Tuesday 27th: Bed sharing
Resumen: Las cuatro estaciones en un sofá-cama compartido.
Rating: T/M
- ¡Bueno! – exclama Beca, la boca torcida en una mueca contrariada –. ¿Cómo hacemos esto?
Chloe, con las manos en las caderas, gira el rostro para secarse las gotas de sudor que le caen por las sienes en la tela de los hombros de su camiseta. Observa el diminuto apartamento con ojo crítico.
- Alguien tendrá que compartir el sofá-cama – sentencia Amy la Gorda, despreocupada. Inmediatamente alza una mano al aire y grita –. ¡Yo no!
- ¡Ey! ¡Eso no es justo! – protesta Beca con el ceño fruncido.
Amy camina hasta la morena y posa sus dos manos en sus hombros con tanta fuerza que se hunden un poco bajo el peso. La mira fijamente con una seriedad que resulta algo escalofriante viniendo de la australiana.
- Beca, Beca, Beca… – chasquea la lengua y menea la cabeza de lado a lado –. ¿Acaso quieres compartir cama conmigo?
El ceño de Beca se profundiza y algo cruza como un flash por su mirada: la sombra de un recuerdo especialmente traumático del que no consigue deshacerse, a juzgar por la forma en que se estremece con algo de repelús.
- No – responde rápidamente, y solo al escuchar la firmeza con la que ha pronunciado la palabra parece darse cuenta de lo insensible que puede resultar –. No te ofendas – añade, enseñando los dientes con incomodidad.
Amy niega con la cabeza y le hace un gesto con las manos para tranquilizarla.
- ¿Y tú, Chloe?
La pelirroja no se niega de manera inmediata, a pesar de que es su reacción instintiva.
Nunca ha compartido cama con Amy la Gorda, pero las historias de horror que le contaba Beca en confianza durante los cuatro años que compartió la buhardilla de la casa de las Bellas con la australiana fueron suficientes para quitarle las ganas por completo.
- Prefiero compartir con Beca – responde, sincera.
Amy alza las manos en el aire.
- Pues ya está, ¡solucionado!
Se deja caer con una enorme sonrisa satisfecha en la cama individual que han encajado en el pequeño saliente que actuaría como habitación si no fuera porque necesitan dos sueldos para poder permitirse esta ridícula caja de zapatos en Brooklyn.
Y luego está Amy que... Es Amy.
- Yo dormiré aquí – anuncia la australiana, acariciando la funda que cubre el colchón desnudo para que no se llene de polvo –. Y vosotras... – sus ojos verdes saltan al destartalado sofá-cama que tiene justo delante y su sonrisa adquiere un matiz algo pícaro –. ¡Disfrutad compartiendo cama!
Beca le lanza a Chloe una mirada dudosa, pero la pelirroja se limita a encogerse de hombros y sonreír.
i. verano
- Me estoy muriendoooooo...
Chloe pone los ojos en blanco y resopla una risa ante el exagerado quejido de su mejor amiga.
- ¿Cómo puede ser que no corra ni una pizca de aire? – gruñe Beca derrochando frustración e incredulidad.
Se incorpora como Drácula de su ataúd para lanzar una mirada fulminante a las ventanas abiertas de par en par contra las que está empujado el respaldo de su sofá-cama, ahora convertido en cabecero.
- Por lo menos vosotras tenéis ventanas – bufa la voz apagada de Amy la Gorda desde detrás de la barrera de privacidad que se montó con el carrusel en el cuelgan su ropa en una especie de armario comunal.
- Tú querías la cama individual, ahora no te quejes – canturrea Beca, burlona.
Pierde la sonrisa al escuchar el roce de un cuerpo en movimiento sobre las sábanas instantes antes de que Amy descorra su "puerta" por el apartado de los pantalones con un chirrido metálico de las perchas al arrastrarse por la barra, creyendo que Amy viene a vengarse por su comentario.
Sin embargo, la australiana parece tener cosas mejores que hacer. Se agacha para pasar al otro lado, sin dedicarles ni una sola mirada, y es entonces que Chloe se fija en que está completamente vestida en ropa de calle.
- ¿Qué haces? ¿Te vas? – inquiere con una risa un tanto incrédula.
- Me voy con Bumper – afirma Amy en un bufido –. Él tiene aire acondicionado.
- ¡Tía! – exclama Beca, incorporándose sobre un codo –. ¡Son las dos de la madrugada!
Amy la Gorda se encoge de hombros como si no entendiera por qué eso supone un problema y se dirige a la puerta con una decisión que deja claro que nada que digan o hagan va a lograr que cambie de idea.
- ¡Por lo menos avísanos cuando llegues! – le grita Beca antes de que desaparezca tras la puerta principal del estudio.
La australiana musita un sonido de asentimiento, pero no se detiene ni un instante. Chloe no puede evitar sentir una pizca de envidia porque por lo menos ella tiene la opción de huir en medio de la noche a un sitio con aire acondicionado.
Beca y ella están atrapadas en este diminuto estudio que retiene el calor como si fuera el mismísimo infierno, y ni siquiera tener todas las ventanas abiertas y el pequeño ventilador funcionando a toda velocidad aporta un mínimo de brisa para hacerlo soportable.
- ¿Crees que en la bañera hará más fresco? – inquiere Beca con un tono de voz que delata que se lo está planteando seriamente.
- Solo si mañana quieres ser incapaz de moverte por el dolor de espalda – ríe Chloe.
- A lo mejor me compensa…
Chloe se coloca de costado y su piel ardiendo, empapada de sudor, se despega de la sábana bajera. Resulta casi refrescante. Pero solo casi, y solo porque cualquier cosa es mejor que el efecto invernadero que se había formado entre su espalda y el colchón.
- Quítate capas – le aconseja.
La propia Chloe ya ha renunciado a los pijamas, y ahora duerme en bragas y un sujetador elástico parecido a los que se compraba cuando tenía ocho años y le estaban empezando a crecer los pechos.
Sería más cómodo dormir sin nada, pero cuando compartes un metro treinta y cinco con otra mujer adulta es imposible evitar algún que otro roce de cuerpos y no cree —sabe— que a Beca le hiciera mucha gracia.
- ¡No puedo quitarme más capas! – resopla la morena –. Lo único que me queda por quitarme es la piel y, por desgracia, esa no es una opción.
A Chloe se le escapa otra risa queda.
- Te puedes quitar la camiseta – observa, arqueando una ceja.
Alarga una mano para atrapar entre dos de sus dedos la tela humedecida de la camiseta de pijama que Beca tiene toda arrugada justo bajo sus pechos. Le da un tirón juguetón, sonriendo con cierta malicia.
Beca gira la cabeza en la almohada para lanzarle una mirada poco impresionada.
- Eso te encantaría, ¿verdad?
- Yo lo digo por tu bien – Chloe parpadea inocentemente y se encoge de hombros con una despreocupación que no siente en verdad, y ambas lo saben.
Lo que Beca quizá no sabe es lo fuerte que le está latiendo el corazón ante la poco probable, pero aun así existente, posibilidad de que siga su consejo.
Por supuesto, Chloe no va a hacer nada. Para empezar, hace demasiado calor como para pensar en ello siquiera. Pero, aunque no lo hiciera, no va a aprovecharse de una situación desesperada solo para pillar cacho.
Quiere a Beca, pero no así.
Sin embargo, eso no quita que no le vaya a afectar ligeramente compartir cama con una Beca prácticamente desnuda si al final le hace caso.
Beca resopla para dejar claro que no la engaña con su actitud de angelito, pero sus manos se posan de manera inconsciente en el bajo arremangado de su camiseta de pijama mientras delibera.
- ¿Me prometes que te vas a comportar? – pregunta, mirando fijamente a la pelirroja.
Chloe abre la boca en una exclamación ahogada llena de indignación.
- ¡La duda ofende! ¿¡Por quién me tomas?!
Beca ríe con perverso deleite.
- Era coña – clarifica, regalándole a Chloe un guiño travieso instantes antes de que sus brazos se crucen en el bajo de su camiseta y la levante para sacársela por la cabeza.
Chloe retira la mirada a toda prisa, pero la falta de preaviso hace que no sea suficientemente rápida y capta un fugaz y borroso vistazo de los pechos de Beca, desnudos y bañados en sombras, que le deja la boca seca.
¿Decía que le iba a afectar ligeramente? Pues borrad el ligeramente.
- Mucho mejor – suspira la morena.
Beca por lo menos se lo pone fácil y rueda sobre su costado en dirección opuesta. Le da la espalda a Chloe y los dedos de la pelirroja se mueven, nerviosos, entre sus cuerpos al ver el suave resplandor de la piel pálida de Beca bajo la escasa luz de las farolas.
Chloe posa ambas manos en su estómago y entrelaza los dedos. No porque tema verse incapaz de resistir las ganas de tocar a Beca —chicos, no es tan difícil controlarse—; sino para deshacerse de la sensación de vacío.
Se tumba de nuevo sobre su espalda, Beca nada más un dibujo borroso que capta por el rabillo del ojo, y permite que sus párpados caigan cerrados por su propio peso.
Chloe no duerme muy bien esa noche.
Por la mañana, le echará la culpa al calor insoportable —y no estará mintiendo—, pero el brillo divertido que podrá ver en el azul oscuro de Beca le dejará saber que no se cree que ese fuera el único motivo.
Y tendrá razón.
ii. otoño
El click de la cerradura al descorrerse provoca que Chloe y Amy intercambien una mirada sorprendida. Sus cabezas se vuelven hacia la puerta del estudio en un movimiento lleno de accidental coordinación justo cuando esta se abre para dar paso a Beca.
La morena resopla a modo de saludo y deja caer sus llaves en el bol de la entrada con un gesto cargado de finalidad que deja bien claras sus intenciones: no piensa volver a salir a la calle como mínimo hasta el día siguiente.
Chloe conoce muy bien ese gesto después de tantos años. Alarga uno de sus pies, cubierto por sus calcetines de gatitos de colorines, y presiona la barra espaciadora de su portátil con el lateral del dedo pulgar para pausar la película que estaban viendo.
- ¿Cómo es que has vuelto tan pronto? – pregunta Amy, los ojos entrecerrados. Coloca sus manos entrelazadas tras su cabeza, recostándose más en su puf azul, mientras inspecciona el aspecto alborotado de su compañera de piso.
Beca vuelve a bufar, girándose para colgar su abrigo del perchero de la entrada.
- ¿Por qué la gente entra tan en pánico cuando empieza a llover? – gruñe con exasperación –. Parece que nunca hubieran visto agua caer del cielo.
- Eso es porque a estas alturas lo que nos cae encima cuando llueve es de todo menos agua – ríe Chloe.
Lanza una mirada rápida por las ventanas que tiene a su espalda para comprobar que, efectivamente, el suave taptaptap de gotas de agua contra cristal que llevan escuchando toda la tarde es porque continúa lloviendo.
No es fuerte, pero sí constante, y Nueva York no está preparada para tanta cantidad de agua en poco tiempo. Nunca lo está —lo cual da que pensar—, y rápidamente empiezan a encharcarse las calles y las paradas de metro, y cunde el caos.
- Mientras no sea lluvia ácida, no entenderé esta histeria colectiva – sentencia Beca, todavía un pequeño huracán de movimiento desde que ha llegado.
Se detiene un momento con una de sus Adidas empapadas en la mano y frunce el ceño al fijarse por primera vez en Chloe, que está hecha una bola en la cama, envuelta en una de sus mantas más calentitas, y en pijama.
- ¿Y a ti qué te pasa? ¿Estás enferma?
Amy se ríe por lo bajini y Chloe sacude la cabeza en una negativa sin levantarla de la almohada.
- Mi cuerpo está de luto – proclama con absoluta seriedad –, por el bebé que no hemos tenido este mes.
Las cejas de Beca se alzan y sus labios se retuercen para intentar resistir las ganas de reírse.
- Ah, eso explica Orgullo y Prejuicio – señala con un gesto de barbilla hacia la película pausada en el portátil de Chloe, a los pies de la cama.
- No – rebate la pelirroja, frunciendo el ceño –. Eso es culpa del día – mueve la mano en un vago círculo por encima de su hombro hacia la lluvia en la calle –. Incita a ver a Keira Knightley en vestidos de época anhelando el amor de un hombre al que jura odiar.
Beca y Amy comparten una mirada divertida, pero no dicen nada.
- Aja… – concuerda la morena con un asentimiento, aunque de esa forma lenta y burlona que delata que no se lo cree.
Chloe normalmente pelearía un poco, pero hoy ya tiene suficiente con la sensación de que hay alguien haciendo malabares con sierras mecánicas en funcionamiento en el sitio donde deberían estar sus ovarios.
Así que se limita a mostrar su desacuerdo con un resoplido y se curva más todavía alrededor del saco de semillas caliente que tiene presionado contra el abdomen.
Escucha la risa queda de Beca, pero la ignora en favor de retomar Orgullo y Prejuicio porque está a punto de llegar a una de sus escenas favoritas: "He venido a pedirle que ponga fin a mi agonía. La amo… Ardientemente."
El colchón se hunde cerca de donde Chloe tiene la cabeza y dedos delicados le apartan un mechón del rostro.
- ¿Se ha tomado tu cuerpo muy mal las noticias? – pregunta Beca, comprensiva, aunque con ese ligero toque de burla que es característico en ella.
- De la peor forma posible – responde Chloe con un exagerado puchero de los labios. Alza su mirada de cervatillo hacia su mejor amiga y parpadea, lenta, inocente y deliberadamente –. Necesito mimos para sobrevivir esta agonía.
Beca echa la cabeza hacia atrás al soltar una carcajada y devuelve su mirada chispeante a la pelirroja.
- ¿No me digas?
- Uh-huh – asiente Chloe, seria.
- Está bien…
Chloe esconde su sonrisa tras la manta, a pesar de que los bordes asoman por encima y la delatan, cuando Beca se incorpora con la promesa de que solo se va a quitar la ropa húmeda y ahora vuelve a darle mimos.
Puede ver a la morena danzar por la periferia de su campo visual mientras se viste, hablando tranquilamente con Amy. Cruza justo por delante de la cama para ir al baño, y luego a la cocina para preparar dos tazas de té dulce bien caliente.
Pronto, sin embargo, Beca vuelve a estar de pie al lado de la cama.
Suelta en el regazo de Amy el paquete de M&M's que llevaba enganchado con el meñique a modo de favor para la australiana porque a ella le daba pereza levantarse y Beca ya estaba, convenientemente, en la cocina.
Deja con cuidado las tazas humeantes en la mesilla de Chloe y se la queda mirando, a la espera, con los brazos en jarras.
- Hazme un hueco – pide cuando le queda claro que la pelirroja no está captando su mensaje silencioso, o no quiere captarlo.
- Jopeeee, con lo cómoda que estaba – protesta Chloe, aunque solo por las apariencias.
- ¿Quieres mimos o no? – le desafía Beca, una ceja arqueada.
Chloe refunfuña un poco más, pero acaba por recolocarse, arrastrándose por el colchón como un gusano hasta adaptarse a la nueva presencia que le roba espacio.
Beca se coloca en el lado derecho del sofá-cama —el que corresponde a Chloe cuando es la hora de dormir—, su espalda contra el cabecero acolchada con una almohada y un par de cojines, las piernas estiradas frente a ella.
Chloe no espera a que se lo diga para depositar su cabeza en su regazo como una ofrenda, antes siquiera de que Beca haya terminado de acomodarse. El gesto le gana un resoplido divertido por parte de la morena y un comentario burlón sobre lo impaciente que es.
Las manos de Beca caen inmediatamente entre sus mechones, enredándose en ellos y masajeando su cabeza con suavidad, de esa forma que sabe que deja a Chloe reducida al equivalente humano de un gato ronroneando.
Chloe suelta un suspiro lleno de satisfacción y lucha contra las ganas de cerrar los ojos para abandonarse a la gustosa sensación, porque, justo en ese momento, Elizabeth corre bajo la lluvia en el inicio de su escena favorita.
- Psss, Ames – chista Beca –. Comparte los M&M's.
- ¡No! Son míos, los he cogido para mí.
- Tú no has cogido nada, te los he traído yo así que… Comparte.
- ¡Sshh, chicas! ¡Esta es la mejor parte!
- Chlo, dices eso cada cinco minutos de esta peli – le reprocha Beca, a pesar de que se queda callada y continúa pelando con Amy por sus M&M's a base de amenazadores gestos de las manos.
Chloe no podría ser más feliz.
iii. invierno
Ugh.
Dos ojos azules se abren con un revoloteo de párpados ante la escasa luz grisácea del amanecer y lanzan una mirada cargada de fastidio al techo del estudio.
No es lo temprano de la hora lo que molesta a Chloe, sino el hecho de que ha quedado claro, después de veinte minutos de tratar de ignorarlo, que no va a ser capaz de seguir durmiendo sin levantarse a hacer pis primero.
Despacio, rueda de un costado a otro, cuidadosa de no enredarse con la sábana y las mantas que metieron bajo el nórdico para no morir de frío, o de agitar mucho el colchón, porque tampoco quiere despertar a Beca.
Con el nórdico todavía hasta los hombros, asoma sus pies envueltos en doble calcetín por el borde del sofá-cama y los posa en el suelo.
Se detiene un instante antes de levantarse por completo, retorcida en una incómoda posición que prefiere mantener aunque duela un poco, a salir de la burbuja de calor que han acumulado dentro de la cama Beca y ella a lo largo de la noche.
Porque esto es lo que realmente le fastidia, y esto lo que realmente le da pereza: hacer frente al frío apartamento.
Uno pensaría que vivir en una caja de zapatos tendría sus ventajas en invierno. Menos espacio, más fácil y rápido de calentar, ¿no? Pues no. Por lo menos, no con las temperaturas bajo cero que alcanza Nueva York cuando nieva.
Y todavía menos cuando dicha caja de zapatos tiene ventanas que no cierran del todo y los dos radiadores estropeados.
En verano se asan vivas y en invierno se congelan. Bienvenidos a la vida de un adulto arruinado en una ciudad cara. ¿No es genial?
Chloe corre al baño —algo a su favor: solo está a diez pasos de su lado de la cama— y reza para ser rápida haciendo pis. Maldice a su casero al bajarse los pantalones y vuelve a maldecirle cuando su piel hace contacto con el mármol helado del váter.
Para cuando se recoloca de nuevo el pijama con dedos temblorosos, la punta de su nariz ya está totalmente insensible al tacto y su cuerpo cubierto de piel de gallina. Tiritando, corretea de puntillas de vuelta a la cama.
Al pasar por delante del espejo del baño, capta un borroso y fugaz vistazo de su reflejo: el pelo despeinado, la gruesa parte de arriba de su pijama metida por dentro de la cinturilla de goma de los pantalones, que a su vez tiene metidos por dentro de la doble capa de calcetines.
En definitiva: la protagonista de todo sueño erótico.
Casi se le escapa el resoplido de una risa, pero lo mastica accidentalmente en el castañeteo de su mandíbula.
Por todo el cuidado que tuvo al salir de la cama, ahora le falta tiempo para saltar de cabeza bajo el nórdico y las mantas. Se arrebuja bien en ellas, retorciéndose sobre el colchón como un gusano tembloroso, pero no logra entrar en calor.
Tiene la sensación de que se le ha metido el frío en los huesos, y lo ideal para estos casos es meterse en la ducha con el agua ardiendo hasta que se le ponga la piel roja, pero no piensa hacer eso en pleno amanecer.
Así que hace lo segundo más ideal: se arrastra por la cama hasta pegarse por completo a la espalda de Beca como una lapa.
Cuela sus pies congelados entre las piernas curvadas de la morena, pega la punta helada de su nariz a la base de su cuello, y extiende su mano izquierda en su espalda, entre sus cuerpos, para calentarla, y la derecha la mete bajo su pijama.
Beca gruñe.
- ¿Me estás metiendo mano? – pregunta, adormilada. Su sueño desaparece de golpe con un brinco cuando la mano de Chloe hace contacto con su piel caliente –. Joder, Chloe, la madre que te parió – sisea –. Yo te mato.
Trata de esquivarla, pero Chloe la tiene bien sujeta.
- Lo siento – ríe en su cuello, depositando un beso justo tras su oreja –. Me he quedado helada al hacer pis y tú estás tan calentita…
- Sí, ¿y por qué crees que es eso? Me ha costado lo suyo acumular este calor.
- Mmmm cuéntame más – se burla Chloe, sonriendo.
- Vete a la mierda – ríe Beca, a su pesar.
- No, gracias. No pienso volver a salir ahí fuera nunca más.
- ¿Nunca más?
- Nope.
- Buena suerte con eso – responde Beca entre medias de un enorme bostezo que no se molesta en tratar de disimular.
Recoloca la cabeza en la almohada con toda la intención de seguir durmiendo ahora que más o menos se ha acostumbrado a la helada presencia de la mano de Chloe extendida sobre todas sus costillas, en pleno estómago.
Pero Chloe tiene otra —perversa— idea en mente.
El contacto directo con la piel caliente de Beca ha sido tan efectivo que no se le ocurre nada mejor que repetirlo, pero esta vez con su mano izquierda, que sigue helada a pesar de tenerla atrapada en el sándwich que forman sus cuerpos.
Antes de que su mejor amiga pueda darse cuenta de lo que está a punto de hacer, la cuela por debajo de su pijama y pega su palma abierta contra su espalda.
Beca casi se cae de la cama del salto y coge aire abruptamente entre los dientes. El juramento que quiere decir se le queda atascado en la garganta y, en su lugar, se gira hacia Chloe a la velocidad del relámpago.
En un parpadeo, tiene las muñecas de Chloe entre sus manos y presionadas contra la cama, a ambos lados de la cabeza de la pelirroja, que está demasiado ocupada riéndose con retorcido deleite para defenderse.
- No llevo toda la noche aguantando el pis por no perder mi burbuja de calor solo para que tú vengas ahora a robármelo – advierte en un siseo, sus rostros a escasos centímetros.
- Ya estoy empezando a sentir cierto calor, de todos modos – ronronea Chloe, recorriendo con una coqueta mirada el cuerpo de Beca sobre el suyo. Levanta un poco las caderas contra la morena, solo para seguir picándola –. Esto funciona de maravilla.
Los ojos de Beca destellan.
- Dios, eres insoportable...
- Oh, sí – Chloe asiente, aguantando la risa a duras penas –. Me gusta cuando me hablas sucio.
Beca no logra mantener su enfado por más tiempo y se sacude con silenciosas carcajadas, meneando la cabeza con una incredulidad que derrocha cariño. Se deja caer al lado de Chloe en el colchón, tan cerca que está prácticamente encima de ella todavía.
- Si querías que te calentase, solo tenías que pedirlo, ¿sabes? – dice en el hueco de su cuello, sus labios rozando la piel de Chloe –. Hay métodos más efectivos que el meterme mano a traición.
La pelirroja reprime un estremecimiento que esta vez nada tiene que ver con el frío.
- ¿Cómo cuáles? – pregunta con un sugerente ondular de cejas.
- La próxima vez pídelo amablemente, y te los enseñaré.
Empieza a reírse abiertamente, con deleite, al ver el puchero fastidiado de Chloe y cómo abuchea su respuesta, declarando que es una aguafiestas. Intenta ocultar su amplia sonrisa, pero Chloe puede sentirla presionada contra su clavícula.
Una nueva idea perversa cruza la mente de Chloe y no se lo piensa dos veces: empuja el nórdico hacia abajo, retirándolo de sus cuerpos. La burbuja se rompe y una oleada de aire frío las golpea de golpe, entrando como un tsunami en una playa.
- ¡Chloe! – protesta Beca, incorporándose rápidamente para recuperar el nórdico del suelo.
Una vez ha vuelto a envolverlas en la nube esponjosa del nórdico, clava su mirada fulminante en su mejor amiga. Pero Chloe no se inmuta.
- ¿Me calientas, por favor? – pide en tono amable. Dirige sus ojos, muy abiertos en actitud inocente, a Beca y bate las pestañas un par de veces para aumentar el efecto.
A Beca no le queda más opción que echarse a reír.
iv. primavera
- Te estás quedando dormida.
Los ojos de Chloe se abren con un revoloteo apresurado de párpados pesados por el sueño ante la burlona acusación, que va acompañada del suave empujón de un pie en su brazo que termina por despertarla.
- No – niega de manera inmediata, aunque el raspar de su voz delata su mentira y le arranca una carcajada a Beca.
Chloe guiña los párpados, sus labios torcidos en una mueca de desagrado, porque en el ratito que ha pasado con los ojos cerrados el sol se ha desplazado por la habitación y acaba de recibir un puñetazo de luz en toda la cara.
Durante un puñado de segundos no es capaz de ver nada más allá del más cegador de los blancos puros, hasta que, poco a poco, con cada rápido parpadeo logra eliminar el deslumbrar de sus retinas.
Arrastra la cabeza sobre el nórdico hacia su izquierda para salirse de la esquina inferior del cuadrado de sol que cae al pie de la cama, a pesar de que supone renunciar al agradable acariciar del sol en su piel.
Se encuentra la sonrisa divertida de Beca, sus cejas arqueadas y su mirada resplandeciente fija en ella.
Desde ese ángulo, el portátil que tiene sobre un cojín en sus rodillas casi le oculta el rostro, pero eso solo parece añadir más picardía a su expresión, como si estuviera tratando de esconderla de Chloe.
- Serás mentirosa, estabas babeando y todo – se burla. Muy a su pesar, Chloe se pasa una mano paranoica por la barbilla para comprobar que no sea cierto y la sonrisa de Beca se tuerce más todavía –. Si te llego a dejar un minuto más seguro que te ponías a roncar.
- ¡Perdona! – exclama la pelirroja con una mirada indignada –. ¡Yo no ronco!
- Aja… – asiente Beca, petulante –. Igual que tampoco te ibas a quedar dormida cuando te lo advertí antes, ¿no?
Los dedos de Chloe se crispan involuntariamente alrededor de las cartas de estudio que, milagrosamente, todavía tiene en la mano.
- No me he quedado dormida, solo estaba descansando los ojos.
Beca suelta una fuerte carcajada. Los auriculares que reposan sobre sus clavículas dan un pequeño salto cuando echa la cabeza hacia atrás, pinzando la diadema entre su nuca y su cuello.
- ¿Qué tienes, 80 años? Esa es la excusa de las abuelas.
Chloe encoge uno de sus hombros, despreocupada.
- Es tu palabra contra la mía.
Beca sacude la cabeza, sonriéndose a sí misma de esa forma que dice: dios, qué tonta eres y cuánto te quiero. No se digna a responder al pique, solo se tapa los oídos de nuevo con los auriculares y devuelve su atención al portátil que reposa en su regazo.
Sus labios curvados en una sonrisa satisfecha, Chloe descansa la cabeza en la cama sin posiciones raras para poder mirar a Beca en el otro extremo. Levanta los brazos sobre su cara, sus cartas de estudio que tan meticulosamente hizo durante estas semanas en un abanico en sus manos.
Barajea los rectángulos de cartulina de colores, buscando las verdes: patología quirúrgica, en la que más flojea. Intenta concentrarse en la tinta negra, en las palabras escritas de su propio puño y letra, pero sus ojos no paran de desenfocarse con el sueño.
Parpadea en una rápida sucesión, mueve los ojos por la habitación, y los devuelve a las cartas. La sensación de pesadez, las ganas de cerrarlos, persisten.
Se supone que los fines de semana son sus días de descanso del ajetreo diario: los madrugones a las 5.30 de la mañana, los viajes en transporte público a través de Nueva York, el no parar de la clínica veterinaria en la que trabaja como auxiliar, las tardes pasadas estudiando en la biblioteca pública de Red Hook.
Sin embargo, los exámenes se acercan inexorablemente. No puede permitirse descansar en el fin de semana porque necesita todas las horas que no ocupa el trabajo para estudiar.
Lo cual, dicho mal y pronto, es una puta mierda.
Por supuesto, no ayuda que se haya tumbado en la cama —a pesar de las advertencias de Beca; Chloe apenas la ve durante la semana y ahora sus fines de semana están absorbidos por el estudio, ¿acaso podéis culparla por querer sentir a Beca cerca? ¿Por necesitarlo?— y que el sol en su cara llene su cuerpo de un placentero cálido hormigueo, y, ante todo, que qué persona en su sano juicio prefiere estudiar antes que dormir una mañana de sábado.
La batalla de Chloe contra el sueño está perdida desde su inicio.
Vuelve a cerrar los ojos, solo un segundo. Un segundo.
Cuando los abre de nuevo, una cantidad indefinida de tiempo después, es con un sobresalto, tras sentir el peso de alguien sobre ella. Su brinco se ve contenido por el cuerpo de Beca, que se ha sentado a horcajadas en su cintura.
Chloe ve su sonrisa socarrona, la cabeza que le bloquea el sol, los rayos que se desparraman a su alrededor como una corona de luz.
- Te estás… quedando… dormida – repite Beca, más despacio, pronunciando cada palabra con claridad.
Resultaría amenazadora si no estuviera al borde de las carcajadas, y si no estuviera recalcando cada pausa a base de pinchazos a Chloe en las costillas con su dedo, ahí donde sabe que tiene cosquillas y le va a hacer retorcerse
- ¡Considérame despierta! – exclama Chloe inmediatamente, su voz rasposa otra vez. Se aclara la garganta.
- No, eres una tramposa – acusa la morena –. Aun encima de que me he puesto a trabajar para que no estuvieras sola en tu sufrimiento cuando podría perfectamente estar vagueando…
Sí, el corazón de Chloe todavía no ha parado de revolotear por lo dulce de ese gesto.
- …y al final la única pringada que está aprovechando la mañana soy yo, mientras que tú – vuelve a pincharla en las costillas –, te estás echando siestas de señora octogenaria.
Chloe no puede evitar que se le escape una risa ante la —acertada— comparación, pero aprieta los labios con expresión de arrepentimiento y trata de sofocarla.
Los ojos de Beca se entornan ligeramente.
- Así que me voy a asegurar de que estudies – proclama al final.
Alarga una mano hacia Chloe y esta se encoge por instinto, pensando que le va a hacer más cosquillas, pero Beca lo único que busca es arrebatarle las cartas de las manos.
Sentada todavía en sus caderas como si fuera el sitio más cómodo del mundo, Beca se reclina hacia atrás, repartiendo su peso entre sus piernas dobladas sobre la cama y Chloe, cuidadosa de no hacerle daño.
Levanta las cartulinas a mitad de su pecho y lee la primera desde la parte inferior de sus ojos. Carraspea de forma exagerada, como si fuera un profesor a punto de empezar una lectura crucial. Solo le faltan las gafas en equilibrio en la punta de la nariz para completar el look.
Chloe se muerde los labios para no reírse.
- ¿La fijación del estómago a la pared abdominal se denomina…? – pregunta Beca, su tono de seriedad absoluta. Arquea una única ceja y desvía su mirada inquisitiva a Chloe, expectante.
- ¿Qué me vas a hacer si fallo? – es todo lo que Chloe da a modo de respuesta –. ¿Azotarme? – imita la ceja arqueada de su mejor amiga, acompañada de una sonrisa burlona que cambia por completo su significado.
Beca solo pone los ojos en blanco, pero sus labios se aprietan para no sonreír. Viendo que Chloe no va a darle la solución, gira la cartulina verde entre sus dedos para leerla en voz alta ella misma de la parte de atrás:
- Es gastronexia – le lanza una mirada petulante y mueve la carta al fondo, continuando con la siguiente –. ¿Para referirnos a la sutura de un asa intestinal podríamos hablar de…?
Una vez más, Chloe esquiva la pregunta.
- ¿Y si acierto? ¿Te quitas una prenda de ropa por cada una que responda correctamente?
Beca vuelve a apretar los labios, sus ojos llenos de diversión.
- Para eso tendrías que responder a alguna primero – se burla.
La sonrisa de Chloe se tuerce.
- Enterorrafia – dice, despacio, petulante.
Beca, algo escéptica, baja la mirada a la cartulina. La hace girar entre sus dedos y lee la solución. Sus cejas solo se mueven un par de milímetros hacia arriba, mientras el resto de su rostro se mantiene impasible.
No dice nada, y Chloe no lo necesita. Sabe que ha acertado.
Beca echa los brazos hacia atrás y agita suavemente los hombros hasta que su chaqueta resbala de ellos y cae hecha un guiñapo alrededor de sus muñecas. La deja tras ella en la cama y cambia de carta.
- ¿El término "desmorrafia" significa…?
Chloe no se lo tiene que pensar.
- Sutura de un ligamento.
Una vez más, Beca no reacciona más allá que para cruzar los brazos en el bajo de su camiseta para sacársela por la cabeza. La deja caer sobre la chaqueta, a su espalda, sin una mirada.
La boca de Chloe se seca un poco y sus dedos se crispan alrededor del nórdico ante el brillo de la pálida piel de Beca bajo el sol primaveral.
- ¿El sistema TNM de clasificación de tumores permite…?
- Identificar la naturaleza biológica del tumor.
Una pausa, y…
- Nope – responde Beca, haciendo restallar la "pe", sin molestarse en ocultar su sonrisa.
Chloe parpadea, confundida.
- ¿Cómo qué no?
- Permite valorar la extensión del proceso – corrige la morena, disfrutándolo al máximo.
Mierda. Es cierto.
- Bueno, da igual – desestima con un batir despreocupado de la mano que pretende disipar su propio fastidio –. Sigue – hace un gesto con la barbilla hacia las cartas.
Pero Beca solo sonríe más ampliamente.
- Por cada pregunta que falles, recupero una prenda – anuncia. En un visto y no visto, vuelve a tener puesta la camiseta, y la protesta de Chloe llega demasiado tarde –. Si tú puedes inventarte reglas así como así, entonces yo también.
Chloe aprieta la mandíbula.
- Sigue – repite, llena de determinación.
Acierta. Falla. Acierta. Falla. Falla. Acierta. Falla. Acierta. Acierta.
Chloe se relame al volver a tener a Beca sobre ella en sujetador y coge una lenta respiración. Trata de no perder la concentración, de no dejar que su ansia le juegue una mala pasada otra vez.
La ceja izquierda de Beca vuelve a arquearse, burlona, desafiante.
- ¿El tratamiento de una cicatriz hipertrófica incluye: a, corticoterapia; b, radioterapia; c, presión elástica; o d, ninguna de las anteriores?
Chloe frunce el ceño y estruja su cerebro. Parece una pregunta trampa, pero no sabe si es paranoia por la curva burlona de la sonrisa de Beca, como si estuviera convencida de que no la va a acertar, o si su instinto es correcto.
Cierra los ojos y se lanza al vacío.
- Ninguna – responde, tratando de no sonar tan insegura como se siente.
Beca da la vuelta a la cartulina y… La comisura derecha de su sonrisa tiembla, un tic minúsculo.
- Correcto – felicita.
Hace el amago de ir a incorporarse sobre sus rodillas para quitarse los pantalones, pero Chloe la detiene, sentándose en un rápido movimiento, sus dedos firmes en las caderas de Beca.
La mirada de la morena salta a la suya, inquisitiva.
- Esto no – murmura Chloe, su voz rasposa, y no por el sueño. Pasea sus dedos por el aire en dirección ascendente y da tos toques con la yema de su índice en el trozo de tela que une las dos copas del sujetador de Beca –. Esto – pide.
Beca parece cogida por sorpresa un instante, sin embargo, se repone rápidamente. Con movimientos lentos, echa los brazos hacia atrás para soltar el enganche de su sujetador.
Chloe deja de respirar el instante en que la tela cae por su propio peso y descubre pálida piel, el suave marrón de dos pezones en punta, esos dos lunares que Chloe ha visto desde escotes en fugaces vistazos y siempre ha querido probar con sus labios.
Eso hace ahora mismo: su boca entreabierta dibuja una mancha húmeda cuando presiona su respiración irregular contra la piel de Beca en un beso hambriento. Sus manos se expanden, posesivas, por la espalda de la morena, que jadea y la atrae hacia ella con puños tirantes en sus mechones pelirrojos.
Chloe se separa y su mirada tropieza con la oscura de Beca, tras párpados pesados, y no del sueño.
- Atranca la puerta – ordena.
Horas más tarde, Amy llegará al apartamento y no podrá meter su llave en la cerradura.
Cuando le abran, preguntará:
- ¿Cuál de vosotras, perras flacas, se ha vuelto a dejar las llaves puestas por dentro?
Y Beca y Chloe compartirán una sonrisa cómplice, una mirada cargada, y se encogerán de hombros como si no supieran de qué va la cosa.
A/N: Tengo 0 conocimientos sobre veterinaria. Yo busqué en Google preguntas tipo test y cogí lo primero que salió. Si conocéis sobre el tema y algo está incorrecto, por favor, dirigid las reclamaciones al Sr. Google.
