Francoeur había despertado, pero no como el mismo. Algo había cambiado, su cuerpo se sentía mucho mas pesado, algo rígido, y helado.
Comenzó a preguntarse incluso si había muerto.
Era extraño, pues al levantarse no recordaba que el suelo quedara tan lejos, era un chico alto. Pero esta altura era abominable.
Se levantó del suelo aturdido, tratando de buscar a sus amigos a tientas en la espesa niebla azulada que la explosión había dejado en el invernadero.
Estaba asustado, no solo de las repercusiones que este accidente traería con su padre, eso ya era una clara renuncia a su poca y restringida libertad. Si no, de que los pocos amigos que tenía hubiesen resultado heridos, o aun peor, muertos por la explosión.

-¿Raoul? ¿Émile?- Preguntó tratando de enfocar su mirada.
Cada minuto se volvía mas extraño que el anterior. Juraba que había hablado, pero en lugar de escuchar su voz, sintió una especie de chirrido agudo que salía de su boca. Supuso que sus oídos se habían tapado tras el incidente, pero no entendía porque escuchaba un chirrido cada vez que hablaba en lugar de un pitido continuo como suele ocurrir después de escuchar un sonido demasiado fuerte.

-¡¿Raoul?! ¡¿Francoeur?!- Escucho una voz familiar a la distancia. Confirmando que el problema no era su oído.
Se dio media vuelta tratando de encontrar al dueño de esa voz, y logró divisar que este era Émile.
Aliviado de que estuviera bien y a salvo se acercó para verlo, sin embargo, el rostro del pigmeo en cuanto lo vio no expresaba la misma alegría y alivio que él sentía. Al contrario, mostraba el horror en toda su expresión.
-¿Q-que ocurre Émile? ¿Te encuentras bien? ¿Haz visto a Raoul?- Dijo Francoeur, o eso creía.
Émile solo podía escuchar agudos ruidos que mas pavor le producían. Haciéndolo retroceder.
-¡Émile! ¡¿Estas bien?! ¡¿Francoeur?!- Exclamó Raoul acercándose a ambos.
-¿Raoul? ¡Raoul! ¡Que alivio que ambos estén bien! Escucha... s-se que mi padre me matara después de esto, pe-pero aun así quiero decirte lo mucho que lamento lo que te dije, se que no fue tu intención que todo esto acabara en un desastre, solo tratabas de ayudarme, estaba aterrado y... -Seguía hablando Franceour mientras se acercaba a su escuálido amigo, pero todo lo que decía y disculpaba era inútil, pues nada de lo que el gesticulaba era comprensible al oído humano.
Raoul solo soltó un grito de horror apenas lo vio acercarse, dándose media vuelta para intentar huir del lugar. Sin embargo su torpeza como siempre le jugó en su contra, haciéndolo tropezar con un frasco que estaba tirado en el suelo.
-¡Cielos Raoul! ¿E-estas bien? ¿de quien huyes? ¡Soy yo! Francoeur- Dijo Francoeur preocupado por la reacción de sus amigos hacia el. En cuanto lo hizo observo sus manos, impactado dio un sobresalto notando sus oscuras y escuálidas manos que solo contaban con tres dedos. Y no solo eso, examinó horrorizado todo su cuerpo, su torso grueso y duro como un caparazón, sus muslos gruesos en contraste con sus débiles brazos envueltos en una especie de vello muy grueso, como espinas.

-¡Ay no! ¡Raoul! ¡¿Q-que-que me ha ocurrido?! ¡¿É-emile?! -Exclamó Francoeur asustado a mas no poder.

Raoul observó los restos de lo que alguna vez fueron sus ropas humanas y su rostro pasó de pavor a una ira irrefrenable.

-¡Oh no! ¡¿Donde esta Francoeur?! ¡Bestia inmunda!- Gritó Raoul lanzándole todo los restos de vidrio y plantas que encontró en el suelo- ¡Responde!

-¡¿Q-que?! ¡Raoul soy yo! ¡Francoeur! ¡Mirame bien! ¡Soy yo tu amigo!

Raoul no podía pensar con claridad, la ira y el miedo que sentía por la criatura se habían apoderado de el. Haciendo que su primera reacción fuese tratar de golpearla con lo primero que encontraba cerca de el.
En cambio, Francoeur estaba aterrado, y sin ningún tipo de comprensión por parte de sus cercanos ante su confusa situación. Y no sabia porqué, pero algo en lo más profundo de sí mismo le decía que debía saltar para huir, no correr, saltar.
Y eso hizo, miró hacia el techo de cristal, iluminado por la luna, y saltó hacia ella. Atravesando el techo.

El muchacho no entendía lo que pasaba, lo que era y como lo hacía. Solo sabía que debía buscar ayuda como fuera. ¿Pero como?
En cada casa en la que aterrizaba, era echado a gritos de horror y odio hacia el, aún sin haber hecho nada mas que aterrar a otros con su mera presencia.

Mientras tanto en otro sitio de París, El Ave Singular había abierto sus puertas para los pocos fieles seguidores que aún pese a la inundación, seguían visitando el lugar, entre ellos; el comisionado Victor Maynott.

Madame Carlotta siempre se encargaba de asistir lo mejor posible a sus comensales, sobre todo ahora que eran tan pocos los que iban a los espectáculos nocturnos. Preguntaba mesa por mesa ella misma a sus clientes si necesitaban algo.

-Emm... ¿Madame Carlotta?¿de casualidad le habló Lucille sobre mis canciones?- preguntó un desequilibrado mesero adolescente de gran nariz a la robusta mujer, mientras llevaba el champagne a la mesa de Maynott.
-¡Si! Si... ¡alejate!-Respondió Carlotta con fastidio.
-Ash ¡que carácter!- Exclamó continuando con su camino.

-El agua va donde quiere ir ¿quien creen que soy? ¿Moisés? ¿se supone que debo hacer milagros?-Decía el comisionado mientras cerraba el periódico que estaba leyendo.

-Eh... no, pero talvez ¿más botes? Mas andenes, refugios para los pobres... -Respondió el inspector Páte sentado junto a el.
-Por favor...
-Unas mantas...
-¡Olvida las mantas! Lo que se necesita es un desvío.
-¡Oh! ¡perfecto! Hay que desviar el agua.
-No el agua, Páte. Sus mentes.
-Oh...
-Hay que alejar sus mentes de toda esa agua, tal ves con algo muy... ¡brillante! Algo que aleje esos malos titulares de aquí, con un tema que se apodere de su imaginación.
-¿Y como que?
-Amm... ¿yo que se?! Algo con fulgor, algo que haga ¡Pop!

Tras decir esto, el corcho del champagne que el torpe mesero trataba desde hace tantos minutos abrir, voló en frente suyo. Y sin poder controlar la espuma que burbujeaba inparablemente, mojó tanto al comisionado como al inspector. Ganándose la ira de Madame Carlotta que se dirigía a su mesa.

-¡Agh! ¡Dame eso!-Exclamó la dama quitándole la botella de las manos- Comisionado Maynott, capitán Páte lamento mucho lo ocurrido, espero que todo sea de su agrado.
-Por supuesto que si, tranquila mi querida Carlotta -Respondió el corpulento comisionado con una sonrisa.
-¡Excelente! ¿No es asi?- Decía Carlotta mientras les servía el champagne.
-A un paso de la perfección.
-Oh ¿a un paso?
-Si, solo falta que "El Angel" de tu sobrina acepte mi invitación- Dijo Victor mientras le entregaba una tarjeta a la mujer y un hombre detrás de ella le entregaba un ramo de rosas- Con mis cumplidos.
-¡Oh comisionado! ¡De seguro le va a encantar!
Las luces de pronto se apagaron a excepción de las del escenario, y una suave melodía con guitarras comenzó a sonar.
-Hablando de la reina- Dijo Carlotta sonriente con el gran ramo en sus brazos.

Una chica castaña con un vestido blanco con mangas largas y aglobadas, cuello cerrado y alas de ángel comenzó a cantar, y los pocos comensales que habían en el local quedaron hipnotizados tanto por su belleza como por su melodioso canto. Sobre todo el comisionado Maynott, quien le dedicaba una sonrisa a la dulce joven.
Sus movimientos en el escenario eran suaves y elegantes, como una pluma volando en la brisa, atrapada en una suave corriente de aire. Y su voz meliflua hacía olvidar a los parisinos de sus problemas, de la inundación y su pobreza.
Como si no hubiese un desborde en el Sena, como si dos amigos no estuviesen en alguna parte lamentando la supuesta pérdida de su mejor amigo, como si en alguna parte de Paris, no hubiese una desconsolada bestia buscando un lugar donde ocultarse de los gritos de la gente.

Terminó de cantar y como siempre, se ganó los aplausos y aclamaciones del poco público que había presente.
Mientras esta hacía una reverencia, miró hacia el lugar donde se encontraba su tía junto con el inspector y el comisionado. Su tía le señalaba a espaldas de sus acompañantes al comisionado Maynott, y le hacía una mueca para que también le sonriera. Cosa que ella por simple cortesía, hizo igualmente.
Hasta que el telón cerró, y quedó su figura solitaria en el escenario.

-No me interesa- Dijo Lucille sentada frente al espejo.
-Todo el mundo necesita amor, hasta tú- Respondió Carlotta mientras entraba al camerino a dejar las flores de Victor Maynott- Piensa en el comisionado, es exitoso, es una figura nacional.
-Es presumido.
-Él tiene una medalla de honor.
-Es aburrido.
-El pueblo lo respeta, tiene lindo cabello ¡ay me encanta! Huele bien ¿no crees?- Exclamo fascinada su tía mientras retiraba las alas de ángel de su espalda- ¿Viste que te regaló flores dos veces en un día? ¡Que clara demostración de afecto!
-El no envió el masetero con flores de esta mañana.
-¿Como que no? Es obvio que el comisionado las envió, solo el te daría un regalo tan extravagante.
-Por supuesto que no, claramente es de dos personas distintas-dijo Lucille mientras se levantaba de su tocador y se dirigía al macetero con rosas blancas y amarilis rojas- Las rosas del comisionado son hermosas pero, al estar cortadas solo duraran como mucho una semana, en cambio la persona que me manda estos maceteros cada viernes espera que cuide sus flores, siempre me deja una tarjeta con sus cuidados y su significado. Espera que las vea crecer, que cuide su regalo.
-Tal vez le estas dando muchas vueltas, querida.
-Tal vez tía, pero algo en mi me dice que no son la misma persona. Al comisionado Maynott le importa mi ascenso y mi apariencia ¿como podría saber si es un buen partido para mi?
-Escucha cariño, llevamos meses desde que el Sena se desbordó. Las ventas han bajado y apenas hemos podido pagar el alquiler, posiblemente perdamos el edificio y ya viste que nadie se presentó hoy a la audición, no quiero seguir viendo como te partes la espalda cada noche para mantener este lugar. El comisionado es un buen hombre, respetado y de buen estatus, no quiero obligarte a nada, pero piensa en el bien que podrías traerle a este lugar si le dieras una oportunidad y ¿quien sabe? Quizás hasta pueda ser un buen marido. -
Lucille suspiró con un notorio desgano, y miró las flores del macetero con tristeza.
-Pero... el no es mi tipo.
Su tía tomo su mano con delicadeza y la llevó hasta su tocador para tratar de animarla- Ven cariño, solo mirate, eres hermosa, talentosa, y pronto toda una estrella. Necesitas a alguien que esté a tu altura, quizás no sea tu tipo ahora, pero ya lo verás, lo será. Talvez si le muestras tu hermosa sonrisa, nose... ¿a ver? Quiero verla.
Lucille suspiró cansada, pero aun así le regaló una sonrisa forzada frente al espejo a su tía Carlotta.
Su tía rio y aplaudió con gusto al verla sonreír.
-¡Oh ho ho! ¡Perfecta!- Exclamó su tía, dándole un beso en su cabeza- Mañana trataremos de reabrir las audiciones, iré a dar el aviso al publico antes del cierre.

Tras decir esto, dejó su camerino.

Lucille solo quedó observándose a si misma en el espejo, viendo su rostro cansado, que perdió todo su brillo del escenario.

Ya eran cerca de las once de la noche, y el cabaret había cerrado.
Una pareja acababa de salir del local, el hombre llevaba un abrigo largo de cuero con un sombrero y una bufanda roja, y la mujer un abrigo de piel con un collar de perlas.
-¡Que gran función!- Exclamó la mujer tomada del brazo de su marido.
-¡Y que mujer!
-¿A que te refieres con "¡Y que mujer!"?- Exclamó celosa la señorita mientras jugaba con su collar.
-¿Porque lo dices? ¿Acaso te pone celosa?
-¡Ay no!- Exclamó la mujer al romper accidentalmente su collar, dejando caer todas sus perlas al suelo rodando hacia un corredor oscuro lleno de tiendas cerradas.
-Tranquila, yo las recojo -Dijo galante el hombre mientras avanzaba agachado a recoger las perlas.
Ambos avanzaron al oscuro lugar para recogerlas. La mujer se sentía inquieta, como si algo los observara en las sombras a medida que abonanzaban. Algo pasó rápidamente detrás de ella, rozando su espalda, haciéndola gritar de miedo.

-¿Que sucede cariño?- Preguntó el hombre.
-¡Algo me tocó!

El sujeto se dio la vuelta para verla, y río al ver un gato detrás de ella.

-No te asustes, querida. No atacará un animal mas grande eso.

El gato de pronto miro detrás de el sujeto y se engrifó, mostrando sus afilados colmillos. La mujer miró en dirección a la que el gato observaba asustado, y soltó un gran grito de terror.
Su esposo dio la vuelta también, y lo vio. Una gigantesca bestia de ojos brillantes, que enseñaba sus colmillos y gruñía a sus espaldas.

-Disculpe señor, no quise sorprenderlo de esa forma pero ¿cree que podría ayudarme?- Dijo Francoeur tratando de parecer amable para que el hombre no huyera.

Ambos trataron de huir, pero la bestia retuvo al hombre agarrándolo de su manga derecha mientras chirriaba. El hombre en su desesperación se quitó rápidamente el abrigo para que lo soltara, dejando caer su sombrero y bufanda.
Tomó a su mujer y huyeron del oscuro lugar.

Francouer suspiró con resignación, y miró su cuerpo grotesco en el reflejo de un aparador. Dejándolo aun mas desanimado.
-No puedo caminar por las calles así- Pensó.

De pronto miró el abrigo y el sombrero que el hombre había dejado y una idea se le ocurrió.

-Entonces... ¿ustedes me estan diciendo que una criatura de mas de dos metros de altura, devoró a su amigo y está suelto por las calles de París?- Preguntó escéptico el policía mientras escribía en su maquina.
-¡Asi es señor! ¡y exijo que lo busquen de inmediato!- Exclamó Raoul levantándose de su asiento frente al policía.

Las horas habían pasado y ya era de día cuando Raoul y Émile fueron a declarar en la estación de policía.

-¿Podrían repetirme la descripción de la criatura?
-C-claro oficial- Respondió Émile- Tenía enormes ojos amarillos con una pupila roja
-¡Ojos gigantes y brillantes!- Añadió Raoul.
-Tenía una cuerpo enorme y completamente azul.
- ¡Y no olvides las púas! Muchas púas en todo el cuerpo.
-Ajam, si claro... firme aquí -Dijo el policía terminando de anotar y entregándoles una hoja de papel -¿que tal vas con el retrato?
Preguntó a su compañero que boceteaba junto al escritorio. El hombre dio vuelta su cuaderno para mostrarles su obra y mostró un retrato de Émile y Raoul.
Quienes ciertamente se miraron confundidos al creer que el hombre dibujaba a la bestia.
-¿Que opinan? Esta mejorando ¿no?- dijo el policía con la maquina de escribir.

De pronto entraron a la comisaría un policía y el hombre que anteriormente caminaba junto a su esposa, estaba palido, aun temblando de miedo. Y detrás de ellos llegó el inspector Páte.

-¡Tienen que creerme oficial! ¡Era enorme! ¡Con grandes dientes afilados! ¡y cuatro brazos con garras afiladas!- Exclamaba el pobre hombre atemorizado.

-Si, claro. Y yo jugué al bádminton con la reina Victoria. Vuelva al bar de donde vino, borracho -Respondió el oficial de policía.

-¿Que esta sucediendo aquí?- Exclamo el inspector.

-¡Inspector Páte!- exclamaron los policías saludándolo respetuosamente con su mano en la frente.

-Inspector, nos han llovido toda la mañana las denuncias por un monstruo acechando la ciudad.

-¿Un monstruo?

-Si inspector, mire- dijo el oficial que estaba con la maquina de escribir, mostrandole todo lo que testimoniaron Raoul y Émile- Estos muchachos afirman que el monstruo le arrebató la vida a un amigo suyo, a Francoeur Disjardins.

-¿El hijo del profesor? Esto es grave... ¡Quiero un informe completo de los casos que vayan recopilando hoy para mañana! Y déjenlas en una carpeta especial para criaturas sin identificar- Ordenó el inspector Páte.
-¡A la orden!- Respondieron los oficiales.
-En cuanto ustedes- Habló el inspector a Raoul y Émile- mañana me llevaran a la escena del crimen, llevaremos todos los refuerzos posibles para investigar este suceso.
-Si, señor- Dijeron Raoul y Emile al unisono, mientras Páte caminaba a la salida.

Las horas pasaron, y ya había anochecido. Lucille esperó todo el día nuevamente a que algún músico apareciera para las audiciones y nadie mas que Albert, el des coordinado y poco talentoso mesero adolescente que trabajaba ahí apareció, aún ansiando su oportunidad para brillar en el escenario.

-¡Si el día acabó la siesta tomo yo
En pascua me despierto, dormido quedo yo. Todo un año!-

Cantaba el muchacho rubio extendiendo la o final en forma desafinada mientras tocaba el triangulo.

-¿Entonces?- Preguntó al terminar agotado su canto.

-Te... lo agradezco Albert, es solo que... escucha, te voy a decir lo que creo...- Dijo Lucille forzando una sonrisa intentando ser lo mas amable posible.

-¡¿Que?! ¡¿no le gusto esa?! ¡esta tal vez! ¡"A los jefes les digo no, al trabajo..."!- comenzó a cantar nuevamente con su triangulo en forma desesperada, hasta que Lucille lo interrumpió.

-¡Albert! La canción no es el problema...

-¡Aquí no hay problema! ¡yo tengo talento! ¡todos mis amigos lo dicen! ¡Solo necesito una buena oportunidad, es todo!

-Eso o nuevos amigos...

-¡Soy yo! ¡me tengo que ir!- Irrumpió Carlotta- Voy a salir ¿vas a contarme verdad?

- ¿contarte... que?- Preguntó Lucille.

-¡sobre tu cita con el comisionado!

-Ah... si, claro- Respondió con fastidio.

-¡Ay si! ¡que emoción!- Chilló madame cerrando la puerta.

Lucille suspiró, se dirigió a Albert para hablarle mientras le abría la puerta .

-Oye.. Albert, gracias pero...

-¡No te molestes! ¡lo se! Soy muy original para un lugar como este. -Dijo Albert mientras se dirigía a la puerta

-Me quitaste las palabras de la boca.

-Eso es lo que soy.

-Si, claro... ¡buenas noches!- Se despidió Lucille, cerrándole la puerta rápidamente a sus espaldas.

Se dirigió a su tocador y se sentó a descansar, necesitaba un poco de silencio para relajarse antes de su actuación.

-¡Le da envidia es eso!- refunfuñaba Albert mientras se dirigía a la puerta de salida- ¡Estancada con sus melodías tan cursis y yo soy... como una luciérnaga! ¡El talento la asusta!

Al salir, el joven escucho un ruido, un sonido desconocido y atemorizarte que lo paralizó de sus quejas.

-Eh... ¿quién anda ahí?- preguntó mirando el callejón.

De pronto, un trueno resonó por los cielos e iluminó todas la calle. El viento comenzó a resoplar cerrando la puerta del cabaret de golpe. Dejando al pobre Albert afuera, completamente aterrorizado.

-¡Ah! ¡abre la puerta! ¡soy yo! ¡ayúdenme!-gritaba el asustado muchacho tirando del timbre con rapidez- ¡Abran la puerta!

De pronto una enorme figura negra se deslizó por el techo hasta el suelo.

Albert no vio a la enorme criatura en frente suyo, no sabía que hacia ahí o lo que quería pero tampoco quiso quedarse para averiguarlo. Corriendo despavorido del callejón se alejó lo mas que pudo.

Aquella extraña criatura como habrás de suponer, era Francoeur. Las gotas de lluvia comenzaban a caer, y por alguna razón el sonido de los relámpagos le retumbaban aun mas en sus oídos que antes, extrañamente su oído se había vuelto mucho mas fino. Haciendo que cada gran estruendo se volviera una tortura para su timpano.
Cada relámpago lo aturdía, desorientandolo. Mareado trató de sujetarse de algo, y para su mala suerte se sujetó del timbre del cabaret mas de una vez, haciéndolo sonar. Otro relámpago sonó y acabó apoyándose en la puerta, intentando resguardarse de la lluvia.

-¡Escucha Albert te...!- Exclamó Lucille furiosa mientras abría la puerta de golpe. Empujando a la pulga lejos de la entrada- ¡No puede ser! ¡¿te encuentras bien?! ¿Te lastimé?

Como era de esperarse, Lucille no había notado a quién exactamente había empujado, y Francoeur había caído de bruces sobre la basura en un rincón oscuro. Además el sombrero y el abrigo que llevaba solo lo hacían parecer como un gran vagabundo.

-Como lo siento... déjeme ver- dijo la chica apenada tratando de levantar del suelo al misterioso sujeto.

Este se levantó, dejando ver su enorme estatura, haciendo sentir a Lucille realmente intimidada.
Francoeur despejó su rostro de la bufanda y el sombrero que no lo dejaban ver nada, y ahí ella lo vio. Su rostro azul con ligeras manchas claras, y sus ojos naranjos con un destello rojizo en su pupila. El monstruo del que todo París hablaba, frente a ella.

Lucille lo observó con detenimiento, quizo gritar de terror, pero la impresión hizo que se desmayara antes de si quiera intentarlo

Francoeur la alcanzó a atrapar antes de que esta cayera al suelo. Y no podía creerlo.
Su corazón dio un vuelco en cuanto se dio cuenta de la persona con la que se había topado. Era su adorada Lucille Auclair.

No sabía si era o muy buena o mala suerte la que tenía por habérsela encontrado, pero jamás habría pensado en tener la oportunidad de verla de tan de cerca. Ni mucho menos tenerla en sus brazos.

Estaba paralizado, su corazón latía con fuerza y lo único que podía hacer era observarla, su brillante cabello castaño ligeramente anaranjado a la luz, su nariz diminuta, sus rosados labios y algunas pequeñas pecas que se posicionaban unicamente en su nariz. Jamas había visto antes unas pestañas tan largas, era perfecta.
Las gotas de lluvia rozaban sus rosadas mejillas, su estomago comenzó a gruñir por alguna razón. Y eso no le gustaba para nada.

Lucille despertó de a poco por el agua que caía en su rostro. Y en cuanto abrió sus ojos, Francoeur solo pudo limitarse a sonreír.

Sin embargo, la primera reacción por parte de ella fue una bofetada en el rostro. Junto con sus gritos y súplicas para que no le hiciera daño.
Francoeur tuvo que soltarla después de esta reacción, dejándola escapar hasta el cabaret.
Ella cerró la puerta con llave, dejándolo solo en la lluvia, en aquel callejón oscuro.

-Porfavor que esto solo sea un sueño, una pesadilla ¡vamos despierta!-Se decía Lucille a si misma mientra estaba sentada en el suelo junto a la puerta en posición fetal.

Francoeur nuevamente estaba destrozado, había perdido a su familia, amigos, y ahora a Lucille. Si antes no pudo hablarle, mucho menos querría hacerlo ahora ¿quien querría hablar con un monstruo después de todo?
Antes solo era invisible, pero ahora era una bestia, "El monstruo de Paris", el terror en las calles. Al parecer su destino siempre fue ser un marginado.

Con un talento que jamás pudo disfrutar en el escenario, y una canción en el corazón que jamas pudo compartir.

Las gotas de lluvia que caían sobre el metal de las latas de comida en la basura hacían una melodía suave, extraña, pero que de alguna forma lo inducían a sacar su dolor por medio de una canción. Sabía que si intentaba cantar lo único que se escucharían serían sus agudos chirridos de monstruo pero ¿que importaba? ¿Que mas podía perder al hacerlo?

Las latas seguían sonando, y decidió cantar por última vez.

I, I hide my light inside a cloak of night
Escondo mi luz dentro de un manto de noche

Beneath the red scarf and a chapeaux
Debajo de la bufanda roja y un sombrero

The pearl of my heart locked within a shell
La perla de mi corazón encerrada dentro de un caparazón

Too afraid to let it go, to let it show
Demasiado asustado de dejarlo ir, de dejar que se muestre

And all the headlines read
for the whole world to see
Y todos los titulares dicen
Para que todo el mundo vea

A monster in Paris
Un monstruo en Paris

I fall apart, I fall apart, apparently
I did appear beneath the light
yes it was me
Me caigo a pedazos, me caigo a pedazos, aparentemente
Aparecí bajo la luz
Sí, fui yo

A monster in Paris
Un monstruo en Paris

I hide my pain inside a melody
it's as if notes I sing set me free
Escondo mi dolor, dentro de una melodía, es como si mis notas me fueran a liberar

I keep all my dreams under a lock and key
Tengo todos mis sueños, bajo llave y un candado

I'm so afraid that they will fly, away from me
Tengo tanto miedo de que vuelen, lejos de mí

A monster in Paris
Un monstruo en Paris

A monster in Paris
Un monstruo en Paris

A monster in Paris
Un monstruo en París

Dejó de cantar, escondió su rostro en sus rodillas. Quedo sollozando en silencio en posición fetal, empapado.

Pero de pronto, dejo de sentir la lluvia en su cuerpo, podía oírla pero no sentir su mojado tacto. Alzó la cabeza para ver que sucedía y ahí la vio.

Lucille lo estaba protegiendo de la lluvia con un paraguas, su silueta parecía brillar. Era un ángel resguardando a tan desagradable criatura.
La dulzura en su rostro no era para nada igual al miedo que había mostrado hace unos momentos.

-Tu... ¿tienes un nombre?- Preguntó Lucille con una suave sonrisa.

Francoeur solo la observaba prendado de su angelical presencia. Preguntándose si acaso esta lo habrá escuchado, y de haberlo hecho ¿como pudo entenderle? Miles de preguntas se le cruzaron en ese momento. Y en cuanto reaccionó, solo pudo dejar salir un pequeño chirrido confundido.

-Ya veo... -Dijo Lucille tratando de pensar en un buen nombre. Miró la placa de la calle que decía "pasaje Francoeur"- ¿que te parece... Francoeur?

El chico se derritió en cuanto escuchó su voz pronunciar su nombre.

-Significa, corazón honesto.- Dijo la dulce chica con una sonrisa sincera, la cual Francoeur devolvió tímido- Sígueme.

Lucille le hizo señas para que lo siguiera hasta el local para resguardarlo de la lluvia.

Francoeur la siguió inseguro, y entró con timidez. Pero si algo tenía por seguro, es que Raoul quizás si tuvo razón en algo:

Y es que tal vez, si era el destino que él y el pasaje llevaran el mismo nombre.