Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
VIII Sobre cómo recibir un regalo de navidad
Angielizz (Anbeth Coro)
Dedicado a:SeireneOz, Rosiichita, Noriitha, Wenday14, Sandy, Terewee y Adriu
La esperanza muere al final, pero honestamente debería ser lo primero que muera. Así ahorraría muchos corazones rotos. La cena navideña es como los últimos tres años: asiste Lucas, y también la familia de Peter y el mismísimo innombrable.
—¿Por qué te comportas así conmigo? —lo confronto cuando lo encuentro buscando un vaso de agua en la cocina.
—Alice —me da una larga mirada cargada de lástima— ¿Por qué lo haces tan incómodo? Fue sólo sexo.
Lo miro levantando una ceja y apretando los labios sin creerme que pueda ser tan cobarde como para rebajar nuestro encuentro a solo eso.
—Estás mintiendo. Sé que no fue así. Tú sabías lo que significaba para mí.
—¿Quieres que alguien nos escuche?
—¡Sí! —pero después bajo el tono de mi voz al mínimo—, pensé que tú también querías que esto funcionara.
—¿Funcionar cómo? Alice eres una niña.
—Pues eso debiste pensártelo antes.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué salgamos de aquí y te presente como mi novia frente a nuestros padres? —paso saliva, pues sí. ¿por qué lo hace ver como si fuera una estupidez?
—Es de lo que hablábamos durante las vacaciones.
—¿De verdad creíste que ibas a ser mi novia? Fuiste solo una zorra fácil con la que divertirme en el verano.
Retrocedo un par de pasos como si pudiera huir de sus palabras hirientes.
—Eres un cobarde —lo empujo del pecho.
—No, Alice. Lo que pasa es que hay dos tipos de mujeres: con las que follas y con las que tienes una relación. ¿De verdad necesitas saber cuál eres?
Es viernes, pero también es navidad. Este año mamá ha viajado a un lugar nevado con papá, porque como ya no tiene niños y el año pasado la plantamos en año nuevo por cuestiones de trabajo, decidió devolvernos con la misma moneda y Salir de viaje con papá. Desde el 23 de diciembre al dos de enero. Vengativa mujer.
Cuando nos lo dijo por teléfono resultó bastante ofensivo, jamás había pasado navidad sola, pero ahora estoy preguntándome si realmente pasaré navidad sola.
Termino de ponerle las esferas rosadas y doradas al árbol de navidad que compré por internet hace unas semanas. Coco y Channel se sientan con sus juguetes nuevos.
—Nada mal para ser mi primer árbol de navidad, ¿no?
Channel voltea a verme a mí y al árbol y de regreso a mí.
—No seas así, el siguiente año compraré más decoración.
Edward me invitó a pasar la navidad con él y Heidi, pero preferiría hacer una cena con Coco y Channel que pasar de esa manera este día. Mi celular vibra y voy tras él. Videollamada entrante.
Locos Adams.
Los rostros de mamá y papá aparecen en una de las cámaras, y en otro recuadro se encuentra Edward junto con Heidi.
—Hola, queríamos desearles una feliz noche buena antes de que se hiciera muy tarde y no pudiéramos encontrarlos en sus apartamentos —dice mamá y puedo ver perfectamente que va totalmente abrigada con guantes, bufanda y un gorro blanco.
Heidi se levanta y ahora solo Edward queda frente al celular mirando hacia donde ha salido su prometida. Tan simpática como de costumbre.
—Feliz navidad, mamá, Carlisle, pequeña tonta —dice Leo.
—Feliz navidad, papi y mami, pequeño idi… —mamá me interrumpe con un gritito de llamada de atención.
—Nada de malas palabras hoy, Alice.
—Lo siento, feliz navidad.
—Feliz navidad, niños —dice papá batiendo su gorro rojo totalmente navideño.
—Hablando de niños, ¿por qué no ha llegado mi regalo de navidad?
—Edward —mamá usa el tono acusatorio esta vez. Y mi hermano se ve arrepentido tras la pantalla.
—Lo siento, Alice, no pude pasar por ellos a la paquetería a tiempo. El lunes iré a entregartelos.
—Eres un —me ahogo mi insulto solo por consideración al siguiente grito de mamá.
—Ojala podamos estar juntos la próxima navidad, Carlisle y yo quisiéramos hacer un viaje navideño en familia para el próximo año, tal vez podríamos ir a —la voz de mamá se interrumpe con la voz de Heidi.
—Comme si c'était une bonne idée, oui, oui, un voyage en famille —dice a lo lejos Heidi, levanto una ceja, ¿acaso cree que es la única que habla un segundo idioma? Aunque por su rídiculo francés supongo que Edward le habló de su destino de luna de miel en Paris, mi hermanito es demasiado para esa perra malvada.
Y no soy la única que habla un segundo idioma, todos en esta videollamada lo hacemos y todos somos capaces de detectar el sarcasmo.
—Bueno, Heidi, esperemos que el siguiente año sigas casada con Edward —aplasto mi sonrisa con mis labios ante la falta de tacto de mi encantadora madre.
—La vida de casados va a requerir mucho tiempo, el próximo año seguiremos de luna de miel, Elena —dice Heidi arrebatándole el celular a Edward y robando toda la cámara caminando a alguna otra habitación del apartamento de Edward.
—Bien, esperemos que en dos años sigan casados para poder viajar juntos —Heidi sonríe con cinismo.
—Algunos matrimonios sí funcionan, Elena —dice Heidi con ese falso tono amable. Oh perra.
—Y otros no —replica mi madre.
—Que si lo sabrás ¿no?
Maldita perra.
—Heidi —interviene Edward quitándole al fin el teléfono y caminando hacia su habitación— ¿podrías intentar llevar la fiesta en paz con mi prometida por una vez, mamá?
—De verdad lo intento.
—¿Podrías intentarlo con más esfuerzo?
—Eres demasiado bueno para esa chica, Edward.
—Ella es buena, mamá, pero no has querido conocerla como te lo he pedido.
—Ya la conocí lo suficiente.
—Elena, basta, es navidad —interviene papá—. Lamentamos si te hemos ocasionado problemas con Heidi, Edward.
En ese momento una cuarta cámara aparece en mi pantalla. Lucas.
—Feliz navidad —dice desde lo que parece un bar— ¿qué tal va el viaje?
—Todo es precioso. —le cuenta mamá alegre como si Heidi no hubiera sido una piedra en el zapato hace unos momentos—. Ojalá pronto podamos tener unas vacaciones todos juntos de nuevo.
—O no, si le preguntamos a Heidi —añado.
—Alice —Edward me lanza esa mirada por teléfono que me hace reír, la que se supone que debería asustarme.
Mamá por supuesto nos ignora a los dos y sigue su conversación con Lucas, a veces pienso que ella quisiera haberlo podido adoptar o tal vez incluso intercambiarnos por él, por lo menos a mí.
—Lucas, tu regalo lo tienen en paquetería todavía—dice mamá.
—No era necesario, Elena, aunque aprecio el gesto. ¿Recibiste el regalo Carlisle?
—Una edición especial del Quijote, impresionante.
—Moví algunas influencias para conseguir la versión antes de que estuviera en el mercado.
—Yo también moví influencias para que le llegara a tiempo la chaqueta de piel —digo no queriendo quedar atrás de los espectaculares regalos de Lucas.
—El mío llega en dos días —dice Edward, qué novedad. Desde que sale con Heidi toda su atención es esa lunática de mierda.
Repentinamente Edward se despide y desaparece de la llamada.
—¿Qué harás hoy, Alice? —pregunta papá sonriente.
—Salir a bailar, supongo. Tal vez vaya a visitar a la tía Rebeca.
—Tú tía no está en la ciudad —me interrumpe mamá.
—¿No?
El resto de la llamada es sin chiste, Lucas está con Victoria y se despide pronto deseando unas bonitas fiestas para todos y sé que estoy siendo el mal tercio de mis padres así que hago lo mismo prometiendo llamar temprano al día siguiente.
Después de eso me preparo chocolate caliente, Coco y Channel se sientan en sus patas traseras poniéndome esos ojos hermosos en mi dirección.
—El chocolate es malo para ustedes.
Abro el refrigerador y busco algo de comida que hubiera sobrado del día anterior. Tendrá que servir esto, saco unas pechugas de pollo listas y las parto a la mitad para dejarlas en sus platos de comida.
Reviso sin poder evitarlo mi celular libre de llamadas o mensajes, son las siete y media de la tarde, ¿vendrá? No voy a llamarlo para preguntar. Prefiero ser plantada sin que sepa que lo estuve esperando a ser plantada y que se entere que fui tan tonta para creer que iba a venir hoy.
Es navidad. La gente pasa su día con sus seres queridos, no creo que Jasper esté de humor para mis juegos hoy. Envío un mensaje:
Feliz navidad, zorra.
Rose responde casi enseguida.
Feliz navidad a ti, perra. Que te follen mucho hoy.
Tanya habló con ella, eso es seguro. Y Tanya debió hablar con Jasper, o tal vez solo estoy paranoica y Rose me está deseando un día más como los que siempre tengo, a mí me gusta follar con extraños, ¿recuerdas?
Espero que Emmet sepa darte el mejor sexo navideño que te mereces.
Caritas sonrientes y corazones de respuesta. O tal vez no vendrá. Navidad la pasamos siempre en familia, así que si él no viene entonces me quedaré en casa viendo Titanic o algo así. Titanic siempre está en la televisión en estas fechas. ¿Por qué no?
Agarro unas palomitas de mantequilla y las meto en el horno de microondas. Coco y Channel están sentadas al lado del refrigerador juzgándome con sus miradas caninas.
—No vendrá, no pensé que fuera a venir, no lo estoy esperando, a mí me gusta arreglarme —exacto, por eso pasé dos horas maquillándome, alaciando mi cabello y eligiendo el vestido de hoy. Patética. En el peor escenario saldré a un bar cercano y elegiré a un idiota que nadie quiere y que también esté pasando navidad solo.
Agarro las palomitas y las abro ignorando el vapor, las vacío a un bol de vidrio y me llevo un puño de palomitas a la boca. Espero que eso mantenga quieta a mis emociones navideñas. Meto un segundo puño y luego un tercero, tengo las mejillas infladas de palomitas y justo en ese momento alguien toca a la puerta.
Tal vez, y sólo tal vez, estoy un poquito emocionada por no ser plantada que no medito mis acciones cuando abro la puerta con la boca llena de comida.
El rostro sereno de Jasper rápidamente se convierte en una mueca burlona y en una sonrisa ladeada al verme, no entiendo sus repentinas ganas de burlarse de mí hasta que habla.
—Feliz navidad, pequeña ardilla.
Quiero darle un insulto pero solo consigo masticar la comida de mi boca, me muevo a un lado y lo dejo entrar. No me pasa desapercibido que elegí un vestido golden rose para esta noche y que él lleva una camisa azul oscuro para hoy, ¿coincidencia? Supongo que sí.
—Te traje un detalle —dice levantando su mano derecha con un regalo en una caja blanca, vuelvo a intentar hablar, pero apenas he conseguido pasarme una tercera parte de las palomitas.
Cierro la puerta y camino hacia la cocina masticando con prisas. Maldita sea. Enhorabuena que se me ocurre ponerme a querer romper el Record Guinness de la más tonta con puños de palomitas de mantequilla en la boca.
—Lo tuyo no es la decoración de interiores, ¿verdad? —me insulta Jasper mirando con diversión a mi precioso árbol navideño, le saco el dedo medio y ahora Channel se ha puesto de su lado porque está dando brincos en dos patas frente a él para tener su atención, perra traidora. Por suerte, Coco se retira a la habitación del fondo como protesta ante semejante idiota.
Paso la lengua sobre los dientes para asegurarme que no quedan rastros de palomitas entre ellos.
Le quito el regalo de las manos, una caja cuadrada con un moño Golden rose, casi a juego con el tono de mi vestido. Tan predecible, Alice.
Me siento en el sillón para abrir el regalo. ¿Esperaría alguien que me pusiera quejumbrosa sobre este detalle? Por supuesto que no, al parecer será el único que recibiré hoy. Le quito con cuidado el listo y abro la caja para encontrarme un… ¿de verdad?
Le lanzo una mirada envenenada a Jasper que se ha sentado a mi lado sin perder la sonrisa.
—Te dije que era un detalle.
¿Un detalle? Un detalle son flores, una pulsera, origami, una carta, chocolates, picante, esto no es un detalle. Esta es una burla a mi autocontrol.
—¿Unas esposas?
Pregunto sacando las esposas felpudas rosadas, odio un poco que sean rosas porque me gustan, pero eso no significa que voy a aceptarlas con buenos ojos, son unas esposas al fin y al cabo.
—Te dije que no me gustaba lo de amarres y eso —se lo dije en nuestra noche juntos, fue lo primero que mencioné. ¿Cómo es que lo olvidó? ¿Siquiera me prestó atención mientras le daba mi lista de cosas que me desagradan en la cama?
—Esto va a gustarte.
Él suena seguro y tranquilo, y antes de que tenga tiempo de procesarlo me está quitando las esposas, sin pedir permiso me la pone en la muñeca y luego en la otra. Y me quedo como estúpida viéndome amarrarme en lugar de poner resistencia.
—Eso de amarrarme en la cama es un poquito literal, ¿no te parece? —su sonrisa se amplía volviéndose juguetona en lugar de sexi, pues sí, sexi, su sonrisa me parece sexi a veces.
—No voy a entrar a tu habitación. Nos quedaremos aquí sentados hasta que admitas que quieres repetir.
Yo no estoy tan segura de eso.
Miro mis manos amarradas en esas felpudas esposas.
—No tendremos sexo.
—No —responde inmediato sin sonar sarcástico, realmente no tendremos sexo y él está consciente de eso. ¿Entonces qué haremos? Las posibilidades comienzan a enviar piquetes a mi estómago de anticipación.
—¿Y bien? ¿Cuál será la palabra de seguridad? —levanta una ceja en mi dirección.
—No hay palabra de seguridad, si quieres que me detenga lo dices.
Se pone de pie y saca del bolsillo del pantalón una corbata, la pone sobre mis ojos antes de hacer un nudo detrás de mi cabeza. ¿Qué si por qué nunca había hecho esto antes? Cuando tienes sexo con extraños de bares estar atada y ciega es lo último en lo que piensas.
Así que una parte de mí siente sexual curiosidad, pero otra parte de mí está alerta sin poder evitarlo.
—¿Y ahora?
—Voy a recitarte un libro completo de poesía. ¿Prefieres Pablo Neruda o Rosario Castellanos? —me río a carcajadas que se ahogan cuando siento su aliento contra mi cuello— ¿Estás lista?
Paso saliva aunque intento poner mi sentido de alerta apagado, es Jasper. Y ha dicho que va a detenerse si se lo pido.
—¿Alice?
—Uh sí, totalmente.
¿o no?
Mantengo mi boca cerrada con mis dientes apretados para que no pueda sentir mi respiración agitada, aunque posiblemente es capaz de ver el modo en que sube y baja mi pecho, contrólate, Alice.
¿Por qué no me gusta ser amarrada? Pues porque ya hice esto una vez. El sexo casual no es un problema, los idiotas no son el verdadero problema, el problema soy yo y mi incapacidad de dejar el orgullo a un lado y verbalizar cuando algo no me gusta en el sexo.
Estoy amarrada pero no sujeta a nada. Tengo mis manos en puños chocando entre sí por las esposas, pero no estoy inmovilizada. Es Jasper. Es sólo él. Él no va a lastimarme.
¿Creerá que el sexo anal no es repetir? ¿A eso se refería? Se me eriza la piel considerando eso. No volveré a repetir esa experiencia. Muevo mis pies y corroboro que no estoy amarrada a nada. Podría correr si quisiera, que no lo haré, pero si quisiera podría y es bueno saberlo.
—¿Tienes nieve? —la voz de Jasper suena lejana, estiro mis manos frente a mí y compruebo que en algún momento se levantó para ir a ¿mi cocina?
—Congelador.
Cualquier mujer que se respete debe tener nieve en su nevera.
Preferible terminar embarrada de nieve que sujeta a la cama de manos y piernas mientras… no, no voy a pensar en eso. El sexo anal es sexo y le dije antes que no lo haremos y él ha insistido en que no lo intentara hasta que suplique por él. A excepción que…
—El sexo oral es repetir —digo en voz alta para avisarle. Sacrificar sexo oral para evitar sexo anal es un sacrificio necesario.
—Eso supuse —su voz vuelve a estar frente a mí.
—No ensucies mi sillón.
—Entonces quédate quieta.
Y jala las esposas hacia arriba de mi cabeza dejándolas sobre el respaldo del sillón sujetándolas con su mano. Abre mis piernas y lo siento hincarse frente a mí. No debe ser una posición cómoda para él.
—¿Quieres que ensucie tu vestido?
Y sin pedir permiso comienza a jalar de él hacia arriba, pongo tanta resistencia que le ayudo levantando mis caderas del sillón y separando mi espalda del respaldo para que el vestido pase, y como estoy esposada el vestido queda colgando de mis muñecas hacia atrás del sillón.
Sonrío. Porque sé que está en silencio viendo mi ropa interior. Un corsé color perla con tanga y liguero a juego.
—¿Te gusta lo que ves?
—Es bonito —dice con su voz tranquila, como si no hubiese elegido el más caro atuendo de la tienda de ropa interior para esta noche. Es decir, porque lo elegí para dármelo a mí misma de regalo navideño, no porque esperara que él lo viera.
"Es bonito" es tan insultante como decir que nuestra primera cita fue estupenda.
—Estupendo —lo insulto con su palabra sin dejar de sonreír— ¿y bien?
—Abre la boca.
Abro apenas unos milímetros mi boca, ¿sería capaz de meterme su…
—Más.
No, él no haría eso. Abro la boca de verdad y luego siento una cucharada fría en mi lengua.
Enredo mi lengua alrededor de la cuchara jugando con don perfecto. Pero ya que tengo los ojos vendados es imposible saber si he conseguido una reacción de su parte. Saca la cuchara y vuelve a introducirla con otra bola de nieve. ¿A qué está jugando? No tengo idea, pero si piensa que quitarme el hambre me hará caer rendida por él está muy equivocado.
Paso la lengua alrededor de mis labios para quitarme los rastros de nieve, siento su mano en mi muslo y no puedo evitar alzar el rostro como si pudiera verlo. No tengo idea de dónde está exactamente.
—No respondiste mi pregunta antes, ¿qué es repetir para ti? —y mientras lo pregunta su mano en mi muslo se desliza lentamente entre mis piernas sin llegar a mi ropa interior, torturándome con sus recorridos lentos sobre mis piernas como la primera noche, paso saliva.
Intento bajar los brazos para agarrarlo, pero una de las manos de Jasper jala de nuevo las esposas hacia el respaldo deteniendo mis malas intenciones.
Niego con mi cabeza, pero mi mejilla se encuentra con los labios de Jasper, aprieto los ojos mientras sus labios se deslizan por mi mandibula y suben a mi barbilla, saltan mis labios para llegar a mi nariz, besando con lentitud y suavidad mi piel, mis manos se refuercen entre la de Jasper, pero no me deja ir y eso en lugar de enfriar mi deseo lo enciende.
Esto no es nada como la noche en que Jasper me encontró en el baño con ese extraño, esto no tiene ninguna semejanza a eso. Odié cada segundo de ese idiota manoseándome y lamiéndome, además según recuerdo me lastimó contra el acero de la puerta del baño mientras me sujetaba para que no pudiera moverme.
Jasper mantiene la presión en la cadena que separa a las esposas, son mis manos quienes buscan el contacto con su piel retorciéndose en sus palmas y nudillos.
Sus labios pasan a mis brazos, besa y lame de mis muñecas a mis codos dando leves mordidas que me excitan de manera dolorosa, ni siquiera sabía que eso podría excitarme. Su otra mano se mantiene acariciando mi mejilla con su pulgar, siendo delicado y a la vez malvado conmigo. Está torturándome jugando lento.
—¿Es lo mejor que tienes? —lo provoco.
Pero apenas está empezando conmigo, su lengua se desliza por mi antebrazo hasta llegar a mis axilas, esto también esta en la lista de cosas que no me gustan, pero en cuanto sus labios pasan por ese espacio de mi piel tengo que reconsiderar si realmente no me gustan porque hace que me retuerza con mayor fuerza. Por favor, Jasper.
La mano que estaba en mi cara ahora está en mi axila, me muerdo los labios.
—¿Te gusta esto? —me vuelvo tan inexpresiva como puedo mientras el dorso de su mano pasa lentamente por la piel de mi brazo y se detiene en mi otra axila. Mierda. Lo odio tanto.
—No.
Y me arrepiento en cuanto lo digo porque deja de acariciarme como antes y pasa a seguir contorneando ahora mi cintura mientras sus labios se entierran en mi cuello.
Sigue jugando con mis barreras.
Sus labios besan mi rostro sin tocar mis labios, sus manos se deslizan por mis piernas sin entrar a mi ropa interior, su lengua baja por mi cuello y a mi escote sin salirse del contorno de mis pechos. Está matándome.
Y cada centímetro de mí quiere más. Quiero seguir siendo torturada de esta manera, o más bien dejar de ser torturada para ser tratada como de verdad quiero.
Aprieto los labios con fuerza ahogando otro gemido.
—Abre la boca —dice y cuando lo hago vuelve a meterme otra cucharada con nieve, cuando sus labios vuelven a ponerse en mi piel noto que están helados. ¿Cómo es que el frío genera tanto calor?
¿Y por qué no? Piensa la parte de mí más tonta. Porque Jasper será solo problemas, me respondo con cordura. Porque no soy el tipo de chica con la que alguien tiene una relación y a él sólo le gusta eso. Jasper es soltero o el novio de alguien, y yo nunca soy la novia de nadie.
—¿Cómo te hiciste esto? —pregunta masajeando mi rodilla derecha y sé que debe estar viendo la cicatriz redonda que tengo en el medio.
—Me caí cuando era niña —intento encogerme de hombros pero solo consigo sacudir un poco mis brazos y levantar mi pecho con el movimiento.
Siento sus labios húmedos y fríos sobre mi rodilla y me retuerzo ante sus caricias.
Es Jasper, piensa la parte más ridícula de mí. Mi yo cuerdo piensa diferente: Tarde o temprano superará la emoción de follarse a la hermana de su mejor amigo y seguirá a la siguiente de la lista, él quiere todo el paquete perfecto de la vida perfecta que le vendieron en la televisión. No tendrá eso conmigo.
—¿Y aquí? —pregunta mientras su mano recorre mi pantorrilla izquierda.
—Me mordió un perro —me quedaron dos pequeñas cicatrices por sus colmillos, el doctor dijo que pudo ser mucho peor.
—¿Qué edad tenías? —pregunta mientras me acaricia con lentitud como si aun pudiera sentir el dolor de esa mordida.
—Uh… quince. Terminé en el hospital y me vacunaron contra la rabia por si acaso.
—Suena doloroso.
—Lo fue —mi voz es un hilo cuando los dientes de Jasper se entierran en mi piel, cielos, para, no, sigue, solo sigue.
—Abre.
Cuando lo hago introduce nieve en su dedo, y sin poder frenarme termino follando a su dedo con mi boca, estoy desesperada por follar lo que sea al parecer.
—Me gustan tus cicatrices.
—A mí no.
¿Cómo podemos estar teniendo una conversación y al mismo tiempo estarme dando todas estas oleadas de placer? Las conversaciones de sobrecama se limitan a decir cómo quieren que me ponga y lo maravillosa que soy.
—¿Qué es repetir para ti?
No respondo. No tengo idea. Repetir es lo que dejé que me hiciera el idiota con el que dormí en mi primera cita con Jasper, y eso fue terrible. No repetir es no tener ningún encuentro o contacto después de follar con ellos.
¿Pero esto dónde entra? Jamás he vuelto a tener contacto para más que un acostón sin chiste, nunca hay segundas citas, ni llamadas preguntando por mi día. No soy esa chica, ¿sabes? Pero aquí está Jasper insistiendo en creer que lo soy. Sólo va a decepcionarse, pobre de él. Y no es justo dejarlo llevarse esa errada impresión.
—No creo que sepas lo que quieres —repito las palabras que él ha estado usando conmigo, con voz tan baja que parece un murmullo, me muerdo el labio inferior con fuerza, pero ya he empezado y necesito decírselo para detenerlo antes de que sea demasiado tarde—. No soy esa chica, Jasper. Soy divertida y soy buena en la cama… pero no soy lo que crees que soy.
—No te conoces, Alice —si pudiera abrir mis ojos los rodaría, pero me limito a la sensación incomoda en mi estómago retorciéndose de dolor por mí y a la oscuridad.
—Me conozco bien.
Sé quién soy, sé lo que puedo hacer y hasta donde puedo aspirar. Hay una maldición sobre mi familia que impide que las mujeres tengan una historia de amor feliz, vivo siendo consciente de eso, lo he sabido desde hace diez años cuando me enamoré por primera y última vez.
—Yo te conozco mejor de lo que tú misma lo haces —sacudo mi cabeza.
—Podría decir lo mismo de ti.
—Si así fuera no te habría sorprendido en cada una de nuestras citas.
Ugh. Tiene un punto este bastardo.
Intento bajar mis brazos, pero nuevamente Jasper lo impide.
—A mí me gusta ser un perfeccionista, y a ti joderlo todo. Vamos a encontrar un punto medio.
—Yo no jodo todo —digo indignada, pero en realidad sé que no miente. Así soy— y lo que eres es un puto controlador.
—No sabes si te gusta lanzarte de un paracaídas hasta que lo haces, Alice. Antes de eso sólo es aterrador. Pero si fuera algo para dar miedo la gente no se lanzaría de helicópteros como pasatiempo.
—¿Te has lanzado de paracaídas?
—No —admite. Metáforas basadas en la experiencia ajena, qué novedad—, pero he tenido novias, así que sé de lo que hablo.
—No quiero ser tu novia —repito por no sé qué cantidad de vez.
—¿Por qué no? —suena molesto ahora.
Porque hay dos tipos de mujeres, Jasper, a las que te follas y con las que sales. Pero no le digo eso.
—Porque yo no tengo novios —digo en lugar de mostrarle mis miedos.
Cuando vuelve a hablar su voz recupera el tono tranquilo de siempre.
—No tenemos que ser novios, por ahora podemos ser sólo dos amigos que se divierten y tienen citas.
—Eso no hacen los amigos.
—Los amigos con derecho sí —pero no respondo ni rechazo su oferta—, esto nos conviene a los dos, tú no contraes una ETS…
—Ya te dije que yo siempre uso condón —lo interrumpo.
—Ni tienes citas con idiotas.
—¿Y tú qué ganas?
Pero en lugar de responder, me lo muestra. Muerde encima de mi pecho izquierdo, del lado de mi corazón, y luego pasa su lengua sobre mi piel adolorida. Me retuerzo entre sus manos sin alejarme ni quejarme. Y como si hubiese un interruptor dentro de mí vuelve a encenderse mi deseo por él.
—No voy a perder, Alice. Así que tendrás que repetir —su voz choca contra la piel de mi cuello antes de pasar su lengua y labios sobre ella, gimoteo en busca de salvar mi poco orgullo, pero mis convicciones están por los suelos y mi deseo por los aires.
Lo quiero a él. Mi cuerpo palpita por más de sus caricias y sus manos se quedan fijas sobre mis piernas sin mostrar intenciones de darme más de él. No hasta que lo diga.
Nuestra apuesta es simple: yo aposté que no iba a repetir, y él que yo iba a pedir más de él. Y aquí estoy apretando los labios para no gritar su nombre y pedirle más y más de lo que hizo hace unos minutos o más de lo que hizo conmigo hace un par de semanas.
Si yo no quisiera esto, no lo habría dejado llegar tan lejos, él lo sabe, yo lo sé.
—No tengo cien dólares —siento su sonrisa crecer contra la piel de mi cuello.
—¿Cuánto dirías que vale un beso?
Analizo con cuidado mis siguientes palabras, es un juego peligroso, estaría no sólo aceptando repetir con él esta vez, estoy aceptando volverme su amiga con derecho, eso es mejor que sólo ser la extraña que alguien se folló una noche de copas.
Somos amigos, conversamos de trivialidades, bromeamos entre nosotros, me cuida cuando lo necesito y hacemos explotar la cama cuando tenemos sexo. Es por mucho la mejor propuesta que he recibido de cualquier idiota con el que he estado antes.
—Un dólar.
—Me debes cien.
Y debería sentirme enojada conmigo misma por ceder y perder, pero no es así. No me lamento por mi orgullo o mi dignidad como lo haría quien pierde una apuesta. Pero no pienso en mis emociones, en lugar de eso me estiro hacia adelante para encontrar los labios de Jasper. No me gusta perder, pero si lo hago debería pagar mi deuda ¿no lo crees?
Añada su grito de emoción aquí abajo.
¿Qué crees que pasará ahora?
¿Qué te ha parecido el recuerdo con Robert, esta es la escena que se menciona en Una dama de burdel? ¿Esperabas que fuera así?
Y hablando de Una dama de burdel, tengo bloqueo más gigante con esa historia desde que la empecé. Tengo el siguiente capítulo, pero este en especial no quiere salir más que a patadas, espero espero espero que esté listo para el viernes y una disculpa por la demora, pero realmente intento avanzar y no quiere.
Alguien me preguntaba en anónimo si había pensado en una historia que fuera el revés de ésta, de hecho sí pero apenas tengo un par de capítulos de prueba pero irá así la sinopsis (es la historia de la tía de Alice), pero detenida porque antes se publicará la historia de James, de Rose, y de Esme (todas detenidas hasta que termine una Dama de Burdel):
Pasas una vida buscando al hombre perfecto hasta que una mañana entiendes que no existe eso para ti. ¿Pero sabes? Que no está mal, que tal vez la vida va más allá de compromisos con otros hombres. Me comprometí tanto con mis relaciones que olvidé forjar la más importante: la mía conmigo misma. A mis treinta años no tenía idea de qué me gustaba, de cómo me sentía más cómoda, si me gustaba reír a carcajadas o silenciosa, si lo mío era la intimidad o el exhibicionismo, me adaptaba a ellos como un disfraz de su mujer perfecta. ¿Eran ellos perfectos para mí? A su manera lo fueron, porque a veces tienes que encontrar tres grandes amores para al fin encontrarte a ti. Esta es la historia de tres historias de amor que estaban destinadas a terminar sin final feliz para que yo fuera capaz de ser feliz.
Y pues ya, demasiadas notas, te dejo ir, sientete libre de dejar un comentario gritando y recuerda que en Instagram estaré subiendo el adelanto del siguiente capítulo.
.com(/) Anbethcoro (/)
