Francoeur dormía plácidamente sobre el sofá. El pobre desde su transformación no podía dormir bien por estar intentando huir de los parisinos en las calles.

En sus sueños se veía a si mismo como un humano, con el mismo traje que usó antes de su transformación. Tenía un gran ramo de flores en sus manos, como los que Maynott le había regalado a Lucille.

Se encontraba en las zonas inundadas de París, remando en un enorme bote sobre el agua, buscando a Lucille.

El día se había nublado, parecía que iba a llover.

La llamaba cientos de veces pero no la encontraba.

-La Seine, la seine, la seine... -Escuchó su dulce voz cantando a lo lejos.

La siguió por todas las calles remando, hasta que divisó en el aparador de una tienda a Lucille del otro lado cantando.

-¡Lucille!-Llamó el joven.

Remó hasta el aparador, la veía cantando como si lo hiciera en el escenario, como si no lo escuchara.

-¡Lucille! ¿Que haces ahí? ¿hola? ¿me escuchas?- Le sacudía la mano frente a su rostro, quien lo ignoraba por completo.

De pronto una gran sombra se acercó detrás de ella, era el mismo en su forma de pulga, pero se veía mucho mas grande, estaba desnudo, y sus ojos se veían completamente negros. Como los de un insecto.

-¡Lucille! ¿aléjate de el! ¡ven sube a mi bote!- Exclamaba el chico golpeando el vidrio.

Pero esta no lo oía y seguía cantando. Hasta que de pronto el insecto la tomo firmemente de los brazos inmovilizándola. Ella comenzaba a gritar de horror y una horrible trompa con diente afilados salió de adentro de su boca, comenzando a succionar de su cuello.

-¡No! ¡Lucille! ¡Monstruo! ¡aléjate de Ella!- trataba de romper con el remo el cristal desesperado. Golpeando las flores hasta deshacerlas.

La chica había quedado tan delgada como un cadáver, seca como una cascara de fruta recién exprimida. Y sus ojos no mostraban ni una sola señal de vida. El monstruo comenzó a verlo directamente a través del cristal.

Hasta que Francoeur con rabia logró romper el aparador con el remo en miles de pedacitos. Pero al hacerlo vio que dentro de la tienda no había nada.

De pronto miro sus manos y ya no tenía el remo, tenía el cadáver de Lucille, y su cuerpo nuevamente era el de una pulga, él la había matado.

-¡No no no!- Negaba con desesperación.

Siendo de pronto hundido por sus amigos y seres queridos sin vida que comenzaban a salir del agua del Sena y trataban de subirse al bote.

-Francoreur, Francoeur- Decían los cadaveres al unisono.

De pronto vio el rostro de Lucille observandolo con la boca abierta diciendo:-

-¡Francoeur!

De pronto sintió un ligero toque en su rostro.
-Francoeur, pss ¡Despierta!- Susurraba Lucille tratando de despertarlo.

Francoeur despertó de golpe cayéndose del sofá.

-Lo siento, mi tía siempre se levanta a las ocho de la mañana. Son las seis, si nos apuramos podemos ejecutar un plan que tengo para que puedas quedarte a vivir aquí por un tiempo con la ayuda de mi tía. Pero debes prometer que harás todo lo que yo te diga ¿me oíste bien?
El joven cantante asintió confundido a su ya arreglada compañera. Pero de pronto su estómago comenzó a rugir.
-Veo que tienes hambre ¡oh dios! Apuesto que no haz comido nada desde que estabas en las calles-Exclamó Lucille apenada.
Él solo asintió tomando su estómago con dos de sus cuatro manos.

-Okay, te daré algo rápido para que comas pero prometeme que no harás ni un solo ruido.

Francoeur asintió sonriendo dejando escapar un chirrido que Lucille rápidamente calló.
-Shh, ven ¡en silencio!

Ambos salieron del camerino y llegaron hasta la cocina principal donde se preparaba toda la comida para los comensales de la noche, y Francoeur se sentó en una larga mesa de madera con algunos banquillos donde almorzaban el chef y sus cocineros cuando podían.
Lucille abrió la despensa pensando que podría darle para desayunar.

-Veamos... ¿que te puedo dar de comer? Es algo complicado pensando que las pulgas se alimentan de san...-Se detuvo en seco dándose cuenta de lo que iba decir, viendo algo asustada a Francoeur- Tu... no tomas sangre... ¿verdad?

Francoeur negó con un rotundo no con la cabeza y sacudiendo sus manos. Eso le hizo recordar su extraño sueño, cosa de la cual ya no quería seguir pensando.

-Ah que alivio- Suspiró aliviada Lucille-¿Entonces que comes? Hay avena, pan... ¡ah! ¿Que te parece unos huevos con tocino?
La pulga asintió enérgicamente mientras sus tripas seguían sonando, avergonzandolo un poco.

Lucille prendió la estufa a leña, sacó una sartén, echo un poco de aceite y comenzó a freír.

El sonido del aceite hirviendo le hizo recordar a Francoeur los días en que su madre le hacía el desayuno. De los pocos recuerdos que el chico aún podía conservar de ella eran, su deliciosa comida y sus canciones. Su madre se fue de su lado cuando apenas era un niño, por lo tanto el aspecto de su rostro se ha ido borrando de a poco de su memoria.

-¡Listo! ¡Bon appétit!- Dijo Lucille emocionada poniéndole el plato con su desayuno frente a el.

Francoeur despertó de sus recuerdos, y muy entusiasmado por el delicioso desayuno que imaginaba, miró con una gran sonrisa el plato. Sin embargo, este no lucía para nada a lo que él estaba esperando.

Los huevos lucían crudos, con cascara, y el tocino estaba completamente carbonizado

-"¡¿Como demonios quemas y dejas crudas ambas cosas si las cocinaste al mismo tiempo?!-" Pensaba Francoeur entrando en desesperación.

-¡Come! disfrutalo- Miraba Lucille con ilusión a su amigo que estaba por probar su comida.

Francoeur comenzó a ponerse nervioso en cuanto sintió su expectante mirada sobre el.

-"Tal vez no sepa tan mal como se ve"- pensó él, en un intento de darse ánimos para comer y no decepcionarla.

Puso la cuchara con huevos y un poco de tocino dentro de su boca, quedándose completamente inmóvil.

-¿Y? ¿Que tal? ¿no... te gusto?- Miró con un poco de desilusión al cantante.

Francoeur movió con rapidez su cabeza y una sonrisa forzada para señalar que sí le había gustado. Aunque las lagrimas en sus ojos estaban a punto de caer por sus azuladas mejillas.

Sabía horrible, pero logró engañar a Lucille para creer que no lo estaba.

-¡¿Que?! ¿En serio? ¡dejame probar un poco!- Dijo ella emocionada tratando de introducir un tenedor en el plato de Francoeur. Cosa que el chico detuvo con una de sus manos rápidamente.

Si uno de los dos debía intoxicarse, prefería hacerlo el.

Tenía una mano en su boca mientras terminaba de masticar, la otra apoyada en la mesa, otra con la cuchara en el plato y la ultima sobre la mano de Lucille deteniéndola. Ninguno de los dos hablaba, Francoeur terminó de tragar.

Seguía habiendo silencio entre ellos.

Parece que los huevos con tocino lograron pasar sin problema.

Seguía inmóvil.

Pero al parecer, los huevos prefirieron volver por el camino que entraron.

-Lo siento- Decía Lucille sobando la espalda de la pulga aun vomitando el desayuno y quizás mas cosas que tenía de días anteriores por la ventana que daba vista al jardín trasero. Sintiéndose horriblemente culpable de su malestar.

Francoeur sacó la cabeza de la ventana y la cerró, Lucille le dio un vaso de agua que el tomó por completo.

-Lo lamento mucho Francoeur, no soy muy buena en esto de la cocina... la verdad, es que me intimida un poco. - Dijo la castaña avergonzada.

Francoeur la miró con curiosidad, mirada que ella ya entendía como un "¿por que?" al que debía responder.

-Es que... en la cocina nunca necesité cocinarme para mi, siempre estaba mi tía Carlotta quien solo quería que me preparara como una "mujer de clase " con varios talentos, y buscarme un esposo rico donde viviera con comodidades. Además, vivo en un local que además de bebidas sirven comida, así que siempre hay cocineros que hacen las comidas por ti. Y pues... cuando vives toda tu vida esforzándote al máximo para hacer todas las cosas perfectas, sientes miedo de decepcionar a otros cuando quieres intentar algo nuevo- Respondió Lucille con una mirada triste -Lo siento, no tenías porque haber sido victima de mi primera vez cocinando.

Lucille le dedico una sonrisa triste, y algo decepcionada de si misma. Y la verdad es que Francoeur sabía muy bien de decepciones. No quería ver a Lucille pasando por lo mismo.

De pronto el estómago de Lucille también rugió de hambre.

-¡Ups! lo siento- rió nerviosa- pe-pero no tienes de que preocuparte, no estoy acostumbrada a desayunar de todas formas.

Francoeur la miró molesto porque no había comido nada, aún cuando ella le estaba insistiendo en que comiera el desayuno.

Pero en ese momento, se le ocurrió una idea para hacerla sentir mejor. Tomó su mano con una sonrisa en señal de que lo acompañara. La llevó hasta la estufa a leña y hábilmente tomó los huevos con sus cuatro manos, haciendo malabares con ellos, rompiéndolos y dejándolos sobre dos sartenes nuevas con aceite.

-¡Vaya! ¡eres muy hábil!- Elogiaba impresionada a su compañero.

Francoeur preparaba todo al mismo tiempo. Era buena cocinando, le gustaba, pero con sus cuatro brazos era doblemente hábil.

¿Y como no ser bueno? después de que su madre murió, su padre se alejó cada vez mas de él desde que era un niño. Siempre viajando a conferencias, exploraciones, entre otras miles de excusas para no estar en casa por trabajo. Su padre siempre trataba de contratar niñeras y amas de llaves para que se encargaran del pobre Francoeur, sin embargo, ya sea por Charles o los extraños experimentos que el profesor tenía tanto en su casa como en el invernadero, las sirvientas salían corriendo despavoridas del lugar. Dejando solo al pequeño pelinegro, teniendo que aprender por si mismo todas la tareas del hogar para abastecerse, ya sea planchando, lavando o cocinando. La mayoría de las tareas las compartía con Charles, pero cocinar, era su área.

Lucille estaba maravillada observando como preparaba el desayuno, de pronto él estiró uno de sus brazos izquierdos pidiéndole el tocino para freír, sacándola de sus pensamientos. De pronto, el tomó su mano y la acerco a una de las sartenes que tenía el tocino por separado.

-¿Qui-quieres que yo...?- Balbuceaba insegura de lo que estaba por hacer.

Francoeur asintió con una sonrisa paciente.

-¡N-no! seguro lo voy a volver a que...- Francoeur no dejó siquiera que terminara la frase.

Sacó los huevos de la estufa y se puso detrás de ella entregándole una espátula. Dos de sus manos estaban sobre sus manos tomando la sartén y el otro par sobre sus codos para sujetarla. Tenía que admitirlo, estaba muy nervioso, y su corazón latía de golpe. Pero quería darle mas confianza a Lucille en la cocina. Ese horrible error de desayuno no tenía porque ser una carga en su conciencia como para no querer volver a intentarlo.

Lucille por su parte, también se sentía algo nerviosa. No sabía exactamente porque pero esa cercanía que tenía con el monstruo no le producía el asco que le generaba el tacto de Maynott. Al contrario, se sentía tranquila. Pero a su vez algo tímida de que él, un ser al que ella le estaba enseñando sobre el mundo humano le estuviera enseñando algo tan básico para los seres humanos como lo es la cocina, especialmente para las mujeres de su época. Supuso que tal vez no era tan ignorante como ella creía. Y eso la hizo sentirse aún mas avergonzada.

Ambos voltearon el tocino de la sartén levantándolo con la espátula, el aroma que salía les daba mas hambre a ambos. Y una vez que habían terminado el apetitoso desayuno, se miraron con una sonrisa satisfecha.

De pronto Lucille miró el reloj colgado en la pared de la cocina, que ya marcaba las siete cuarenta de la mañana.

-¡Ay no! ¡Perdimos la noción del tiempo! ¡mi tía despertará en cualquier mo...!- Exclamaba Lucille aterrada a Francoeur, y a su vez siendo interrumpida por la voz de su tía.

-¡Lucille, cariño! ¿tan temprano estas levanta...' ¡Aahhh!- gritó su tía que entraba en camisón a la cocina observando Francoeur que estaba sin su sombrero y su mascara- ¡¿Que es esa cosa?! ¡Lucille apartate de eso!

-Adios a mi plan- Dijo Lucille desanimada.

La tía Carlotta había tomado un trapero de la cocina y se lo apuntó a Francoeur tratando de golpearlo, quien se encontraba ya bastante aterrado de la asustada mujer.

-¡Lucille! ¡ponte detrás mio y alejate de ese mo-mo-mo-mo-mo-monstru...!

-¡Tía calmate! ¡No le digas así a Francoeur! ¡El es mi amigo!- Exclamaba Lucille interponiéndose entre ambos.

-¡¿T-tu amigo?! ¡¿E-eh el es... monsieur Francoeur?!

-Se que suena a una locura tía pero tienes que escucharme, el es bueno, ¡es un hombre muy civilizado! solo es... una pulga antropomórfica de dos metros de altura ¡Eso es todo!- Sonreía Lucille tratando de aligerar un poco la situación. Cosa que no funcionó.

Su tía puso los ojos en blanco y se desmayó abrazada al trapero húmedo.

-"Supongo que desmayarse es de familia"- Pensó Francoeur.

Victor Maynott se encontraba escribiendo una carta para Lucille en su oficina. Como siempre, completamente ignorante de lo que sucedía en su pueblo.

-Entonces... ¿que es lo que rima con "grandioso destino"? ¡Oh por supuesto que lo se! Yo - Hablaba el bigotudo hombre consigo mismo.

De pronto escuchó que alguien tocó a su puerta.

-Si, si, pase ya.

-Comisionado- El inspector mientras entraba a su oficina.

-Inspector Páte, tan temprano ¿alguna noticia?

-Hemos recibido varios avistamientos en la comisaria de un supuesto "monstruo", señor.

-¿monstruo dice?

-Así es señor, desde ayer en la mañana las llamadas y visitas a la policía sobre este supuesto monstruo no han dejado de llegar, y todas las personas que lo han visto afirman lo mismo, que es una enorme criatura parecida a un insecto, señor Maynott.

- Pues más parece que el agua se les subió hasta el cerebro- Rió Victor mientras se levantaba de su silla- ¡Es perfecto Páte! La noticia que buscaba para distraer sus mentes del problema del Sena, me pareció escuchar algo así en el cabaret el día de ayer.

-Y no solo eso señor, hemos encontrado a la primera víctima de este supuesto monstruo- Dijo el inspector mientras sacaba uno de los testimonios de su carpeta- La victima fue el joven Francoeur Disjardins, hijo del aclamado botánico y biólogo: Pierre Disjardins. Dos hombres se acercaron ayer a la estación de policía para presentar su denuncia.

-Agh, tenía que ser un Disjardins... apuesto que ese monstruo es de ese... ese... ¡científico loco!

-Señor esto es grave, el profesor se encuentra en una conferencia científica ahora mismo en Nueva York, así que no podemos entrevistarlo hasta que vuelva, necesito de su autorización para entrar a su hogar que es el lugar de los hechos e investigar el caso.

-Si, adelante, solo... no te apresures tanto en resolver este caso.

-¿Disculpe?

-Sé que eres bueno en esto de ser un "buen policía", Páte. Pero lo que mas necesitamos ahora es una noticia que distraiga a los ciudadanos de todas estas inundaciones. Solo imagina esos titulares ¡El magnífico comisionado Victor Maynott vence al monstruo de Paris! Con ayuda del inspector Páte... por supuesto.

-No lo sé señor... ya hubo una victima en este caso. No podemos esperar a que hayan mas.

-Y por eso querido Páte es que se inventaron las armas, oye, solo encuentra a la bestia, retengala un tiempo hasta que yo pueda aniquilarla frente a toda la ciudadanía para limpiar mi imagen, y si se descontrola antes de eso, dispárale y acaba con todo esto. ¡Así de fácil!- Dijo el comisionado entregándole un revolver que tenia en el cajón de su escritorio.

-Esto no parece nada ético, señor.

-¡Vamos inspector! Es un monstruo, un animal, no tiene sentimientos. Además por lo que tengo entendido tu hijo se graduó como el mejor de su clase ¿no?

-Pues... si señor, con honores.

-Ayudame con este pequeño inconveniente, y te aseguraré el puesto de comisionado una vez que sea elegido alcalde ¡Solo imagina a tu hijo en la universidad mas prestigiosa del país! ¿que dices?

Páte estaba indeciso, pero no podía renunciar a tan tentadora propuesta, quería asegurar el futuro de su hijo.

-Esta bien, señor... haré lo que pueda.

-¡Ese es mi hombre! Ahora vayan a realizar la investigación, y esperen unos días más antes de mandarle una carta a Disjardins por la tragedia, el pobre hombre ha sufrido demasiado.

-Si, señor.

Tras decir esto, Páte salió de la oficina. Aún inseguro de sus promesas y acciones con el comisionado.

-Déjame ver si entiendo cariño, quieres que él, el monstruo de Paris...- Dijo la tía Carlotta siendo interrumpida, mientras se encuentra sentada en la mesa de la cocina con un chal sobre sus hombros y una taza de té de manzanilla entre sus manos.

-No es un monstruo tía, solo es diferente -Recalcó Lucille sentada frente a ella junto a Francoeur, quien ya había comido su desayuno mientras le explicaban a Carlotta la situación.

-Claro, cariño. Lo siento. Digo... el joven Francoeur... ¿quieres que él viva con nosotras?

-Sé que suena a locura tía Carlotta, pero por favor deja que se quede ¡solo unos días! hasta que podamos encontrar la manera de integrarlo en sociedad.

-Tienes un corazón muy dulce cariño, pero es difícil poder integrarlo, solo... ¡miralo! sin ofender...- Dijo la mujer al joven monstruo, quien en realidad entendía su punto.

-Por favor tía, Francoeur es maravilloso. ¡Ya viste su talento en el escenario! ¿como alguien con una voz tan dulce y un talento tan sensible podría ser una mala persona? Además, viste lo maravillado que quedó el publico de anoche con su actuación ¿quien sabe? con su ayuda hasta puede que levantemos nuevamente este local.

Carlotta lo veía aún algo dudosa, sin embargo, pese a su tenebrosa fachada, tenía un rostro bastante inocente. Suspiró.

-Esta bien cariño, puede quedarse. Pero no por mucho tiempo, no quiero policías rondando este local, tendrás que ocultar muy bien su identidad si quieres que sea parte del cabaret- Dijo la robusta mujer a su sobrina.

-Tranquila tía, será un integrante mas en el equipo - Dijo Lucille abrazando a su tutora.

Francoeur emitió un leve chirrido a Lucille para llamar su atención.

-¿Que ocurre Francoeur?-Preguntó ella al notarlo.

Francoeur fue hasta la estufa y mostró las sartenes y los huevos, señalando a Carlotta.

-¡Gran idea! ¿Quieres desayunar tía?
-¿Que? ¿También cocina?
-Tienes que verlo tía Carlotta, es muy hábil.
-¿Hay algo que este chico no haga bien?-Reía la mujer.
Por primera vez confiado de si mismo, Francoeur alzó los huevos con sus cuatros brazos para impresionar a Madame Carlotta, haciéndola sacar algunas risas con sus malabares.

-¡Oh ho ho ho! Quizás pueda acostumbrarme a esto- Reía la regordeta mujer pellizcando la mejilla del insecto en señal de afecto.

Era curioso, pero el chico comenzaba de a poco a sentirse mas en casa en el Ave Singular que en su propio hogar.
Y eso le hizo preguntarse ¿como estarán las cosas allá desde su desaparición?

-¡¿Encontraron algo?!-Preguntaba Páte a los oficiales que estaban sobre el girasol gigante.
-¡Ven! ¡monito! ¡Baja de ahí!- Le gritaban otros policías a Charles que se encontraba sobre una palmera asustado de los oficiales.
Páte llego con su equipo hasta el invernadero, y Raoul y Émile debían ayudarlos a recrear la escena.
-Esto es demasiado extraño... -Decía Páte para si mismo en voz alta.
-¿Ocurre algo inspector?- Preguntó Raoul.
-No hay restos biológicos del joven Disjardins, no hay sangre, restos de piel, nada, es como si se hubiese vaporizado ¿están seguros de que la bestia lo devoró?-Preguntó el inspector.
-¡Por supuesto que si!
-¿Lo viste hacerlo?
-Eh... no... pero... ¡su ropa! ¡la ropa de Francoeur estaba toda rasgada en el suelo cuando esa cosa apareció!-Respondió Raoul señalando los trapos que aun se encontraban en el suelo.
Páte sacó una lupa y se colocó unos guantes para observarla mejor, pero algo no cuadraba, no veía manchas de sangre ni marcas de garras o dientes. Sin embargo encontró pelo blanco del simio en el cuello de la camisa.
-Estas ropas parecieran mas que se rompieron por haberlas estirado que rasgado- Respondió el inspector de redonda nariz.
-¡Mi cámara! ¡La encontré!- Exclamó Émile detrás de unos arbustos.
-Un momento... ¡Émile! ¿Tu cámara seguía filmando durante el accidente?-Preguntó Raoul a su pequeño amigo.
-Por supuesto, jamás la solté hasta después del accidente.
-Quizás haya quedado grabado en ella lo que ocurrió con Francoeur.
-Será difícil saberlo, quedó muy maltratada después de la explosión, tendría que revisar el royo en mi estudio del cine.
-Vamos de inmediato no hay tiempo que perder- Dijo Páte, pero antes de si quiera avanzar, se dio cuenta que había pateado medio frasco de vidrio con una etiqueta.
Lo levantó para leer y decía: "Fusionador genético. Cuidado, altamente peligroso, sólo para uso botánico."

Páte lo guardó en una bolsa dentro de su chaqueta.
-¡Muchachos sigan buscando en el invernadero hasta que encuentren algún rastro del cuerpo! ¡Los jóvenes y yo iremos al cine! Hay una película que debemos revelar- Dijo el inspector con autoridad mientras se retiraba del lugar con Raoul y Émile a su lado.
-¡Oww yo también quería ir al cine!- Hacía berrinche uno de los policías que trataba de escalar el girasol.

Los tres hombres llegaron hasta el cine, estuvieron todo el día esperando a que el diminuto joven lo arreglara. Páte y Raoul se encontraban durmiendo sobre los palcos de la sala mientras esperaban a que llegara el pelirrojo con la cinta ya arreglada.
-¡Lo logré!- Exclamó victorioso Émile entrando a la sala con un carrito con el proyector y la cinta de video ya colocada.

-¡Madre miá! ¿Son las siete de la tarde ya? ¡Nos tuviste todo el día aquí esperando joven Pétit!- Exclamó Páte quien había despertado de un sobresalto.

-La-lamento la demora, pero me tomo mucho trabajo recobrar la cinta.

-¿Quien quiere café?- Preguntó Maud entrando a la sala con una bandeja con cuatro tazas de café bien cargado para despertarlos- ¿Esta bien si los acompaño chicos?

-Lo siento señorita, pero estamos en medio de un caso, tendré que rogarle que se retire.- Dijo serio el inspector mientras tomaba una de las tazas.

-¡E-esta bien inspector! Maud se puede quedar, ella me ayudó a reparar mi cámara- Defendió Émile a la pequeña Maud.

-¿Quien es? ¿su esposa señor Pétit?- Pregunto curioso Páte.

-¡Solo espere un poco mas y lo será, oficial!- Reía burlesco el excéntrico muchacho tomando un sorbo de su café.

-¡No no no no no no! ¡E-es una novia! ¡digo! ¡a-amiga! b-bueno... ¿compañera? ¡Si! ¡Compañera de trabajo!- Respondía Émile sumamente nervioso y rojo como un tomate, mientras era observado por Maud quien también se había sonrojado un poco.

-Ya, ya, suficiente. Encendamos esa cosa- Respondió el inspector ya cansado de seguir esperando.

-S-si -Respondió Émile.

El aun avergonzado joven prendió el proyector comenzó a rodar la cinta, la película comenzó a mostrar desde que Raoul jugaba a ser explorador dentro del invernadero.

-¡Ja ja! ¡Que apuesto me veo ¿no?!- Exclamó Raoul, siendo callado por todos- Perdón.

Salían los experimentos que Raoul comenzó a hacer en el laboratorio. Émile no quería grabar la intimidad de su amigo Francoeur durante su platica en la casa del árbol.

De pronto el inspector notó un frasco que Raoul mostraba a la cámara que lucía exactamente igual al que el recogió en el suelo. Lo sacó de su chaqueta para verificarlo, y efectivamente era el mismo. Luego, vio el accidente que Raoul había provocado haciendo crecer el girasol, dedicándole una mirada de odio que todos los presentes replicaron al joven científico.

-¿Que? ¡Fue un accidente! ¡¿Okay?!- Se sentó de brazos cruzados en una de las butacas.

Todos siguieron observando la pantalla. La pelea, los empujones. Mientras mas veía dicha escena, Raoul mas culpable se sentía. Hasta que llegaron a la parte de la explosión.

En ese momento donde todos habían quedado inconscientes, la cámara siguió rodando, mostrando aunque, no tan claramente por la neblina, la metamorfosis que el pobre Francoeur había sufrido.

Maud soltó un grito de horror soltando la bandeja con las tazas que quedaban.

-No puede ser...- Decía Émile para si mismo completamente impactado.

-¡Esto es una pesadilla! ¡¿Pero cómo pudo suceder?! -Exclamó Raoul entrando en pánico.

Páte recordó la botella del suero que decía "Fusionador genético. Cuidado, altamente peligroso, sólo para uso botánico" y el cabello del simio blanco que encontró.

-¡Jóvenes! ¡¿alguno de ustedes vio en algún momento a monieur Disjardins rascarse la cabeza o algo ese día?!- Preguntó el inspector.

-Ahora que lo menciona... tal vez un par de veces. No recuerdo bien...- Mencionó Émile algo nervioso.

-¡¿Si o no?!- Preguntó impaciente el inspector de sus balbuceos.

-¡Ese simio mal oliente! ¡todo es culpa de ese cerdo!- Exclamó Raoul desviando su culpa hacia Charles.

-Me llevaré esa cinta como evidencia.

-¿Y que sucederá ahora con Francoeur?- Preguntó Maud angustiada.

-Sinceramente no lo sé, pero si quieren ayudar a su amigo, tendrán que encontrarlo primero. Buscaré mas pruebas y trataré de hablar con el comisionado sobre esto, lo único que se es que tendremos que buscarlo ahora como un civil extraviado, no como un monstruo.- Dijo Páte saliendo de la sala.