Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
XV Sobre cómo desairar una salida masculina puede traer grandes recompensas
Angielizz (Anbeth Coro)
Canciones para tener a la mano:
La mujer cactus y el hombre globo - Rayner.
Always been you - The sweeplings
Gracias por sus hermosos comentarios, por votar y por seguirme. Son el motor de mi inspiración.
En la universidad, las fiestas y los estudios se mezclaron. Mi romance con Tomás, el profesor, me mantuvo alejada de los hombres durante un semestre. Y cuando pensé que podía darle una oportunidad a la vida estudiantil con la esperanza de encontrar alguien de mi edad, el siguiente idiota en la fila apareció. Rick, diminutivo de Enrique, era mi compañero de clase, me parecía simpático y listo, no habíamos compartido nuestros teléfonos y de hecho sólo nos hablamos en contadas ocasiones. Pero esa noche las fiestas y los estudios se mezclaron. Se acercó para hablarme de la tarea, todo nerd y ridículo, mientras me ofrecía una bebida.
Cada vez que mi vaso se vació, él se aseguró que yo volviera a llenarlo. Nos reímos, platicamos y bebimos, mucho. No recuerdo nada de eso.
Recuerdo el dolor de cabeza a la mañana siguiente. Fue el primer hombre con el que pasé la noche. Me arrastré bajo su cuerpo hasta que conseguí liberarme. Ni siquiera me parecía lindo, sólo un cabrón que sabía salirse con la suya. Ahora era un idiota más a la lista.
Recuerdo encerrarme en el baño, lavarme la cara, vomitar, salir corriendo hasta encontrar una farmacia para comprar la pastilla del día siguiente y llorar con Rose. Recuerdo eso. Había pensado que si pasaba la noche con alguien sería algo especial, no lo fue. Me sentí usada y desechada a pesar de ser yo quien salió corriendo en la mañana. Esa fue la última vez que permití que un idiota me eligiera a mí. Yo los elegía a ellos y yo los desechaba también.
El bar al que llegamos es tan de "chicos", espero que se escuche la queja que hay detrás. Levanto una ceja mientras me recargo en mi palo de billar. Jasper pidió algo de la lista de no alcohol al llegar y tal vez lo tomé como un mensaje así que yo pedí una piñada. Y cada tanto Jasper pedía una cerveza intercalándola con algo de la lista de bebidas no alcoholicas, haciendo que esa segunda bebida le durara tanto como pudiese. No como James o mi hermano, que parecían decididos a beber de un tirón sus botellas de cervezas.
Y podría parecer que tengo toda mi atención en Jasper por notar esos detalles, pero lo cierto es que mantengo mi vista tan lejos de él como puedo. Lo último que necesito es a Edward dándose cuenta de nuestra situación.
—Paga —señalo el tarro de cerveza con billetes y Jasper introduce dos dólares. Estamos jugando un juego absurdo, James lo ha nombrado futbol de billar. Te explico el invento: Edward y yo tenemos que meter tantas bolas lisas como podamos, Jasper y James deben meter las rayadas, hasta ahí todo en orden. Pero si una bola del equipo contrario está cerca del agujero y consigo meterla entonces ellos deben pagar dos dólares. Así que el juego consiste en meter tantas bolas lisas como pueda sin dejar que mis bolas queden en un lugar expuesto para que ellos la vean como una tentación.
Y por supuesto, si ellos introducen una bola rayada, que son las suyas, entonces nosotros pagamos un dólar. Pero si Edward o yo logramos introducir una lisa, entonces ellos deben pagar ese dólar.
Y esta es como nuestra quinta ronda. Llevamos tres juegos ganados y posiblemente iremos por el cuarto.
—Alice está haciendo trampa —se queja James cuando me inclino sobre la mesa de billar. A lo que James se refiere es que tal vez elegí para esta noche una blusa con escote hasta el ombligo con una chaqueta negra de cuero, y tal vez mi trasero se ve como el demonio con estos pantalones. Así que yo no estoy viendo a Jasper, pero por lo mal que ha estado jugando sé que él me está viendo a mí y James lo sabe.
Tiro, sin meter bola y parpadeo con una falsa tímida sonrisa.
—¿Yo?
—Mantén tus ojos lejos de mi hermana, James —aprieto mis labios para no reír cuando James me da su mirada entrecerrada, definitivamente Edward no lo sabe, aunque Jasper sí porque se gira con el pretexto de hablarle a la mesera para que Edward no vea su sonrisa burlesca. Voy y me recargo en el brazo de Edward.
—Eres un hermanito celoso —le digo apretando su mejilla aunque me lancé su mirada enojona, enarca una ceja, pero no hace intento de alejarse.
—¿No podías encontrar algo con más tela? —niego con mi cabeza ganándome de su parte una mala mirada.
—Agradece que traje esta blusa, vamos ganando —Edward sacude esta vez su cabeza antes de suspirar con dramatismo, como puede entenderse Edward evita salir conmigo o yo con él, para mí es incomodo irme del brazo de alguien bajo su mirada furiosa y él no solía permitírmelo así que siempre asustaba a mis candidatos a hombres desechables antes siquiera de poder acercarse a mí, hasta que apareció Heidi y entonces ella lo mantuvo atrapado bajo sus encantos alejándolo de todo lo que solía hacer, incluso asustarme pretendientes.
—¿Y por qué no estás consiguiendo tragos gratis hoy? —se queja de nuevo James.
Le saco el dedo medio. No es que no pueda conseguir tragos gratis por consideración a Jasper. La razón para no tener tragos gratis es Edward, si no espantara a los hombres con su mirada asesina esta mesa podría estar llena de alcohol gratuito y quizás adulterado. Aunque en realidad no me importa no tener bebidas gratis de extraños, Edward va a pagar mi cuenta. Además de que ya tengo con quien follar esta noche y no necesito de idiotas haciendo fila por mí.
—¿Quieres que hagamos equipo en el siguiente? ¿Te cansaste de perder? —molesto a James en lugar de responder.
—Verás, no es por mí que vamos perdiendo —le clavo la punta del palo de billar en la rodilla para que se calle. Y en venganza me da un intento de nalgada con el palo.
—Te voy a meter el palo por el culo si lo intentas de nuevo —Edward se ríe únicamente antes de darle el trago más largo que he visto a su cerveza. James y yo miramos a mi hermano y entre nosotros. ¿Qué yo sería una moderadora de alcohol para Edward? Já.
Jasper se para a mi lado e introduce una bola lisa, la misma que yo no conseguí meter, le entrecierro los ojos y Jasper me saca la lengua infantil.
—Paga, Alice —dice dándole unos toques al tarro con dinero, pero Edward introduce un par de billetes antes de que yo pueda siquiera mover un pie para ir por mi bolso, así que le saco la lengua a Jasper de regreso.
Un par de rondas completas de tiros más tarde, Jasper pide una cerveza a la mesera, la que no quiere quedarse sin propinas porque no ha parado de estar yendo y viniendo del bar a nuestra mesa de billar para tener a estos pobres tres idiotas sedientos con bebidas en las manos.
—Quiero otra piñada —le digo a la mesera mientras veo a Edward meter una bola lisa, solo nos quedan dos bolas.
—¿Tienes quince años? —pregunta James burlón por mi elección de bebida mientras va a hacer su tiro.
—A mis quince jugaba mejor que tú —replico mientras veo como su bola choca contra la pared en lugar de darle a su bola.
Y esta es otra parte importante del juego. Gana el dinero del tarro quien consiga quedarse sin bolas, entonces para juntar dinero debes meter bolas del equipo contrario, pero no demasiadas o podrías acercarlos a la victoria en caso de quedarse sin bolas ese equipo, porque quien se quede sin bolas lisas o rayadas podrá introducir la bola negra y así ganar. Futbol de billar.
Y esto requiere estrategia: Edward no juega para introducir bolas, sino para alejar las bolas de ellos de los hoyos. Y yo juego para tirar las nuestras. James busca nuestras debilidades para hacernos pagar doble, y Jasper en realidad no sé a qué está jugando además de provocarme.
Cuando al fin ganamos la ronda hago un pequeño baile de brincos de victoria.
—El siguiente turno estamos juntos —me indica James dándole un golpe a Jasper en la cabeza consiguiendo de regreso un empujón. Niños.
—Iré por otra cerveza —dice Edward dirigiéndose hacia la barra.
—Tu turno —señala Jasper a James, porque han estado turnándose en no dejar a mi hermano solo para que no se escabulla en un descuido. Y son estos pequeños momentos en los que estamos a solas, me pongo a juntar las bolas en el centro sin atreverme a mirar a Jasper. Se recarga contra la mesa desde donde no pueda verlo Edward a la cara y habla.
—Eres una tramposa —me acusa.
—¿Yo? —vuelvo a intentar lo del tono inocente, sin despegar mi vista de las bolas, acomodándolas en orden numérico en lugar de mirar a Jasper de frente.
—Tú.
—¿Y cómo se castiga a quienes hacen trampa? —le pregunto mirándolo esta vez al tiempo que levanto una ceja. Sonríe y sus ojos bajan descaradamente a mi escote.
—Te lo diré más tarde —promete. Imito la pose de Jasper recargándome contra la mesa de billar para que Edward no pueda ver mi rostro que posiblemente tiene una sonrisa pervertida—. ¿Crees que sospeche tu hermano? —pregunta manteniendo sus ojos en mí.
—No. Su cabeza ni siquiera está aquí —me cruzo de brazos, ¿cuánto tiempo va a tomarle superar la separación?— ¿Cuánto necesita para olvidarla?
—Sólo ha pasado una semana —me recuerda— y la siguiente semana era la boda. No creo que sea algo que sólo se olvida y ya. ¿Tanya te habló de su plan para el salón?
Resulta que el gasto más grande de la fiesta no pudimos evitarlo. El salón de la boda seguía contratado. Heidi excéntrica como ella sola había decidido que la fiesta sería antes que la boda. Algo así como una preboda, o quizás nunca quiso terminar en el altar y sólo quería tener la fiesta más costosa de su vida.
Así que el salón donde sería la boda seguía contratado, rehusándose a devolvernos el dinero. ¿Qué se hace en esos casos? Según Tanya, una fiesta. Edward no quería saber nada al respecto, le daba lo mismo el dinero, así que nos dejó la elección de todo a nosotras. Y Tanya que había sido amiga de Heidi desde hace años, Tanya que había presentado a Heidi y Edward, Tanya que era la dama de la boda, la misma inofensiva Tanya que es la mas sensata de la familia, esa, había decidido usar el salón para celebrar su cumpleaños.
¿La razón? Muchos invitados no habían respondido las llamadas, y ella no había llamado a nadie de la lista de Heidi. Una pequeña devolución por toda la mierda a mi hermano. Así que definitivamente estaba arriba del plan. Edward lo supo una hora atrás y apenas le importó, nos dejó seguir en nuestra jugarreta infantil sin querer involucrarse en absoluto.
—¿No estás de acuerdo? —le pregunto de vuelta a Jasper.
—Lo último que Edward quiere es tener una razón más para que Heidi siga llamando y quejándose.
—¿Lo llama?
¿Cómo es que yo no sabía nada de esto?
—Diario. Las secretarías no paran de quejarse al respecto, si en la oficina se supo tan pronto es gracias a esas llamadas.
—¿Es que no tiene algo de vergüenza y dignidad? —miro hacia atrás, Edward y James parecen estar platicando al lado de la barra. Cuando vuelvo a mirar a Jasper lo atrapo viendo mi escote de nuevo—, aquí arriba —señalo mis ojos.
—No puedo dejar de preguntarme si esto lo escogiste para torturarme.
—Así fue —admito sin rodeos. Jasper sonríe y sacude su cabeza.
—¿Te irás al departamento de Edward?
Sonrío porque sé en donde terminará esta conversación: sexo.
—No, está un poquito enojado conmigo. Todavía no supera que le tiré anoche las botellas de whisky —se ríe.
—Va a superar a Heidi antes que perdonarte por eso —cuánta negatividad.
—Nos vamos —nos interrumpe James volviendo de manera repentina.
—¿Nos vamos? —levanto una ceja.
—Tú no estás invitada —se apresura a decir James—. Llevaremos a Edward con unas chicas.
¿Chicas?
—¿Te refieres a un prostíbulo? —pregunto sin creerme que esa oferta venga de él.
—Lo que le hace falta es alguien que le haga olvidar a Heidi —responde James, sacudo mi cabeza.
—Eres un idiota. Y si te escucha decir eso te va a partir la nariz como lo hizo con Peter.
Estaba segura de eso.
—Tú sí estás invitado, Jasper.
No miro a Jasper. Me concentro en mantener mi falsa atención en Edward que viene con cuatro cervezas en sus manos. Pero mientras no miro a Jasper estoy imaginando a Jasper. A Jasper con dos bailarinas en ropa interior frente a él, me pregunto si será uno de esos cerdos y pagará un privado con alguna de ellas. Aprieto los labios y pretendo que mi bebida es lo más increíble del mundo. No hay nada que aborrezca más que a esos idiotas que van a burdeles.
—Tengo trabajo mañana —miente Jasper, porque mañana es domingo y a él le gusta quedarse en su apartamento todo el día. Sigo bebiendo para ahogar en el falso alcohol a la sonrisa que se asoma.
—Bien, seremos sólo nosotros dos.
—¿Nosotros dos qué? —pregunta Edward sentándose en la banca frente a mí y entregándole a James y Jasper una bebida. Se queda él con dos.
—Jasper llevará a Alice a su apartamento y nosotros iremos a otro lugar.
Cobarde.
—¿Segura? —me pregunta Edward.
—Están matándome estos zapatos —le doy una mitad a medias, apunto a mis pies, mi hermano me levanta una ceja de no creerme nada—. Bien, bien, tengo una cita en una app de sugar's. Necesito abrir otra cafetería. ¿Eso es más creíble?
James y Edward asienten.
—Idiotas.
Edward me apunta y mira a Jasper a mi lado. En un claro: ¿Puedes hacerte cargo de ella?
—Yo la llevo —dice Jasper encogiéndose de hombros como si no le quedara de otra, entrecierro mis ojos porque es lo que Edward esperaría que hiciera.
—No te aparezcas en mi edificio mañana —me advierte mi hermano, ¿lo ves? Sigue enojado. Pero si logré tirar sus botellas de tequila, por supuesto que iba a tirar las de whisky una vez que supe donde las guardaba, ¿qué esperaba él?
—Bien, bien. Nos vemos el lunes, necesito terminar de patear tu trasero en los videojuegos —me despido.
Me acerco a Edward y dejo un estruendoso beso cerca de su oído.
—No hagas idioteces, ¿de acuerdo?
Y luego al pasar al lado de James estampo mi puño en su costilla.
—¿Nada de besos para mí?
—No.
El problema con James es que cree que el sexo es un sustituto para el corazón… que es básicamente mi problema. Así que lo entiendo, por supuesto, pero no significa que apruebe que use esos métodos en mi hermano, él no está jodido como nosotros… ósea sí que está jodido tras el rompimiento, pero seguro que en unas semanas recuperara el control y calma de su vida para ser el tipo decente que es. Jasper se despide de ellos con un movimiento de manos y nos dirigimos a la salida caminando a una distancia segura, por suerte me doy cuenta que Jasper dejó su automóvil en el sentido contrario al de Edward.
Caminamos hasta donde está su vehiculo estacionado. Luego de lo de esta tarde, me dejó en mi apartamento para que me arreglara, no subió y no volvimos a besarnos, Edward pasó por mí a regañadientes para traerme con él. Así que siento la tensión sexual entre nosotros desde que llegué al bar y la hemos evitado e ignorado por mi hermano, pero sin Edward cerca nada nos detiene. Cuando llegamos a la carcacha de Jasper me acerco a la puerta para que me abra, pero en lugar de hacer eso toma mi cara entre sus manos y me besa sin permiso. O con permiso, porque lo tiene sin decirlo.
Su mano pasa de estar en mi nuca a mi cuello a bajar lentamente por mi blusa hasta ajustarse en mi pecho, acunandolo y apretándome. Gimo bajo mientras mis manos rasgan la parte trasera de su camisa. Mi espalda choca contra el frío metal tras de mí mientras su cuerpo me atrapa con su calidez y caricias. Se presiona contra mí y siento su erección debajo de sus pantalones, fricciono mis caderas contra él, deseando deshacernos de las estorbosas prendas que nos interrumpen, baja sus besos por mi cuello mientras su mano desciende a mi trasero, mientras ni siquiera pienso en dónde estamos ni que podríamos ser descubiertos. Sólo sé que lo quiero a él, así que seguimos tocándonos y besándonos por encima de la ropa sin importar el lugar ni la hora.
—¿Sabes lo difícil que fue?
Sonrío ante la corroboración del exitoso plan de enloquecer a Jasper esta noche.
—Lo siento —pero no me refiero a que lo lamento, sino a que lo estoy sintiendo, a su erección contra mí, vuelvo a apretarme a su cuerpo mientras mis uñas se deslizan debajo de la camisa por su espalda. Paso una mano por su nuca y vuelvo a acercarme para embriagarme de sus labios…
Hasta que unos chiflidos nos interrumpen.
Jasper se separa y en reacción mira hacia atrás, escucho cuando quita el seguro de la puerta y abre para mí, pero los dos hombres a unos pasos de distancia nos siguen viendo con diversión, siento mi pulso en mi garganta. Sus miradas no están en Jasper sino en mí. Recorriendome de pies a… mis pechos, y de regreso.
—Sube, Alice.
Y quiero subir, claro que quiero subir, pero mis piernas se han desconectado de mi cerebro y lo único que puedo hacer es mirar hacia los hombres que están tambaleándose de ebrios. Mis costillas las siento clavarse en mis pulmones impidiéndome respirar y mi corazón golpea repetitivo y aterrado hacia dentro, mientras los hombres sólo se ríen.
—Pero ustedes no se detengan por nosotros —dice uno de ellos apuntándonos, mientras su compañero se carcajea.
Jasper pone su mano en mi cintura y ejerce un poco de presión para animarme a subir al vehículo. Quiero irme, por supuesto, pero no puedo moverme. No puedo moverme. Es como si todo mi cuerpo empujara hacia dentro de mí. No me siento en medio de la calle al lado de Jasper, sino atrapada entre dos cuerpos extraños en medio de un callejón, inmovilizada y aterrada.
—Pero qué damita —dice el segundo con tono burlón. Son dos y yo sólo soy una. Presiono mi espalda contra la puerta de pasajeros tras de mí, pero no consigo moverme y entrar al del copiloto. Uno de ellos da un paso hacia el frente y Jasper lo imita, pero dando un paso a su izquierda, cubriéndome de ellos. Son dos y Jasper es sólo uno. Entra al carro, Alice. No puedo. Puedo sentir el aliento a alcohol, la peste de ellos a tabaco y sudor, sus manos en mi cuerpo, sobre mi boca impidiéndome gritar. Aprieto los ojos, intento respirar y quizás jadeo en busca de aire porque eso consigue atraer la atención de Jasper.
Y de pronto, se gira hacia mí y pone ambas manos en mis mejillas rompiendo mi conexión visual con los extraños, todo lo que tengo frente a mí es ahora la cara de Jasper, me enfoco en él, no estoy en el callejón.
—Sube, amor.
Y tal vez es porque nunca nadie me ha llamado así, o porque Jasper nunca me ha llamado de una manera diferente a mi nombre, tal vez se debe a que su voz me parece más dulce que nunca en una situación tan aterradora como esta. Tal vez es por como sus ojos me miran trasmitiendo su calma. Tal vez estoy demasiado asustada y que él no lo esté me tranquiliza. Pero por primera vez que no me llame por mi nombre me llena, no de enojo ni de rabia, sino de calidez y repiqueteos en mi interior.
Me siento con torpeza en el asiento del copiloto. Jasper cierra la puerta y sin perder su tiempo con los borrachos de afuera rodea el automovil hasta subir a mi lado.
—¿Estás bien? —asiento.
Conduce en silencio, tal vez el silencio es su manera de respetar mi deseo a no hablar sobre lo que ocurrió aquella noche en que salí sola a un bar y me atacaron dos hombres en el callejón. Él debe hilar ideas y haber llegado a esa conclusión.
Pero mi silencio no tiene nada que ver con los borrachos de antes. Sino con la manera en que me llamó Jasper.
Cuando los hombres me cambian de nombre, con un apodo o un adjetivo siempre buscan algo de mí a cambio. Son cursis para que yo sea más flexible y conseguir su cometido. Empalagan su paladar de palabras vacías con falsa cursilería y lo sé. Pero cuando Jasper lo hizo no era acerca de lo que él podía conseguir de mí, sino de lo que él podía darme a cambio: Tranquilidad, protección.
—¿Segura? —insiste con preocupación.
—Uh… sí, claro.
Ya ni siquiera siento el miedo, sólo la montaña rusa de mis emociones dando piruetas dentro de mi estómago. No sobrepienses las cosas. Solo somos amigos con derecho. Recargo mi cabeza contra su hombro cuando se detiene frente a un semáforo rojo. ¿Hace cuanto no pensaba en nadie? Me parece una vida desde entonces. Sacudo despacio la cabeza para mí misma. Sólo estamos pasando el rato, Alice, no va a funcionar, él tiene todo un plan. Intento no pensar en mí o en Jasper así que le presto atención al estéreo del carro por primera vez, es lo único moderno en el automóvil.
—¿Rihanna? —levanto una ceja.
—Gustos culposos —admite Jasper sin mostrarse avergonzado al respecto.
Agarro el celular de Jasper que está debajo del estéreo e introduzco la contraseña para ir a su app de música.
—¿Por qué no me sorprende que lo tengas todo ordenado en tus listas de reproducción? —mi app de música sólo tiene una: Música que me gusta.
Me pongo a revisar lista tras lista y los nombres que tiene para cada una. Rock. Rolas para trabajar. Rolas para fingir trabajar. Sonrío. Musica para hacer pasta. Esta vez una pequeña risa sale de mis labios.
—No te burles, eso es personal.
Intenta arrebatarme el celular, pero recargo mi espalda contra la puerta alejándome de él y sigo deslizándome entre los diferentes títulos.
Tumbtumbtaps. 2000. Los ochenta. Música de los sesenta. Lo mejor de The Beatles. Queen y otros. Música para ella. Me detengo.
—¿Qué es Tumbtumbtaps? —pregunto aunque mis ojos siguen fijos en el nombre de la última lista de reproducción.
—No, no entres a esa —y como él parece avergonzado presiono la primera canción que hay en esa lista de reproducción. El automovil se llena pronto de…
—Música para follar —me rió escuchando el saxofón que es parte de la canción de jazz. Jasper se rie también y estira su brazo hacia mí exigiendo su teléfono— ¿Por qué? —paso a la siguiente canción.
—¿Y por qué no?
Jasper es un planeador exhaustivo, tanto que ya tiene la lista de reproducción que compartirá con ella. Respiro lento y luego sonrío burlona.
—¿No es esto muy cursi incluso para ti? —pregunto señalando en su celular la lista de reproducción que creó pensando en Ella. Pero Jasper no responde ni sigue mi broma. Entro a la lista de canciones y presiono la primera.
Ella que era la más seca que viste por aquí, cara de asco bajo mar de pecas…
—Venga, que así no vas a conquistar a ninguna mujer —no era tan mala, ni el tan bobo solo la mujer cactus y el hombro globo—. Aunque la canción tiene ritmo, si no habla español seguro que la enamoras.
Esta vez se ríe.
—Elegir una mala canción debe ser el modo moderno de perder a una mujer.
—No es moderno, esto es algo que ocurre desde que existe la música —contradigo, presiono opciones hasta que consigo enviarme su lista de reproducción a mi whatsapp—. Voy a escucharla y te daré consejos para que no bajen tus oportunidades.
—¿De verdad? —hay una incómoda ilusión en su voz. Asiento. Entre más consciente sea lo temporal que es esto más sencillo será tener los pies en la tierra.
—Como tu amiga con derecho esta es una obligación para mí. Aunque sería más sencillo si supiera de quien se trata.
—Sería más sencillo, pero te gusta lo difícil, Alice —¿está retándome?
—De acuerdo, de acuerdo, voy a escucharlo y si suenas ardido y con el corazón roto o como un pervertido que se obsesionó con una mujer, te lo haré saber.
—No estoy obsesionado con… ¿sabes qué? Suena bien, escucha la lista, pero tienes que hacerlo como si fueras ella, no como Alice que tiene urticaria cuando alguien dice algo romántico, sino como si fueras la mujer que está… abierta a enamorarse de mí.
—Uy eso es tan cursí —bromeo, pero le doy un apretón a su pierna— suena a un buen reto, pero si tu lista termina sin canciones no llores.
—¿Y entonces que piensas de esta canción?
—Le sacaría los ojos al que me llame de ese modo, pero tiene un buen ritmo. Así que le daré una oportunidad y la escucharé de nuevo mañana.
—Olvidaba que eres una obsesionada con la música.
—No soy una... —me interrumpe.
—¿Sigues escuchando la misma nueva canción hasta el cansancio?
Sí, sí era una obsesionada. Cuando una canción me gustaba la escuchaba día y noche hasta hartarme de ella o añadirla a mi lista de música que me había gustado. Porque si luego de varios días escuchándola día y noche no terminaba odiando la canción entonces la canción era buena de acuerdo a mi filtro musical.
—Sí —respondo entre dientes.
—Esperemos que sobreviva un par a tu estudio exhaustivo.
—Con suerte sobrevive una.
El resto del camino hablamos del idiota de James. Ambos concordamos que Edward va a irse en cuanto descubra a donde lo lleva. La cuestión es si James saldrá ileso de eso. Jasper dice que al menos un golpe y yo estoy segura que no, que no lo golpeara pero lo dejará sin raite.
—Llegamos —dice estacionando frente a mi edificio.
—¿Quieres… —señalo hacia afuera invitándolo a subir.
—¿Alguna vez has tenido sexo frente a tu departamento?
—Uhm…
Al menos una decena de veces, cuando no quiero que entren este es un buen lugar para follar. Jasper me rueda los ojos comprendiendo.
—Pero nunca he tenido sexo en las escaleras de emergencia.
—¿Eso está en el exterior o por dentro del edificio?
—Por dentro, definitivamente por dentro.
/
Cuando terminamos estamos sudorosos. Me río mientras cepillo el cabello de Jasper con mis dedos hacia atrás, besa mi cuello repetidas veces y me río.
—¿Qué tal ha estado para ser una… ¿cómo lo llamabas?
—Un reciclaje.
—Claro, ¿qué tal ha estado este reciclaje humano?
—Bien —digo contra su frente. Pellizca mi trasero— muy bien —digo ahora entre risas.
—Eso pensé.
Se pone de pie llevándome con él y me deja en el suelo. Busco mi ropa en el suelo, mientras él hace lo mismo.
—Necesito tirar esto —dice con el condón con un nudo entre sus dedos.
—Por acá.
Quita el seguro de la puerta de emergencia y salimos al pasillo de mi piso. Una vez que abro la puerta de mi apartamento, entramos en silencio y él va al baño que le indico con mi dedo índice.
¿Quiero que se quede? ¿Quiero que se vaya?
—Eso ha estado… diferente.
¿Diferente? ¿Está de joda? Lo he añadido a mi top 10 y él dice que estuvo diferente.
—Pienso igual —sonríe burlón.
No intenta alargar su estadía ni parece esperar que lo invite a quedarse un rato más, va directo a la puerta. ¿No es esto lo que me gusta? Sexo gratis, divertido y sin ataduras. ¿Por qué no se siente bien de pronto?
—Llamame si quieres repetir —dice Jasper abriendo la puerta, asiento. Ladea un poco su cara y recompongo mi expresión.
—Ya, claro, yo te llamo —da un paso fuera y luego otro y cierra la puerta.
Me quedo sola en la sala mirando a la puerta, suspiro. ¿Esto es lo que yo quería, verdad? ¿Entonces porque no se siente así? Miro la hora en mi celular, son casi las cuatro de la mañana, pero mi cerebro va a mil por hora. Así que no quiero dormir.
Mi celular vibra. Jasper. Espero que suene tres veces antes de responder.
—¿Sí?
—¿Me dejé la billetera en tu baño? —sonrío.
—Ah… deja reviso.
Me levanto del sillón y camino al baño, al lado del lavamanos está la billetera. Muerdo la sonrisa con mis dientes sobre mi labio inferior, tomo un poco de aire antes de animarme a hablar para que no se note la emoción en mi voz. ¿Usara la excusa de la mala memoria para volver? Me gusta.
—Aquí está.
—¿Dentro están las llaves de mi apartamento?
—¿Quién guarda sus llaves aquí?
Abro la cartera. En la bolsita donde guarda el dinero está su llave.
—Sí, aquí está.
—Mierda.
—¿Vendrás por ella?
—No, le pediré al portero que me abra la puerta.
Oh. La sonrisa desaparece de mi cara.
—Bien. Veré mañana a Edward, le diré que te la entregue.
—Gracias.
Cuelga.
Apago la televisión y me acuesto en la cama mirando hacia el techo. Ni siquiera lo pienses, Alice. Levanta tu trasero y actua normal. Le envío un mensaje a Edward pidiéndole que pase a mi apartamento por la cartera cuando se desocupe.
Me levanto, desvisto y voy al closet por ropa de cama de seda para ponerme de mejor humor. En el baño me desmaquillo, lavo la cara y pongo una mascarilla. Y mientras espero que se seque, tomo mi celular y voy a la lista de reproducción que me envié mientras camino de regreso a la sala. Me siento con todas mis energías renovadas y nada de ganas de dormir.
¿No es extraño que él tenga una lista de canciones que le recuerdan a una mujer con la que al parecer nunca ha salido? Eso suena a lo que haría uno de esos acosadores creepys, o… un hombre enamorado.
Enhorabuena por él, aunque el revoltijo en mi estomago no piense igual que yo. Ser consciente que Jasper tiene un amor platónico al que le crea listas cursis de canciones lo hará más sencillo. Nos estamos divirtiendo, es sólo eso, lo hemos dejado claro hoy por la tarde. No cambiamos de categoría, seguimos siendo amigos con derecho, sólo eliminamos la estorbosa etiqueta de no exclusividad.
Eso significa que cuando él encuentre las agallas para declararle sus sentimientos a esta persona, me lo dirá primero a mí, sin sorpresas ni decepciones. Y yo… volveré a lo que me gusta, eso va a pasar conmigo. También tengo mi plan. Sexo hasta los treinta y luego eterno celibato. No, no me haré monja, sólo no volveré a perder mi tiempo con idiotas. Me dedicaré exclusivamente a mí, viajaré por el mundo y seré muy feliz siendo una mujer soltera por elección.
Jasper es honesto. No finge que no tiene sentimientos por esa extraña de la que todas sus hermanas hablan, no pretendió ignorar de lo que le hablaba Peter esa noche, no ocultó el hecho de que iba a irse a golpes con esa idiota por defender el honor de ella. Y cuando yo se lo pregunté tampoco lo negó. Hay alguien que por alguna estúpida razón no se ha fijado en él.
Selecciono desde la app la siguiente canción de la lista, Always been you de The sweeplings, y hago que se repita la misma en el aparato de Alexa de la sala y de la habitación.
Pongo la canción mientras invado la privacidad de Jasper. Se ve ridículo en su cedula profesional, aunque definitivamente la persona que le tomo la foto para su licencia de manejo le hizo un gran favor, excelente trabajo de hecho. Tiene varias tarjetas de crédito, una membresía de cine, tarjetas de debito, vales de gasolina y… un ticket.
Lo saco y reviso.
¿El ticket de nuestra primera cita? Tocan a la puerta. Debe ser Edward, con suerte podremos sentarnos y maldecir a sus amigos en lo que resta de la noche. Voy hacia la puerta aun con la billetera de Jasper en la mano, intento regresar a su lugar todas las tarjetas y el ticket. ¿Por qué tienen que hacer billeteras tan apretadas? Bah. Que se encargue Edward.
Abro la puerta y doy media vuelta de regreso a la sala intentando meter las identificaciones en su lugar, esto me gano por fisgona.
—¿Te divertiste en el prostíbulo? —bromeo.
—Buscando las llaves, espero —doy un brinco en mi lugar al escuchar su voz y lo miro— ¿eres como Fiona de Shreck? —no sé de lo que habla.
—¿Eso es una caricatura? —asiente— yo no veo caricaturas.
—Lo sé. Vengo por mi llave.
—Pensé que dijiste que el portero iba a abrirte la puerta.
—Pero tenía que ponerle gasolina al carro —dice encogiéndose de hombros, como si volver hasta acá no tuviera relevancia. Asiento, así me gusta a mí. ¿Lo recuerdas?
—Quería asegurarme que fuera tuya —digo dándole la cartera y las tarjetas amontonadas encima.
—¿Lo es? —asiento.
—¿Has sabido algo de Edward?
—No.
Nos quedamos en silencio.
—Iré a quitarme la mascarilla —aviso, en el baño me apresuro a hacer que la mascarilla salga de mi piel lo más rápido que puedo.
Para cuando regreso Jasper está terminando de acomodar sus tarjetas en la billetera y la pone dentro de su bolsillo.
—¿Vas a salir a alguna parte? —bromea Jasper hacia mi atuendo mientras se guarda la billetera en el pantalón.
—Claro, una fiesta de pijamas —volvemos a quedar en un extraño e incomodo silencio—¿Harás algo mañana… hoy, más tarde?
—Dormir hasta tarde —Jasper mira hacia la puerta, parece que ya quiere irse. Tal vez planea alcanzar a James y Edward— ¿y tú?
—Estar en casa.
Toma uno de los cojines del sillón y juguetea con él entre sus manos.
—¿Y tu pijamada tiene peleas de almohadas?
—Ni lo pienses.
Pero es demasiado tarde. Me persigue por todo el apartamento con dos cojines y yo intento fingir que estoy huyendo de él. Entro a mi habitación y me sigue. Se detiene cuando ve mi cama, me lanza un cojín sin fuerza y yo lo atrapo en el aire.
—Llamame pronto, Alice.
—¿Te acompaño a la puerta?
Sonríe.
—No quisiera perderme.
Cuando cierro la puerta recargo mi espalda contra la puerta.
Y como si el destino se burlara la canción se repite por a saber qué número de vez. Always been you, ya, claro. Jasper siendo cursi por otra mujer y eso no me basta para entenderlo. Pongo mi mano en el picaporte de la puerta.
Miro hacia el techo buscando algo de sensatez en mí. No vayas. No vayas. No vayas. Con un poco de suerte él está parado frente al elevador, con más suerte él decidió bajar las escaleras para recordar lo que hicimos antes. No vayas.
Abro la puerta.
Jasper sigue parado frente a mi puerta con un puño levantado a punto de tocar, sonríe al verme y automáticamente una sonrisa boba sale en mi cara. Sacudo mi cabeza.
—Olvide mi cartera —miente señalando detrás de mí.
—Claro que sí.
Pasa sus manos por debajo de mi trasero y me levanta. Enredo mis dedos en su cabello sujetándome al mismo tiempo, camina y con mi pie pateo la puerta para cerrarla.
Lo beso con ansias mientras sus manos recorren mi trasero y espalda, me pega contra la pared y su cuerpo.
—¿A dónde?
—Mi habitación.
—No llevas ropa interior —dice mientras mete su mano debajo de mi blusa de seda.
—No la necesitamos de todas maneras
Pero Jasper no se mueve, reteniéndome contra la pared y su cuerpo. Jala mi cabello hacia abajo y mi cuello se expone a sus caricias. Hambriento de mí. Gimo fuerte cuando encuentra mi punto débil.
—Estás ha…ciendo trampa —me quejo en medio de un gemido.
—Nunca dije que fuera a jugar limpio contigo, Alice.
Por suerte, no quiero que juegue limpio.
Por suerte, no quiero que juegue limpio ni esta noche ni nunca
¿Qué te pareció el capítulo de hoy?
Alice sintiendo más, y ya sólo faltan dos citas para llegar a la prometida séptima cita.
Cuéntame tu parte favorita.
Quería comentarles que esta historia tendrá 3 partes. Lo que significa que tendrémos para rato a Jasper. El unico pero, que vale la pena, es que al finalizar cada parte me daré un descanso de un mes para continuar y así poder editar y seguir manteniendo actualizaciones semanales.
¿Qué te parece?
Nos leemos pronto.
Adelanto especial en mi cuenta de Instagram: Anbethcoro/
Usuario: Anbethcoro
¿Qué te ha parecido este capítulo?
Alice enloqueciendo, Jasper enloqueciendo, James disfrutando de la locura de los dos y finalmente actuando como adultos que se sientan a poner todas las cartas sobre la mesa. Casi todas.
Pero ya llegarémos a esa mentada septima cita que Jasper ha estado prometiendo desde que no pudo responder la pregunta de Alice en la tercera cita.
Mañana actualizaré Una dama de burdel, por la noche porque saldré a una escapada al campo este fin de semana así que estaré sin internet.
¿Cuánto falta para que aparezca Elisa y se hile la historia de Una dama de burdel con esta? Exactamente tres más. Aunque estos siguientes capitulos son sobre esa noche del sábado-madrugada del domingo en la que se encuentran así que de alguna manera estamos cerca.
