Fic
Historias de Albert y Candy
Reto Navideño
Mi Ángel en la nieve
Por Mayra Exitosa
Recordar su sonrisa me mantenía con la esperanza de volverla a ver, jugábamos en la nieve y hacíamos ángeles que ella creía que seríamos novios para toda la vida, decía que un sueño no se rompía si ambos lo queríamos y aunque seguía deseando, me había ido por tanto tiempo que la esperanza la había perdido, ella debía estar felizmente casada y con hijos, mientras que estuve con los negocios y caí en la ruina para volver a levantar todo lo que por asares del destino se había perdido en la bolsa de valores, con suerte ahora todos los negocios estaban fuera de eso, las inversiones eran diferentes y ya no se arriesgaba tanto capital por el alza o la baja de los sistemas monetarios y los costos de los productos que manejaba en aquel entonces, más todo ese tiempo, la había echado de menos, volver a Chicago era regresar a ella, solo imaginar en aquel paraje era suficiente para saberla suya. Quizás algún hombre listo había descubierto lo buena y gentil que ella era, su ingenio tan adecuado para sus libros, y como con su dulce voz podía mantenerte horas escuchándola. - ¡Candy! ¡mi Candy!
Las lágrimas no se hicieron esperar, si la había perdido era por tonto, primero sus viajes, luego los negocios y ella con el amor que siempre se habían dado, desde novios juveniles ahora ya siendo mayor no podía imaginarla soltera.
En Lakewood, las cosas habían cambiado mucho, el hogar de Pony ya no existía, había sido vendido hacía años, el orfanato se había trasladado al pueblo y desde ahí los niños eran enviados a Chicago, por lo que Candy ya no tenía costumbre viajar a su colina favorita, más esa vez cerraba los ojos recordaba a su novio, al hombre de su vida, quien siempre aparecía en esas fechas y se colaba por sus pensamientos para acaparar sus anhelos escondidos, visitaba a la hermana María que había sido trasladada a una capilla en Saint Joseph, y la señorita Pony se había retirado por su avanzada edad a un asilo, donde constantemente Candy la iba a ver, aunque ya no recordaba muchas cosas, ella le leía y llevaba regalos para que supiera que no estaba sola. Su vida había cambiado mucho en esos años y saber que Albert se había ido para no volver, le daba nostalgia, más recordaba las cosas bellas que siempre hizo por ella, su amor, su apoyo incondicional y esas tardes de verano a solas, esos paseos en el otoño, los ángeles de nieve en la colina y la pasión que ambos compartieron en varias ocasiones en la cabaña, eran recuerdos que atesoraba de aquellos años de su juventud desobligada y solitaria, Albert había sido el amor más pasional, pero ya nunca más volvió, su familia se cerró a todo el mundo, cayeron en picada los negocios de todos y no había poder humano que los volviera a la gloria en la que habían derrochado el dinero heredado de sus antepasados, la casona de Lakewood había sido vendida, las propiedades que pertenecieron por igual, una caída de valores y todo se había ido al trasto, de él no se supo nada después, quizás estaba viajando como el adoraba, o tal vez, ya ni la recordaba y estaba casado con una mujer hermosa y sofisticada como lo eran las mujeres de su familia.
Ella tenía un departamento alquilado y trabajaba escribiendo para una editorial cuentos infantiles, era buena, más la vida le había dado varios golpes por lo que no podía vivir solo de los cuentos y trabajaba de secretaria de un médico pediatra, para agregar había estudiado enfermería y así podía ayudarse a realizar trabajos cuidando a personas mayores cuando las cosas no salían bien. Tenía un motor imparable que la sacudía todas las mañanas, para salir a trabajar, para ir a visitar a la señorita Pony, una vez cada dos semanas y otras a la hermana María quien ahora asistía a una parroquia con el catecismo de los menores y el apoyo de quienes mantenían la tranquilidad de su edad avanzada.
La boda de Tom, su hermano sería el fin de semana, había enviado una invitación y no podía faltar, sería ella quien estaría como parte de su familia, pues su padre ya había fallecido años atrás. Por lo que el viaje sería anticipado dos días antes y el invierno no ayudaba mucho, la boda sería en un granero muy grande, y su mujer estaba más que feliz porque por fin Tom se había decidido y no lo dejaría escapar.
El arribo del avión, el viento frío en el rostro, el chofer esperando con una pancarta y su nombre, por fin llegaba y deseaba ir a su mansión en Lakewood ahora que por fin la había recuperado, Johnson lo esperaba en la oficina y ambos confirmaban los documentos para firmar detalles de las inversiones que tendría durante esos meses. - ¿has sabido algo de ella? - El investigador no ha regresado, el orfanato fue vendido hace tiempo, las encargadas ya no están y ella ya no va a Lakewood, no sé si pueda encontrar algo, espero que le lleve la información a Lakewood, ahora que estará unos meses ahí. - Si, por fin un descanso después de todo esto. - Las inversiones se recuperaron fue algo insólito lo que paso en aquel tiempo, ya no puede volver a suceder, pudiera… - No. No arriesgare todo lo que hemos hecho pro esa posibilidad de la bolsa de valores. Esta vez ya no, mi familia no se ha recuperado y todos han formado sus vidas lejos de mí. No quieren saber nada, todos ya están casados y no quiero molestarlos. - Son su familia, estamos en época navideña, señor. - Ya lo hemos hablado Johnson, ellos no pudieron creer todo lo que perdimos en la bolsa de valores, no soy el mismo de antes, mis inversiones me han costado mucho como para ponerlas en riesgo. - Usted merece también formar su familia. - Eso desearía, pero no se nada de ella. - Hay otras muchas mujeres. - Ninguna como mi ángel, la única que he amado y espero por mi bien, que el investigador encuentre algo. - Bien señor, lo dejo, su auto lo espera para llevarlo a casa, deje las llaves de los vehículos en su escritorio, verá que todo esta igual, revise que la mansión estuviera acondicionada y mande los víveres para usted. Lo veré en año nuevo. - Gracias Johnson.
El viaje coincidía con un tren a la par, sin imaginar que en ese auto iba aquel hombre que ella amo una vez, mientras dormitaba en el viaje el cansancio para trasladarse hasta el rancho de Tom, se quedaría en la posada una noche y esperaría a Tom al día siguiente. El auto aceleraba y por fin giraba para no continuar con el tren, sino llevarlo al camino de Lakewood, donde el personal contratado ya lo esperaba, hacía tiempo de haberse ido y solo unos cuantos fueron los que quedaron de los que fueron sus empleados, muchos ya no estaban.
Llegar al pueblo fue volver a recorrer el mismo camino, esta vez no era igual, cargaba un peso más, rodaba la maleta y por fin tocaba a la puerta de la posada donde se quedaría. - Mami, ¿ya llegamos? - Si mi cielo, duerme, ahorita te daré leche tibia. Candy pasaba y firmaba, mientras la mujer de la posada le llamaba al joven para que le llevara su maleta. - recostaba a su pequeño y se cambiaba para descansar, hacía frío y la calefacción le brindaba un cálido recibimiento, mañana sería otro día. Tom posiblemente llegaría o ella tendría que irse sola hasta el rancho.
Continuará...
Gracias por leer y comentar esta historia deseando sea de su agrado, mi sincero
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
