Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

X Sobre cómo es la mejor noche de sus vidas

Angielizz (Anbeth Coro)

Agradecimientos a: Seirene Oz, Adriu, Narraly, Nydiac10, Vane, Yoliki, Cinti177, Miop

No puedo decir que fue como lo había imaginado. Fue diferente, aunque supongo que pocas veces lo que leemos y vemos en televisión se acerca a la realidad.

Cuando despierto estoy sola en la habitación. La luz me pega en los ojos haciendo que el sueño se desvanezca. Me estiro y descubro que Peter se ha ido. No me sorprende, lo último que debe querer son problemas con James. Sonrío ingenua ansiando volver a verlo.

Y mientras estoy acostada estoy armándome toda una película romántica con Peter. Con la próxima vez que nos veamos y podamos recordarnos lo que ocurrió la noche anterior, como si fuese nuestro secreto y nos llevaramos tatuados en la piel.

Imagino lo emocionada que se pondrá mamá cuando regrese de su viaje y presente formalmente a Peter como mi novio, imagino lo emocionada que estará su propia madre al saber que su hijo se ha quedado con una chica tan linda y encantadora como lo soy yo.

Me pregunto si nos mandaremos cartas por correo cuando él deba volver a la universidad, o lo dejaremos sólo en enviarnos mensajes de textos y videollamadas todas las noches mientras nos decimos mutuamente que nos queremos y extrañamos.

Y me pongo creativa y estúpida a pensar en esa vida que en realidad jamás íbamos a tener. Pero entonces quería convencerme aun desnuda y bajo mis sabanas que tenía una oportunidad para tener ese final feliz, porque tenía dieciséis y yo creía en el amor.

Nunca en mi vida he estado aquí. ¿Qué extraño, no? Él ha estado en todas partes, mi apartamento, mi trabajo, la casa de mis padres, la casa de mi hermano, pero yo no conozco nada de su vida.

Me giro hacia Jasper después de escanear el lugar. Es amplio, cómodo, con muchas cosas que le gustan a él, libros, películas, discos, posters enmarcados en las paredes. No es lo que imaginaba que sería, pero no imagino ahora que pudiera ser de otro modo.

Usualmente cuando tengo sexo, es decir siempre, llegamos a la habitación, al baño, al carro, a la esquina oscura, completamente excitados. Mutuamente nos sacamos la ropa con prisas, y a veces ni siquiera nos desnudamos, a veces sólo me bajan el pantalón o me suben la falda.

Y me ha dicho esta noche que ha fantaseado conmigo por años, así que esperaría que su deseo por mí lo llevara a querer meterme mano en cuanto hemos llegado a su apartamento, pero contrario a eso sólo está mirándome.

—¿Seguro que quieres perder una apuesta? —pregunto cruzándome de brazos y mirándolo divertida. Levanta una ceja, sonríe, pero no se mueve, manteniendo sólo su mirada sobre mí. Pasando de mi rostro, a mi cuello, a mis pechos, a mi abdomen, a mi pelvis, a mis piernas, a mis pantorrillas, a mis pies y de regreso. Mirándome lentamente, sin moverse.

—Tengo derecho a mis tres preguntas.

Finjo que me lo pienso por unos segundos.

—¿Por qué?

—Porque juegas con ventajas —lo mismo me dijo cuando pidió tener tres citas.

Lo que sea que eso signifique no profundiza más, me encojo de hombros.

—Bien, pregunta.

Comienza a caminar hacia su cocina y lo sigo.

—¿Qué es lo que no te gusta?

—¿En el sexo?

—Así es.

Lo medito unos segundos.

—No me gusta que me amarren, aten o no pueda moverme. No me gusta los juegos de rol, es extraño, nada de usar voz como batman —se ríe, pero por suerte no hace preguntas al respecto—, no fotos, ni videos, ni recitarme poesía —sigo pensando—, nada de llantos en mitad del sexo.

—Tengo que preguntar.

—Me ha pasado dos veces, llanto con mocos mientras estábamos a mitad de algo que parecía decente. El primero lloró porque llevaba años sin tener sexo —la risa de Jasper es natural y simple—, el segundo porque acababa de terminar con su novia, una hora antes.

—Nada de llantos.

—No me digas nena, por favor, eso es ridículo, ni apodos como bebé o tonterías de ese tipo.

—Me parece justo, Alice.

Paso saliva por el modo en que mi nombre suena en sus labios, aunque ahora que lo pienso él nunca me llama de un modo diferente que no sea mi nombre.

—Nada de lanzarme tus fluidos. Por favor —pone los ojos en blanco, pero tampoco insiste.

—No te preocupes.

—Tampoco a los muebles.

Arruga la nariz y da un largo trago a su vaso de agua.

—No me gusta que me laman los pies ni las axilas —ahora una risa divertida inunda la cocina.

—Entendido. ¿Cuál es uno de tus puntos débiles? Sólo una cosa.

Se lo digo porque realmente espero que tenga suerte y hable en serio en eso de darme el mejor sexo de mi vida.

—Tengo un punto muy sensible entre mi cuello y mi oído.

—Lo tengo.

Paso saliva con un poco de dificultad.

—¿Tercera pregunta?

—Te la haré por la mañana.

—¿Crees que me quedaré a dormir? —sonrío con un tono cínico en mi voz.

—No te voy a enviar en taxi. Y no planeo llevarte. Así que vas a quedarte aquí.

Voy a protestar, pero él deja el vaso sobre la barra y pone su dedo sobre mis labios.

—Alice, ni siquiera vas a recordar que querías ir a tu apartamento cuando termine contigo. Es más, ni siquiera vas a poder moverte de mi cama. No vamos a ponerlo a discusión.

No, no voy a quedarme, por experiencia sé que es más incómodo despertar sola en la cama de un hombre que vestirme a prisas en la madrugada. Y sus palabras y promesas no surten ningún efecto porque honestamente ya he escuchado demasiadas veces frases como esa.

—No está a discusión —repite y yo ruedo los ojos, aunque ya estoy imaginándome llamando a un taxi y saliendo de puntillas y descalza por la madrugada.

Jasper me desviste, ahí mismo, lentamente.

Se toma todo su tiempo, despacio va deshaciéndose de cada prenda mía. Y cada vez que yo quiero acelerar él me detiene con un gesto suave o diciendo algo como:

—Pronto, Alice.

Nunca nadie ha ido tan lento conmigo, así que me impaciento, pero también estoy totalmente excitada de este nuevo juego.

Always been you –The sweeplings

Comienza con lo simple, me hace darle la espalda para bajar el cierre de mi vestido. Cada centímetro que va dejando a descubierto la piel de mi espalda, se detiene para ir pasando sus labios sobre ella, ahogo el suspiro que lucha por salir de mis labios y cierro los ojos en su lugar.

Una vez el cierre llega a mi cadera, baja la manga de un lado, dejando descubierto mi hombro y brazo, besa de mi cuello hasta mi clavicula y luego se mueve hasta mi hombro sin girarme. Su mano se desliza a lo largo de mi brazo con lentitud bajando la tela.

Sus caricias me parecen enloquecedoras. Intento girarme pero me sostiene de la cintura contra su cuerpo. Puedo sentir su erección rozándome incluso sobre la ropa.

—Pronto, Alice.

Baja la manga del otro lado y repite cada lento y tortuoso movimiento que hizo con mi otro brazo. Aunque ahora se detiene más tiempo besando por encima de mi cuello, no es hasta que me recorre un escalofrío que entiendo lo que está haciendo. Buscando mi punto débil bajo mi oído y sobre mi cuello. Siento su sonrisa contra mi piel cuando lo encuentra.

Sin dejar de besar ese punto, sus manos pasan frente a mi cuerpo de mi cintura a mi abdomen y subiendo un recorrido con la yema de sus dedos hasta dar con mis pechos. Pero en lugar de introducirse bajo la ropa interior suben por el contorno.

—Jasper —me quejo recargando mi cabeza contra su cuerpo, ladeo mi cabeza dándole mayor acceso a la piel de mi cuello sin poder evitar que mis ojos se cierren por las sensaciones.

—Alice —suena divertido al hablar.

Lo que me parece un siglo o dos más tarde, por fin me deja darme la vuelta y mirarlo, él sigue totalmente vestido. Y yo con el vestido hasta la cadera. Lo miro expectante para que se desvista.

En su lugar, toma mis manos y las lleva a los botones de su camisa, después agarra mi nuca para acercarme a él y besarme. Mientras nuestros labios se encuentran mis manos van con prisas de un botón a otro. Una parte de mí cree que debería ir lento y hacérselo difícil como él lo está haciendo conmigo, pero la mayor parte de mí no quiere perder más tiempo. Jalo su camisa hacia abajo cuando consigo desabrocharla, me alejo para verlo, pero debajo de la camisa lleva una camiseta blanca. Le ruedo los ojos a la camiseta como si pudiera exigirle a esa prenda que desaparezca con un parpadeo.

Cuando Jasper alarga su sonrisa mientras levanta la camisa, ahora puedo ver el abdomen que se esconde debajo, el cuerpo de alguien que pasa una hora de ejercicio por la mañana, el cuerpo de un hombre perfeccionista que no podría dejar de lado su cuerpo, el cuerpo de quien promete darme una de las mejores noches de mi vida. Y cuando lo miro sin camisa se lo creo.

Pongo mi mano sobre su abdomen. Sintiendo sus musculos bajo la palma de mi mano, ¿cómo es que todo este tiempo ha estado tan cerca y tan lejos de mí?

Jasper le da un último tirón a mi vestido para que termine por caer al suelo, una risa un poco de adolescente hormonal sale de mis labios. Me gustan los hombros anchos y los brazos de los hombres, definitivamente me gustan estos específicos hombros y brazos. Mi mano va a sus brazos y tal vez no he sido consciente de esto porque mis ojos para Jasper se han limitado a verle como el amigo de mi hermano. Y a mí no me gusta el drama, aunque estoy decidida a aceptar un poco de drama por lo que promete ser una buena noche.

—¿Te ejercitas con libros? —bromeo sin dejar de pasar la punta de mis dedos sobre su piel desnuda, recorriéndolo por las líneas de las venas bajo su piel. Pone su dedo sobre mis labios y sin resistirme abro mis labios para introducirlo dentro de mi boca. Lo que sea que fuera a decir él o yo se queda en un segundo plano mientras mis dedos succionan con lentitud su dedo índice.

—Eres muy mala conmigo, Alice —sonrío sin dejar de succionar.

—¿Y eso no te gusta? —pregunto dándole una última mordida a su dedo. Agarra ahora mi mentón para levantar mi rostro y acercarlo a él. Ahora que le presto atención noto que es más alto de lo que había considerado. No sé porque nunca había sido consciente de eso, no sólo de su altura sino de mi altura a su lado. Con zapatillas mi frente queda a la altura sus ojos, sin zapatillas seguramente llegue a sus labios.

—Me gustas de todas las maneras —dice interrumpiendo el hilo de mis pensamientos, sus ojos oscuros me atrapan y me pierdo en el abismo de ellos.

—¿Y porque sigo con ropa?

Se ríe, pero en lugar de desnudarme me besa, agarrándome de la nuca y comenzamos a caminar hacia lo que supongo será su habitación. Su mano va a mi muslo y sin esfuerzos me levanta, mi otra pierna también se aferra a su cadera, para ayudarle con mi peso y evitar terminar en el suelo; aunque no parece ser un problema para él, así que sin dejar de besarnos camina conmigo cargándome y cielos, yo no necesito más para sentirme toda excitada.

Incluso si se detiene y me folla contra la pared sería glorioso, es un hecho, aunque Jasper tiene otros planes. Por supuesto, él siempre tiene planes y yo le permito cumplir con ellos. Me deja en la cama sin lanzarme al colchón, como si pudiera romperme y tuviera que ser delicado. Venga, que me rompa si él quiere eso, que aquí no estamos para restringir.

—Eres hermosa —dice mientras besa mi cuello enviando más escalofríos al resto de mi cuerpo. Su mano juguetea con la piel de la parte interna de mis piernas, y yo lo único que deseo es que siga subiendo. Pero Jasper es malvado a un nivel innombrable. Así que sus dedos suben casi hasta donde mi ropa interior de encaje le espera y luego vuelven a bajar hasta casi mis rodillas. Me está matando. Y yo soy orgullosa, así que me limito a besarlo y pasar mis manos por su espalda y abdomen cuando evidentemente quiero que acabe conmigo de una vez.

¿Puede alguien culparme? Cualquier otro hombre ya me habría follado con solo entrar al apartamento. Pero no Jasper. Jasper es diferente a todos ellos. Pero yo no estoy acostumbrada a este nivel de paciencia y determinación.

—¿Tienes prisas? —pareciera que es capaz de leer mi mente, niego con mi cabeza.

—No, ¿y tú? —agarra mi mejilla mirándome a los ojos. Y me da una expresión extraña que no reconozco, consiguiendo que me sienta de pronto cohibida, pero me obligo a sostenerle la mirada con valentía y seducción.

—Ni un poco.

Me va a matar de impaciencia.

Ahora su pulgar roza la piel a un milímetro del encaje de mis bragas. Piedad, hombre. Recorro su abdomen hasta llegar al resorte de su bóxer y sin preámbulos introduzco mi mano debajo de la tela. A mí no me va a venir con eso de esperar. ¿En qué momento se quitó los pantalones? Ni idea. Recorro su longitud haciendo que sus ojos se vuelvan más oscuros, pega su frente contra la mía. Pero mientras yo estoy masturbándolo él está frustrándome de excitación, extraña mezcla. Y lo sabe, por supuesto.

Porque tiene esa sonrisa arrogante y sensual que comienza a gustarme. Que comienza a gustarme y que mañana me dará lo mismo, he querido decir.

Pero no voy a pensar en eso, por ahora lo importante. Hacer que meta sus dedos en mí. Pero no se lo pido y mis caderas se quedan quietas contra el colchón por mucho que me cueste mantenerlas ahí, porque si lo que él está esperando es que yo demuestre que lo deseo y que le implore por más, y por favor follame y esas tonterías pues no va a pasar.

—Podría hacer que te corras en mi mano, ¿sabes? —lo molesto sonriendo y mordiéndome el labio tan dulce y seductora como soy capaz, él sonríe con diversión.

—¿De verdad? —asiento—, creo que estas siendo injusta con mi autocontrol.

—A mí no me parece así —y mientras hablo mi mano sigue moviéndose con mayor rapidez en toda la longitud de su pene dando un pequeño apretón de vez en cuando y disminuyendo y acelerando cada tanto para torturarlo. Pero Jasper es tan cruel como yo, porque ahora sus caricias se alejan de mis bragas y han vuelto a hacer recorridos por mis piernas. Lo odio tanto.

Todo mi autocontrol está en no gemir con las deliciosas caricias y en no levantar mis caderas de la cama pidiendo por más de él. Si practicara el sadomasoquismo estoy segura que esto sería alguno de esos métodos de castigo. Pero como no es sadomasoquismo ni hay sumisos y dominantes, ambos nos castigamos mutuamente en una lucha de control y deseo.

Y si eso no fuera suficiente tengo que sostenerle la mirada, nada de apretar los ojos, gemir, rogar, me limito a esta falsa indiferencia a su tacto y ser solo sonrisas para él. Pero estoy segura que va a matarme.

Y entonces decido cambiar de estrategia. Saco mi mano de su bóxer y la llevo a mi espalda contra el colchón para desabrochar mi brassier, me quito los tirantes con prisas y saco esa prenda. Venga, que yo también sé cómo matar a alguien.

Se sostiene con su otro brazo para no caer sobre mí, así que tengo ventajas porque está completamente sin manos ya que la otra sigue jugando a torturar la piel de mi entrepierna sin llegar a ella. Aunque mi estrategia no funciona, sólo consigue que me excite más la manera en que mira a mis pechos sin acercarse a ellos, sé que me desea, pero su autocontrol está realmente aniquilándome cuando todo lo que quiero es que ponga esa boca semiabierta en mi pezón.

—¿No es una pena que me tengas aquí y sigas sin tenerme? —pregunto mientras masajeo mis pechos con mi mano libre mientras la otra imita el movimiento en su pene.

—¿Estás segura de eso? —dice volviendo su vista a mis ojos, asiento sin dejar de pasar mi mano por su miembro.

—Estoy segura que yo solita podría darme tanto placer o más que —pero apenas voy a terminar la frase de broma e insulto cuando sin preámbulos introduce su mano bajo mi ropa y luego sin dificultad dos dedos en mí. Sonríe satisfecho. Estoy tan putas mojadas que estoy molesta con mi cuerpo por ponerme en evidencia de esta manera.

—¿Me decías?

No respondo porque no hay manera. No hay ni una puta manera de que lo admita. No cuando tienes a Jasper sobre ti mirándote con esos ojos oscuros retadores, y cuando un brazo está al lado de tu cabeza para que amablemente su cuerpo no caiga sobre el mío, no cuando sus dedos hacen magia en mí interior. No hay tampoco manera de mantener quietas a mis caderas que se mueven en busca de crear fricción contra su cuerpo. Y no hay ni una solo posibilidad de ahogar mis gemidos que no sea besando la piel de sus hombros, y cuello y garganta mientras mis ojos se cierran llevada por el placer. No la hay cuando al fin su boca se cierra en uno de mis pezones.

—Dilo, Alice.

Aprieto mis labios para no hacerlo, porque de alguna manera sé que eso es lo último que me queda por entregarle, su nombre en mis labios mientras tenemos sexo.

Sus dedos se mueven lentos ahora pero con mayor fuerza, no dándole tregua a mi cuerpo para poder mantener el control. Soy suya, toda suya en ese momento. Y aun así estoy respirando por la boca soltando jadeos de placer y gemidos indescifrables para luchar contra las sensaciones que dispara mi cuerpo.

—Dilo.

Y como no lo hago se retira por completo. De mi boca sale algo muy parecido a un gruñido salvaje que lo hace sonreír como imbécil.

Se pone de pie y cuando estoy por protestar me doy cuenta que lleva los pantalones hasta los rodillas y que se los está quitando ahora. Agarra mi pierna derecha para besar mi tobillo mientras me quita la zapatilla. Y luego la izquierda para repetir la acción. Le sostengo la mirada aunque me cuesta más que antes porque soy demasiado consciente que estoy solo en bragas en su cama, con las mejillas sonrojadas y aun jadeando aire y como adolescente lo único que soy capaz de hacer es llevar mis manos a mis pechos para cubrirme de sus ojos oscuros y su boca silenciosa.

Saca un condón de su mesita de noche y sin despegar sus ojos de mí se baja el bóxer para ponerse el condon, y sé que sus ojos están en mí porque quiere ver mi expresión mientras lo miré por primera vez. Y me gustaría decir que no lo hice, que le sostuve la mirada de manera rebelde todo el tiempo, pero mentiría.

Esa tontería de ver penes y que se te caiga la baba de la boca me parece una ridiculez, pero verás. Cuando ese pene pertenece a un tipo como Jasper no es solo la longitud de su pene lo que observas, sino todas las posibilidades que dicho falo puede hacer contigo. Así que sí, lo miro, y abro la boca y quizás un involuntario gemido se me sale y tal vez Jasper va tras de mí de nuevo en lugar de ponerse el condón porque estoy desnuda y gimiendo por él. Así que nos volvemos una maraña de cuerpos en la cama, buscándonos y encontrándonos. Su boca en algún momento está en mi cuello, o en mis pechos o en mi abdomen, o incluso mordiendo la carne de mis piernas. Tal vez en algún momento tengo mi boca en su boca, y en sus anchos hombros y mordisqueando la dura piel de sus brazos, tal vez mi lengua recorre gustosa todo su abdomen que por suerte es lampiño, aunque eso sí lo sabía de hace años. Tal vez eso es lo más fascinante de su cuerpo, que nada queda a la imaginación, que es una desnudez dentro de una desnudez.

—Alice.

Y cuando empieza un camino de besos hacia mi pelvis tengo que detenerlo con el pretexto de volver a besarlo porque el sexo oral también lo tengo en la lista de cosas que no son de mi agrado y quiero que esto sea tan perfecto como él ha prometido que será. Y por el momento va bien, muy bien aunque no he tenido un orgasmo.

Lo que es extraño en mí, porque una de mis preocupaciones en la cama es si me quedaré con las ganas o conseguiré llevarme al menos un orgasmo, así que usualmente consigo un orgasmo para mí y eso me ahorra la frustración de un fracaso. Pero no con Jasper.

No me preocupa eso porque de alguna manera siento una garantía, porque su nombre está en juego si no consigo al menos un orgasmo. Así que ya sea que se tome su tiempo o no en conseguirlo para mí, dejaré que sea él quien se haga cargo, aunque estoy segura que me hará implorar por uno.

Y mi respiración es tan errática que alguien podría pensar que ya ha entrado en mí, cuando apenas estamos empezando.

Se separa y busca en el colchón el condón sin abrir, se lo pone y no puedo evitar que mis ojos vayan a sus manos que acomodan con perfecto cuidado el condón en su miembro. Y luego en como se asegura que todo se vea intacto y seguro, que no haya posibilidades de accidentes de ningún tipo. Contengo la respiración de anticipación. Aun no lo tengo y ya lo quiero. ¿Qué pasa conmigo?

Espero a su indicación. Porque a los chicos les gusta eso. Ponte en cuatro, ponte arriba, ponte abajo, contra la pared, en el suelo, en el sillón, con tus manos en el piso, tus manos a la pared.

Pero Jasper no dice nada, sólo se me queda viendo, por suerte no a mi cara así que no ve las dudas que esto me genera. Yo también quiero que esta sea una buena vez para ambos. Y es injusto que él sepa que me gusta y que no, y yo no tenga ni idea de cómo quiere que me ponga. Agarra mi pierna y vuelvo a estar contra el colchón, levanto las caderas y dejo que saque mis bragas de una buena vez.

¿Cómo quiere que me ponga? Venga, Alice. Pero no se me ocurre ninguna broma para darle a mostrar esas dudas sin mostrarme vulnerable, porque tengo el control, ¿no?

Se retira y vuelve a observarme, me vuelvo a poner hincada en el centro de la cama, sólo consigue ponerme nerviosa con su mirada encima de mí. Intento respirar muy lentamente por la nariz para que no se me note eso, venga, que yo el sexo lo práctico como deporte. Esto no me debería poner nerviosa de nada.

—¿Algo que te guste? —pregunto sonriente, esperando que me diga algo como lo que los chicos con los que duermo dicen usualmente. Pero él niega muy lentamente su cabeza sin perder la sonrisa y se acerca a mí.

—No algo. Todo.

Agarra mi mentón y comienza a besarme demandante, jugando con mi lengua en una danza peligrosa para invocar al mismísimo dios del fuego y del deseo. No sé cómo es que termina mi cabeza entre las almohadas con Jasper sin dejar de besar mi boca, con sus manos moviéndose lentas sobre mi cuerpo. Venga. Que va con el mismo jueguito otra vez. Llevo mi mano a su entrepierna pero su mano derecha detiene mi muñeca y la encarcela con su mano y el colchón al lado de mi cabeza.

Lo intento con la otra y ahora estoy aprisionada con ambas manos sujetadas a los lados de mi cabeza.

—¿Me creerías si te dijera que eres la mujer más increíble y hermosa que conozco? —pregunta con su nariz contra la mía y sus ojos dentro de los míos. Paso saliva mientras una sonrisa crece en mis mejillas.

—Eso ya lo sé —sonríe y libera una de mis manos solo para sujetar mi mejilla y entonces sin que me dé cuenta jadeo sintiéndolo entrar en mí por primera vez.

Me he topado con dos tipos de hombres a lo largo de estos años. Los que quieren que hagas todo el trabajo y seas la diosa en la cama; y los que quieren hacer todo ellos y tenerte más como una muñeca inflable que gime en voz alta. Posiblemente hay mas tipos de hombres en la cama, estoy segura. Pero mis filtros de idiotas solo permiten esas dos categorías.

Pero con Jasper, contrario a lo que se esperaría luego del principio, es acerca de sincronía. Como si el movimiento de uno llevara al movimiento del otro.

No puedo pensar en nada, soy un manojo de piel y nervios en sus manos y dejo que haga conmigo lo que quiera hacer, estoy totalmente dispuesta a ser un experimento para él si me lo pide.

—Estás matándome —digo riendo en algun momento en que se detiene para besarme el rostro de la frente al mentón.

—¿No era ese el plan?

—Sigue por favor —lo pido así a ruegos por primera vez, en mi defensa ya perdí la cuenta no sólo de mis orgasmos sino también del tiempo que ha transcurrido en que he aguantado las ganas de implorar por más.

—Dilo, Alice.

—Jasper, por favor, por favor, Jasper. Más —no me importa ser patética en la cama por él. Me agarra del cabello para acercarme y besarme con mayor deseo que antes mientras sus embestidas cumplen mi solicitud.

Cada vez que consigo tener un orgasmo, Jasper sale de mí y vuelve a acomodar mi cuerpo de una manera distinta. Está acabando conmigo. Casi pienso que intenta hacer que ninguna posición quede disponible para nadie más, para que jamás nadie pueda superarle a él y cada próximo encuentro me lleve a pensar en Jasper haciéndome… Sacudo la cabeza… esto. Cielos. Y por otro lado puede que se trate de más, esta tocándome y haciéndome de todo por todas partes.

Cuando estoy sobre él le doy acceso completo a mis pechos. Cuando estoy de espaldas a él, le doy acceso a acariciar mi trasero y lamer la piel de mi espalda; cuando está sobre mí tiene el control de mis piernas. Está acabando conmigo de maneras que no creía posible.

Pero sé que yo también estoy haciendo eso con él, y eso hace que funcione nuestra sincronía. Cuando estoy arriba puedo acariciar todo su abdomen y besar y lamer su rostro; cuando estoy dándole la espalda mis uñas se clavan en sus muslos; cuando está sobre mí puedo agarrar su trasero, su espalda, sus brazos y hombros.

Cuando finalmente se deja caer sobre mí, mi pulso es errático.

Y a regañadientes tengo que admitirlo, lo único que sé del sexo son posiciones sexuales. Esto está por encima de todo el sexo en estos últimos diez años. Vaya.

Me da un largo beso en los labios, aunque no demandante ni cargado de deseo, un dulce último beso antes de que yo cierre los ojos.

Y mierda. Mierda. Mierda, pienso antes de que el sueño se apiade de mí.

¿Te gustaría leer un capítulo especial narrado por Jasper? Si es así el siguiente sería el narrado por él

¿Qué te ha parecido esta lucha de poder y pensamientos encontrados de Alice?

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

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