Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

XI Sobre cómo despertar en la cama de un conocido era una aventura extraordinaria

Angielizz (Anbeth Coro)

Agradecimientos a: Seirene Oz, Adriu, Rosiichita, Noriitha, Narraly, Miop y Vane. Me alegra mucho que esta historia les esté gustando .

+18

Me siento extraña.

Terrible.

Con un hueco en mi estómago que me impide desayunar, comer o cenar en el día. James se ha dado cuenta de eso porque no hace bromas sobre mi terrible aspecto ni hace ninguna pregunta molesta a lo largo del día. Cuando mamá llama para ver cómo va nuestro día, le pido que él hable con ella y le diga que me estoy bañando o algo así.

Peter no ha llamado. Ni un mensaje siquiera. Tampoco ha venido a buscarme.

Pero no voy a actuar infantil, no quiero asfixiarle tan pronto. Mañana tal vez, hoy… hoy voy a comerme estás ganas de pedirle explicaciones y exigirle mimos tras lo que hicimos hace tres días.

Hoy voy a comerme mi corazón que me advierte que algo anda mal aquí.

El rayo de luz que se cuela por la ventana me da justo en el ojo. Entrecierro los ojos y pongo mi mano frente a la cara evitando que la luz siga molestando a mi retina.

Me siento en la cama. Estoy desnuda en su habitación, aunque él no está aquí. ¿Se habrá ido a trabajar? Paso saliva. No me importa. Cuando duermo en la casa de algún hombre ellos nunca están al despertar, lo que facilita mucho mi salida y así no se vuelve una mañana incomoda entre hacer el café o huir con las zapatillas en las manos.

Me pongo de pie, jalando la sábana conmigo. Jasper es un amante del cine, así que no me sorprende que tenga algunos postes de películas en blanco y negro enmarcados en las paredes de su habitación. Casablanca. The Kid. Psicosis. Es una mezcla de géneros. Me pregunto a qué se debe la elección.

Tiene un reproductor de música con discos de vinile y debajo una serie de discos grandes acomodados en orden alfabético. Siempre he sentido curiosidad sobre el uso de esta cosa. Aunque ahora no voy a descubrirlo. Tengo que irme ya.

Arreglo mi cabello en el baño de su cuarto, me lavo la cara, hago buches con enjuague bucal para el aliento matutino, me quito el maquillaje de la noche anterior con jabón de manos sobre papel de baño, y una vez lista regreso a la habitación.

¿Por qué me siento tan… abatida? ¿decaída?, ¿triste? Tal vez porque Jasper está en mi top 1. Y ahora sólo tendré ese recuerdo en mi cabeza. Sin repeticiones, ¿no? Lo más fácil es no meterme en relaciones complicadas.

Salir con el mejor amigo de mi hermano serían demasiadas complicaciones. Mi ropa está sobre una silla al lado de la puerta, qué amable, pienso con sarcasmo. El mensaje aquí es más que claro: vístete y fuera. No me importa ¿okey? A mí me gusta de esta manera.

Me visto con prisas, sintiendo la electricidad en mis dedos al tocar la cama. Había sido maravilloso y más. Aunque quizás Jasper diría que fue estupendo. Es-tu-pen-do. Idiota.

Agarro mi celular de la bolsa y escribo Divertida noche. Luego decido borrarlo. Nada que pueda hacerlo llevarse la loca idea que quiero repetir con él. Porque no volveremos a repetir, no lo haremos. Esto se ha terminado. En cuanto salga de su apartamento iré a seguir con mi vida como si nada hubiese pasado.

Salgo de la habitación y camino hacia la cocina mirando mis pies descalzos, las zapatillas no estaban por ningún lado en la habitación, aunque es extraño porque fue ahí donde me las quito Jasper la noche anterior, me da un escalofrío al recordarlo. Debe ser porque estoy muerta de sed. Así que primero a buscar agua y después a encontrar mis zapatillas antes de que Jasper regrese de donde sea que se haya escondido.

—¿Café o leche?

Suelto un pequeño grito al escucharlo.

—Sigues aquí.

—Aquí vivo —dice con obviedad. Asiento con torpeza.

—¿No trabajas? —consigo hacer que mi voz suene burlesca.

—Es sábado, Alice.

—Claro —mi hermano sí trabaja los sábados.

—¿Café o leche? —repite.

—Leche.

Me acerco a la estufa, parece estar intentando preparar hotcakes. No lo está haciendo nada bien, ¿acaso quiere envenenarme con sus experimentos culinarios?

—¿Quieres un poco de ayuda? —me ofrezco, pero él niega con su cabeza rechazándome.

—Lo tengo resuelto.

Le da una vuelta al hotcake medio tostado del sartén y me mira de arriba abajo, tengo que obligarme a mantener la compostura.

—¿Quieres escuchar mi tercera pregunta?

Sonrío un poco y asiento. Casi estoy segura que preguntará si me ha gustado el sexo con él o en qué lugar se encuentra en mi lista, pero como siempre su pregunta me toma desprevenida.

—¿Alguna vez has tenido sexo por las mañanas?

¿Por qué eso suena tan sensual y no aburrido como de ancianos? Niego con mi cabeza.

—¿Por qué haría eso?

De verdad, ¿por qué lo haría? La mayor parte del tiempo al despertar olvido por completo la razón que me motivó a meter en mi cama al extraño que despierta conmigo.

Apaga la estufa y toma el borde de mi ropa sin pedir permiso, jala hacia arriba mi vestido, yo levanto los brazos y me deja en bragas y nada más. No llevo ropa interior arriba, no había tiempo para eso cuando pensaba en irme ya. Mi bra está metido en la bolsa.

—Te mostraré porqué —levanto una ceja aunque lo dejo mostrarme lo que sea que quiera probar.

Me lleva al comedor y me hace sentarme sobre la mesa sin hablar y una vez que mi trasero está sobre la madera me quita la ropa interior, lo ayudó recargando e impulsándome hacia arriba con mis brazos para facilitarle el trabajo. Nos miramos sin sonrisas, todo en plan serio y profesional. Hasta que sube mis pies sobre la mesa y con su mano sobre mi pecho me hace recostar la cabeza en la madera. Aprieto la sonrisa. Bien. Serios y profesionales. Vamos a ponérselo difícil.

Separa mis piernas y yo solo puedo imaginarme que estoy frente al ginecólogo o algo así, río tontamente ante la imagen.

—¿Qué es tan gracioso? —voy a responder cuando introduce un dedo dentro de mí. Oh mierda —quédate quieta.

Por supuesto que me quedo quieta. Cierro los ojos enfocándome sólo en las sensaciones de mi cuerpo, así que lo primero que siento, después de su dedo moviéndose despacio en mí es su aliento, abro los ojos para protestar.

Porque seamos honestos, el ochenta por ciento del sexo oral que he recibido ha sido malo. Malo a un nivel que no puedo siquiera contar aquí. Diré malo cuando podría decir horrible. Los hombres creen que el sexo oral es tan simple como el sexo tradicional, pero no, el sexo oral es un maldito arte y algunos lo usan como si lamieran una paleta de hielo a punto de derretirse, otros hacen figuras extrañas por todas partes menos donde deberían hacerlo y unos más pretenden que pasar su lengua al azar podría de manera fortuita conseguir un orgasmo. Pero no. El sexo oral es un arte y mis estadísticas dicen que tiene altas probabilidades de fracasar. Por lo qu

—¡Sí!

Voy a tirar el succionador de clítoris llegando a casa, ese aparato no le hace justicia a Jasper. No hay manera de describirlo, aunque por el modo en que mis dedos se enredan en su cabello para mantenerlo en lo que sea que esté haciendo, debe bastar para entender lo mucho que quiero esto. ¿Cómo podría haber pensado que tenía siquiera uno por ciento de fracasar? Mierda. Es exquisito. Si se toma su tiempo para besarme, realmente se toma su tiempo para darme el mejor sexo oral de mi vida.

Los movimientos lentos de su lengua, la sensación de sus labios contra mis pliegues, el modo en que presiona contra mi cuerpo consiguiendo que me estalle la cabeza intentando mantenerme quieta y profesional.

Su mano se desliza sobre mi abdomen hasta encontrar mi pezón y tirar de él, enviando más descargas de placer al resto de mí. Su otra mano sigue introduciéndose en mi interior y su lengua sigue moviéndose justo donde debe estar. Santa mierda.

—Jasper. Sí. Sí. Sí.

Gimoteo moviendo mi cabeza de un lado a otro como si eso pudiera hacerme escapar de las olas de placer y deseo que me envuelven. Necesidad. Esa es la sensación más fuerte. Necesito de él. Necesito más de lo que sea que me esté haciendo, tanto como el maldito aire a mi alrededor. Y por suerte esta mañana no está para juegos de hacerme suplicar por él. Me da justo lo que quiero, donde lo quiero y cómo lo quiero. Sí. Sí.

Introduce un segundo dedo, bombeando con mayor velocidad ahora. Su boca abandona mi piel y me mira, intento mantener mis ojos en él, pero no puedo dejar de cerrar los ojos totalmente llevada por las sensaciones.

—¿Te gusta esto?

Asiento con frenesí, mi mano envuelve mi otro pecho imitando lo que sea que esté haciendo su mano en el otro. Vuelvo a abrir los ojos y lo miro, sonríe puedo ver las llamas de deseo en su mirada.

—Jasper.

—Espera un poco más.

Aprieto las piernas, chocando con su brazo. Voy a…

—Sólo un poco más —aprieto mi interior intentando esperar lo que sea que me está pidiendo.

Mi respiración está acelerada, retira sus dedos y apenas puedo protestar cuando entra su miembro en mí, sin la amabilidad y lentitud de la noche anterior. Me penetra con fuerza y repite. Mierda, maldita sea, es…

Mi espalda se arquea contra la mesa, me aferro con mis dedos al borde de la madera. Sigue empujando contra mí mientras mi cuerpo lucha contra las convulsiones del orgasmo, sonidos salen burbujeantes de mis labios, gimiendo su nombre rogando por más de lo que sea que me esté haciendo, completamente entregada a él, a su merced.

Mierda.

Lo que me parece una eternidad más tarde estamos desayunando hotcakes fríos con mermelada y mantequilla, Jasper ha tenido que volver a encender la cafetera para el café.

—¿Qué haces los sábados? —pregunta mientras prepara su café en la cocina.

—Lo mismo que haría cualquier día. Trabajo, compras y salir —agarro un hotcake y me lo como a mordidas sin hacer uso del tenedor o del cuchillo.

—Eres tremendamente aburrida, Alice —me río ante su tono de voz y le saco la lengua mirándolo, llevo puesta la camiseta que él llevaba puesta antes, lo miro mientras me da la espalda, sin camisa y sólo en pantalones de mezclilla me parece más ancha, más fuerte, más imposible de evitar fantasear con mis dedos pasando a lo largo de ella y enterrándose en sus músculos. Venga, contrólate.

—¿Tú qué haces los fines de semana? —pregunto para distraerme.

—No puedo contártelo —se sienta a mi lado dejando la taza de café humeante donde antes tuvimos sexo.

Y no dice más, comienza a comer en silencio. Busco con la vista a mi vestido y lo encuentro al lado de la estufa.

—¿De verdad? ¿Se supone que eso debería volverte más interesante? —porque no lo hace.

—¿Sientes curiosidad? —me apresuro a negar con la cabeza.

—Ni un poco —sonríe satisfecho, ¿satisfecho de qué? Tremendo loco.

—¿Dirías que acabas de repetir conmigo?

Respondo sin dudas, ya he meditado la respuesta antes.

—No. Es sólo la continuación de lo de anoche.

Sonríe antes de darle una mordida a su desayuno. Seguimos conversando de banalidades, completamente alejados de temas peligrosos como el mañana, el sexo y las citas anteriores. Y cuando nuestros platos y vasos quedan vacíos Jasper dice:

—Honestamente fue un placer, Alice —asiento tragando con dificultad, esta es la señal para irme. Me arrepiento un poco por elegir su apartamento, si estuviéramos en mi apartamento sólo tendría que cerrarle la puerta en la cara y fingir que no ha pasado nada.

Aquí él me cierra la puerta, y tengo que caminar el pasillo, bajar el elevador, cruzar recepción y esperar un taxi.

—¿Listo para perder una apuesta? —su sonrisa disminuye un poco, pero consigue mantenerla y asiente.

—Lo estoy. ¿Lo estás, tú?

—Yo nunca pierdo, ya te lo dije.

—Veremos si eso sigue siendo cierto mañana.

Me levanto preparada para volver a mi día normal, pero Jasper también se pone de píe, toma mi cintura y me acerca a él para besarme con profundidad, intenso, demandante, cálido. Gimo contra sus labios sin poder evitarlo y su sonrisa crece contra mis labios.

—Estás acabando conmigo —dice tomando mi mano y llevándola a su dura entrepierna.

—Si no me voy, no estaríamos repitiendo. ¿No?

Sonríe contra mis labios.

—Entonces tal vez te mantenga como un rehén por algunas semanas.

Me río, pero ya me está jalando de la mano para llevarme de regreso a su habitación, y dado que es terrible cocinando le permito que lo compense con algo en lo que sí es bueno, como el sexo.

Esta vez no hay la delicadeza de la noche anterior, tampoco es un bruto torpe, pero ahora no me hace suplicar por sus caricias ni se pone en plan lento y paciente. Sus manos se deslizan bajo la camisa hasta que da con mi pezón, y sin dejar de besarme los labios su otra mano agarra mi trasero introduciéndose bajo mis bragas.

Estoy tan excitada que mientras sus manos van a mí, y mis gemidos se hacen más constantes y elevados, deseo hacer sólo una cosa para él, así como él lo ha hecho antes para mí.

Me siento y él me mira con una ceja levantada dudosa. Voy a él de nuevo, sentándome sobre su cuerpo. Se recuesta en la cama mientras yo voy repartiendo besos a lo largo y ancho d esu abdomen. Bajo sus boxers revelando su erecto miembro. Mi mano va a éste y antes de que Jasper pueda protestar o intuir mis intenciones, muevo mis labios hacia ahí.

No me gusta el sexo oral. El 8 de 10 es terrible, y los otros dos puntos son más o menos aceptables. No doy sexo oral, jamás me arriesgaría a contraer una ETS de esa manera, y darle sexo oral a un condón no es algo que llame mi atención. Pero es Jasper, él no tendría una ETS, no es el tipo que ande acostándose con extrañas ni nada así.

Lo introduzco en mi boca y lentamente bajo.

—Ali… —su protesta se detiene cuando succiono y subo y vuelvo a bajar—, Alice. Alice.

Sonrío llevando mis manos a su abdomen, acariciando sus músculos bajo mi mano.

Mi lengua se enreda a su alrededor.

—Sigue.

Miro hacia arriba sin dejar de succionar, lamer, e introducirme su miembro en mi boca. Tiene sus oscuros ojos sobre mí, excitándome aún más. Su boca está entreabierta de satisfacción viéndome darle el mejor puta sexo oral de su vida.

—Alice.

Sigo succionando sin dejar de mirarlo, sintiendo como mi propio centro palpita expectante por lo que vendrá, como si mi boca estuviera conectada con esa parte especial de mí.

—Girate.

Obedezco sin rechistar. Gateo hasta dejar mis piernas al lado de su cabeza. Siempre he pensado que el 69 era para los adolescentes, los jóvenes que follan antes de que llegue mamá y papá, sin tiempo para dar sexo oral y después recibirlo. Al mismo tiempo para ahorrar minutos. Agarra mi pierna izquierda y la pasa del otro lado de su cabeza para quedar en cuatro encima de él, con su mano hace que agache mis caderas para darle acceso con su lengua. Cielos.

¿Y por qué justo ahora no se siente de adolescentes hormonales?

Vuelvo a introducir su pene en mi boca mientras lo siento tocarme con su lengua y ahora también con dos de sus dedos, estoy tan mojada para él. LO deseo tanto. Tanto. Paso mi lengua a su alrededor imitando lo que hace su propia lengua conmigo. Más. Más. Lo gimo contra su miembro sin que las palabras salgan, solo ruidos extraños que él parece entender porque se mueve ágil en mi interior y exterior. Es como si fuera un maldito volcán en explosión ahora mismo.

Voy a destruir todo a mi paso, o él va a destruir todo a su paso. O ambos lo haremos. Qué ideas.

—Eres increíble.

—Lo sé.

Mueve mi pierna de regreso y yo me siento sobre mis piernas mientras él agarra un condón de la mesita de noche. Lo veo ponerse el condón cuidadosamente y luego me sonríe con picardía.

Lo que sea que sus ojos quieran con mi cuerpo, sí. A lo que sea.

Termino rendida, como si hubiese corrido un maratón a lo largo de la Luna.

Me quedo recostada encima del cuerpo de Jasper, sus manos van a lo largo de mi espalda y se enredan en mi cabello que me llega hasta el cuello.

—Eres increíble, Alice.

Sonrío, aunque tengo que arruinar el dulce momento con un comentario burlesco para arruinar el efecto que sus palabras producen en mí:

—¿No te dije que lo era?

—¿Y que te ha parecido?

—Por suerte, eres mejor en la cama que en la cocina.

—Ya me lo parecía. Aun tienes una pregunta.

Tardo en comprender a que se refiere. Por supuesto. El día del boliche él se guardó tres preguntas que podía usar cuando quisiera y yo me quedé con una.

—¿Cuánto tiempo llevas tras de mí?

Se queda quieto unos segundos antes de decidir besar mi frente.

—Si esperas que responda a eso tendrás que repetir, Alice.

Levanto una ceja.

—¿Qué?

—Llámalo un motivante. Lo responderé en nuestra sexta cita.

Sonrío burlona.

—Creo que tienes demasiadas expectativas sobre ti mismo, pero ya te lo dije, nunca pierdo una apuesta.

—Ya lo veremos.

—¿Dónde están mis zapatillas? —sonríe y señala uno de sus cajones. No tiene que decirlo para entender que las escondió para evitar que huyera, ¿puedo quejarme? Pues no. Ha sabido recompensarme de manera exitosa.

—Tienes que regresarme a mi edificio, Coco y Channel han estado demasiado tiempo solas —claro, la excusa de las mascotas nunca falla para volver a mi realidad.

—¿Debería llamar a servicios infantiles? —por su tono sé que no intentara convencerme de nuevo con quedarme, lo que va bien porque quizás me convertiría en adicta al sexo matutino.

—Tienen suficiente agua y comida, lo que no quiero es limpiar mierda por todo el apartamento —que yo sé enfriar un momento, pues lo sé.

—Encantadora —se pone de píe y comienza a buscar su ropa en el suelo.

Media hora más tarde estábamos estacionados frente a mi edificio.

—No estuvo taaaan mal.

—¿Dirías que estupendo? —le entrecierro los ojos.

—Estupendo tu desayuno.

Se ríe y yo sonrío, nada extraño entre nosotros, podemos ser amigos como antes. Es decir, sí, hemos follado varias veces entre anoche y hoy, pero eso no significa que al mirarlo fantaseé con su piel, o que sepa que tiene un lunar cerca de sus caderas, o que tiene un trasero para morder, no, ¿aquí quien fantasea de esa manera? Nadie. Posiblemente Jasper que no me quita la mirada de encima.

—No voy a repetir —le recuerdo amable.

—Creo que vas a venir corriendo tras de mí —tan idiota y pretencioso.

Le ruedo los ojos para mostrarle mi desacuerdo.

—¿No lo creo.

—Yo nunca pierdo, Alice, ya te lo dije.

—Yo tampoco. Y no tenemos sexo por lastima así que —me encojo de hombros, pero no consigo hacer que su sonrisa disminuya, debe ser esas tres tazas de café que se bebió a lo largo del día.

—Ten una hermosa semana y cuando te den ganas de tener sexo recuerda que siempre puedes ir y comprar un consolador.

—¿Tú también tienes uno?

—Eres una contestona, ¿no es así?

—Te diría lo que puedo hacer con mi boca, pero creo que ya lo sabes —abro la puerta sin esperar su respuesta y como la ventana está hacia abajo me puedo agachar para introducir mi cabeza al pedazo de chatarra que él llama automóvil—, te pasaré mi cuenta para que deposites la apuesta.

—No hemos acordado cuánto pagarás.

—Te lo diré cuándo pierdas —sonrío encantadora.

Y sin más me doy la vuelta dejándolo a mis espaldas, donde pertenece, a la lista de hombres con los que he follado y jamás repetiré. Vivo para follar, no más y no menos. Más vale que lo tuviera presente en los siguientes días, porque yo no iba a perder.

¿Cuántos días le damos a Alice para caer? Hagan sus apuestas

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

No olvides dejar tu comentario y seguir esta historia.