Si he regresado ha sido por dos motivos: 1) porque ya quería cerrar de una vez con esta historia y 2) –siendo éste el más importante– siempre me sentí mal de que los lectores no pudieran tener su final. Agradezco a todas las personas que, a pesar de los años, han vuelto a releer o están leyendo los capítulos nuevos. Gracias. Nunca podré terminar de agradecerles.
Seguiré actualizando cada dos semanas. Próxima fecha: 22 de octubre.
Capítulo: 12/27
Pareja: Style
Canción: Moves like Jagger de Maroon 5
POV: Stan
Capítulo 10: "La tumba alterada"
"Querías el control. ¡Claro! ¿Qué esperamos?"
19 de febrero de 2012
11:08 PM — El Cairo, Egipto (+2 UTC)
—Una semana. ¿Y ahora me sales con eso, Kyle? —preguntó Ike muy enojado.
—Ese chico me parece peligroso. No quería tocar el tema en casa de Stan pero sé lo que has estado buscando, hermano. Simplemente no quiero que te parece nada malo.
—Stan me preguntó por qué lo ignoras en el día —dijo Ike callando a su hermano.
Kyle quedó sorprendido. Ése era un golpe bajo incluso para Ike. Su hermano sabía perfectamente por qué el arqueólogo debía alejarse de todos en el día y aún así le decía eso. El canadiense se dio cuenta del peso de sus palabras, pero no se disculpó. Sólo salió de ahí. Los ladridos de Sparky retumbaban en todo el edificio. Sólo se callaba cuando Kyle sabía de la casa. Tampoco le sorprendía lo de los animales, siempre lo trataban así: como si la muerte hubiera entrado. Eso era muy parecido a la realidad.
Stan entró al cuarto luego de ver cómo Ike salía enojado de la casa. Los hermanos habían discutido unas veces desde su llegada la semana pasada, pero nada tan grave como esto. Ike no lo negaba, deseaba ver a Georgia y lo buscaría por todo El Cairo de ser necesario. Cuando el sol salía, Kyle se volvía distante y sus comentarios eran cortantes, como si le hablara a un desconocido acosador. Al principio Stan pensó que Broflovski se había enojado con él, pero en la noche mientras trabajaban en la tumba todo regresaba a la normalidad. Esa noche era especial. Tratarían de desbloquear la entrada principal de la tumba. Stan se acercó a su amigo, tocando ligeramente su hombro. Kyle regresó a la realidad.
—Démonos prisa, a tu hermana no le agradará esperarnos —evitó cualquier pregunta y dejó a Stan, como ya era costumbre, confundido.
El pelinegro subió al Jeep pero no lo encendió. El desdén del chico en el día, las constantes evasivas sobre su familia y el odio irracional de Sparky eran pistas de un misterio que no encajaban ni de chiste. Tenía que saberlo. Le preocupaba su amado e interferiría en sus problemas, lo quisiera él o no. Entonces, Kyle cedió un poco. Derramó un par de lágrimas de preocupación y se las limpió con la manga.
—Mi hermano realmente está enamorado. Tengo miedo de que ese chico le haga daño. No lo conoce en realidad. Creo que ya sé lo que sentiste tú por Shelly.
Stan se sonrojó y se apresuró a decir que no le importaba lo que hiciera su hermana, cuando en el fondo sabía que no era así. Ésa fue la distracción perfecta para Marsh, aunque Kyle no lo planeó así. En realidad, sí se estaba desahogando. La situación con Ricky aún era tensa en privado, pero frente a todos Stan se comportaba cómo siempre, dando a entender que no sería él quien le revelara a todos su verdadero género.
Al llegar, el chico los saludó como de costumbre y les mostró que llevaba un buen adelando de las vigas que sostendrían el techo de tierra. Sólo les faltaba introducirlas por el estrecho orificio y podrían iniciar las excavaciones en la entrada de KV66. Shelly insultaba a unos compañeros que habían errado por unos milímetros en el largo de una viga y Stan extrañó a su perro Sparky. Kyle le acercó a la entrada y volvió a comprobar sus condiciones. Era estable para el intento. Si todo salía bien, al asomarse el sol ya no tendría miedo de convivir con sus amigos. Estaría libre de enamorarse de Marsh y ser totalmente correspondido. Moisés así lo quisiera, porque él llevaba diez años intentándolo.
Stan discutió con Ricky las medidas de seguridad que habría para evitar cualquier tipo de accidente por mínimo que pudiera ser. Ahora, como pocas veces, estaban realmente concentrados en sus trabajos y los erráticos comentarios chistosos o momentos de descanso se habían eliminado. Deseaban pasar a la historia, que los arqueólogos del futuro estudiaran ese día con detenimiento, admirándose de sus antepasados. Kyle comenzaba a desconcentrase, preocupado por su pequeño hermano que seguramente recorría las calles de El Cairo a casi media noche, tan inocente él. Por favor, Kyle, ¿inocente? Más bien le tenía envidia. Él deseaba poder besar a Stan y su hermano era tan valiente como para besar al chico que le gustaba. Pero era lo único en lo que Ike era valiente. El canadiense no hubiera podido soportar todo lo que le pasó a Kyle cuando la huella de la muerte aparecía con un olor metálico en su mano. Escuchó la voz de Ricky que les decía que tomaran un descanso. Todos gritaron de alegría.
Stan le extendió un vaso con agua a su compañero pelirrojo. El judío lo tomó sonriente. Todo el equipo se había reunido en una carpa que los protegía de los traicioneros vientos del desierto. Shelly se sentó al lado del chico de sus sueños y ambos compartieron unos refrigerios. Las bromas comenzaron poco después hasta que se desviaron a los grandes conocimientos de la hermana de Stan acerca de la religión egipcia y todo lo que tenía que ver con los Dioses.
—Cuéntanos sobre Ra —propuso uno de los arqueólogos. Pronto todos lo pidieron a gritos.
La chica se negó una y otra vez hasta que Ricky se lo pidió. Entonces ella esbozó una sonrisa enamorada y se puso de pie pidiendo silencio.
—Ra es el Dios principal de los Egipcios. El Dios del Sol, de que nacieron todos los demás. Dicen que Ra cruzaba el cielo en una barca llamada Mondyet durante el día y Mesnetet durante la noche. Al final de su recorrido tenía que luchar y matar a la serpiente Apofis para que el sol volviera a salir en la mañana. Se encarnaba también tres entidades: Jepri, durante el amanecer, que simbolizaba el principio de las transformaciones de los seres vivos desde que nacen hasta que mueren; Horajty durante el mediodía, era quien se encargaba de los campos de trigo que alimentaba a las personas; y por último Atom que representaba el mar. Los faraones se consideraban una encarnación de Ra.
Jepri, Horajty y Atom. Kyle los conocía muy bien. Para todos los que creían que la encarnación del amanecer era buena deberían pensarlo dos veces. Ése error ya lo había cometido Kyle. Sin duda era una historia interesante, pero para todos ahí se trataba sólo de una leyenda, una creencia absurda de una sociedad muy avanzada para caer en esas prácticas politeístas. Aunque eran muy sabios, algo tendrían de verdad esas criaturas y relatos, tal vez no dioses, pero sí espíritus y eso era muy probable en opinión del último sobreviviente de los Broflovski. Stan le seguía viendo muy intrigado pero se relajó al ver la sonrisa que se asomó por sus labios. La alegría iluminó sus orbes verdes. Tal vez estaba propasándose con sus preocupaciones y sobreprotecciones. Después de todo, sólo era su amigo.
A la elegante casa del chico mormón entraba una chica con una gorra de color Lila y una camisa escotada del mismo tono. Súmale una minifalda y tenías una puta perfecta, digo, una rompecorazones perfecta. A mitad de la noche, la facha le cuadraba de maravilla en esa denominación. El chico rubio le abrió la puerta y la estiró para que ningún vecino llegara a verla por accidente. No deseaba que nada lo relacionara con el chico que desaparecería.
—Ligero cambio de planes —dijo la pelinegra de nuevo sentándose sin ser invitada—. No me conformaré con que lo desaparezcas, quiero que lo mates.
—Yo pensé que sólo lo querías lejos de ti. Ahora veo a qué tan lejos te referías.
La chica sacó una libreta y le mostró una dirección al rubio, cuando Gary la iba a tomar, Wendy la regresó a su bolsa. No mentía sobre la ubicación de Bradley, lo tenía amarrado por el corazón. Suspiró y se resignó. ¿Qué tanta diferencia podría haber? Tampoco era su primer asesinato. Se sentó frente a la chica, cruzándose de brazos. Le pidió con su silencio que le diera las verdaderas instrucciones. Wendy sacó algo más de su bolsa: un pequeño frasco con un líquido transparente. Así que no planeaba una muerte violenta o llamativa. Lo mataría con veneno. Gary vio el líquido, lo mejor era no saber ningún detalle del arma homicida.
—Tiene que ser esta noche —dijo Testaburger, ganándose una sonrisa de Gary—. No bromeo.
La expresión de Harrison se endureció. ¿Cómo creía que podría matarlo esa misma noche? Wendy le dijo que usarían un vaso de agua que repartirían a los arqueólogos, que si se daban prisa llegarían al segundo descanso. Gary se dio finalmente cuenta de lo perversa y obsesiva que podría llegar a ser su amiga de toda la vida. No le quedó más remedio que aceptar. Así que tendría que mentalizarse de una vez para el duro trabajo que le esperaba en unas horas. La pelinegra sacó una foto que guardaba de Stanley. La rompió en mil pedazos. Ese maldito maricón. Si no podía ser de Wendy no sería de nadie más. Ni de ese pelirrojo hijo de puta, ni de una chica, ni de absolutamente nadie. "Disfruta la noche, Kyle Broflovski, porque será la última", pensó. Ella también se prepararía para el espectáculo.
Georgie no podía creer lo que estaba haciendo. Toda la semana se había estado sintiendo raro y no podía olvidar el beso que ese chico le había robado. Lo malo no fue el beso, si no que le había gustado.
Henrietta le veía interesada. Regresó muy callado desde la noche de la pelea y suspiraba como enamorado cada cinco minutos. Eso era grave, si los otros góticos se enteraban podían echarlo a la calle,. La amistad no debía existir entre ellos, así que la chica denominaba a su preocupación simple compañerismo, aunque eso en sí también estaba prohibido. Se sentó frente al menor y le dio una taza de café. Después le dio una calada a su cigarrillo.
— ¿Vas a decir qué mierda te pasa? Dejaste de escribir los poemas de muerte.
El menor del grupo gótico le dio un sorbo al cálido líquido, aumentado el calor de su cuerpo. Entonces recordó la tibieza de los labios de Broflovski. Una reacción se llevó a cabo en sus mejillas: las tornó de un tono rojizo. Henrietta abrió los ojos de par en par sin creer lo que veía. Georgie se puso de pie y salió de la casa lo más rápido que pudo. Creyó no tener un rumbo fijo, pero su subconsciente lo traicionó y se descubrió sentado en el mismo bar de la semana pasada, con la vaga esperanza de volver a toparse con el pelinegro.
Henrietta esperaba reaccionar mal, pero le fue imposible. Por primera vez luego de muchos años sonrió de verdad. Feliz por su amigo. Sí, a partir de ahora no temería decirle amigo. Los otros góticos se asomaron desde la cocina y preguntaron por el adolescente. La chica les dijo que se había ido a comprar cigarros. Lo que era una mentira, a menos que Ike pudiera considerarse tabaco. Terminó su café y acompañó a los chicos para seguir con su rutina de robos para sobrevivir y sus poemas de lo mierda que es la vida.
—Soy un idiota —murmuró Georgie al darse verdaderamente cuenta de lo que hacía.
— ¿Por qué? ¿Por esperarme? —dijo una voz que de inmediato reconoció.
Alzó la mirada y se topó con los negros ojos de Ike Broflovski. Georgie, sin tomarse un segundo para pensar, unió sus labios con él. El canadiense se sorprendió al principio, pero correspondió muy contento el inesperado gesto de amor. Desde el instante en que lo vio supo que su destino era estar juntos. Por algo se toparon en un lugar como El Cairo.
"Pero si comparto mi secreto tendrás que guardarlo"
—Me sorprende como es que te aprendes tantas historias religiosas —dijo Ricky.
Él y Shelly terminaban de revisar las vigas que luego entregarían a los arqueólogos para que las colocaran. Estaban solos en esa tienda y Ricky, sabiendo que la mayor de los Marsh notaría el comportamiento frío que había estado teniendo con ella, decidió intentar regresar todo a la normalidad. Desde el inicio sabía que engañaba a la castaña. Shelly se sonrojó y fingió seguir revisando.
—Yo admiro la forma en la que reconoces la antigüedad de cualquier objeto.
Sus manos se encontraron al tocar la superficie de la viga. Muchas veces se dieron indirectas. Muchas veces se lanzaron sonrisas enamoradas, pero era la primera vez que hacían contacto físico que no fuera el requerido estrictamente por las normas sociales. Shelly quiso apartarse, pero Ricky no la dejó. Sabía que se arrepentiría de eso, que arruinaría su amistad y que la relación era simplemente imposible. Pero no era su mente quien dominaba en ese momento, era su corazón. Así que pronto sus labios se unieron. Shelly se dejó llevar por el beso tan deseado, ése que por el que era capaz de matar a alguien con tal de tenerlo. Ricky rodeó a la chica con sus brazos, deseando que el beso fuera lo más largo posible. Ya no soportaría mantener ese secreto en su ser. Cuando el oxígeno los hizo separarse, Shelly respiró rápido e intentó volver a besar a su chico, pero éste la detuvo.
—Debo decirte un secreto —inició con muchos nervios—, pero prométeme que pienses lo que pienses de él lo guardarás. ¿De acuerdo?
Ricky acarició la mejilla de Shelly con delicadez al tiempo que la castaña juraba mantener el secreto. El arqueólogo supo que si aplazaba más la frase ésta no saldría nunca de su boca o se atoraría tanto que ella sólo se daría cuenta de la verdad cuando el impulso carnal les dominara al punto de que la ropa terminara en el piso y la verdad quedara expuesta. Abrió la boca, sabiendo qué decir, cuando unos arqueólogos los interrumpieron. Decían que habían revisado las condiciones del suelo y preguntaban por el siguiente paso.
No hace falta mencionar el terrible escándalo que ocurrió en el bar. los sujetos que parecían sedados reaccionaron ante esa muestra de amor totalmente prohibida. Suerte que escaparon antes de que llegara la policía o ya estarían en prisión. Una vez que detuvieron la carrera de huida, Ike se echó a reír, ganándose una mirada enojada de Georgie, quien seguía sin admitir totalmente que estaba enamorado de ese chico. Su cuerpo reaccionó antes que su mente y se dejó llevar por las confusas sensaciones en su cuerpo luego de ese beso. Ike aún le tenía agarrado de la mano y, por alguna causa que Georgie desconoció, no lo soltaba. Creo que en el vocabulario de los góticos es su sacrilegio incluir la palabra amor.
— ¿Qué es tan gracioso? —preguntó ofendido el chico gótico—. Podrían habernos arrestado —bufó mirando hacia otro lado pero sin soltar su mano.
—Tú fuiste quien me besó —se burló Ike, causando un inmenso sonrojo en el rostro del gótico—. Ya enserio, Georgie. ¿Te gustaría ser mi novio?
La boca de Georgie se abrió de la sorpresa. Eso era lo último que había esperado escuchar. Pensó que le pediría, no sé, sexo o cosas así. Entonces no se lo tomaba a la ligera. No le habló en ese bar sólo para coquetearle a alguien a falta de una chica. O lo besó sólo para calmar el creciente estado de excitación masculina. No. Era algo más profundo. Algo llamado amor verdadero. ¿Era Georgie cenicienta o Blancanieves a la espera del príncipe azul? Pensó en regresarse, en gritarle mil insultos al chico que puso de cabeza su mundo. En cambio, se sorprendió a sí mismo al no poder hablar. Luchaba por responder algo a Ike.
—Sí —contestó sin darse cuenta.
Entonces Ike le besó, ahora como su novio. Georgie entrecerró los ojos y se resignó. Su corazón era bravo y le gritaba que seguía ahí, que había sido ignorado por mucho tiempo y que no le permitiría alejarse de ese chico. No cuando se había enamorado de verdad.
—Te amo, Georgie —dijo Ike una vez que el beso se rompió—. Te amo realmente.
—Vaya, no creíamos que buscarías obtener los cigarros gratis —dijo una voz que heló a Georgie de inmediato.
Se giró y se topó con quien menos pensaba.
El trío de góticos le miraba condenatoriamente, casi lanzándole la soga al cuello, dispuestos a colgarle. Ike apretó los puños y se puso a la defensiva, dispuesto a defender a su amado pasara lo que pasara. El gótico del mechón rojo hizo a un lado su cabello y habló por parte de todos, soltando el humo de su cigarro.
—Escucha. Creo que lo mejor es que ya no te juntes con nosotros y no es porque seas marica, es porque un gótico no puede enamorarse, Georgie. Eso lo sabías.
Ike estaba por hablar cuando Georgie lo detuvo, por fin había recuperado su capacidad de hablar y se la cedió totalmente a su recién reanimado y para nada confundido corazón. Dijo cosas tan prohibidas en su tribu urbana que ameritaba un castigo severo y la expulsión inmediata.
—De acuerdo, peor me niego a seguir con este engaño. Además, admitan que ahora Henrietta es la única soltera de los cuatro —dijo el chico riendo de las caras sonrojadas de los otros dos góticos. ¿Cuándos e descubrieron?
Georgie tomó la mano de Ike e iniciaron una nueva carrera por las calles solitarias y oscuras de El Cairo. Rieron, se sentían felices por estar juntos. Extendían los brazos como si fueran aviones que surcaban el cielo nocturno. Se detuvieron en un callejón y una sesión de besos reemplazó las respiraciones agitadas. Se acababa de quedar sin amigos, sin casa, pero había ganado algo mil veces mejor: el amor de Ike Broflovski, su cariño y su eterna compañía, incondicional, sin un libro de reglas.
—Te amo, Ike —finalmente fue capaz de decirlo—. Te amo con todo mi corazón.
Stan POV
Kyle veía nervioso el mapa con las posibles dimensiones de la tumba, la ubicación del hoyo y nuestro punto de excavación al introducir la viga. Trabajaba tanto que iba a enfermar. Sé que tiene diabetes y esto no es nada bueno para su frágil estado de salud. Le quité el mapa de la mesa y el bufó e intentó recuperarlo, pero yo me limité a alejarme. Necesitaba descansar lo quisiera o no. Esto ya no era la pasión normal de una persona por su trabajo, era algo más desesperado y obsesivo. No me quedaré de brazos viéndolo así de estresado.
—Recuperarás el mapa cuando te sientes y descanses unos minutos —le dije.
Pero él no se detuvo en sus intentos. Sabía que no desistiría, pero yo no aguantaría mucho tiempo. Era veloz y hábil, así que tuve que alzarlo sobre mi cabeza, aprovechando que era más alto que Broflovski. Él saltó para alcanzar el mapa pero falló, quedó muy cerca de mi rostro. Vi esos ojos esmeraldas y el cuerpo comenzó a traicionarme y los impulsos a dominarme. Besé sus labios aventando el mapa lejos, abracé su cuerpo y sentí miedo al notar que no se movía. Tal vez fue muy apresurado, quizá nunca debí hacer eso. Me separé de inmediato tartamudeando e intentando explicar lo que mis acciones ya dijeron. Pero entonces él se me arrojó encima, besando una y otra vez mis labios. Ahora sí puedo decir que toqué el paraíso con las manos, que podía morir tranquilo y que los labios de Kyle eran los más suaves y exquisitos que había probado jamás. Wendy no se comparaba ni de chiste con él. Yo lo amaba, lo amaba con mi alma e hice un juramento a mitad de ese beso. No lo dejaría ir por ningún motivo. El aire hizo que nos separáramos. Nos miramos unos segundos que parecieron interminables y luego nos sonreímos. Acaricié con delicadeza su mejilla, deleitándome con el hermoso color: rosas, redondas y perfectas. Amaba todo de él y sé que soy correspondido. Bueno, al menos eso creí. Kyle se apartó de golpe de mi, diciendo locuras.
—Eso no es normal. Nosotros no debimos hacer eso —comentó tartamudeando.
—Pero Kyle. Te amo. No sé cómo pero me he enamorado locamente de ti y sé que tú de mí.
Él volvió a negar con la cabeza. Me le acerqué y tomé su mano. Me empujó, diciendo que no volviera a tocarle. En sus ojos podía ver el dolor de la mentira. Él también me ama, aunque me decía que no era así. ¿Por qué? ¿Qué carajo lo alejaba de mí? Lo tomé de los hombros y exploté. Le pedí una explicación, una razón de su comportamiento extraño y de su rechazo. Él derramó unas lágrimas. Me sentí como una verdadera mierda después de eso. Arrepentirme de nada servía, así que me mantuve firme. Pedí una vez más una bendita explicación. Entonces acabé de enfurecerlo. Me golpeó con todas sus fuerza.
— ¡Si estás conmigo morirás al amanecer! —gritó a todo pulmón.
Fin Stan POV
Uno de los arqueólogos anunció el segundo descanso. Kyle salió de la tienda secando sus lágrimas. No hay nada peor que tener que rechazar lo que más amas con tal de mantenerlo a salvo. Tal vez ahora Stan no comprendía, pero era lo mejor. Si Kyle no hubiera sido tan estúpido y hubiera esperado a abrir la tumba.
Gary se escabullía por la parte trasera de la tienda. ¿Cómo carajo iba a ponerle veneno sólo a Kyle? Identificó entonces su mochila. El judío traía un termo con el vital líquido. Gary puso una parte del veneno ahí, esperando que a Kyle no se le antojara el agua un poco más contaminada de desierto que ahí tenían. Ojalá supiera la letalidad de ese veneno tan cuidado por Wendy. Una lagartija cruzó el desierto. Gary la atrapó y la hizo beber una gota del veneno. La criatura quedó dura al instante, muerta. Es increíble lo que hacía por amor. Pero proto vería a Bradley y podría olvidarse de toda esa pesadilla en Egipto.
Ricky no se atrevía a levantar la mirada, por miedo a toparse por error con la de Shelly. La valentía se había esfumado y ahora no sabía cómo demonios confesarse. Kyle se paró a su lado con cara entristecida y sin Stanley. Supuso que algo muy malo había pasado. Buscó la mirada del chico y encontró cristalinos sus ojos. Aprovechó la soledad de la tienda para dejar de fingir la voz. Tal vez si hablaba normal el chico llegara a contarle lo que le pasó.
— ¿Tiene que ver con Stan? —preguntó, sorprendiendo a Kyle—. ¿Me equivoco?
—Desearía que te equivocaras, Vicky —dijo el judío—, pero nadie puede ayudarme.
La chica miró con tristeza al famoso arqueólogo. ¿De qué le servían los conocimientos, las habilidades, la forma, sin su familia? Las únicas personas que le amarían incondicionalmente. A su lado, los problemas de Vicky con su género se veían insignificantes. Le ofreció un vaso de agua al judío, pero él la rechazó.
—Traido un poco en mi mochila todavía —dijo agachándose para sacar el termo.
Gary se asomó por una abertura de la tienda, pendiente de cómo el recipiente letal se inclinaba sobre los labios del chico. Apunto de verter el veneno que cegaría su vida en un abrir y cerrar de ojos. Peor que a la lagartija que él mormón usó como conejillo de indias. Esa noche, moriría el último de los Broflovski.
El chico del pompón rojo estaba impactado. ¿Moriría al amanecer? ¿Tenía eso algo que ver con el hecho de que Kyle sólo le ignoraba en el día? Eran tantas preguntas y casi ninguna repuesta. Pero había hecho un juramento. Soltó un suspiro y se pasó una mano por el cabello. Necesitaba pensar las cosas mejor, si seguía actuando impulsivamente sólo acabaría perdiendo a su amado. Escuchó un ruido afuera de la tienda y una sombra humana fue proyectada por las luces de un Jeep sobre la tele durante unos segundos. Era un cuerpo femenino y no era el de Shelly. Marsh salió de inmediato, topándose con Wendy. La chica pelinegra deseaba ver a Stan al menos de lejos y ahora lo tenía enfrente.
— ¿Qué haces aquí, Wendy? Ya te dije todo lo que debía —dijo Stan.
—No bien por ti —respondió ella—. No te preocupes, Stan, cuando acabe lo que vine a hacer nadie se interpondrá entre nosotros de nuevo. Volveremos a estar juntos. ¿No te emociona?
Stan no tenía que ser un genio para saber que la chica iba a dañar a Kyle. La tomó de los hombros, dispuesto a alejarla del pelirrojo, pero ella se limitó a reír. ¿Ya lo había hecho? ¿Contrató a alguien? ¿Qué pensaba hacer? Wendy estaba segura de que Gary ya se había encargado del problema, así que decidió torturar a su amado Stanley. Que fuera él quien descubriera el cuerpo y se lamentara mil veces por no lograr salvar al maldito judío.
— ¿No tienes sed, Stan? —preguntó la chica con una sonrisa malvada.
Marsh tardó más en entender esa frase de lo que debió, cuando lo hizo, empujó a la chica haciendo que cayera sobre la arena, ensuciando su ropa costosa. Corrió sólo unos metros, pero le parecieron eternos. Cuando entró a la tienda, Kyle estaba por darle un sorbo al contenido de su termo. El chico pelinegro le arrebató el envase y lo tiró al piso, vertiendo por completo su contenido. Kyle se sorprendió por la extraña acción de su compañero. Ricky también se quedó petrificado.
—Stan, ¿qué demonios haces? ¿Qué ocurre? —exigió saber Kyle.
Pero Stan buscaba con la mirada al culpable. Debía seguir cerca para asegurarse de que el veneno funcionara. Lo vio, lo reconoció de inmediato: Gary el mormón, muy amigo de Wendy y con el valor suficiente para hacer eso. Corrió hacia él y logró agarrarle del cuello antes de que reaccionara. Lo alzó furioso. El rubio soltó el frasco con el veneno restando por reflejo. Stan quería romperle la cara, hacer que se muriera por casi apartarlo para siempre del amor de su vida.
"Y parece que te rompes, tan llena de cicatrices"
— ¿Cuánto te pagó, pendejo? ¿Cuánto cuesta la vida de alguien? ¡Maldito hijo de puta! —Gary trató de tranquilizar a Marsh—. No te hagas pendejo, Wendy ya me lo dijo. Te pagó para que envenenaras a Kyle. ¡Ya lo sé!
Kyle se apresó a tomar el frasco que quedó en el suelo, como evidencia. La pelinegra salió de su escondite, empujando a Marsh con fuerza y gritando a Gary que corriera. Varios arqueólogos escucharon el alboroto, pero no lograron atrapar a los casi asesinos que huyeron por la oscuridad del desierto. Stan estaba hecho una fiera, quiso salir a perseguirlos, pero Kyle lo detuvo.
—No, Stan, no debes acusarla —dijo Kyle, sorprendiendo a todos los presentes. El pelinegro terminó de enloquecer entonces. Caminó en círculos, reclamándole al judío que no hiciera nada. Entonces Kyle le cerró los labios con un beso, ante la mirada del equipo de excavación—. Si tu la acusas, ella hará lo mismo con nosotros, Stan. Ya falló una vez, no están tanto como para volver a intentarlo tan pronto. A menos que de verdad quiera ser arrestada.
—Es una loca, Kyle, hará lo que sea para separarte de mí.
Si tan sólo la homosexualidad no fuera condenada en ese país. Si llegaba a acusar a Wendy de intento de asesinato, ella daría sus razones y la gente llegaría a pensar que lo mejor hubiera sido que Kyle muriera. Se pondrían de su lado. Tendrían que dejar las cosas así, al menos de momento. Todos los arqueólogos veían a sus compañeros y les pedían una explicación con la mirada.
—Tenemos una tumba que abrir —dijo Kyle—. Ya habrá tiempo en la mañana de explicar todo el embrollo amoroso. ¿Tienen listas las vigas?
Stan POV
Kyle tenía razón y eso era lo que más me incomodaba. Wendy soltaría toda la sopa si llegábamos a denunciarla, pero si no lo hacíamos tendría la libertad de volver a intentarlo. Mierda, Stan, concéntrate en lo verdaderamente importante. Kyle me besó. Frente a todos. Se preocupó por una relación que según yo no existía. ¿Eso significa que ahora es mi novio, que me ha aceptado?
Las instrucciones de Ricky me devolvieron a la realidad. Las vigas eran introducidas por el hoyo, alistando la zona para las excavaciones. Kyle se mordía las uñas nervioso. Abrir la tumba era su vida, aunque yo no comprendiera completamente su obsesión. Ayudé a asegurar las piezas metálicas mientras suplicábamos por que la tierra no cediera. Un momento de expectación cuando tocamos el otro lado. Nada pasó. Los aplausos iniciaron.
—Muy bien —dijo Ricky—. Cada quien tome su equipo y venga para…
Un crujido intenso ahogó sus palabras totalmente. Sentimos una especie de temblor y cómo Ricky era tragado por la tierra. Pasó en un segundo. Nadie logró reaccionar. Igual a cuando rescaté a Kyle o de que esos hijos de puta huyeran. Creo que debemos trabajar en nuestros reflejos. Shelly corrió de inmediato hacia donde estaba nuestro superior. Mis pies reaccionaron y los de Broflovski también. Pronto estábamos los tres asomándonos por un profundo hoyo. No era natural, era una trampa. En las tumbas siempre hay una o dos trampas para evitar que algún ladrón robe sus tesoros, pero era la primera tan drástica que veía. Parecía sacada de una película de Hollywood. No veíamos nada. Todo era oscuridad.
— ¡Ricky! —gritó Shelly sollozando—. ¡Ricky, háblame! ¡Responde!
—Shelly —dijo el chico, regresándonos a la vida a todos. No había muerto—. Creo que me rompí algo. No puedo respirar bien.
Su voz jadeaba y se cortaba.
— ¡No se queden ahí, pendejos! —gritó Shelly—. ¡Traigan algo para subirlo!
Trajeron unas cuerdas, pero si Ricky estaba herido uno de nosotros tendría que bajar para rescatarlo. Estaba por ofrecerme, pero alguien fue más rápido.
Fin Stan POV
—Yo iré —dijo Kyle tomando la soga. Se la ató al cuerpo. Stan le miró asustado, casi lo perdía una vez, no permitiría que hiciera eso—. Yo causé esto, Stanley. Fue mi plan, mis consecuencias. Así que yo lo arreglaré.
—Podrías hacerte daño, Kyle —insistió el chico del pompón rojo.
El judío le sonrió y se acercó al hoyo. Comenzaron a bajarlo lentamente. Kyle traía una linterna y pronto pudo ver a su compañero herido. La cabeza de Ricky sangraba y una roca se asomaba a su costado. Había caído directo sobre ella. Mínimo tendría unas tres costillas rotas. Kyle sentía cómo toda la sangre se le iba a la cara y entonces algo empezó a brillar y no era la linterna. Ricky abrió los ojos de par en par al ver cómo el collar de estrella judía que siempre traía se convertía en un escarabajo de un intenso color dorado. Tenía luz propia. Kyle lo ocultó debajo de su camisa y le tendió la mano a su superior. Vicky la extendió, sintiendo una punzada de dolor en su costado. Lo peor que podía hacer era moverla, pero con el riesgo de derrumbe de la trampa esa era la única opción viable. Las ambulancias no llegan hasta el valle de los reyes. Una vez fuera del hoy lo subieron a un Jeep y Stan manejó como loco hasta el hospital más cercano, a unos tortuosos veinte minutos de ahí. Pero ése no era el menor de los problemas, la tumba ahora estaba alterada y Kyle lo sentía más que nadie. Lo sentía en las venas, corriendo junto a su sangre.
Entraron al centro de salud y de inmediato la subieron a una camilla, llevándola con un doctor. La enfermera les impidió el paso al resto del equipo. Shelly estaba llorando como nunca en su vida. Entonces, la enfermera les llamó.
—Necesito que me den los datos. ¿Cuál es el nombre del paciente?
Stan sintió cómo un nudo ser formaba en su garganta. Los arqueólogos empezaron a gritar el nombre de Richard, pero él los calló. No podían dar datos falsos, pero no deseaba que todos se enteraran. Se acercó a la enfermera.
—Victoria Sawyers —dijo en un susurro el pelinegro.
Se ganó una mirada sorprendida y luego asustada de la enfermera. Un rato después, recuperó el habla. Entonces pidió una explicación del accidente.
Shelly caminaba de un lado a otro. Esto no podía estar sucediendo. Su Ricky, su amado Ricky no. Finalmente uno de los doctores salió buscando a los familiares de la señorita Victoria Sawyers. Todos abrieron los ojos cuando Stan se puso de pie, como supuso sólo logró atrasar la noticia unas dos horas.
—Tiene ocho costillas rotas, una casi le perfora el pulmón y varias arterias fueron dañadas. Por suerte no tuvimos que operarla de inmediato, pero lo mejor es meterla al quirófano antes de que las heridas aumenten por los fragmentos de huesos. Si uno de ustedes quiere, pueden pasar a verla para darle ánimos.
El doctor palmeó la espalda de Marsh como queriendo devolverle un poco la alegría. Pero el médico no comprendió que el verdadero motivo por el que Stan no se alegraba era el secreto revelado sin querer por la situación. La operación sería en tres horas y la recuperación tomaría semanas. No lograría abrir la tumba. Fue un buen intento. El doctor se fue y Stan tuvo que enfrentarse a las preguntas de su equipo y sobre todo de su hermana Shelly. Kyle le miró como dándole la fuerza que le faltaba.
—Stan, ¿por qué te acercaste si buscaban a un familiar de una tal Victoria?
—No puedo mentirte, Shelly —empezó el chico pelinegro—. Ricky, él es en realidad… ella. Su verdadero nombre no es Ricahrd, es Victoria Sawyers.
La chica comenzó a negar con la cabeza, gritándole a Stan que detuviera la broma. Ella no podía, simplemente no podía estar enamorada de una chica. Ella no era lesbiana. Ricky era un chico, era un chico. Se adentró en el hospital. Las enfermeras creyeron que era la visita de Vicky y la dejaron pasar. Cuando entró, la mayor de los Marsh se quedó muda. Pudo ver perfectamente como dos pechos sobre salían un poco de la bata. Ricky volteó a verla, quiso hablar, explicarle todo, pero su mayor temor había ocurrido. Su cuerpo le había revelado la verdad a su amada. ¿Cómo podía explicar lo que se podía entender con una simple imagen? Aún así lo intentó.
—Shelly, yo… —pero la chica simplemente se dio la vuelta y se fue con la mirada baja y las lágrimas escurriéndole por las mejillas.
Stan POV
Nunca había visto a mi hermana así. Salió del hospital completamente rota. No podía ni hablar. Era como si una parte de ella hubiera muerto y sólo quedara la fría cáscara en su lugar, incapaz de comunicarse. Kyle fue el segundo de nosotros en romper en llanto. Me acerqué y le abracé, ya que no podía consolar a mi hermana o a Ricky, tendría que hacerlo con él. Kyle me empujó, balbuceando cosas, alejándose a cada palabra. Sabía que si no lo detenía, saldría corriendo. Tomé su muñeca y la apreté con fuerza.
—Kyle, tranquilo, no es el fin del mundo. Ricky se curará y Shelly estará bien.
—No, Stan —sollozó—. Sabes que no es verdad. Vicky podrá curarse, Shelly no. Sólo he venido a traer desgracias. ¡Todo esto es mi maldita culpa!
— ¿Por qué, Kyle? ¿Por qué dices que es tu culpa? Explícame eso, mierda.
Broflovski alzó la cabeza, abrió la boca para comenzar a hablar cuando una de las enfermeras abrió las cortinas. Ni cuenta nos dimos del amanecer. De inmediato buscó soltare, arañando incluso mi mano. El miedo llenó cada rincón de su cuerpo y opacó sus brillantes ojos verdes. De nuevo su miedo al día. ¿Qué demonios causaba eso? Vi cómo su collar brillaba por encima de su camisa, con la forma de un escarabajo que se transformó después en la estrella judía. Intenté volver a tomarlo del brazo y él casi grita cuando rocé su mano. Todas las enfermeras y doctores voltearon a vernos.
—Aléjate, Stan. Por tu bien, aléjate —me jadeó horrorizado, como si le estuviera hablando el más temible de los monstruos—. Yo te juro que te explicaré todo, pero cuando se calme, cuando vuelva a ser seguro vernos —luego, viendo al equipo, dijo—. Suspendo la excavación de KV66 hasta nuevo aviso.
Dicho eso salió del lugar, corriendo. Dejó atrás rostros inmersos en la confusión, un compañero herido, un corazón roto y, sobre todo, un enamorado preocupado. Nunca un amanecer me había parecido tan amargo. Ahora sí creo en lo que dicen los egipcios. Jerpi ha iniciado las transformaciones en los seres vivos, justo cuando Ra aparece en el cielo.
8:03 AM – El Cairo, Egipto (+2 UTC)
