DGM no me pertenece.
Winter love
Era una noche antes de Navidad, Road se encontraba en casa de Allen ayudándolo a decorar. Sorprendentemente, ella se había portado bastante bien, no había roto nada y la casa, aunque pequeña, había quedado maravillosamente.
—Quedó muy lindo, Allen.
—Gracias a ti Road, esto no hubiera quedado tan lindo sin el toque femenino.
Road rio ante el cumplido.
—Y entonces, ¿qué harás mañana? —le preguntó la chica.
—Nada en especial—le contestó con un poco de tristeza en su voz.
—¿Puedo venir? — Allen reaccionó confundido—quiero pasar la Navidad contigo. ¿Puedo?
—Pero ¿y tu familia?
—Cenaré antes con ellos y luego vendré. No te molesta que venga, ¿verdad?
Road usaba un tono de voz bastante esperanzado. Allen, aunque sorprendido, aceptó.
—Serás bienvenida, Road.
—Gracias. Pero, ahora debo irme antes de que mi padre se enoje y no me deje venir mañana.
Allen sonrió al recordar que tan protector era Sheryl.
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Allen Walker no quería aceptarlo, pero le gustaba la compañía de Road y esperaba con ansias que llegara la Navidad.
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Ya era nochebuena y Allen tenía todo listo. Tenía la cena servida y un pequeño regalo para Road que había comprado sin proponérselo. Estaba sentado en la sala, esperando nervioso.
A las 10 de la noche, el timbre de la puerta sonó y se apresuró a abrir la puerta, encontrándose con Sheryl y Road.
—Allen Walker—dijo el Noah.
—Sheryl, buenas noches.
—Te dejo a cargo a Road, volveré por ella en tres horas.
Allen solo asintió. Sentía perfectamente que tan celoso estaba Sheryl de él. Ambos se despidieron antes de que Road entrara a la casa.
—Tu padre da miedo.
—Solo quiere protegerme.
—Es obvio que no te haré nada malo.
—Él no cree que vayas a hacerme algo malo—respondió recalcando la palabra malo.
La velada transcurrió entre risas y bromas. Especialmente porque Road se ofreció a preparar un pastel, hasta había llevado todos los ingredientes necesarios.
Al finalizar la preparación, ambos estaban cubiertos de harina y glas. Tuvo que prestarle una camisa a Road para que se cambiara.
—Te queda grande—le dijo riendo al verla ya con su camisa puesta.
—Eres más alto que yo, por eso me queda así.
—Y tú eres muy pequeña.
—¡Oye! — Road lo golpeó en el pecho para desquitarse.
—Perdón—dijo aun riendo—, pero no me vas a dejar mentir al respecto.
—Malo.
Ambos se sentaron en frente al árbol navideño para comer el pastel. Mientras comían y conversaban, ya pasaban de la media noche. Allen quería darle su regalo, pero estaba muy nervioso. Era la primera vez que le compraba un regalo a alguien, especialmente a una chica.
—Road—la llamó apenas con un susurro—toma—sacó una cajita morada de su abrigo y se la entregó.
Road sorprendida, lo tomó.
—¿Qué es?
—Ábrelo.
Ella obedeció, encontrándose con un lindo adorno para su cabello, con unas lindas flores rojas.
—Es precioso—dijo alegre—¿es para mí?
—Es un regalo de Navidad, no es mucho, pero lo vi y pensé en ti, así que lo terminé comprando, además falta mucho para tu cumpleaños.
—Realmente muchas gracias, Allen, me encanta. Yo también te tengo un regalo, pero no de Navidad, si no de cumpleaños. Mira arriba.
Allen alzó la cabeza y vio un muérdago colgando sobre él y antes de que pudiera preguntarle cualquier cosa a Road, ya la tenía sobre sus labios. Se quedó quieto ante el contacto. Era apenas la segunda vez que lo besaba, así que no tenía idea de qué hacer. Road abandonó sus labios segundos después.
Allen la miró sonrojado. No sabía qué hacer ni qué decir, así que dirigió su vista al muérdago sobre su cabeza.
—Con todo y muérdago, ¿eh?
—Hay que seguir la tradición. ¡Feliz cumpleaños, Allen!
—Gracias—susurró apenado.
No sabía qué pensar de Road, ella era muy linda con él, aunque tuviera su lado loco. Pero, eso le hacía tener una personalidad única. Hace mucho Road le había dicho que le gustaba, pero ¿seguirá sintiéndose de esa manera?
—Road, ¿te gusto? — le preguntó sin meditarlo mucho.
—Si no fuera así, no te hubiera besado. Además, no solo me gustas, te amo Allen.
Esa declaración hizo que se sonrojara aún más, pero sintió una gran calidez en su interior. ¿Tan solo necesitaba escucharlo? Tomó la mejilla de Road que seguía sobre sus piernas y con un brazo en su espalda, la comenzó a acercar a él, pero cuando sus bocas casi se tocaban de nuevo, el timbre sonó.
Ambos miraron a la puerta y suspiraron irritados. ¡Los habían interrumpido! Allen abrió la puerta y se encontró a Sheryl como suponía. El Noah del deseo, vio a su hija y pegó el grito en el cielo.
—¡¿Por qué tienes esa ropa?!
—¿Esto? —Road señaló la camisa que usaba—, en que preparamos el pastel, mi blusa se manchó—explicó.
—Así que yo le presté una de mis camisas, pero le quedó grande—agregó Allen con calma.
Sheryl asintió, aunque nada convencido.
—Vámonos, Road.
Después de despedirse, Road se fue. Allen solo pudo desear que no lo hubiera hecho, pero ¿qué más podía hacer? Sheryl jamás permitiría que Road pasara la noche ahí. Miró a la sala. Se hallaba todo tan vacío y solitario a comparación de unos minutos atrás. Suspiró. No tenía nada de sueño, así que tenía que pensar en qué ocupar su tiempo.
Una hora después, los ojos se le empezaban a cerrar, más por el aburrimiento que de cansancio.
—Te estás quedando dormido—escuchó que alguien le diga. Abrió los ojos de golpe y se encontró con Road quien lo miraba sonriente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sin ocultar su sorpresa.
—Sentí que no querías que me fuera.
Allen tuvo que mirar a otro lado avergonzado. Ella se había dado cuenta. Prefirió cambiar el tema.
—¿Cómo viniste?
—Con mi puerta, por supuesto.
—¿Sheryl lo sabe?
—Hasta crees que le iba a decir, él cree que estoy en mi habitación durmiendo. Además—agregó dando un paso más hacia él—si mal no recuerdo mi padre interrumpió algo.
El chico se sonrojó. Vio como Road con un lento caminar se acercaba a él, volviéndose a poner sobre sus piernas.
—Además, el muérdago sigue aquí.
Allen miró sobre su cabeza, donde se hallaba el dichoso muérdago y le sonrió.
—Hay que seguir las tradiciones, ¿no?
