuerza para rescatar a mi amado, mi amigo y a esa perra. Pero ellos están igual de desesperados que yo porque aceptaron luego de verse unos instantes. Ese es el siguiente paso para contrarrestar los efectos de su desconfianza hacia mi palabra. Lograríamos lo imposible: unir a las cuatro mafias italianas.

Fin Christophe POV

Ruby entró a la celda de mujeres sintiéndose más sola que nunca. Billy siempre había estado a su lado, inclusive en América, cuando todavía no creían que llegarían a ser los jefes de La Sacra Corona Unita: la gran mafia de Italia. Ahora mírenla. Ahí en prisión, esperando a que se llevara a cabo el juicio donde dirían que es culpable y la sentenciarían a cadena perpetua cuando de lo único culpable era de amar incondicionalmente a ese chico Miller, al punto de meterse en los negocios turbios con tal de estar a su lado.

Mack se movía de un lado a otro. Sabía que Christophe iría por ellos. No tanto por él, sino por su amado rubio inglés. En cambio, Gregory seguía como en trace, incapaz de asimilar la traición, su encarcelamiento y, sobre todo, la repetición de la historia que se juró no volvería a vivir. Mack trató de animarle, pero sólo consiguió una grosería, una seña obscena y una patada en el culo. Le miró enojado, ¿cómo podía dudar de Christophe cuando él estaba locamente enamorado e incluso había sido capaz de recibir un balazo por él? Pero no tenía ánimos de pelear, así que se limitó a ver a través de la reja que daba hacía alegres calles italianas. Cuando los transfirieran a la cárcel de verdad ya no habría gente feliuz caminando por las calles rumbo al mercado o jugando por ahí. No. La alegría desaparecerá y conocerán lo más triste y oscuro de Roma.

Gregory soltó una lágrima. La limpió rápido con la manga de la camisa. Sabe que quiere a Christophe. Sabe que lo necesita con urgencia. Sin embargo, le odia tanto. Había caído una vez y se juró a sí mismo que jamás volvería a cer en sus trucos franceses.

—Christophe no nos dejará aquí —dijo Mack recostándose en una de las camas.

Gregory negó una y otra vez con la cabeza, con el recuerdo a flor de piel y el olor de la sangre en sus fosas nasales. Se giró para ver directamente a ese chico y decir con claridad y que así no quedara el mínimo lugar a dudas lo que él venía acarreando esde hace años.

—No, Christophe nos va a dejar aquí, como la última vez.

7:03 AM – Roma, Italia (+1 UTC)