Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.

Una mujer sin corazón

de la saga La vida de ellas

XIX Sobre cómo señorita imperfecciones paga una apuesta

Angielizz (Anbeth Coro)

Dedicados a: Seirene Oz, Adriu, Noriitha, Cinti77, terewee

A veces creo que hubiera preferido no tener testigos de mi humillación, pero la vida no me sonreía ni para darme ese gusto.

—Vuelve a dirigirte a ella de esa manera y voy a romperte los huesos —James habló a mis espaldas.

—¿Aprendiste eso en el orfanato? —se burló Peter subiendo las mangas de su camisa hasta el codo y después cruzó sus brazos sobre su pecho, sin aterrarse ni arrepentirse por sus palabras.

—Vete de mi casa —pero mi voz no sonó amenazante sino como la voz de alguien a quien han apuñalado por dentro, retrocedí hacia James, lo único que quería era encontrar un apoyo o alguien detrás del cual ocultarme de la mirada burlona de Peter sobre mí, sus ojos pasaron de mí a James y sonrió más sin arrepentimientos.

—No voy a irme, nena. Es navidad.

Mi pulso se aceleró hasta romperse, ¿cómo es que esa palabra pasó de ser mi apodo cariñoso a sentirse como una bofetada?

James dio pasos con los puños apretados y puse mis manos en su pecho, no quería hacer esto más grande, si ellos comenzaban a pelear pronto el resto de los invitados a la cena nos escucharían y mi error saldría a la luz. Porque haber tenido sexo con Peter es mucho más que un simple error, me jodió para siempre, por los engaños, por el abandono, por su falta de arrepentimiento y también por hacerme someter a ese aborto.

Estaba arruinada, así que hice lo mejor que sé hacer: sonreí como si no pasara nada y agarré el brazo de James llevándolo lejos de la cocina.

—Te vengarás después, hoy es navidad —y amplié mi sonrisa para mi familia porque no merecían que esa noche se opacara por mí.

Siento como libera mi muñeca derecha mientras la izquierda queda con la esposa felpuda, pero en libertad, paso mis manos hacia el frente hasta encontrar el rostro de Jasper.

—Si solo veo tu sonrisa burlona iré a follar con mi vecino de cincuenta años. Y estoy segura que su bastón puede darme tanto placer como… —pero sus labios callan mis alegatos. Mientras me quita la corbata de los ojos.

Han pasado demasiados días desde la última vez que nos besamos, demasiados días esperando volver a besarlo así que el gemido no me sorprende más de lo que lo hace mi motivación por ser desvestida. Demasiado deseosa de eso.

Llevo mis manos hacia el bulto duro bajo sus pantalones y desabrocho el botón al tiempo que bajo el cierre con mi otra mano. Pero Jasper me detiene sujetando ambas manos.

—Eres muy traviesa para tu propio bien.

Ni siquiera son palabras sucias, pero me encienden como si lo fueran. El tercer beso es en su frente. Pasa sus labios a mi cuello mientras yo lanzó hacia atrás mi cabeza para darle mayor alcance.

Con mis manos aun sujetas por las suyas las vuelve a llevar por encima de mi cabeza y las deja contra el descansa brazos inclinándose contra mí sin dejar que su cuerpo caiga contra el mío, aunque eso es justo lo que quiero, no sólo sentir su calor, sino fundirme en todo él.

Vuelvo a besarlo una quinta vez en los labios sin prisas, pero en la sexta me encuentro explorando su boca con mi lengua, para la séptima nuestras lenguas se unen tímidas, y en el octavo beso se enredan con sintonía.

Mientras ocurre el treceavo beso la mano de Jasper mientras él explora por primera vez lo que hay debajo de mi ropa interior, siempre con sus oscuros ojos dentro de los míos. El quinceavo beso lo dejo sobre su cabello mientras su boca se enreda en mi pezón.

Se pone de pie y me sujeto de su cuello para que me levante también. El recorrido hasta mi recamara se lleva del beso dieciséis al veintiuno, me golpeo en el recorrido contra el taburete de la sala y mi hombro pega contra la pared.

—Auh —me quejo separándome de él, se ríe quedamente como mala disculpa, pero no me importa porque ese golpe hace que Jasper bese ese pedazo de piel. Quiero más de él y es una suerte que haya tardado el tiempo suficiente para repetir porque los moretones del altercado en el callejón han desaparecido por completo. No se dará cuenta de las marcas de uñas que ese cerdo dejó en mi pecho, ni el chupete que descubrí un día después en mi hombro. Estoy como nueva o justo como me dejó la última vez que estuvimos juntos.

El beso veintidos se lo doy mientras le quito con prisas la camisa de botones al llegar a mi habitación, desabrocho tres botones superiores y jalo hacia arriba para deshacerme de ella. Jalo también la camiseta blanca que lleva debajo y mientras lo hago él se quita el cinturón dejando caer al suelo al pantalón.

Lo premio en el beso veintitrés empujándolo contra la cama y subiéndome encima.

Le dejo una decena de besos en el abdomen deleitándome con su piel mientras el acaricia mi cuerpo. Sus manos duras se vuelven suaves caricias en mis piernas.

El treita y cuatro llega mientras intenta quitarme el corsé. Nos toma un beso treinta y cinco, treinta y seis y treinta y siete, pero Jasper sigue con sus manos en mi espalda sin conseguir deshacerse de mi ropa. Para el beso cuarenta, suelto un gemido cuando me aprieta contra él intentando comprender con sus manos cómo deshacerse de los listones.

—Está burlándose de mí —el enfado en la voz de Jasper aparece por no lograr soltar las cuerdas de mi espalda. Me río contra su cuello dejando un beso cuarenta y dos.

—Por favor, podría quitarlas con los ojos cerrados —intento separarme, pero en lugar de permitirlo se quita debajo de mí y me hace acostarme bocabajo en la cama.

—Quedate quieta —me río, pero no me muevo, al parecer el señor perfecto tiene debilidad con los nudos.

—Pensé que te gustaban los amarres.

—Estos no.

—Eres un quejumbroso —digo levantando mi pecho de la cama con ayuda de los brazos, lo siento jalar las tiras e irlas aflojando, está hincado al lado de mí con sus manos trabajando en esto—. Ya que estás ahí podrías darme un masaje, ¿sabes? —lo molesto.

Pero sí que me masajea. Con una mano acaricia mi trasero mientras su otra mano sigue peleando a muerte con mi ropa interior.

—Déjame hacerlo —vuelvo a ofrecer.

—Quédate quieta —repite sin ceder y esta vez no puedo evitar reírme de él. Al parecer tampoco le gusta darse por vencido cuando se trata de ropa— ¿Cómo te pusiste esto sola? —pregunta jalando con mayor rapidez.

—Un talento —el talento de usar un gancho de ropa para jalar las cuerdas, un talento que me tomaba veinte minutos, pero es preferible que crea que lo hice sin ayuda de ningún objeto y en segundos a confesar mis artimañas. Siento como abre por completo el corsé y arrugo la nariz imaginando lo que me tomara volver a poner los listones en su lugar para volver a armarlo.

—Me gustan los lunares de tu espalda —¿tengo lunares en mi espalda?

—¿De qué hablas?

Su mano termina de jalar los listones, tira de mi ropa hacia abajo y levanto mi abdomen de la cama para permitírselo. Me quedo sólo en tanga y medias. Arqueo un poco mi espalda levantándome con mis codos para dar una mejor pose de mí.

Presiona con uno de sus dedos a mi espalda.

—Aquí tienes uno —señala y a su mano la sustituyen sus labios— y aquí —cierro los ojos cuando vuelve a besarme— aquí también —un suspiro sale de mis labios sin permiso mientras siento su boca en la mitad de mi espina dorsal, vuelvo a acostarme con mi pecho contra la cama—. Me gustan —añade besando bajo mi nuca— En especial esté —dice mientras besa contra la piel cerca de mi hombro, dejándome sentir su lengua. Me estremezco ladeando mi rostro contra la cama para intentar verlo.

—¿Son muchos? —y en mi voz se escucha cierta incomodidad por las manchas en mi piel que desconocía hasta hoy.

—Son perfectos —asegura y sigue dejando un camino de besos señalándome todos los lugares de mi espalda donde hay lunares, me parece placentero hasta que sus labios tocan un punto entre mis costillas, una risita tonta de mi parte aparece. Sus dedos ahora pasan sobre mi piel juguetones.

—¡Basta! —me quejo cuando insiste con sus dedos haciéndome reír.

—¿Cosquillas?

—Jasper, para.

Pero hace lo opuesto a detenerse, mi risa tonta se convierte en carcajadas y me encuentro arrastrándome entre las sabanas para huir de sus manos. ¿Entendería alguien lo absurdo del momento? Estamos en ropa interior por debajo de la cintura jugando a cosquillas sobre mi cama.

Repetir con el idiota con el que tuve sexo en mi primera cita con Jasper había sido todo tosco y apresurado. Y a Jasper ni siquiera le importa llegar a desnudarnos, parece demasiado seguro de sí mismo que esta vez no saldré huyendo como lo hice en el piso 53 de su edificio.

Tampoco pienso en retractarme, puede que aún no hayamos llegado al sexo, pero nos estamos divirtiendo. Me giro sobre mi cuerpo para quedar boca arriba debajo de él y comienzo a devolverle las cosquillas, al menos tengo esa intención.

—¿No eres humano? —me quejo al no encontrar sus cosquillas por ninguna parte. Ni en sus costados, costillas, axilas, brazos o cuello. ¿Tenía que ser también inmune a mí en esto?

—Muy humano —su tono de voz cambia, ya no es juguetón sino una voz más ronca que envía corriente a mis nervios. Esta es la voz que usó en la cama la primera noche que estuvimos juntos. Y puedo sentir lo muy humano que es contra mis caderas. Paso mis manos de sus costados a los músculos de su espalda, ya tendré tiempo en conocer su anatomía a detenimiento después, por ahora dejo que mi sentido del tacto haga una inspección de él.

Pasa su mano entre mi nuca y la cama para levantarme y volver a besarme. El beso cuarenta y uno se convierte rápidamente o lentamente en el beso cincuenta. El beso cincuenta y uno ocurre mientras beso su hombro mientras él jala mi tanga hacia mis pies. El beso cincuenta y dos se interrumpe porque se pone de pie para deshacerse de sus boxers. Me esfuerzo en no reír mientras lo veo buscar en el suelo su pantalón para sacar los condones.

Me siento para quitarme las medias pero su mano encima de la mía me detiene.

—Dejatelas puestas.

Paso saliva y asiento.

No es la primera vez que uso medias hasta los muslos, pero si es la primera vez que a alguien le interesa cómo se me ven. Si las dejo o me las quito es mi elección siempre. Me deleito unos segundos viéndolo ponerse el condón, sus ojos están en su miembro así que puedo observar sin ser atrapada. Siento un escalofrío recorrerme de anticipación.

Lo peor que puede pasar a partir de ahora es que vayamos en picada y resulte que tengo razón en decir que las segundas veces son una mierda. ¿Y lo mejor? No puedo pensar en expectativas porque justo en ese momento Jasper me mira sonriéndome de lado mientras sus ojos van de los míos a recorrer mi cuerpo.

Contengo el aire sin querer parecer nerviosa por su escrutinio. Agarro las sabanas con ambas manos para luchar contra las ganas de ir tras él. Y no puedo evitar preguntarme si cada repetición con él será así. ¿Qué quieres que diga? Repetir a voluntad es algo nuevo para mí.

Jala mis piernas y lanza mis zapatillas a algún lugar de la habitación.

—Como las rompas, las pagas —sonríe antes de jalarme del brazo para acercarme a él. Se lo pongo fácil y me arrodillo sobre la cama para caminar de rodillas hasta él. Tal vez se lo pongo demasiado fácil, pero no me preocupo porque sus ojos están perdidos en todos los rincones de mi piel.

Paso mis brazos alrededor de su cuello antes de dejar mi beso cincuenta y tres en su mejilla. Un jadeo sale sin permiso cuando sus dedos bajan entre mis piernas buscando enterrarse en mí. No hay juegos de tortura como la primera vez Volvemos a besarnos mientras enredo mis dedos en su rubio cabello. Tiene el cabello apenas un par de dedos de largo pero es lo suficiente para poder sujetarlo y jalar de él con suavidad.

Sus manos me sujetan del trasero sin llevar sus caricias más lejos de lo que yo hago en él. Casi creo que es su manera de mostrarme que puedo retractarme. Mis manos recorren de sus hombros a sus pectorales, pasando por los músculos bajo mi piel siento la dureza en cada parte de él y eso hace que se me contraiga algo dentro de mí de anticipación.

Nunca me doy mi tiempo en admirar a ninguno de esos idiotas, tienen una muy simple función en mi vida: dar placer. Y a veces ni eso.

Pero esta vez soy yo quien se toma su tiempo y no por venganza, sino porque esta podría ser la ultima o una primera de muchas repeticiones.

—Me gusta cómo se siente —admito mientras voy delineando su cuerpo con mi dedo índice. Jasper se queda quieto mientras yo lo hago, aun de pie al lado de mi cama y con su mano en mi trasero y otra entre mis piernas, ambas quietas.

El beso sesenta lo dejo en su cuello y voy deslizando mis labios sobre su piel pasando por sus anchos hombros y bajando a sus pectorales.

Mis manos bajan por todo su abdomen en línea recta hasta sentir la franja de vellos. Sería extraño si fuese lampiño al cien por ciento. Pero me gusta así, Jasper nunca anda con barba ni bigote porque posiblemente no tiene. Sonrío de mi propio chiste.

—Confiesa ahora. ¿Depilación laser? —levanto mi mirada hacia él y lo encuentro atento a mis movimientos, lo que vuelve a enviar corriente eléctrica a mi centro sin necesidad de caricias.

—Cera caliente —dice con ese tono bromista, ¿alguna vez lo haré molestar con mis palabras? No lo creo. En cambio él me hace reír con tonterías mientras mi mano envuelve su pene, cuido que mis uñas no rompan el condón y la deslizo lentamente sobre su longitud. Su quijada se aprieta, pero sigue quieto mientras yo me muevo.

Mis labios siguen recorriendo su piel, deslizándome con lentitud de un lado a otro, pasando mis uñas por su espalda mientras mi otra mano sigue moviéndose a lo largo de él. Ochenta y todavía me quedan veinte besos para él.

—Alice —usa ese tono de advertencia cuando mis movimientos en su miembro aumentan, su mirada se vuelve más oscura y sus ojos se cargan con un brillo de deseo, mis labios se entreabren en una reacción que no puedo evitar, sedientos de él, y supongo que eso es suficiente para él porque vuelve a la carga sobre mí.

Sus brazos descienden hasta detrás de mis rodillas y sin aviso me levanta tomándome desprevenida, ni siquiera puedo sujetarme de su cuerpo cuando termino bocaarriba en la cama riendo de la impresión del acto.

—Eres todo un cavernícola —digo aun con risitas tontas que salen sin permiso.

—Ya te demostraré cuánto —dice acomodándose sobre mí y entonces es su turno de jugar conmigo.

Y me lo demuestra, sí que me lo demuestra.

Me lo demuestra recorriéndome con su lengua desde mi cuello hasta mi pelvis. Me lo demuestra con sus caricias a lo largo de todo mi cuerpo, pasando delicadamente sus dedos alrededor de mis costillas sin provocarme risas y apretando mis piernas con su otra mano. Me lo demuestra cuando la mano en mi pierna recorre el camino hasta situarse dentro de mí, primero con un dedo siendo lento y delicado y luego con dos siento firme y profundo. Sus besos me recorren de regreso hasta atrapar mi pezón mientras su otra mano juega a ser una pinza capaz de darme placer.

¿Y qué hago yo? Deleitarlo con mis gemidos, por supuesto. Paso mis manos por sus hombros, encajo mis uñas en la piel de su espalda, enredo mis dedos entre su cabello y grito su nombre, pues sí, he perdido un poquito el control con sus dedos dentro de mí dándome justo como lo quiero.

—Sigue, por favor, sigue.

E imploro por él, por supuesto.

Le doy ese pequeño placer añadiendo su nombre, por supuesto.

—Jasper, sigue, por favor, Jasper, oh sí.

No hay espacio para ser orgullosa y mezquina en la cama. Tampoco hay espacio para que él sea un bastardo presumido. Su lengua va de un pecho a otro, mientras sus movimientos dentro de mí siguen en una muy exclusiva tarea.

Así es como llega mi primer orgasmo de la noche. Arqueo mi espalda gritando su nombre y aumenta los movimientos, menos dureza y mayor rapidez, aniquilando mis sentidos. Deja de jugar con mis pezones para levantar la cabeza hacia mí, bueno, tal vez no es posible que no sea del todo un bastardo presumido.

Cuando dejo de ser un temblor abro los ojos de nuevo para encontrarlo a milímetros de mi nariz observándome con su quijada apretada y sus ojos cada vez más oscuros de deseo.

Su mano sujeta mi mejilla pasando su pulgar lentamente sobre mi piel y me quedo quieta sin saber qué decir.

—Tengo algo en la cara, ¿cierto?

—Me gusta cuando pierdes el control —idiota.

—¿Gracias?

Se ríe de mi expresión supongo y niega con su cabeza.

—Lo digo en serio. Me gusta como se abren tus labios —y su pulgar se posa sobre mis labios entreabiertos que cierro al darme cuenta de ese dato, pero Jasper ejerce la fuerza suficietne en su dedo para volverlos a abrir—. Me gusta cómo tus mejillas se llenan de color —y ahora su pulgar recorre una mejilla a otra—. Me gusta cómo me miras —ruedo mis ojos y sonríe aun más— y me gusta cuando no lo haces, cuando apartas tu mirada para que no pueda leerte, pero Alice yo te conozco bien. Y me gusta cómo tus ojos se cierran cuando tienes un orgasmo, y todo lo otro se suma, eres algo digno de ver.

¿Está bromeando? No parece bromista. Así que me quedo quieta sin tener idea de qué decir al respecto. ¿Gracias por notarlo?

—¿Podríamos prometer no controlarnos en la cama?

¿Cómo mierda es posible tener una conversación previa a que me penetre? Está entre mis piernas y puedo sentir su dureza chocando contra mi sensible piel y aún así aquí estamos, hablando de lo mucho que le gusta mi cara orgásmica. Y yo no siento desesperación ni la ansiedad de la primera vez, puede retrasarse esto un minuto o tres, pero sé que al final tendremos sexo, y si es la mitad de bueno que la primera vez incluso así seguirá siendo buen sexo.

—¿Lo dice el señor que está controlándose para no follarme?

Su sonrisa se amplía y ahora es él quien rueda sus ojos.

—Esta es una cláusula. Cuando estemos en la cama ninguno de los dos va a controlarse, si quieres algo lo pides, si quiero algo lo digo. No quiero sólo que me desees, Alice. Quiero cumplir tus deseos.

—Si tu pierdes el control esto va a durar tres minutos —su risa ronca llena la habitación y me encuentro riendo de mi propio mal chiste— ¿y si no quiero hacer algo de eso que tu deseas?

—Consentimiento —ya, claro.

—¿Por qué presiento que tienes toda una lista de perversiones?

—Porque te he esperado demasiado tiempo —hombre tramposo. Y para cerrar nuestro acuerdo levanto el rostro de la cama, enredo mis brazos alrededos de su cuello enterrando mis manos en su cabello y lo beso una ochenteava primera vez esta noche.

Pongo mis piernas a los costados de sus caderas y lentamente sin dejar de besarnos se va haciendo espacio dentro de mí, gimo contra su boca sin control.

Sus manos se enredan en mi cabello, me aprietan contra él, me acarician, me pellizcan, me atrapan las manos, me devoran lentamente, se escurren entre nuestros cuerpos para frotar mi clítoris y conseguir así otro orgasmo, sus manos saben cómo y saben qué hacer.

Jasper está arrodillado sobre la cama embistiendo contra mí y sujetando mis caderas para moverse a libertad y ya que su cuerpo no está a mi alcance comienzo a acariciarme a mí misma ante su muy atenta mirada.

Una mano va hacia mí clítoris sintiendo a su vez parte del miembro de Jasper, cielos, cuando entra y sale de mí puedo sentirlo con el dorso de mi mano y eso facilita mi concentración al momento de acariciarme y dar círculos contra mí misma. Mi otra mano va de un pecho a otro apretando, soltando, pellizcando y delineando mi cuerpo. Mientras mis ojos se quedan en Jasper y en cómo su rostro también pierde el control. Sus ojos van de un punto a otro como si no decidiera qué de todo ver, y creo que esa es motivación suficiente para mí.

No pasa mucho para cuando vuelvo a elevar mis gemidos al cielo y mis temblores por toda la cama, Jasper se detiene manteniendo la presión contra esa parte de mí alargando mi orgasmo de esa manera y en silencio lo agradezco.

Y vaya que lo agradezco.

Cuando recupero el control de mi cuerpo, continúa con sus embestidas y baja su cuerpo hacia mí para besarme de nuevo, oficialmente he pagado mi deuda.

—Cien.

—¿Estás contando? —detiene sus embestidas y yo quiero gritar. Pone sus brazos a los costados de mi cara— ¿Alice? ¿Estás contando?

—Para que no digas que no pago una apuesta.

—¿Contando mientras te doy el mejor sexo de tu vida? ¿De verdad? —muerdo mi labio inferior para aplacar la sonrisa. ¿De verdad estamos teniendo esta conversación cuando sigue dentro de mí? ¿Cuándo hace un segundo estaba tan cerca del climax?

—Pues… ¿sí?

—Eres increíble —no está enojado y tampoco parece indignado, sigue siendo juguetón.

—¿Es un insulto o un halago?

—Ambas… —sonrío con diversión— no, es un insulto —le saco la lengua infantil.

Pero antes de que pueda replicar vuelve a moverse dentro de mí y olvido cualquier insulto previo o cuenta de besos, lo único que se queda conmigo son las caricias de Jasper y como sus ojos se mantienen la mayor parte del tiempo en mi rostro, algo que contrario a lo que se esperaría me pone nerviosa. Estoy acostumbrada a que apenas presten atención de mi cara y sí de mi cuerpo.

Y sabía que estaba jugando con fuego, lo que no sabía es que me arrojaron antes gasolina sobre la piel.

Me quedo mirando al techo hasta que desaparecen las luces parpadeantes del orgasmo, estoy sola en la cama y escucho a Jasper en el baño. Respiro hondo intentando recuperar mi respiración tranquila. Estoy a nada de un infarto. No es imposible, en cuatro años cumplo treinta años. Y debería ser ilegal tener la capacidad de ofrecer tantos orgasmos. Podría matarme y hablo en serio.

—¿Qué tal ha estado este reciclaje humano? —pregunta Jasper recuperando su lugar en la cama a mi lado, me acuesto bocabajo con mi rostro girado hacia él. Cielos. ¿Qué tal ha estado?

—¿Divertido sería ofensivo para ti? —y lo pregunto en serio.

—Divertido es bueno —sus dedos saltan por mi espalda recorriéndome de inicio a fin.

—Es mejor que aburrido —acepto, y como siempre su sonrisa aparece en lugar de mostrarse ofendido, deja un par de besos sobre mi hombro cerca muy cerca de mi punto sensible y entonces se aleja.

—¿Qué hora es?

Me giro para ver el reloj al lado de mi cama. Las nueve de la noche, siento la piel de mis piernas erizarse aunque ignoro la sensación en seguida. Es noche de navidad, seguramente tiene planes con sus amigos. James estaba en un bar, eso hacen los hombres a esa edad cuando no tienen compromisos familiares.

—Son las nueve.

—Carajo —dice por lo bajo sentándose y levantándose a todas prisas de la cama. Me siento en la cama llevando las sabanas a mi pecho mientras lo veo buscar su ropa en el suelo, saca del pantalón su celular y marca a prisas sin mirarme.

Muerdo mis mejillas por dentro de mi boca manteniendo siempre un semblante relajado. ¿Irá con su familia? ¿Con sus amigos? ¿Ha quedado con alguien?

—Buenas noches. Tengo una reservación a nombre de Jasper Esquivel. Llamo para cambiar la hora. Las diez. Sé lo lleno que está The moon, pero seguro que puede hacer algo al respecto.

¿The moon? ¿El restaurante francés que estaba siendo tendencia en la ciudad? Era más fácil encontrar un billete de mil en la calle que encontrar un espacio libre. Lo que explicaba el cambio de humor en Jasper. No, era más fácil encontrar un cheque firmado a portador que esto. Lo había hecho perder su reservación.

Lo que es su culpa. ¿Quién queda de verse para follar con alguien y olvida que tiene una cita con otra persona en ese precioso lugar? Jasper al parecer.

Me levanto de la cama y camino hacia el baño de mi habitación dejando a Jasper pelear con la persona de la llamada. Cepillo mi cabello con lentitud mirándome al espejo. Así me gusta. Sexo y adiós. Aunque me hubiera gustado una cena, incluso unos tacos no habrían estado mal.

Comprar maquillaje caro vale la pena porque está intacto luego de esa sesión de sexo. Respiro hondo convenciéndome que no hay problema. Ha sido una espectacular segunda vez, muchos orgasmos de por medio, estoy satisfecha y ahora puedo sonreírle y desearle una estupenda cita. Sí. Es-tu-pen-da.

Dejo caer la sabana al suelo y me pongo una bata de seda que está colgada en la pared. Lo acompañaré a la puerta, haré palomitas y veré Titanic acompañada de Coco y Channel, es un perfecto plan. A mí me gusta así, las palomitas y ver Titanic.

—Alice —habla Jasper del otro lado de la puerta y luego da unos toques—. Sin presión, pero la reservación es en una hora.

Cierro los ojos y respiro hondo. Hay dos tipos de mujeres, hay dos tipos de mujeres, me recuerdo. Vuelvo a abrir los ojos para encontrar mi reflejo: soy la chica que se follan. ¿Pero es que todos los hombres tienen que ser idiotas? Sonrío y cuando me parece una sonrisa convincente abro la puerta.

Los ojos de Jasper me recorren de arriba abajo, y odio un poco no poder controlar mis nervios porque tiemblo bajo su mirada, sobre todo cuando se detiene en mis pechos que se traspasan en la fina tela.

—Muy bonito, pero no es apropiado.

—Es apropiado —debato saliendo del baño y caminando hacia la puerta de mi habitación.

—Alice. No estoy para juegos —dice Jasper a mis espaldas y lo ignoro.

—¿Conseguiste cambiar tu reservación? —pregunto yendo hacia la cocina para tomar un vaso de agua.

—Tienes quince minutos.

Levanto una ceja en su dirección y luego sonrío.

—¿Para tener sexo? —me duelen las mejillas de sonreír, debe estar bromeando si cree que follaré con él antes de que vaya a su cita. Es decir, ya follé con él antes de que vaya a su cita, pero no sabía que tenía otra cita después de mí y ahora que lo sé no volveré a follar con él, al menos no esta noche. Porque sí que quiero repetir, tenemos un nuevo acuerdo: amigos con derecho.

—No —dice cruzándose de brazos, levanto una ceja e imito su postura.

—¿Es difícil conseguir reservación ahí?

Por supuesto que lo es.

—Conozco a uno de los socios.

Oh.

Miro desinteresadamente mis uñas sin tener idea de qué hacer. Él se ha vestido en tiempo record, arreglado su cabello y nadie pensaría que tuvo sexo antes de ir a cenar, aunque supongo que esa es la intención.

Me bebo el vaso de agua de un trago lento para ganar tiempo. Y cuando termino Jasper parece más impaciente que antes, le levanto una ceja. ¿Qué es lo que quiere de mí?

—No necesitas mi permiso para ir cenar.

No tengo idea de qué se supone que significa ser la amiga con derecho de alguien, pero no creo que vaya de obligaciones sino de libertades.

Y con eso sale de la cocina. Genial. Al parecer sí quería mi permiso. Idiota. Idiota. Idiota. Vuelvo a las respiraciones profundas, doy tres, inspiro, sostengo, exhalo y repito tres veces. No voy a enojarme ni matarlo como debería.

Salgo de la cocina, pero no está en la sala. ¿Se fue? ¿Sin siquiera decirme un: gracias? Pero qué falta de modales. Mi humor navideño está en la mierda. Voy a mi habitación dispuesta a dormir temprano cuando choco de frente contra un muro con piernas.

Me sostiene apenas para evitar que caiga de espaldas.

—No estoy bromeando, Alice. Tienes diez minutos para vestirte. Pagué por adelantado y tengo esta reservación hace dos semanas.

—¿Diez minutos? —levanto una ceja sin tener idea de lo que quiere de mí.

Hace una línea apretada con sus labios mientras me pasa mi vestido, ropa interior y zapatillas.

—Nueve minutos. No vamos a pasar navidad cenando palomitas. Iremos como sea que te encuentres en nueve minutos —por suerte está un poquito molesto pensando que estoy dispuesta a arruinar esta cuarta cita que no se da cuenta de lo impresionada que estoy por ser incluida en la cita. Camina hacia la sala no sin antes señalarme la hora en su celular, entro a la habitación con calma y una vez cierro la puerta me permito solo una pequeña sonrisa victoriosa.

Dejo atrás el corsé porque entrar en eso me tomaría quince minutos o media hora, así que optó por un brassier a juego con mi ropa interior y el vestido, me pongo las zapatillas y un vistazo al espejo corrobora que voy con un maquillaje y peinado perfecto.

¿He dicho antes que Jasper es un poco maniaco del control y los planes? Pues hablo en serio. Porque apenas van a pasar ocho minutos cuando está de regreso tocando a la puerta de mi habitación.

Me recargo contra el marco de la puerta sonriente y su mal humor se desvanece cuando se asegura que me he vestido de nuevo sin dar pelea.

—¿Quieres salir a cenar? —pregunto juguetona y su sonrisa se amplía.

—¿Cómo una cita, Alice?

Me encojo de hombros.

—Puede ser nuestra cuarta cita, ¿por qué no? Ese es tu regalo de navidad —entrecierra los ojos sin dejar de sonreír bromista.

—¿Pagué por mi regalo de navidad?

—La cena no es tu regalo, llevarme a ella lo es.

Se ríe, pero se acerca a mí hasta dejar sus labios a milímetros de los míos. Me quedo quieta sin romper la distancia milimétrica entre nosotros.

—Por un momento pensé que mi regalo de navidad estaba debajo de esta tela —paso lentamente saliva para no hacerlo notorio, me encojo de hombros.

—Si quieres me desvisto de nuevo. Pero vas a llegar tarde a la cena —rompe la distancia agarrándome de la nuca y acercándome a él, nuestros labios se sintonizan en seguida, aunque el beso es corto.

—Eres muy mala, Alice —dice aun sujetandome contra él me hundo en sus ojos oscuros, hay algo en la manera en que dice mi nombre que envía chispas en mi dirección. Amplio mi sonrisa juguetona y me alejo caminando hacia la puerta. Me niego a besarlo de nuevo.

—Pero es lo que te gusta, Jasper —saboreo su nombre entre mis labios mientras lo escucho caminar tras de mí—. Te gusta perder de vez en cuando el control.

Vuelve a reírse antes de seguirme y mientras caminamos uno al lado del otro hacia la puerta de mi apartamento para nuestra cuarta cita no puedo evitar pensar que tal vez por eso mismo es que a mí me gusta él.

Grititos de emoción aquí. ¿Qué te ha parecido este capítulo? Dejame saber si te gustaría leer otro capítulo narrado por Jasper. Nos leemos pronto.

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