Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
VIII Sobre cómo una segunda cita es desastrosa
Angielizz (Anbeth Coro)
Apenas cierra con seguro la puerta de la habitación sus ojos se llenan de lujuria y deseo, y espero que los mios hagan lo mismo. Me acerco con lentitud, nerviosa aunque determinada.
Pero más determinado parece estar él porque se quita la camisa y comienza a jalar mi blusa hacia arriba, levanto los brazos.
—Ponte bocabajo contra el colchón.
Espera, ¿qué? Las dudas e inseguridades deben leerse en mi expresión porque él pasa su mano por el contorno de mi rostro para tranquilizarme.
—¿Confías en mí, no? —asiento sin querer parecer una niñata inexperta.
Desabotono mi pantalón y lo bajo hasta el suelo mientras él hace lo mismo con el suyo. Sonríe con encanto dándome un vistazo y luego yendo hacia mis bragas para sacarlas también.
—Espera, ¿no deberíamos ir despacio?
—Nena, va a gustarte.
Y se lo creo. Porque le habría creido todo lo que me dijera en aquel entonces.
Jasper parece decidido a enviar a la mierda nuestra segunda cita porque me lleva al restaurante cruzando la calle del edificio de la oficina. Algo sencillo y simplón para mi gusto, aquí viene la gente después de media jornada laboral, para pedir algo rápido y seguir con su día de oficina. Aquí no traes a una chica a su segunda cita. Aquí pierdes a la chica por completo.
Miro el menú con cara de asco. Ni siquiera me preocupo en disimularlo.
¿Acaso alguien podría culparme de ser tan exigente? Mi madre era chef, una de las mejores de la ciudad, nos había criado para tener un paladar exigente. ¿Cómo es que esa crianza podría ser compatible con espárragos en aceite como entrada? O que tal ¿sopa de diferentes verduras con procedencia dudosa? O la peor: torta de jamón.
¿Cómo es que la gente seguía haciéndose eso a sí misma?
—¿Estás bromeando, no? —pregunto sintiéndome incomoda al no encontrar ni de frente ni de reversa de la hoja del menú algo aceptable. Venga, hasta la opción de papas fritas del boliche me resulta un manjar en comparación.
—¿Quieres que pregunte por la comida del día?
Oh y la comida del día: que en mi opinión y experiencia podría tratarse de una mezcla con los ingredientes que habían sobrado el día anterior perfectamente o una mezcla de los ingredientes a punto de caducar. No. No. No.
—No, Jasper. La comida del día no me apetece.
—Seguro que te apetece otras cosas —dijo tan bajo que casi, casi no lo escuché. Me cruzo de brazos. ¿Qué había pasado con el tipo al que había besado en el elevador?
—¿Disculpa?
—Nada.
—No puedes hablar entre dientes y pretender que no te escuche estando a medio metro de ti.
Deja el menú sobre la mesa y me mira con los labios apretados, ¿está enojado? No parecía molesto mientras metía su lengua en mi boca, no, ahí parecía bastante complacido consigo mismo.
—¿James?
—No vamos a hablar de eso.
—Claro que sí.
—Fue algo de una vez.
—Siempre son de una vez, Alice
Y sus palabras se sienten como un balde de ácido encima de mi piel, como si quemaran y pudieran adentrarse por los poros de mi ser, haciéndose paso a la fortaleza que he construido a mi alrededor.
Eres una zorra fácil
Lanzó al rincón de mierda en mi cabeza esa frase de un viejo recuerdo.
—Olvidé que tengo una reunión con mis empleados, si me disculpas.
Me levanto de la mesa y salgo de ahí. Ese maldito idiota. Cuando llego a mi camioneta, media cuadra más adelante y miro hacia atrás me doy cuenta con decepción que ni siquiera hizo el esfuerzo de seguirme. Semejante pedazo gigante de mierda que es.
He desperdiciado dos horas de mi vida esperando en la oficina de Edward sólo para que me insulte a los tres minutos de llegar al restaurante de quinta. Sin ánimos subo a mi camioneta negra y enciendo.
Necesito alejar de mi cabeza esas viejas palabras, y como si se tratara de un sedante llamo a Edward con el manos libres mientras conduzco para quejarme de ese tarado que tiene por amigo.
—Hola, Alice, justo iba a llamarte ¿Podrías portarte bien y asistir a las citas de vestuario? Heidi dice que le has cancelado dos veces.
Edward es un sedante para el dolor, pero una inyección para hacerme molestar en apenas unos segundos.
—¿De verdad tenía que elegir amarillo canario para mí?
Puedo oír su risa ahogada antes de que sea capaz de responder. Sabe cuánto odio ese color.
—Su madre lo eligió —su madre mis polainas, por supuesto que no fue su madre, fue esa loca que quiere ser la única belleza en la boda a costa del sentido de buen gusto y de la moda.
—¿También eligió su madre holanes en las mangas y cuello de tortuga con encaje? —escucho su suspiro contra la bocina. Acelero cuando el semáforo cambia de color.
—Sé buena y ve. ¿Llamabas para algo en especial?
—Jasper es un idiota —Edward se ríe.
—¿Qué te dijo ahora?
Ahora. Pues sí, ahora. Porque Jasper siempre está molestándome, esto ha empezado desde hace años pero solo ahora me molesta de verdad. Aprieto el volante con enojo.
—Nada. Sólo es un idiota —¿cómo iba a decirle que me acosté con James? ¿Y que Jasper, con quien tuve una cita este fin de semana, me estaba molestando? No era un plan perfecto.
—Es infantil, ya sabes —le resta importancia. Es un imbécil. Es lo único que sé.
—Eres el único hombre que vale la pena en este mundo, ¿por qué tenías que ser mi hermano?
Escucho su carcajada al teléfono y sonrío.
—Mamá no aprobaría el incesto, Alice.
Ni yo, ni él, ni nadie, pero no se lo digo.
—Es una pena, pequeño idiota.
—Además estoy por casarme —dice con voz presumida, no necesitaba verlo para saber que tenía esa estúpida sonrisa en la cara, rodeé mis ojos y mordí mi lengua para no echárselo en cara también.
—Bueno, aún falta un poco más de un mes para la boda, siempre puedes echarte para atrás —su risa me hace sonreír un poco, venga, si había un par de hombres por quien sentía debilidad eran solo Edward y papá.
—No voy a cancelarla, si por mi fuera me habría casado el mismo día que le di el anillo —vuelvo a resistirme a decirle algo como que si así hubiera sido ya estaría divorciado.
—Lo cierto es que no entiendo qué es lo que le ves, es tan superficial y gruñona.
—No es superficial, sólo le gusta que todo sea perfecto, por eso se tomó seis meses para planear a detalle la boda —al menos no negó la parte de gruñona.
—Se ha tomado seis meses porque su estúpido vestido va a costarte lo mismo que la boda, ¿no pudo conformarse con un diseñador local? Tenía que mandar traer el vestido de la otra punta del mundo —le recuerdo.
—Alice —su voz suave que me indica que estoy cruzando la línea.
—Si ella te amara como dices no despilfarraría de esta manera tu dinero.
—Es la boda de sus sueños.
—Debe ser un sueño dejar en la quiebra a su futuro esposo.
—No me está dejando en la quiebra, había estado ahorrando antes.
—Sí, para amueblar la casa. ¿Qué tal va la casa?
—Decidimos amueblarla después de la boda, ya hicieron los arreglos y la pintaron, lo importante es…
—Lo importante deberías ser tú —lo interrumpo—, nadie importa más que tú, o eso debería creer ella.
Escucho su suspiro cansado contra la bocina.
—Me gustaría mucho que te llevaras bien con Heidi —arrugo la nariz.
—Me gustaría lo mismo, pero no puedo y tampoco es como que ella me lo ponga fácil. Eligió amarillo canario para mí.
—Vas a verte deslumbrante con el color que sea.
—Edward —me quejo ante su broma.
—Alice.
—Sólo sé que no es buena para ti, llamale sexto sentido.
—Tu sexto sentido está descompuesto entonces, Alice.
Terco y estúpido, eso hace el amor en las personas. Finalmente me despido de Edward al estacionar frente a la cafetería. Me encierro la siguiente media hora en mi oficina a revisar las cuestiones del mes, posibles remodelaciones en la segunda sucursal y despido de personal, así como recontratación de la tercera cafetería.
En eso estoy cuando recibo una llamada de James.
—Hola, escoria.
—Alice, ¿podrías decirme porque vas por ahí contándole a la gente que dormimos juntos?
Ese imbécil. ¿Cómo se atrevía a ir por ahí interrogando a James sobre nosotros?
—Porque dormimos juntos.
Una tensa risa de su parte antes de que vuelva a hablar.
—Pensé que no significó nada para ninguno de los dos.
—Y no lo hizo. Ósea sí que lo hizo, pero no por la razón que piensas. Fue asqueroso e incestuoso. Y si mi hermano se entera va a castrarte, aunque no sé cómo es que sigues teniendo pene después de esa noche.
Otra risa tensa.
—Sólo para evitar malos entendidos qué significa eso último.
—Nada. Lo que sea que Jasper te haya dicho, más vale que haya mencionado que me llevó a comer solo para decirme que —abro y cierro la boca sin encontrarme capaz de repetirlo, suspiro sintiéndome un poquito, solo un poquito miserable.
—¿Él dijo qué? —lanzo mi bolígrafo a la pared.
—Nada que no sea cierto, supongo.
—Sabes que si me lo pides podría devolverle el golpe, ¿no?
—¿Devolverle el golpe?
—Golpearlo, quise decir.
—No creo que sea necesario. ¿Aún sigue en pie lo del próximo viernes? —habíamos acordado ir el viernes a conocer un nuevo pub en la ciudad.
Un silencio esta vez más largo que antes.
—¿Sam?
—Estaré ocupado, lo siento.
—¿Prefieres que pida soda o cerveza?
—Soda para el desayuno, por supuesto —ese idiota hijo de perra.
Soda o cerveza era nuestro código para decir si estabamos acompañados o solos.
—Muy bien, entonces supongo que iré sola a la orgía, ya sabes, he estado posponiendo esto y ya es hora de tener el sexo de todo un mes en una noche.
Una risa ahora más tensa en James. Eso te pasa por ponerme en llamada con Jasper de espía, pienso antes de continuar con mi vomito vengativo:
—Aunque más tarde he quedado con alguien y depende como resulte eso, tal vez pueda invitarlo a ir conmigo a esa orgía, finalmente tú fuiste quien lo sugirió. En fin, que te diviertas, escoria.
Colgué sin permitirle añadir una respuesta para negar toda mi perorata.
Seguí con mis pendientes sin volver a pensar en Jasper o en el traidor cobarde de James. Hasta que en algún momento más tarde, la cabeza de Irina se asomó por la puerta para interrumpir mis pendientes.
Irina era mi mano derecha en la cafetería, había sido la primera persona a la que había contratado de manera formal cuando inicié y pasó de ayudarme a ser mesera a convertirse en la gerente a lo largo de estos tres años. Era una chica dulce y leal, aunque le gustaba atemorizar al resto de empleados para mantener la paz en la cafetería.
Era lo que hacía que este lugar funcionara si yo no estaba aquí.
Había una gran disculpa grabada en su rostro.
—Un cliente está enojado porque encontró cabello en su comida —toma aire antes de atreverse a decir lo siguiente—, insiste que debe ser cabello de usted.
—¿Qué?
Me pongo de pie indignada. Y camino echa una furia hacia el frente de la cafetería.
—¿Quién es el cliente fastidioso? —le pregunto a Garret y señala hacia una mesa donde un hombre sonriente y burlón me mira con sus ojos oscuros.
—Hemos insistido en que usted acaba de llegar y los pasteles se hornean por la mañana pero…
—Yo me encargo —mi voz deja ver todo mi enojo.
Camino hacia Jasper con los brazos cruzados.
—¿Lista para nuestra segunda cita?
—Tú acabas de arruinar nuestra segunda cita.
—No, no es así. Arruine una comida contigo. Pero eso no era una cita, básicamente tu hermano me obligó a acompañarte.
—¿Mi hermano te obligó?
—Por supuesto.
Entrecierro mis ojos.
—No quiero salir contigo.
—Admitelo, Alice, tienes tanta curiosidad sobre lo que podría ofrecerte que pasaste dos horas esperando por mí en la oficina de tu hermano.
—No pasé dos horas ahí —miento con profesionalismo, incluso levantándole una ceja como si hubiese perdido la cabeza.
—Podría jurar que vi tu trasero discutiendo con Sara antes de ir hacia la sala de juntas —la secretaria del elevador. Mierda.
—Creo que fantaseas tanto con mi trasero que lo alucinas.
—Es cierto, pero sé reconocer el real cuando lo veo.
—No voy a salir contigo, Jasper. Arruinaste tu segunda cita.
—Y de nuevo, eso no era una cita.
Me cruzo de brazos. Garret se acerca con su libreta pensando que es solo un cliente complicado.
—¿Necesitas ayuda?
—¿Podrías sacar a patadas a este cliente si te lo pido?
Jasper le levanta una ceja a Garret, venga Garret por lo menos aparenta que no le tienes miedo. Sus ojos van de Jasper a mí como si le hubiese pedido que se lanzara a las vías del tren, suspiro.
—Lo tengo resuelto.
Y con esa simple frase Garret desaparece.
—Seguro que Coco y Channel podrían ser mejores guardaespaldas para ti.
—No metas a mis niñas en esto. Echaste a perder tu cita.
—Venga, Alice, esta es la cita en la que saltamos a segunda base.
¿Segunda base ha dicho? No. Que se joda.
—¿Por qué crees que yo iba a querer saltar a ninguna base contigo después de lo de esta tarde?
—Déjame explicarte porqué.
Y entonces ante mi atónita mirada se pone de pie, para quitarse el suéter blanco, y mostrar debajo una camisa de botones que se le ajusta a cada musculo de su cuerpo. Yo sé que ese cuerpo ha estado siempre ahí, lo que no sabía es que tenía permitido fantasear con el buen señor perfecto.
—¿Estás vestido para una cita y por eso no debería rechazarte?
—Posiblemente no lo estás viendo con los ojos correctos.
Una anciana con su café en la mesa de al lado nos mira con sus ojos y anteojos curiosos, sin despegar su vista de Jasper. Venga, mujer. Respiro hondo mostrándole mi molestia por su impertinencia.
Lleva su mano al botón del cuello y comienza a desabotonarlo. Me quedo firme sin ninguna expresión en mi rostro, aunque la anciana ya está tocando el brazo de la persona en la mesa de al lado para que no se pierda el espectáculo. Miro alrededor mientras Jasper pasa al segundo botón, Susana y Marlen nos miran detrás de la barra con su atención en el lunático frente a mí.
—¿Qué crees que haces? —hablo entre dientes.
—Dandote una oportunidad —lo interrumpo.
—¿Tú a mí?
—Una oportunidad para retractarte —desabrocha el tercero y cuarto botón. Debajo no lleva camisa y puedo ver su piel. Me concentro en la anciana que ahora está al borde de un infarto.
—No.
Se quita el quinto y sexto botón.
—¿Qué crees que estás haciendo?
—Ya que hoy fuiste a mi oficina, decidí devolverte el favor.
—Esta no es mi oficina —señalo la cafetería y a los clientes que no paran de mirar hacia nosotros con risitas y sonrisas ridículas como si esto fuera una de esas escenas cursis de películas por las que vale la pena suspirar.
—¿Quieres que te siga mostrando de lo que te estás perdiendo?
—No —mi voz es contundente.
—Sí —la de la anciana a mi lado también. Ruedo los ojos.
—Gracias —dice Jasper mirando a la anciana y sonriéndole todo perfecto y encantador, va a matar a mi clienta de un infarto a este paso.
—Niña, sí, claro que sí.
—No. Por supuesto que no —buena mujer, ¿qué pasa con usted?
Sin esperar a que se siga desvistiendo frente a mis clientes doy media vuelta y camino enfurecida hacia mi oficina.
Escucho los pasos de Jasper seguirme, pero no me giro a enfrentarlo, no le daré el gusto de seguirme jodiendo con sus escenitas baratas.
Hasta que llego a la seguridad de mi oficina lo enfrento de frente. Se detiene justo en el marco de la puerta.
—No voy a salir contigo. Te has cargado nuestra segunda cita por tus celitos con James, pues que te den. No estoy para esos desplantes.
Y el hecho de que no lo niegue hace que me enoje aún más. ¿Quién le ha dado el derecho a celarme? Sólo hemos salido una vez, dos si consideramos esa cita de cinco minutos, no tiene ningun derecho a reclamarme absolutamente nada.
—Si vas a ponerte celoso con todos los tipos con los que he dormido, te vas a llevar una sorpresa sobre lo muy celoso que te puedes poner —me cruzo de brazos y en lugar de mostrarse ofendido una pequeña sonrisa aparece en su rostro. Hijo de perra.
—¿Crees que estoy celoso porque hayas dormido con alguien más? Alice, sé que has dormido con muchos más —avanza tres, cuatro, cinco pasos hasta ponerse a centímetros de mí—. Ya te dije que eso no me importa.
—¿Ah no? Porque pasaste de ser señor don perfecto a un imbécil en cuestión de minutos.
—¿Así que crees que soy perfecto? —no dejo que eso me incomode.
—Un perfecto idiota.
Sonríe de lado agarrando con suavidad mi mejilla.
—No estoy celoso de James por acostarse contigo, estoy enojado con él por hacerlo.
—¿Por hacerlo antes que tú? —levanto una ceja sin dejar que su mirada oscura me intimide.
Niega con su cabeza.
—Por jugar contigo como esos idiotas.
Camino detrás de mi escritorio para poner distancia entre nosotros. Suelto el aire dramatizadamente antes de hablar.
—Ya te lo dije, yo soy quien juega con ellos. Yo.
—No creo que eso sea cierto y no creo que puedas admitir que tengo razón.
—¿Así que fuiste a intimidarlo? Mierda, Jasper. Eso fue hace años. Y ni siquiera significo algo. Es sólo sexo. La gente tiene sexo todo el tiempo, es tan simple como respirar. Si te dejaras de cursilerías podría mostrarte lo divertido que es sin necesidad de llevarme a una cita de mierda a un lugar asqueroso como el de hoy.
—Ya te dije que ese no era el lugar al que te iba a llevar —y eso no se acerca para nada a una disculpa.
—Pues —hago como si me lo pensara unos segundos—, la próxima vez agarras tus celos y los domas antes de dejar que ellos te controlen a ti. Porque eso contó como una cita. La peor, por cierto.
Nos quedamos en silencio y quietos unos segundos hasta que él decide romper con la distancia y se sienta en la silla frente al escritorio.
Me quedo de pie con los brazos cruzados mientras lo miro con ganas de querer degollarlo.
—Te ofrezco una sincera disculpa. No debí hablarte de esa manera.
Sus ojos oscuros tras sus lentes lo hacen ver honesto e inofensivo, así que debe ser por eso que tomo asiento en mi silla aunque sin dejar de tener los brazos cruzados frente a mí.
—Así que como ofrenda de paz te traje algo.
Saca su cartera del bolsillo del pantalón y estira hacia mi una tarjeta rosada. La tomo. Una tarjeta de regalo de una de mis tiendas favoritas.
—¿Así que crees que puedes darme una tarjeta y esperar que ignore lo que pasó?
—Por supuesto que no —parece ofendido de la sugerencia—. Te lo habría dado incluso si nuestra cita hubiera sido buena. Es para nuestra tercera cita —levanto una ceja.
—¿Para comprar ropa interior? —tanteo. Sonríe aunque niega con su cabeza.
—No. Dejé indicaciones para ti en la tienda, solo son opciones, pero me gustaría que eligieras algo similar a eso.
Si su intención era remediar mi molestia no estaba haciendo fatal indicándome qué vestir, pero antes de que pudiera propinarle un puñetazo en la cara volvió a hablar seguramente adivinando mis intenciones.
—Es para que vayas acorde al tema de nuestra tercera cita. Sólo eso. Aunque si prefieres gastarlo en algo más —deja la frase incompleta indicándome que soy libre de hacer lo que me venga en gana.
—Eres un controlador, ¿te lo han dicho? —su sonrisa se amplia de manera presuntuosa.
—La mayor parte del tiempo, tú.
—¿Y eso no te parece una indirecta nada sutil?
Ignora mi comentario.
—Pasaré por ti el viernes. ¿A las siete está bien?
—Ese día tengo una orgía en mi agenda —me encojo de hombros enviándolo a la mierda.
Se ríe en lugar de ofenderse.
—Si tu intención con ir a una orgía es tener el sexo de todo el mes, creo que puedo hacer eso por ti.
. Su comentario corrobora que sí estaba al teléfono cuando hablé con James. Le ruedo los ojos en lugar de replicar.
—¿A las siete, está bien? —vuelve a preguntar y asiento una única vez.
Se pone de pie dando por terminada esta tortura.
—¿Me acompañaras a la puerta?
Me pongo de pie dándole una sonrisa cínica.
—Sólo para patear tu trasero cuando te vayas de aquí.
Rodeo el escritorio y camino a la puerta, pero cuando estoy por abrírsela para enviarlo a la mierda, sujeta mi nuca jalando hacia él y por segunda vez vuelve a besarme.
Mi cuerpo choca contra la puerta mientras nos besamos, mis manos van a sus hombros, luego bajan por sus pectorales, yendo a los botones de su camisa que antes él había desabrochado y en algún punto entre las mesas y mi oficina había vuelto a abrochar. Jasper detiene mi mano.
—Nos vemos el viernes, Alice.
Y así, dejándome con las ganas, con el rostro acalorado y los labios entumidos se aleja, abre la puerta y se va.
Maldito imbécil.
Agradecimientos a: Adriu, Cinti77, Vane, Noriitha, Terewee, Narraly, Mikagiss, Vane
¿Qué opinas del recuerdo de Alice a sus dieciséis años? ¿Y la reacción de Jasper?
Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.
Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.
No olvides dejar tu comentario y seguir esta historia.
