Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
XI Sobre el amor (Especial Jasper)
Angielizz (Anbeth Coro)
Agradecimientos a: Seirene Oz, Adriu, Rosiichita, Noriitha y Vane por tan motivantes comentarios
Por si apareces – Alice Wonder
A veces amamos en el momento inadecuado.
Si el amor fuese perfecto ocurriría al mismo tiempo, en el momento oportuno y sería simple. Fluiría sin complicaciones, ni dramas ni secretos. Pero si he aprendido algo es que el amor es todo menos perfecto. Y a veces, uno de los dos ama antes.
Y entonces lo único que queda es esperar que los caminos se crucen y el amor haga lo suyo en ambos sentidos. Aunque tampoco es tan sencillo como sólo esperar. Porque en algunos casos esperar es igual a ver una fila de hombres cruzar antes que yo, sin poder actuar, porque no es mi turno ni mi derecho intervenir.
Supe que amaba a Alice hace años, no fue un momento en que pueda decir que algo ocurrió y lo supe, fue todo lo opuesto: sin que me diera cuenta de pronto fue evidente que mis sentimientos por ella nada tenían que ver con la de una amistad y mi sentido protector no tenía que ver con que fuera la hermana menor de mi mejor amigo y socio. No supe cuándo dejó de parecerme una niña y se convirtió en una encantadora joven universitaria.
Aunque recuerdo bien la primera vez que mis sentimientos se hilaron con mi deseo, veintidós años tenía ella entonces, era verano y estábamos en casa de su padre, Carlisle, en la casa del jardín como todos le llamaban, disfrutabamos de un caluroso día al lado de la piscina, el día anterior se había graduado Alice y estábamos celebrando en su casa esa tarde.
Alice estaba acostada en una de las sillas reclinables de playa con su bikini negro, haciendo que su piel resaltara. Era hermosa aunque eso ya lo sabía yo, no la deseé por lo bien que se veía tomando el sol, sino por la mirada larga que me dio mientras yo caminaba alrededor de la alberca.
—¿Cuándo te has puesto tan guapo? —preguntó Alice bajando sus gafas de sol y haciendo que su mirada recorriera mi abdomen desnudo mientras se mordía el labio. Lo mismo me preguntaba yo de ella. ¿Cuándo se había puesto tan guapa? Aunque para ser honestos, Alice era guapa desde siempre, incluso cuando era una niña era muy bonita, aunque un bonito adorable.
Y me dio esa sonrisa que mando a la mierda todas mis barreras.
—Aléjate de Jasper, Alice —Edward amenazó lanzándole una pelota desde la alberca. Ella se río y me sonrío mordiéndose el labio con deseo y diversión—, lo digo en serio —y ella se encogió de hombros como si fuese tan simple como eso sacarse de la cabeza a alguien y dejó sus lentes oscuros frente a sus ojos para volver después a su lectura.
Y de ahí todo fue en picada o cuesta arriba, como quiera verse.
Mi amor por Alice era un afloja y jala constante, aunque sólo de manera unilateral, porque a excepción de esa única vez ella no volvió a morderse los labios y mirarme como si quisiera devorarme. No. Alice sencillamente se encogió de hombros y realmente me sacó de su cabeza, tan simple como eso.
Y a veces yo también lo hacía, tenía novias, duraciones largas, pero de pronto de manera repentina pensaba en Alice. Sin ningún sentido o lógica el pensamiento aparecía y ya no podía hacer más que comparar a mi novia del momento con la hermana menor de mi mejor amigo que era inalcanzable. Lo que era sumamente egoísta para ambas partes.
Así de jodido estaba.
Pero el amor es caprichoso y poco racional, así que no sabía qué hacer más que esperar por mi oportunidad, confiado de encontrar pronto el momento adecuado.
Aunque seamos honestos, el momento adecuado no debería ser en un baño apestoso de hombres en un bar y una oportunidad no debería ser una apuesta estúpida para follar.
Pero aquí estábamos.
Y tal vez al amor, loco, caprichoso y bromista le gustaba jugar con nosotros, como si fuésemos solo marionetas que mover a su antojo. Porque ahora ella está aquí. Conmigo. En mi cama.
Aunque sé que por poco no lo estuvo, un mal arranque de celos de mi parte, uno luego de una centena de celos controlados.
Sé que ella ha estado antes con otros hombres, con muchos hombres, con tantos que posiblemente ni siquiera recuerda los nombres.
¿Entonces?
¿Por qué estaba el miércoles tan encabronado?
Al grado que había arruinado mi segunda cita por culpa de James, ese idiota.
Entré a su oficina sin esperar que la secretaria le avisara de mi llegada, con un único pensamiento en mente: que se joda, que se joda.
Cerré la puerta a mis espaldas con seguro y por el modo en que me miró supe que sabía la razón por la cual estaba ahí.
—Ella te lo dijo.
—No fue necesario —bastó mirar el modo en que Alice miró de James a Edward a mí para entender lo que pasaba por esa cabecita tan peculiar.
—Si sirve de algo, no recuerdo absolutamente nada —dijo poniéndose de pie.
—No me sirve de nada. Maldito cabrón. ¿Te aprovechaste de ella?
—¿Qué? ¡No! Por supuesto que no, ella es como una hermana para mí —maldito idiota. No iba a venirme con ese cuento sucio de hermanitos para explicarme porqué había tenido sexo con ella.
—Una hermana a la que te coges, al parecer.
—Estás siendo infantil, Jasper. Fue una vez, casi como un accidente —se mueve justo a tiempo para esquiva mi golpe, apenas—. No significó nada. Ni para Alice, ni para mí —añade levantando sus brazos frente a sí para calmarme.
—Tú y ella son unidos, no pudo no significar nada.
—Pues no significó nada. Nos demostró que eso no nos hacía compatibles de ninguna manera, al día siguiente volvimos a nuestra vida y seguimos interactuando como si nada hubiera pasado.
Justo como todos los otros idiotas con los que ella ha dormido antes. El miedo a perder mi oportunidad con Alice cuando la veía irse del brazo de algún extraño fue hace mucho sustituido por enojo contra esos cabrones, ¿cómo podían tenerla y dejarla irse sin más?
—Voy a matarte.
—Jasper, no lo recuerdo, nada, no hay un solo segundo de eso —mi enojo estaba por esfumarse cuando cometió el error de hacerse el gracioso—. Si te sirve de algo serás el primero en verla desnuda y recordarlo de los dos.
Esta vez mi puño dio en su abdomen.
—Me lo busqué —dijo apenas en un hilo de voz por la falta de aire.
—Por supuesto que te lo buscaste.
Me alejé dando pasos largos porque estabamos en la oficina y James es mi amigo y aunque todo en mí decía que debería partirlo en dos debía contenerme. O algo así, porque luego lo hice llamar a Alice porque honestamente no estaba para quedarme con sólo una versión de la historia. Y si debía partirle la cara a James por ella quería saberlo.
—Hola, escoria —la voz alegre del teléfono no iba de la mano con el insulto. James me dio una mirada incomoda antes de acercar su boca al teléfono.
—Alice, ¿podrías decirme porque vas por ahí contándole a la gente que dormimos juntos?
—Porque dormimos juntos.
Tan simple como eso, levanté una ceja molesto hacia James que se removía la corbata mientras una nerviosa risa salía de sus labios.
—Pensé que no significó nada para ninguno de los dos —y James ve el teléfono deseando que ella corroboré sus palabras.
—Y no lo hizo. Ósea sí que lo hizo, pero no por la razón que piensas. Fue asqueroso e incestuoso. Y si mi hermano se entera va a castrarte, aunque no sé cómo es que sigues teniendo pene después de esa noche.
Levanto una ceja, más vale que eso sea un insulto al incompetente de James y no un halago por sus habilidades en la cama. Otra risa tensa de James al encontrarse con mi mirada.
—Sólo para evitar malos entendidos qué significa eso último.
—Nada. Lo que sea que Jasper te haya dicho, más vale que haya mencionado que me llevó a comer solo para decirme que —la voz de Alice se apaga hasta llegar a ser un tono triste, mierda.
—¿Él dijo qué? —miro el celular de James sintiendo toda mi ira volcándose a mí propia imbecilidad.
—Nada que no sea cierto, supongo —puedo imaginarla sentada fingiendo que no la ofendí, aunque en realidad sí lo hice. Lastimé sus sentimientos con mi brutalidad y estupidez. Y James ahora me mira como si quisiera rebanarme.
—Sabes que si me lo pides podría devolverle el golpe, ¿no?
—¿Devolverle el golpe? —Idiota le digo a James sin hacer sonido. Te voy a matar, dice él.
—Golpearlo, quise decir.
—No creo que sea necesario. ¿Aún sigue en pie lo del próximo viernes? —presiono el botón del micrófono y miro con severidad a James.
—Saldré con ella este viernes.
—Pero tengo… —le cortó su rollo. Puede salir a cualquier lugar y con cualquier mujer, puede salir con Victoria, su novia, para variar, aunque ella usa los viernes para irse con sus amigas o para buscar otros hombres. Que jamás iba a entender esa relación abierta que tenían aunque ya no la miraba con malos ojos. Sin embargo, no iba a dejar que se llevara a Alice a tomar alcohol para dejarla irse después con extraños.
—Saldré con ella.
—¿James? —la voz inquieta de Alice nos regresa a la llamada, presiono de nuevo el botón y enciendo el micrófono.
—Estaré ocupado, lo siento.
—¿Prefieres que pida soda o cerveza? —¿Qué? James suspiró sacudiendo la cabeza y encogiéndose de hombros:
—Soda para el desayuno, por supuesto
—Muy bien, entonces supongo que iré sola a la orgía, ya sabes, he estado posponiendo esto y ya es hora de tener el sexo de todo un mes en una noche.
La risa de James se volvió casi histérica mientras me miraba. Se encogió de hombros y señaló el teléfono. Ella sabía que yo estaba en la oficina, me relajo, sólo está bromeando para molestarme.
—Aunque más tarde he quedado con alguien y depende como resulte eso, tal vez pueda invitarlo a ir conmigo a esa orgía, finalmente tú fuiste quien lo sugirió. En fin, que te diviertas, escoria —y colgó y de mi boca se quedó también colgada una estúpida sonrisa. Si hay algo que me gusta de Alice es su fascinante sentido del humor. Una orgía, ¿cómo consigue hilar tan divertidas ideas tan rápido?
—Ay Jasper —dijo dramático James regresando a su silla—. ¿De verdad estás listo para que te rompan el corazón?
Le lancé una mirada cargada de odio y salí echando humos de su oficina, dirigiéndome a la cafetería de Alice, decidido a solucionar mi mierda.
Y obviamente improvisar se me daba de la fregada, porque arruiné también lo siguiente. Pero no nuestra tercera cita y sé que definitivamente no arruiné nuestra primera noche juntos. La primera. Porqué sé que va a buscarme y si no me busca entonces tendré que ir con el rabo entre las patas a buscarla.
Pero conozco a Alice y sé que a ella le gustan estas tonterías de los juegos, de jalar y tirar. De tomar y perder el timón, aunque no tiene idea que podría hacernos naufragar con sus juegos.
Aunque no hoy. Esta mañana mientras la veo sonreír dormida no hay manera en que pueda pensar que lo nuestro puede hundirse. Recorro su piel con mis manos, y quisiera despertarla y volver a hacerle el amor, pero la conozco lo suficiente para saber que en cuanto abra sus ojos, va a vestirse con cualquier excusa y luego va a desaparecer.
Y paradójicamente la única manera de hacer que ella no se vaya es irme yo. Así que me obligo a levantarme, soltar los dedos de Alice de mi mano e ir a hacer el desayuno. Me visto con prisas y en silencio. Encuentro su vestido en la cocina. Lo llevo a la habitación, agarro también su ropa interior al lado de la cama y la dejo sobre la silla y voy a hacer lo mismo con sus zapatillas cuando decido esconderlas.
Porque sólo esto puede asegurarme que mi plan tendrá éxito. Las meto al cajón de mis calcetas y le doy una última larga mirada a ella, dormida bocabajo y con las sabanas cubriendo su trasero y dejando el resto de su piel a la intemperie. Mi entrepierna grita por volver a ella, pero debo seguir su juego si quiero ganar, así que salgo.
Y ahora solo tengo que fingir que soy yo quien lleva el control de la situación, aunque ella definitivamente me lleva por mucho una ventaja: yo ya la amo, y ella a mí no.
Breve pero muy revelador, ¿qué te ha parecido?
Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.
Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.
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