Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

XIV Sobre cómo la noche oculta monstruos

Angielizz (Anbeth Coro)

Dedicado a: Seirene, Noriitha, Narraly y Vane

Nota al final

A pesar de mis quejas y mi mal humor, más tarde James volvió a aparecer con una bandeja con frutas. Se sentó en mi cama sin pedir permiso y me ordenó que comiera algo.

—No eres mi mamá —renegué sin salir de mi escondite bajo las sabanas.

—No lo soy. Ahora come.

—No tengo hambre.

—Alice.

—No uses ese tono conmigo.

—Alice —insistió, gruñí y me quité la sabana de encima sin importarme que pudiera ver mi cabello despeinado, mis ojos rojos e hinchados y mis labios resecos de tanto llorar.

—¿Por qué me tratas bien?

—¿Por qué no lo haría?

—Porque he sido una perra contigo todo el verano.

—Has sido infantil todo el verano. Y me arrepiento por no haber puesto un alto cuando estuve a tiempo. Debí llamar a Edward en cuanto Peter estuvo rondándote.

Y más lágrimas de arrepentimiento brotaron de mis ojos.

—Ven aquí —dijo estirando sus brazos hacia mí, le lancé fuego con los ojos sin moverme.

—¿Por qué?

—Porque necesitas un abrazo —negué con mi cabeza, pero James era insistente—, mueve tu trasero y ven aquí.

Me arrastré por el colchón hasta que mi cabeza tocó contra su pecho, al principio no le devolví el gesto incluso cuando me apretó contra él, pero antes de un minuto me encontré llorando a moco tendido y aferrándome a sus hombros.

—Estarás bien, Alice —no, no estuve bien después de eso, sólo aprendí con el tiempo a no necesitar de los abrazos de James.

Los siguientes tres días no tengo contacto con Jasper. Ni llamadas, ni mensajes, o algún recado en la cafetería de él. Reviso los mensajes de mi celular y mi correo, pero nada. ¿Estará muerto? No lo creo porque ha subido una foto a su Instagram de planos de construcción y un meme a Facebook. Sigue vivo el descarado.

¿Estaré muerta? ¿En qué clase de loca acosadora me estoy convirtiendo? No. Es Lunes pero estoy que muero por salir de aquí. Porque sé que si me quedo más tiempo en el apartamento podría cometer una estupidez como enviarle un mensaje para asegurarme que siga con vida.

Voy a mi lista de contactos de nuevo, pero siempre volviendo a la letra J.

Salto el alfabeto hasta volver a la E.

Escoria.

—¿Llamando en lunes, Alice? —sonaba divertido, por supuesto, él debería pasárselo en grande sabiendo lo que sabía sobre Jasper y yo.

—Vayamos al grano. ¿Por qué Jasper es un pendejo?

La risa de James fue estridente contra la bocina, tuve que retirar el celular de mi oreja hasta que dejó de reír.

—¿Por qué te importa?

—No me importa, James. Me preocupa que Edward haya fundado una empresa con él.

Volvió a reírse.

—Tranquila, Alice. ¿Me llamas para que te diga como va el día de Jasper? Hoy vino con corbata a la oficina, se ve más atractivo cuando la combina con camisas lisas, pero andar de rayas no le queda mal —se burla de mí—. ¿Algo más que quieras saber de él?

—Todos son unos idiotas a los treinta, ¿no?

—Me temo que sí. Aunque recuerdo que a mis veintiséis lo era todavía más.

—Tengo veintiséis.

—Lo sé.

—No puedo creer que te haya contado que dormimos juntos —me quejé y su risa se detiene por completo.

—¿Durmieron juntos?

—Tú no… ¿no te lo dijo?

El viernes que nos encontramos en el bar, James dijo que nosotros no estábamos saliendo, asumí que se refería a que Jasper le contó que lo nuestro sólo fue un acostón.

—Vaya, vaya, Alice.

—¿Estás mintiendo?

—No me lo dijo, cuando le pregunté la semana pasada sólo dijo que no estaban saliendo y conociéndote era posible que nunca lo hicieran.

No sabía si ofenderme o sentirme aliviada, al final Jasper no era un lengua suelta como había pensado.

—Oh… pensé que… los hombres hablan.

—¿Sobre ti? No me veo queriendo esa conversación. Eres como una… —se detiene.

—¿Hermana para ti? —completo la oración cuando se queda en silencio, James tiene todavía el complejo de huérfano que nadie quiere, así que de vez en cuando es mi tarea hacerlo sentirse como parte de la familia.

—Iba a decir mascota —sonrío.

—Idiota.

—Supongo que una hermana.

—Con la que has follado antes —lo molesto, James era delicado sobre el tema.

—¿Podrías olvidarlo por una vez?

No insisto y en su lugar retomo el tema anterior:

—¿Entonces Jasper no te contó nada?

—No.

—Bien.

—Alice —ese tonito de voz, el de un padre a punto de dar un sermón.

—Te llamo después, tengo un cliente —y sin esperar respuesta de su parte colgué.

Tres horas después estoy en el bar de siempre. Con Tanya fingiendo tener mucho trabajo, Rose jugando a ser ama de casa y Victoria con James mis opciones estaban limitadas.

—Otra de lo mismo —le digo a Larry, el bar-tender, mientras le doy vueltas a mi celular de pie frente a la barra. ¿A quién quiero engañar? No va a sonar. Lo que está bien, por supuesto. ¿Para qué quiero que me llame?, ¿para colgarle?, ¿para regocijarme en el hecho de que él está perdiendo?

—¿Día pesado? —pregunta Larry regresando con mi trago, le doy una vuelta más al celular sobre la barra con mi dedo índice.

—Semana —le corrijo tomando el vaso de cristal y bebiendo.

—Es lunes, Alice —me recuerda Larry—. ¿Otro trago? —asiento— ¿con quién te vas hoy? —pregunta Larry, y no puedo sentirme ofendida, este hombre me ha visto desfilar con a saber cuántos hombres en los últimos años.

—Otro —golpeo la mesa ignorando su pregunta. Vuelve a servirme y me lo bebo de un trago, me siento un poquito mareada. Así que estoy bien, ya he tenido suficiente. Miro alrededor, pero no estoy de humor para sexo de lunes, eso suena a una resaca.

—Los invito yo —dice Larry cuando voy a sacar el dinero de mi bolsa. Bien, le doy una sonrisa coqueta, agarro mi celular de la barra, me levanto y camino hacia la salida.

¿Estaría con alguien más?

Posiblemente no le gustó la vida de soltero y regresó con alguna de sus ex, no era algo nuevo en Jasper.

¿Qué hora es? Reviso el celular, las once de la noche. Demasiado temprano para ser hoy. ¿Acaso me he convertido en la cenicienta que debe volver a prisas a su casa antes de la última campanada? ¿Y por qué no hay ningún príncipe azul detrás de mí?

Camino sobre la acera. Mi queja más grande de este bar es no contar con un estacionamiento cerca. Mi camioneta está a cuatro cuadras, en mi defensa esperaba no tener que caminar a solas por una calla oscura, se supondría que un desconocido de mi elección iba a acompañarme, la camioneta lejos siempre es un buen motivante para elegir a alguien.

Se supondría.

Chiflidos detrás de mí. Miro hacia atrás y veo a dos hombres caminando a unos metros de distancia. Paso saliva y acelero el paso.

Bueno, hablando de príncipes azules que van detrás de mí, al parecer solo sé atraer a idiotas.

Chiflidos de nuevo. Aprieto mi mano alrededor de la correa de mi bolsa, la cruzo por mi pecho para que sea más difícil que me la arrebaten, busco las llaves de la camioneta preparada para usarlas de arma en caso de ser necesario, salir en lunes es pésima idea, quienes van a bares van en plan de amigos o de negocios o como yo que…

—Ya —ordena uno de ellos. Apenas soy consciente de lo siguiente.

Uno de ellos jala mi brazo mientras el otro cubre mi boca con su pesada mano, intento patear y defenderme, pero me veo arrastrada a uno de los callejones. Jalo mi brazo para alejarme, pero aprieta con más fuerza. Grito o al menos intento gritar bajo la mano del extraño. Aún tengo mi llave en la mano, así que me aseguro que el filo de ella esté en la parte exterior y lo tomo como un cuchillo. Tengo que salir de aquí. Aunque ahora uno de esos dementes está intentando meterme su mano debajo del vestido. Tengo una mano en mi trasero, otra me tiene agarrada del estómago desde mi espalda, una en mi boca y ahora otra más sujetando mi brazo izquierdo para dejarme quieta. Intento gritar, pero mi grito se amortigua con la mano que está sobre mi boca, las lágrimas se desbordan por mis mejillas, mi pulso desbocado y mis pensamientos corriendo demasiado a prisas como para actuar con sensatez, estoy paralizada. La mano en mi trasero intenta mover mi ropa interior y la mano que antes estaba en mi cabello ahora está apretando con brutalidad mi pecho izquierdo sobre la ropa. Grito y me remuevo sin conseguir nada excepto que sus manos sigan invadiendo mi cuerpo, sus risas me aterrorizan aun más porque son amenazantes, son un aviso burlón de lo que me espera. La lengua del sujeto a mi espalda invade la piel de mi hombro, me ha bajado la manga de mi chaqueta de cuero y la manga del vestido, mientras el idiota que tengo frente a mí va diciéndome toda clase de perversidades que tiene planeadas conmigo. Lloriqueo intentando quitármelos de encima en vano, basta, basta, basta. La mano de uno de ellos se acerca peligrosamente a mi interior. La sonrisa monstruosa frente a mí parece divertirse con mi sufrimiento. Intento pensar, cuando James pasaba sus vacaciones en casa de papá y mamá alguna vez me enseñó clases de defensa personal. Aunque de eso hace demasiado tiempo.

Intento morder la mano de mi boca y empujarlos, y patear, en vano.

Respira. Introduzco mi mano entre el extraño de frente y yo y meto el filo de la llave en su ojo. Grita y retrocede. Tomo el dedo medio de la mano que está en mi cintura y jalo hacia su propia muñeca, hacia atrás, con fuerza. Lanzo mi cabeza hacia la suya y lo golpeo, auch, eso también duele. Rápido, Alice, rápido. Pateo con fuerza su rodilla y luego su entrepierna. El primer hombre sigue sujetándose el ojo. Corro.

Corro con todas mis fuerzas sin mirar hacia atrás.

Quito la alarma de la camioneta y me subo. Cierro las puertas con seguro y enciendo. Arranco. Y cuando paso varias cuadras me detengo con un semáforo rojo, estoy llorando de manera desconsolada. Todo mi cuerpo está convulsionando. Mi visión está borrosa por las lágrimas acumulándose y no tengo cabeza para hacer algo diferente a autolamentarme.

No he soltado la bolsa, tomo con dedos temblorosos mi celular y marco su número.

—Me preguntaba cuanto tiempo iba a tomarte dejar tu orgullo y llamar —en cualquier otro momento me habría hecho enfurecer o reír, pero lo único que sale de mi boca son hiperventilados sollozos— ¿Alice? ¿Estás bien? ¿Alice? —la diversión de su voz desaparece y ahora solo puedo oír la preocupación en sus palabras.

¿Y si me siguieron? Vuelvo a arrancar manteniendo mi vista en el espejo retrovisor, aunque no hay nadie detrás de mí. Estoy bien, estoy bien, pero todo mi cuerpo piensa lo contrario.

—¿Alice?

Jasper sigue en el teléfono.

—¿Dónde estás? —insiste y puedo imaginarlo poniéndose de pie como si eso pudiera darle control de la situación.

Miro alrededor, pero el miedo hace que no pueda recordar el nombre de la calle.

—Yo… no… no lo sé.

—¿Qué pasó?

Sollozo de nuevo, llevo mi mano a mi boca esperando que eso pueda contener el llanto aunque en vano porque los sonidos se filtran entre mis dedos.

—¿Dónde estás? —repite ahora dejando que cierta histeria se deslice en su voz.

—No lo sé —mi voz llorona suena infantil

—Envíame tu ubicación exacta, iré ahora mismo.

Pongo las luces intermitentes y le envío mi ubicación.

—Estoy a unas cuadras de ti —dice.

—Voy conduciendo —tartamudeo.

—Sigue tres cuadras hacia adelante. Esperaré en la calle.

Vuelvo a conducir. Tres cuadras más tarde identifico su cuerpo parado al lado de la calle. En cuanto me detengo él camina hacia la puerta del conductor y abre la puerta.

—Yo conduzco —no es una oferta, sino una orden. Pero no hay manera en que pueda seguir conduciendo hasta mi apartamento sin provocar un accidente.

Me paso entre los asientos para llegar al asiento del copiloto y él sube a la camioneta. Pone su mano en mi mejilla mientras arranca.

—¿Qué ha pasado?

Pero no puedo hablar. Es como si aun pudiera sentir sus manos sobre mi cuerpo, sus alientos cerca de mi rostro y sus palabras. Tiemblo y lo único de lo que soy capaz es de llevar mis piernas a mi pecho y seguir llorando.

Eso ha estado tan cerca.

Cuando llegamos a mi edificio entramos al piso inferior por la entrada de vehículos hacia el estacionamiento. Apaga el automóvil en mi lugar y enciende las luces del interior del carro.

No lo pienso cuando ya estoy pasándome a sus piernas quedando entre él y el volante con mi cara enterrada en su cuello.

—Shhst. Estoy aquí.

Mis brazos detrás de su cuello me mantienen tan cerca de él como puedo, sus manos en mi espalda se mueven de arriba abajo como si fueran capaces de quitarme de encima el miedo. Aunque parece que no surten efecto porque entre más me toca más lloro.

Los que hubiera pasado si y las infinitas horrorosas posibilidades me hieren incluso más que las manos de esos extraños sobre mi cuerpo.

—¿Qué pasó? —vuelve a preguntar y yo vuelvo a enterrar mi rostro entre su hombro y cuello intentando que el olor de su colonia despeje mi mente.

—Caminaba a mi camioneta —mi voz tiembla haciéndome sentir quebradiza, respiro hondo esperando que eso sea útil para conseguir calmarme y poder continuar.

Necesito tranquilizarme, aunque me parece imposible. Es como si estuviera atrapada en mi mente en ese horrible callejón con esos monstruos. Aprieto los ojos escondiendo mi cara contra el cuerpo de Jasper. Sus manos siguen haciendo círculos en mi espalda.

—Escuché los chiflidos pero yo no pensé que… —mi voz se corta con un sollozo. Las manos de Jasper se detienen de manera abrupta como si al fin pudiera comprender de lo que hablo, me aprieto aún más a él por si intentara alejarme. Sus manos suaves se convierten en puños contra mi piel.

—¿Te hicieron algo? —agarra con una de sus manos mi mejilla para poder separar mi cara de su cuello y permitirle ver mi rostro, niego con mi cabeza.

—Ellos solo —las palabras no salen, lo que sí salen son las lágrimas de mis ojos que caen de prisa una tras otra, quemándome la vista. Me concentro en Jasper y el olor de brisa y bosque, puedo ver el huracán de ira formándose en la oscuridad de sus ojos— yo no… no pensé que —y mi voz se corta con el llanto.

—Por supuesto que no, Alice, eso no fue tu culpa.

Sus manos revisan superficialmente mi cuerpo hasta detenerse en mi muñeca, sus ojos parecen arder mientras miran esa parte de mi cuerpo y cuando miro hacia ahí encuentro lo que parecen ser unos moretones.

Debió ser mientras intentaba soltarme de ellos mientras jalaban de mí hacia el callejón. Aunque no siento el dolor de mi piel ni lo hice en ese momento.

—¿Podrías reconocerlos? —pregunta mientras su mano toma mi muñeca y la lleva a sus labios dejando besos sobre mi piel, cierro los ojos sintiéndome repentinamente sin energías, como si todo fuera demasiado para procesar para mi cerebro.

Sacudo mi cabeza.

—No, estaba demasiado oscuro.

Su pulgar pasa encima de mi piel como si pudiera lastimarme de no ser cuidadoso. Me quedo quieta observándolo y sintiendo como las lágrimas de pronto dejan de salir. No estoy en ese callejón, estoy en mi camioneta sobre Jasper.

—¿Te hicieron algo? —vuelve a preguntar mientras sus ojos oscuros se encuentran con los míos. Niego.

—Fue solo el susto —mi voz sale suave y baja, pero sin llanto.

—Alice.

Dejo de nuevo mi cara recargada contra su pecho.

—Logré reaccionar a tiempo.

Me aprieta de nuevo contra él. Muevo mi rostro hasta que mis labios tocan la piel de su garganta, paso mis dedos por su nuca y los enredo en su cabello y sin pedir permiso comienzo a besar la piel de su cuello, moviendo mis caderas en una invitación a que vaya por más de mí. No pienso en ganar o perder apuestas, lo único que quiero es llenarme de Jasper para quitarme de encima la sensación de ser manoseada por esos bastardos. Mis besos recorren su garganta y suben a su barbilla hasta escalar a sus labios.

—No así, Alice.

—¿Qué?

—No tienes una idea de cuánto te deseo, pero no así —creo que estoy en shock porque no hay ninguna emoción de mi parte, no me siento enojada porque sea un cabrón por rechazarme, no me siento triste, ni más frágil que antes, no me siento expuesta, no siento nada excepto como si me hubiesen frenado de golpe y me hubiese quedado sin reacción, así que él continúa hablando—, voy a esperar lo que tenga que esperar, pero no voy a aprovecharme de un momento vulnerable de tu parte.

—¿Y si esta es tu única oportunidad de repetir? —pregunto jugueteando con un mechón de cabello de él y mirando con atención a su frente.

—Encontraré otra.

—Pero yo nunca pierdo.

—Yo tampoco. —Abro la puerta del lado de conductor y bajo con dificultad— ¿Te acompaño a tu apartamento? —pregunta mientras me pasa mi bolso que estaba en el asiento de copiloto, asiento y en silencio caminamos hacia el elevador del estacionamiento.

Me duele todo el cuerpo y mis ojos están tan hinchados por el llanto que me pesan, así que mientras caminamos me encuentro aceptando el brazo de Jasper sin quejas como si pensara que necesito agarrarme de algo para no terminar en el suelo, los apenas trece pisos hasta mi apartamento me parecen una eternidad y cuando conseguimos llegar a mi puerta estoy luchando con mantener un par de líneas de energía.

Y yo debo verme deplorable porque sin preguntarme Jasper me acompaña hasta mi habitación, Coco y Channel salen de su habitación, la que debería ser de invitados, ladrando para recibirme.

—¿Podrías darles croquetas? El cuarto de ellas es el de al lado —por suerte no se burla de mí, así que mientras él se encarga de mis mascotas yo me doy una ducha rápida de cuerpo en el baño, tallo con fuerza mi piel para quitarme de encima la sensación de sus manos, soy un poco más de brusca con la piel de mi nuca y hombro donde ese idiota estuvo lamiéndome. Cuando creo que ha sido suficiente salgo del agua.

Y entonces, cometo el error de mirarme en el espejo. Una especie de grito ahogado sale de mi garganta. Mi sueter había impedido que viera antes las heridas, pero ahora es imposible no notarlas. Encima de mi codo tengo marcas que claramente son la mano de uno de ellos, recuerdo el modo en que me apretaba para inmovilizarme. Encima de mi pecho tengo la marca de semicírculos, cinco, como las marcas que dejarían las uñas al enterrarse con agresividad en la piel. No hay manera de ocultar las marcas. Me pongo la ropa con prisas y le doy la espalda a mi reflejo.

Para cuando salgo del baño, Jasper está de pie al lado de la puerta de mi habitación, en silencio me acuesto en la cama, palmeo el colchón a mi lado en un mensaje simple: No quiero estar sola.

Jasper se queda sentado al borde de la cama mientras yo me acuesto bajo las sabanas.

—Descansa, Alice. Te llamaré por —lo interrumpo.

—Quédate aquí. No quiero estar sola.

Y él no se hace del rogar, se quita los zapatos y me acompaña en la cama sin desvestirse, contengo un comentario grosero sobre dormir con pantalón de mezclilla, en su lugar recargo mi mentón contra su hombro para mirarlo de cerca.

—¿Puedo preguntar qué hacías entre semana en un bar?

—¿Puedo preguntar yo qué hacías en lunes en una cita?

Sonríe apenas, pasa su mano por mi rostro hasta acomodar detrás de mi oreja el mechón rebelde de siempre.

—Era una cena de negocios. ¿Tú?

Él no estaba en una cita.

Recargo mi mejilla contra su pecho por encima de su camisa, donde están los latidos de su corazón. Respiro hondo y cierro los ojos intentando atrapar un poco de sueño y tranquilidad.

—Intentaba distraerme.

Su mano pasa por mi brazo y aprieto los ojos porque sé que ya ha visto lo que pronto serán espantosos moretes.

—¿De un mal día? —intenta adivinar, y se lo digo sólo porque él ha sido demasiado bueno conmigo esta noche.

—Distraerme de ti.

No tengo que verlo para saber que tiene esa sonrisa presumida en la cara. Pero en lugar de darme una respuesta rápida y burlona, besa el tope de mi frente y deja sus labios ahí.

—No lo hagas, Alice.

—¿Qué cosa?

—Distraerte de mí.

—No va a funcionar, Jasper.

—Lo hará.

Niego con mi cabeza. No, no hay manera de que lo nuestro tenga uno de esos finales felices de película.

—¿Te he contado que soy persistente?

—¿Insistente?

—Puedo ser lo que me pidas que sea.

Pero en lugar de responder dejo que sus brazos me envuelvan y velen mis sueños para alejar los recuerdos de los monstruos del callejón. Los latidos de su corazón se convierten en mi propia canción de cuna y pronto me encuentro con unos ojos color noche en mi sueño.

De vuelta por aquí. Sigo saliendo positivo en las pruebas covid, pero ahora mis sintomas se han reducido ha dolor de garganta y leve tos. Tenía muchas ganas de publicar ayer porque ayer llegué cumplí años (puedes dejar un felicidades gratuito en mensajes), pero fue imposible terminar a tiempo, pero por fin aquí está el resultado de la espera. Ojala les haya gustado a ustedes tanto como a mí escribir este capítulo.

¿Sabes que me haría muy feliz y sería un bonito obsequio? Que me apoyaras siguiendome en una nueva cuenta de instagram que cree hace algunos días, ahí estaré subiendo adelantos especiales de las historias. La cuenta es Anbethcoro. www. instagram anbethcoro /

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

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