Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
XXII Sobre cómo pretender es una piedra en la zapatilla
Angielizz (Anbeth Coro)
Gracias por los comentarios y la lectura, un abrazo: SeireneOz, Marisolpattinson, Adriu, Norritha, Sandy56, Terewee, Nydiac10
No recuerdo porqué, pero lanzaba enojada el balón a la canasta de basquetbol, o lo intentaba, era una canasta vieja que no usaba desde que Edward se fue a la universidad. Lanzaba queriendo desquitar mi coraje contra algo, y qué mejor que una canasta que no me dejaba anotar ningún punto.
—Se te va a romper una uña.
Giré sobre mis talones y me encontré con un risueño rubio inoportuno.
—¿No deberías estar en la universidad?
—Debería. Estamos en paro esta semana y aproveché para venir de vacaciones.
—Los paros no son para irte de vacaciones.
—No sirven de nada. Déjame enseñarte a jugar.
—¿Quién dijo que necesito ayuda? —pero boté el balón un par de veces antes de lanzárselo a Jasper.
—Créeme, la necesitas.
Le rodeé los ojos. Nunca he conocido a alguien tan competitivo como yo que él. Jasper y yo hemos jugado a lo largo de los años toda clase de juegos y competencias: golf, videojuegos, paintball, baloncesto, futbol, volibol, carreras de atletismo, en bicicleta y patineta. Puede que Jasper sea amigo de mi hermano, pero nadie es mejor jugadora que yo y él lo sabe, así que de vez en cuando nos retábamos.
—¿Edward está aquí?
—Ayudando a Peter a bajar las maletas.
No había visto a Peter desde navidad.
—Como toda una damisela en apuros —bromeé intentando quitarle poder a ese idiota sobre mí. Jasper lanzó la pelota y encestó sin problemas. Fui tras el balón corriendo y mentalizada a ganar.
Jasper se había mudado a la ciudad cuando yo tenía diez años, lo que recordaba de esos días es que él era un chico con sobrepeso y lentes grandes con camisas de comics. Edward y él se hicieron inseparables después de que unos buscapleitos de último grado comenzaron a molestar a Jasper. Y mi hermano que gustaba de jugar a ser el héroe de todo mundo le contó a papá, y papá que era intimidante cuando se lo proponía, se aseguró que los padres de esos buscapleitos avisaran a sus prospectos a delincuentes a alejarse de Jasper o…
No tengo idea de con qué amenazaría papá a los padres de esos idiotas. Lo que sé es que después de eso Jasper y Edward fueron inseparables. Edward fue quien sutilmente invitó a Jasper a entrar a boxeo con él y así fue como bajó de peso en un año.
Lo que digo es que Jasper siempre ha estado cerca. Tan cerca que se aparecía sin avisar cuando quería, incluso cuando tenía que estar en la universidad.
Estuvimos lanzándonos el balón, esquivando los lanzamientos del otro, hice un poco de trampa para evitar que metiera puntos en la canasta, y él no era un jugador honesto, así que mientras yo tenía el balón sujeto contra mi pecho evitando que me lo quitara, Jasper me tenía rodeada con sus brazos para evitar que me moviera mientras reíamos por el juego.
—Tú no pierdes tiempo, ¿no?
Miré hacia el origen de esa voz y me encontré con Peter mirándonos con una ceja levantada.
—¿Para mí no hay ningun abrazo, Alice? —mordí mi lengua con fuerza y como Jasper había dejado caer sus brazos tenía libre el control del balón, sonreí fingiendo ser encantandora.
Y entonces cuando el idiota sonrío creyendo que me tenía en sus fauces de señor encantador lancé con todas mis fuerzas haciendo que el balón diera contra la entrepierna de Peter Rouge.
—Punto para Alice —declaré en voz alta mientras Peter se doblaba sobre sí mismo por el dolor y la risa a mis espaldas de Jasper me animaba—. Creo que gané.
Y entonces inicié algo con Peter de lo que me arrepentiría a partir de ese momento. Yo lo odiaba por haberme roto el corazón, su orgullo me odiaba por hacerlo creer que lo había superado mientras lo aplastaba sin piedad frente a Jasper. Y ya sabes lo que dicen, no hay nada que se estrelle más fácil que un par de huevos de un macho frágil. ¿Quién lo dice? Pues yo.
Lo que nadie me habló es que hay idiotas tan grandes como sus deseos de venganza.
Es sólo sexo, es solo sexo, es solo sexo, es solo sexo.
Estaciono frente a la casa de Rose, respiro hondo, lento. Es solo sexo.
Ese es mi mantra del día.
No estaba preparada para enfrentar a Jasper y mucho menos para verlo del brazo de otra mujer. Me gustaría decir que conseguí una cita de último momento, pero no quería tener que tolerar a un idiota y además lidiar con Jasper, así que vine sola, justo como había pasado el resto del año, porque así me gusta.
Aunque mis sueños eróticos con Jasper pensaran lo contrario.
Lleno mis pulmones de nuevo con aire cargado de sensatez. Necesito un último segundo para mentalizarme para esto, ¿por qué? Porque alguna vez ya fui la otra de un idiota, y no, no me refiero a Peter. Así que sabía como iría lo siguiente. Jasper iba a ignorarme por completo para mantener su atención en su cita, me la pasaría por enfrente demostrándome todo eso que jamás tendríamos, o que jamás tendría yo con nadie más. Porque así iba esto. Y yo iba a jugar mis cartas: ser simpática con su cita y actuar normal.
Peter o quizás mi herencia familiar me empujaron a esta maldición. Ninguno de los hombres que le siguió a ese primer idiota fue mejor que el anterior, me tardé un rato en comprenderlo, pero la vida y mi experiencia se encargaron de demostrarme mis limitaciones. Jamás iba a ser amada. Lo que me va perfecto, porque así me gusta.
Sin embargo, he conocido a Jasper el tiempo suficiente para saber cómo se comporta con sus novias o citas. Nuestras citas fueron una pequeña rebanada de eso y yo iba a pasar las siguientes tres horas pretendiendo que no estaba lastimando a mi ego de diosa sexual. Lo que lo convierte en un idiota por pretender que alguien podría ser mejor en la cama que yo. Lo peor es que nos habríamos divertido mucho esta noche si no fuera tan tonto.
Vuelvo a respirar y finalmente salgo al exterior.
—Feliz año —me recibe Rose apenas abro la puerta de su casa sin tocar antes, me envuelve en sus brazos. Le devuelvo el apretón como puedo—. Llegas tarde —usa su tono de voz acusatorio y sólo me queda sonreírle. En mi defensa, conseguir espacio libre en la estética fue más difícil de lo que pensé cuando se tienen sólo pocas horas para planear esta noche.
—¿Ya están todos aquí?
—Así es, mírate nada más. Me encanta como se te ve ese color.
Si quería una dosis de autoestima, un día con Rose era más que suficiente. No era que me viera bien en este color, era que este vestido era perfecto, me llegaba hasta las rodillas haciendo lucir mis piernas atléticas, tenía un sutil escote haciendo parecer que era accidental mostrar un poco más de piel, mi gabardina negra era perfecta para acompañar al turquesa del vestido. Y no hablemos del maquillaje y el peinado de dos horas diseñado para pasar como informal y casual pero sin perder la elegancia que la cena requería, sutileza y seducción por donde se me mirara.
—Los hombres están en la cocina y nosotras bebiendo margaritas —levanto una ceja escéptica. ¿Jasper y James en la cocina? Sonaba a desastre seguro. Si Edward estuviera aquí estaría tranquila en que nuestra cena no se calcinaría, pero eso era solo porque mi hermano había heredado el talento culinario de mamá.
—¿Emmet sabe cocinar?
—Están haciendo la ensalada —me tranquiliza. Cuatro hombres y una ensalada.
En la sala están Victoria y Tanya sentadas en silencio con una copa frente a cada una, ellas no se agradan, lo que es extraño porque Tanya y Victoria son las dos mujeres más simpáticas que conozco. Me siento al lado de mi prima.
—Que guapas se ven hoy —alabo a ambas.
—Tú te ves linda, ¿fuiste a la estética? —levanta una ceja Tanya que quiere insinuar más, le entrecierro los ojos.
—Por supuesto que no —obviamente sí.
—Pero tú si sabes hacer babear a los hombres, ¿no? —bromea Victoria, fuerzo una sonrisa. No tienes una idea, babean tanto por mí que se consiguen citas.
Por lo menos, si Jasper iba a traer a alguien más yo no iba a verme peor que ella. Y hablando de la cita de Jasper, ¿dónde estaba la dichosa cita? No hubo tiempo de preguntarlo porque comenzaron a hablar.
Rose nos cuenta acerca de los avances del proceso de adopción, ya me habló de esto la mañana que estuve aquí así que mi mente divaga mientras ella vuelve a contarles lo lento del trámite, lo terrible de la espera y cómo algunas veces se desanima ante la tardanza de una respuesta.
El sistema de adopción es una basura.
Casi tanto como el sistema de las etiquetas de las relaciones. Anoche, después de tener sexo sobre mi escritorio, lo pasamos a mi silla ejecutiva para poner a prueba su resistencia y terminamos en el suelo, conmigo sobre él, porque ni de broma iba a poner mi espalda a tallarse contra el suelo. Y Jasper, bueno, Jasper nunca se queja de nada, mucho menos del sexo.
Al terminar de tener sexo, calentamos la cena en el horno de la cocina mientras parloteábamos de experimentos culinarios y mis fracasos en la cocina. Mientras yo sacaba la lasaña del horno y la servía en dos platos limpios, Jasper acercó un par de bancos y los puso al lado de la barra de preparación de comida mientras me contaba de su primera cena romántica: quemó el horno de microondas porque no quitó el aluminio. Me reí a carcajadas sujetándome el estomago de dolor por las risas, y cuando pude tranquilizarme me di cuenta que Jasper solo me observaba sonriente.
—¿Tengo algo en la cara? —pero él sólo negó con su cabeza y comenzó a comer mientras mi estúpido estomago suplantaba el dolor de las risas por piquetes de insectos. Estaba perdida.
—La cena está lista, señoritas —interrumpió mis divagaciones Emmet apareciendo. Noté que él y Rose llevaban un sueter tejido a juego. Ridiculamente cursis. Y envidiablemente enamorados.
—¿Puedo usar el baño? —Emmet asintió y me dirigí hacia el baño para buscar un escondite donde tirar mis descubiertas pequeñas emociones.
Me miro en el espejo. ¿Qué estoy haciendo? Yo no quiero joderle la última noche del año a una pobre mujer que no tiene idea de mí.
Es sólo sexo.
Sabía cómo iba a ser esta noche incluso antes de llegar, sería la siempre soltera Alice frente a cuatro empalagosas parejas. Iug. Así me gusta. Animo, perra, tú puedes. Intento en vano animarme con las palabras de Rose.
Somos amigos con derecho no exclusivos. Aunque no pensé que Jasper fuese a restregarme esa no exclusividad en la cara. Intento fingir un par de sonrisas.
—Alice te presento a Fulanita —diría Jasper y yo iba a sonreír y apretarle con delicadeza su mano a la guapa cita mientras halagaba su cabello o algo así.
¿Dónde iba a sentarme en la mesa? Posiblemente a dos lugares de Jasper para no poder verlo y tener esa distancia para evitarlo. Respiro hondo como si estuviera teniendo un ataque de pánico, pero no es pánico lo que siento.
¿Por qué mierda tuve que aceptar venir?
Incluso cuando la cena pasara sin dirigirnos la palabra yo sabría cómo iba a terminar esta noche. Fuegos artificiales en el cielo y yo lamiendo la pared a mi lado. Ugh. Debí invitar a cualquier imbécil.
—¿Estás ahí? —Jasper, posiblemente buscando a su cita. ¿Qué estoy haciendo y por qué acepté esto? Sólo sexo, es sólo sexo, es sólo sexo.
—Está ocupado.
—¿Puedes abrir? —suspiro, recompongo mi expresión, suavizo mis cejas y sonrío, estoy lista para esta cena infernal, seré simpática como de costumbre, porque yo puedo ser simpática cuando me lo propongo.
Apenas abro la puerta sus ojos me escanean, me quedo quieta pretendiendo que no hay ningún efecto al estar bajo su mirada.
—Te ves hermosa —sostengo mi sonrisa, ¿lo mismo le diría a su cita? Envió lejos ese pensamiento. Llevamos una semana como amigos con derecho, no puedo estar sintiéndome así. No tengo un corazón. No tengo un corazón. No tengo un corazón. Jasper es sólo sexo.
—¿Necesitas algo?
—¿No puedes ser gentil el último día del año? —pregunta dando un paso dentro del baño y luego otro para finalmente cerrar la puerta a sus espaldas.
Voy a decirle que no y que se joda y que yo puedo estar de humor de perra maldita si se me pega la gana, ya no quiero ser simpática, pero sorpresivamente agarra mi cara con sus dos manos y sin que ponga resistencia comienza a besarme.
Sus manos me recorren con exigencia por todo mi cuerpo, apretándome, acariciando y delineando mi figura. ¿Qué estoy haciendo? Sacudo mi cabeza y rompo el beso.
—No podemos hacer esto.
—¿Por qué no?
—No es justo para tu cita.
—¿Mi cita? —su fingida voz inocente me hace querer arrancarle la cabeza.
—Sal, ahora —señalo la puerta a sus espaldas.
Estoy decidida a comportarme y si Jasper piensa que será divertido pasar el último día del año metiéndole mano a dos mujeres está muy equivocado conmigo. Si hay algo que no hago es meterme en el camino de otra mujer.
—¿Cuál cita? —levanta una ceja.
—Mira, idiota, te escuché hablar afuera de mi oficina ayer y sé que tienes una cita para esta cena así que no.
—Tienes una novela en tu cabecita, Alice.
Le entrecierro los ojos y me cruzo de brazos, levanto el mentón para ganar cierta falsa idea de altura.
—Se llaman cerebros, no novelas. Y ojalá tu cabeza tuviera uno.
Sonríe. Y lo odio tanto por no sentirse insultado. Que ese fue bueno, mierda. Desperdicio mis insultos con este imbécil.
—¿Y exactamente qué escuchaste?
—Eso. Que ya tenías una cita para esta cena. Así que no, no y no. Y si sigues molestándome esta noche voy a patearte la cara. Sé hacer eso.
Aprieta esta vez sus labios para no reír.
—Alice —odio mi nombre con ese tono burlón, casi tanto como el tono que usa Edward y James cuando creen que pueden regañarme.
—Hablo en serio.
—Esta faceta celosa es nueva.
—¿Celosa, yo? No. Se llama sororidad, si una pobre mujer sale con un idiota no te metes en el camino y de ser posible le adviertes del imbécil con el que está saliendo. Eso es sororidad, no celos.
—¿Entonces esto no es por ti?
—No —respondo tajante.
—¿Sabes qué nunca he hecho? —le entrecierro los ojos.
—No me interesa.
—Sexo en el baño de alguien más.
—Yo sí, y paso —al menos consigo quitarle esa estúpida sonrisa burlona.
—¿Mientras tienes a seis personas al final del pasillo?
—Mientras hay una fiesta afuera.
—Eres tan —bufa en lugar de terminar la oración como un hombre cavernícola, y yo le sonrío aun más falso que antes— a la mierda —y de nuevo, sin pedir permiso ni yo poner resistencia vuelve a besarme.
¿Sororidad dije? Envío esa idea a la basura en cuanto sus labios buscan mi cuello, sus manos se aferran a mi espalda, empuja mi cuerpo hacia el mueble del lavamanos y sin dificultad levanta mi cuerpo para sentarme encima. ¿Qué estoy haciendo? Mueve mi vestido hacia arriba y antes de que pueda siquiera considerar en decir que no, ya tengo a sus dedos dentro de mí y lo odio porque estoy mojada cuando debería estar seca y furiosa. Pero no es así. Muerdo su hombro mientras intento ahogar mis gemidos, pero Jasper sabe lo que hace y lo que me gusta y bombea dentro de mí acelerando el ritmo y la fuerza que quiero. ¿Cómo terminé aquí cuando estaba tan determinada en enviarlo al carajo? Ni idea.
—Jasper —gimo contra su camisa, aferrándome a su cabello y apretando mis piernas contra su cadera mientras sigue entrando en mí con sus dedos. Olvido todo, mi voluntad, mi dignidad, y mi elección de no ceder ante él.
Mis manos van a su entrepierna para bajar el cierre, pero su mano libre sujeta mis muñecas para detenerme.
—Esto es solo una probada de lo que te espera esta noche —promete. ¿y lo mejor que se me ocurre hacer? Pasar saliva como colegiala.
Enredo mis dedos en su cabello incitándolo a continuar en lo que sea que está haciendo tan bien. Muerdo con fuerza la piel de su cuello.
—Me encanta este vestido —dice mientras jala mi cabello hacia atrás para que levante el rostro. Muerdo mis propios labios para ahogar un gemido— no tienes ni idea.
—Lo usé el año pasado en —me interrumpe.
—Tu cumpleaños, lo sé.
Parpadeo ante tan buena memoria.
¿Nos escucharían?
—Quieres que…
—Más tarde.
Recarga su frente contra la mía respirando lento, en un vano intento por deshacerse de su erección.
—¿No hice ruido, no?
Sonríe divertido.
—Ustedes dos, la cena está lista.
Mierda. Nos escucharon, pero Jasper no parece preocupado sino divertido por la situación. ¿No debería estar preocupado por su cita?
Me bajo del mueble, acomodo mi cabello y aliso mi vestido. Tengo una cara de póker indescifrable. Una expresión que oculta mi decepción por mí misma. Le he arruinado la noche a una pobre chica que sólo quería una cita con él.
Yo he sido esa chica alguna vez. Jasper se abotona la camisa hasta un par de botones antes de llegar al cuello, moja su cabello para recuperar su forma ante mis jaloneos. Luce tan despreocupado y sin culpa que no puedo entender cómo lo hace.
—Si yo fuera ella te rompería los dientes, así que suerte.
—Tú eres ella.
Levanto una ceja.
—¿De qué hablas?
—Tú eres mi cita de esta noche.
—¿Te dejaron plantado?
Niega con su cabeza y pone su mano bajo mi mentón alzando mi rostro y acercándome al suyo, me quedo firme y quieta.
—Casi lo hace, se puso celosa por espiar conversaciones ajenas.
Hablaba de mí. Abro y cierro la boca y finalmente elijo la peor opción al hablar.
—Las citas se preguntan, no sólo se asumen sin más.
—¿Y que te negaras a esto? No, Alice. No ibas a arruinarme nuestra quinta cita.
Quinta cita.
Y en ese momento pienso que esta podría ser una noche perfecta, al menos ya llevaba un par de orgasmos a la cuenta. Error.
Cuando salimos del baño todos estaban en el comedor.
—Lo que daría porque Edward hubiera estado hoy aquí —comenta James al vernos llegar juntos, todos están sentados y esperando.
—¿Eso fue rápido? ¿O sólo me lo pareció a mí? —bromea Victoria haciendo reír a todos los de la mesa.
—La cena se ve deliciosa —le digo a Rose mientras tomo lugar en una de las dos sillas vacías.
—Gracias, la cuota se las envíe por mensaje. El pavo que estaba intentando hacer se quemó —Emmet a su lado sonríe divertido aunque deja de hacerlo en cuanto Rose lo atrapa burlándose.
Jasper pone su mano en mi rodilla en algún momento de la cena y comienza a subir, mantengo mi atención en el novio de Tanya hablando de alguna mierda de publicidad y el mundo yéndose al carajo o algo de eso, aburridísimo, miento, sólo mantengo mi vista en él y asiento cada tanto pretendiendo atención, cuando todo lo que hago es prestar atención a Jasper y su mano que se desliza por mis muslos a mis rodillas, como lo hace en la cama. No es nada pervertido y ni siquiera es un real manoseo, pero estoy respondiendo a él.
James más tarde saca un tema de conversación extraño sobre bebidas exóticas y comidas prohibidas en el mundo, solo Tanya comprende de lo que él habla y por un rato que ellos dos parloteen ignorando al resto funciona porque yo puedo ignorarlos también para prestar atención a las caricias de Jasper. Y tal vez me pierdo en sus caricias tanto que no sé en qué momento la conversación vuelve a cambiar hasta que escucho mi nombre.
—¿Alice, tú qué piensas? —mierda. Jasper deja de acariciar mi pierna y usa esa mano para tomar un poco de vino.
—No lo sé —¿de qué mierda hablábamos?
—¿Estás a favor o en contra? —pregunta Victoria levantando una ceja y cruzándose de brazos. Mierda.
—Creo que soy neutral. Así puedo cambiar de opinión. ¿No?
—Eso es horrible. Sencillamente horrible —dice Victoria luciendo ofendida. James me mira con diversión al lado de ella. Y Jasper se ve tan perdido como yo en esto.
—Sí, supongo.
—¿Entonces no te importa que estén sacrificando a esos pobres perros sólo para limpiar las calles?
¿Qué?
—Eh… sí, por supuesto.
—Pero eres neutral.
No. No era neutral, estaba totalmente en contra. Y ahora debía fingir ser neutral.
—Yo… es... ya sabes.
—No lo sé. De todos aquí deberías ser la última persona en estar en una zona muerta como lo es ser neutral.
Lo sé.
—Bueno… —mis ojos se desvían a Rose que está intentando no sonreír abiertamente. Respiro hondo sin que mi cerebro colabore en salir de esta.
—Lo hablábamos hace unos días, ¿recuerdas? —Jasper al rescate— Y Alice decía que no importa si estás a favor o en contra si no haces algo al respecto. ¿no?
—Exacto —asiento ante tanta falsa sabiduría ficticia.
—La gente que opina sobre esos temas, no hace nada por mejorar la situación y puedes hacer pequeños cambios como… —Jasper me levanta una ceja para que continúe.
—Adoptar perros. Tengo dos.
—Exacto.
—Deberíamos cambiarlos de lugar o terminaran teniendo sexo frente a todos —esta cena es de gente que no conoce la discreción.
—¿Llegaría ya el avión de Edward?
—¿Hoy regresa Edward? —¿por qué nunca estaba al tanto de sus decisiones?
—Consiguió el último vuelo del año para calmar a Heidi.
—Qué suerte, los vuelos siempre están ocupados.
—Los compré con tiempo —explica Victoria.
—¿Tú?
—Ajá.
Mis ojos van de James que sacude su cabeza ante la imprudencia de Victoria y a Jasper que comparte una mirada con James.
—¿Qué están ocultando?
Si ellos me conocían a mí, yo los conocía a ellos.
—¿No te lo ha contado Jasper? —pregunta Victoria levantando una ceja.
—Victoria —James uso ese tono para darle a entender que estaba hablando de más, pero ella no sabía captar esos tonos o su imprudencia era más grande que su sentido común. Así que por primera vez uso eso a mi favor.
—Edward llegará más tarde, es todo —dijo Jasper— la cena estaba… —lo interrumpo antes de que pueda cambiar de tema.
—¿Por qué Edward regresa antes?
Pero ni Jasper ni James responden.
—Va a sorprender a Heidi —finalmente habla Tanya.
Pero si eso fuera todo James no luciría molesto por su imprudente novia y Jasper no sería tan hermético al respecto. Ambos están mintiendo.
—¿Por qué mi hermano regresa antes?
Hace unos días me pidieron espiarlo para asegurarme que realmente tomara ese vuelo y ahora resulta que Victoria consiguió boletos hace tiempo para este regreso. ¿No se suponía que fue un viaje imprevisto?
—James.
Pero hace de sus labios una línea firme y sé que no me dirá nada. Miro a Emmet.
—¿Tú sabes algo?
—No sabía que Edward estaba fuera de la ciudad hasta ayer —y parece honesto.
—Vendrá más tarde, Alice —intenta en vano tranquilizarme Tanya. La miro y reconozco esa mueca en sus labios, ella es una pésima mentirosa.
—Tú sabes.
—James tiene una corazonada, es todo.
—¿Qué corazonada?
Siento una opresión en mi estómago yendo en aumento.
—Está paranoico y piensa que Heidi le es infiel a Edward —finalmente habla Jasper.
—¿Y tú no lo crees?
—No.
—¿Con quién?
La mesa entera se queda en silencio.
—¿Enviaste a mi hermano a la otra punta del país por una estúpida corazonada?
Puede que Jasper fuera un perfeccionista, pero James era metódico. Él tenía que estar seguro de lo que había frente a él antes de dar un paso. No enviaría a mi hermano por una corazonada ridícula.
—¿Con quien?
—Dejemos que la noche pase, ¿quieres? Jasper cree que me equivoco y tal vez sea así. El vuelo de Edward aterrizó hace poco, así que lo sabremos pronto.
Miro mi plato de comida a la mitad, pero el fuego dentro de mí hace imposible que dé un bocado más de eso. Me levanto sin pedir disculpas y camino hacia los ventanales que dan al patio trasero, necesito aire fresco.
La boda es en dos semanas. ¿No pudo tener esta corazonada James hace dos meses? Si Edward se entera de esta tontería va a estar tan molesto. ¿Y como es que Tanya lo aceptara? ¿Por qué Jasper no los hizo recapacitar si se cree tan juicioso?
Y podrías pensar que la posibilidad de una boda cancelada me pondría a dar brincos de alegría, por supuesto que no quiero que se case con ella, pero esperaba que fuera Edward quien entrara en sus cinco sentidos y recapacitara, no por una infidelidad, no quería que fuera mi hermano el del corazón roto. Sólo un poquito de sensatez ante su calentura por esa desquiciante mujer.
Me siento en el columpio para dos personas del patio trasero mirando hacia el cielo oscuro. No podré estar tranquila hasta que Edward aparezca por la puerta con su desagradable prometida. Agarro mi celular y le envío un par de mensajes.
¿Por qué no me avisaste que volviste?
Y uno menos agresivo.
Ojala nos veamos para un último abrazo incestuoso.
Pero ninguno de los mensajes es leído. Le envío un mensaje a mamá y a papá deseándoles un hermoso final de año y muchos buenos deseos para el siguiente, mamá llama, pero no hay manera que mi voz pueda ser fingida para aparentar tranquilidad. Así que le cuelgo y le envío un mensaje explicándole que estoy en un club y hay música.
—Ten —Jasper pone sobre mis hombros una frazada antes de sentarse a mi lado—. Victoria es innecesariamente imprudente.
—Eso no es una disculpa por no habérmelo contado.
—Es sólo James siendo James, no había nada que contar —Jasper realmente no cree nada de esas locuras y quiero desesperadamente convencerme de eso.
—No confió en Heidi, pero ella sería muy estúpida si James no se equivoca. ¿Por qué crees que se equivoca?
Pero Jasper no responde.
—James nunca se equivoca sobre las personas. Tiene un don para detectar mentiras —insisto.
—Lo sé.
—Pero no lo crees.
—Lo dijiste tú, no confías en Heidi, pero por Edward creo que preferiría pensar que no es cierto.
—¿Entonces lo es? ¿Sabes con quién?
Y me da el nombre de la persona con la que Heidi había sido tan estúpida para engañar a Edward. Me basta su nombre y apellido para comprender la gravedad de las acusaciones de James.
Y como el destino tiene un turbio sentido del humor, el celular de Jasper comienza a vibrar.
—¿Lo ves? —dice Jasper mostrándome la pantalla del celular, respiro lento y profundo sintiendo mi garganta llenarse de astillas, anticipando lo que habrá en esa llamada. Heidi le ha estado siendo infiel a mi hermano, no me quedan dudas—. ¿Ponemos el pavo en el horno? —responde Jasper bromista, lo miro a la cara, sus facciones serenas se transforman en preocupación al instante.
Nuestras miradas se encuentran y lo sé y él lo sabe. James nunca se equivoca, mucho menos cuando el nombre de Peter Rouge está detrás.
Muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia.
Nos leemos pronto, hagan sus apuestas. Para quienes ya leyeron Una dama de burdel se viene una escena que en realidad no es posible que apareciera en la otra historia pero que será muy esclarecedora para lo que ocurrió.
Cuentame qué te ha parecido el capítulo, se sorprenderán de cómo pueden subir su escale de desprecio por un personaje. ¿Qué te han parecido las emociones de Alice? ¿En algún momento dudaste del buen Lucas?
Nos leemos pronto
