Fic
Historias de Albert y Candy
Reto Navideño
Mi Ángel en la nieve
Por Mayra Exitosa
La mañana blanca, la nieve espesa, todo el rededor anunciaba que Tom no vendría por ella, tenía que moverse por su cuenta, por lo que el trineo de la posada estaba disponible por poco tiempo. - Si señor Frankfort, solo déjeme cerca, caminaremos por las veredas y podre llegar hasta el rancho. - Quisiera llevarla hasta allá, pero me es imposible, tengo que volver para ayudar a mi mujer. - Lo sé. Conozco todos estos parajes y estaremos bien. - Deje la maleta, ya se la llevaré cuando baje la nieve. - No lo creo, luego de la caminata requeriremos ropa seca es preferible que la lleve, al final solo la iré arrastrando, es vieja y le puse un casco para que no se ropa. - Bien. Deme unos minutos y saldremos.
En la mansión, ver los caballos era hermoso, estaban bien protegidos de la nieve, más necesitaban salir a cabalgar para calentarse, sus músculos lo necesitarían para la noche que sería mucho más fría, que mejor darle un poco de cabalgata por donde conocía y no corriera riesgo el corcel, entrar por los bosques fue solo recordar la de veces que ella estuvo a su lado, hubo un momento en el que bajo del caballo y camino para tentar el camino, lo mejor era volver, no estaba seguro por ese lado, por lo que subía y salía del bosque, sin imaginarlo estaba en la colina en la que ambos se recostaban dibujando su cuerpo como ángeles en la capa de nieve, ato al corcel y se fue hasta donde ambos siempre lo hacían, se dejó caer y cerraba los ojos con toda su fuerza, para pedirle por ella, por ese amor infinito que siempre se dieron, por verla de nuevo una vez más, por tenerla en sus brazos. Se puso de pie y vio su figura, más faltaba la de ella a su lado y el llanto no pudo detenerse, el relinchido del corcel lo hizo reaccionar para llevarlo hasta la casa de regreso, había que ver a la yegua y otros corceles que requerían salir también.
Candy bajaba del carruaje y arrastraba su maleta, el pequeño corría por entre la nieve y ella iba tras él. - Espera mi cielo, no corras, no conoces el camino, no quiero que te salga un animal. El pequeño viendo que lo seguía se iba hacia arriba mientras que ella apenas y lo alcanzaba, la figura de un ángel en la nieve, la hizo girar de un lado a otro sin ver a nadie, - Mami, es un ángel. - Si. - ¿puedo hacer el mío? - Por supuesto, hagamos un ángel mi cielo. No podía evitar que sus ojos soltaran lagrimas de añoranza, por aquel que una vez estuvo ahí junto a ella, ahora debía darle de gracias porque su hijo era quien la acompañaba y podían seguir con esa hermosa tradición. Madre e hijo jugaban moviendo la nieve al sacudir piernas y brazos, para luego ir por la maleta y arrástrala de nuevo por el largo camino, antes de que se hiciera más tarde.
Albert venía ahora con el corcel blanco impoluto era más tranquilo, calmado y tenía su propia ruta, como si siempre lo hiciera, dominaba la nieve y la disfrutaba al hacer camuflaje con esta, no lo dejaba llevarlo al bosque ni a ningún lugar donde le cayera nieve en el lomo. Paso de nuevo por la colina y vio su silueta, pero esta vez algo llamo su atención, tenía pasto en su dibujo y fue a ver, para su sorpresa había dibujados dos ángeles a su lado, uno muy pequeño y otro mediano, giraba para ver de un lado a otro, cabalgo para saber quienes habían estado ahí, fue a todo galope la bajada y el corcel tranquilo parecía tomar calor por lo que se fue camino abajo y una conversación hizo que corcel y el jinete se detuvieran en seco. - Podemos dibujar más ángeles en el rancho, mami. - Si mi cielo, todos los que desees, pero será mañana, debemos quitarnos estos abrigos están húmedos y no quiero que te enfermes. - ¡Candy! ¡Candy!
El giro al escuchar la voz llamándola, hizo que el niño se detuviera y fuera hasta donde escuchaba el grito llamando a su madre, el susto al ver al corcel detenerse, fue de sorpresa por el niño al ver el rostro del animal tan cerca por lo que arrojaba un grito de asombro, el caballo se alarmaba asustado al escuchar al escandaloso chamaco que le grito casi en las orejas. La madre preocupada sabía que el niño no veía corceles y estaba pasmado a tal grado que se iba de espaldas por lo que ante sus ojos era más alarmante verlo caer, - ¡No!
Albert giro al corcel de lado y el pequeño estaba impactado con ambos ojos celestes mirando hacia arriba desde el suelo nevado, Candy corrió hasta él y lo levantaba alarmada - ¡Betito! ¡Betito! ¿mi amor, estas bien? - ¡Un caballo, mami! ¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Un caballo!
Albert bajo para ver al pequeño que estaba asombrado por el corcel y este permanecía asustado por lo que evadía después de haber recibido el grito del pequeño que lo tenía asustado. - ¿Candy? - ¡Albert!
Sin soltar la cuerda la abrazaba fuerte y ella lo tomaba de su cintura y se abrazaba a él, mientras el niño miraba al caballo y se metía entre las piernas de ambos adultos para que el caballo no lo viera, haciendo que el rubio se separara al sentirlo meterse entre sus piernas. - ¿Quién es él? - Nuestro hijo, Albert, es nuestro hijo.
Candy le dio a Betito quien se dejo subir por los brazos del rubio escondiéndose del caballo quien ahora curioso lo miraba porque escondía su rostro con sus manos para esconderse del animal, mientras su padre no dejaba de ver a quien tanto había extrañado, su hermosa mujer quien le aseguraba que ese niño era suyo. Sin medir el impacto de las palabras un poco en asombro, viendo la humedad de las prendas de ambos, inmediato tomaba decisiones sin cuestionarse, - Vengan conmigo. Estarán mejor a mi lado. - Oh Albert, íbamos al rancho de Tom, se casa mañana. - ya iremos mañana, pero hoy no, se espera una tormenta de nieve de nuevo.
La mansión había sido arreglada, la llegada de ella y su hijo le daba el mejor toque que pudiera tener, era un sueño hecho realidad verla dentro de su casa y con un hijo que ignoraba que existía, lo tenía extasiado, irradiando amor, no solo porque no estaba casada con otro, sino que, durante todos esos años, le había dejado un hijo que según sus propias palabras era el vivo reflejo de él y ahora que había vuelto a buscarla, la había encontrado precisamente donde estuvieron la última vez que se vieron juntos, como si el tiempo se hubiera detenido o el destino los hubiese devuelto a ese lugar.
- Albert, ya es hora de dormir, - sí, es solo que no puedo dejar de verte, y no quiero soltarlo de mis brazos. - ¿verdad que es hermoso? - ¡Mucho muy bello! - vamos a llevarlo a la cama, se despertará temprano. - No quiero que te alejes de mí. -No lo haré, al sentirnos podemos asegurar que no desaparecerás mañana. - Te abrazare muy fuerte toda la noche, no quiero que pases frío. - Mi hijo se levanta muy temprano. - Nuestro hijo será atendió por el personal, ya está informado para cuidarlo, una de las mujeres estará yendo a su habitación para ponerle ropa antes de salir. - ¡Oh Albert! no sabía qué te iba a encontrar, pero ha sido tan bello. - Si, fui muy afortunado al encontrarte luego de que un investigador no lo ha logrado aun, acabo de volver y no pienso dejarlos jamás. - Eso me agrada, Betito te necesita mucho. - Y yo te necesito más a ti, te amo, nunca deje de hacerlo. - Tampoco dejé de amarte, te lo dije, si esto es compartido, el amor verdadero dura todo el tiempo que está en el corazón de quien ama. - Nunca saliste de aquí mi vida. – Ni tú de mi corazón, mi cielo.
El chocolate caliente, la víspera de navidad, la boda del tío Tom, todo se fue dando, pero lo que mejor se dio, fue esa noche, en la que platicaron de todo, compartieron su calor, se pusieron al día y quedaron juntos amándose uno al otro, entregándose a la pasión contenida por años, reviviendo los viejos recuerdos y los besos que tanto habían echado de menos uno del otro. La entrega fue especial, porque sus brazos la recibieron como muchas veces lo había soñado, ahora era más alto, más grande, mientras que para él ella era más hermosa, su mujer y la madre de su hijo, a la que le debía tanto y no dudaría en volver a amarla cada instante hasta recuperar todo ese amor que se habían dejado guardado por mucho tiempo, si la vida le dio una oportunidad, no dejaría que se fuera jamás.
FIN
Gracias por sus amables comentarios en esta historia de reto navideño
deseando sigan pasando este año colmado de bendiciones
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
