Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

XV Sobre cómo señorita imperfecciones odia las citas con idiotas

Angielizz (Anbeth Coro)

Dedicado a:SeireneOz, Rosiichita, Noriitha, Wenday14, Sandy, Terewee y Adriu

James ha viajado cinco horas en autobús para venir aquí. Mamá y papá se muestran sorprendidos, pero él se inventa un pretexto para estar en casa fuera de las vacaciones, solo será un fin de semana. Mamá lo llena de preguntas de su vida escolar y luego le hace prometer que pasará las vacaciones de invierno con nosotros. Así que tienen que pasar otras cuatro horas hasta que por fin podemos estar solos, James avisa que quiere ir al cine y yo no necesito más señales para colarme en su plan. Ni papá ni mamá notan algo extraño y nos dejan ir.

—¿Estás segura? —pregunta mientras estamos sentados en las frías sillas metálicas de la sala de espera. Mi pie repiquetea contra el suelo mientras mi pulso se acelera y no puedo evitar mirar hacia la puerta como si algún rostro familiar fuese a entrar por ahí. Miro de nuevo a James.

—Diez pruebas. Todas positivas

—¿Has hablado con Edward?

—No.

—¿Y con…

—No. James no quiero un bebé, no estoy lista para... —y en ese momento una inoportuna enfermera sale.

—Alice Cullen, tu turno —se me eriza la piel mientras mi mano encuentra la de James.

—Estaré contigo —asegura dándome un apretón. Lo miro con mis ojos llenos de lágrimas—, será nuestro secreto —promete y yo asiento mientras le doy un abrazo aun sentados.

—Alice Cullen —vuelve a llamar la enfermera aunque somos la única pareja en la sala de espera.

—No es así como se supone que debería ser —digo contra su brazo. Peter debería estar aquí, Peter debió cruzar el maldito país para hacerme compañía, es Peter quien tendría que estarme dando la mano y palabras de motivación, Peter es quien debió estarme llamando cada semana sin falta para saber cómo iba, en su lugar es James. Y por mucho que me agrade James, él nunca será Peter. Y odio a Peter, lo odio tanto por hacerme creer que podría alguna vez ser tan genial como lo es James.

Jasper y yo no hemos vuelto a hablar, he ido al bar y tampoco lo he visto ahí. Incluso usé la carta de extraño a mi hermano mayor para volver a la oficina y no lo encontré. Así que se me ocurrió preguntarle a Edward por él.

—¿Y Jasper?

—Ni idea —dice todo desinteresado sin despegar los ojos de la pantalla de su computadora.

—¿Por qué tú sí estás por casarte y él no? —sutil, Alice. Por suerte, Edward sigue mirando a la computadora así que no he llamado su atención.

—Porque es un perfeccionista —dice encogiéndose de hombros sin dejar de teclear— tiene esta idea de la casa perfecta, el carro perfecto, la cantidad perfecta de niños y la esposa perfecta para él.

Suena a Jasper.

Y en automático me descarto del perfecto plan.

Porque verás a mi no me gusta la idea de estar en una relación, pero si lo estuviera no me casaría, ni tendría hijos ni viviría en una casa que requiera más de media hora de limpieza. Seguiría viviendo mi vida tal como la llevo hasta ahora.

Así que después de hablar de tonterías que no entiendo sobre construcción, detalles finales de la boda y sus quejas del horrible traje azul que Heidi eligió para él, me despido y no, tampoco veo a Jasper en mi recorrido hacia la salida. A quien sí veo es a James, siendo señor sonrisas con la secretaría frente al elevador. Le doy una mirada que dice: ¿Qué haces, imbécil? Y él me sonríe diciendo: Que te den por el culo. Sabe que tengo una enemistad falsa e infantil con Sara, aunque él insista en que ella es una maravilla.

—¿Me acompañas a mi camioneta? —James acepta despidiéndose de Sara con otra sonrisa galán, que no son celos de hermanita, son deseos de golpearlo por coquetear con esa chica que me desagrada.

—¿Qué te trae por aquí? —pregunta con ese tono burlón.

—Edward quería que viéramos detalles de la boda.

—¿Desde cuando te interesa la boda? —pregunta levantándome una ceja y por suerte en ese momento las puertas se abren.

—Desde nunca, ¿pero cómo iba a decirle que no?

—Tú siempre le dices que no a Edward.

Le ruedo los ojos.

—¿Has hablado con Jasper? —cambia de tema y yo levanto ambas cejas como si fuera inocente.

—No.

—¿No desde que estaban follandose las bocas en el bar?

—Sólo lo besé para que el novio de la chica a la que le envió la cerveza no le pateara el trasero —tenía que repetirlo hasta creerlo.

—Ajá.

—¿Y Victoria?

—Saldremos este fin de semana, quiere un viaje en carretera.

—¿No suena cursi para ella? —James se encoje de hombros.

—Queremos intentar lo cursi.

—¿No está funcionando tu relación abierta?

—Funciona de maravilla, más o menos… a veces.

—¿Es por los celos?

—No, no hay celos, ambos estamos de acuerdo en esto. No es lo tradicional, pero a ella le gusta y a mí me gusta —las puertas se abren en el oscuro estacionamiento, jalo el brazo de James para que me acompañe, no planeo andar por aquí sola.

—¿Es como tu amiga con derechos?

—No, es como una relación, hay sentimientos y todo eso —James no es bueno en demostrar sus emociones en voz alta, lo que comprendo por completo.

—Pues que te diviertas en tu fin de semana vainilla.

—Es más una relación con crema batida.

—Delicioso —digo con sarcasmo haciéndolo reír. Y estamos bobeando cuando las luces descompuestas del carro de Jasper nos malalumbran. Se estaciona a un par de autos de distancia y cuando baja nos ignora dirigiéndose hacia el elevador.

—Pues él está enojado y tú eres muy boba.

Así que lo siguiente que hice después de eso fue buscar a la persona más sabia que conocía: Tanya. Mi única prima y casi una hermana para mí. Aunque ella tenía la edad de Edward y ellos siempre habían sido más unidos durante nuestra infancia, al crecer nosotras nos volvimos inseparables. Así que a veces, a veces, era la persona a la que escuchaba.

Es por eso que la elegí para que me ayudara a conseguir una cita. Navidad estaba a la vuelta de un par de días y no tenía intenciones de pasarla en el apartamento sola y deprimida.

Lo que sé del susodicho antes de la cena es que es un compañero de su empresa así que debe ser algo decente. Debería. Me hace creer Tanya que lo es, pero en cuanto lo veo sé que voy a matar a mi única prima, sin embargo, le doy una oportunidad al hombre y me quito mis prejuicios.

Voy al restaurante que eligió él y odio cada segundo de nuestra conversación.

—¿Sabes que la edad más fértil de las mujeres es antes de los treinta? —me pregunta—, pero no te preocupes todavía te quedan cuatro años.

Suficiente, si no voy a dormir con él tampoco voy a tolerar sus mierdas verbales.

—¿Sabes que a los cuarenta los hombres tienen problemas para tener erecciones? No solo eso, sus penes se ven más flácidos y con canas. Pero no te preocupes, para ti han creado el viagra.

Y con eso me pongo de pie y me retiro dejando a ese idiota en la mesa con nuestras lasañas sin tocar.

Salgo enfurecida hacia la entrada principal del restaurante. ¿Acaso Tanya estaba jodiendo conmigo?

No, no sólo Tanya. El destino también.

Porque cuando llego a la entrada, abre la puerta Jasper y justo detrás de él una bonita joven. Está en una cita. Estupendo. Sencillamente Es-tu-pen-do.

—¿Sabes que a los cuarenta van a comenzar a caerse tus pechos?

Debe estarme jodiendo. Jasper mira a mis espaldas con el ceño fruncido ante tan patético desperdicio humano, me giro sobre mis talones para enfrentarlo de nuevo. Lo miro como si tuviera rayos laser en los ojos. Algunos comensales se han girado a ver a este idiota con posgrado en información machista e inoportuna.

—Estoy segura que hablas por experiencia, aunque si dejaras de comer tantas donas, Luis, eso no te pasaría.

—Tú —me señala sin llegar a decir nada—. Nena —odio que me llamen de esa manera—. Eso se llama gordofobia.

—No. Se llama sentido común. Así que después de que te inscribas a un gimnasio, vas y te metes por el culo tus comentarios.

Camino hacia el exterior del restaurante cuando veo acercarse al gerente para controlar tan vergonzosa situación. Paso al lado de Jasper sin dirigirle una mirada y me escabullo amarrando mi abrigo a mi cintura con fuerza para lidiar con la maldita noche helada.

Me alejo con prisas. Por esta razón no tengo citas, pero Tanya insistió. Y yo quería poner a prueba su punto, tal vez mi repentina tentación con Jasper tenía que ver más con las citas que con él. Tal vez me había dado cuenta que me gustaba ser el centro de atención de alguien, estar en una conversación en la que me sintiera escuchada y la otra persona estuviera atenta a mis respuestas. Tal vez Jasper me había mostrado que podía ser tratada como una mujer y no como una mujer que sólo es buena en la cama. Todas estas eran hipótesis de mi prima, Tanya.

Excepto que para que ese plan funcionara, Tanya debió haber conseguido una cita decente en lugar de al patán más grande de su oficina. ¿Cómo esperaba que un idiota me hiciera sentir como una mujer en el sentido estricto de la palabra?

—Mira lindura, por muy caliente que seas, todo lo bueno termina por acabarse con el tiempo.

Suspiró con cansancio.

—Luis, eso no es excusa para que te veas tan mal a tu edad.

Sonrío inocente antes de continuar destrozando a este imbécil que no ha hecho más que decirme estupideces a lo largo de la cena.

—Ahora un consejo, si tu idea es follar con alguien, deberías cuidar tus palabras, actualizar tus datos y saber cuándo mantener para ti todas esas ideas retrogradas que a nadie le interesa conocer.

—¡Túuu! —pero nuevamente no sale nada de su boca, levanto una ceja, pero se da media vuelta sacándome el dedo medio—. Suerte consiguiendo un taxi.

Lo veo marcharse con mi sonrisa de satisfacción en el rostro, y cuando lo veo subir a su automóvil, encender, arrancar y perderse en la distancia decido sacar mi celular y llamar a la culpable de todo esto.

—Hola, Cl

—¿Qué mierda contigo Tanya? Te pedí una cita con algún tipo promedio y al menos simpático, y me has enviado no sólo a un cuarentón soltero desgarbado, sino también imbécil y machista.

—¿Segura?

—¡¿Segura?! ¿Estás jugando conmigo? Ha sido la peor cita de todos los malditos tiempos —las personas que llegan al restaurante me miran hacer mi rabieta al teléfono con malos gestos, definitivamente doy pena ajena.

—¿Y ya llegó tu segunda cita?

Mis cejas se encuentran con confusión.

—¿Me agendaste dos citas? Si sabías que mi primera cita sería un verdadero imbécil, ¿por qué la agendaste en primer lugar? Estoy tan enojada, ¿sabes? Realmente creo que voy a romperle la nariz al próximo hombre que encuentre. Mierda. Debí romperle la nariz a ese cretino.

Se escucha la risa de Tanya de fondo.

—Venga, Alice, ponte de buen humor. Él ya está esperando en el restaurante.

—¿Estás bromeando?

—Lleva una rosa azul.

—¿Una rosa azul?

—Así es. Suerte.

—Tanya, quiero irme. Estoy cansada de fingir sonreír en todo ese intento de cita, así que me retiro. Dile que lo siento, pero eres la peor en esto de agendar citas. A propósito, no traigo mi camioneta porque el macho de mierda pasó por mí y me dejó tirada, y si no consigo un taxi en los próximos quince minutos, tú vendrás por mí.

Cuelgo la llamada lanzando mi celular al fondo de mi bolsa.

Pero quince minutos después sigo parada frente al restaurante sin ningún taxi a la vista. Suerte consiguiendo taxi. Ese idiota debía saber que aquí no pasan los taxis. Saco mi celular y busco la app de Uber, pero la zona en la que me encuentro marca no disponible.

Se lo advertí.

Llamo a Tanya, pero me envía directo al buzón. ¿De verdad?

Tengo dos opciones, ir al restaurante y buscar al hombre de la rosa azul o caminar tres cuadras hasta donde indica la app de uber que pueden recogerme.

Posiblemente Tanya agendó dos citas desastrosas como protesta a mi terquedad, ¿no sería más fácil salir con Jasper y dejarme de tonterías? De acuerdo a su lógica sí, pero Jasper está ahora mismo en el restaurante a mis espaldas con una cita.

Comienzo a caminar. Sólo son tres cuadras y la calle se ve más o menos bien iluminada. Voy en la segunda cuadra cuando presto atención a las pisadas tras de mí. No de nuevo. Meto mi mano a mi bolsa y sujeto con fuerza el gas pimienta.

—¿A dónde crees que vas?

Todo mi cuerpo reacciona a su voz.

Jasper.

—Voy a pedir un uber.

—Te llevo.

Niego con mi cabeza.

—Estás en una cita.

Vuelve a negar con su cabeza.

—Era una cena con amigos. Vamos, te llevo —comenzamos a caminar de regreso, en silencio y sin tener idea de cómo comportarme luego de nuestro último par de encuentros.

Lo único que se me ocurre es darle un vistazo al bien portado de Jasper, hoy lleva uno de sus pantalones de mezclilla oscuro, unos mocasines blancos y del cuello de su suéter blanco puede verse la camisa azul. ¿Cómo hace para verse tan bien? No creo conocer a ningún hombre con tan buen gusto para vestir como él.

Abre la puerta del copiloto y subo sintiéndome como una niña a la que han salvado de una fiesta desastrosa, pero a la que le espera una reprimenda.

—¿Cenaste?

—Vi mi cena.

Deliciosa lasaña con ensalada perfecta, pero ni siquiera ella valía la pena para tolerar un segundo más a ese idiota.

—Conozco un lugar donde venden tacos —ofrece.

Tengo demasiada hambre para resistirme a eso.

—Vamos, pero para que conste esto no es una cita.

—No lo es —dice arrancando, sin insistir en que lo sea ni bromear, al parecer estos días lo han hecho recuperar la razón sobre nosotros. Tal vez se ha dado cuenta que yo también soy sólo problemas y no quiere ese tipo de drama en su vida.

Mejor para mí.

—¿Qué harás en navidad? ¿Lo pasarás con tus padres? —intento con un tema sencillo.

—Están de viaje, lo pasaré aquí. ¿Tú?

—Creo que este es el año de abandonar a los hijos, mamá decidió vengarse por lo del año pasado y se fue de luna de miel con papá, de nuevo —le cuento.

—¿Lo del año pasado?

—La dejamos plantada para año nuevo por trabajo.

—Es karma entonces —dice con una pequeña sonrisa en su rostro.

—El karma es el destino actuando, esto es mamá vengándose.

Su sonrisa se vuelve más ligera y menos forzada.

—Supongo que lo es.

Seguimos conversando de trivialidades a lo largo del camino hasta que llegamos a un puesto en una esquina donde venden tacos, definitivamente no es una cita. Jasper estaciona y bajamos sin ceremonias. Miro mi vestido azul y mis zapatillas altas que se supone que fueron elegidas para una cena elegante, mi abrigo blanco sólo hace que me vea más absurda aquí y por la mirada en que la mujer que recibe las ordenes me mira parece pensar lo mismo que yo. Soy digna de ser viralizada, pero preferible esto al ridículo que ya pasé en el restaurante.

—¿Cuántos quieres? —me pregunta Jasper, levanto índice y dedo medio— serán dos y cuatro.

Me recargo contra el poste de luz sin saber qué más hacer mientras esperamos que nuestras ordenes estén listas. Vaya mierda de noche. Agarro mi celular y escribo un mensaje especial:

Te voy a matar, juro que me vengaré.

Se lo envío a Tanya.

—Pensé que no tenías citas —dice Jasper parándose a mi lado manteniendo su mirada en el hombre que prepara la carne.

—No tengo, esto fue una mierda de Tanya —me cruzo de brazos sin querer ocultar lo enojada que me encuentro.

—¿Una mierda de Tanya? —y Jasper parece no tener ganas de dejarme pasar ninguna. ¿Qué le digo? Verás, necesito desintoxicarme de ti así que salí con un idiota a una cita para ver si podía tratarme tan bien como lo hiciste tú. Ni de broma.

—Era su regalo navideño para mí.

—No parecías estar disfrutando tu regalo.

—¿Y quién podría? —repiqueteo con la punta de mi zapatilla contra la acera. Hace tal frío que comienzan a dolerme las rodillas, siempre he sido delicada con este maldito clima, el invierno y yo somos enemigos mortales. Sacudo mis rodillas con intentando crear fricción contra ellas para entrar en calor pero sólo compruebo lo heladas que están mis manos. Debí usar medias.

—¿Quieres esperar en el carro?

—Estoy bien —miento volviendo a recargarme contra el poste de luz. Intento jalar las mangas de mi abrigo para cubrir mis manos, pero las mangas tienen la medida justa para llegar a mis muñecas.

—Ven aquí —y sin pedir permiso Jasper agarra mis manos y comienza a frotarlas contra las suyas, ¿por qué él no está congelándose como yo? Se lleva nuestras manos a su rostro y sopla aire caliente entre ellas. Congelo mis expresiones mientras siento mi piel aumentar de temperatura, la de mis manos, no me estoy sonrojando. Es el frío en mi cara. Bah. ¿A quién engaño?

—El tequila quita el frío —comento para no quedarme como estúpida sólo mirándolo.

—No tienes tequila ¿o sí?

—Sabiondo —es lo mejor que se me ocurre.

—Estás congelándote, Alice —dice sin dejar de frotar mis manos entre las suyas. Me estremezco cuando sus labios rozan la piel de mis dedos, es por el frío, está haciendo demasiado frío, no tiene nada que ver con sus caricias.

—Sus tacos —avisa la mujer que cobra señalando nuestros platos, Jasper deja ir mis manos mientras va por nuestra orden. Abro y cierro mis puños para mantener la sensación del calor en mi piel.

—¿Comemos en el auto? —pregunta y asiento porque no hay manera de fingir que no estoy congelándome cuando ha tenido mis heladas manos entre las suyas. Me entrega mi cena en un plato desechable y un té helado embotellado. Abre la puerta del copiloto para que suba.

—No están tan mal —digo mientras Jasper se sienta, después de darle una mordida a mi taco.

—¿Por qué no tienes un restaurante como el de Esme? —mamá tiene dos restaurantes, de esos bonitos y elegantes con precios ridículos pero que valen cada centavo— tienes el paladar exigente de un chef.

—Me gusta la cafetería, es un horario más libre. Mamá trabaja por las noches y no hay bares que abran en las mañanas.

—Por supuesto, hay que elegir el giro de las empresas por el horario de los bares.

Lo ignoro y sigo comiendo.

—Ya, de verdad, ¿por qué no eres chef?

—No quería ser chef cuando era joven. No quería una cafetería cuando era joven, pero un idiota que conocí me dijo que la universidad estaba llena de grandes experiencias así que me inscribí a la que eligió Rose.

—No te dije que eligieras la universidad pensando en tu mejor amiga —sí, este es ese idiota con consejos baratos.

—Tampoco dijiste que no podía hacerlo.

—¿Y valió la pena la universidad?

—Grandes fiesta, penes pequeños.

Jasper se atraganta con su taco y comienza a toser. Le doy unos pequeños golpes a su espalda.

—Y Rose dejó la carrera a la mitad, así que no. Pude haberme ahorrado esos cuatro años de mi vida. Pero mamá estaba muy orgullosa y me pagaron ese viaje a Europa cuando me gradué.

—¿A dónde fuiste? —pregunta con voz ahoga aun recuperándose de tu ataque de tos, le paso mi botella de té frío y le da largos tragos para recuperarse.

—España, daría lo que fuera por volver.

—España es bonito, ¿no?

—¿Has estado ahí?

—No, no realmente.

—¿No realmente?

—Fui cuando tenía cinco años, así que no cuenta.

Seguimos conversando sobre mi viaje a España, el pasaje en tren que me permitió conocer diferentes países en una semana; lo que lo lleva a hablar de su viaje en tren hace un par de años; y eso nos hace conversar animadamente de los lugares a los que hemos viajado desde que terminamos la universidad, parece que lo de Jasper son los lugares fríos porque ha estado en Moscú, en Chihuahua en invierno y en Vancouver; yo debato que las playas son el mejor paraíso, me pregunta por mis tres playas favoritas y no tengo que pensar mucho en mis respuestas porque he vuelto a ellas varias veces a lo largo de estos años. Desconozco cómo es que hablar de playas nos hace hablar de embarcaciones que se han hundido como el Titanic, pero eso nos lleva a hablar sobre probabilidades de morir y nuestra manera ideal de morir: la de Jasper es la vejez, la mía con lo que sea que incluya alcohol.

Nuestra conversación no tiene que ver con que hayamos tenido sexo, el sexo no nos ha vuelto más unidos, conozco a este hombre desde que tenía diez años y hemos sido algo así como amigos eventuales desde que yo estaba en la preparatoria. El sexo nos ha robado la calma, pero no los temas de conversación y ambos somos buenos platicando. Tanto que no nos damos cuenta del paso de las horas hasta que el puesto de tacos cierra.

Sólo entonces reviso mi celular y compruebo dos cosas. El mensaje que me ha enviado Tanya y la hora. Son las dos de la mañana y mi prima sólo ha escrito:

Agradecemelo después.

Cómo no. Jasper enciende su viejo automóvil y nos dirigimos hacia mi edificio. Intento retomar el tema anterior, pero hablar sobre lo divertido que sería encontrar mi cadáver al lado de una decena de botellas de alcohol no parece un buen tema, así que enciendo la radio, porque no tiene para discos y mucho menos bluetooth, y dejo que la música llene el silencio.

En cuanto estaciona frente a mi edificio se baja para abrirme la puerta y yo espero en el asiento hasta que lo hace.

—No me contaste, ¿cómo te fue en tu cita? —pregunta recargándose contra la puerta del pasajero. ¿De verdad quiere hablar de eso?

—Muy bien, hicimos click en el segundo en que pasó por mí y preguntó si yo iba a pagar mi parte de la cena o si me comportaría como una dama decente y lo dejaría pagar a él.

—Imbécil.

—Un completo idiota… lo que me recuerda que tengo que planear mi venganza contra Tanya —pero él sigue serio en lugar de sonreír.

—¿Qué pasaría si hipotéticamente comienzo a perseguirte?

Pregunta dando un paso hacia mí.

—Si me estoy cansando de esperar que te aburras con esos idiotas que no te merecen.

Un paso más, abro la boca, pero nuevamente no hay nada que decir. ¿Qué pasaría?

—¿Cuánto tendría que perseguirte para que te compadezcas de mí?

—Yo no tengo sexo por lástima.

—Yo tampoco.

—Y perderías una apuesta.

—Nunca dijimos cuánto.

—Cien dólares.

—Tengo cien dólares.

Agarra mi mejilla y me acerca a él, cierro mis ojos esperando sus labios, pero no llegan, abro un ojo.

Tengo su mirada atenta a mí. Abro ambos ojos recuperando un poco de dignidad.

—Repite conmigo, Alice. Repite hoy, y mañana, y pasado mañana, y también en una semana y en un mes.

—Yo no tengo novios.

—No te estoy pidiendo eso.

—Tú sólo tienes novias.

—Sólo quiero tenerte a ti —mis labios se entreabren y estamos tan cerca que su respiración la siento en mi garganta—, puedo ser lo que me pidas que sea, Alice.

—Tú sólo quieres todo o nada, lo has dejado muy claro antes —intento retroceder, pero me sostiene de la cintura para que no me aleje.

—Olvídate de eso. Dime qué es lo que quieres.

—¡No lo sé! Esta cita era para no pasar sola navidad. Tal vez en año nuevo decido que quiero estar sola, tal vez en enero cambio de parecer. Tal vez mañana voy a un bar y decido que quiero al tipo guapo de la barra. Tal vez al día siguiente me arrepiento y te busco a ti. Lo dijiste antes, yo no tengo idea de lo que quiero y tú lo tienes muy claro y no voy a fingir que sé lo que quiero cuando no lo sé porque no quiero tener que mentirte. Así que no me v— lo que sea que fuera a decir se ahoga en los labios de Jasper. Me sostengo de sus brazos devolviéndole el beso con energía, enreda sus manos en mi cabello y me sujeta de la cintura mientras nuestras lenguas se encuentran, gimo ridículamente, pero en lugar de sentir su sonrisa arrogante sólo intensifica el beso haciendo que mi espalda choque contra la puerta. Agarra mi mejilla profundizando el beso, cómo si fuera posible profundizar algo que ya está hasta el fondo de lo profundo, aunque es posible.

Se separa lo suficiente para dejar rozando su nariz contra la mía.

—Olvidalo, Alice.

—No sé lo que quiero —mi voz es baja y creo que suena incluso un poco triste, sólo un poco.

—No importa. Lo descubrirás en algún momento.

Antes de que pueda debatir vuelve a besarme aunque esta vez sus labios apenas se posan suavemente contra los míos. Hablo contra su boca haciendo que nuestros labios choquen con cada palabra que pronuncio.

—Para que quede claro —hago una pausa para recuperar el aire— yo no fui por ti.

—Yo no te llamé.

¿Perdí?

No.

—Si no tengo sexo contigo no es repetir.

—Pero vas a tener sexo conmigo —suena seguro, niego con mi cabeza.

—No.

—Bien —pero en lugar de que mi rechazo lo haga alejarse vuelve a acercar su rostro al mío y pasa sin ningún permiso su lengua entre mis labios, ladeo la cabeza alejando mis labios de él.

—¿Bien?

—Todo depende de lo que tú consideres que es repetir. Pero puedo hacer muchas cosas sin repetir contigo —paso saliva, ¿puede?

—¿Sí? —asiente varias veces con total confianza de sus palabras y acciones.

—¿Nos vemos en navidad?

—¿Qué? —parpadeo con confusión.

—No voy a perder, Alice. Vamos a jugar hasta que admitas que quieres repetir. Y tú quieres una cita en navidad, así que nos vemos hasta entonces.

¿Está jugando conmigo? Es obvio que sí, pero este no es el tipo de juego que yo quiero jugar. Yo quiero que me folle ese maldito cabrón hijo de perra.

—¿Por qué?

—Yo nunca pierdo, te lo dije antes.

Recompongo mi expresión para no parecer patética, así que le sonrío tan encantadora como me es posible ignorando las ganas de follar.

—Nos vemos en navidad —vuelve a decir para asegurarse que lo he entendido, apenas puedo asentir sin saber en qué momento esto ha salido así.

Camina hacia el lado del conductor dejándome atónita.

—Para corroborar tu demencia ¿estás dejándome ir? —se detiene frente a la puerta y sonríe.

—Sólo por unos días. En navidad, tal vez te ate a la cama y te deje salir hasta que me implores por más —su amenaza me suena en realidad a la mejor promesa que alguien me ha hecho en la vida. Sacudo mi cabeza. No voy a perder.

—O yo te haré implorar por mí.

—Y tal vez en Navidad acepte perder, pero no hoy, Alice.

¿Sólo soy yo sintiendo una marea entre mis piernas?

—Estás loco, ¿sabías?

—Te enviaré mensaje al llegar a mi apartamento. ¿Crees que una llamada de sexo sea repetir?

—No —aprieto los dientes para no sonreír.

—Entonces llámame en media hora.

—No voy a llamarte.

—Antes de que lo olvide…

Abre su billetera y saca un papel arrugado, me lo lanza y lo agarro con ambas manos, apenas. Me da una última sonrisa de despedida antes de subir a su vieja carcacha. Idiota. Doy un par de pasos hacia mi edificio, escucho el motor de Jasper alejarse y sólo entonces abro el papel. La foto de una rosa azul. Por alguna razón consigue sacarme una sonrisa más grande que si me hubiera dado un ramo de cien rosas azules.

Rosa y azul. Recuerdo nuestra primera cita en el boliche. Yo había usado una bola rosa, mientras él había jugado con una azul, cuando le pregunté la razón dijo que el azul combinaba con el rosa.

Abro y cierro la boca un par de veces, pero realmente no me esperaba esto. Se ha aliado con Tanya para esa espantosa cita, entiendo. Primero Rose y ahora ella, ¿acaso Jasper no tenía sentido del honor? ¿Ellas no tenían idea de lo que es la lealtad? Aunque no debería sorprenderme, él dijo que no jugaría limpio en nuestra primera cita. Miro hacia la calle por donde se ha ido Jasper y sólo entonces dejo que una risa llena de diversión salga de mis labios.

Y yo nunca dije que no iba a divertirme jugando con él.


¿Qué les ha parecido el recuerdo de Alice? ¿Nivel de odio a Peter en aumento? ¿Qué les ha parecido esa segunda cita sorpresa de Alice? ¿Y tú, en que cita habrías perdido?

El adelanto de esta historia puedes encontrarlo en mi perfil de Instagram: (www).(instagram).com(/)(Anbethcoro)

Muchas gracias por leer, comentar, y seguir esta historia.