Thursday 29th: Near-death experience

Resumen: "Todo lo que dicen sobre las experiencias cercanas a la muerte no son más que una sarta de mentiras. De repente lo ves todo claro, bla bla bla. Yo por lo menos no he visto nada, y sigo sin tener idea alguna de qué hacer con mi vida. ¿Acaso vosotras sí?"

O, las Bellas ponen en orden sus futuros juntas.

Rating: K+


A/N: Es decir: qué habría pasado si la conversación que tienen sobre sus vidas y sus futuros después de haber sido rescatadas hubiera sido tratada con la coherencia y el realismo que merecía, hubiera sido escrita por alguien también con 25 años más perdida que un pez fuera del agua.

(Que no se note lo decepcionada que estoy todavía con PP3.)


Un antiguo grupo femenino de a cappella universitaria es secuestrado por un mafioso australiano en un yate anclado en el Mediterráneo francés, a la espera de ser rescatadas por la hija del mafioso y una productora de música fracasada que no llega al metro sesenta.

Parece el principio de un chiste malo. Uno tan largo que, para el momento en el que se llega al final, el clímax de la historia, el momento que se supone que debe ser como un badum tss verbal, es recibido con absoluto silencio porque la audiencia ya no recuerda cuál era el principio.

Pero no lo es. Ha pasado de verdad.

De alguna forma se las apañaron para ganar tiempo y distraer a los mafiosos con una apresurada y en parte improvisada actuación de Toxic cuya coreografía todas recordaban milagrosamente a pesar de que nunca llegaron a usarla en ninguna competición.

La historia se vuelve cada vez más ridícula a medida que avanza, hasta desembocar en el final más absurdo de todos: un salto envueltas en el fuego de una explosión, como si fuera una escena sacada de una película de acción de Hollywood con exceso de testosterona.

Y han sobrevivido a todo, que es lo más difícil de creer, a los matones armados hasta los dientes y el tiránico padre de Amy y a la carrera contrarreloj sobre lo que era literalmente una bomba a punto de estallar.

Sinceramente, Beca todavía tiene serias dudas de que no haya sido todo una alucinación colectiva, porque le cuesta comprender cómo ella, una persona normal y corriente, y sus amigas, también personas normales y corrientes —excluyendo a Amy y a Lilly por razones obvias— han podido acabar en una situación así.

Y es que parece el principio de un chiste malo.

Parece el titular de una noticia falsa en una de esas páginas web que pretende hacerse pasar por un periódico serio, pero que es puramente satírica.

Parece una alucinación colectiva por haber estado expuestas a una fuga de gas, o lo que sea que pueda haber provocado algo así.

Parece un sueño febril.

Pero no. No ha sido nada de eso.

Ha pasado de verdad.

Y, en caso de que Beca todavía tenga dudas, la gruesa manta en la que la han envuelto los de Salvamento Marítimo que han acudido a su rescate después de la explosión y que raspa su barbilla cada vez que mueve la cabeza, su peso reconfortante sobre sus hombros, actúa como un recordatorio constante de que no, de que ha sido real.

Pero aun así su cerebro no deja de quedarse colgado cada vez que intenta asimilar la veracidad de lo ocurrido. Aparece un circulito para indicar que está pensando y gira y gira y gira y gira sin poder parar.

Es un error 404 mental constante.

Beca encuentra el consuelo de los tontos en el hecho de que, a juzgar por las expresiones en blanco y las miradas perdidas del resto de las Bellas, repartidas por la carpa de Salvamento Marítimo mientras son examinadas, sus amigas están teniendo el mismo problema.

A excepción, por supuesto, de Lilly, que está moviendo los labios como un pez, como siempre hace cuando se aburre; y Amy, que está intentando conseguir que le den una piruleta de las que tienen en un tarro para los niños pequeños.

- ¿Puedes soltar la manta un momento? – le pide el hombre de Salvamento Marítimo que la está examinando en un inglés con fuerte acento francés.

Beca parpadea un par de veces, sus ojos irritados por el calor del yate en llamas y la sal del Mediterráneo. Devuelve su atención al hombre y tarda unos segundos en descifrar su petición, a pesar de lo simple que es.

El marinero, habiendo acabado de buscar heridas en su cabeza y señales de una conmoción cerebral, le enseña el estetoscopio que lleva en la mano. Beca asiente con un movimiento robótico y torpe.

Afloja el agarre que sus dedos helados tienen de la áspera manta y deja que caiga alrededor de su cintura. Contiene un estremecimiento cuando el frío del amanecer entra en contacto con su ropa mojada.

El hombre despega la tela empapada de su jersey de su espalda y cuela el estetoscopio por debajo.

- Respira hondo – instruye en voz suave.

Beca sigue la orden al instante. Inhala y exhala con profundidad un par de veces mientras el marinero, su rostro una máscara de concentración, escucha atentamente por la más mínima señal de agua en sus pulmones.

Asiente cuando acaba, satisfecho, y vuelve a colocarle la manta sobre los hombros.

- Habéis tenido mucha suerte – observa con cierta incredulidad en su voz.

Beca no responde, pero entiende cómo se siente.

Su mirada vagabunda coincide con la de Chloe desde el lado opuesto de la carpa y tienen toda una conversación sin necesidad de palabras: ¿qué está pasando?, ¿te lo puedes creer?, yo tampoco.

- Podéis iros – interrumpe el hombre, sin ser consciente de que está interrumpiendo algo –. La policía y la Guardia Costera quieren hablar con vosotras, pero les hemos dicho que os den unas horas para descansar.

Beca observa con cierta aprehensión a los uniformados que esperan, como buitres dando vueltas en el aire alrededor de carroña, en la abertura que sirve como entrada a la carpa, robando vistazos de ellas con expresiones ansiosas.

Por algún motivo, le hace sentir nerviosa y agradece que los de Salvamento Marítimo les hayan ganado unas horas.

Sabe que todo lo que tendrá que hacer será contarles lo ocurrido palabra por palabra, y que ellas no tuvieron culpa alguna, pero supone que es la mezcla de figuras de autoridad con el hecho de estar en el extranjero y el miedo a que no conocer la ley no te exime de seguirla.

- Será mejor que os toméis los próximos días con calma, sin hacer nada extenuante – prosigue el hombre, para alivio de Beca, que devuelve su atención a él y expulsa de su mente la declaración que se cierne sobre sus futuros –. Y, en caso de que sintáis algo fuera de lo normal, id inmediatamente a un hospital.

Beca asiente, consciente de que no van a hacer caso a su recomendación. Puede ver que Chloe todavía sigue mirando en su dirección con abierta curiosidad, y su sonrisa torcida, como si la pelirroja supiera exactamente qué está pensando.

Le devuelve la mirada de frente y arquea una ceja, desafiante, un "cállate" y un "¿acaso tú vas a tomártelo con calma?" envueltos en ese simple gesto. Chloe se tiene que morder la lengua para contener una risa.

Beca se sonríe a sí misma.

No se da cuenta, pero después se siente un poco más ligera.


No se han puesto de acuerdo.

De hecho, ninguna de ellas pronuncia palabra alguna en la furgoneta que las lleva de vuelta al hotel, ni en el ascensor mientras suben a la tercera planta, ni cuando se desperdigan cada una hacia su habitación.

Pero, de alguna forma, ya sea telepatía o trauma compartido, todas tienen la misma idea al salir de la ducha y darse cuenta de que lo último que quieren hoy es pasar la noche solas.

Beca es la primera en abrir la puerta de su habitación y asomar la cabeza por el pasillo, su mirada yendo directa a la derecha, al número 315 en la pared que sabe que corresponde a la habitación de Chloe.

Cruza la moqueta de puntillas, casi a la carrera, como si no quisiera que nadie la viera escabullirse en pleno amanecer hacia la habitación de su mejor amiga, aunque en realidad le da igual, aunque si de verdad tuviera algo que esconder estaría haciendo el recorrido contrario.

Cuando Chloe abre la puerta en respuesta a su suave golpeteo de nudillos, no parece sorprendida de verla. Le regala una sonrisa suave y la atrapa en un cálido abrazo en el que Beca se derrite con un suspiro, sin saber cuánto lo necesitaba hasta que por fin lo tiene.

Al separarse, Chloe mantiene sus brazos en los hombros de Beca y la escanea con ojos que empiezan preocupados y se van volviendo aliviados a medida que comprueba por sí misma que Beca no tiene ni un rasguño.

(Beca nunca lo admitiría, pero ella hace lo mismo aprovechando la distracción de Chloe y un nudo en su pecho se afloja en cuanto acaba su inspección.)

- Estoy bien – asegura en un murmullo quedo.

- Yo también – responde Chloe en el mismo tono, los inicios de una sonrisa malamente contenida curvando las comisuras de sus labios.

Ah, pillada.

Beca frunce sus labios para que no se le escape una risa delatora, pero su respuesta sarcástica nunca llega a salir de su boca porque alguien llama a la puerta con un golpeteo de nudillos que suena tímido.

Beca y Chloe comparten una mirada divertida, sabiendo a quién van a encontrar en el pasillo, antes de que la pelirroja vaya a abrir. Efectivamente, fuera está Emily mordiéndose los labios y balanceándose sobre sus pies con nerviosismo.

Abre la boca, probablemente para soltar una letanía de excusas y perdones, pero Beca escoge ese preciso momento para asomarse por encima del hombro de Chloe y saludarla con absoluta naturalidad.

- Hola, Em.

Emily parpadea, y su sorpresa desaparece con rapidez, sustituida por la obviedad (¿por qué no va a estar Beca en la habitación de Chloe?) y el alivio cuando Chloe la invita a pasar.

- Gracias – dice la Heredera de todos modos, recogiéndose el pelo tras las orejas. Su mirada revolotea por la habitación, inquieta –. No quería estar sola esta noche.

Beca y Chloe sonríen para tranquilizarla.

A espaldas de Emily, se sonríen con complicidad. Ahora es solo cuestión de esperar.


Tras Emily aparece Jessica, diciendo que las había escuchado hablar a través de la pared que comparte con la habitación de Chloe.

Luego llega Aubrey, buscando uno de los reconfortantes abrazos de Chloe y quedándose por la compañía.

Después, con apenas un minuto entre una y otra, casi como si así lo hubieran planeado y cronometrado, vienen Ashley, Flo, Cynthia Rose, y Amy.

Lilly… simplemente aparece de repente, ninguna está muy segura cuándo ni cómo.

No se han puesto de acuerdo, pero tampoco lo necesitan.

Igual que si fuera una segunda intuición, un instinto natural, todas saben a dónde ir para no tener que pasar la noche solas.


- Todo lo que dicen sobre las experiencias cercanas a la muerte no son más que una sarta de mentiras – exclama Beca de repente una hora después, aprovechando un momento de calma que había dejado la habitación en silencio.

Por el rabillo del ojo puede ver cómo Chloe y Aubrey se giran hacia ella casi a la vez, confundidas y sorprendidas por su inesperado arrebato.

- ¿A qué te refieres? – pregunta la rubia.

- Ya sabéis – Beca agita una mano en el aire.

- Mmm no, no sabemos – rebate Aubrey en tono de obviedad.

Beca recorre con la mirada a sus amigas: Chloe a su lado, Aubrey más allá, apretujadas las tres en la cama; Cynthia Rose, Flo y Lilly sentadas en el suelo a su otro lado, Jessica y Ashley compartiendo una butaca pensada solo para una persona, Emily acurrucada en la otra.

Ninguna parece tener idea alguna de a lo que se refiere.

- ¡Ya sabéis! – insiste, convencida de que lo han escuchado antes –. Eso que siempre se dice: cuando estás a punto de morir toda tu vida te pasa por delante de los ojos – proclama, profética, burlona –. De repente lo ves todo claro, bla bla bla.

Escucha el resoplido de risa de Chloe ante su voz y pantomima, ve las sonrisas que aparecen en las caras de las demás por mucho que las intenten ocultar para no parecer irrespetuosas, o como que no se lo están tomando en serio.

A los pies de la cama, Amy, tumbada a lo largo —"píntame como una de tus chicas francesas", había bromeado nada más ocupar ese sitio— deja que el mechón de pelo que estaba jugando a usar como bigote resbale por su rostro.

- A lo mejor es que no has estado suficientemente cerca de la muerte – aporta, tan útil como siempre.

Beca le lanza una mirada fulminante.

- ¿Consideras que saltar de un yate dos segundos antes de que explote a tus espaldas no es estar suficientemente cerca de morir? ¿En serio, Ames?

Amy solo se encoge de hombros, como si ella no tuviera la culpa, y recupera el mechón de pelo.

- Quizá fue el shock – dice Flo –. Puede hacerte hacer cosas muy raras – asegura con seriedad –. Después de que le atropellara un coche mientras estaba trabajando como repartidor, mi primo ahora siempre te escupe como te acerques mucho a él.

- ¿Ese es el mismo que intentó venderte por una gallina? – pregunta Cynthia Rose.

- No, ese fue mi hermano.

CR sacude la cabeza, incrédula, y luego musita para sí misma:

- Y yo que pensaba que mi familia tenía problemas…

- No, no fue el shock – niega Beca, rotunda.

- Pero ¿por qué dices que es mentira? – inquiere Chloe.

- Porque hoy hemos tenido una experiencia cercana a la muerte y… – Beca se lleva una mano al pecho –, yo por lo menos, no he visto nada, y sigo sin tener idea alguna de qué hacer con mi vida. ¿Acaso vosotras sí?

El silencio que se hace en la habitación es respuesta suficiente.

- Si es por eso, no te preocupes que yo te digo qué hacer con tu vida – proclama Amy, confiada.

- Amy, no te ofendas, pero hoy hemos descubierto que tienes un padre malvado, aparentemente eres una ninja, y por tu culpa que casi morimos – dice Beca con una mueca –. ¿Por qué debería ahora hacerte caso?

- Porque soy millonaria – responde la australiana como si eso tuviera todo el sentido del mundo. Se incorpora sobre el codo doblado que estaba usando para sujetar su cabeza –. Beca, la solución a tu problema es de lo más simple: solo tienes que decirle que sí a DJ Khaled.

Beca pone los ojos en blanco y resopla, pero siente un cambio en el ambiente de la habitación que le hace tensarse en el sitio.

- ¿Decirle que sí a DJ Khaled sobre qué? – inquiere Chloe, curiosa, confundida, y sospechosa al mismo tiempo.

Beca no se atreve a mirarla a la cara, y tampoco a responder.

No puede librarse de la sensación de que ha traicionado a las Bellas, aunque no fuera de forma consciente, solo por haber atraído la atención de Theo y de DJ Khaled, por haber provocado que le hicieran la oferta a ella sola.

Pero Amy se encarga de soltar la bomba por ella, igual que, tres años antes, se encargó de dar las pistas necesarias para que no le quedase más remedio que confesar sus prácticas en Residual Heat.

- La quieren a ella. DJ Khaled y su equipo no han elegido a las Bellas, han elegido a Beca – señala a Beca con su barbilla, quien solo quiere hundirse en la cama y desaparecer –. Así que, sí, solo la han elegido a ella.

Beca lanza una mirada furtiva a su alrededor. Ve las expresiones de alegría y decepción en los rostros de sus amigas y se le rompe el corazón todavía más.

- ¡Beca! – exclama Chloe a su izquierda, seguido de un empujón tan fuerte e inesperado que Beca, que ya de por sí está sentada en el borde de la cama para que quepan las tres, se cae al suelo.

Se le escapa un agudo y vergonzoso gritito, y logra extender su brazo derecho bajo su cuerpo a tiempo para frenar parte del golpe. Aun así, su culo hace contacto con la moqueta, que no hace nada para amortiguar el choque, de forma dolorosa.

- Ow – se queja, frotándose la zona dolorida. Asoma la cabeza por el borde de la cama para lanzarle una mirada indignada a Chloe, resoplando los pelos que se le han quedado sobre la cara –. ¡Tía! ¿Se puede saber a qué ha venido eso?

- ¿Por qué no nos lo has contado? – es todo lo que Chloe ofrece por respuesta.

No es una acusación, solo una simple pregunta, pero Beca se apresura a escupir sus excusas de todos modos.

- ¡Porque les dije que no! Me siento igual que vosotras, ¡sois mi familia y no se deja tirada a la familia!

Su sinceridad es recompensada con un cojinazo en toda la cara.

- ¿Estás tonta? ¿Cómo vas a rechazar esa oferta? – le increpa Chloe.

- ¿Pero tú no quieres hacer música? – pregunta Flo como quien señala a una flor y luego comenta "esto es una flor".

- Bueno, sí quiero, pero… – intenta defenderse Beca.

- Beca, ¡no puedes decir que no, tienes que hacerlo! – interrumpe Amy, acalorada –. La familia no está para hundirte, tiene que hacerte crecer – levanta un brazo hacia el techo para ilustrar sus palabras, pero vuelve a bajarlo con una mueca dolorida.

- Eso es justo lo que llevo diciendo yo todo este viaje – musita Emily entre dientes, buscando algo de reconocimiento entre las Bellas que están más cerca a ella.

- ¡Emily! – gruñe Amy, retorciéndose en la cama para poder fulminarla con la mirada –. ¡Hay gente inteligente hablando!

La Heredera aprieta los labios para señalizar su silencio, pero no se acobarda como habría hecho tres años atrás.

De repente, ocurre algo de lo más inesperado: Aubrey estalla en carcajadas.

Pero carcajadas fuertes, profundas, de esas que salen de lo más hondo de tu estómago y hace que te duela cuando se prolongan demasiado. Rayan casi en lo histérico, lo cual es lo único no extraño de todo ese momento.

- Voy a ser sincera con vosotras: cada vez que actúo delante de gente me dan ganas de vomitar – no es la gran revelación que Aubrey cree que es, pero las Bellas se muestran sorprendidas de todos modos por su bien –. Beca, tienes que decir que sí – Aubrey sonríe y bromea–: Si no lo haces por ti, por favor hazlo por mí.

Beca exhala una risa por la nariz, aunque es algo floja.

- No lo sé, chicas, no sé si puedo… – admite en voz baja, la mirada gacha, avergonzada, mientras sacude la cabeza.

- ¿Por qué no? – pregunta Chloe, esta vez con más suavidad, presintiendo la fragilidad y lo verdaderamente perdida que Beca se siente al respecto.

- Nunca he actuado en un escenario sin vosotras. No sé si sabría actuar en un escenario sin vosotras.

- Aw, Becs – Chloe alarga una mano y entrelaza sus dedos con los de Beca que reposan en el borde de la cama –. Tú brillas por ti misma, no nos necesitas – le da un apretón para llamar su atención –. Nunca lo hiciste.

Beca parpadea, notando sus ojos repentinamente húmedos.

- De todos modos – continúa objetando tras sorberse la nariz y rascársela con un nudillo en un gesto brusco –. Me quieren firmar como cantante y yo no quiero ser cantante. Nunca lo he querido. Yo solo quiero producir música.

- Negócialo con Khaled – soluciona Aubrey con facilidad, encogiéndose de hombros para demostrar que no es un problema tan grande como Beca quiere hacerlo parecer.

- No tengo influencia alguna como para andarme con exigencias.

- No, pero no te hace falta. Solo necesitas un buen abogado.

Beca bufa una risa sarcástica.

- Ya, claro, ¿y cómo lo pago? ¿Con el dinero que no me están dando en el trabajo que no tengo? Los buenos abogados no son precisamente baratos, Bree.

Aubrey pone los ojos en blanco.

- Yo te puedo conseguir uno. Tengo algunos compañeros de Barden que me deben favores.

Beca todavía no parece convencida.

- ¿Y no podrías hacerlo tú? – pregunta, sus labios torcidos en una mueca insegura –. Si lo hago, y solo si – advierte, levantando un dedo en la dirección de Chloe, que se desinfla de manera inmediata y pierde el aire que ya había cogido para empezar a celebrarlo –, de la única de la que me fio es de ti.

Aubrey parece cogida desprevenida por la petición, y titubea bajo la repentina atención de todas sus amigas. Abre la boca un par de veces, como si fuera a negarse pero no lograra reunir las palabras necesarias para hacerlo.

Es extraño ver a Aubrey Posen sin una réplica inmediata.

- Yo… – Aubrey se muerde los labios, considerándolo –. No estoy legalmente capacitada para ello, nunca llegué a hacer el examen de admisión para el Colegio de Abogados…

- Khaled no necesita saberlo – murmura Amy como quien no quiere la cosa, su mirada forzadamente distraída.

- No parece el tipo de persona que pide credenciales – comenta Cynthia Rose.

- Quizá es hora de volver al derecho, Bree – insta Chloe amablemente –. El retiro… estaba bien al principio, cuando te resultaba divertido, pero hace tiempo que ha perdido su encanto – le recuerda –. ¿No echas de menos pelear con otros abogados sobre leyes y precedentes?

Una expresión nostálgica se apodera del rostro de Aubrey, pero, aun así, Beca puede ver que está a punto de decir que no antes siquiera de que abra la boca. Así que hace lo único que se le ocurre: le lanza a la cara el cojín que le fue lanzado a ella por Chloe.

Aubrey suelta una seca exhalación incrédula y entrecierra los ojos cuando la mira.

- Vale – dice en casi un mordisco –. Yo lo hago si tú lo haces – arquea una ceja, desafiante, y alarga una mano por delante de Chloe –. ¿Hay trato o no hay trato?

La atención de la habitación vuelve a caer sobre Beca, que solo se hace de rogar un par de cargados minutos antes de asentir y, entre los vítores de las Bellas, se arrodilla sobre la moqueta para estrecharle la mano a Aubrey.

Chloe, sonriendo ampliamente, rodea sus cuellos con sus brazos aprovechando que las tiene a ambas delante y las atrae contra su cuerpo en un incómodo abrazo.

- Estoy muy orgullosa de vosotras – murmura en sus oídos, solo para ellas, porque sabe que les avergonzaría que lo dijera en voz alta frente a todas las demás.

Deposita sendos besos en sus sienes que son más la impresión de la alegre curva de su boca que la presión de labios sobre piel.

- Pues, ya que estamos compartiendo… – dice Cynthia Rose, sentándose más recta sobre el suelo para señalizar que va a decir algo importante –. He estado hablando con algunos de los chicos de las bases y, ahora que los gays pueden servir en el ejército, voy a alistarme y así me pagan las clases de vuelo – anuncia con una sonrisa enormemente satisfecha.

- ¡Eso es genial! – exclama Chloe, y las Bellas lo corean.

- Me alegro por ti, tía – le felicita Beca con un suave empujón de su pie al hombro de CR.

- Yo tengo un examen de psicopatología la semana que viene – comenta Emily, sus labios curvados hacia abajo con nerviosismo, lo cual parece ser su estado natural.

Hasta que se abren con una exclamación ahogada cuando Aubrey le lanza el cojín a la cara.

- Y vas a seguir componiendo para no pasar el resto de tu vida arrepintiéndote, ¿verdad? – le recuerda Aubrey, su mirada firme y sus cejas arqueadas de tal forma que su insinuación suena más bien como una amenaza.

Emily asiente y trata de contener una sonrisa.

- Sí – promete.

Aubrey asiente con obvia satisfacción.

- A mí la verdad es que me viene genial que aceptes la oferta – dice Flo, su mirada en Beca, con una sonrisa solo ligeramente arrepentida –. Por fin he acabado de pagar el préstamo de mi furgo y voy a montar una franquicia, y una carrera musical interferiría con mis negocios así que…

- ¿En serio? ¡Enhorabuena! – celebra Beca.

Amy alarga una mano por el borde de la cama para chocar los cinco con Flo, y Cynthia Rose rodea sus hombros con su brazo para darle un semi abrazo.

- ¡Qué pasada! – exclama una voz desconocida.

Todas se quedan congeladas en sus sitios y, de forma totalmente cómica para alguien que lo esté viendo desde fuera, giran las cabezas despacio, casi asustadas, hacia donde Lilly está sonriendo como si estuviera viendo el mundo por primera vez.

- ¿Hablas? – pregunta Beca, tan sorprendida que su voz suena algo estridente.

Lilly emite una risa aliviada.

- ¡Satán por fin ha abandonado mi cuerpo! – dice entre risas, extiendo los brazos como si le estuviera dando las gracias al Señor. Cuando se calma, les sonríe y alza una mano para saludarlas –. Hola, soy Esther – se presenta.

Se hace un espeso silencio en la habitación y, entonces:

- ¿Qué? – exhala Aubrey, profundamente confundida.

Si, ¿qué?

- Tengo… muchas preguntas… – musita Beca.

La mano de Chloe se cierra alrededor de su muñeca, quizá pidiendo que se mantenga callada o porque está intentando llamar su atención para compartir este pequeño momento de absurdidad, como tienen por costumbre cada vez que alguna de las Bellas hace o dice algo extremadamente raro.

Pero esto se pasa de raro.

¿Cómo se supone que deben reaccionar a semejante información? ¿Acaso decir que has estado poseída por Satán es algo normal? ¿Deben celebrarlo con Lilly, perdón, Esther, o deben salir corriendo y llamar a un cura?

Considerando el día que llevan, esto es quizá lo más normal que ha pasado hasta ahora, y esa noción hace que a Beca la cabeza le dé vueltas a velocidad de vértigo.

Por el rabillo del ojo, Beca ve a Flo santiguarse con una sonrisa de profunda incomodidad en los labios y es todo tan ridículo, tan incomprensible, que ahora es ella la que tiene ganas de estallar en carcajadas histéricas.

Carraspea para contenerse y opta por la ruta que, ya lo tienen comprobado, es siempre las más segura y efectiva: cambiar de tema de manera radical.

- ¿Y tú, Chlo? – pregunta mientras gira la cabeza hacia la pelirroja. Su mejor amiga parpadea sus ojos muy abiertos un par de veces, como si creyera que Beca le está preguntando si ella también lleva dentro a Satán –. ¿Alguna revelación que hayas tenido en tu experiencia cercana a la muerte?

- No – Chloe suspira una risa, aunque suena un poco apagada –. Solo me hace muy feliz que todas estéis encontrando vuestro camino en la vida – acompaña sus palabras de una sonrisa sincera, aunque ninguna de las Bellas jamás habría dudado de ella.

- Oh no – murmura Amy.

- Tranquila, Ames – Chloe le regala una sonrisa burlona –. Quizá los brindis no se me den bien, pero los discursos lacrimógenos todavía sí.

- Precisamente por eso lo digo – se queja la australiana entre dientes, pero nadie le hace caso.

- Creo que… – se aclara la garganta suavemente, su voz cogida por la emoción –. Ha llegado el momento de empezar el siguiente capítulo de nuestra vida – pero, a pesar de lo que está diciendo, no puede evitar sonar algo triste.

Beca cubre con su mano el agarre que Chloe tiene en su muñeca, una silenciosa muestra de apoyo que Chloe le agradece con un apretón a modo de respuesta, todo el intercambio un secreto que solo ellas saben.

Un borrón de movimiento al otro lado de Chloe llama su atención. Capta el momento en que Aubrey posa su mano en el brazo de Chloe y mueve el pulgar sobre la tela de su jersey en una cariñosa caricia.

Ese gesto, también pensado para ser un secreto, del que Beca no debería haber sido testigo, hace que le crezca el corazón al menos diez centímetros dentro de su pecho.

- Es hora de pasar página, ¿no es así? – y, a pesar de estar al borde de las lágrimas, Chloe se las apaña para sonreír ampliamente –. Me costó entenderlo al principio, pero ahora tengo claro que siempre estaremos ahí para apoyarnos. Somos una familia.

Con estas palabras, da un apretón a la muñeca de Beca, como un mensaje secreto solo para ella. La morena tiene que agachar la cabeza y centrarse en su respiración para que no le sobrepase la emoción.

- Sé que puede resultar difícil de creer, conociéndome – Chloe sacude la cabeza con una pequeña risa de humor ácido –, pero yo estoy más que lista. Me han llamado para decirme que entro en veterinaria – anuncia, su voz cantarina por la alegría, su sonrisa cegadora.

- ¡Te han admitido! – aunque es una pregunta, Beca no lo entona como una, sino que le sale como un grito ilusionado, a la vez que un ligero reproche por no haber sido informada antes de una noticia tan importante.

- ¡Sí, he entrado! ¡Lo logré! – ríe Chloe, celebrándolo en privado con cada Bella hasta acabar en Beca.

Antes de que puedan perderse en los ojos de la otra, como tienen cierta tendencia a hacer, un cojín impacta con extrema puntería en el lateral del rostro de Chloe a pesar de haber sido lanzado desde el otro lado de la habitación.

- Gracias, Em – dice Beca entre risas.

La Heredera solo sonríe, orgullosa.

Una vez las risas se disipan, Beca se vuelve hacia Amy.

- ¿Qué hay de ti, Ames?

- Por mí no te preocupes – le tranquiliza la australiana con su habitual despreocupación –. Tengo ciento ochenta millones de dólares para invertir en Amy la Gorda Whinehouse.

Beca sacude la cabeza, creyendo haber oído mal, al mismo tiempo que Chloe se inclina hacia delante con un "¿qué?", que deja claro que no, sus tímpanos no han sufrido daños por la explosión y, sí, Amy ha dicho ciento ochenta millones.

Beca sabía que Amy había descubierto que su madre le había dejado una generosa herencia, pero a la australiana se le había olvidado comentar —convenientemente— que era así de generosa.

- Ah, así que podrás pagarnos sin dificultad todos los meses de alquiler que llevas de retraso, ¿no? – arquea una ceja, burlona.

Amy, como era de esperar, empieza a emitir sonidos inconexos y a mirar a todos lados menos a Beca y a Chloe, que se está riendo a su lado.

- Beca, sabes cuánto te quiero, pero no sé de qué me hablas – responde, su ceño fruncido y su expresión una de falsa preocupación –. Creo que deberíamos ir al hospital porque lo que estás diciendo no tiene sentido alguno.

Beca alarga una mano hacia el cojín que Chloe tiene abrazado contra su pecho, con intención de tirárselo a Amy a la cara, pero Chloe ha tenido la misma idea. Lo lanza por el aire en una curva perfecta.

Cae sobre Amy, quien intenta levantar los brazos para cubrirse pero llega demasiado tarde y el cojín se cuela entre sus manos estiradas.

- Buen tiro – felicita Beca, chocando los cinco con Chloe mientras todas se ríen y Amy grita sobre haber sido atacada.

Cuando se vuelve a hacer la calma en la habitación, Beca mira a su alrededor con la ligera sensación de que esto no es la vida real, sino un sueño surrealista, una fantasía, con sus bordes difuminados y filtro de color cálido.

- ¿De verdad vamos a hacerlo? – no puede evitar preguntar, incrédula, y aunque no especifica, sabe que las Bellas entienden perfectamente a lo que se refiere: a separarse de manera definitiva, a seguir sus caminos cada una por su lado.

Siempre juntas aunque nunca más juntas.

A su lado, Chloe suspira.

- Eso parece – y le da un apretón a su muñeca.

- Es hora – murmura Aubrey, pero no con resignación, sino con ilusión.

Amy asiente, decidida.

- Sal ahí fuera a petarlo, ¿vale? – dice, su mirada acuosa firme en Beca –. A petarlo tanto que te den cosquillas en los pezones. Por nosotras.

Beca asiente también, sellando la promesa. Por vosotras.

Hoy ha tomado una gran decisión vital.

Mañana…

Mañana, piensa, lanzando una mirada hacia Chloe y notando la calidez que hormiguea por su cuerpo en respuesta a la radiante sonrisa que le regala su mejor amiga, mañana otra.