Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
XX Sobre cómo las fantasías toman forma
Angielizz (Anbeth Coro)
Lo que me rompió, no fueron unas frases hirientes del primer idiota del que me enamoré. No. Lo que me rompió fue que cada idiota que le siguió a ese corroboró sus palabras, que yo sólo era un objeto, que nadie iba a tomarme en serio nunca. Uno tras otro corroboró esa idea, hasta que acepté esa realidad y dejé de pensar en cuentos de hadas y finales felices.
Para febrero, mi segunda experiencia llegó en forma de idiota seductor de preparatoria. Estábamos en una fiesta en casa de algún tonto con sus padres de viaje, fue simpático y divertido toda la noche conmigo. No me dejó tomar alcohol y él tampoco tomó, así que platicamos, reímos y bailamos. Hasta que muy caballeroso me propuso llevarme a casa. Acepté.
Y luego acepté desviarnos, y luego... sexo en el carro.
Sexo de tres minutos en el carro, debo especificar.
Y eso fue todo, lo vi un par de veces más tarde en la escuela, pero no volvimos a dirigirnos la palabra, aunque después quienes me hablaron fueron sus amigos. Amigos que estaban muy interesados en darle una mordida al pastel de zorra que me cargaba encima. Y quisiera decir que aprendí la lección, que no volví a caer en los juegos tontos de esos idiotas, pero entonces qué historia estaría contando ¿no?
Las etiquetas y yo nunca nos hemos llevado, lo primero que hago al comprar un vestido nuevo es deshacerme de su etiqueta. Lo primero que hago con los hombres después de tener sexo es deshacerme de ellos. Hasta que llegó Jasper.
Acepté repetir con él, acepté ser su amiga con derecho pero... eso es todo. No aceptaré nada más. El bastardo sabe jugar sus cartas y yo me estoy quedando sin jugadas. Han pasado tres días desde navidad, es martes y ¿me ha llamado? No. ¿Me ha enviado mensajes? No. ¿Me ha propuesto follar? Tampoco.
¿Para qué quiere que lo deje ser mi amigo con derecho si no va a hacer su trabajo como corresponde?
Es cierto, puede que Jasper hubiera dado el primer paso la anterior vez, pero me resistía a ser la que diera el segundo, o el tercero, o el cuarto. Tal vez porque era orgullosa o tal vez porque no sabía qué tan aburrido estaba él para aceptar vernos para follar.
¿Aceptar un no? Jamás.
Así que no le llamé desde el sábado que me dejó en mi apartamento. Tanya sí que llamó, ella ya estaba al tanto de las últimas novedades gracias a un pajarito que iba a carbonizar, llamado James, es que ese par eran tal para cual, no sabían mantener sus bocas cerradas.
—Jasper es un encanto, Alice —me anima Tanya al teléfono, ¿Jasper, un encanto? Supongo que sí, yo también soy encantadora—. Un amigo con derecho es tan buen avance como cualquier otro.
—No es un avance, Tanya. Es lo que hay. Somos amigos con derecho, y ya, eso será todo. Y creo que no le gustó que Victoria se enterara, así que ¿podrías pretender que no sabes nada de esto si llega a preguntarte?
Lo último que quería es que Jasper se hiciera una idea equivocada de mí o que pensara que estaba involucrándome más de lo sexual. Porque no era así.
—Jasper es monógamo, Alice. No creo que sean no exclusivos.
—Sí, claro, todos los idiotas con los que duermo son monógamos, pero eso es sólo porque no acepto un trio.
—¿Nunca?
—¿Tu sí?
—No, pero pensé que tú habrías probado de todo.
No, no realmente. Los idiotas anteriores tenían tan corta imaginación como el alcohol les permitía.
—Pues eso no.
Y aquellas cosas que fueron diferente, no fueron de mi agrado. Así que agradecía el sexo sin chiste que tuve, hasta Jasper, claro, porque después de él jodió por completo mi estándar del sexo.
—¿Has hablado con él sobre eso?
—¿Para qué? Si él quiere dormir con alguien más, que lo haga.
—¿De verdad?
—De verdad —corroboré. Y por un milisegundo me pregunté si Jasper no estaría teniendo sexo justo en ese momento y por eso no se había puesto en contacto conmigo, pero después de esa fracción de tiempo lancé a la basura de pensamientos ridículos de mi cabeza esa idea. Si quería follarse con quien fuera, que lo hiciera.
Tanya habló después sobre detalles de la boda de Edward, ella era la dama de honor y eso en el mundo de Heidi significaba ser la esclava voluntaria para cumplir sus caprichos. Poco antes de colgar volvió a insistir para que yo hablara con Jasper sobre el tema de la exclusividad, pero me negué a ceder. Victoria había sido muy clara respecto a lo que amigos con derecho exclusivos significaba, y estaba segura que lo último que necesitaba era tener una etiqueta tan cercana al noviazgo.
No era que sintiera algo por Jasper, es que... quería que esto durara, un rato más al menos. No estaba del todo lista para volver a follar con idiotas después de lo que me había mostrado Jasper, nunca nadie se había tomado su tiempo en la cama conmigo y era un hecho que después de Jasper nadie lo haría, así que tal vez follar con un romántico empedernido como él tenía sus ventajas.
Además, ¿ponerme pesada sobre el tema a cuatro días de iniciar? No.
Por suerte mi agenda estaba apretada esta semana, el año estaba por terminar y yo solicité a las otras tres cafeterías que me trajeran toda la documentación anual en cajas y apenas estaban llegando. En un merecido descanso mis dedos fueron a los contactos y presioné a tiempo el nombre encima del de Jasper.
—Hola, hermanito —Edward.
—Estoy en el aeropuerto y a punto de quedarme sin señal.
—¿En el aeropuerto?
—Tengo que ir a una reunión de último momento con un cliente caprichoso. Jasper está ocupado y no puede ir, así que iré en su lugar.
—En tres días es fin de año... ¿Heidi no enloqueció?
—Define enloquecer —sonrío ante su tono de voz.
—Ja —sí que lo hizo.
—Intentaré volver pronto. Aunque Jasper cree que podría alargarse una semana y... bueno, Heidi tenía planes para año nuevo. Está... estresada por la boda.
—Histérica, quisiste decir.
Tanya me contó al teléfono de las mil tareas de último momento que le había asignado Heidi. Bueno, Tanya no se estaba quejando de lo que se dice quejar, pero cuando le llamé me dijo que era la décima papelería a la que entraba y no conseguía encontrar papel con pétalos de rosa emplastado. ¿Qué es eso? Ninguno de los dueños de las nueve papelerías a las que había ido tenía idea. Así que me llamó para ver si yo tenía idea de lo que eso significaba. Pero no, tampoco. Seguramente Heidi se lo había inventado.
—Suerte al volver —porque iba a necesitarla. Y mi hermano que jamás se quejaba de su vida y su prometida fastidiosa cambia de tema con poca sutileza:
—¿Qué te pareció tu regalo de navidad? —bien, no estaba de humor para escucharme quejarme de su prometida con la que sí iba a casarse, en menos de tres semanas sería la boda y si no había conseguido hacerlo recapacitar antes sobre ella no lo haría ahora. Así que hablar de mi regalo navideño es un buen pretexto para dejar atrás el tema de Heidi y su amor por su billetera.
—Te luciste. ¿Dónde conseguiste el bolso en preventa? Se agotaron dos horas después de que fueron publicados.
—Tengo mis contactos, Alice.
—¿En moda?
—¡Bien! Jasper tiene sus contactos.
—¿Le pediste a Jasper que lo comprara por ti?
—No exactamente. Le dije hace un mes que querías ese bolso, no, no se lo dije, me burlé. Porque el precio es ridículo, ¿sabes?
—Bueno, no lo sé. Fue un regalo.
—Lo es. En fin, lo consiguió por medio de un contacto y un par de favores. Creo que todo mundo le debe a Jasper.
Jasper cambió nuestra cena de navidad con una hora de anticipación, por supuesto que tenía contactos o amigos. Jasper era el tipo que atrae a la gente y mantiene amistades, no como yo que tenía un puñado de amigos que apenas mantuve a lo largo de mi vida y que podía contar con los dedos de las manos.
—¿Hace un mes? —pregunto captando apenas esa parte de la conversación.
Hace un mes no había ninguna apuesta sobre la mesa.
—A Jasper le gusta dejar todo listo con tiempo —una sonrisa involuntaria aparece en mi cara, eso era muy Jasper—. Los tenis me gustaron, por cierto.
—¿Y el pantalón de ejercicio?
—También, va a juego. Ridículamente a juego. A veces creo que mi vestidor lo compraste tú.
—Es que así fue... —y entonces soy un poquito optimista para él—. Heidi estará bien, seguro que lo entenderá y cuando vuelvas estarán a menos de tres semanas de la boda.
—¿Lo crees?
No. Pero cuando vuelvo a hablar sueno animada.
—Por supuesto que sí, Edward, eres el novio con el que cualquier mujer con ojos y cerebro sueña.
—Viniendo de ti es todo un cumplido.
—Por eso no voy a casarme, si encuentro a un hombre que se te parezca iré a terapia.
—Deberías ir a terapia ya.
Sólo mi hermano mayor podía dejarme sin palabras para devolver. Miro mis uñas que necesitan un cambio de color.
—No mueras —me despido y cuelgo el teléfono.
Me concentro mirando hacia mi bonita bolsa nueva. ¿Jasper había dicho que estaba interesado desde hace unos meses? ¿Un par de meses? ¿Podría lograr mantener su interés un par de meses más?
Sacudo mi cabeza. No voy a ponerme pesada con mi primer amigo con derecho.
Dos horas más tarde mi celular suena y yo corro como si fuese a resultar ganadora de un premio por llamada. Es-tu-pen-do. Respiro despacio antes de contestar.
—Hola —mi voz suena neutral y tranquila, excelente por mí.
—¿Qué planes tienes hoy? —enredo un mechón de cabello en mi dedo anular mientras considero mis próximas palabras.
—Ver pornografía navideña.
—Suena a un buen maratón —sostengo el aire esperando que se auto-invite, pero se queda la línea en silencio. Supongo que no está lo suficientemente aburrido para querer follar.
—Lo será.
—¿Sabes si Edward tomó el vuelo?
—¿No crees que lo hizo?
—Es difícil saber lo que hará cuando Heidi es tan persuasiva —entrecierro los ojos.
—Edward no dejaría tirado a un cliente, mucho menos a uno importante.
—¿Entonces sí se fue? —insiste Jasper y yo sacudo mi cabeza intentando luchar contra las ganas de patearle la cara.
—Cuando le llamé esta mañana estaba por tomar un avión —mi voz suena cortante, puede que Heidi sea persuasiva, pero Edward no es un crío al cual estarle llamando para que sea responsable.
Escucho de fondo la voz de James, aunque no logro entender las palabras.
—¿Está James contigo?
—Así es.
—¿Me tienes en altavoz? —y ahora mi voz cortante se pone a la defensiva.
—No.
—Pidele que le llame al aterrizar —ahora sí logro entender la voz de James, aunque suena más cerca de la bocina.
—Oye Alice, ¿podrías llamar a Leo cuando aterrice?
—¿Por qué?
—Porque está molesto por el viaje, y James está paranoico, ya sabes.
—Ustedes se comportan como niños a veces.
—Y que le llame diario —insiste James.
—¿Están ocultándome algo? Porque si enviaron a mi hermano a pasar año nuevo en otro estado para organizarle una fiesta de despedida sorpresa voy a golpearlos —y Edward también lo hará.
—Para nada. Sólo... ¿podrías llamarle?
—¿Por qué? —pregunto a la defensiva.
—Es un cliente importante y Heidi es muy persuasiva ya te lo dije —responde Jasper.
—Y yo te dije que no es un niño —defiendo a Edward, porque alguien tiene que hacerlo en esta absurda llamada.
—¿Por favor?
—¡Bien! ¿Algo más que quieras de mí además de hacerme ser la niñera de mi hermano mayor? —pero no responde en seguida, entrecierro los ojos mientras espero que hable y cuando voy a colgarle pensando que él me dejó colgada vuelve a hablar.
—Siempre quiero algo, Alice.
¿Soy yo o esas son mis bragas mojándose? Maldito idiota.
—¿Ya me extrañas?
—¿Ya se fue James?
—Estamos solos.
—Si tu pene no estuviera atado a tu cuerpo no te necesitaría, lo sabes —su risa suena y me encuentro ampliando mi sonrisa, sacudo la cabeza.
—Vaya... no sé si sentirme halagado o correr por mi vida.
—Yo correría si fuera tú.
—Tal vez lo haga. ¿Dónde estás ahora mismo y qué haras más tarde?
Sí, son mis bragas.
—Estoy en la oficina y planeo seguir aquí. Es la última semana del año y tengo trabajo.
Me obligo a ser cortante y difícil, ¿hacerle ver mis ganas por repetir? No, yo también tengo una vida.
—¿Y mañana?
—Lo mismo, estaré encerrada aquí lo que resta del año.
—De acuerdo, cuando te aburras de ser la empleada atrapada en su cafetería, llamame para rescatarte del dragon.
—¿El dragón son los impuestos que debo pagar? —bromeo.
—Supongo —dice sin perder el tono de juego.
—Bien.
—Nos veremos pronto, Alice.
Y para cuando cuelgo me doy cuenta que estoy ardiendo en deseo por ese idiota agradable.
—No pares —gimo bajo su cuerpo sintiendo cómo incrusta sus dedos en la piel de mi espalda para acercarme a él. Muerdo su hombro como parte de una necesidad primitiva, aferrarnos a la vida, de un modo u otro. Mientras sus caricias siguen arrasando, volviéndome loca, grito, gimo, y él sigue haciendo justo lo que quiero sin tener que verbalizarlo. Quería que mordiera mi cuello, me mordía. Quería que me abrazara, lo hacía, quería sentir sus manos apretar mi trasero, lo apretaba.
Quería que...
—Te quiero —dice Jasper.
Y entonces despierto en mi habitación con el pulso acelerado y la cara acalorada. Fue un sueño, parpadeo y como si no me lo creyera estiro mis manos a los lados de la cama, estoy sola.
Toco mi pecho izquierdo sintiendo mi pulso rítmico, pero también la tela de la ropa, estoy vestida. ¿Qué mayor evidencia quería?
Pero había sido tan real, podía sentir su calor, sus caricias, deslizo mi mano lentamente hacia abajo, jalo el tiro de mis shorts de dormir e introduzco mi mano bajo mi ropa. Estoy húmeda.
Ese idiota hijo de perra era capaz de excitarme incluso en mis sueños. E incluso en mis sueños lo hacía muy bien.
Tocarme sólo conseguía frustrarme. Nunca había conseguido un orgasmo con mis manos, aunque no era porque no supiera cómo mover mis dedos sobre mi piel, sino porque nunca estaba concentrada en nada, había incluso visto pornografía unas cuantas veces que estaba muy aburrida para salir y encontrar un pene real, lo que hizo que terminara usando el porno como una guía de posiciones sexuales.
Y honestamente, todo en el porno era ridículo e inverosímil, créelo, he visto los suficientes penes para afirmar que así no se ven los reales. No el noventa por ciento de ellos al menos. E incluso si lo fueran, ¿De verdad alguien puede encontrar la imagen de un pene excitante? Son... extraños. Extraños cuando podría decir salidos de unas películas de gusanos extraterrestres.
Ya, lo dije.
A veces puedo imaginarme poniéndoles unos ojitos a cada lado en la punta y pienso que sólo así se verían adorables. Aunque supongo que los penes no son para ser adorables ni parecer lindos.
¿Lo ves? Por eso no me masturbo, pienso demasiado.
Estiro mi mano hacia mi mesita de noche, es apenas la una de la mañana y yo me siento demasiado despierta para existir.
¿Estás soñando conmigo?
Envío el mensaje y espero unos segundos. Aparece en línea y una estúpida sonrisa me sale en la cara, la quito mientras espero. Responde:
¿Tú estás soñando conmigo?
Qué idiota. Muerdo mis labios pensando en mis siguientes palabras.
No. ¿Crees que haya algún bar abierto aún?
Escribe y borra y vuelve a escribir y a borrar. Me quedo quieta mirando la pantalla. Son las dos de la mañana, conozco algunos que seguirán abiertos.
Es martes, Alice.
Agh.
En realidad, ya es miércoles.
Qué pedazo más grande de idiota.
Es cierto.
Ruedo sobre mi lugar quedando bocabajo con el celular entre mis manos.
Así es.
Videollamada entrante. No. No. No.
¿Qué pasa contigo?
Su respuesta llega pronto:
Acepta la videollamada.
Vuelve a enviar solicitud y nuevamente vuelvo a colgar.
No. No te daré el gusto de verme despeinada.
O con lagañas, sin maquillaje, y posiblemente con cara de haber tenido muchos orgasmos en mi sueño.
Llamada entrante.
Insistente hombre, respondo y vuelvo a girar mirando esta vez hacia el techo.
—Es la una de la mañana —le recuerdo.
—¿Y? Estás despierta.
—Despierta con ganas de salir a un bar, no con ganas de una llamada en mi cama.
—Así que estás en tu cama —trago saliva.
—Con muy pocas ganas de hacer esto.
—¿Hacer qué? —finge inocencia.
—Platicar —ruedo sobre mi cuerpo y pongo mi cara contra la almohada, arrepentida de enviarle el mensaje.
—No tenemos que platicar —y como no respondo continúa—. Quítate la ropa.
—¿Qué?
—No te pongas difícil, Alice.
—No me gusta esto de las sexollamadas, Jasper. Lo único que vas a conseguir es dejarme con las ganas.
—Eso no puedes saberlo.
—Sí que puedo, siempre es así.
—Eso es porque nunca lo has hecho conmigo —y puedo imaginar su sonrisa presumida mientras lo dice. Por supuesto que nunca ha funcionado antes, recuerdo la anterior vez: estaba gimiendo al teléfono mientras me pintaba las uñas— ¿Cuándo fue la última vez?
Una risa estúpida sale sin permiso y tengo a Jasper ahora interesado en saber el motivo así que se lo digo, que tenía a ese orangután al teléfono mientras me hacia la manicura.
—¿Sin orgasmos, pero con uñas rosadas?
—Hace tiempo me rendí con la masturbación —me interrumpo como si fuera al fin consciente de lo que estoy hablando— ¿por qué estoy contándote esto? —golpeo mi frente con mi mano libre.
—Honestamente no tengo idea... ¿y por qué te rendiste?
Gruño contra las almohadas, pero estoy más despierta que antes.
—¿No tienes cosas mejores qué hacer?
—Tengo que entregar un proyecto mañana temprano y estoy trabajando en las revisiones. Así que no, ¿y entonces cómo pasó?
—No me concentro —entre más rápido sacie su curiosidad, más rápido terminara esta conversación.
—¿No te concentras? ¿Y cuando estás sola?
—Tampoco me concentro. No tengo el don de no pensar, yo pienso demasiado.
—Por favor, Alice.
—Lo digo en serio. Por ejemplo, el último video porno que vi era en una cabaña, y eso me hizo pensar en la última vez que fui a un lago, en el frío que hizo a donde fuimos, lo mal que me la pasé, el dolor en las rodillas por las bajas temperaturas, lo que me llevo a pensar en ropa de invierno y al final estaba buscando ropa de invierno por internet.
—Vaya... eres un caso perdido.
—Por eso tengo sexo.
—¿Y los juguetes? —indaga. ¿Se refiere al consolador que he usado un par de veces sin resultados? ¿O el dinero que desperdicié en mi succionador de clítoris?
—Lo mismo.
—Desnúdate.
—¿Escuchaste lo que dije?
—No puedo salir hoy y no irás a un bar a desaburrirte con un idiota. Quítate la ropa.
—Estás siendo un bruto, ¿lo sabes?
Escucho su suspiro frustrado contra la bocina, pero no me importa, no soy una muñeca a la cual darle órdenes.
—Para eso están los amigos con derecho... Imagina que estoy ahí —su tono de voz cambia a ese que reconozco como el que usa en la cama.
—Ya te habría golpeado —lo interrumpo para no permitir que mis embrutecidas hormonas respondan a él.
—Estoy a tu lado y tu habitación está muy oscura para que puedas verme.
—¿Esto es una historia de terror para dormir? —un mitad bufido y mitad risa sale de su parte.
—Concéntrate. Pongo mis manos sobre las tuyas y te recorro las piernas, lento, desde tus rodillas hasta tus caderas, sin prisas.
Me giro sobre la cama mirando hacia el techo llevando mis manos a mis muslos. Ya estoy aquí ¿qué puedo perder? Pongo el altavoz en el celular y lo dejo al lado de mi cabeza.
—¿Y después? —al carajo mis límites.
—Mi mano recorre tus piernas —mis manos lo hacen—. No las cierres, deslizo mis manos por tus muslos. Te levanto la blusa —me levanto la blusa mirando a la oscuridad encima de mí— no llevas ropa interior.
—No, no la llevo —mi voz suena ahogada en placer y apenas vamos iniciando, soy un caso perdido cuando se trata de él.
—Sigo acariciando con una mano tus piernas, te recorro despacio, baja tu ropa, quiero verte —obedezco al pie de la letra la instrucción—. ¿Estás totalmente desnuda?
—Lo estoy —paso saliva.
—Acariciate uno de tus pechos, sigue acariciando tus piernas, quiero que subas tu mano, no dejes de tocarte, quiero que presiones contra tu clítoris, como lo haría yo —lo hago justo como él lo hizo en mi habitación días atrás.
En lugar de aferrarme a su espalda lo hago contra mi propio pecho y en lugar de tirar de su cabello lo hago de mi pezón.
—Imagina mis labios contra tu piel, lleva la mano de tu pecho a tus labios, succiona.
Cielos.
—Yo no... —me interrumpe.
—Abre tus labios, Alice, quiero que folles tus dedos como lo harías conmigo. No dejes de presionar contra tu centro, ¿estás mojada?
—Lo estoy.
¿Cómo no lo estaría cuando me habla así?
—Muestramelo, quiero verte, quiero que te acaricies, no pares —un jadeo sale sin permiso entre mis dedos y dientes—. No te detengas —sigo succionando un par de dedos mientras mis dedos siguen haciendo su trabajo dentro de mí. Aprieto los ojos. La mano de mi boca va a la sabana para sujetarme de algo.
Me doy cuenta que sólo he estado siguiendo ordenes, sin hilar ninguna frase para él.
—Necesito... yo... estoy en...
—Shh, esto es sobre ti.
Incluso el sexo al teléfono es acerca de mi placer, lo que y de nuevo, se siente como una primera vez, no estoy diciendo vulgaridades al teléfono mientras me hago las uñas mientras un idiota del otro lado se masturba.
Esto es acerca de lo que Jasper me haría si tuviera el don de teletransportarse, sus palabras incluso al teléfono y a la distancia son una especie de caricia en ese momento.
—¿Puedes sentirme?
Puedo, increíblemente puedo.
Y cuando vuelvo a abrir los ojos casi puedo jurar que en la oscuridad de la habitación me encuentro con Jasper, con sus ojos negro mirándome, sigo empujando dentro de mí misma. Cierro los ojos y me imagino a Jasper entre mis piernas, su boca jugando con mi intimidad, besando y acariciándome como sólo él sabe hacer.
Levanto mis caderas para encontrarme con sus dedos traviesos, mientras su otra mano deja de apretar mis pechos para ir de vuelta a mi clitorís.
—Quiero escucharte, Alice.
Dejo de morder mis labios, que tenía aprisionados entre mis dientes para no hacer ruido, y ahora salen de mi boca gemidos bajos, gemidos que son vocales y que se convierten en algún momento en su nombre.
Siento mi cuerpo tensarse pero no estoy lo suficiente cerca de alcanzar mi orgasmo.
—¿Estás tocándote? —necesito saber que no soy la única de los dos.
—Sí. No tienes una idea de cuánto quisiera estar ahí.
Mi habitación se llena con su voz hablándome y mis jadeos y gemidos respondiéndole. ¿Cómo consigue hacer que todo eso en su boca no suene vulgar? No tengo la menor idea. Tampoco tengo idea de cómo consigue que mi concentración se enfoque en su voz al punto de mezclarse con mi imaginación y mi deseo de tenerlo de nuevo entre mis piernas.
Lo imagino a mi lado acariciándome, recorriéndome con sus manos, tiro de mi piel, acaricio lentamente, pellizco mis pezones en un vano intento de imitarlo.
—Me encantas, Alice.
Y es todo lo que necesito. Me aferro a la sabana con fuerza, como una necesidad de aferrarme a algo en medio de la caída, mi cuerpo se sacude, mi espalda se arquea, aprieto los ojos, gimo con mas fuerza su nombre, tensando mis piernas, mientras me obligo a mantener el empuje de mis dedos en el mismo punto.
Cuando las luces tras mis parpados desaparecen abro los ojos para encontrarme en la oscuridad de mi habitación a solas, tengo la respiración errática y mi pulso acelerado, siento mis latidos pulsar con fuerza contra mi garganta.
—¿Otra primera vez? —la voz de Jasper en el altavoz me devuelve a la Tierra.
Pero estoy tan molida por mí misma que no se me ocurre ningún insulto para él.
—Qué... presumido eres —no es un insulto, más bien un halago.
Los parpados me pesan.
—¿Lista para dormir?
—¿Y qué hay de ti?
—Ya me lo compensaras después —suena a una promesa.
—Ya veremos.
—Lo veremos, es un hecho.
Intento recuperar mi pulso pausado, en vano.
—¿Jasper?
—¿Alice?
—Gracias por eso.
—No me agradezcas, me debes ahora un favor.
Jasper tenía fama de cobrar los favores, yo había tenido cuidado a lo largo de la vida a no quedar en deuda con él, pero aquí estaba ahora, añadida a su lista de deudores y por alguna razón en lugar de insultarlo por ser tan idiota sólo estaba increíblemente entusiasmada de que cobrara ese favor.
Hola, personitas, muchas gracias por leer. Quería invitarlas a entrar a mi cuenta de Instagram estaré haciendo una encuesta sobre la siguiente historia a publicar y me gustaría saber cuál de ellas por la sinopsis atrapa más su atención.
Anbethcoro/
Ojala puedas apoyarme votando en la encuesta, y también dejando tu comentario por aquí. Gracias, gracias por leer, son la inspiración detrás.
(www) . (instagram) . com(/) Anbethcoro (/)
