Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

XV Sobre cómo ser empujada al piso 53 de la tentación

Angielizz (Anbeth Coro)

Dedicado a: Miop, Wenday14, Adriu, Seirene Oz, Noriitha, Vane, Terewee, NatGun, Narraly

Nota al final

Pasaron dos meses enteros después de lo de Peter cuando mi cerebro hizo click. Esa mañana me cepillaba los dientes cuando mis ojos fueron al paquete de tampones sin usar dentro del cajón del lavamanos, sólo entonces lo entendí.

Tenía un retraso de dos meses. Yo nunca había tenido que preocuparme por ese tipo de cosas, la menstruación solo me preocupaba para no usar pantalones ajustados blancos, pero entonces entendí que sí debía preocuparme, que eso iba de la mano con una vida sexual activa, aunque la actividad se hubiese resumido a una ocasión.

Mierda. Mierda. Mierda. Corrí hacia mi bolsa y fui al calendario de mi celular. Julio. Septiembre. Dos meses de retraso. Yo era puntual. Demasiado puntual. Intenté hacer memoria, culpar a mi depresión postPeter, culpar al estrés del abandono, pero por más que lo intenté no conseguí recordar el condón, ni que Peter hubiese usado condón, ni que se levantara a tirarlo.

¿Por qué no lo consideré en su momento? Porque yo estaba con mi car a contra el colchón. Porque cuando me acosté boca arriba mis ojos no fueron a su pene. Porque no tenía idea de si usó o no protección, de si se rompió el condón, de nada. Lo que sabía es que tenía un retraso.

Hice lo único que podía hacer. Llamé a Rose, ella sabría qué hacer conmigo, ella siempre sabe. Se lo conté todo al teléfono, intentó tranquilizarme y una hora más tarde apareció en mi habitación con una bolsa de la farmacia, llena de una decena de pruebas de embarazo.

—¿No te parece que exageras?

—Mejor estar seguras.

Agarré tres de las pruebas, pero ella me entregó una cuarta, le rodé los ojos asegurándole que yo iba a pagar por todas esas pruebas de embarazo. Rose no tenía el dinero para despilfarrarlo por mí de esa manera.

Todo a mi alrededor pasó borrosamente, lo siguiente que supe es que tenía cuatro pruebas usadas sobre el lavabo de mi baño.

—No puedo ver —salí del baño de mi habitación y ella entró para ver el resultado. Me senté en la cama a esperar por Rose pero ella no salió pronto, no se burló de mí, no dijo que yo había exagerado, no me regañó por no contárselo antes, no hubo ruido, solo silencio.

Mientras entro al elevador recuerdo mi mañana.

Jasper estaba preparándose un café en mi cocina para cuando yo desperté, me apresuré a darme una ducha y arreglarme con prisas, tenía que tener un poco de consideración con él. Se había quedado a dormir sólo porque se lo pedí, así que lo menos que podía hacer por él era darme prisas para salir a tiempo y poder llevarlo a recoger su automóvil al restaurante del que lo saqué la noche anterior.

Aunque para cuando salí de mi habitación él estaba jugando con Coco y Channel, dispuesto a enseñarles a girar a cambio de caricias en lugar de premios suculentos, yo no veía que eso fuera posible, aunque no dije nada mientras me apresuraba a lavar un par de manzanas como merienda.

—¿Tienes mascotas? —pregunté entregándole una manzana, Jasper se levanto del sillón tomando la fruta que le ofrecía.

—No, mi edificio prohíbe los animales.

—¿No has pensado en cambiar de apartamento? —por lo que sabía él estaba rentando su apartamento, no era algo imposible cambiar a otro edificio. Serví croquetas en los tazones rosados de mis perras, Jasper me esperaba con la puerta de la entrada abierta.

—Lo he considerado, pero estoy a un par de cuadras de la oficina y en realidad no me importa. Me gustan las razas grandes y no veo como un labrador y un apartamento no podría ser un problema, así que… después.

—¿Después… cuando compres una casa?

—Sí —hay seguridad en su voz.

—Las casas suenan a problemas.

—¿Problemas?

—Un jardín que atender, plantas que regar, vecinos con los que llevarte bien, problemas —sonrió burlón.

—¿Sabes que vivir en un edificio no significa que no tienes que llevarte bien con tus vecinos?

Le saqué la lengua en respuesta.

Después de llevar a Jasper por su automóvil me fui de compras. Lo sé, las compras no son la terapia para alguien que estuvo a punto de ser violada, pero tampoco son contraproducentes. Estaba en mi quinta tienda de ropa, faltaba una semana para navidad y aún tenía que encontrarle a mi hermano un regalo y justo pensaba en eso cuando lo invoqué.

Mi celular recibió un inoportuno mensaje de su parte:

¿Tienes tiempo para una visita a tu hermano favorito?

No tuvo que escribirlo para saber que estaba en problemas y eso requería una reunión de frente con Edward. Y sabía perfectamente de qué iba esa reunión: Heidi.

Cuando las puertas del elevador se abren me recibe una sonrisa falsa: Sara, la secretaría de construcciones E&J, su sonrisa es un poquito menos forzada de lo usual y más cordial, así que ella sabe que estoy añadida a la agenda de mi hermano y me dejará pasar con un simple: Buenos días, señorita Alice. Su hermano la espera.

—Buenos días, señorita Alice —su sonrisa se amplia y finge revisar en su agenda—. Su hermano la espera —soy toda una vidente.

—Gracias, Sara —y le sonrío falsamente como ella a mí. ¿De dónde ha salido nuestra enemistad cuando apenas nos dirigimos un par de palabras? No lo sé, pero siempre ha sido así y así seguirá, no porque exista un odio real sino porque es divertido.

En el camino a la oficina de Edward no me cruzo a James ni a Jasper lo que supongo que es una suerte, abro la puerta y… mierda.

—Pasa, Alice.

Jasper está sentado frente al escritorio como si se hubiera portado mal y por un momento pienso que ha decidido ser un soplón con Edward. ¿Sería capaz de contarle a Edward que nos hemos acostado? ¿Le contaría lo que pasó anoche?

No quiero hablar de lo de anoche nunca en mi vida, pero definitivamente no quiero que Edward sea la persona con la que deba hablar de esto. Antes de que pueda alterarme Edward habla.

—Jasper está ayudando a Tanya con algunos detalles de la boda y ya que no serás mi dama entonces…—lo interrumpo.

—Detente ahí, yo nunca he sido tu dama. Era dama de Heidi.

—¿Cuál es la diferencia?

Hombres.

—Enorme.

—¿Le enviaste un mensaje para decirle que no serías su dama? —pregunta Jasper levantando una ceja juzgona en mi dirección, me cruzo de brazos mientras tomo asiento en la otra silla a su lado. Sí, la envíe a la mierda por mensaje. ¿Y qué? Fue por mensaje que ella me avisó que yo sería su dama, ¿acaso debía enviarle flores y decirle: no, gracias?

—No es como que seamos amigas.

—Si te esforzaras un poco... —replica Edward cruzándose de brazos en pose mandón.

—O si ella se esforzara. Edward, ella no quiere ser parte de la familia, ella quiere secuestrarte y robarse tu dinero.

—¿Otra vez con lo mismo?

—Sí, otra vez.

—Heidi es encantadora, Alice, sólo no le has dado la oportunidad —dice ladeando el rostro actuando encantador, porque él si es encantador no como la loca de su prometida.

En mi defensa yo sí le di una oportunidad, varias veces, pero cada vez recibí un desplante peor que el anterior. Lo intenté cuando él llegó la primera vez con ella, pero Heidi tiene una manera de mirar a la gente como si pudiera aplastarla, y luego está la mirada que le muestra a Edward como si fuese un ángel perfecto.

—Te sorprenderías.

—Jasper —pide ayuda Edward, le levanto una ceja al rubio que cree que podrá hacerme cambiar de parecer, porque parece que ese es su papel en esta reunión o en la vida, según él. Jasper se rasca el cabello por la nuca mientras mira a mi hermano.

—Tal vez si Heidi eligiera otro color de vestido —dice Jasper contra ofertando a mi favor, eso no lo esperaba, miro a Edward con una ceja levantada porque sé que el color del vestido se quedará. Falta un mes para la boda, el vestido del resto de damas está listo y Heidi no me dará un color diferente para hacerme sobresalir entre sus damas.

—Soy su dama de relleno, Edward. Lo sabes y lo sé.

—Por supuesto que no.

—¿Cuántos de tus amigos serán padrinos?

—Seis.

—Nosotras éramos siete. Ahora son seis, si lo ves desde mi perspectiva le hice un favor.

—Heidi quería que fueras hasta el frente de la fila —sus ojos azules me parecen honestos, lo deshonesto no viene de él sino de ella.

—Sí, lanzando flores como pajecita. No, gracias.

¿Acaso sólo él era incapaz de ver la maldad de esa perra detrás de sus disimuladas falsas buenas intenciones?

—Jasper tiene cinco hermanas y ninguna le da los problemas que la mía a mí.

—¿Por qué no hacemos a una de sus hermanas tu dama? Eso sería muy bonito —añado con acidez.

—Alice, sólo voy a casarme una vez y —vuelvo a interrumpirlo.

—Yo no estaría tan segura —replico, pero ignora mi comentario y continua su parloteo.

—Y me gustaría que estuvieras presente de una manera simbólica.

—De acuerdo, simbolizaré tu sentido común y estaré en el fondo de la iglesia sacudiendo la cabeza. ¿Te gustaría eso? —se ríe en lugar de molestarse, supongo que debe ser los efectos de la boda a tan pocas semanas de distancia, su sentido del humor es demasiado alegre para mí.

—Faltan pocas semanas para la boda, no podemos cambiar los vestidos de las damas solo porque no te guste el color —explica lo que yo ya había considerado antes de rechazar a Heidi.

—Lo sé, por eso no seré dama. Asunto resuelto.

—La razón por la que te llamé es porque queremos —en plural como si Heidi también lo quisiera, ajá— que estés de alguna manera en la boda, así que entregaras los anillos junto con Jasper.

Me encojo de hombros, eso sí puedo hacerlo.

—Bien.

—¿Bien?

—Sí, bien. Pero no iré de amarillo.

—De acuerdo. Pero no harás malos gestos y serás tan encantadora como sé que puedes fingir.

—Soy encantadora —replico a su sarcasmo.

—Y necesito el nombre de tu acompañante, Heidi insiste en cerrar la lista de invitados.

—Iré sola.

Levanta una ceja Edward.

—A lo mejor me acuesto con el papá de la novia, eso sí que daría de qué hablar en tu boda —de reojo puedo ver la sonrisa de Jasper, ¿es que no hay nada que pueda decir para hacerlo enojar?

—¿No lo dije? Cuando te lo propones eres encantadora. Aunque aun tienes una semana para conseguir una cita para mi boda. ¿Y tú, Jasper?

Fuerzo mis expresiones a quedarse intactas mientras espero su respuesta.

—Hay seis damas aun, iré solo y veré qué pasa.

Idiota.

—Qué pena que ya no sea una de ellas, creo que nos la habríamos pasado bien —y le sonrío mientras Edward me rueda los ojos y Jasper se jala el cuello de la camisa incomodo— ¿entonces ya puedo irme?

—¿Podrías hablar con Heidi? —pregunta Edward poniendo su sonrisa que siempre lo hace salirse con la suya, con mamá, conmigo no.

—Si quieres le envío flores —espero que note el sarcasmo, me pongo de pie decidida a irme antes de que vuelva a sermonearme.

—Te acompaño —dice Jasper levantándose—, dejé una carpeta en mi automóvil —añade como pretexto y me cuesta no ponerle los ojos en blanco.

Cuando conseguimos entrar al elevador, entramos sin hablarnos, Jasper presiona el botón del piso 53 y sin decir nada me recargo contra la pared más cercana, supongo que antes de llegar al estacionamiento tiene un pendiente en el edificio y puede que me equivoque, pero él quiere que lo acompañe… ¿no? Más vale que sí. Lo corrobora cuando pone su mano en mi espalda para invitarme a salir, por el silencio del lugar supongo que estamos ante una zona vacía.

—Estamos por cambiarnos a este piso —dice Jasper explicándome y camino en lo que parece será un tour.

Frente a las puertas del elevador está lista la recepción con el nombre de la compañía en letras plateadas, Jasper agarra mi hombro y me dirige hacia una puerta al lado de recepción de madera, la empuja y me hace entrar. Ya hay varios muebles de oficina, una mesa tras otra en lo que parece un espacio de trabajo y alrededor varios cubículos.

—Es mucho más amplio —añado sin saber qué más decir, intentando llevar mi cabeza a todo menos al hecho de que estamos en el piso 53, solos, y que podríamos hacer muchas cosas aquí sin que nadie intervenga.

—Edward ya eligió su oficina —dice apuntando hacia una de ellas al fondo—. Aun estoy eligiendo la mía.

—¿Y James?

—Estará al lado de Edward.

Lo sigo en silencio sintiendo como quema su mano sobre la piel de mi brazo. Levanto el mentón y me obligo a caminar a su lado sin provocaciones, aquí cualquier comentario sexual no podrá ser tomado como juego, sino como una invitación a repetir y no puedo permitir que él crea algo que no es.

Abre una puerta de madera y puedo ver el espacio de lo que es una oficina, camino hacia la pared de cristal tras la cual se encuentra la ciudad.

—¿Qué te parece?

—Me gusta. Cuando estés aburrido podrás ponerte a espiar al mundo desde aquí —vuelvo a mirarlo, y lo atrapo con sus ojos en mi trasero— ¿Cuál es tu otra opción? —ladea la cabeza juguetón y sonriente sin ápice de vergüenza por ser atrapado y comienza a caminar a la siguiente oficina.

Me lleva hacia una con paredes de cristal desde la cual puede ver a todos los empleados y ellos a él. Sin privacidad aunque el concepto parece interesante.

—Podría ser también una sala de juntas.

—Sería más apropiado. No parece que fueras a tener privacidad.

—¿Para qué quiero privacidad en mi oficina?

Para follar.

—Para trabajar.

Jasper se gira hacia mí y sonríe mientras se acerca peligrosamente a mi cara. Estoy segura que va a besarme pero lo único que hace es poner su pulgar sobre mis labios y su dedo índice sujetando mi mentón con delicadeza.

—Es una pena, ¿no crees?

—¿El qué? —pregunto tragando saliva.

—Que no te guste repetir, porque yo habría hecho que te vieras muy bien en ese vestido amarillo contra cualquier superficie plana.

Sonrío ignorando la incómoda sensación de mi propia y repentina excitación.

—Es una pena —digo contra su pulgar y luego entreabro los labios para succionarlo, paso mi lengua alrededor de su dedo sin despegar mis ojos de él, lo envuelvo lentamente dejando un gemido salir de mis labios, los ojos de él se dilatan mientras sus labios se entreabren en una provocadora invitación que me obligo a ignorar.

—Sólo tienes que pedirlo, Alice.

Niego con mi cabeza.

—¿Qué es repetir para ti? —pregunta acercándose un paso más, respiro hondo concentrando mis ideas y emociones ante el mismo objetivo. Y sin previo aviso comienza a besar mi cuello, sin piedad, mis manos pasan detrás de su espalda encajándose mis uñas en el proceso, Jasper sigue lamiendo y succionando mi piel decidido a encontrar mi punto débil, ese hijo de perra sabe cómo y está decidido a hacerlo y yo no tengo idea de cómo alejarlo, así que agarro su mano y meto en mi boca ahora su dedo medio cubriéndolo por completo, su mano se aferra a mi trasero acercándome a él y haciéndome notar su erección. Cierro los ojos.

Su mano viaja hacia debajo de mi falda y lo único inteligente que se me ocurre es abrir mis piernas, pero en lugar de aprovecharse de mi momento de estupidez se retira por completo.

—No voy a tener sexo contigo —le digo dejando ir su pulgar y dando un paso hacia atrás—, solo nos estamos divirtiendo.

—Es muy divertido, pero podría ser más divertido.

—Lo sé —digo con un hilo de voz, giro sobre mis tacones y me apresuro a regresar hacia las puertas del ascensor. Disimuladamente llevo dos dedos a mi cuello y siento los pulsos erráticos de mi corazón, golpeándome por ser tan tonta y haberme dejado llevar. Mierda. ¿Qué sucede conmigo?

Es sólo Jasper.

Me bombardean los recuerdos de nuestra noche juntos mientras espero al lado de las puertas del elevador, sé lo increíble que puede ser en la cama, sé lo que pueden hacer sus labios en mi piel, y su boca entre mis piernas, sé perfectamente cómo se sienten sus manos apretando mi cuerpo y acercándome al suyo, lo sé, lo entiendo, el tipo sabe moverse y cómo llevarme con él… pero yo no quiero esa clase de complicaciones en mi vida.

De verdad que no.

Cuando Jasper aparece se muestra tan tranquilo como siempre, presiona el botón del elevador y esperamos a que llegue.

—¿Entonces te gustó la primera oficina?

—Por mucho, tiene mejor vista —intento pretender que esta es una conversación normal entre nosotros. Las puertas se abren y por suerte hay más personas dentro así que no necesitamos fingir que estuve a un pelo de dejar que me besara o que metiera sus mágicos dedos entre mis piernas.

Cada que alguien baja del ascensor puedo retroceder hasta que mi espalda toca la pared del fondo del elevador, Jasper se queda frente a las puertas y se mueve hacia los lados para dejar entrar a las personas, pero mantiene el metro de distancia entre nosotros, lo que está bien porque no estoy segura que él pueda mantener sus traviesas manos lejos de mí. Y algo me dice que no es del tipo tímido que se comporta cuando hay más personas alrededor.

No que fuera a permitirle llegar más lejos conmigo, para nada.

Cuando llegamos al sótano, donde se encuentra el estacionamiento, salgo detrás de Jasper.

—¿Me acompañas?

Lo sigo en silencio a un par de pasos de distancia, vamos hacia su vehiculo, abre la cajuela y saca una caja negra de ahí, al parecer era cierto lo de venir hasta acá por un objeto olvidado.

—¿Dónde está tu camioneta?

Apunto hacia la tercera fila y sin decir nada volvemos a ponernos en camino hacia mi auto, lo que en silencio agradezco porque me tocó un espacio retirado y mal iluminado. Saco las llaves de mi bolsa y antes de que pueda abrir la puerta, Jasper me agarra del brazo para detenerme.

Sus ojos oscuros están en los míos, como si pudiera leerme por dentro para encontrar la respuesta a sus morbosas dudas. Le entrecierro los ojos.

—¿Qué quieres? —su rostro es serio, aunque no podría decir que me parece tranquilo por el modo en que sus cejas se encuentran.

—Lo que quiero saber es qué quieres tú.

—Nada. Sólo nada.

—Puedo ser nada si eso quieres. O puedo ser todo si me lo pides. Pero no hay términos medios, Alice. Y lo sabes.

No, con Jasper nunca lo había, él era un soltero empedernido o uno de esos que está metido en relaciones formales. Nada de juegos ni trucos. Y yo lo sabía.

—¿A eso has venido? ¿A romper conmigo?

—Aquí no hay nada que romper, Alice. Te has repetido tanto que no tienes corazón que te lo terminaste por creer.

—¿Sabes qué? Vete a la mierda.

—Vete a la mierda, tú, Alice.

—¡Bien!

—Bien.

Pero no se mueve y yo tampoco. Y la anterior Alice le estamparía la puerta en la cara sin mirar dos veces hacia él. Pero me quedo quieta solo esperando que se vaya.

—¿Qué es lo que quieres? —repite cruzándose de brazos.

Sólo divertirme, reír, disfrutar, tener sexo con…

¿Con extraños? ¿Cuándo fue la última vez que estuve con alguien más? El terrible sexo después de la primera cita con Jasper no debería contar, aunque cuenta.

—Queremos diferentes cosas.

—Entonces dímelo, ¿Qué es lo que quieres?

Irremediablemente pienso en Peter. Que prometía darme todo eso y más, y que cuando dejé los juegos y le abrí mi corazón, folló conmigo y a la mañana siguiente desapareció.

No. Yo nunca voy a volver a estar en esa situación. Yo soy la que se va ahora.

—No quiero un novio, lo siento, Jasper. Te lo dije antes.

—¿Sabes qué? No te conoces, no tienes idea de lo que quieres ni lo que buscas. Así que qué tal si me buscas cuando lo descubras por tu cuenta porque incluso si te pongo señales de humo no vas a entenderlo.

—Nadie entiende las señales de humo.

—Eres una contestona.

—Lo llamo un talento.

Estira la caja negra alargada para que la tome. Sigue enojado, pero yo también sigo molesta como para aceptarle sus regalos.

—No necesito un consolador —el mío funciona perfectamente, casi sonríe, aunque justo después vuelve a darme esa mirada severa y suspira con fastidio para volver a estirar la caja para mí.

—Insisto.

Lo tomo solo porque estoy que doy brincos porque se vaya a la mierda.

—Llámame cuando te aburras de actuar infantil —entrecierro los ojos y medito seriamente en lanzarle a la cara su caja con el consolador. Pero me contengo, eso sería infantil.

—No va a pasar, ya te lo dije antes.

—¿Sabes qué pienso?

—No me interesa —lo interrumpo, pero me ignora.

—Que descubriste lo que podríamos tener y estás decidida a arruinarlo con tal de no poner en riesgo tu orgullo.

—Y yo creo que —pero nada bueno se me ocurre— que deberían darte por el culo para variar.

—Pues para variar madura un poquito.

—¡Bien!

—¡Bien!

Y ahora sí, da media vuelta y camina hacia el elevador, sus pasos son zancadas veloces, destilando su enojo entre cada metro que camina. Me quedo quieta a esperar que presione el botón y entre al elevador para que así cuando se gira hacia el estacionamiento puedo sacarle el dedo medio antes de volver a la tranquilidad de mi vida. Entro a la camioneta y azoto la puerta.

¿Quién putas se ha creído?

Venir hasta acá sólo para insultarme y entregarme este maldito consolador como si

Oh.

Miro por primera vez la caja negra, de una de sus caras puede leerse claramente. GAS PIMIENTA.

Y una parte de mí sabe que debería sentirse agradecida y conmovida, una gran parte de mí sí que lo está. Pero la otra parte más orgullosa se resiste a enviar el mensaje y agradecerle.

Abro la caja y dentro encuentro no sólo el gas pimienta en una lata negra delgada sino también un pequeño postit pegado a él.

Para que te sientas segura.

Estúpida, estúpida, estúpida Alice.

Muchas gracias por leer, por comentar, por seguir esta historia y sus bonitos deseos de cumpleaños. ¿Alguien sabe al cuanto tiempo desaparece la tos después del covid? Hartísima estoy de ella.

Aprovecho para invitarte a darte una vuelta al Instagram que hice especialmente para las historias, ahí estaré poniendo avances especiales, anuncios y avisos de actualización.

w w w. instragram Anbethcoro/

¿Qué te ha parecido este capítulo? Jasper está jugando totalmente con las barreras de Alice

PD. ¿Alguien por aquí es Lectora Beta? Estoy en busca de una

Este es el segundo libro de la saga La vida de ellas. La primera parte puedes encontrarla en mi perfil: Una dama de burdel.

Cada libro cuenta la historia de sus diferentes personajes femeninos, así que son independientes entre sí.

No olvides dejar tu comentario y seguir esta historia.