-¡Yo lo voy a pulverizar! ¡lo voy a destrozar! ¡lo voy a enviar de vuelta al infierno del que haya salido!- Exclamaba el comisionado Victor Maynott en la conferencia de prensa.

Raoul, Émile y Charles habían ido para tratar de hablar con el inspector y quizás razonar con Maynott. Pero sus duras palabras los hacían tragar saliva con temor.

-Emm... comisionado ¿y como planea aniquilarlo según usted?- Preguntó un periodista que se levantaba de su asiento.

-¡Ha ha! Bueno... por supuesto que... ¡Con agua! es que, las pulgas no sobreviven al entrar en contacto con el agua. En este momento por obras del destino París esta llena de agua, por eso no he hecho mas acciones por drenar las calles ¡El agua es mi arma secreta!-Mintió el gran hombre con fingida seguridad- Cuando encuentre a la bestia voy a atraparla y ahogarla.

Todos los demás presentes en el auditorio aplaudieron.

-Eh... comisionado... muy admirable, pero ¿como va a ahogar al monstruo cuando ni si quiera puede encontrarlo?- Volvió a preguntar escéptico el periodista.

Maynott rió.

-Lo voy a encontrar, ya verán, la policía no ha descansado en su búsqueda. No responderé mas preguntas. Doy por terminada la conferencia.

-¡Disculpe, comisionado!- Levantó Raoul su mano-¿Y si suponiendo... que la bestia no fuera realmente una bestia, y fuera tan civilizada como nosotros... cree que podría permitirle vivir en sociedad con nosotros?

Victor comenzó a reír como si escuchara alguna tontería dicha por un niño.

-¡Oh joven! Que cosas dice, por supuesto que no, la bestia ya devoro a un hombre no podemos permitir que siga saciando su hambre con nuestros ciudadanos.

-¿Y si no fuera así?

Toda la gente comenzó a hablar entre si dudando de lo que Raoul había dicho.

-Cuando encuentres pruebas de lo que dices me avisas, hasta entonces, no responderé mas preguntas absurdas.

La conferencia había acabado, y Raoul, Émile y Charles salieron bastante decepcionados de no haber visto al inspector allí para presentar juntos dichas pruebas.

-¡Esa rata mentirosa! ¡el se ahogará en todas sus mentiras! iremos nosotros mismos a ver al inspector, seguro que aun esta en la comisaria.

-¿Crees que lleguemos a tiempo?-Preguntó Émile.

-¿Bromeas? no hay nadie en la tierra que rebase a Raoul cuando maneja.

Los tres corrieron hacia Catherine para ir a la estación de policía, sin embargo, Émile chocó con Maud, quien se encontraba leyendo un cartel advirtiendo sobre la bestia afuera del auditorio.

-¡Oh Émile!

-¡¿Maud?!

-¿Han sabido algo del pobre Francoeur?

-Bu-bueno si... pero... luego te explico.

-¡Émile!- Apresuró Raoul quien ya estaba subido junto con Charles en la camioneta.

-¡Ya-ya voy! ten esto Maud, para ti- Le entregó un sobre a la chica.
De pronto el chico en la camioneta vio al inspector dirigiéndose al auditorio. Haciéndolo salir de esta rápidamente junto con el simio.

-¡Emile! ¡mira!- Volvió a gritar el estrafalario chico señalando al inspector que acababa de entrar.

-¡El inspector! E-el deber llama- Se despidió el pequeño hombre mientras iba hacia el auditorio.

-¡Después puedes cortejar a Maud ahora corre!- Exclamó Raoul avergonzando al pobre pelirrojo.
Ella se quedó mirando a ambos hombres corriendo hacia el edificio, una vez que se alejaron abrió el sobre y comenzó a leer.

-"Querida Maud, de verdad quisiera una cita... ¡El sábado! a las 3 pm, con todo mi afecto, Émile" -Leía la chica entre pequeñas risas de emoción- ¡Ay Émile! pero... ¿3 pm? ¿pero... donde?

-Señor comisionado ¿puede decirme que es esto?- Preguntó Páte mientras entraba a la oficina con el periódico en manos, mostrando el titular que decía "Un monstruo en París" .

-Emm... ¿un periódico?- Preguntó con falsa ingenuidad mientras leía un libro de entomología básica.

-Señor, yo ya le había informado ayer en la tarde que el supuesto monstruo era el joven Francoeur ¿porque aun así mandó a imprimir este tipo de titulares?

-Hay que alertar a la gente de esta criatura, inspector.

-¿Alertar acerca de que? ¡Es solo un chico!

-¡Un chico transformado en una pulga Páte! ¡Piensa! ¿Que no lo ves? No solo es mitad humano, también es mitad animal, y uno que se alimenta de sangre ¿Y que hacen los animales? ¡Siguen sus instintos!

-¡Pero no ha matado a nadie!

-Aún. Solo es cosa de tiempo para que lo haga. Usted mismo lo dijo, no podemos arriesgarnos a que hayan mas víctimas.

-¿Entonces que espera que haga? ¿Que lo mate aun sabiendo que es en realidad un ser humano?

-No te lo estoy preguntando Páte- Respondió Maynott, mirándolo con una escabrosa mirada llena de furia que no pedía, exigía que matasen al muchacho. Helando la piel del inspector.

Hubo un silencio entre ellos tan largo, con una densidad en el aire tan grande, que solo un sable podría cortar el aire que circulaba entre ellos dos.

-Señor comisionado, lamento de antemano que tenga que preguntar pero ¿acaso hay algún otro interés detrás de todo esto?-Dijo Páte con algo de inseguridad en su garganta.

-¿Cuestiona mi autoridad? ¿después de todo lo que he hecho por usted?

-Señor, primero me pide que no me apresure tanto con el caso y que retenga a la criatura para usted mismo pueda acabar con ella, ¿y ahora me dice que lo mate cuanto antes aun sabiendo que es el mismo Francoeur Disjardins? ¿Esto no tendrá algo que ver con el profesor o si?

Nuevamente hubo un silencio tenso entre ambos. Hasta que el comisionado se acercó al oído del inspector.

-Solo te diré esto Páte, no mires hacia atrás, no tienes idea de las cosas con las que puedes chocar- Caminó hasta el inspector y susurro con voz grave, haciendo sudar frío al pobre policía, se separó de el y prosiguió- Toma tu placa y tus cosas de la oficina, estas despedido.

-¡¿Que?! ¡No puede despedirme así! ¡Llevo casi tantos años en la policía como usted! ¡¿Por que?!-Reclamó Páte.

-Insubordinación, si aun estima su futuro y el de su hijo le recomiendo que deje de entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia. Puede retirarse- Dijo Victor volviendo tranquilamente a su escritorio.

-¡Esto no ha terminado Maynott! ¡me aseguraré de que tengas tu merecido!-Amenazó el ex policía antes de abrir la puerta de la oficina.

-Ya lo veremos.

Páte abrió la puerta y los tres, Raoul, Émile y Charles cayeron hacia atrás por estar escuchando toda la conversación detrás de esta. El hombre cerró la puerta rápidamente para que el comisionado no los viera y los arrastró a un lugar mas apartado de la oficina.

-¡¿Que demonios hacen aquí?!- Susurró enojado Páte.

-No queríamos importunarlo señor, pero oímos todo- Respondió algo apenado Raoul.

-Desde el principio...- Añadió nervioso Émile.
El señor suspiro cansado.
-Siganme- Los arrastró hasta afuera del auditorio para poder hablar lejos del comisionado.

-Fantástico- Dijo Páte en forma sarcástica- ¿han sabido algo de su amigo? si antes estaba en peligro, ahora mas que nunca lo estará.

-Lo encontramos, puede quedarse tranquilo esta bien camuflado con la gente, increíblemente nadie se ha dado cuenta de que no es humano-Respondió Émile.

-Esperemos que se mantenga así un tiempo mas, no quería ocupar mis últimos ahorros de esta forma pero, traeré yo mismo al profesor desde Nueva York para que encuentre la forma de hacer a su hijo humano nuevamente. Solo él puede hacerlo- Dijo Páte.

-¡Suena a un plan perfecto!

-Bien, en mi ausencia traten de cuidar a su amigo lo mas que puedan, no se que haya ocurrido en la cabeza del comisionado en este ultimo tiempo pero no dejen que el joven Francoeur caiga en sus manos. Hará todo lo que esté en su alcance para limpiar su imagen tratando de matar al "monstruo", y si tiene algo en contra del muchacho será mucho peor. Tratare de estar aquí lo antes posible para ayudarlos, me voy.

-¿Que pasará con usted inspector? Maynott lo despidió, ya no tiene ninguna autoridad en la jefatura de policía- Dijo Raoul preocupado.

Páte suspiró.

-Algo se me ocurrirá, pero no dejaré que ese corrupto gane. Desde ahora solo llámenme Páte, nos vemos.

Tras decir eso, el desempleado hombre se fue hasta la parada de buses.
Dejando a los dos amigos mirándose entre si preocupados.

Francoeur y Lucille se encontraban sobre el escenario en el salón vacío del cabaret, estaban sentados junto al piano tratando de componer nuevas canciones. Desde hace mucho tiempo ya que ella no se sentía inspirada como para escribir canciones, se había repetido en las mismas una y otra vez cada noche. Había cantado La Seine tantas veces que de no ser por Francoeur la habría cantado con las mismas ganas que un globo desinflado.
-Me impresiona la facilidad que tienes para esto, yo tardo cerca de uno o dos días en escribir algo propio. Tal vez mas...-
Francoeur se sentía algo cohibido cada vez que lo halagaba, por lo que solo se limitaba a sonreír con la cabeza baja mientras tocaba algunas melodías en el piano.
-Siempre me he preguntado ¿como es posible que puedas cantar tan perfectamente pero nunca hablas? ¿Te sientes inseguro al hacerlo?-
Si pudiera se lo diría, pero ni siquiera el tenía respuesta a esa pregunta. Ha intentado hablar incontables veces cuando se ha quedado solo frente al espejo, pero todas esas veces fueron inútiles. Solo no podía.
Dejó salir un chirrido triste.
-No quiero que te sientas presionado, solo me gustaría que alguna vez me respondieras cuando hablo contigo. Aunque a veces siento que pese a que no hables, nos entendemos perfectamente-Sonrió Lucille algo tímida, acción que el devolvió con el mismo sentimiento.
Lucille dejó de hablar un buen rato y ambos se dedicaron solo a tocar el piano. De pronto ambos coincidieron en una melodía ya conocida. Y comenzaron a tocarla. No necesitaban hablar, solo escuchar.
Los dedos de sus manos se deslizaron hasta que de pronto sus meñiques se rozaron.
Ese pequeño tacto no fue la gran cosa, pero para ambos fue como un ligero choque eléctrico. Francoeur ya había tocado sus manos antes cuando prepararon juntos el desayuno, tal vez solo lo tomó por sorpresa, pero la sincronía era tan fluida mientras tocaban que el mas mínimo toque fue como una descarga. Y para Lucille, en realidad no sabía como tomarlo, desde que se conocían a excepción de su primer encuentro, se sintió realmente cómoda a su lado ¿acaso fue lo que Maynott había dicho lo que la tenia nerviosa? ¿El tal vez Francoeur si se sentía así con ella? De todas formas, Maynott apestaba alcohol esa noche y solo hay que conocerlo un poco para ya suponer que era un troglodita celoso, además ¿porque debía preocuparse? Ya ha tenido muchos pretendientes en el pasado, y de todas formas no había forma de que ocurriera algo con Francoeur. Era un buen amigo... y una pulga gigante, así que no había posibilidad de que surgiera algo ahí. Aunque, a medida que mas tiempo pasaban juntos y actuaban en el mismo escenario, ya no lo veía como un monstruo, se había acostumbrado a su corpulencia y exagerada fisonomía.
Quizás fue el enterarse de que en realidad no era un animal como tal, si no un ser humano, encerrado en ese cuerpo. Ya no podía tratarlo como alguien que debiera enseñarle sobre la vida humana, alguien que necesite de su protección. Era alguien que quizás pasaba por tanto problemas como ella, y que es hasta mas talentoso y apasionado que ella. Por eso lo veía y lo respetaba, lo comprendía, lo quería.
¿Pero exactamente en que forma comenzaba a hacerlo?

De pronto su tía irrumpió en el salón sacándolos a ambos de sus pensamientos en forma abrupta con una gran caja con un listón en sus manos.
-Mira lo que te tengo, querida-
Lucille y Francoeur desviaron rápidamente sus miradas en cuanto ella llegó. Incómodos fingieron una antinatural normalidad.
-¿Interrumpo algo?- Pregunto Carlotta muy curiosa.
-¡N-no nada! ¿Que tienes ahí tía?
-Bueno... hace unas semanas oí por parte de algunos comensales que el día del evento para caridad asistirían algunos caza talentos de Chicago muy importantes, solo para ver tu actuación. Así que me tome la molestia de mandarte a hacer un hermoso vestido para ese día-Dijo su tía dejando ver un vestido blanco de satén con un tul de color turquesa y mucha pedrería.
-¡Tía es muy hermoso! Pero no tenías que hacerlo, debes usar ese dinero para pagarle a los acreedores, ademas ya tengo mi vestido.
-Pero cariño, siempre usas ese viejo vestido ¿no tienes ganas de probar algo nuevo?
-Lo siento tía, pero si consigo algún contrato con esos hombres quiero que mamá este conmigo, era su vestido.
-Sé que te gustaría que ella estuviese contigo en ese momento, cariño. Pero ella no está solo en ese vestido. Estará en cualquier parte que tu vayas- Señaló su tía al pecho de la chica- No te obligaré a usarlo, pero esta vez si piénsalo ¿si?
-Esta bien tía-Suspiró.
De pronto miró a Francoeur y notó que seguía con el mismo traje de su primera presentación.
-¡Oh dios! En ese caso no puedes presentarte el día del evento en ese traje, debes usar algo especial, llevas usando eso desde que llegaste aquí- Exclamó Lucille a Francoeur.
-¡Es cierto! Esperen...- Carlotta fue hasta la caja registradora de la entrada y sacó algo de dinero- Tomen, vayan donde Frederick y pídanle un traje a su medida, es un viejo amigo podrá hacerles un buen descuento.
-¿No será muy arriesgado? Lo descubrirán si se acerca demasiado a el.
-Oh tranquila cariño, sabes que ese sastre esta tan viejo y ciego como un topo. Ni si quiera se como aun puede trabajar tan bien.
-Supongo que no te hará daño salir un momento.

Ambos salieron, Lucille se había puesto una boina café claro con una chaqueta rosa y pantalones para montar. No ostentaba de mucha ropa por muy elegante que fuera, y ese conjunto era el mas cómodo que tenía pese a la mirada juzgadora de la gente.

De camino hasta la sastrería mucha gente se les acercaba para saludarlos, felicitarlos por su éxito y hasta pedirles algún que otro autógrafo. Especialmente las chicas a Francoeur. Quizás usaba una mascara pero ese mismo misterio era lo que a muchas jovencitas atraía, sobre todo si le incluimos sus dotes musicales que tanto las hacía suspirar.
-Bu-buenas tardes, señor Bernard ¿e-esta bien si me da su autógrafo?- Preguntó una joven rubia de casi su edad, con un vestido de satén perlado azul y una sombrilla de encaje blanco, entregándole una servilleta.
Él solo sonrió amable y con una pluma fuente que ella misma le dio se la firmó.
-¡Muchísimas gracias! ¿Le-le parece bien si le invito un café cerca del Louvre para charlar? Yo invito- Dijo la sonrojada muchacha.
-¡Okay okay! Suficientes autógrafos, vamos a llegar tarde a la sastrería, lo siento chica el joven Francoeur debe comprarse un traje.
Todas las chicas suspiraron con tristeza al ver como Lucille lo empujaba lejos del grupo de admiradoras. Casi como si quisiera monopolizarlo.

-Vaya monsieur, te haz vuelto todo un don Juan- Río Lucille dándole un codazo amistoso y una sonrisa algo forzada a su amigo Francoeur.
El no entendía lo que le sucedía, solo sabía que de todas formas no podía aceptar la invitación de la chica, no podrían charlar, el no habla.

-¡Llegamos!- Exclamó Lucille ya entrando al local con el joven- ¿como se encuentra señor Dubois?
-¡Lucille, querida! Tanto tiempo sin verte-Reía un pequeño y extremadamente arrugado anciano de pequeñas gafas- Estas tan radiante como siempre ¡Y que alta!-
Exclamó el hombre tomando la mano de Francoeur.
-Señor Dubois, estoy acá, este es mi amigo Francoeur. Necesita un traje nuevo.
-¡Vaya! ¡para un chico tan grande, necesitaría muchísima tela! Pero descuida cariño, por ser tu no te cobrare mucho.
-¡Muchísimas gracias señor!
-¿Y para que es el traje?
-Es para un evento sumamente importante para nosotros.
-¿Que? ¿Se van a casar?
Ambos se sonrojaron a mas no poder al escucharlo decir eso. Bueno, Francoeur se puso aun mas azul. Dejando escapar un chirrido que rápidamente calló tapándose la boca con ambas manos.
-¡No no no no! ¡por supuesto que no! ¡ya se lo dije! Solo somos amigos.
-A mi no me engañas querida ¿que dama mas que su prometida, madre o esposa acompaña a un caballero a probarse ropa?
-Es que... el es nuevo en la ciudad y no conoce las calles... además el...
- Si, si, si... ¿entonces cual es el evento?
-Actuaremos en el evento de caridad del 10 de Septiembre.
-¿Van a bailar?
-Si.
-Entonces ademas de hacer un traje grande, debe ser ligero y holgado para que se mueva. Ya sabes, para que no estire la ropa y la rompa.

-Si, señor.

-Bien ¿desean comprar algo mas?

-Bueno, traje de mi dinero también. No se cuánto tiempo más te quedarás con nosotros así que pensé que sería bueno comprarte ropa cómoda para cuando no estas en el escenario- Dijo Lucille, mirando a Francoeur.

-Bueno querida, la ropa extra grande está por allá junto al probador, pueden ir a ver si algo le puede quedar- Dijo el anciano terminando de escribir sus notas antes de levantarse del asiento- Iré por una revista para que escojan el modelo.

-¡Muchas gracias!- Lucille ya se había ido a buscar chaquetas y blusas para el enorme cantante, viendo cual se veía lo suficientemente grande para el- Mira Francoeur, dejame probarte esto-

Ella le probaba una camisa blanca junto con una chaqueta café con parches en los codos, no muy sofisticada, pero que en el lucía bastante adecuada para cualquier ocasión.

Francoeur se dejaba probar la ropa por encima como si ella fuera su madre, su cercanía lo ponía algo nervioso. Aunque mirara para otro lado para tratar de no verla demasiado, le agradaba pensar que era su prometida probandole ropa, las palabras de el señor Frederick habían encendido su imaginación.

-Creo que esto te quedará bastante bien, ve a probártelo. Buscaré unos pantalones- Dijo Lucille abriéndole la cortina del probador-

La pulga entró y cerró cuidadosamente la cortina tratando de que quedara bien cerrada. Dejó la ropa que Lucille le había pasado en un perchero, se sacó la chaqueta junto con el chaleco y los dejó a un lado. Pero mientras se desabotonaba los primeros botones de la camisa, de pronto algo comenzó a perturbarlo.

Su cuerpo comenzó a temblar y las vellosidades de su espalda comenzaron a hacerse pequeñas. Un fuerte mareo golpeó su cabeza desorientandolo dentro del cubículo, que por suerte era lo suficientemente ancho como para que pudiera afirmarse de sus paredes sin riesgo a romperlas. Su cabeza comenzó a dar vueltas y se vio frente al espejo, sus ojos se desorbitaban, y de pronto su pupila roja comenzó a hacer brillar sus ojos por completo. Por una fracción de segundos no se reconoció a si mismo, como si hubiese perdido la conciencia estando despierto, enseñándose a si mismo los dientes en señal de amenaza, dándose un violento chirrido que ya no sonaba al de un pequeño grillo, si no algo mucho mas grande y peligroso.

Al darse cuenta de lo que hacía retrocedió un paso hacia atrás con temor. Recordando aquel sueño que tuvo noches anteriores. Sus pupilas y dientes había vuelto a la normalidad.

-¿Todo bien Francoeur?- Preguntó la chica desde afuera.

No tenía como decirle lo que le sucedía, de todas formas no quería preocuparla. Ella siempre se encontraba atenta a sus necesidades pese a todos los problemas que tenía, esto no tenía porque ser una preocupación mas para ella en estos momentos. Pensaba.

Podía controlarlo, o eso creía.

Tomó rápidamente la ropa y se la puso, no quería hacerla esperar más tiempo.

Salió con el atuendo puesto, completamente temeroso y rígido.

-¡Se te ve estupendo! mira, te traje una corbata, dejame que te la ponga.- Dijo Lucille tratando de rodear su cuello con la corbata granate que había encontrado, pero ella era demasiado pequeña en comparación a su gran tamaño como para colocársela, por lo que debía ponerse en extremo de puntillas para hacerlo- Emm... Francoeur ¿crees que podrías...?

El chico soltó una pequeña risa divertida, por lo que se agacho a la altura de sus ojos para facilitarle el trabajo.

-Muy bien... ¡perfecto! ¡ya es...!- Titubeó en cuanto se dio cuenta de lo cerca que se encontraban sus rostros.

-¡Ahem!- Tosió el señor Frederick para llamar su atención.

Ambos completamente avergonzados del momento se separaron y nuevamente fingieron una normalidad por completo nada normal.

-Las revistas, señorita. Antes de que pasemos a tomar medidas.

-¡Si! ¡por... supuesto!- Respondió ella con las mejillas completamente sonrojadas.

El corazón de Francoeur latía como un loco, agradeciendo al cielo que ese hombre los interrumpió. Desde que cocinaron juntos nunca había tenido la oportunidad de estar así de cerca, ni mucho menos tanto de su rostro. Un calor abrazador subió hasta su rostro y cuello, por lo que tuvo que estirar un poco el cuello de su camisa para dejar entrar un poco de aire y refrescarse.

El señor Frederick les mostró una gran cantidad de modelos, Lucille y Francoeur escogieron el modelo, el anciano lo midió, y el pobre chico tuvo que hacer un esfuerzo enorme para que este no notara el par de brazos que escondía debajo de la ropa.

Compraron un conjunto para el día que Francoeur se llevó puesto, y dejaron encargado el traje del evento.

-¡Que hermoso día! no creí que terminaríamos tan pronto, es una lastima que debamos volver ahora.- Decía Lucille algo apenada.

Francoeur vio a un organillero que vendía algodón de azúcar, rehiletes y globos en un parque frente a la tienda. El color rojo de los globos por alguna razón lo atrajo en forma casi inconsciente, tal vez la intensidad del color le recordaba un poco al de la sangre. Pero pese a las llamadas de Lucille este siguió yendo hacia el carro, casi como hipnotizado.

-¡Francoeur! ¿que haces?- Preguntaba Lucille preocupada mientras corría hacia el.

El chico despertó de su estado, dándose cuenta que de pronto había llegado hasta el carro.

-Bonjour monsieur, mademoiselle, ¿desean comprar algo?- Preguntó el hombre del carro de gran bigote.

-Mira, algodón de azúcar ¿Quieres comprar algo Francoeur?

-Tenemos estos juguetes para hacer burbujas también.- Mostró un frasco con agua y jabón, con una varilla adherida a un aro.

-Que recuerdos, recuerdo que hacia muchas burbujas en el parque con mi tía Carlotta cuando era una niña.

Francoeur recordó que tenía unos billetes y algunos centavos de las propinas que Madame Carlotta le había dado en secreto. Los sacó de su saco blanco que tenía en la bolsa que le dieron en la sastrería y compró el juguete para hacer burbujas. Mientras que Lucille había comprado algodón para ambos.

Ambos se sentaron al borde de una pileta a descansar antes de volver al Cabaret.

-Cielos, hace mucho que no soplaba burbujas. Es tan hermoso ver como vuelan.

Francoeur trataba de comer el algodón de azúcar que le había comprado Lucille, pero por alguna razón la comida en los últimos días cada vez le sabía peor, casi como si supiera a excremento. Ya no sabía que comer.

Aprovechando que Lucille estaba distraída soplando burbujas lanzó lejos el algodón para dejar de comerlo. Cayendo sobre el enorme sombrero lleno de plumas y adornos de una dama rica que charlaba con sus amigas. Al parecer no se había dado cuenta. Por lo que solo fingió inocencia.

-¿Quieres intentarlo Francoeur?- Preguntó Lucille dándole el juguete.

El lo acepto y tímidamente comenzó a soplar una pequeña burbuja como ella lo hacía. La verdad es que nunca lo había hecho así que se sentía inseguro al hacerlo ¿tan mala infancia le había dado su padre que ni siquiera sabía como soplar bien una tonta burbuja?

-¡Vamos Francoeur! ¡Hazlo con ganas!

El chico quería impresionarla, por lo que tomo una enorme bocada de aire y soplo con tanta fuerza que una enorme burbuja comenzó a flotar en medio del parque.

-¡Así se hace!- Exclamó orgullosa Lucille por su amigo.

La verdad es que era algo bastante bello de ver, los colores se reflejaban bellamente a la luz del sol. Hasta que una pequeña niña que se encontraba observándola frente a ellos fue empujada por un niño que trataba de asustarla tomándola desprevenida, pero el chico no había medido su fuerza y la empujo a la arena. Riéndose de ella junto con otros dos chicos.

-¡Hey! ¡Déjenla en paz!- Gritó Lucille tratando de ahuyentarlos.

De pronto Francoeur se acercó a ellos para tratar de levantarla, los tres chicos que estaban riéndose de la pobre chiquilla pelinegra salieron despavoridas al ver el gran tamaño de la pulga que tapada el sol con su cuerpo y creaba una enorme sombre frente a ellos.

Se agacho a ella y la levantó para que ya no siguiera ensuciándose el vestido con la tierra.

-¿Por que los niños a esa edad son tan salvajes? Raoul era igual cuando eramos niños- Se quejaba Lucille, llamando la atención de Francoeur.

La pobre niña seguía llorando con tierra en la cara.

-Esta bien querida, ya se fueron- Trato la chica de consolarla.

Francoeur se le ocurrió que tal vez a la chiquilla le gustaría jugar en las alturas. Así que la alzo en sus brazos para intentar hacerla sonreír. Pero la pequeña comenzó a llorar aún mas en cuanto la alzó en sus brazos por lo alto que se encontraba. Bajándola casi de inmediato.

Y quien la culparía, él era un rascacielos al lado de ella.

-¡¿Que es lo que están haciendo par de lunáticos?!- Llegó la madre la niña empujando a Francoeur y llevándosela casi arrastrando de la mano.

-¡L-lo siento! ¡Solo tratábamos de consolarla!- Excusó Lucille a la enojada madre.

-August volvió a empujarme- Le decía la niña a su madre.

-Ya, ya querida, seguro te hace porque le gustas- Respondía la madre mientras se alejaban de la mano.

Francoeur y Lucille volvían al cabaret tranquilamente. Habían pasado casi todo el día en el parque disfrutando del día, y ahora paseaban por las calles de París hasta llegar al Ave Singular, viendo el rojizo cielo del atardecer sobre ellos.

-¿Recuerdas a la niña que tratamos de ayudar? ¿Escuchaste lo que su madre había dicho? Le dijo que si el chico la molestaba era porque le gustaba ¿Sabes el gran error que le esta enseñando?- Decía Lucille aun soplando burbujas.

Francoeur se preguntaba si Raoul realmente fue un niño tan tonto como para hacer ese tipo de cosas a la chica que le gustaba, y lo peor de todo es que, si lo veía tan tonto como para hacerlo.

La miró y la señaló a ella e hizo una seña de un copete sobre su cabeza como si mencionara a Raoul, para tratar de preguntar si su amigo había hecho lo mismo cuando eran niños.

-¿Preguntas si Raoul y yo eramos así?- Francoeur asintió- La verdad es que si, mi tía Carlotta siempre me decía que a el le gustaba, y como tontamente él también me gustaba lo dejaba hacerlo. Después cuando crecimos se tranquilizó un poco aunque siempre acababa haciéndome enfadar con alguna tontería. Comenzamos a salir cuando él iba en la secundaria, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que peleábamos más siendo pareja que amigos. Hubiésemos quedado en buenos términos, de no ser porque lo vi cortejando a alguna chica a mis espaldas mas de una vez, posiblemente no era así pero estaba tan cansada de nuestras discusiones que lo mas sabio era simplemente cortar con la relación. Aún le duele que lo haya terminado yo antes que el. Pero no se lo digas si es que puedes- Soltó una pequeña risa traviesa al final.

La verdad es que no entendía como el podía cortejar a otras chicas teniéndola a ella a su lado, sabía que era un bobo, pero no un idiota.

-Y dime Francoeur, antes de tu transformación... ¿tenías alguna novia?- Preguntó curiosa.

El negó algo nervioso por tan repentina pregunta.

-Y... ¿te gustaba alguna chica?

Eso lo tomó aun mas por sorpresa ¿por que tan repentino interés? Pero no quería mentirle, en algún momento esperaba decirle la verdad, aunque esperaba que fuera mucho mas adelante y quizás si es que volvía a ser humano y pudiera hablar de nuevo.

Aquel intenso calor volvió a subir por su rostro, y trató de esconderlo bien acomodando aún mas su máscara.

-¿Francoeur?- Preguntó ella.

De pronto sin darse cuenta ya habían llegado, y su tía Carlotta corrió angustiada hacia ellos.

-¡Ay chicos! ¡Llegan a tiempo! No saben lo angustiada que me encuentro- Decía la pobre mujer con un pañuelo en sus manos.

-¿Que sucede tía?

-¡¿Una carta de desalojo?!- Exclamó Lucille con rabia.

-¡Es obvio que esta debe ser obra de Maynott! ¡Ese canalla!- Exclamó Raoul furioso, quien ya había llegado junto con Charles y Émile para ver a Francoeur.

Todos estaban reunidos en la barra del bar vacío.

-¿Que vamos a hacer? Si no reunimos lo suficiente para el próximo martes se llevarán todo- Lloraba Carlotta mientras se sonaba con un pañuelo.

-No permitiremos que eso suceda, si consigo algún contrato el día de la presentación quizás pueda pedir algo de dinero por adelantado, hasta entonces daremos lo mejor de nosotros en el local para conseguir mas dinero.

-Probare unos inventos con algunos parlantes de radio que he estado desarrollando para intentar intensificar el volumen del sonido ¡se escucharan hasta mas allá del Montmartre!- Dijo Raoul inspirado.

-Yo trataré de hacerles publicidad en el cine, Charles podría repartir folletos.- Dijo Émile con Charles asintiendo.

-¡Oh! ¡Gracias muchachos!- Abrazó Carlotta a todos en forma grupal.

-Solo esperemos que no hayan policías por estos rumbos que puedan sospechar de Francoeur antes de la presentación.- Dijo Lucille algo preocupada.

-Tranquila, todo estará bien- Dijo Raoul.

En esos momentos la policía parecía una amenaza, pero con los extraños síntomas que Francoeur había estado experimentando, en realidad le preocupaba mas ser él la verdadera amenaza.

¿Que le estaba ocurriendo?

/AVISO IMPORTANTE, SUBIRÉ LA HISTORIA HASTA EL CAPITULO 10 POR EL MOMENTO, ya que al leer el fanfic habían varios problemas de redacción y palabras mal escritas debido a que escribo muy rápido y en mis ratos libres, así que unos días después de haber publicado dicho capitulo, terminare las correcciones que estoy haciendo en wattpad y volveré a subir todos los capítulos ya editados para que así la lectura para los que NO son hispano hablantes sea un poco mas sencilla de traducir. No cambiare sucesos o cosas de la historia, solo cuestiones de legibilidad. Eso gracias por seguir la historia 3/