CAPÍTULO 1
CUMPLEAÑOS
Nuevamente la pregunta que siempre le hacían cada que tenía una aparición frente a cámaras salió a relucir.
Con un suspiro cansado y sin perder su característica seriedad en el rostro, juntó sus manos en triángulo y comenzó a dar el discurso que nunca variaba.
—Lo he dicho antes y lo repito ahora. Las parejas destinadas no son más que cientos de feromonas que son compatibles al momento de copular. No hay una historia romántica detrás de eso, encontrar a esa persona con la que eres compatible sexualmente no significa que estarán juntos toda la vida o que su amor será para siempre.
—Pero Doctor, ¿cómo explica que incluso familias ya establecidas de años queden destruidas cuando uno de los padres encuentra a su persona especial?, eso solo puede explicarse como amor real.
Exclamó la conductora viendo como todo el público que se encontraba en el set asentían efusivamente ante sus palabras.
—En mis quince años de estudio, investigación y atención a pacientes he comprobado los siguientes puntos: primero, los alfas y omegas se atraen por medio de las feromonas. Algunas resultan más agradables que otras y cuando hablamos de "destinados", la intensidad de estas feromonas se acrecienta; sin embargo, tanto en el caso de atracción por feromonas normal como por "destinados", nada tiene que ver el amor; y hablando de amor, entramos al segundo punto. Cada uno de nosotros, ya seas beta, alfa u omega nos enamoramos, es decir, gustamos de una persona y mediante el trato se van desarrollando sentimientos más fuertes, tales como: compañerismo, apego, afecto, etc. Y esto, es una elección. Como todo en la vida, escogemos qué camino tomar, así mismo decidimos a quien amar y a quien no hacerlo.
—Déjeme ver si estoy entendiendo. Lo que quiere decir es que ¿los destinados solo sienten atracción carnal?, no hay esa magia de un vínculo fuerte y sentir lo que el otro siente, etc.
—Es correcto. Esa atracción es tan fuerte que por un aproximado de seis meses la euforia que provoca estar sumergidos en feromonas demasiado agradables les hace vivir en una especie de burbuja, donde todo ven perfecto y se juran amor eterno, pero si estas características les parecen familiares, es porque son muy parecidas al enamoramiento de cualquier adolescente que ve puros arcoíris, corazones y encuentra a su amado o amada perfectos.
—Entonces, ¿qué pasa cuando esa euforia pasa?
—Lo mismo que ocurre cuando subes una montaña rusa y luego tocas el piso. Toda esa adrenalina se va y comienzas a pensar en lo riesgoso que fue haberte subido. En el caso de las personas formadas por la mal llamada "parejas destinadas", pasa exactamente lo mismo. Tener sexo es placentero, nadie puede negarlo y si a eso agregas feromonas deliciosas, pues es el banquete del siglo; sin embargo, nadie puede vivir solo de sexo, hay otras cosas básicas y necesarias en cualquier relación. Algunas parejas "destinadas" tienen la fortuna de congeniar, pero en la gran mayoría, como he visto a través de los casos que he atendido, las personas encuentran que la persona con la que están no llena todos los campos para que una relación se mantenga a flote. No hay cosas en común, platicas más profundas ni entendimiento mutuo, y así, poco a poco caen en la cuenta de que hasta el más mínimo detalle del otro puede llegar a molestarles y el remordimiento cae como balde de agua fría e intentan recuperar a su antigua pareja, en algunos casos lo consiguen, otras veces no.
—Doctor, se da cuenta que acaba de matar la ilusión de millones de personas.
—Esa no es mi intención, al final cada persona puede creer lo que quiera, pero el decidir creer en eso o no, no cambia la veracidad de los estudios y a las pruebas me remito. Lo que les comparto son hechos, es lo que es y no cambiará. Por eso, siempre que un paciente llega diciendo que nunca más volverá a ser feliz, que su vida no tiene sentido desde que su pareja se fue aun y cuando estuvieran marcados, mi respuesta siempre es: "sí serás feliz, tu vida tendrá sentido y seguirás adelante", porque como mencioné antes, todo se trata de elegir. Siempre hemos escuchado "El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional", ambos son parte de la vida. Habrá cosas que nos dolerán, sí, pero podemos elegir llorarle 1 hora, 20 días, 3 años o bien sobarnos un rato, dejarlo ir y a lo que sigue. Por eso, si están en una situación en la que su pareja les dejó, ya sean "destinados" o no, lloren lo que tengan que llorar, pero luego limpien su cara y elijan dejar de sufrir. Sí pueden.
—Vaya, nos ha dejado a todos con un extraño sabor de boca. Usted dice que incluso los vinculados se pueden recuperar, pero entonces ¿por qué hay tantos casos de suicidio?
—Ese ya sería otro tema para tratar y mi tiempo al aire se termina por lo que trataré de ser breve. Todo se resume en el estado mental en el que se encuentra, es como cuando alguien se enferma de gripe, unos con un te sanan, otros con reposo y en casos un poco más graves requieren medicación y cuidados especiales. Es exactamente lo mismo en estos caso, habrá algunos pacientes que solo necesitan que alguien los escuche, otros que deberán tomar medicamentos para aumentar sus niveles de serotonina y por último los más graves que requieren internarse en algún centro de salud. Esas personas que lamentablemente deciden quitarse la vida debían ser tratadas.
—Pues bueno, el tiempo se ha ido como agua, la verdad es que este tema tiene mucho más para debatir y explorar, pero debemos continuar con la agenda. Muchas gracias Doctor Wakatoshi por acompañarnos e iluminarnos con sus conocimientos. Y amigos, ya lo saben, aunque queramos romantizar e idealizar a los "destinados", la ciencia dice: Son solo feromonas.
Ushijima subió a su auto un tanto cansado de tener que hacer acto de presencia en programas que no le interesaban en lo más mínimo y menos con gente que lo único que querían era que alguien les reafirmara que lo que piensan es correcto, aunque no sea así en absoluto.
Fastidiado miró su reflejo en el retrovisor y observó como el surco de una arruga pronunciada se marcaba en su entrecejo.
—Debes dejar de hacer esos mohines o para cuando cumplas 36 te verás como una pasa.
Se dijo a sí mismo al tiempo que encendía el automóvil. Miró el paisaje, todo estaba oscuro y solo las luces de negocios y edificios iluminaban el paso. El reloj marcaba las 11:00 de la noche, su día había terminado y el único destino marcado en su GPS era el de su casa.
Mientras avanzaba por la carretera, cerró los ojos por un momento, estaba cansado, pero en cuanto los abrió tuvo que pisar con fuerza el freno, pues el semáforo frente a él marcaba rojo.
Ante el brusco movimiento la carpeta que se encontraba en el asiento del copiloto cayó provocando que las hojas salieran volando, regándose por el piso.
Aprovechó que el cruce en el que se encontraba tardaba 5 minutos en volver a verde para ordenar los documentos, uno a uno fue tomando los papeles, fue entonces que la foto de un bello omega sobresalió entre todos.
—Tooru Oikawa – susurró. Recordó cómo el día anterior el sujeto había entrado a su consultorio luciendo totalmente lamentable, revisó su ficha notando con sorpresa que hoy era su cumpleaños.
Mientras tanto, sentado en una de las bancas de su mirador favorito Tooru reproducía una y otra vez el video de su cumpleaños del año pasado tomado por Iwaizumi, su ahora exesposo.
El video comenzaba con Iwaizumi hablando con susurros hacia la cámara diciendo que estaba a punto de darle una gran sorpresa al amor de su vida al tiempo que abría la puerta de la habitación donde el de ojos cafés yacía dormido enredado en las sábanas de una amplia cama que la noche anterior había soportado el peso de los dos cuerpos dándose amor hasta caer agotados.
En cuanto el alto hizo contacto con él, una lluvia de besos lo atacó hasta que despertó, seguido de un "¡feliz cumpleaños!" y un carrito de servicio a un lado de él lleno de la comida favorita de Tooru. Después de un par de besos juguetones el video se corta cuando Iwaizumi habla nuevamente hacia esta explicando que la grabación terminará ahora porque lo que sigue no es apto para menores, sacando la lengua y escuchándose la risa del de ojos cafés en el fondo.
Pronto una gota tras otra fue cayendo en la pantalla de su móvil hasta parecer lluvia.
Todo el día había evitado el contacto con sus amistades, no quería hablar con nadie y solo tenía en la cabeza que por primera vez en 15 años Iwaizumi había olvidado felicitarlo.
De nuevo podía sentir cómo el corazón se le encogía. Sabía que su comportamiento era autodestructivo, pero estaba tan sumido en la autocompasión que no se esforzaba ni un poco en salir del pozo pensando que por ser hoy su cumpleaños se podía dar la oportunidad de ser tan lamentable como quisiera.
—Tal vez si le llamo, me conteste… - susurró limpiando con la esquina de su playera deportiva las lágrimas vertidas sobre el celular.
—Yo creo que no deberías. - Habló una voz grave y masculina frente a él.
Lentamente fue levantando la cabeza hasta que sus ojos se encontraron con los verdes y penetrantes de Ushijima, los cuales, gracias a las luces alrededor le daban un brillo intenso pero hermoso al mismo tiempo.
Sus rasgos varoniles, rostro serio y porte imponente, eran increíblemente complementados por el traje negro a la medida que vestía. Solo un detalle parecía no encajar con la visión del hombre y ese era la caja de apariencia infantil envuelta en un moño mal acomodado tamaño jumbo y de color dorado que colgaba de su mano izquierda.
—¿Do-Doctor Wakatoshi? -tartamudeó Oikawa sorprendido. —¿Qué hace aquí?
—Bueno paseaba por aquí y por casualidad lo encontré – habló el hombre sin pena alguna ante la descarada mentira manteniendo su rostro inamovible.
Tooru fijó sus ojos en lo que parecía una especie de caja, de pésimo gusto y levantando una de sus cejas dijo:
—Y siempre pasea a las 11:50 de la noche por un mirador vestido en un traje Armani, zapatos Salvatore y ¿una caja fea en la mano? – dijo esto último con tono recriminatorio al verse descubierto e interrumpido.
Ushijima solo levantó los hombros como si aquello fuera lo más casual del mundo.
—Bueno, sí… nunca se sabe cuándo me podría encontrar con uno de mis pacientes y así impedir que haga algo completamente estúpido.
—Oiga, eso es muy ofensivo. —Reclamó el castaño poniéndose en un brinco de pie.
—Más ofensivo es verlo a usted desperdiciando valiosas horas del día en algo que no le trae provecho alguno.
Oikawa intentó responder aquello, pero entonces sintió pena de lo que estuvo a punto de hacer de no ser por la llega del hombre ante él. Apretó los puños y levantando la cara volvió a dirigirse hacia el otro.
—No sabía que los Doctores acosaran a sus pacientes, ¿cómo supo que estaba aquí? – argumentó en un intento por desviar la atención hacia otro punto.
—En estos momentos usted no es mi paciente, que no ve que nos encontramos por casualidad.
—Suficiente, que pase buena noche – dijo el castaño indignado avanzando hacia el lado contrario.
—¡Oikawa san! – Llamó el ojiverde con su voz grave.
—¿Sí, doctor? – cuestionó girándose hacia él luciendo digno.
—Tome, son las 11:59, aún es su cumpleaños. ¡Feliz día! Espero siga cumpliendo muchos más y que todas las metas que se proponga pueda verlas cumplidas.
Toru miró incrédulo al hombre que extendía la caja hacia él aún sin comprender por qué esta persona lo hacía.
Ushijima al ver su sorpresa agregó: —Como usted dijo la caja es fea, pero como verá encontrar un pastel de cumpleaños a esta hora es… complicado.
El de ojos cafés tomó con cuidado la caja al tiempo que copiosas lágrimas volvían a salir de sus ojos. Un sentimiento de tristeza y calidez le invadieron al mismo tiempo.
Ahí estaba, parado en el mirador que tanto amaba, en el que muchas veces había visitado con su esposo, sufriendo su ausencia, vestido en fachas y con los ojos hinchados; y en medio de todo aquello, un pastel de cumpleaños regalado por la persona más inesperada quien no era ni su esposo, ni su novio, ni su amigo más que un conocido, pero que se había dado a la tarea de encontrarlo, pronunciando las palabras que durante todo el día solo había querido que salieran de una sola persona.
Con un nudo en la garganta solo logró articular un gracias que apenas si pudo ser escuchado.
—De nada y respondiendo a su pregunta. Leí su ficha, ahí me di cuenta de que hoy era… bueno ayer fue su cumpleaños – dijo mirando el reloj que ahora marcaba las 12:05 am. —Vi que en esta indicaba que le gustaba el mirador, a decir verdad, no sabía si podría estar aquí, pero fue así. Digamos que tuve suerte.
Tooru río leve ante la explicación y una sonrisa se dibujó en su rostro lloroso y rojo.
—Doctor, eso es muy inapropiado…
—Sí, pero con pacientes que llegan luciendo tan lamentables como usted, es necesario tomar medidas extras – dijo el hombre imperturbable, manteniendo su rostro de póquer.
El castaño, ante las palabras del ojiverde, dejó caer la quijada hasta el suelo.
—¡Devuélvame mis lágrimas! – gritó arrepentido de haberse sentido tocado por el gesto del hombre. No sabía si este estaba jugando con él o lo decía en serio, lo que en automático lo convertiría en la persona más directa y sin tacto que en la vida había conocido.
—Llora porque quiere. – Afirmó el alto. —Entonces me retiro, disfrute del pastel, aunque no le aseguro que sea delicioso. Nos vemos Oikawa san – agregó caminando hacia donde había dejado estacionado su Benz. —¡Espere! – habló Tooru tomando la esquina de su saco.
—Ya que se tomó la molestia de traerme esto, le gustaría comer un poco conmigo, mire, hay platos y cucharas en la caja. – Exclamó Tooru. —Es mi manera de agradecerle.
Entonces algo que nuevamente no se esperaba ocurrió.
—Seguro, no hace daño un poco de azúcar de vez en cuando. – Respondió Ushijima mostrando la sonrisa más perfecta que había visto.
Tooru le indicó que se sentaran en la banca al tiempo que intentaba borrar la sonrisa del doctor de su memoria.
¿Era amor?, por supuesto que no, ¿principios de enamoramiento?, tampoco, pero no podía negar que el hombre era atractivo y que aquel gesto le había hecho reflexionar en lo despistado y desconcentrado que había estado todo este tiempo como para no notar nada a su alrededor o en este caso, que su Doctor era terroríficamente apuesto.
—No me gusta el betún – indicó Ushijima a Tooru antes de que este le sirviera un trozo en su plato.
—Doctor, que no ha escuchado el dicho A caballo dado, no se le ve el diente-.
—Sí y también el que dice El que no habla, Dios no lo oye, por eso le estoy diciendo lo que no me gusta con claridad.
—Jajaja, ¿acaso no se le puede ganar? – río Tooru divertido.
—Podemos seguir conversando y lo averiguará – agregó seguido de un gracias en cuanto el castaño le pasó el pastel sin betún. —Sin duda un rostro alegre va mejor con usted Oikawa san.
Comentó sin doble intención al tiempo que metía un trozo de pastel a su boca, pero que en Tooru causó un volcán que tiñó de rojo su rostro. Acto seguido, giró la cabeza hacia el pequeño lago artificial en el que una luna plateada y resplandeciente se reflejaba en sus aguas en un intento por bajar el bochorno.
Aunque lo que ayudó bastante para lograr aquello fueron las palabras del otro.
—Ugh, sabe horrible, no lo coma. Luego le daré uno mejor.
Tooru volteó a verlo y sin querer una risa sonora escapó desde el fondo de su pecho cuando vio la cara del guapo hombre arrugada en una mueca de desagrado cual si fuera niño pequeño comiendo verduras.
Sin duda, su cumpleaños 27 no había sido para nada como lo había imaginado, estaba divorciado, desempleado, padeciendo un cuadro de depresión, con 10 kilos menos en su cuerpo y con la necesidad de recurrir a un especialista.
Aun así, no resultó del todo desastroso, había recibido un "feliz día", pastel y risas; y todo gracias al sujeto que en ese momento caminaba hacia el cesto de basura con pasos agigantados para tirar lo que restaba del horrendo pastel de vainilla comprado en un konbini 24/7.
Llevó sus manos hacia su boca reprimiendo otra risa para finalmente contemplar la amplia figura de Ushijima caminando de regreso hacia él, soltando así un "gracias" que se perdió en el viento.
