Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

VII Sobre cómo cuando una segunda cita no llega a ti, tienes que ir por ella

Angielizz (Anbeth Coro)


James no está, me aseguro al revisar la planta baja y luego subir a la habitación de invitados y ver que está tan vacía como puede estarlo. Y lo digo en serio. Solo está la cama y los muebles. Voy a salir y regreso. ¿Se habrá ido de verdad? Abro las puertas del closet y suspiro con alivio al darme cuenta que sigue toda su ropa ahí. Sólo es un adicto a la limpieza. Un adicto a la limpieza que no está.

Sonrío y corro hacia la puerta principal.

Peter ya está en la sala mirando hacia todas partes. Sabe que si alguien podría intervenir sería James que se cree mi niñera 24/7. Pero la niñera se ha ido a dar la vuelta.

Estiro mi mano hacia él y él la toma jalándome hacia él para besarme. Venga, que él me puede meter la lengua hasta el cerebro si quiere pero no debería ser un poco más ¿lento? ¿dulce? Aprieta mi trasero en su mano y me acerca contra él para que sienta su erección.

Me siento nerviosa.

—Peter…

—Shh nena, lo tengo.

Jasper no me llama, ni me envía mensajes, ni siquiera subió a sus redes sociales la foto que sacó de nosotros jugando bolos. Nada. ¿Qué se cree?

Así que el miércoles recuerdo que necesito hacer tiempo de calidad con mi hermano mayor y voy a su oficina. Me extraña Edward y a mí no me gusta desaparecerme de la vida de mi hermano mayor, solo por eso estoy aquí. No tiene nada que ver el hecho de que Edward fundó junto con Jasper la empresa de construcción L&L y ambos trabajen juntos. Simple coincidencia.

En cuanto las puertas del elevador se abren la voz de pito de la secretaría me recibe.

—El señor Edward se encuentra en una reunión —dice la mujer desde la recepción que se encuentra frente a los elevadores. Odio a esta mujer. Se cree la gran cosa sólo porque es lo primero que la gente ve al llegar a este piso.

—No pregunté eso. De hecho, no hice ninguna pregunta. Esperaré a Edward en su oficina.

—Pero no puede…

—Sabes quién soy, no intentes detenerme.

Me encanta jugar a ser la chica mala con ella, sobre todo porque a ella le gusta jugar a ser la mala con todos.

La segunda secretaría a la que debo atravesar es a Jessica, la secretaría personal de mi hermano. Lo que sé de ella es que la razón por la que tiene este trabajo es porque su papá fue el primero que le dio una oportunidad de verdad a Edward y Jasper para poder empezar su empresa de construcción. Y aunque el papá de ella tiene empresas grandes como hoteles, al parecer no quiere a su hija arruinándole los negocios con sus locuras así que le pidió una oportunidad a Edward para la niña y ahora ella está aquí. Aunque es terrible en su puesto, pero mi hermano que es un alma caritativa y que además se cree el señor de la palabra no sabe romper una promesa ni dejar de pagar una deuda.

—Hola, Jessica, ¿a qué hora llega mi hermano?

—Buenos días, Alice. Él está en una reunión, acaba de ir hacia allá.

Ugh. La primera secretaría frente a los elevadores no mentía. Abro la puerta de la oficina de Edward sin pedir permiso y le aviso a la secretaria que esperaré ahí. No protesta. Será torpe en su trabajo, pero al menos sabe cuando mantenerse en su sitio.

Por eso me agrada ella.

¿Acaso no pudo advertirme Jessica de lo tardada que sería dicha reunión?

Por eso Edward se queja tanto de ella.

Ya llevo casi dos malditas horas aquí y la única razón por la que no muevo mi trasero de este lugar es porque no le daré el gusto a la secretaría número uno de verme fracasar.

—París, ¿qué te parece? —reconozco la voz de Edward tras la puerta, al parecer hablando con alguien, abre la puerta y yo lo miro con alivio luego de tanto tiempo de espera, sus ojos se detienen en mi con curiosidad, reventándose el cerebro seguramente para recordar si agendamos o algo así.

—¿No es un poco… caro? —pregunta la voz de Jasper aún sin entrar a la oficina detrás de él, porque el cuerpo de Edward sigue frente a la puerta. Edward entra para acercarse a mí, me pongo de píe—. ¿No se supone que no saldrá de tu cama por un mes después de la… Hola, Alice —saluda con esa sonrisa presuntuosa al entrar a la oficina y mirarme deteniendo su discurso.

Y me gustaría decir que no me fijo en él, pero me fijo en él. Hoy lleva puesta sus gafas, a veces usa lentes y a veces pupilentes, estos últimos usualmente cuando salimos de fiesta o a los bares. Debe preocuparle perder sus lentes en caso de terminar muy borracho o algo así.

—Alice, ¿qué haces aquí? —Edward se ve sorprendido y Jasper tras él sigue sonriente, pero ahora levantando una ceja para mí. Le doy una forzada sonrisa que dice jodete y luego vuelvo a mirar a Edward. Jasper con lentes se ve como esos tipos que tienen solo cosas interesantes por decir.

—Negocios, hermanito, siempre negocios.

—¿Lo ves? Es lo que te decía ayer, Alice está siempre pensando en expandirse a todos los rincones de la ciudad y hasta… —los ojos azules de Edward van a mí con el ceño fruncido interrumpiéndose— ¿Hasta dónde?

—Hacia donde me proponga —me da su sonrisa de hermano mayor orgulloso mientras mira a Jasper, quien no ha dejado de mirarme burlesco. Mantengo mi mirada en mi hermano. Apruebo la vestimenta de Leo, siempre anda con sus camisas de manga larga y botones. Las únicas veces que lo he visto en pans y polos es el fin de semana en su apartamento, siempre y cuando Heidi no esté porque a ella le gusta lo formal incluso para dormir.

—¿Qué negocio tienes en mente ahora? —ninguno.

—¿Decías algo de Paris? —cambio de tema. Asiente sonriendo.

—Voy a sorprender a Heidi con una luna de miel en París.

Dejo que el desagrado se vea en todas las facciones de mi cara.

—¿No te parece una manera estúpida de perder dinero?

—Es lo que digo —dice Jasper poniéndose de mi lado, y tengo que darle la razón aquí, París es un maldito cliché de lugares para salir de luna de miel. Y descubro que entiendo a Heidi un poco, porque la camisa de botones lisa de manga larga y color azul le va perfecto a Jasper.

—Venga, Alice, no seas aguafiestas.

—Si la llevas a Paris vas a pasar toda tu luna de miel tomándole fotos —y no bromeo con eso, esa chica no puede estar en paz consigo misma si no sube a Instagram una decena de fotos de ella misma diario con diez atuendos diferentes.

En respuesta Edward sólo se ríe mientras camina a su escritorio.

—Lo que está bien para mí, porque disfruto verla.

Ruedo los ojos. Sé que nada de lo que diga podría hacerlo cambiar de parecer. Nada de lo que he dicho en los casi dos años que lleva saliendo con ella lo ha conseguido.

—¿Ya comiste? —pregunto poniéndome de pie, ahora de mal humor por culpa de Heidi.

—Sí, justo antes de entrar a la reunión. ¿Llevas mucho esperando? —ahora usa ese tonito de hermano mayor preocupado y es difícil estar molesta con él por ser tan tonto y terco cuando me habla así. Niego con mi cabeza forzando una sonrisa simpática.

—Sólo un rato —si un rato podían considerarse mis dos horas desperdiciadas aquí—. Muero de hambre así que… ¿lo hablamos después?

Dos horas de espera no son suficiente para tener sólo dos minutos viendo a Jasper, pero no quiero que piense que estoy aquí por él. Yo sólo he venido a asegurarme que mi relación con mi hermano mayor sea duradera y también a comprobar que el cabrón de Jasper siga con vida. ¿Entonces por qué no me ha llamado?

—Yo no he comido —añade Jasper. Edward lo señala.

—Deberías ir con él, está planeando su próximo cumpleaños.

—Nunca soy requerida en esas fiestas —les recuerdo. Jamás entenderé a los hombres, aunque honestamente la tradición entre Edward, Jasper, James y Emmet, el esposo de mi mejor amiga, es estúpida. Ellos llevan casi una década celebrando sus cumpleaños de una manera poco ortodoxa. En lugar de ser celebrados llegaron a la tradición, yo le digo estupidez, de hacer que el cumpleañero pague todo y despilfarre ese día. Y como los cuatro son caballeros de palabra han cumplido por casi diez años esa tontería. ¿No lo digo yo? Los hombres y las estupideces van de la mano sin importar el cerebro o el ingenio que parezca ir detrás.

—Ya sabes que solo somos nosotros y nuestras parejas —me recuerda Edward. Ruedo los ojos y estoy a punto de replicar algo inteligente cuando se asoma a la oficina un tercer rostro conocido. James.

—Alice.

Miro de James, a Jasper, a Edward y si pudiera me daría patadas a mí misma.

Si tuviera que describir a James, después de todos nuestros años conociéndonos diría que es un buen tipo. Lo es, en serio. Es decir, puede que se oculte bajo la máscara del tipo rudo que sólo quiere follar mientras mantiene una relación abierta con Victoria, su novia de más de un año, pero es sólo una máscara.

La cosa con James es que su pasado está super jodido. Con una mamá que lo abandonó para irse con su novio y un padre que perdió la custodia legal por alcohólico, James pasó parte de su infancia y hasta la mayoría de edad en casas de acogida. Por suerte era inteligente y perseverante así que se hizo de una buena beca en la misma universidad a la que asistió Edward, donde ambos se conocieron.

Y cuando yo tenía trece años apareció en nuestra puerta, bueno, no apareció. Edward llegó con él como si se hubiese encontrado un perro abandonado en la calle, tal vez no así, eran compañeros de escuela y ya que James estaba viviendo en la residencia escolar, la cual al parecer cerraba en las vacaciones, no tenía a dónde ir. Así que Edward lo invitó a venir a casa a pasar los siguientes veranos e inviernos.

Y como mis padres son los mejores del mundo le daban asilo incluso cuando Edward reprobaba materias. Así que James y yo coincidimos varios años durante las vacaciones, incluso le regalé alguna vez un obsequió en un intercambio de regalos navideños. Lo que quiero decir es que lo adoptamos como si fuera de la familia.

Él seguía yendo a casa cuando quería como si fuera un hermano volviendo a casa de sus padres, y tanto Carlisle como Esme, mis padres, lo trataban como tal así que él estaba invitado a las navidades, en los cumpleaños y en su cumpleaños siempre había un pastel preparado por mamá esperando por él. Era de la familia.

Pero aun así me acosté con él.

Una vez.

Nunca más volvería a pasar.

Fue como despertar con Edward. Miro a mi hermano y me estremezco. Casi.

El único problema con James es que pretende con demasiado esfuerzo que no tiene sentimientos por nada ni nadie y eso a veces lo hace parecer un idiota. ¿Pero quién soy yo para juzgar, cierto? Y aunque supongo que los dos éramos unos escapistas del amor eso no nos convertía en almas gemelas ni nada parecido.

Después de ese único encuentro volvimos sin problema a lo que teníamos, una extraña amistad a la que recurríamos exclusivamente cuando uno de los dos estaba con la cabeza en el caño. No era el amigo al que llamas para ir de copas, ni al que envías un mensaje divertido cuando estás aburrida, tampoco era el amigo al que podías contarle de tu día o de los chicos con los que salía, era el que estaba ahí cuando realmente necesitabas que lo estuviera. ¿No lo dije? Se esfuerza demasiado en actuar sin sentimientos, pero en realidad es como un pedazo suave de algodón que sólo quiere ser amado aunque nunca se atrevería a admitirlo, ni siquiera a sí mismo.

¿Pero, y de nuevo, quien soy yo para juzgar?

—Yo ya me iba —esto es demasiado incómodo para tolerarlo un minuto más, mi hermano, mi examante de una ocasión y el chico que no me llamó después de una cita que él catalogo como estupenda.

Es-tu-pen-da. Estupenda. Solo eso.

Paso entre los dos hombres –con el que me acosté una vez y con el que me acostaré una vez- y salgo de la oficina de mi hermano dirigiéndome hacia el elevador. Estoy más enojada que antes, ¿cómo se me ocurrió que esto funcionaría en primer lugar?

—Señor Jasper, que tenga una buena tarde —dice la secretaría a mis espaldas. Escucho sus pasos caminar hasta llegar a mi lado y esperar el elevador conmigo.

—¿Tú y James?

Ugh. Le lanzó una mirada envenenada y vuelvo a presionar el botón esperando que eso haga entender al sistema del elevador que me urge subir.

—Eso no es de tu incumbencia.

Aprieta los labios, pero no celoso, para nada, aprieta los labios seguramente para no reírse.

—Tus gustos son —las puertas se abren a tiempo y entro. Él me sigue y vamos ahora en el elevador solos. Las puertas se cierran y entonces lo enfrento.

—Horripilantes, lo sé. Aunque incluso James llamó un par de veces después de eso —no, no llamó, aunque tampoco huyó, se quedó hasta que desperté y se aseguró que entendiera que había sido un error de nuestra mutua borrachera.

—Por supuesto que ha sido un error, James. Mierda. Jamás volveré a jugar contigo beer-pong. Jamás. Con nadie.

—¿Entonces estamos bien?

—¿Por qué no íbamos a estarlo? —pero sabía porqué pensaba eso.

—No recuerdo nada de lo que hicimos anoche.

Me quedé completamente seria.

—¿Dices que no recuerdas haberme confesado tu amor?

—Alice, tú sabes que yo no, Alice, es que eres importante para mí como una hermana, pero no de esa —y entonces me solté a reír a carcajadas, pero él se lo había buscado, ¿cómo se atrevía a tener sexo incestuoso conmigo y ser capaz de olvidarlo?

Jasper sigue mirándome con una ceja levantada, me encojo de hombros restándole importancia.

—Te dije que me llamaras si querías volver a salir.

—Pues no te llamé, ¿cierto?

Se ríe.

Saca su celular y comienza a marcar un número, se detiene y yo miro hacia la pared fingiendo que no me interesa.

—¿Segura que no quieres ir a comer algo?

—No, gracias —le doy una grande y apretada falsa sonrisa que dice, maldito hijo de perra con rabia y sarna.

—Perfecto. Tuve una cita con esta chica el fin de semana y creo que le gusto lo suficiente para una segunda cita.

Fuerzo mi sonrisa, aunque en lugar de grande y apretada es apenas visible. Por alguna razón sus palabras son como un golpe a mi estómago o más bien a mi ego de diosa del sexo. No pasa nada, no me importa, que se joda Jasper y todos los hombres. En cuanto pueda conseguiré un nuevo pretendiente en el bar.

Se lleva el celular a la oreja.

Posiblemente entendió que no hay manera que una relación estable y yo seamos compatibles, por muy encantador que pueda ser o por mucho que me haga reír, eso nunca funcionaría. Lo único que podría conseguir es terminar como mamá, o como la abuela, o la bisabuela, o todas las mujeres de esta familia que han sido decepcionadas y abandonadas por hombres. No yo.

Mi celular comienza a vibrar y lo saco de la bolsa sin mirar de quién se trata, lo que sea con tal de ser capaz de ignorar a Jasper al teléfono.

—¿Hola?

—Me preguntaba si te gustaría ir a comer —aprieto mis labios luchando con la sonrisa y le doy la espalda a Jasper para que no pueda ver mi rostro.

—No es cortés de tu parte no llamar después de una cita —me cruzo de brazos.

—Tendrás que decidir si quieres que te llame o no, porque no voy a leer tu mente. Además, ¿no te parece un poco neurótico y acosador de tu parte venir a buscarme al trabajo?

Me giro a ver a Jasper con el teléfono en la mano y le saco el dedo medio de mi otra mano.

—No estaba aquí por ti —vuelvo a darle la espalda.

—Es que no te quieres dar cuenta, Alice.

—¿De qué?

Pero no responde.

En su lugar cuelga la llamada y pasa su mano detrás de mi nuca para darme la vuelta, lo miro sintiendo su cuerpo contra el mío. Y mi cerebro defectuoso por no haber desayunado apenas puede pensar en algo mientras habla con su aliento a escasos milímetros de mí.

—De que ya estás más aquí de lo quisieras.

Y antes de que yo pueda procesar sus palabras o debatirlas me encuentro entre él y la pared, con su mano en mi nuca acercándome a él y la otra mano en mi cintura evitando que huya, rompe con los milímetros y me besa. Tomandome desprevenida, justo como él había asegurado que sería nuestro primer beso.

Como una de esas películas cursis que seguramente Jasper veía todo el tiempo. Cada vez que intento profundizar él se retira apenas, dejando sus labios a milímetros de los míos con su nariz chocando contra la mía, y después de una pausa donde puedo respirar su aroma vuelve a besarme, pasando lentamente sus labios contra los míos, entreabriendo mi boca y haciendo que nuestras lenguas se encuentren. Pero nuevamente, si me acerco demasiado o intento tomar el control él se retira. Lo que me frustra y me hace sonreír al mismo nivel. Mis manos están en su cuello evitando que siga alejándose de mí.

El ruido de las puertas abriéndose consigue que nos separemos como si nos diéramos electrochoques, aparece James, como si esto no pudiera volverse más incómodo.

—Lo que te haría Edward si te encuentra con su hermanita —añade como saludo James presionando el botón de la recepción, ¿no lo habíamos presionado acaso? Parece que no.

Me alejo de Jasper y me pongo en la otra esquina cruzándome de brazos.

James nos mira, de Jasper a mí con lentitud par finalmente levantar una ceja divertida y una sonrisa engreída. Le saco el dedo medio. Se ríe y niega con su cabeza volviendo a mirar hacia las puertas. Bajamos los 53 pisos hasta recepción en un extraño silencio entre los tres.

—Ha sido un placer jugar contigo, sargento —dice James justo antes de que las puertas se abran, Jasper le lanza una mirada envenenada creyendo que el comentario va para él. Pero James no le habla a él, sino a mí.

Nuestra ridícula amistad incluye apodos, por supuesto, yo le llamo escoria y él me dice sargento. ¿Ha sido un placer jugar conmigo? ¿Eso qué mierdas significa?

—¿Comemos?

—Que pronto quieres usar tu segunda cita.

—Ya esperé lo suficiente para ella.

Y creo que es una mezcla de sus palabras, con la mirada que me da y la media sonrisa que me dedica, pero algo se retuerce en mi interior, posiblemente nauseas por su cursilería.

—Ves demasiadas películas románticas, Jasper.

Su sonrisa sólo consigue ensancharse.

¿Cómo puede ser inmune a mí?


Agradecimientos a: Adriu, Cinti77, Vane, Guids, Miop, Terewee, Noriitha, Robersten-22, Narraly

Dejen sus apuestas, ¿Cómo crees que será la segunda cita?

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

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