Era el día del evento, y como cada mañana Lucille se había levantado a las siete para regar las flores en su balcón, aquellas que su admirador secreto le había regalado.

Aun con algo de pesadez en sus ojos y un chal cubriendo su camisón blanco, abrió el ventanal de su habitación con una regadera en sus manos.

-Buenos días pequeñas- Saludó con una sonrisa aun dormida.

Pero en cuanto espabiló un poco, noto algo extraño en sus flores. Los dos distintos tipos de flores en la mata parecían fusionarse y lentamente volverse de un solo tipo.

Parecía que las rosas blancas habían sufrido una clase de mutación, donde sus pétalos se veían cada vez mas largos y tornándose rojizos. Como si se estuviesen transformando en las Amarilis.

-¿Pero que es esto...?

Un par de horas después. Raoul, Émile, Charles y Francoeur se encontraban guardando el gran equipo de sonido y algunas cosas de la utilería para el acto en Catherine.

-¿No falta nada más Madame Carlotta?- Preguntó Raoul.

-Creo que no cariño, dejame ver si Lucille está lista. Monsieur Francoeur, mejor vaya a cambiarse ahora antes de irnos- Respondió la robusta mujer muy entusiasmada.

El chico asintió y se dirigió al camerino de hombres para ponerse el traje que Frederick le había hecho.

Lucille salió del local hacia Catherine muy bien peinada con una capa azul cubriéndola desde los hombros hasta los pies.

-Pensé que usarías algo mas elegante- Bromeó Raoul.

-La capa es para proteger el vestido, no quiero ensuciarlo con todo el heno en tu camioneta- Bromeó de vuelta ella.

-¡Que mi abrigo no es de heno!

-Ahora no he dicho que proveníera de tu abrigo.-Respondió Lucille con una sonrisa burlona mientras se sentaba en el asiento trasero.

-¡Agh! ¡Maldición!

Francoeur se estaba cambiando, vio con alegría el traje que madame le había comprado. Era muy parecido en diseño al blanco, pero su tela era mucho mas ligera y flexible que ese traje. No sabía exactamente de que material era pero su tacto era suave, la tela era semi brillante y de un turquesa bastante oscuro. Venía con un sombrero del mismo color y una corbata color crema y una rosa blanca decorando su bolsillo. Francoeur la olió y suspiró.

Pero en cuanto se sacó la camisa notó que su segundo par de brazos inferiores se habían encogido. Le dificultaría tocar la guitarra con solo tres dedos en cada mano. Se miró al espejo y notó que su altura se había encogido cerca de unos diez centímetros ¿en que momento ocurrió esto? ¿como es que nadie, y sobre todo, ni si quiera el lo había notado?

Abrió lentamente su boca, con el temor de que pudiese aparecer la segunda boca de adentro que aparecía en sus sueños. Miró su dentadura, parecía normal. Eso lo hizo dar un suspiro de alivio.

-Francoeur, ya estamos listos ¿te falta mucho?- Preguntó Raoul por el otro lado de la puerta.

Comenzó a cambiarse rápidamente, ya no podía seguir pensando en ello, debía ir a presentarse con Lucille en unas horas.

-"Me preocupare de ello mas tarde"- Pensó.

Conducieron hasta el limite del Montmartre de las zonas inundadas por el Sena. Donde podías divisar toda el agua cubriendo la ciudad al subir por el funicular. La altura no era demasiada pero si lo suficiente para mantenerte seco y a salvo.

-¡Damas y caballeros! ¡vengan a ver París desde las nubes! ¡una experiencia grata y de altura!- Gritaba un hombre en gabardina señalando un dirigible a pedales. Mientras se escuchaban las campanas de la iglesia detrás suyo.

El organizador del evento los recibió muy alegre, era un alto y refinado hombre de bigote y traje de frac con sombrero de copa.

-Buenos días, es un placer y un privilegio poder tener a tan ilustres talentos en este pequeño evento. -Dijo emocionado.

-El placer es nuestro monsieur Jacquet -Agradeció amable Lucille.

-Instalamos una carpa para las damas que se presentarán cerca del escenario por si necesitan cambiarse o terminar de arreglarse. El de los caballeros esta por allá cerca de los puestos de comida justo del otro lado. Si necesitan algo estaré bajo el cartel de bienvenida junto al funicular, ya saben, para la gente que viene en bote.

-Merci monsieur- Agradeció nuevamente.- Bien, solo iré a retocarme el maquillaje y el peinado antes de la presentación.

-Yo iré a instalar el equipo ¿vienes Émile?- Preguntó Raoul.

-Por supuesto- Respondió el pequeño hombre.

De pronto Émile vió a Maud a lo lejos bajándose con una sombrilla del funicular junto a un grupo de personas. En cuanto ella también lo vio desvió la mirada con un rostro que estaba lejos de la simpatía y cariño que normalmente suele dedicarle.

-E-em... Raoul, aguarda un momento, de inmediato vuelvo.- Dijo a su amigo yendo rápidamente hacia ella.

-Esta bien hermano, pero no te tardes mucho.

Émile corrió hacia ella. Al ver que este se dirigía en su encuentro, ella trató de evitarlo caminando rápido en la dirección opuesta.

-¡Ma-maud! ¡Buenos días! ¿ocurre algo?- Preguntó inseguro.

-¿Que si ocurre algo monsieur Émile? dígamelo usted, primero me entrega una carta invitándome a una cita sin fecha específica ni lugar, entiendo que esté preocupado por su amigo pero al menos no me invite a cosas a las que no puede asistir, o al menos dígamelo antes para no esperar su llamado como una tonta.

-¡La- la cita! ¡po-po-por favor señorita Maud discúlpeme de verdad! ¡No quería...!

-¡Demasiado tarde monsier! ¿acaso soy una broma para usted?

-¡Po-por supuesto que no! Las bromas son divertidas, di-digo, no digo que usted no sea divertida, solo digo que esto no es divertido ¡digo...!

-¡Por favor monsier Petit! deténgase... ¿sabe cuanto he esperado una invitación como esa? ¿acaso le parecen divertidos... los sentimientos que tengo por usted?- Dijo la pelinegra de enormes gafas con los ojos a punto de empaparse en lagrimas.

-¿Sus... sus sentimientos?

-¡Por supuesto! ¿en serio no se había dado cuenta?

Émile vaciló unos momentos, se sentía tan avergonzado de no haberlo notado antes. Estaba tan preocupado de sus propias emociones que no había notado que la chica que tanto le gustaba sufría tanto por su amor como el.

-Por favor discúlpeme señorita Maud, realmente quería esa cita, e-es solo que... mi lengua se traba cada vez que la veo, y-y mi mente se nubla, y me siento tonto y a la vez muy feliz... cada vez que estoy con usted. Y-y todo este asunto de Francoeur me ha consumido mucho, y-y en cierta forma... también sirvió de excusa para huir una vez mas de lo que sentía por usted, de que me rechazara... - Respondió Émile con sinceridad mientras se sacaba su sombrero verde en señal de arrepentimiento- Lo siento... ¿Cree usted... que esa cita aún pueda estar de pie?

Maud notó su rostro de arrepentimiento, por muchos días lo pensaba como un charlatán, pero dichas palabras y su mirada la hacían intuir que todo lo que decía quizás era verdad. Estaba tan conmovida, y a la vez tan enamorada que no quería seguir enfurecida con el.

-Por supuesto que si, Émile.

-Entonces... ¿le parece aprovechar este día de festival como nuestra primera cita? Después de todo... es sábado- Ofreció su brazo a la pequeña dama para que se sujetara al caminar.

Maud rió algo tímida mientras tomaba su brazo con cariño.

-Por supuesto, mon cheri.

Ambos caminaron, como dos aves enamoradas por los puestos de juegos y comida.

-¡Mis queridos ciudadanos, yo se que hoy estamos aquí para ir en ayuda de las personas desamparadas por el desborde del río, pero no solo por eso, si no también para inaugurar esta maravilla de la tecnología -Señaló Maynott el funicular- aunque estemos agobiado por los problemas que hay en todos lados! ¡monstruos que recorren nuestras calles! ¡inundaciones, que amenazan nuestra vida misma! y con esta maravilla les ofrezco ¡esperanza! y por supuesto... ¡a mi!-

Dio la bienvenida el comisionado a todas las personas presentes, ganándose un par de aplausos de gente muy poco convencida de sus "nobles" intenciones. Su reputación egoísta y déspota ya era bien conocida, sobre todo después del alboroto que causó en el Ave Singular, que sorpresivamente, salió en los periódicos a la mañana siguiente de dicho incidente.

Vio que nadie lo tomaba muy en cuenta, se aclaró la garganta y acomodó su corbata.

-¡Así que... con un orgullo inmenso y una gran esperanza... les anuncio mi... candidatura para el puesto de alcalde de París! Pero antes de comenzar esta invaluable tarea es con verdadero, y gran placer comenzar con... ¡la muestra de talentos del Montmartre!

Todos aplaudieron un poco mas, la verdad es que una buena parte del público fue a ver el show de talentos y el dirigible solamente.

Mientras tanto Raoul quien aun trataba de arreglar algunos detalles de los parlantes con un destornillador, refunfuñaba porque su amigo se estaba demorando demasiado.

-¡Maldición Émile! ¿donde diablos te metiste? Charles, alcanzame la caja de herramientas que esta en la camioneta.

El simio blanco con gran rapidez fue hasta el vehículo por la caja metálica. Y en el asiento trasero notó una pequeña guitarra debajo del asiento. Fue corriendo con ambas cosas y se las mostró a Raoul.

-Lo que faltaba, a Francoeur se le debió haber quedado, cuida las cosas iré a entregársela.- Dijo el joven al simio mientras tomaba la guitarra y se dirigía al vestidor de hombres.

Entró en la carpa rayada donde muchos hombres se ponían disfraces o practicaban su canto.

-Disculpen, permiso- Pasó entre la gente y le preguntó a un sujeto vestido de payaso triste sobre su amigo- Disculpe aterrador señor vestido de payaso ¿Ha visto a un hombre muy, pero muy grande con una mascara?

-Si... no se veía muy bien... creo que fue a la letrina detrás de los puestos de comida...

-Entiendo, ¡muchas gracias! ¡Gran mascara por cierto!

El hombre suspiró mientras Raoul se alejaba.

-No es una mascara...-

-Francoeur, ¿Francoeur?- Preguntó tocando cada una de las puertas de las letrinas de madera.

-¡Sal de aquí estúpido maníaco algunos estamos muy ocupados aquí!- Pateó con violencia desde adentro un hombre de gruesa voz a Raoul.

-¡Lo siento!

Francoeur abrió la puerta de una de las letrinas y cayó de rodillas al suelo. La mascara se le había desprendido en cuanto cayó.

-¡Francoeur!- Gritó su amigo quien iba corriendo hacia el para auxiliarlo y ponerle la mascara- ¡Hombre, tu mascara! debes dejártela puesta, menos mal que no hay nadie a nuestro al rededor... hermano ¿que ocurre? ¿estas bien?-

Francoeur asintió con la cabeza, pero su rostro decía todo lo contrario, apenas si podía abrir bien los ojos.

-No te ves nada bien, ven parate... iremos con Lucille- Trató Raoul de levantarlo del suelo apoyando sus brazos derechos sobre sus hombros y caminar.

-¡Vayas que eres pesado!- Exclamó el pobre debilucho mientras trataba con enormes ganas de caminar con el a cuestas.

Carlotta ayudaba a Lucille a ponerse las alas de ángel, estaba con un hermoso vestido sin mangas ni tirantes, escote en forma de corazón y pedrería blanca en el busto, con una tela de satén color blanco cayendo en la zona de la falda cubriéndola con una delicada capa de tul turquesa, usaba una fina tiara sobre la frente con flores blancas y perlas, y una gargantilla de terciopelo blanco, cubierta por su cabello suelto pero bien peinado hacia atrás. Si antes parecía un ángel, posiblemente ahora parecía un ser superior y mas puro que ese.

-Te ves hermosa, querida- Decía Carlotta con orgullo.

-Gracias tía, el vestido que escogiste es realmente hermoso.

-Si esos hombres no te ofrecen un contrato en Broadway les daré una buena tunda- rió.

-De hecho... tía... lo he pensado mucho, y no solo el representante norteamericano estará ahí, también habrán algunos de aquí de París, de pequeños teatros. Pensaba que... si alguno de ellos me ofreciera empleo también, podría aceptarlos. Y trabajar medio tiempo allá para poder seguir en el Ave Singular en las noches.

-¡¿Que dices?! Pero cariño, de esto se trataba que aceptaras la propuesta del señor White si te ofrecía empleo, que no trabajaras mas de lo que ya te estas exigiendo.

-Lo se... pero... Estados Unidos... ¿esta un poco lejos no?

-Cariño ¿que sucede? es una gran oportunidad, no la desperdicies.

-¡Lo se! es solo que... no quiero dejarlos solos, el local... a ti...- Dijo Lucille abrazándose a si misma con tristeza.

Carlotta la miró con una sonrisa maternal y la tomó de los hombros.

-Cielo... ni el local ni yo estaremos solos, yo puedo cuidarlo en tu ausencia y el local me cuidara a mi... desde el gran éxito de estas ultimas noches, muchos jóvenes se han presentado pidiendo empleo para actuar en el escenario. Muchos talentos pueden volver a llenar el lugar mientras no estas, no quiero que te hagas cargo de una carga que no necesariamente te corresponde... quiero que cumplas tus sueños, quiero que mi avecilla vuele donde su corazón le dicte.

-Tía...- Lloraba Lucille sin saber que mas decir. Carlotta beso su frente y secó sus lagrimas con el pulgar.

-Quiero que vueles alto, donde sea que quieras, con la persona que quieras. Y si puedes hacerlo con Monsieur Francoeur una vez que vuelva a ser humano, mejor.

-¿Francoeur? ¿a que te re...?

-Ay cariño ¿crees que no me he dado cuenta? ¡es obvio! estas enamorada.

Lucille pegó un sobresalto, todos los tonos rojizos habidos y por haber subieron hasta su rostro.

-¡¿Que?! ¡No no no no no! ¡te equivocas! Francoeur y yo solo somos...

-¡Aish por favor! quizás me haya equivocado con el comisionado, pero te conozco lo suficiente como para identificar quien te desagrada y quien no. Y debo decir que pese a que el muchacho es un monstruo, te veo mucho mas cercana a el de lo que haz estado con cualquier chico.

-Tía es ridículo, esto es diferente, no siento lo mismo que sentía hace años por Raoul.

-Querida ¿te haz puesto a pensar que quizás la razón por la que esta vez es diferente es porque ustedes si funcionan bien juntos? con el chico científico se gustaban pero no se entendían, nadaban en corrientes opuestas. En cambio tú y Francoeur... van en la misma dirección.

-Pero... somos tan diferentes...

-Físicamente, pero recuerda que antes de ser una pulga era un humano. Dime... si no fuera una insecto antropomórfico de mas de dos metros ¿seguirían siendo tan diferentes?

Lucille lo meditó unos momentos. Y encontraba algo de razón en sus palabras.

-¡Lucille!- Gritó Raoul a lo lejos. Mientras se acercaba a duras penas a la carpa.

Lucille y Carlotta al escuchar el llamado salieron inmediatamente, sonaba urgente.

-¿Raoul? ¿Francoeur? ¿que sucede?- Preguntó preocupada corriendo hacia ellos.

-Es Francoeur, esta muy débil, no se que le ocurre. Le toque su frente y esta frio como un muñeco de nieve gigante.

Lucille le tocó la frente y las mejillas al desvanecido muchacho, y confirmó lo que su amigo decía, parecía un cadáver.

-Tienes razón, hay que llevarlo rápidamente a algún lugar donde pueda descansar.

-¿Pero como? en tres turnos más les toca presentar- Dijo Carlotta muy angustiada.

-Hay que ganar tiempo.

Justo en en ese momento un chico rubio, de enorme nariz, con una camisa llena de volados, pantalones rosa, capa roja y un estrafalario peinado engominado en puntas disparatadas por toda la cabeza apareció con un triangulo en sus manos.

-¡Señorita Lucille! ¡Estoy listo para mi acto!- Dijo el extraño y familiar sujeto corriendo agotado hacia ella.

-¡¿Albert?!- Exclamó Lucille.

-Señorita Lucille, tenía razón, estaba muy cansado por el trabajo, y gracias a mis vacaciones logré encontrarme como artista. Pude conectarme con quien soy realmente, el genio musical que siempre debí ser- Decía posando innecesariamente como una súper estrella.

-Creí que lo habías despedido- Susurro Carlotta a su sobrina.

-Un momento... ¡Albert! llegas justo a tiempo, presentas en tres actos mas antes que nosotros.

-¡¿En serio?!- Exclamó con emoción.

-¡Así es! E-eh... ¡tía! lleva a Albert a inscribirse con el señor Jacquet- Decía Lucille mirando a su tía, haciendo muecas de que se apresurara para llevárselo lejos.

-¡Claro cariño! Ven Albert- Exclamó la mujer arrastrándolo del brazo hasta el escenario.

-¡Finalmente! ¡Mi gran momento ha llegado!- Gritaba el joven lleno de júbilo.

-Llevémoslo detrás de la carpa de hombres- Dijo Raoul.

-Vamos- Asintió ella.

Ambos se llevaron casi a rastras al moribundo chico hasta allá, apoyando cada par de brazos sobre sus hombros. De pronto mientras caminaban se toparon con la alegre pareja de tórtolos que comía algodón de azúcar y reía de la mano. En cuanto vieron al pobre Francoeur que apenas caminaba corrieron hacia ellos para ver que ocurría.

-¡Francoeur!- Exclamó Émile que corría hacia ellos detrás de la carpa.

-¡Vaya! ¡hasta que decides aparecer!- Exclamó Raoul enojado.

-¡Lo-lo siento! olvide por completo la presentación.

-Puedo notarlo- Dijo molesto echándole una ojeada rápida a Maud mientras recostaba a Francoeur sobre una pequeña banca de madera que había allí.

-Fue mi culpa, yo lo hice distraerlo de sus deberes ¿que le ocurre a monsieur Francoeur?- Preguntó Maud.

-No lo sabemos, pero luce muy enfermo- Respondió Raoul.

Lucille seguía tocando su frente. Parecía cada vez mas helado.

-Esta como un témpano, Raoul traeme algo de beber para darle, si es algo caliente mejor, tiene la boca muy seca y agrietada. Émile, señorita Maud, tráiganme mantas o algo para arroparlo.

-Enseguida- Dijeron todos y se dispersaron a buscar lo que les pidieron.

-Estarás bien, Francoeur, trata de descansar. Podías escribirme, debiste decirme si te sentías mal- Dijo ella sacándole el sombrero y acariciando su cabeza.

Francoeur la miró unos segundos dentro de lo mareado que estaba, la veía tan hermosa como se la imaginaba, parecía una estrella. Le dedicó una sonrisa y dejó salir un débil chirrido. Tomó su mano y la acercó a su mejilla, se sentía tan cálida.

De pronto llegaron Émile y Maud con unas mantas y el abrigo de Raoul.

-Solo encontramos esto- Dijo Émile cansado.

-Trajimos también este oso de felpa como almohada.- Añadió Maud preocupada.

-Gracias- Lucille cubrió en varias capas a Francoeur para abrigarlo, y puso el oso por debajo de su cabeza.

-¡Que maravillosa y triste... presentación!- Decía Maynott sobre el escenario despidiendo al payaso triste que estaba en la carpa hace un rato- ¡Ahora con ustedes... uno de los múltiples talentos crecientes en el ave singular! Con ustedes... ¡La luciérnaga!

El comisionado se bajó del escenario mientras todos aplaudían. Albert subió con su triangulo en mano.

-¡Buenos días luciérnagas! ¡esta canción va para todas aquellas personas que han sido sobrestimadas e infravaloran su gran talento! quisiera agradecer a Madame y a la señorita Lucille por darme la oportunidad de reencontrarme con mi artista interior. ¡1... 2... y...!-

Albert comenzó a cantar, y la verdad es que sus chillidos y su triangulo sonaban casi tan fuerte como si llevara el equipo de sonido de Raoul. Todos se tapaban los oídos con desagrado.

Y en cuanto terminó dio una reverencia. Un grupo de niños estaban a punto de tirarles manzanas con caramelo, pero por suerte, Carlotta bajó el telón a tiempo para que este no se diera cuenta. La cortina cayo a tiempo para protegerlo y creer ingenuamente que había dado un buen show.

-¡Ay! ¡me aman!- Exclamó.

Carlotta salió del escenario y corrió buscando a su sobrina, hasta que vio a Raoul dirigiéndose detrás de la carpa.

-Lucille, cariño, sales en quince minutos ¿como está Francoeur?

-Se ve muy débil, no creo que pueda presentar.

Francoeur al oír a Lucille decir esto intento levantarse, no quería fallarle ahora, después de todo lo que han trabajado.

-¡Francoeur, no! quédate aquí, prefiero que descanses antes de que te presentes en estas condiciones en el escenario. Podrías desmayarte, y ningún paramédico puede verte, te descubrirán.- Trató la joven de volver a recostarlo en la banca.

-Todas las bebidas estaban muy frías, así que fui a la cafetería por agua tibia ¡esos sin vergüenzas me cobraron por un simple vaso con agua! que canallas...- Reclamaba Raoul llegando con un vaso de cartón.

-Raoul, cuida de Francoeur durante mi presentación no dejes que se levante por ningún motivo.- Pidió Lucille.

-Tranquila, yo me encargaré de el.

-Gracias.

-¡Ahora con ustedes! ¡las estrellas crecientes mas famosas del ultimo tiempo, con ustedes Lucille Auclair, el ángel de Montmartre! ¡y Francoeur Bernard, el misterio de París!- Escucharon a Maynott anunciarlos.

-Ya es hora cariño - Dijo madame preocupada a su sobrina.

-Si, tía- respondió ella con tristeza- Cuida bien de el Raoul, nos vemos pronto... Francoeur.

Ella se fue con un rostro desmotivado, casi corriendo hasta el escenario con su tía.

-Tranquilo, ya tendrás tu oportunidad- Dijo Raoul al enfermo muchacho.- Émile, sabes como funcionan los parlantes, ve y enciendelo antes de que Lucille se presente.

-De inmediato.

-Yo te acompaño- Dijo Maud al señor Petit.

Lucille subió al escenario, Émile y Charles quien los llevaba esperando un buen tiempo mientras arreglaba algunos detalles del aparato, prendieron los parlantes, y le entregaron el micrófono a la joven cantante.

-Buenos días a todos, mi compañero, monsieur Francoeur se encuentra indispuesto por el momento. Por lo tanto... solo yo voy a cantar- Lucille miró a la banda del local que llegó un poco mas tarde que ellos. Y comenzó a cantar.

"La tête dans mes airs, des airs en solitaire,

La cabeza en mi aire, en aires solitarios

Je me sentais si forte, sur de moi sur les toîts,

Me sentí tan fuerte, confiada en los tejados,

De París.
De Paris.

à vélo j'me rappel j'dévallais les ruelles,

En bici recuerdo que iba por los callejones,

J'étais immortelle, car tu m'as donné des ailes,

Fui inmortal porque me diste alas

Pour la vie, Paris ne rit pas, mais j'ai quelque chose à te dire,

De por vida, Paris no se ríe, pero tengo algo que decirte

C'est toi mon papa, je suis née dans tes bras,

Tu eres mi papá, nací en tus brazos "

Lucille cantaba y bailaba desplazándose suave en el escenario. Su brillo y semblante eran, como siempre, impecables. Sin embargo su sonrisa volvía a hacer aquella forzada mueca que mostraba hace unas semanas atrás, ahora cantar sola no era lo mismo. Pero no importaba, lo importante era terminar el show, y dar lo mejor para conseguir ese contrato.

Era el completo centro de atención, atraía las miradas de todos, o bueno, al menos la mayoría.

El sitio donde habían organizado el evento no era muy grande, todos podían ver a todos en cualquier parte con relativa facilidad. Raoul podía tanto vigilar a su amigo, ver a sus otros amigos y vigilar a Catherine a la distancia.

Llevaba un rato cuidando del pobre Francoeur, quien por mas que trataba, no podía abrigarse. Temblaba de frío.

De pronto, dos hombres con mascaras de bufones, uno mas alto y otro más pequeño. Se pusieron debajo de Catherine y comenzaron a desatornillar algunas cosas con una llave. Salieron de abajo del vehículo y salieron corriendo.

-¡Hey! ¡vándalos!- Gritó Raoul que los estaba observando desde lejos.

Ambos hombres rieron en forma burlona y escaparon por un callejón.

Previamente, el vehículo comenzó a avanzar por si sola entre la multitud, rompiendo todo a su lento paso.

-¡Maldición! ¡¿Porque justo ahora?! Francoeur quedate aquí, por favor no te muevas. Ya vuelvo- Dijo Raoul corriendo hacia su camioneta.

Francoeur no entendía nada, ni si quiera había notado que su amigo se fue.

Entonces un extraño y apetitoso aroma inundó su nariz, no reconocía dicho aroma. El que era o de donde provenía. No sabía.

Solo comenzó a sentir de pronto el rugir de su estomago, y su boca salivar incontrolablemente.

Su conciencia se había ido de viaje en cuanto percibió tan seductor aroma, y con las pocas fuerzas que tenía se levantó para seguirlo lejos de la multitud. Llevándolo hasta un callejón cerca de la basura.

Vio a un perro blanco olfateando un bote de basura, con un jugoso pedazo de carne cruda amarrada con una cuerda en su lomo. Chorreando sangre.

-¡Catherine!- Gritó Raoul al ver que su auto avanzaba aun más rápido hacia la bajada de la colina donde se encontraba el funículo subiendo desde las inundadas calles bajo sus pies- ¡No no no no no noooo!

Gritó en cuanto vio su auto inundarse hasta el fondo del Sena.

-Catherine... mi amor- Lloraba desconsoladamente- ¡¿Por que no fui yo?!

-¡Raoul! -Gritó Émile quien lo vio llorando y corrió a auxiliarlo- ¿que ocurrió?

-¡Unos chiquillos vándalos trataron de desmantelarla y fallaron sus frenos! ¡ahora esta como un pez debajo del agua!- Lloraba mientras se sonaba ruidosamente la nariz con la chaqueta de su amigo.

-Cielos... ¿y Francoeur?

-¿Francoeur...? ¡Oh cielos! ¡Francoeur!

-¡No me digas que lo dejaste solo!

-¡¿Que más opción tenía?! ¡Catherine destruía todo a su paso!- Respondió eufórico mientras corrían hasta la carpa para ver a su amigo.

Llegaron hasta el lugar y no encontraron a su amigo.

-¡Maldición! ¡¿Donde pudo haberse metido?!- Exclamó Raoul empezando a caer presa del pánico.

De pronto escucharon gritos entre la multitud, deteniendo la música de la función.

-¡Es el monstruo!- Señalaba una mujer a Francoeur quien con las pupilas completamente rojas, brillando cual rubí al sol, saltaba sobre todos los puestos de comida tratando de alcanzar al pobre animal que corría aterrado por su vida sin entender que pasaba.

Todos comenzaron a gritar en cuanto vieron a Francoeur sin la mascara ni su sombrero. Corriendo despavoridos sin lugar fijo, tratando todos de escapar al mismo tiempo por los funiculares para llegar a los botes.

-¡Alto! ¡No se asusten! ¡No es un monstruo, es un humano! ¡no hay porque te...!- Trataba Lucille de calmar a la población desde el escenario hasta que fue interrumpida.

-¡Se esta comiendo al perro!- Gritó una mujer enloquecida por el miedo señalando a Francoeur.

Quien logró atrapar al animal que chillaba de miedo intentando zafarse de sus escuálidas garras e intentaba sacar el trozo de carne.

Logró sacarle el trozo de carne amarrado al pobre can. Y en cuanto lo hizo, el perro lleno de sangre de vacuno salió despavorido lejos del lugar. Dejando un rastro carmín en el cemento.

Francoeur con su boca empapada de tanto salivar, comenzó a succionar el trozo de animal que tantos problemas le estaba causando. Era la vívida imagen de un vampiro, un no muerto, o algo mucho peor... algo aún mas perturbador.

De lo mas profundo de su boca una segunda emergió de el, algo mas parecido a una trompa con dentadura que comenzó a succionar la sangre. Con tanta rapidez y eficacia que del filete, solo quedo un trozo seco mas similar a un trapo viejo que cualquier otra cosa.

-Finalmente- Rió Maynott con victoria- ¡Jefe! ¡Mi pistola!

-¡No!- Gritó Lucille tratando de bajar del escenario.

El jefe de la policía allí presente fue corriendo a entregarle su arma al comisionado.

Lucille bajó lo más rápido que pudo. Francoeur aun en su estado bestial, había terminado de comer, trato de caminar en sus seis patas pero el traje le era una molestia. Trato de sacársela arrastrándose en el suelo como un animal, pero era inútil. Mordió la corbata junto con el cuello de la camisa, y a zarpazos con sus brazos destrozó tanto la chaqueta como su camisa nueva. Dejando solo tiras sueltas de tela sobre sus hombros.

Su estomago comenzó a rugir nuevamente, ese pedazo fue insuficiente.

Se puso sobre sus seis patas y comenzó a lamer el rastro de sangre que el asustado cánido había dejado.

De pronto vio a un hombre bien vestido de traje en frente suyo, tratando de calmar y ordenar a la población. Este se dio la vuelta y asustado chocó con una de las sillas del público, cayendo al suelo y raspando sus rodillas al rasgarse el pantalón contra la acera.

-¡Alejate! ¡haz arruinado mi evento! ¡tu...! ¡monstruo!- Gritó con voz temblorosa el señor Jacques, quien había agarrado la silla en sus manos tratando de alejarlo.

El sifonáptero aún hambriento, no entendía lo que el hombre exclamaba, pero el olor de la sangre fresca que emanaba de su pierna lo llamaba.

Comenzó a salivar nuevamente, y trato de ponerse encima de el.

Sin embargo, la silla bloqueaba su paso.

-¡A mi señal disparen!- Exclamó Víctor a una distancia segura junto con los demás oficiales de policía.

-¡Francoeur despierta! ¡¿Que estas haciendo?! ¡Déjalo!- Gritaba Lucille con desesperación.

El pobre señor Jacques llorando de horror, trataba con todas sus fuerzas que la enorme criatura no se le acercara. Pero de pronto esta comenzó a morder con fuerza las patas de la silla, haciendo que todos los intentos del hombre por salvarse fueran en vano.

El hombre al ver como se aproximaba a el, le dio una gran patada en en el rostro, dejándolo brevemente aturdido tomándose la cabeza con un par de sus manos.

-¡Francoeur! ¡Despierta!- Gritó Lucille corriendo hacia el.

De pronto con el golpe Francoeur logró despertar de su estado animal, y lentamente comenzó a recobrar el conocimiento.

Escuchó a su amada gritar su nombre a lo lejos, la vio a ella con el maquillaje corrido por las lagrimas corriendo hacia el. Confundido miró a su al rededor y vió a toda la gente corriendo y gritando despavorida, y al ver sus manos manchadas con sangre, se dio cuenta de que el haber dilatado sus síntomas por tanto tiempo había sido un grave error.

_"Oh no..."- Pensaba mirando aterrado a Lucille.

-¡Fuego!- Gritó Maynott, siendo su tiro desviado por la pobre chica que no estaba dispuesta a ver a su compañero morir.

-¡No!- Gritó ella al abalanzarse sobre el gran hombre armado.

Quizás solo el no llegó a disparar, pero era demasiado tarde.

El comisionado ya había dado la orden a los oficiales de policía y todos la acataron obedientes.

/Hola! espero que les haya gustado este capitulo, y aprovechando la tensión y lamentablemente, quiero informarles que al estar en mi ultimo periodo de exámenes en el instituto no podre seguir subiendo capítulos en lo que queda de Diciembre. Por lo tanto, quedare en un hiatus momentaneo hasta Enero que es donde posiblemente ya tenga mas avanzados los capítulos ¡Estamos muy cerca del final de esta historia! así que estén atentos durante finales de Diciembre y mediados de Enero con la nueva actualización ;) nuevamente, les agradezco mucho su apoyo 3 y les avisare también cuando estará listo el fanfic en la plataforma de Wattpad. See ya and love ya guy /