A MIXED CD

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I knew I liked you

'cause I wanted to make you a mixed cd

— Brittany Snow

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Monday 26th: "Because I'm in love with you, dumbass!"

Resumen: Por extraño que pueda parecer, Chloe no es de las que celebra su cumpleaños por todo lo alto. O de las que lo celebra, directamente. Pero este año va a ser diferente, aunque ella no lo sepa todavía.

Rating: K+


- ¡Hola!

El grito de Beca, el mismo que da siempre que llega a casa de sus prácticas en Residual Heat para anunciar su presencia, pilla a Chloe recostada en su cama, leyendo tranquilamente uno de los muchos libros que se apilan en su mesilla y estanterías.

Se detiene a mitad de una frase y sonríe, pero no responde, porque sabe que Beca ya habrá visto su coche en la entrada, sus zapatos al lado de la puerta y sus llaves en el bol, y vendrá a buscarla en cualquier momento.

Efectivamente, el sonido de los pasos acelerados de Beca en las escaleras se vuelve cada vez más fuerte hasta que la cabeza de su mejor amiga asoma por el umbral de la puerta abierta de su cuarto.

- Hola – saluda entonces Chloe.

- Hey – exhala Beca, algo falta de aire por haber subido tan rápido. Se recuesta contra el marco, recolocándose la funda del portátil cuando le resbala del hombro –. Felicidades – dice en tono suave.

A pesar de que esta mañana Chloe se despertó con una felicitación de Beca esperando por ella en su móvil, y un post en Instagram con una recopilación de todas sus peores fotos juntas, sabía que Beca volvería a repetirlo cuando por fin se vieran cara a cara.

Lleva siendo su modus operandi desde que se conocieron hace cuatro años, y no va a cambiar ahora.

Chloe lucha contra su instinto inicial al escuchar esa palabra en el día de hoy: tensarse, ignorarla, rechazarla. El peso del pasado todavía se sienta en el fondo de su estómago, le llena la boca de su sabor amargo y el pecho de la niebla de la aprehensión.

Pero son los restos de una Chloe que ha crecido, y ha cambiado, y está intentando dejar ciertos recuerdos y comportamientos atrás, demasiado preocupada sintiéndose liviana por primera vez en su vida como para mirar ni una sola vez por encima del hombro.

- Gracias – Chloe hace un pequeño gesto agradecido de cabeza y le regala una tímida sonrisa.

- ¿Te apetece ir a cenar a algún sitio, ya que estamos solas? – ofrece Beca con despreocupación, sin darle importancia, para que no parezca que pregunta solo porque es el cumpleaños de Chloe –. Llevo toda la semana con antojo del brownie del sitio ese al que me llevaste el mes pasado.

- Oh, ¿El Jardín Secreto?

- Ese – Beca chasquea los dedos y asiente, como si estuviera memorizando el nombre.

Chloe ríe y cierra su libro, colocándolo en la mesilla.

- Déjame que me vista y vamos.

Beca asiente.

- Vale, voy a dejar mi portátil mientras tanto – señala con la cabeza hacia su izquierda, a las escaleras que suben a la buhardilla, y se empuja con el hombro en el marco de la puerta para incorporarse.

- Perfe – exclama Chloe, ya a medio camino de su armario.

Justo está abrochando el cierre metálico de sus sandalias cuando Beca vuelve a aparecer por el hueco de su puerta, habiendo cambiado la elegante cazadora de cuero con la que había ido a trabajar por una de sus famosas camisas de franela.

Chloe hace el amago de ir a coger su bolso, pero Beca sacude la cabeza en una negativa.

- Déjalo, no lo vas a necesitar. Invito yo.

- Bec… – la protesta de Chloe nunca llega a abandonar su boca, porque su mejor amiga le lanza una mirada de ligero reproche que hace que las palabras pierdan su fuelle en la punta de su lengua.

- Es una ocasión especial – le recuerda Beca, no sin cierta amabilidad.

Chloe pone los ojos en blanco y suspira de forma casi imperceptible, porque incluso un gesto tan pequeño como ese, al que no daría importancia en un día cualquiera, en su cumpleaños le llena de inquieta incomodidad.

Cuatro años más tarde, Chloe todavía no se ha hecho a la idea de que su familia de ahora no es su familia de antes, de que su afecto y su interés es genuino.

Las Bellas respetan sus deseos de tratar su cumpleaños con la menor cantidad de relevancia posible, pero sus ganas de celebrar su día, a Chloe, siguen ahí, mostrándose a través de pequeños detalles con los que Chloe todavía está intentando hacer las paces.

Por eso se traga sus protestas, su insistencia de que, no, no es una ocasión especial. Sabe que es una pelea que nunca va a conseguir ganar y, además, su lista de prohibiciones para el día de hoy es tan larga y variada que es el turno de Chloe de dar su brazo a torcer.

Tiene que dejarles hacer algo a las Bellas, por insignificante o irrelevante que pueda parecer.

- Como tú quieras – se resigna, encogiendo un hombro. Coge el móvil de donde lo dejó cargando sobre la mesilla y se vuelve hacia Beca –. Ya estoy.

Beca le sonríe y hace un pomposo gesto con la mano, una invitación a que salga de la habitación frente a ella, que le arranca una risa a Chloe.


Resulta extraño que Chloe no sea de las que celebra su cumpleaños por todo lo alto. O de las que lo celebra, directamente.

Sabe que mucha gente lo encuentra de lo más sorprendente cuando se entera, y Chloe supone que puede entender por qué. Su optimismo y alegría general dan la impresión de que sería el tipo de persona que no solo celebra el día en que nació, sino la semana, o el mes entero, solo por el gusto de celebrar.

Y no es que tenga un problema con los cumpleaños en sí. Más bien al contrario, cuando se trata del de literalmente cualquier otra persona, Chloe se convierte en una niña pequeña otra vez. Se puede palpar su excitación contenida con un mes de adelanto.

Le encanta planear fiestas sorpresa, escoger la tarta perfecta, tener listas secretas de ideas para regalos que va actualizando de manera regular a lo largo del año, sin importar cuántos meses queden todavía, y esconderlos en su armario, envueltos en el papel más adorable que hubiera, para que no los encuentren.

¿Su cumpleaños, sin embargo? Le es indiferente.

Desde bien pequeña aprendió a no esperar mucho, y luego nada, de él.

Chloe creció en una familia con medios suficientes como para que su única preocupación fueran las apariencias, donde los problemas se solucionaban con dinero y las muestras de afecto eran a través de regalos extravagantes e impersonales que se sentían más como un soborno.

Chloe creció rodeada de desconocidos que iban y venían, la única constante en la que podía confiar: institutrices, asistentes personales, esteticistas, personal shoppers, fotógrafos profesionales, profesores particulares —de piano, violín, ballet y, por fin, tras mucho pelear por ello, canto—, y empleados del hogar.

Chloe creció a la sombra de cuatro hermanos, cada cual más perfecto, y siendo siempre menos: la menos inteligente, la menos exitosa, la menos elocuente, la menos serena, la menos correcta, la menos sensata, la menos la menos la menos.

En su familia, los cumpleaños no se celebraban para estar juntos, para festejar un año más con las personas más cercanas e importantes, para reunirse todos alrededor de una tarta llena a rebosar de velas y soplar al unísono.

No, en su familia, los cumpleaños eran solo una magnífica oportunidad para emular las fiestas de famosos que ni siquiera sabían de su existencia, para conseguir la publicación perfecta en Facebook, o para eclipsar el del hijo de Marissa, la de Recursos Humanos, que había sido la comidilla de la oficina durante un mes entero.

No era una celebración sincera —nunca nada lo era, todo servía a un propósito mayor, incluso cuando no lo parecía; esa es una lección que Chloe aprendió a la fuerza—, de modo que Chloe prefirió que su día se tratase como uno más y nadie objetó.

Empezó a marcar una clara distancia, y nadie objetó.

Sus hermanos adoraban la atención, se crecían bajo ella igual que una planta con los rayos del sol, y recibieron las noticias con enorme alegría. Una persona menos con la que luchar, una persona menos con la que compartir el interés ajeno.

Sus padres, como siempre, lo vieron como una oportunidad a su favor: ahorraban en gastos que podían destinar a otras cosas y, además, ya no tenían que inventar excusas para su hija con tendencias artísticas frente a sus amigos con carreras respetables y exitosas.

Entonces, Chloe llegó a Barden con el corazón lleno de esperanza y unas ganas ardientes de encontrar a su gente, a la familia que escoges.

Pero se encontró con que las Bellas de Alice funcionaban por el interés, a base de lo que puedas hacer tú por mí hoy, y mañana, hasta el día que falles; con una retorcida moral que a Chloe le resultaba dolorosamente familiar, como si su infancia y adolescencia solo hubieran servido para prepararla para ese momento.

Así que, una vez más, Chloe nunca dijo nada sobre su cumpleaños y nadie objetó.

(Aubrey se dio cuenta.

Aubrey preguntó.

Pero Aubrey creció en una familia pragmática, fría, disciplinada, donde la perfección era exigida y no se contemplaba el fracaso, y las muestras de afecto eran a través de incomprensibles proverbios y comentarios sobre lo que se podría haber hecho mejor.

Aubrey creció bajo el firme mando de un padre exmilitar que parecía haber olvidado que ya estaba jubilado, que su casa no era un campo de batalla en plena guerra de Vietnam y su hija un soldado raso.

Aubrey creció tan aterrorizada de su posible incapacidad para alcanzar los —surrealistas— ideales que su padre había marcado para ella que su cuerpo se bloqueaba de forma tan violenta que le daba por vomitar a propulsión.

Aubrey tenía sus propios traumas con los que lidiar, sus propios demonios que exterminar.

Y, cuando Chloe se encogió de hombros y dijo, como quien no quiere la cosa, que en su familia los cumpleaños se celebraban por los motivos equivocados y por eso ella prefería no celebrarlo directamente, Aubrey la miró con tanta comprensión que de inmediato Chloe supo que Aubrey y ella compartían cicatrices.

Aubrey entendió.

Y nunca más volvió a tocar el tema.)


Apenas acaban de bajar las escaleras del porche, cuando Beca exclama como si se hubiera olvidado de algo.

- Ah, espera – pide, quedándose quieta en seco en el sitio –. ¿Te importa que pasemos primero por casa de los Trebles? Solo será un momento, Jesse tiene uno de mis discos duros y no quiero que se lo lleve accidentalmente a Nueva York.

- Claro, no hay problema – acepta Chloe, encogiéndose de hombros.

Cambian de dirección, y en vez de seguir recto, se meten por el estrecho sendero que rodea la casa hasta el jardín. Igual que si fuera una noche más en la que van de camino a una de las míticas fiestas de los Trebles, atraviesan la línea de setos que separa a las Bellas de sus vecinos.

- Entramos ya por aquí – le dice Beca de repente, parándose frente a la puerta lateral de la verja que secluye el jardín de los Trebles.

Chloe no lo cuestiona, suponiendo que Beca solo está siguiendo las indicaciones de Jesse.

Sigue a su mejor amiga a través de la puerta de madera, que cruje sobre los goznes cuando la abren, y casi le da un infarto cuando, de repente, se encienden todas las luces y un considerable grupo de personas salen de sus escondites para gritar:

- ¡SORPRESAAAAAA!

La mirada incrédula de Chloe recorre a los presentes: todas las Bellas en primera fila, y la mayoría de los Trebles flanqueándolas o esparcidos por detrás; sus cabezas adornadas con coloridos sombreros de pico.

Hay una guirnalda colgada de lado a lado del jardín con letras coloridas que desean: "Feliz cumpleaños".

Y si Chloe rompe a llorar, es solo porque vuelve a tener a sus personas favoritas en todo el mundo reunidas en un mismo sitio, por lo que probablemente sea la última vez en una larga temporada.

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- Oh, mierda – exclama Beca en un murmullo cuando ve a Chloe taparse la cara para llorar en sus manos –. ¿Son lágrimas tristes o felices? – inquiere con auténtica preocupación, una de sus manos tensa en el bíceps de Chloe como si estuviera preparada para sacarla a rastras de allí ante la más mínima señal de que está incómoda.

Chloe suelta una risa húmeda y se destapa para que Beca pueda ver la sonrisa temblorosa que curva sus labios hasta que prácticamente le tocan las orejas.

Sin embargo, nunca llega a responder porque, en ese preciso momento, ve a Aubrey aparecer de detrás de las Bellas con un gorro en la cabeza y una amplia sonrisa, como si fuera una doble sorpresa, y lo que sale de su garganta es un grito emocionado en vez de palabras coherentes.

Chloe se lanza a sus brazos y las risas de Aubrey en su oído, la firmeza con la que sus brazos se enroscan en su cintura, el aroma cítrico de su champú y el dulce de su perfume, son como volver a casa.

Cuando se separa, mantiene las manos en los hombros de su mejor amiga para poder mirarla bien, a pesar de que no hace tanto que no se ven: desde que volvieron de Copenhague con las maletas pesadas por la victoria y los adioses que estaban por venir y no se querían decir.

- Feliz cumpleaños, Chlo – dice Aubrey en voz suave.

La pelirroja sonríe, agradecida, pero no responde. Prefiere fingir que esta fiesta es una reunión sin más, la despedida que hablaron de hacer mientras volvían de Europa pero que al final no les dio tiempo a organizar.

Le recoloca el gorrito a Aubrey, que se le ha torcido durante el abrazo.

- ¿Cómo te las has apañado para montar todo esto? – exclama, y su tono oscila entre el reproche, la incredulidad, y el agradecimiento; porque sabe que a Aubrey le esperaba una temporada de mucho trabajo en el retiro.

La sonrisa de Aubrey flaquea, cogida desprevenida. Cambia el peso de un pie a otro, algo incomoda, y su mirada salta de Chloe a otro sito, y de vuelta a Chloe, como si estuviera comprobando algo.

- Oh, no, Chloe – niega con la cabeza, su ceño fruncido en un gesto casi contrariado –. En realidad…

Pero las Bellas, impacientes, consideran que ya han esperado suficiente y escogen ese momento para acudir a Chloe como abejas alrededor de su reina, vibrando de excitación por el reencuentro.

La pelirroja desaparece entre besos, abrazos y cabellos de diferentes colores, y no llega a escuchar el resto de la respuesta de Aubrey.

Sin embargo, la información termina llegando a Chloe por otros medios: una vez la emoción de las Bellas se calma, y se han dicho todo lo urgente que tenían que decirse, y el aro humano que han formado a su alrededor se dispersa, es Stacie quien se lo explica.

- Lo ha organizado Beca – le dice con un brillo cómplice en sus ojos verdes y un gesto de barbilla hacia la morena.

Muy sorprendida, Chloe se vuelve hacia su mejor amiga, que está algo apartada —todavía poco convencida de las muestras grupales de afecto—, con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus vaqueros y balanceándose sobre sus pies con algo de incomodidad.

Hace un torpe saludo cuando la atención de Chloe cae sobre ella y enseña los dientes en esa sonrisa barra mueca avergonzada que es tan característica suya.

- ¿Has sido tú? – pregunta Chloe.

Y no pretende sonar tan sorprendida, o por lo menos ser tan obvia con la emoción hasta el punto de que parece que esté restregando su incredulidad por la cara de su mejor amiga, pero es que… Lo está.

Se podría haber esperado esto de cualquier otra persona: Aubrey, las Bellas, y hasta de los Trebles o de su grupo de amigos de las clases de arte.

Pero no de Beca Mitchell.

Ella es la primera que prohibió todo tipo de sorpresas en su cumpleaños, ella es la primera que odia organizar las logísticas de cualquier tipo de evento al que atiendan más de cuatro personas, ella es la primera que prefiere las celebraciones relajadas con la familia inmediata para toda ocasión.

Y, sin embargo, Beca da un corto asentimiento y responde con un "sip" algo seco, lleno de incomodidad, quizá por estar siendo el centro de atención de todas las personas que las rodean y que se han enterado de la confusión, o quizá por ver que Chloe dude tanto de su capacidad para organizar algo así.

Se hace una pausa embarazosa, como si todos los que están siendo testigos de la conversación estuvieran sintiendo vergüenza ajena, sus respiraciones contenidas a la espera de ver cómo pretende Chloe arreglar esto.

Chloe siente arder sus mejillas y un mal sabor se extiende por su boca.

Porque Beca también es la primera en buscar la forma de enlazar la banda sonora de la película favorita de un amigo en una actuación solo para pedirle perdón, es la primera en colar a su amiga en su trabajo para ayudarle a crear su ópera prima, es la primera en escuchar la nostalgia en la voz de antiguas Bellas y encontrar la manera de que puedan cantar juntas sobre un escenario una vez más.

Beca está constantemente haciendo —sutiles— grandes demostraciones de afecto para las personas que más le importan.

- Oh, wow, Becs… – murmura, sintiéndose de lo más idiota. Da un paso hacia la morena, pero no va más allá, insegura de cómo va a recibir Beca su cercanía después de semejante cagada –. Perdona, no pensé…

Beca no la deja continuar. Rechaza su disculpa con una sacudida de las manos y la cabeza, chasqueando la lengua como si le ofendiera. Se encoge de hombros y esboza una sonrisa aparentemente despreocupada.

- No pasa nada – desestima con tanta facilidad y desinterés que resulta casi sospechoso.

Y como lo sabe, y sabe que Chloe la conoce demasiado bien como para dejarse engañar, crea una distracción antes de que la pelirroja tenga tiempo para descubrir si su fachada está llena de grietas o no.

- Oye, ¿quién está a cargo de la música? – exclama de repente, mirando a su alrededor en busca del culpable –. ¡Sube el volumen, que esto es una fiesta, no un funeral!

Su comentario arranca una oleada de risas que dispersa la incomodidad.

En segundos, todos parecen haberse olvidado de lo ocurrido: celebran con un coro de exclamaciones la música que se deja escuchar por encima del barullo de las conversaciones y se centran en la fiesta que acaba de empezar, repartiendo las bebidas y la comida.

Beca aprovecha la distracción y desaparece entre los asistentes.

Chloe no capta más que fugaces vistazos de ella el resto de la noche.

El mal sabor de boca permanece en su lengua.


Cuando Chloe sale del baño, casi se da de bruces con el grupo de cuatro Bellas conformado por Aubrey, Emily, Cynthia Rose y Stacie, que están haciendo cola justo al otro lado de la puerta para pasar.

- Ah, Chloe, genial – exclama Stacie con satisfacción, como si hubiera estado esperando encontrarse con ella –. Estamos hablando de continuar la fiesta en otro sitio – hace un gesto vago de la mano –. Alguno de los Trebles y tus amigos también se apuntan.

- ¿A dónde iríais? – inquiere, por curiosidad, más que nada.

No tiene intención de seguir, mañana a las diez tiene una tutoría con su profesor de Literatura Rusa para hacer un repaso de su progreso y ver sus probabilidades de aprobar el examen de recuperación en julio.

Su marcha de Barden depende de ello, y ya ha dejado atrás las ganas de arriesgarlo todo tontamente.

- No sabemos todavía, algunos prefieren un pub y otros quieren discoteca – responde Stacie, encogiéndose de hombros de manera despreocupada –. Tampoco estamos muy seguros de qué estará abierto ahora que el curso técnicamente ha acab…

Cynthia Rose hace una mueca y coge aire audiblemente entre los dientes.

- Ay, me meo demasiado – se queja en tono de disculpa por haber interrumpido –. A mí me da igual, así que ya me diréis lo que decidís – y, sin más dilación, rodea a Chloe con pasos apresurados para entrar en el baño.

- ¿Tú también vas? – Chloe arquea las cejas en la dirección de Aubrey.

No le sorprendería que quiera seguir con las Bellas, aprovechar el tiempo que esté aquí al máximo, pero Chloe supone que mañana —es decir, hoy— tendrá que volver al retiro a primera hora, y Aubrey no es de ir de reenganche si no es por haberse pasado toda la noche estudiando para un examen.

Como era de suponer, Aubrey suelta una risa divertida y chasquea la lengua.

- No, no – niega, aunque no sin cierto fastidio –. Voy a llevar a Emily a su dormitorio – la Heredera esboza una sonrisa agradecida y asiente –, y luego me vuelvo a la casa de las Bellas a dormir. Mañana tengo que estar en Fallen Leaves a las nueve para recibir a un grupo de abogados.

Chloe hace un rápido cálculo mental: tres horas en coche hasta el retiro, eso significa que Aubrey se tiene que levantar a las seis como muy tarde —lo cual Aubrey no hará porque le gusta ir con tiempo de sobra para poder ser puntual, así que, cinco y media—, y ya es la una de la madrugada.

Contiene a duras penas una mueca dolorida por su mejor amiga, sobrepasada por la oleada de inmensa gratitud que siente por el hecho de que, a pesar de que supone un gran esfuerzo, Aubrey no dudó ni un instante a la hora de estar aquí.

- Usa mi habitación si quieres – ofrece Chloe –. Así no te molesta nadie.

- ¿Estás segura?

Chloe asiente sin un ápice de duda, y por el rabillo del ojo puede ver a Stacie tratar de esconder una sonrisa sabedora. Decide ignorarla.

- Yo puedo dormir en el sillón, o en la cama de Amy – añade con un movimiento de barbilla hacia donde la australiana y Bumper están diciéndose cosas que deberían ser susurradas al oído, a juzgar por la expresión horrorizada de Benji cuando pasa a su lado –. No tiene pinta de que esta noche vaya a usarla.

Aubrey ríe y acepta la oferta.

Se despiden con un último largo y fuerte abrazo que Chloe repite en Emily también, y la pelirroja las observa marcharse juntas, Aubrey riéndose de algo que Emily ha dicho, con el corazón pesado.

- No has respondido a mi pregunta – le recuerda Stacie –, aunque sospecho que va a ser que no – sus ojos verdes observan a Chloe con un brillo sabedor.

- Sospechas bien – ríe Chloe, pero tuerce la boca en un gesto arrepentido –. Voy a ayudar a recoger un poco por aquí y luego me voy a dormir.

Stacie asiente, a pesar de que la comisura de sus labios amenaza con curvarse hacia arriba. Chloe no puede preguntarle a qué viene tanto secretismo, porque en ese momento Cynthia Rose sale del baño con un resoplido aliviado.

- Pensé que me explotaba la vejiga.

Chloe y Stacie ríen, y la morena se adelanta para entrar ella al baño. Se detiene en el umbral en el último momento, su mano curvada en el borde de la puerta para empujarla cerrada, para girarse hacia Chloe con una sonrisa torcida.

- Beca está en el jardín, por cierto – le informa como quien no quiere la cosa.

Chloe frunce el ceño, confundida. Asiente de todos modos y se despide de CR con la promesa de que se lo pasen genial, y de que vuelvan a tiempo para desayunar todas juntas antes de que cada una se vuelva a su casa.

Después de tantas fiestas como han hecho en tres años, Chloe ya sabe dónde tiene que mirar para encontrar las bolsas extragrandes de basura que siempre usan para recoger los restos que suelen quedar adornando el suelo.

Vaso tras vaso, plato tras plato, gorrito tras gorrito, Chloe se detiene de golpe frente a las cristaleras abiertas que dan al jardín, sorprendida y, a la vez, no, de haber acabado allí.

Desde el instante en que Stacie le dijo dónde estaba Beca, había sido inevitable.

- ¡Mitchell! – exclama mientras traspasa los raíles negros de las cristaleras y emerge al jardín.

Beca, de espaldas a ella, sentada en una tumbona, da un pequeño brinco y se incorpora con un codo en el cojín para asomar los ojos por encima del respaldo reclinado. Le lanza una mirada de reproche, sabedora de que Chloe lo ha hecho adrede para sobresaltarla.

A Chloe se le escapa una risita algo malvada.

- ¿Qué haces aquí tan solita? – deja la bolsa de basura sobre una de las tumbonas vacías y se acerca a la de Beca.

Beca pone los ojos en blanco suavemente, pero dobla las piernas para dejarle un hueco a Chloe donde pueda sentarse.

- ¿Te vas a poner a ligar conmigo, Beale?

Chloe ríe.

- No, solo quiero saber por qué me estás evitando – responde con simpleza, sin reproches ni acusaciones.

Beca le lanza una mirada extrañada.

- No te estoy evitando.

- No te he visto apenas en toda la noche, y era mi fiesta de cumpleaños.

- Ah, ¿ahora es tu fiesta de cumpleaños? – Beca arquea una ceja, burlona –. Qué curioso, creo recordarte hace menos de una hora insistiendo en que esto solo era una fiesta de despedida.

Alude al momento en que Chloe vio la enorme tarta llena de velas que traían a pulso entre Jesse, Benji, y varios Trebles más, y se puso a repetir de manera vehemente y a todo el que le hiciera caso que esto solo era una reunión para decirse adiós.

Ante el coqueto encogimiento de hombros de Chloe, Beca sacude la cabeza, divertida.

- Cambio la historia según me convenga – explica Chloe con obviedad. Empuja una de las rodillas de Beca de manera juguetona –. Actualízate, Bec.

Su mejor amiga ríe y alza las manos en señal de rendición.

- Pues no te estoy evitando – clarifica –. Solo… No sé si te has dado cuenta, pero tiendo a gravitar hacia ti, especialmente en las fiestas – hay algo oculto en su tono de voz que Chloe no logra descifrar, y la forma en que Beca evita su mirada le da la sensación de que la morena lo prefiere así.

- A mí me gusta – murmura Chloe, ofreciendo una confirmación que no sabe si Beca busca, pero se la da de todos modos –. Es lo mejor de las fiestas.

La comisura izquierda de los labios de Beca se agita en un rápido movimiento, como si estuviera conteniendo una sonrisa.

- No quería monopolizarte – prosigue la morena, sin hacer referencia alguna a la interrupción –. Al fin y al cabo, yo ya te he tenido para mí sola estas semanas y te tendré otras más – se encoge de hombros –, y ellos no.

Un cálido hormigueo recorre el cuerpo de Chloe al escuchar esa expresión de labios de Beca: tenerte para mí sola. Casi le da ganas de soltar una risa histérica, porque si su mejor amiga tan solo supiera…

Aparta esos pensamientos de un manotazo y se centra en la conversación.

- Vale – acepta con un lento asentimiento –. Siempre y cuando fuera por eso de verdad, y no porque estés enfadada conmigo.

Observa atentamente el rostro de Beca en busca de la más mínima señal de reconocimiento: una chispa en su azul oscuro, un crispar de sus labios, el agitar de las aletas de su nariz, el delator salto de ese músculo en su mandíbula cada vez que aprieta los dientes.

No encuentra ninguna, pero eso tampoco significa nada. Beca es una experta a la hora de reprimir sus emociones.

- ¿Por qué…? – empieza a preguntar.

Pero Chloe la corta en seco con un suspiro.

- No te hagas la tonta, Bec – le regaña suavemente –. Has hecho todo esto por mí – abarca el jardín con un vago gesto circular de la mano –, y yo voy y, como una idiota, le atribuyo el mérito a otra persona... – sacude la cabeza, arrepentida –. Eso ha tenido que escocer.

En el momento en que Beca aparta su mirada, Chloe sabe que acaba de encontrar la llaga.

- Un poco, no te voy a mentir – admite la morena en voz baja, enroscando sus brazos alrededor de sus piernas dobladas para atraerlas contra su pecho –. Pero no estoy enfadada ni nada – se apresura a aclarar, mirando a Chloe a los ojos para que vea que es sincera.

Se rasca la nariz en un gesto nervioso.

- Entiendo que ha sido una confusión de lo más normal: yo no soy el tipo de persona que organiza fiestas sorpresa así como así.

Chloe rechaza la excusa ofrecida.

- De todos modos, lo siento.

Beca intenta desestimar su disculpa con unos ojos en blanco y un "no pasa nada" que nunca llega a terminar porque Chloe no se lo permite. Avanza por el cojín alargado de la tumbona, ocupando el espacio que las piernas dobladas de Beca han dejado vacío, hasta rodear uno de sus tobillos con su mano.

- Lo siento – repite, su voz baja pero intensa, su mirada firme y sincera.

Beca lucha contra ello al principio, cerrando todas las compuertas de sus murallas protectoras para que las palabras no se puedan colar dentro. Pero Chloe es más rápida y ya ha aprendido el truco, ya está acostumbrada a lanzarlas con efecto.

Ve el momento en que su disculpa alcanza su objetivo porque los hombros de Beca se hunden, y ese resquicio de sombra en su tormentoso azul medianoche, la astilla de la incredulidad de Chloe, imperceptible para casi cualquier persona, desaparece.

Chloe da un suave apretón al tobillo de Beca y la morena le devuelve un pequeño asentimiento.

No hacen falta palabras.

Beca descansa su barbilla encima de sus rodillas, su mirada fija en Chloe con una intensidad que le hace querer estremecerse.

Y Chloe no sabe si quizá es que está proyectando sus propios sentimientos en su mejor amiga, o si es solo una mala pasada de la falta de luz en el jardín, pero le da la sensación de que los ojos de Beca esta noche están llenos de secretos.

- ¿Te ha gustado, entonces?

La pregunta, hecha en una voz pequeña que derrocha una vulnerabilidad e inseguridad que se clavan en el corazón de Chloe como cientos de diminutas agujas, llega de forma totalmente inesperada tras un cómodo silencio.

Chloe casi da un respingo, pero logra controlarlo en el último momento. Gira la cabeza hacia Beca tan rápido que está convencida de que va a escuchar algo chascar en su cuello y casi le sorprende cuando nada suena.

Abre la boca, queriendo decir tantas cosas a la vez y con tanta vehemencia, que nada sale de entre sus labios por un instante.

- ¿Estás de coña? – balbucea al final, tropezando con las palabras, su lengua torpe por el ansia –. Nadie nunca había hecho algo así por mí, Beca – solo de pensar en ello, sus ojos se vuelven a humedecer y tiene que parpadear.

- Seguro que porque no les dejaste… – bromea Beca, aunque le falta algo de humor, disminuido por el tono serio y sincero de la conversación.

Chloe le lanza una mirada poco impresionada, aunque sonríe.

- Si tenía que celebrar mi cumpleaños, me alegro de que fuera así: con las personas más importantes de mi vida, y organizado por ti – admite en voz queda –. Ha sido perfecto. Gracias, Bec.

La morena desvía la mirada, como Chloe sabía que haría: en momentos que requieren tanta sinceridad y vulnerabilidad, le acaba resultando incómodo si mantiene el contacto visual constante.

Es como estar despierto durante una operación a pecho abierto y ser testigo, a tiempo real, de cómo una habitación llena de médicos y enfermeros tienen línea directa de visión y acceso a tus órganos vitales más delicados e importantes.

- No hace falta que me des las gracias, Chlo – desestima Beca, encogiéndose ligeramente de hombros.

Resulta un poco gracioso, porque Chloe no le ha dejado salirse con la suya en toda la noche y no va a empezar ahora, pero, aun así, Beca lo sigue intentando como si estuviera esperando un despiste por su parte.

Tendría que saber, después de cuatro años de amistad, que este no es el tipo de cosas con el que Chloe es indulgente.

- Sí, sí hace falta – insiste –. Sé que no eres muy fan precisamente de este tipo de cosas – le recuerda, amable –. Y no ha debido de ser nada fácil coordinarlo todo, además con la muy real posibilidad de que yo me diera media vuelta en cuanto descubriera de qué se trataba. Pero, aun así, lo has hecho – y si su voz suena algo maravillada, es porque lo está.

Es un tipo diferente de querer el que se necesita para llevar a cabo algo así.

- Bueno… Era una ocasión especial – murmura Beca, lanzándole una rápida mirada cargada por debajo de las pestañas.

Ahora es Chloe la que le quita relevancia a lo dicho con un encogimiento de hombros, y eso le gana un ceño fruncido.

- No, no hagas eso – reprocha Beca con auténtica molestia –. Sé que no te gusta tu cumpleaños pero no actúes como si no tuviera importancia alguna. No sabes… – se corta a sí misma, frustrada, y su ceño se vuelve más profundo.

Chloe siente el impulso de ir a consolarla, a aliviarla, pero no es capaz de moverse del sitio.

- Cuando al principio pregunté a todos si podrían venir, solo les dije que era una fiesta sin más – prosigue Beca, esta vez con más calma –, y la respuesta era siempre la misma: no lo sé, no estoy seguro, no lo creo – aprieta los labios y clava su mirada en Chloe –. Pero, ¿en el instante en que dije que era por tu cumpleaños? Inmediatamente los "no sé" se convirtieron en "sí" – se pausa un instante para dejar que cale hondo antes de repetir, más despacio –: Todos saltaron ante la oportunidad de hacer algo especial por ti por una vez.

Chloe entiende ahora lo incómodo de la vulnerabilidad: es de lo más extraño sentir que tu pecho de repente está hecho del más transparente de los cristales, que todo lo que se supone que debe ser tuyo, ahora está expuesto ante la mirada de quien quiera verlo.

Casi tiene ganas de cruzar los brazos frente a su pecho para cubrirse, protegerse.

Para cubrirse, porque, a pesar de que sabe que Beca siempre respetará su privacidad y no mirará aquello que Chloe no quiere que vea, Chloe no se libra de la sensación de que todos sus secretos están a la vista.

Para protegerse, porque, a pesar de que sabe que Beca no tiene intención alguna de hacerle daño, Chloe no puede evitar sentirse como un moratón reciente, a flor de piel, sensible a la más mínima de las presiones.

- Durante tres años – sigue Beca, cuidadosa a la hora de hablar, como si pudiera presentir la especial fragilidad que se ha apoderado de Chloe –, he respetado tu deseo de ignorar tu cumpleaños. Pero este año no podía – sacude la cabeza en un gesto arrepentido que no siente de verdad –. Es el último, quién sabe cuándo podremos volver a juntarnos todos, y…

Cruza las piernas para poder inclinarse hacia delante, queriendo dar especial énfasis a lo que va a decir a continuación:

- Te mereces celebrar tu cumpleaños de verdad. Con nosotros, con tu familia. Por lo menos una vez.

El uso de esa etiqueta, de la palabra "familia" en labios de Beca, es totalmente inesperado. Golpea a Chloe en todo el pecho con tanta fuerza que, durante un eterno puñado de segundos, no es capaz de respirar.

Y sabe que es estúpido que le afecte tanto.

Sabe que es estúpido que sienta tanto alivio, como si acabase de recibir confirmación por parte de alguien más de que esa voz que escucha no viene de dentro de su cabeza, de que no está loca, justo cuando ya estaba a punto de perder la esperanza.

Sabe que no es la única que, tras cuatro años de amistad, actuaciones, victorias y derrotas; tres de convivencia, noches de pelis y tarrinas de helado compartidas entre nueve cucharas, se considera familia.

Pero también sabe que, hasta ahora, Chloe ha sido la única que ha usado esa palabra en voz alta para describir a ese grupo de chicas y chicos llenos de rarezas y cualidades únicas que entraron en su vida con la sutileza de un elefante en una cacharrería cuando ella más los necesitaba.

Así que, sí: le afecta, le alivia, y significa tanto que Chloe está al borde de las lágrimas en apenas una milésima de segundo.

- Tus padres... – empieza a decir Beca, tentativa –. No te lo pusieron fácil. A pesar de que podrías haber jugado tan sucio como ellos, cogiste toda la mierda que te echaban encima y la convertiste en polvo de estrellas. No dejaste que te quitaran el corazón.

Chloe agacha la cabeza y sus dedos se crispan hasta volverse blancos donde los tiene curvados en el borde de la tumbona. Siente sus uñas clavarse en la madera, dejando pequeñas muescas en forma de medialuna y rascando el barniz.

- Eres la definición de una buena persona, Chlo, y nos haces a todos mejores solo por estar contigo, y... – Beca se calla abruptamente y mira a Chloe. Llena sus pulmones de aire, como si se estuviera preparando para decir algo revolucionario –. Por eso te quiero.

Por un instante, Chloe no sabe qué hacer con su rostro.

Su corazón da un brinco en su pecho y luego comienza una acelerada carrera, y Chloe permanece congelada. Tras recuperar el sentido y racionalizar la declaración de Beca, llena sus pulmones con una agitada respiración y poco a poco recupera la sensibilidad en la cara.

Sus labios se curvan alrededor de una suave sonrisa, sincera y cariñosa, y parpadea con ojos un poco húmedos.

- Yo también te quiero, Bec – responde, su voz espesa a pesar de su intento de darle ligereza.

Para su sorpresa, Beca frunce el ceño y sacude la cabeza con un gruñido frustrado.

- No... No lo estás entendiendo... – protesta en casi un murmullo contrariado, la mirada gacha como si estuviera buscando en su regazo qué es lo que no está funcionando en su plan tan cuidadosamente elaborado.

- ¿Qué es lo que no estoy entendiendo? – pregunta Chloe, confundida –. Te he dicho que yo también te quiero.

- No, porque yo... – una vez más, Beca se interrumpe a sí misma de forma brusca y aprieta los labios.

A Chloe se le atasca la respiración alrededor de un: "¿puede ser…?", que nunca se deja a sí misma sentir excepto en los momentos en los que Beca la pilla con las defensas bajas y no llega a tiempo de frenarlo.

- ¿Porque tú qué?

Beca solo niega, la mirada gacha.

- A la mierda, todo ese discurso y no ha funcionado... – suspira, derrotada.

Chloe, sin embargo, insiste una vez más, casi con urgencia:

- ¿Porque tú qué, Bec?

- ¡Porque estoy enamorada de ti, so tonta! – exclama finalmente Beca con una mirada firme.

Tras el shock inicial producido por el repentino estallido, Chloe se siente a sí misma sonreír. Despacio, se va extendiendo por sus labios, ante la mirada confundida y algo asustada de Beca, que no parece entender qué está pasando.

- Menos mal, porque si no esto habría sido de lo más violento – murmura Chloe, sus manos ya a medio camino de agarrar a Beca.

Besar a Beca es como ver tu primera estrella fugaz en una noche de verano despejada con el reconfortante calor que irradia el suelo después de recibir la luz directa del sol durante todo el día en la espalda.

Besar a Beca es como el cálido abrazo de tu hogar nada más entrar cuando vienes del frío de la calle en invierno con la nariz y los pies helados.

Besar a Beca es como esa primera bocanada de aire ligeramente desesperada después de tener que nadar hasta la superficie desde el fondo de la parte más profunda con los pulmones ardiendo.

- Se acaba de cumplir mi deseo de cumpleaños – confiesa Chloe en voz queda al separarse, sonriente.

Beca resopla una risa y pone los ojos en blanco.

- Vaya cursilada…

- Dice la que ha hecho todo esto por mí.

Un ligero rubor cubre las mejillas de Beca ante la burla, aunque puede que ya estuviera allí de antes y Chloe solo se esté fijando en él ahora.

Le lanza a Chloe una mirada de falsa molestia, pero procede a atraerla hacia ella, tirando insistentemente de las trabillas de sus vaqueros, hasta que la pelirroja no tiene más remedio que trepar a su regazo entre risas.

- Cursi – susurra Chloe, juguetona, sobre sus labios.

- Calla – gruñe Beca.

Cuando se besan de nuevo, las dos están sonriendo.


A/N: ¿No seré yo la primera defensora de la teoría del fandom de que Chloe en realidad no tiene apenas relación con sus padres y por eso las Bellas son su verdadera (y única) familia?

PD. Quien capte la mini referencia a la peli de Black Widow se lleva un abrazo.

PD2. Honey, I'm home!

Holiiii. ¡He vuelto! Pero, in the spirit of being honest, me siento en la obligación de avisaros de que todavía me faltan tres capítulos para completar este fic. Sí, ¿después de todo este tiempo y todavía no lo he acabado? Qué os voy a decir, chiquets, life happens. Tengo las ideas ya pensadas, lo cual es una ventaja, solo me queda encontrar tiempo y ganas de sentarme a escribir. Pero prometo que le voy a dar prioridad para intentar dejarlo finiquitado antes de que acabe octubre.

Hasta entonces, volvemos a las actualizaciones regulares todos los jueves ;)