Francoeur acababa de entrar.
La zona residencial del cabaret no era tan grande, sin embargo estaba bien decorada y lucía acogedora.
Miró la pared llena de titulares del diario con la imagen de Lucille en ella. Se quedó pegado mirando la misma foto que el tenía en su casa del árbol, la de su primer debut como cantante donde se veía con su cabello suelto y sus mismas alas ángel, era su fotografía favorita.

-¡Oh que pena! ¡No pienses que soy tan egocéntrica! A mi tía le gusta recortar de los periódicos los titulares donde salgo yo o el cabaret, dice que le alegran el día verlas- Dijo Lucille mientras tiraba de la manga de Francoeur- Ven, sígueme.

-"Que tierno, ojalá mi padre alabara mis logros de esa manera"- Pensó el muchacho con un halo de tristeza.

Lucille lo llevó secretamente hasta su camerino, asegurándose que nadie la viera.

-Ven, vamos a quitarte esa ropa mojada- Dijo Lucille tratando de quitarle el abrigo. La pulga llena de vergüenza se negó al recordar que no llevaba nada puesto además del abrigo y la bufanda con el sombrero- ¿Que ocurre? Vaya, para ser una pulga gigante eres bastante pudoroso, mira, hay un vestidor por allá, te buscaré ropa de tu talla, aunque será algo difícil.

El chico se dirigió a un gran biombo blanco donde aún así sobresalía su cabeza, sintiéndose estúpido al recordar que era un insecto gigante y que en realidad no había mucho de lo que debería avergonzarse ¿Que más iba a ver? ¿Sus cuatro brazos?

-¡Si que tienes suerte Francoeur! Uno de los músicos que renunció dejó su traje en los camerinos, solía trabajar como guardaespaldas del alcalde así que era un hombre grande. Ten- Exclamo Lucille dejándole la ropa sobre el biombo y dándose la vuelta para no verlo.
Francoeur la tomó y comenzó a probársela. Era un pantalón blanco bastante ancho, zapatos negros, con una camisa blanca, un chaleco de color azul verdoso y una bufanda turquesa de seda. El chaleco le quedaba algo ajustado del pecho, pero fuera de eso, el conjunto le quedaba milagrosamente perfecto.
Salió algo tímido del biombo para mostrarle a la joven como le quedaba.

-¡Vaya! Que elegante mon ami -dijo la chica sonriente- Encontré esta chaqueta que venía a juego con el pantalón, pero veo que tendré que hacerle algunos ajustes para tus brazos. Necesito que te la pongas mientras le hago algunos arreglos, puedes sentarte frente a mi tocador mientras tanto.

Francoeur aun algo tímido, se sentó en el pequeño banquillo y se observó en el espejo, a pesar de que era un monstruo, con dicha ropa había recuperado algo de su humanidad. No se veía como solía verse en su forma humana, pero al menos se sentía mucho mas civilizado que con ese abrigo sucio y roto.

Empezó a mirar curioso las cosas de Lucille, sus perfumes, maquillaje ¿aquí se sentaba cada noche antes de presentar? Se sentía emocionado.

-Adelante, puedes mirar pero no rompas nada- Dijo con una sonrisa paciente mientras se sentaba a su lado con una aguja y un carrete de hilo.

Él tomó su perfume, observó la botella con detenimiento, miró el liquido rosa en su interior ¿a que flores olería? ¿Le gustarán los aromas dulces o cítricos? "Quizás la próxima vez pueda regalarle flores con un aroma similar al de su perfume" Pensaba con una sonrisa.

Se moría de ganas de oler el contenido.

-¿Quieres oler? Esto se llama perfume, y puedes oler la esencia que tiene dentro apretando esta pequeña almohadilla- Le enseñó Lucille mientras echaba un poco de perfume en el aire para que Francoeur pudiera sentir el aroma.

-"Rosas, la próxima vez que pueda darle flores serán rosas"- Pensó el chico deleitándose con el dulce aroma.

-Veo que te gusta- Sonrió Lucille.

Francoeur volvió a echar del perfume un par de veces en el aire, quería memorizar bien dicha fragancia, pero al parecer fue demasiado para sus diminutas fosas nasales. Estornudando unas tres veces consecutivas, sacándole algunas carcajadas a Lucille.

-Okay, creo que fue suficiente por hoy- Dijo la chica entre risas mientras le quitaba la botella.

Francoeur miró de reojo como reía, sonrió al escuchar tan lindo sonido. Le encantaba.

De pronto Lucille se sintió observada, miró a Francoeur poniéndolo nervioso.

El chico tratando de fingir que no la estaba mirando como un psicópata desvió rápidamente la vista hacia otro lado.
Ella siguió cosiendo la manga de la chaqueta con una sonrisa tranquila.
Él trataba de no parecer extraño, pero no podía dejar de mirarla aunque fuera de reojo, toda esta situación le seguía pareciéndo irreal. Jamás en su humana vida habría imaginado que pudiese estar sentado junto a Lucille, y hacerla reír. Todo parecía un extraño y bello sueño, del cual normalmente Charles lo despertaría.

-Sé paciente ya casi terminamos-Le dijo la joven cortando el hilo de la costura de la chaqueta. Ella se levantó del asiento que estaba junto al de el y fue a buscar algo con que esconder el rostro de su amigo de la policía.
-A ver... esto... -Murmuraba a espaldas de la pulga.

Francoeur tomó un peine que había entre sus cosas, lo observó con detenimiento, parecía algo antiguo.
Pasó uno de sus delgados dedos azules sobre los dientes del objeto haciéndolo sonar. Y notó que cada una tenía un sonido distinto, como si fuera una pequeña guitarra.

-Esto podría funcionar- dijo Lucille mientras se acercaba a el con algunas pelucas en sus manos.

Francoeur no le prestó mucha atención ya que estaba divertido jugando a crear melodías con el peine.

-Ay no- Dijo ella tras probarle una peluca rubia con dos trenzas-No creo.

Se la sacó y le colocó una peluca negra con dos mechones en punta sobresaliendo como si fueran orejas.

-¿Que te parece este?- Preguntó la joven sacando al chico de su peculiar entretención.

Él no quería parecer descortés expresando su disgusto, asi que solo sonrió nervioso.

-Si, muy excéntrico- Respondió Lucille, quitándosela.

Él siguió jugando con el peine para tratar de no ponerse nervioso cada vez que ella rozaba su gran espalda mientras le colocaba cosas en su cabeza. Hasta que de pronto le puso un gran sombrero blanco que quedaba perfecto con su traje.

-No te muevas, no te muevas, ya casi esta... -Murmuraba la castaña mientras le colocaba seguidamente una mascara blanca sobre su rostro- ¡Listo! ¡quedó increíble!

Francoeur se miró al espejo con una gran sonrisa.

-Tus brazos, Francoeur- Dijo Lucille señalándole su segundo par de brazos que estaban debajo de la chaqueta jugando con el peine.

El joven obedeciendo, metió sus otros brazos en la manga de la chaqueta junto con los superiores. La chica le puso unos enormes guantes blancos sobre el par de manos que sobresalían de cada manga de la chaqueta.

-¡Ya está! ¡perfecto! la policía no podrá reconocerte así- Exclamó Lucille orgullosa de su disfraz- Ahora si me disculpas... es mi turno.

Mientras la chica algo cansada estiraba su espalda mientras se dirigía al gran biombo, Francoeur quien aun jugaba con el peine comenzó a sentir un cosquilleo en su brazo derecho.
Subió la manga de su chaqueta para observar que sucedía y de pronto las puntiagudas vellosidades de sus finos brazos se hicieron diminutas. Asustando al pobre muchacho dándole un gran sobresalto. Retrocedió del tocador,perdiendo el equilibrio, chocando con una muralla y cayendo sobre el sofá. Botando encima suyo una guitarra que estaba colgada en la pared.

-Oye ¿estas bien?- Preguntó Lucille asomándose por el separador de ambiente.

Francoeur se sentó en el largo sofá y tomó la guitarra en sus manos, que al lado de él, lucía mas como el ukelele que solía tener.
Tocó su superficie, le dio vuelta y rozó suavemente sus cuerdas, y comenzó a hacer sonar aleatoriamente algunas de ellas. Todo le era tan familiar.

-Eso se llama guitarra, es muy difícil de aprender- Dijo Lucille saliendo por completo del biombo ya vestida con su típico vestido blanco con alas.

De pronto, alguien tocó a su puerta.
-Shhh- silenció ella a Francoeur quien jugaba con la guitarra.

-¡Soy yo amor!- Exclamó Madame Carlotta al otro lado de la puerta.
Lucille suspiró aliviada, yendo a abrir la puerta.

Abrió la puerta dejando ver solo su rostro, con una sonrisa forzada.

-El show está por empezar, nena. Pero tenemos un pequeño contratiempo en la entrada- Dijo su tía preocupada.
-No me tardo nada- Respondió, seguidamente cerrando la puerta.
-Hagas lo que hagas, siempre en silencio, en seguida vuelvo- Dijo Lucille a Francoeur.
Él le sonrió algo triste como respuesta, ella salió de su camerino dejándolo solo. Observando la guitarra en sus manos.

-Adiós señorita Lucille- Se despidieron cortésmente una pareja que se retiraba del cabaret.

-Buenas noches- Se despidió Lucille mientras se dirigía a la entrada del cabaret.

-¡Yo lo vi! ¡era enorme! ¡Tenía enormes colmillos por favor tienen que creerme!- gritaba Albert quien aun seguía alterado por su encuentro con Francoeur.
-Ay no...- Suspiró Lucille- ¡Albert!
-¡Señorita Lucille! ¡deben creerme! ¡yo lo vi!
-¿A quién?
-¡Al monstruo! ¡Estaba en el callejón detrás del local!- Lloraba escandalosamente- ¡Casi me hago pipí del miedo!
-¡Albert! Estas espantando a los pocos clientes que tenemos- Le susurró furiosa.
-¡Pero...!
-Debes estar muy cansado, te sugiero que tomes un respiro, y vayas a tu casa a descansar.
-¡Pero es cierto! ¡Lo vi! ¡No miento!
-Te creo Albert, y todos estamos tan asustados como tú, pero no querrás asustar a tus fanáticos ¿no es así?
-¿Fanáticos?
-¡Así es!
-¿Qui-quiere decir que...? ¿Me dará una oportunidad de estar sobre el escenario?
Lucille no quería hacerlo, pero si de esa manera podía callarlo y dejar de espantar a sus clientes o peor aun, llamar la atención de algún policía. Estaba dispuesta a aceptar tan enorme sacrificio.
-Claro... escucha, Albert, tienes gran potencial, pero... te siento algo cansado.
-¿Cansado? ¡Yo estoy bien puedo cantar ahora!
-¡Claro que estas cansado! Haz trabajado muy duro estos días.
-Bueno si. Madame me ha explotado estos días
-Por supuesto, así que te recomiendo tomarte unas vacaciones para que descanses y vuelvas con mas energía al escenario.
-¡Eso es! ¡Un descanso para reencontrarme a mi mismo como artista!
-¡Eso es! ¡Así que ve a casa y encuentrate!
-¡Lo haré! ¿Me pagaran verdad?
-¡Por supuesto!
-¡Se lo agradezco mucho señorita Lucille!- Exclamó Albert corriendo de felicidad hacia la salida.

Un problema menos. Pensó Lucille, dirigiéndose a su camerino nuevamente.

Mientras se acercaba a su camerino escuchó sonidos de guitarra provenientes de el y los alaridos de Madame Carlotta en su interior, observó desde lejos y la puerta estaba abierta.

-¡Francoeur ¿Que estas...?!- Exclamó Lucille entrando furiosa al lugar. Quedándose paralizada al ver a Francoeur sentado con la guitarra en sus manos frente a su tía Carlotta que lo aplaudía con elogios -Pero que estas...
-¡Cielito! ¡Es muy talentoso!- Exclamó fascinada su tía.
-¡Te lo explicaré!- Exclamó la pelicastaña asustada.
-Un genio no necesita explicación ¡jamás me sentí tan conmovida! ¿Donde lo encontraste amor?
-El... am... estaba de paso- Respondió nerviosa.
-Es la compañía perfecta para tu dulce voz. Iré a informar a los músicos- Dijo Carlotta dirigiéndose a la puerta del camerino, mientras Lucille miraba con furia a Francoeur por haberlo desobedecido -¡Ay que alegrí...!
-¡No es necesario! ¡No creo...!- Interrumpió Lucille bloqueandole el paso a su tía.
-¡Ay esta noche se hará historia! ¡lo presiento!-Exclamó Carlotta abriéndose paso del fino brazo de su sobrina.
-¿Que parte de siempre en silencio fue la que no entendiste?- Se dirigió ella a la pulga apenas su tía se había ido.
Era primera vez que Francoeur veía enojada a Lucille, en cierta forna su mirada de furia le dio miedo. Así que solo se limitó a sonreír nervioso tocando una nota de la guitarra.

Victor Maynott nuevamente se encontraba en la mesa. Pero esta vez solo.

-Espero que esté disfrutando de la velada monsieur Maynott- Dijo Carlotta sirviendole un poco de vino al comisionado.
-¡Siempre es una velada agradable en su local Madame! Y como siempre, le dejo mis cumplidos a su sobrina- Dijo Victor llamando a uno de sus sirvientes para traer nuevamente un ramo de rosas rojas- Y por supuesto un pequeño presente para la anfitriona de este bello lugar.
Llegó otro sirviente colocándole un collar con diamantes y un abrigo por detrás a madame Carlotta tomándola por sorpresa.
-¡Oh señor comisionado! ¡Es usted un pillo!- Exclamó entre risas la robusta señora.

Lucille veía todo entre el telón del escenario, suspirando con fastidio.
-Sus visitas son cada vez mas frecuentes, y la gente viene cada vez menos- Decía para si misma.

De pronto sintió los chirridos de la pulga detrás suyo.

-¡Francoeur!-Exclamó furiosa mientras se daba la vuelta para verlo- ¡sal de aquí!

Por mas que Lucille tratara de empujarlo para que se fuera del escenario era inutil, era demasiado débil como para mover a tan gigante criatura. Además, para Francoeur esta era la gran oportunidad de su vida. Y si madame Carlotta no se dio cuenta de que era una pulga gigante con ese disfraz, tal vez el público tampoco lo notaría.

-¡Vamos! ¡muévete!- Suplicaba Lucille mientras intentaba moverlo.

-¡Con ustedes la inigualable... Lucille! - Presentó desde afuera Madame Carlotta a los pocos comensales que habían.
El telón se abrió y el reflector dejó ver a Lucille tratando de empujar al inmóvil Francoeur.
Ambos quedaron paralizados. Todo quedó en silencio, llamando la atención de Victor Maynott entre el público.
Lucille rió nerviosa y trato de fingir normalidad.

-¡Ho-hola! ¿como están? ¡bienvenidos al Ave Singular! ¡E-es un gusto verlos aquí hoy! ¡Nos... da gusto presentar aquí a un nuevo y gran talento... el maestro de la guitarra traído directamente de...! alguna parte... ¡el supremo y virtuoso: Monsieur Francoeur!- Presentó la chica de blanco a la joven pulga.

El público algo confundido aplaudió al nuevo integrante del local.
-Ahora... súbete con la banda-Susurró Lucille señalando el palco a un costado del escenario con algunos músicos de blanco- Estarás bien.

Francoeur asintió y se dirigió al lugar.
Estaba demasiado nervioso, tanto que al tratar de pasar chocó la guitarra con el marco de la puerta que daba acceso al palco. Notó que su cuerpo era demasiado ancho para pasar de frente, por lo que trato de entrar de costado. Raspando las cuerdas de la guitarra contra el marco produciendo un horrible chirrido que molestaba a todos.
Finalmente se sentó con la banda y esperó la señal de Lucille para actuar. Aunque sinceramente, estaba tan emocionado de mostrar su talento, que comenzó a tocar la canción antes que los demás. Y para suerte de el y de todos, el tenía un oído absoluto, y solo bastó con leer las partituras un poco antes de ir al escenario para demostrarlo.

Lucille miró con admiración sus habilidades con la guitarra, miro al público que lucía encantado con su melodía y comenzó a cantar.

" "Se levanta de la cama tan segura de sí misma
Elle sort de son lit, tellement sûre d'elle

Sena, Sena, Sena

La Seine, la Seine, la Seine

Tan bonita ella me hechiza
Tellement jolie, elle m'ensorcelle

Sena, Sena, Sena
La Seine, la Seine, la Seine" "

Francoeur parecía hipnotizado por los movimiento de Lucille sobre el escenario mientras este tocaba, era tal como los diarios la describían. Era un ángel.

Tan prendado estaba, que por simple inercia comenzó a acompañarla de a poco con el coro, compartiendo miradas.

" "Extralúcido, la luna está encendida
Extralucide, la Lune est sur

Sena, Sena, Sena
La Seine, la Seine, la Seine

No estas borracho, Paris esta debajo
Tu n'es pas soûl, Paris est sous

Sena, Sena, Sena
La Seine, la Seine, la Seine" "

La voz de Francoeur se hacía mas notoria a medida que su emoción crecía al cantar con ella.

" "No lo sé, no lo sé, no sé por qué

Je ne sais, ne sais, ne sais pas pourquoi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi

No lo sé, no lo sé, no sé por qué
Je ne sais, ne sais, ne sais pas pourquoi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi" "

Lucille también notaba su voz sobresaliendo en el palco, giró durante su baile, y le hizo señas al chico entre sus movimientos para que la acompañara en el escenario. Y por supuesto, esta invitación Francoeur no la iba a rechazar.

El joven cantante bajó de un salto del palco al escenario, y se puso a su lado con la guitarra, moviéndose al ritmo de la música, y bailando junto a Lucille lo que su corazón dictaba.

" "Extra Lucille cuando estás en
Extra Lucille quand tu es sur

El escenario, el escenario, el escenario
La scène, la scène, la scène

Extravagante cuando el ángel está encendido
Extravagante quand l'ange est sur

El escenario, el escenario, el escenario
La scène, la scène, la scène

No lo sé, no lo sé, no sé por qué
Je ne sais, ne sais, ne sais pas pourquoi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi

No lo sé, no lo sé, no sé por qué
Je ne sais, ne sais, ne sais pas pourquoi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi" "

Lucille y Francoeur cantaban, bailaban y saltaban en forma sincronizada, no podía saber el como, pero de alguna forma ambos sabían perfectamente como seguir los pasos del otro. Francoeur jamás había estado mas feliz en su vida, solo eran ellos dos en el escenario, disfrutando de la música, imaginando que ese escenario en realidad era un puente sobre el Sena bajo la luna y las estrellas. Sin nadie mas en la ciudad que ellos dos allí.

En el Pont des Arts
Sur le Pont des Arts

Mi corazon esta temblando
Mon cœur vacille

En la cerca
Entre deux eaux

El aire es tan bueno
L'air est si bon

Este aire tan puro
Cet air si pur

Lo respiro
Je le respire

Nuestras reflexiones posadas en este puente
Nos reflets perchés sur ce pont" "

No estaban bailando, estaban volando. La comodidad y ligereza que se sentía entre ellos era tal que ninguno de los dos sentía que estaba actuando, solo se divertían. No solo Franceour lo estaba disfrutando, para Lucille el canto siempre ha sido su pasión, pero desde que las cosas en el local se pusieron difíciles, hace un tiempo que había dejado de disfrutar de la música y el baile, ya que solo se había vuelto un trabajo. Y por primera vez en mucho tiempo, ella se estaba divirtiendo.

" "Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi

Nos amamos así, el Sena y yo
On s'aime comme ça, la Seine et moi" "

Habían terminado la canción, y solo quedaban los últimos acordes, y los aprovecharían al máximo. Bailando en forma simultánea.

Su química en el escenario era fuerte, atrayendo las miradas encantadas de todos. Y a su vez, los celos del comisionado Maynott.

Terminaron de bailar y se despidieron con una reverencia. Ambos volvieron a su realidad, y notaron que el puñado de personas que había en el escenario, se había vuelto loco con su actuación. Elogios, aplausos, silbidos y flores que habían de decoración en las mesas volaron hacia ellos. Quizás esa noche no habían tantas personas, pero el entusiasmo que acaloraba el lugar no se había visto en años. Y eso a Lucille la conmovía.

Ambos se tomaron de la mano y caminaron hacia atrás, dejando que el telón cayera por completo, ocultándolos nuevamente en las sombras.

Francoeur aún extasiado del éxito que tuvieron y el gran momento que tuvieron juntos, lo tenían con una sonrisa de oreja a oreja. Sin darse cuenta que aún se encontraba tomado de su mano.

-¡Estuviste sorprendente!- Exclamó Lucille a su compañero- No sabía que fueras tan buen cantante, o... o bailarín. Por favor dime que te unirás a nosotros.

Francoeur le sonrió asintiendo con la cabeza. Y en cuanto notó que su mano seguía unida a la de ella, se separó con rapidez y vergüenza.

-¡Magnífico! ¡Un éxito así tiene que celebrarse!- Dijo Maynott entrando con el ramo de rosas y su sirviente quien les llevaba una botella de champgne y dos copas en una bandeja. -¡Como siempre querida, estuviste resplandeciente! ¡Ninguna de las obras de arte en el Louvre pudieron compararse con la belleza que desprendiste esta noche!

-Em... gracias... comisionado Maynott- Decía Lucille bastante incomoda con el grueso hombre besando largamente su mano, retirándola porque hasta cierto punto comenzó a sentir asco.

-¡Y tú grandote! bastante sensacional debo decir, querida... jamás me habías contado de este gran talento que tu y tu tía tenían guardados- Decía Victor acercándola fuertemente de la cintura hasta el mientras observaba intrigado a Francoeur.

El muchacho vio la acción irrespetuosa del comisionado hacia Lucille, produciendole bastante desagrado.

El comisionado hizo un ademán para que su sirviente le sirviera una copa Lucille y Francoeur, cosa que ninguno de ellos a excepción del mismo Maynott tomó.

-El es Francoeur emm... Bernard, venía de paso y... quedó en las audiciones.- Dijo separandose del comisionado y acercándose nuevamente a Francoeur.

-¿De donde dijiste que venía mon cheri?- Se acercaba el comisionado peligrosamente al cantante quien ya comenzaba a sentirse bastante atemorizado de que lo descubrieran.

-D-de... ¡del sur! si, del sur de Francia...- Reía nerviosa Lucille mientras se interponía entre Maynott y el pobre Disjardins.

-Entiendo... -Se alejaba Maynott aun intrigado por el misterioso hombre enmascarado- Bueno, mi querida Lucille debo partir, fue un encanto haberte visto hoy, pero debo levantarme temprano mañana para atender asuntos importantes con Páte en la alcaldía. Por cierto, espero que hayas considerado mi oferta.

-¿Cu-cual... oferta?

-¡La de que vengas a cantar en el evento de caridad! Ya sabes, para las victimas afectadas por el desborde del Sena.

-¡A-ah! ¡claro! la caridad, por supuesto comisionado. Ahí estaré.

-¡Excelente! nos veremos el 12 de Septiembre frente a la alcaldía entonces, espero verlos actuar a ti y a tu... amigo- Dijo Victor Maynott observando a Francoeur con intriga, nuevamente besando la mano de Lucille mas del tiempo que podría considerarse cómodo.

El mayordomo de Maynott retiró las copas llenas de cada uno, y el comisionado le dio el enorme ramo de flores a Lucille, retirándose del lugar.

-¡¿Quién se cree que es para babear mi mano de esa forma?! ¡ese... ese... charlatán!-Exclamó Lucille lanzando lejos el ramo de flores de Victor Maynott mientras entraba a su camerino con Francoeur detrás suyo, quien estaba bastante asustado de su ira. Pese a su angelical rostro, su genio era algo atemorizante.

- ¡Me tomó de la cintura sin ningún tipo de consentimiento! ¡¿"Y como te fue en tu cita con el comisionado cariño"?! ¡¿Como crees que me fue si el habló de si mismo toda la cena y yo no pude decir si quiera una palabra, tía? ¿¡Y así ella espera que le corresponda?! ¡Por favor!- Exclamaba la furiosa muchacha mientras entraba al biombo a cambiarse de ropa.

Francoeur se había sentado en el sofá algo intimidado por la chica, se dio la vuelta para verla mientras hablaba pero al ver la ropa que dejaba detrás del biombo en señal de que se estaba cambiando, sintió como un gran calor subía por sus mejillas y giró rápidamente su rostro para evitar mirar en esa dirección. La sola idea de imaginarla vistiéndose lo hacía ponerse inquieto, y esos pensamientos no eran apropiados para el caballero que el siempre intentó ser con los demás. Sobre todo con Lucille.

-Lamento si me estoy quejando demasiado Francoeur, tal vez si estoy siendo demasiado exigente- Decía la chica con un camisón y un chal de lana color lavanda encima suyo, su cabello estaba flojamente peinado en una trenza bastante suelta sobre el hombro derecho- Es solo que... mi tía me ha estado pidiendo que le de una oportunidad a ese hombre para que no siga sobre exigiéndome trabajando en este lugar, dice que podría ser un buen marido pero... yo no lo creo. No siento nada por el.

Francoeur veía a la pobre Lucille, sentada a su lado con las piernas dobladas sobre el sofá, apoyando su rostro sobre sus brazos que descansaban sobre sus rodillas. Sin el glamuroso maquillaje que siempre veía en el escenario cuando tenía la oportunidad de verla cuando era humano. Sin sus ajustados vestidos de encaje y seda, y su cabello suelto repartido en todos lados.

Ya no veía a la Lucille que resplandecía en el escenario, veía solo una chica cansada, de buen corazón, que hacía lo posible por mantener su hogar haciendo lo que ama. Y eso lo hacía admirarla aún mas de lo que antes lo hacía.

-¿Pero sabes? no todo fue tan malo... hoy te conocí, y me divertí como en mucho tiempo no lo hacía- Decía mirando a Francoeur, apoyando su cabeza sobre sos rodillas con una sonrisa sincera -Gracias.

Ese gracias junto a esa dulce y cansada sonrisa lo hicieron sentirse nervioso, su estomago comenzó a llenarse de tiernas mariposas mientras más la observaba.

-"Tu no debes ser quien debería estar agradecida, yo si"- Pensaba Francoeur.

De pronto miró las flores que Lucille había lanzado a una esquina cerca de una mesita en un rincón, y junto a estas notó en la pequeña mesa, el macetero con flores que él con tanto cariño le había regalado. Levantándose de golpe y dejando escapar un chirrido de la impresión.

-¿Que ocurre?- Preguntó Lucille.

Ella miró en la dirección que el gran chico lo hacía y noto que miraba hacia el masetero.

-¿Te gustan las flores?- Preguntó levantándose del sofá y llevándolo hasta la mesita- Estas aun no las llevo a mi balcón.

Vió su mata de amarilis con rosas blancas. En perfectas condiciones tal y como se las había regalado aquel día. A diferencia de las flores de Maynott que se encontraban destrozadas en el suelo. Le daba pena, pero a la vez tenía cierto sentimiento de superioridad.

-Es un regalo, de un admirador secreto. No tengo idea de como lo hace, pero estas flores aunque distintas, brotaron de una sola mata. Y crecen simultáneamente, todos los viernes me trae maceteros así- Dijo Lucille tomando entre sus dedos la nota que venía junto con las flores- Esta persona siempre me da una tarjeta con su cuidado y su significado. Sus regalos siempre me dan el suficiente animo para continuar. No sé quien es, pero... a diferencia de Maynott siento que sería la única persona con la que podría congeniar.

Los ojos de Francoeur brillaron en cuanto escuchó estas palabras, su corazón se infló de alegría. Tenía unas ganas inmensurables de decirle: -"¡Soy yo Lucille! ¡Yo soy dicha persona! ¡aquel que te regala esas flores cada viernes se encuentra encerrada, en este monstruoso cuerpo!"

¿Pero como? Aún no sabía el por qué, pero por alguna razón podía cantar con perfecta facilidad y en forma entendible, pero siempre que intentaba hablar solo podía hacer sonido de insecto incoherentes ¿Será timidez? ¿Algún efecto secundario de dicho suero? ¿Algún tipo de trauma? De todas formas, no es tan diferente a cuando era humano, jamás podía hablar como una persona normal por la ansiedad que esto le producía. En la única forma que sentía que podía expresarse con naturalidad era cantando o peleando con su padre. Como la ultima vez.

De pronto Francoeur trató de gesticular algo, miró a Lucille, la tomó repentinamente de las manos y haciendo extrañas muecas para tratar de hablar como antes solo dejaba escapar extraños sonidos de cigarra. Lucille solo lo miraba confundida, el pobre chico se rindió de tanto intentarlo. Por lo que ella sólo pudo responder con una suave carcajada.

-Lo siento Francoeur, no se que dijiste- Rió- pero seguramente fue algo dulce.

Tocó su hombro para señalarle que ya debía irse a dormir. Resignado el joven pulga aceptó.

Lucille sacó unas mantas que dejó sobre su sofá.

Francoeur, quien se había quedado solo con los pantalones y la camisa puesta se recostó en el sofá que aun pese a su tamaño, era algo pequeño para el. Y se dejó arropar por la castaña de ojos verdes.

-¿Estas cómodo?- Preguntó amablemente.

Francoeur asintió bien arropado como si fuera un niño.

-Bien, buenas noche Francoeur. Fue un honor haber trabajado contigo hoy.

De pronto alguien tocó a su puerta.

-¡Cariño, ya todos se fueron del local! ¡Me iré a dormir temprano mi espalda me está matando! ¡Ven a darme las buenas noches en cuanto te hayas cambiado!- Dijo su tía Carlotta por el otro lado de la puerta.

-¡Por supuesto tía!- Respondió- Nos vemos mañana, Francoeur.

Se despidió Lucille, yéndose del camerino.

Había muchísimo por procesar, jamás había tenido un día tan emocionante. Y aún cuando creía que todo estaba acabado para el, ella llegó a salvarlo nuevamente.

Antes solo se sentía enamorado de lo que ella mostraba en el escenario, su encanto, su elegancia, su talento. Pero ahora, había conocido una parte de ella que jamás había visto, conoció su carácter, su simpleza, aún con sus problemas. Todo en Lucille se volvió de pronto algo nuevo, ya no se sentía atraído por la vaga ilusión de estrella que mostraba en el escenario, vio a un ser humano tan complejo y cansado como él, y eso también le encantaba.

Deseaba aprender más de ella. Y si tenía suerte, por lo visto, si un día vuelve a ser un humano quizás sus sentimientos podrían ser correspondidos.

Prometiéndose que haría lo posible para proteger su identidad para permanecer un poco más de tiempo a su lado hasta que eso pasara, y si era posible, mantener esa linda sonrisa que tanto lo había encantado en su rostro.