Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
XXI Sobre cómo evadir conversaciones de adultos
Angielizz (Anbeth Coro)
Fred era un chico lindo y simpático que había conocido en una fiesta. Nos mensajeamos día y noche durante casi un mes hasta que una tarde me invitó a salir.
Pensé… bueno, por unos días pensé que eso iba en serio. Fuimos al cine y a comer hamburguesas, y luego sin preámbulos me preguntó si quería ir a su casa porque no estaban sus papás. No entendí que su repentina invitación a salir era porque sus padres no estaban en casa. Tenía diecisiete y me había rehusado a salir con nadie desde que los rumores en la escuela se corrieron apuntándome como la chica que había dormido con cuatro chicos que resultaron ser amigos, cuando en realidad sólo dormí con dos de ellos y con los otros dos sólo llegamos a besos, en fin, rumores.
Bajé la guardia con Fred. Fue quizás el más decente sexo hasta el momento, Fred tenía experiencia, fue con este idiota con quien tuve mi primer orgasmo. Pero eso fue todo. Al día siguiente no llamó y dos días más tarde me había bloqueado de las redes sociales.
Así iba esto.
Y esa fue la última vez que perdí mi tiempo con idiotas.
Al día siguiente envío una solicitud de reunión de emergencia femenina a Rose. Nos reunimos en su casa, ella tiene un empleo que le permite trabajar a distancia así que básicamente estar encerrada, trabajando, limpiando y follando es lo suyo, y parece que es feliz. No la juzgo, es sólo que esa no sería la vida que escogería para mí. Me volvería loca si tuviera que estar más de cuatro horas en mi apartamento.
Y me volvería loca si tuviera que limpiar el desorden de una casa como la suya.
Rose es mi mejor amiga, ella se casó con Emmet hace un par de años, son inseparables, una pareja envidiable, pero lo mejor de ellos es lo que él consiguió hacer por ella. Convertirla en la persona que hoy es, sin el miedo, ni los traumas del pasado.
Rose y yo hemos sido amigas desde niñas, fuimos al mismo colegio, aunque mientras papá pagaba mi cuota sin problemas, ella tenía que esforzarse para mantener su beca con buenas notas.
Ella es de las pocas personas que he sabido conservar en mi vida, y no se debe a mí, sino a que Rose tampoco se ha dado por vencida en nuestra amistad. Ni siquiera cuando he sido más entrometida de lo que Rose quería.
¿Quieres un pasado horrible? Esa es la historia de mi mejor amiga, Rose, la mujer más encantadora y hermosa que he conocido en la vida, también es la más terca de todas, tanto que se aferró a una relación tóxica que casi le costó la vida.
Cuando Rose estudió en la universidad comenzó a salir con un hombre que le doblaba la edad, no fue una sorpresa, ella siempre se había interesado en los hombres mayores, excepto que este fue el primer romance no platónico de Rose.
Fue incluso más que un romance real, él le ofreció todo lo que ella nunca tuvo: la casa grande, el carro del año, la ropa de marca, los días en la estética, las cenas en lugares caros, los viajes exóticos, todo en bandeja brillante y a su disposición.
De lo que no le habló fue del precio que sus atenciones tendrían, por supuesto.
Aunque pensé que el precio de Rose había sido abandonar sus estudios y no trabajar para dedicarse por completo a su rol de esposa trofeo con apenas veinte años.
No fue así.
El precio que tuvo que pagar fue vivir con ese malnacido hasta que una tarde la dejó con apenas vida luego de una paliza, una de las tantas que sufrió en silencio a lo largo de todos esos meses juntos.
Supongo que esa es una característica de nosotras, soportar las palizas de la vida y tener la fuerza para sonreír como si todo anduviera bien. Para cuando eso ocurrió apenas podía reconocerla, y no me refiero a las fracturas, los moretes o las cicatrices que le dejó, ella había cambiado por completo, como una mancha opaca donde antes había luz.
—¿Vas a contármelo o no? —exige poniendo en la mesa de centro una bandeja con quesos y carnes frías. Aunque como he dicho, Emmet fue un gran empujón para que ella volviera a encontrarse a sí misma después de ese monstruo. Y ahora ella es sólo luz, demasiada luz, tanta que a veces encandila con su felicidad. Creo que no la he visto enojada o triste o siquiera contrariada, ni siquiera usa el sarcasmo o el cinismo, es envidiablemente feliz.
Niego con mi cabeza dándole un trago hasta el fondo al martini. Ella es lo opuesto a mí y supongo que conseguimos ser un balance perfecto en esta extraña amistad. Mientras ella busca el amor, yo lo evado. Mientras ella es honestidad y alegría yo soy… esto.
—¡Alice! —se queja Rose sentándose en su sillón individual con los pies encima.
—Me acosté con Jasper —suelto, sin rodeos que para eso he venido.
—¿El sexi? ¿O el nerd? —le entrecierro los ojos.
Jasper sexi es un chico que conocimos en la universidad cuando estudiábamos juntas, era en realidad un apodo burlesco porque mientras Jasper sexi era muy sexi de la cintura a los hombros con todos esos músculos, de la cintura hacia abajo había olvidado ejercitar esa parte de su cuerpo así que tenía piernas delgadas como palos de golf.
Jasper nerd… resultó ser muy sexi.
—El nerd, ¿con quién más?
—Pensé que dijiste que eso no iba a pasar.
Bueno, yo digo muchas cosas y luego cambio de opinión.
—Lo sé, lo sé. ¿Qué está mal conmigo, no? —dejo caer mi cabeza hacia atrás contra el respaldo del sillón mientras cubro mi cara con mis manos.
—¿Cómo pasó eso? —miro a Rose—, es decir, es guapísimo y encantador. Lo conozco, viene aquí una vez al mes al menos. ¿Pero eso no será incómodo para ambos? Tú no quieres formalizar una relación y él… bueno a él sí que le gusta formalizar.
—Lo sé.
—¿Ya le dijiste que no va a repetirse? —Oh Rose, si tan sólo supieras.
—Se podría decir que incluso con semanas de anticipación... —ajá.
—Oh… bueno, entonces no hay ningún problema, Alice. Adelante, perra, ¿por qué estás así?
—Es Jasper.
Y empiezo a creer que esa respuesta no significa lo mismo que antes.
—Exacto. Él no va a ser un cretino, ¿crees que le dirá a Edward? Tú sabes que no es así. ¿Eran amigos? No te preocupes, Alice, es un hombre adulto, él sabrá comportarse. Y si no lo hace envíalo a la mierda —¿acaso no es notorio sus años como porrista? Le sonrío a la fuerza porque sus ánimos no me parecen contagiosos.
Quito mis manos de mi rostro y miro a Rose de nuevo.
—Ya perdí la apuesta.
—Oh.
Lo que sea que haya visto en mi cara es suficiente para que se levante y camine hasta a mí para envolverme en sus brazos.
—¿Qué…
—¿Fue así de bueno?
—Oh Rose, fue… wow. No creo que bueno sea la palabra, ¿sabes?
—¿Y?
—Somos amigos con derecho —sus cejas se acercan al hacer una mueca de disgusto con los labios— no exclusivos y creo que es como un secreto.
No estaba segura sobre esta etiqueta.
—¿Qué? —levanta la voz contrariada.
—Seh —mi voz suena tan desanimada como me siento con mi etiqueta.
—¿Fuiste tú la de la idea?
—No. Él lo mencionó.
La no exclusividad y ser ultrasecretos no lo había mencionado él, aunque tampoco lo descartó. Y estaba bien, ¿de acuerdo? Así me gusta. Ya te lo dije.
—¿Y estás de acuerdo con eso? —asiento.
—Es una etiqueta ridícula ¿no lo crees?
—No estás de acuerdo con eso —dice con seguridad—. ¿Por qué no sólo están en una relación como dos adultos sensatos?
—No quiero un novio.
—Alice… —y cuando vuelve a hablar suaviza su tono de voz—, no todos los hombres son unos idiotas.
—Mencióname tres.
—Randall, Emmet y Edward.
Refunfuño sin decir nada coherente. Respiro hondo, ordeno mis ideas y hablo levantando uno a uno mis dedos:
—El primero es mi padre, el segundo es tu esposo y el tercero es mi hermano.
—James —añade.
Arrugo la nariz en respuesta.
—¿No dijiste que no estuvo mal? —pregunta con su tono divertido dándome un apretón en la mano.
No, definitivamente no dije eso.
—Dije que fue como despertar con mi hermano.
—Exacto —¿no es notorio que ella no tiene hermanos?
—El incesto no es lo que yo considero buen sexo.
Asiente reflexionando sobre ese punto y finalmente abre los ojos en grande, para después arrugar la frente.
—¿Sentiste eso con Jasper? Se conocen desde que tenías… ¿siete?
—Diez.
—Tenías trece cuando conociste a James.
Con la gran diferencia que James ha estado en mi vida de manera totalmente opuesta a Jasper, James fue mi ancla después de Peter, después del embarazo y después de todo lo que tuve que pasar. E incluso más tarde cuando comencé a salir con idiotas James era un buen apoyo al cual volver cuando necesitaba que rompiera narices por mí. Y créeme, ha roto más narices de las que me gustaría admitir.
—¿Fue igual? —insiste cuando no le doy una respuesta.
Recuerdo la habitación de Jasper, la luz por la ventana, despertando sola en su cama y luego él haciéndome el desayuno, y luego poniéndome encima de la mesa y luego todo lo demás.
—No —definitivamente no.
—¿Cuál es el problema?
—Tú sabes cuál.
—No es Peter.
—No, no lo es. Pero yo sigo siendo Alice.
—Eres muy testadura, Alice.
Le pongo los ojos en blanco, aunque ya lo he escuchado muchísimas veces antes.
—Y orgullosa.
—Y no necesito un novio —repito.
—No será igual que con Peter, ese sí era un idiota —esa palabrota en boca de Rose debió costarle, ella nunca dice malas palabras.
—Lo es… no puedo creer que será el padrino de Edward, honestamente no sé porque habrá una boda para empezar.
Rose se encoge de hombros y mira hacia el suelo. Bien, ella tiene este lema en la vida de no pensar mierda sobre nadie, no juzgar sin conocer las dos partes de la historia y todo eso, e incluso si piensa que todo el tema de la boda es una mierda, que Heidi no vale la pena y que mi hermano es un tonto por querer casarse con esa demente no lo va a verbalizar.
—Pero Jasper no es Peter —retoma el tema, le ruedo los ojos ahora.
—Pero soy Alice, y tengo una maldición familiar que me hará hundirme en la mierda de una relación y luego salir dando patadas de ahí.
—Disiento de ti.
—¡Rose! —me quejo, usualmente ella siempre me da por mi lado.
—Por experiencia sé que ninguna relación es igual.
Y ahora va a usar la carta de la mujer que sufrió violencia de su ex para hacerme reflexionar.
—No uses esa carta —le digo apuntándola.
—No es ninguna carta, es la verdad.
—No conoces a Jasper como yo, no funcionaría.
—¿Por qué no? —pregunta levantándose, ¿dije que nunca se enojaba? Olvidenlo. Sin embargo, la respuesta es simple:
—Él es demasiado perfecto, y la gente perfecta busca la perfección.
—Creo que estás idiota.
Abro la boca sin creerme que esa palabrota haya salido de nuevo de mi mejor amiga y la haya dirigido a mí, ¿no acaba de usar esa misma palabra para el idiota de Peter?
—¿Me llamaste idiota?
—Sí —y además lo sostiene.
—El asunto es que Jasper no se dará por vencido.
—¿Te ha estado llamando? —de hecho no, todo lo opuesto. A pesar de anoche me envío mensaje para repetir una llamada caliente me rehusé a ceder y le envíe un mensaje diciéndole que tuviera lindos sueños porque solo ahí podría escucharme gemir por él. Bueno, eso era casi un mensaje caliente. En respuesta recibí un único mensaje de su parte:
En mis sueños haces mucho más que solo gemir, Alice.
No sé qué tenía mi nombre cuando él lo decía o escribía, pero me gustaba. Me gustaba mucho, ¿de acuerdo? Aunque eso tampoco lo iba a admitir en voz alta. Estaba siendo tan patética al respecto y esa era la razón por la que había decidido buscar a Rose.
—Todo lo contrario. Aunque me envío un par de mensajes hoy, supongo que eso es algo. Estoy ocupada con el cierre del año y él también. Somos dos adultos, Rose.
—Pues, como mujer adulta, deberías decirle que no eres una adolescente para ser su amiga con derecho.
Le sonrío a Rose. ¿Pero cómo la hago entender que esta etiqueta es posiblemente a lo que más podré aspirar alguna vez? Ella no lo entendería. Ella nunca ha sido de las que creen que todos los hombres son iguales, ni siquiera cuando ha estado en el peor extremo posible en una relación, ella es de las que cree en las segundas oportunidades y en que nada ocurre dos veces igual.
Ella no se da cuenta que hay otro tipo de mujeres, que por mucho que me miré con sus ojos alentadores no hay mucho por hacer, tal vez no todos los hombres son iguales, pero yo siempre seré la misma, la estúpida Alice desechable. Pero sonrío y le digo que no me importa, que de hecho me gusta todo esto de ser amigos con derecho. No exclusivos y secretos. Es-tu-pen-do.
Es treinta de diciembre, estoy nerviosa porque es casi año nuevo y sigo sin un plan. James pasará el treinta y uno con Victoria, Edward está de viaje, mis padres de vacaciones y yo sola.
Estoy en la cafetería ordenando todas las cuentas, revisando los inventarios de las cuatro cafeterías, vuelta loca con los pagos y bonos, y analizando si cortarme las venas o volarme la cabeza cuando escucho golpes a la puerta. Me levanto tirando una pila de documentos que se desparrama en el suelo. Suspiro y avanzo hacia la puerta. Ya tendré tiempo de revisar eso también.
—¿Qué haces aquí? —pregunto sin abrir del todo la puerta y saliendo al pasillo para evitar que entre. ¿Dejarlo entrar al caos que dejé tras de mí? Jasper entrecierra los ojos mirando hacia la puerta a mis espaldas.
—¿Estás ocupada?
—Sí —sostengo la manija con fuerza para evitar que se abra o que él intente abrirla.
Mi oficina es lo opuesto a la oficina impecable que suele ser el resto del año.
—¿Te parece si hablamos en tu oficina? —niego con mi cabeza, imposible.
—No es una buena idea, realmente estoy resolviendo… cosas.
—¿Cosas? —repite sin creer mis palabras.
—Cosas —corroboro.
Y como si esto no fuera lo suficientemente malo, aparece Garret con una caja llena de portafolios con más documentos para revisar. ¿Por qué tuve que sugerir que enviaran todo a mi oficina?
Cuatro cafeterías y una persona es una tarea imposible.
—Jefa, ¿dónde dejo estas?
Miro de Jasper a Garret a la caja con documentos.
—Aquí está bien —señalo el piso frente a mí. Garret parece sorprendido, pero no pone en duda mis palabras porque sigue la instrucción.
—¿Traigo el resto?
—¿El resto? —mi voz suena atormentada, así que me obligo a sonreír tranquila.
Jamás saldré de aquí.
—Queda una caja más.
—Sí —Garret da media vuelta y va por el resto.
Me agacho para levantar la caja y Jasper aprovecha ese segundo para estirar el brazo y abrir la puerta.
—¡No! —jalo de regreso la manija para cerrar la puerta, pero Jasper empuja—. Jasper, no.
Sus ojos negros me taladran.
—¿Por qué no, Alice?
Ese tonito que me da ganas de arrancarle la cabeza.
—Porque no es lo que parece.
Cierra de golpe su boca sacudiendo su cabeza y puedo ver cierta molestia en su rostro.
—¿No es lo que parece?
—Jasper, por favor.
—De acuerdo —suena molesto, pero me importa una mierda.
Da un paso hacia atrás con las manos levantadas en señal de rendición y soy lo suficiente tonta para creerle porque suelto la manija y vuelvo a agacharme por la caja.
Escucho la puerta azotarse y me pongo de pie demasiado lento para detenerlo. Lo está viendo todo.
—No es lo que parece —insisto pasando bajo su brazo aunque es en vano porque él ya ha visto mi caos personal.
—¿No es lo que parece qué? —pregunta después de mirar mi oficina de pared a pared. Su enojo se desvanece por completo.
—El desastre, no es lo que parece. Estoy revisando documentos. Este lugar siempre está limpio —quito una caja y la subo a otra pila de cajas y cuando me doy la vuelta comprendo al fin su expresión— ¡Por favor! —abro los ojos al notar que parece avergonzado— ¿Creíste que tenía a un hombre desnudo aquí, cierto? Yo nunca meto hombres a mi oficina. A todos partes, pero no aquí. ¿Entiendes? Y si lo hiciera un hombre desnudo es justo lo que parece.
—Entonces este desastre no es un desastre —señala alrededor.
—Por supuesto que no. Es orden en el caos —sus ojos pasan de nuevo por los rincones y las cajas apiladas, le ruedo los ojos y voy por la caja que dejé en el pasillo. La empujo con los pies hasta hacerla meterse en mi oficina.
—¿Inventario de fin de año?
—Inventario, pagos, deudas, salarios y todo lo que puedas imaginar está —señalo todo lo que nos rodea— aquí.
—Explícame tu orden.
—Bien… —¿Dónde mierda acomodé las cosas?—. Aquí está todo lo de la cafetería número dos —apunto hacia una esquina— y aquí la cafetería número tres —señalo un par de cajas que están en la silla frente al escritorio— y allá está lo de la cafetería cuatro. Y esto del escritorio es lo de esta cafetería. Y aquí tenemos… más cosas de la dos. Estas dos carpetas son de proveedores. Eso que tienes cerca de tu pie izquierdo también son contrat0os. De acuerdo. Esto está un poco, un poco desordenado.
—Sólo un poco —dice burlón acomodándose las gafas.
—Ajá. ¿Por qué tú no estás vuelto loco con fin de mes?
—El año pasado nos quedamos sin contador y este año contratamos tres, así que ellos lo tienen resuelto.
Claro.
—¿No tienes contador?
—Sí… con baja por maternidad. Pensé que esto era un poco más sencillo.
—¿Y tus gerentes?
—De vacaciones —bien, bien, tengo un corazón de pollo a veces y eso siempre me mete en problemas.
—¿Te quedaste sin personal administrativo?
—Tal vez. Ya hice los pagos, estoy avanzando y firmé contratos renovados con los proveedores. Además, sólo tengo que hojear el inventario y listo.
—¿Hojear? —levanta una ceja.
—Es un decir. Sólo me faltan un par de carpetas más y podré irme —una decena quise decir y talvez sí he estado hojeando.
—No creo que vayas a salir de aquí en una semana, honestamente.
No es como que tenga grandes planes, mis padres lejos, Edward fuera, James jugando a ser el novio de Victoria, puedo quedarme a trabajar. Coco y Channel ni siquiera saben que mañana es fin de año.
—Estas son mis vacaciones de ensueño —no, ni de cerca lo son, pero no tengo un mejor plan.
—¿Cuándo tomaste vacaciones por última vez? —nunca.
—Todos los días son vacaciones para mí.
Lo que es cierto, paso solo lo necesario metida en la oficina, tengo cuatro eficientes gerentes haciendo lo suyo, cuento con empleados capacitados, pero mi corazón es tan estúpido que les di vacaciones a todos.
Garret vuelve a tocar la puerta de la oficina. Otra caja. Mierda.
—¿Es la última?
—Así es. ¿Hoy cerramos antes?
Asiento.
—¿Segura que quiere hacerlo sola? —pregunta Garret señalando mi mundo de caos.
—Ya casi termino —manoteo el aire para restarle importancia.
—Entonces me retiro, ¿le pido a Tim que prepare comida para usted? —odio un poco que este chico me hable de usted, y por otro lado me da cierto nivel de mujer responsable.
—Gracias, pero pediré comida a domicilio más tarde.
—Felices fiestas —dice Garret antes de cerrar la puerta y salir.
Abro la nueva caja para revisar su contenido. Genial. Por las etiquetas en las carpetas sé que se trata de más mierda de inventario de la cafetería tres.
¿Por qué tuve que tener cuatro? Tan simple que sería mi vida con una.
—Eres muy buena con ellos —dice Jasper tras de mí, le ruedo los ojos antes de decir.
—Son un estorbo y ya te lo dije, lo tengo controlado.
—¿Segura que no necesitas ayuda? —niego con mi cabeza porque no estoy segura que mi voz suene tan convincente como mis gestos—. Te dejo en tu orden —y sin decir más sale de la oficina.
Sin invitaciones para pasar año nuevo juntos ni nada así. No esperaba eso. Tengo demasiado trabajo aquí, vuelvo a darle una ojeada a la oficina y me aguanto las ganas de llorar de frustración.
Agarro mi celular y tomo varias fotos de mi caótica vida. Se las envío a Rose.
Ayuda.
Unos segundos después ella responde:
Alice Cullen. ¿Cómo mierda vas a terminar a tiempo? Vas a venir a cenar mañana, sí o sí. ¿Entendido?
No quiero. Rose es mi único plan, invitó a Tanya a pasar fin de año en su casa y también a mí, pero Tanya ira con el mayor imbécil de la historia con el que increíblemente lleva saliendo ya cinco años. Y yo… iré sola. Dos parejas y yo, genial.
Saco carpetas, acomodo, reviso, apilo, limpio, quito, palomeo, tacho, se me llenan los ojos de lágrimas por el polvo. Me levanto del suelo y cambio de idea. Muevo las pesadas cajas por la oficina. Las separo en: no sé qué mierda es esto, tal vez sean proveedores, pagos y compras del año, inventario, por qué putas me enviaron esto del año anterior. Me tallo los ojos, grito exasperada. Más documentos mal acomodados y una pila de cosas que son basura.
Estoy volviéndome loca y apenas llevo tres cajas.
Reviso el reloj. Han pasado tres horas. Son casi las cinco de la tarde y en media hora vamos a cerrar.
Todo parece estar en orden, algunos documentos están archivados en la caja equivocada y por culpa de esos ineptos tengo que pagar yo las consecuencias. Todo es culpa de Jasper. Si no hubiera estado distraída con él, esto no me estaría pasando.
Agarro mi celular y respondo el mensaje de Rose.
A una caja de entrar en crisis. Ya matame, por favor.
Sin dramas que soy una adulta. ¿Y su respuesta? Emoticones de risa. Olvida lo que he dicho antes, envidio su vida de trabajar desde casa. Quiero eso para mí, al menos hoy.
Me pongo a hacer revisión de nuevo, de un lado a otro por la oficina moviendo cajas, hasta que tocan de nuevo a la puerta.
Suspiro imaginando más cajas que Garret no sabía que estaban en la cajuela, me juro que si son más de dos cajas no permitiré que nadie se vaya.
Camino y abro la puerta. Y, de acuerdo, tal vez sonrío. Un poquito.
En lugar de la camisa de botones y su pantalón de vestir, regresa con una sudadera negra y unos pantalones de mezclilla, lo único que dejó de antes son sus gafas. Si pensaba que Jasper formal era atractivo luciendo nerd y casual lo es aún más, muerdo mis mejillas por dentro para morder mi sonrisa.
—Sabía que me echabas de menos, pero no pensé que tanto —bromeo dando media vuelta y caminando a mi anterior sitio en el suelo.
—No te confundas, sólo he vuelto porque me daría pesadillas saber que una oficina puede ser así —le lanzo lo que tengo más cerca: Un lápiz, pero él lo atrapa en el aire luciendo una sonrisa socarrona por sus reflejos.
—Tu departamento no es tan ordenado como crees.
—Por supuesto que lo es.
Claro que lo es. Jasper es demasiado perfeccionista para permitir lo contrario.
—¿Y bien? ¿Por dónde empiezo?
Pasamos las siguientes horas revisando documentos, apilando carpetas, la mayoría está en orden, algunas requieren de una revisión un poco más exhaustiva. Pongo música con el celular para amenizar un poco el silencio entre nosotros, conversar es un innecesario distractor para ambos así que la música está bien. De vez en cuando Jasper se harta de mi selección y toma mi celular para elegir música por su cuenta sin pedir permiso. Y lo permito únicamente porque tiene buen gusto, Edward tiene música emo en su repertorio, pero Jasper es más del tipo de música animada que dan ganas de salir a correr.
Así que la música nos basta, hasta que aparece Susana, una de las meseras para avisarnos que ya se retiran todos. Y tal vez saber que estamos solos es el motivante para comportarme como una adulta, aunque nunca he sido buena en esto de romper el hielo ni iniciar conversaciones maduras, así que lo hago de manera fatal:
—Si quisiera tener sexo con alguien en mi oficina, no tendría por qué avisarte, ¿no?
Sutil, Alice.
Jasper levanta la mirada con una tensa línea en sus labios. Terrible comienzo.
¿De verdad no puede durarme ni una semana esta etiqueta? Pensé que visitar a Rose le daría cordura a mi cabeza y sensatez y aquí estoy, arruinando lo que sea que tenemos.
—Pensé que no tenías sexo aquí —replica en lugar de responder.
—No lo hago, pero si quisiera no tendría que informártelo. ¿No?
Deja la carpeta que antes tenía en sus manos a un lado y se recarga contra la pared a su espalda cruzándose de brazos. Genial. Ahora tengo toda su atención.
Sencillamente es-tu-pen-do.
—¿A dónde quieres llegar?
—A que antes te has puesto en plan celoso al entrar a mi oficina —Jasper abre los ojos en grande.
—Bueno, según entiendo somos amigos con derecho sin exclusividad, ¿no es así? —asiento despacio—. Pues no necesito saberlo.
Vaya.
Podría apostar que le daría lo mismo si me acuesto con un mono que con un idiota y honestamente no creo que haya diferencia.
—¿Debería contarte yo a ti?
Niego con mi cabeza. Ya bastante extraño es saber que existe la posibilidad. ¿Para qué sirve esta ridícula etiqueta?
—¿Le dirás a Edward?
—No creo que quiera esa conversación con tu hermano mayor.
Por supuesto que no. Amigos con derecho no exclusivos y secretos. Entre esto y no ser nada no encuentro la diferencia, claro que hay una diferencia: el sexo. El sexo y la diversión, esto que tenemos es sólo diversión y sexo ocasional entre amigos.
Seguimos revisando las carpetas, aunque noto cierta tensión entre nosotros, pero no quiero hablar. Estoy segura que si muevo mis labios solo pondré en evidencia mis dudas respecto a esta situación.
A mí me gusta así. Sin compromisos ni riesgos a terminar con el corazón roto.
El celular de Jasper suena interrumpiendo la tensión y el incomodo silencio. Lo ignoro hasta que lo veo ponerse de pie y salir hacia el pasillo para responder, yo pretendo que no me doy cuenta que sonríe al mirar a la pantalla de su teléfono. Agarro mi celular que está a unos centímetros de mí sobre el piso. Sin llamadas ni mensajes. Genial.
Me pongo de pie y camino de puntillas a la puerta, lo sé, lo sé, estoy siendo estúpida, pero prefiero ser estúpida que ignorante.
—No, y no creo que sea buena idea —dice Jasper con voz calmada, aunque tiene un ligero tono de molestia. Espero atenta a captar algo importante de la conversación—, deberías hablarlo con ella —transcurre un silencio más largo que el anterior—. Entonces supongo que ya tengo una cita para año nuevo —su voz suena animada al final. Oh—. ¿Necesitas que lleve algo?
Sacudo mi cabeza. Yo fui su cita de navidad, fue una buena cita aunque supongo que… no, fue una buena cita y nos divertimos. Fin. Para eso están los amigos con derecho. Para follar y divertirse cuando están aburridos, no para citas formales de año nuevo, eso explica porque no hemos hablado de fin de año durante estos días.
Vuelvo a mi lugar y sigo revisando carpetas.
Buen sexo. Jasper es buen sexo y eso es todo.
—¿Quieres que pida algo de cenar? —pregunta Jasper con un ánimo diferente al volver, niego con mi cabeza sin despegar mis ojos de la carpeta de pagos pendientes de diciembre—. Pizza o comida italiana.
No se dará por vencido.
—Lo que tú pidas está bien —respiro lento y profundo antes de animarme a levantar la mirada y sonreírle—, ¿qué prefieres?
—Comida italiana. Creo que hay un restaurante cerca.
Le doy el nombre del restaurante, estoy por pasarle el número de teléfono, pero insiste en que él ira por la cena directamente. Lo que me parece es que se trata de una excusa para escabullirse un rato y lo agradezco porque sonreír falsamente es incómodo.
Ni bien me quedo sola mi celular vibra. ROSE.
—¿Qué tal el infierno?
—Creo que ya tuve demasiado para toda una eternidad.
—¿Vendrás a la cena de mañana?
—No quiero estar de mal tercio.
—Vendrá Tanya y James —dice animada como si eso pudiera animarme. Puede que James sea como un hermano para mí y Tanya sea mi prima, pero no son lo suficientemente tentadores para ceder.
—Con sus parejas.
—Y Jasper.
Miro al techo sintiéndome muy patética, apenas ayer le hablé a Rose de Jasper, desearía haberme quedado con eso para mí. Supongo que los amigos con derecho son un secreto para ahorrar estos bochornos. Él llevara a alguien más, lo que no me importa, pero afecta a mi ego de diosa del sexo.
—Tengo planes —me conseguiré un folladesconocido para mañana en la noche, decido.
—En la mañana dijiste que vendrías, Alice Cullen.
—Estoy atrapada en mi oficina, no voy a terminar hoy. Edward está fuera de la ciudad y —Jasper ya tiene pareja—… no tengo tiempo para ir a cenas de fin de año.
—Alice, será divertido. Nunca hemos estado todos con pareja y reunidos en año nuevo.
Muerdo mi labio inferior con fuerza respirando despacio.
—Jasper ya tiene planes —hablo tan bajo como puedo.
—¿Qué?
—Ya me oíste. Y no quiero hacer esa cena incomoda, así que no iré.
—Eres imposible cuando te lo propones, Alice.
—Lo sé.
Finalmente nos despedimos, me levanto del suelo, observo las cajas, ahora la pila de cajas pendientes es menor a las cajas revisadas. Camino detrás de mi escritorio y muevo las persianas para mirar hacia el exterior, ya ha oscurecido. Mi ventana da hacia la calle del frente. Justo en ese momento Jasper aparece caminando con una bolsa con lo que supongo son nuestras ordenes en una mano y en la otra el celular contra su mejilla. Me aventuro a suponer que se trata de Rose invitándolo a invitarme a ser mi pareja de mañana. Lo que es patético, por supuesto.
Jasper se queda quieto a mitad de la acera hablando por teléfono, es evidente que se trata de mí, solo yo consigo hacer que apriete el puente de su nariz con desesperación y sacuda la cabeza de esa manera.
Mierda.
Sus ojos se levantan hacia la cafetería hasta que da con mi ventana, me quedo quieta porque si me muevo sabrá que lo estoy espiando, en cambio quieta puedo pretender que acabo de mirar hacia el exterior, levanto la vista hacia el cielo y me quedo observando las estrellas sin tener idea de cómo pretender.
Cuando vuelvo a mirar hacia la acera él ya no está ahí.
Voy a matar a Rose si me arruina esta estúpida etiqueta nueva.
—Lasaña y ensalada —dice Jasper a mis espaldas, me giro y sonrío ante la elección.
—Huele bien.
—¿Te han dicho lo aterradora que eres cuando eres amable?
Sonrío más y me encojo de hombros.
—Puedo ser amable, Jasper —digo burlona.
Deja la bolsa con nuestra comida sobre la mesa y camina hacia mí, levanto una ceja interrogando sus intenciones.
—¿Por qué nunca has tenido sexo aquí? —pregunta con interés.
—¿Por qué sería una buena idea dejar a alguien que sepa dónde trabajo?
—Sólo quería corroborarlo.
—¿Corroborar qué? —pregunto dando un paso hacia atrás cuando la distancia entre nosotros es tan corta.
—Que esta será otra primera vez.
—¿Tienes bipolaridad o algo así? —sexo por lástima, lo que me faltaba.
—Algo así.
—Rose habló contigo —me cruzo de brazos. Rueda los ojos y da un paso hacia atrás.
—Dice que la dejaste plantada para la cena de mañana.
—Tengo trabajo.
—Y seguirás teniéndolo por una semana más. Un par de horas no te quitaran un avance importante.
¿Para qué quiere que vaya si irá acompañado?
—Le debo un favor a Rose y quiere que vayas a cenar. Y tú me debes un favor.
—¿Le debes un favor a Rose?
Asiente.
—¿De qué?
—Somos discretos, Alice.
—No estás vendiendo drogas, Jasper. Son favores extraños que cobras como todo un mafioso —se ríe.
—Tal vez tengas razón, somos personas de palabra, Alice. Así que Rose quiere que vayas y tú irás.
Y entonces lo entendí. Rose quería que fuera a su cena, y Jasper quería aprovechar ese pretexto para ponerme celosa con su cita. Por favor, como si fuera posible.
—De acuerdo. Iré, pero sólo porque así estaremos a mano.
Y una petulante sonrisa se asoma de su rostro, ¿cree que no sé lo que se trae entre manos? Pero si él quería jugar el juego de intentarme poner celosa lo dejaría intentarlo. Aunque yo sé, sin conocer a su cita, que ninguna mujer podría ser mejor que yo.
—¿Seguimos poniéndole un poco de orden a tu caos?
Se gira sobre sus pies para ir a donde antes estuvo sentado, miro nuestra cena aun en los recipientes de unicel, eso deberá mantener caliente la lasaña por un rato más y de no ser así cuento con un horno donde calentarla de nuevo.
Y mi caos… bueno, esto realmente iba a requerir de una semana más de trabajo como había indicado Jasper. En cambio, tenía menos de veinticuatro horas para hacer que su diminuto cerebro se grabara con mi imagen para que entendiera que ninguna mujer podría compararse a mí, al menos en la cama, y por lo tanto yo no podía estar celosa.
Victoria lo dijo hace unos días, lo importante es no evitar malentendidos. Y lo nuestro era algo que hacíamos por diversión, sólo sexo ocasional seguro y satisfactorio.
—Estoy aburrida, ¿tú, no?
Jasper vuelve a mirarme, pero en lugar de su sonrisa petulante, me da esa sonrisa que promete hacerme temblar las rodillas, pero yo tengo el control, así como de mis inexistentes emociones y si alguien va a temblar por el otro, será él. Jalo mi suéter hacia arriba junto con la blusa que hay debajo para quedar sólo en ropa interior.
Sus ojos van de mi rostro a quedarse fijos en mis pechos. Paso mis manos detrás de mi espalda y sin preámbulos desabrocho el sostén para que baje hacia el suelo. Le sostengo la mirada y sonrío victoriosa. ¿Él cree que puede ponerme celosa? ¿A mí?
No en esta vida.
Muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia.
Nos leemos pronto, hagan sus apuestas. ¿Qué crees que pase en el siguiente capítulo?
