CAPITULO NUEVE
ROSALIE
El dragón está en mi cabeza. En. Mi. Cabeza.
Miro a Emmett como si fuera el enemigo. Porque lo es. Ha estado espiando en mi cabeza por Dios sabe cuánto tiempo, y ahora está pensando en decirme... Me siento histérica, con ira y la traición que me está invadiendo. Este es el peor tipo de invasión de la privacidad. No sólo me ha secuestrado, sino que se ha tomado mi cuerpo... y ahora se está apoderando de mi mente. ¿Ya nada va a ser mío? ¿Ni siquiera mis pensamientos?
Estás molesta. La voz masculina retumba en mi cerebro, incluso cuando Emmett ladea la cabeza, una expresión de perplejidad en su cara. Ojalá entendiera por qué.
Porque es mi cabeza. No puedes quitarme todo. Me puse un puño en la frente, frustrada.
-Mierda, ahora también estoy hablando en mi cabeza- me doy una pequeña sacudida -¿Cuánto tiempo llevas ahí dentro? ¿Cómo es posible?-
Cuando te di mis fuegos, eso nos conectó. Mi alma está ahora anclada a la tuya. Tú eres mi compañera y yo soy el tuyo.
-¡No me preguntaste si quería estar conectada!- y luego el resto me golpea como un montón de ladrillos -espera, ¿compañera?-
Sí. Eres mi compañera. Sus ojos brillan con ese brillo dorado sobre dorado. Mi dulce hembra, tú eres mi razón de vivir.
No puedo evitar sentirme un poco halagada por eso.
-Intento no enfadarme, Emmett, pero no entiendo mucho. ¿Es... es por esto que me robaste?- me estremezco al pensar en ese horrible día en Fort Dallas -¿Es por esto que estabas atacando el fuerte? ¿Para llegar a mí?-
Ataqué la colmena humana para ayudar a mi amigo Edward y a su compañera humana. Caíste del cielo, y yo te recogí del aire. En el momento en que te toqué, supe que eras mía. El oro en sus ojos parece ser aún más profundo. Tú serías la que expulsaría a los cuervos de mi mente. Tú serías la que aclararía mis pensamientos una vez más. En quien pueda confiar para que me calme cuando la locura golpee. Esa es toda la verdad. Tú me tranquilizas.
-¿Locura? ¿Cuervos?- hay tantas cosas que no entiendo. Siento que me han dejado atrás en una conversación importante -dijiste que Edward tenía una compañera humana. Edward es... ¿Él es el otro dorado? ¿El dorado de Isabela?-
No sé el nombre de la humana, pero es la que tiene pelo de fuego. Es ella. Esa es mi amiga. Me pongo la mano en los labios, preocupada.
-¿Está... viva? ¿Sobrevivió al ataque al Fuerte Dallas?-
Ella está viva. Los pensamientos de Edward aún están claros. Si ella estuviera muerta, él se perdería en la locura una vez más. Me tambaleo contra él con alivio, sin importarme que la lluvia caiga sobre los dos.
-¿Así que ella está bien? ¿Ángela también?-
No lo sé. ¿Debo preguntarle a Edward la próxima vez que vuele en su rango?
-Oh Dios mío, eso sería maravilloso- jadeo cuando me doy cuenta de que él ha sabido todo este tiempo que ella está bien y he estado muy preocupada, y le golpeo el brazo -¡No puedo creer que me hayas dejado preocuparme tanto tiempo! ¡Eso es cruel!- la lluvia gotea en mis ojos, y antes de que pueda limpiarla, él está ahí, rozando mi frente con sus nudillos protectores.
Sólo hemos estado unidos desde que nos apareamos y tú recibiste mis fuegos. No pude entenderte antes. Oh...
-Eso fue hace dos días- protesto -¿Por qué no hablaste?- sus ojos se oscurecen un instante.
Porque escuché tus pensamientos y fueron desagradables. Deseaba comprenderte más. ¿Mis pensamientos eran desagradables para él?
-Bueno, eso es lo que obtienes por fisgonear. Si no quieres oír lo que pienso, no escuches.-
No puedo evitarlo. Soy adicto a tus pensamientos. Los necesito. Necesito tu conexión para mantenerme cuerdo.
-¿Cuerdo?- es la segunda vez que menciona la locura -¿Qué quieres decir?- me toca de nuevo el rostro, como si no pudiera evitarlo. Sus dedos son todo ternura, y es muy cuidadoso.
Los que vinimos nos hemos vuelto locos. Cuando toco las mentes de los demás, no siento nada más que caos. Incluso mi propia mente se ha perdido durante tanto tiempo que no puedo recordar mucho. Los cuervos se lo han llevado todo.
-¿Cuervos?-
Viven en mis pensamientos. Sus ojos empiezan a oscurecen. Me dicen que haga cosas terribles. Me quieren destruir.
No me gusta lo negros que se están poniendo sus ojos. También estoy empezando a recibir flashes raros de sus pensamientos, como si su copa mental se derramara.
-Está bien- le susurro y pongo mi mano en su pecho -estoy aquí- inmediatamente, la tormenta que siento en sus pensamientos se calla. El oro regresa a sus pupilas.
Mi Rosalie. Eres la única luz en este mundo.
Aunque estoy enfadada y confundida, puedo sentir la emoción del su corazón fluyendo, y me ablando con él. No puedo estar disgustada. Se está esforzando mucho, y su devoción... vale, es muy halagadora.
-Emmett, me alegro de poder ayudarte, pero ¿no podríamos haber hecho el vínculo mental de otra manera? Si puedes hablar con otros dragones, ¿por qué no llegar a los humanos?-
Sólo puedo conectarme contigo porque has recibido mis fuegos. Y ahora que lo has hecho, puedes recibir mi semilla.
Eek. Me estoy sonrojando, y cuando una sonrisa malvada cruza su rostro, puedo decir que está recogiendo eso de mis pensamientos.
-Tú... tú te corriste dentro de mí. ¿El embarazo va a ser una preocupación?- sus ojos se vuelven tan dorados que es como ver el sol brillar.
No encontraría mayor placer que verte crecer con mis crías.
-Sí, bueno, no sé si tengo prisa por eso- mis mejillas aún están sonrojadas de sólo pensarlo -no puedes llevarme lejos y no pedir permiso. Me has arrebatado todo lo que conozco..
Habrías muerto si no te hubiera capturado.
-Tienes razón. Pero podrías haberme dejado en la ciudad- y... ¿luego qué? ¿Morir de hambre un poco más? ¿Tener que volver a Royce e 'intercambiar' por más comida? Me enfado cuando en realidad, me ha salvado y me ha traído a un lugar que es un paraíso post-apocalíptico. Tengo comida y ropa y estoy a salvo, aunque todavía me esté canjeando por sexo -no importa. Lo siento. Estoy enloqueciendo porque todo esto es nuevo para mí.-
Puedo sentir en tus pensamientos que estás molesta. No quería molestarte. Roza con sus nudillos a lo largo de mi mejilla mojada. No deseo nada más que tu felicidad. Pídeme cualquier cosa y la haré tuya.
-Lo sé. Es sólo que... es mucho para asimilar.-
¿Necesitas sentarte?
-¿En la lluvia?- me río -sólo quiero ir a casa, volver a la tienda- le doy una palmadita en el pecho, y está caliente a pesar de la fría lluvia. Me dan ganas de ponerle las manos encima -aprecio lo que estabas tratando de hacer aquí. Es dulce, de una manera extraña, un poco anticuada- sus ojos brillan, y sus manos me rodean. Él tira de mi vestido empapado.
Deberías tumbarte para que pueda seducirte como en tu historia.
Le pongo una mano en el pecho, empujando hacia atrás. Me estoy sonrojando, pero al mismo tiempo, puedo sentir una pizca de miedo que me atraviesa.
-Lo siento, pero creo que elegiste a la mujer equivocada para capturar como tu pareja, Emmett. Yo…- inspiro, porque es horrible decirlo en voz alta -no me gusta el sexo. No me gusta que me toquen. No de esa manera- la expresión de Emmett es impasible. Sus ojos al final se estrechan, y se ve escéptico.
Cuando te toqué, olí tu aroma de apareamiento. ¿No... no deseabas aparearte?
-No es eso- me muerdo el labio -sabía lo que querías, y yo, bueno, me imaginé que no te rechazaría. Estuvo bien al principio, pero…- me encogí de hombros -no disfruto de esas cosas como tal- intento darle una palmadita en el pecho, pero me quita la mano. Sus ojos están peligrosamente cerca del negro.
¿Tú... soportaste mi toque? ¿Sufriste el apareamiento conmigo porque no querías ofenderme? Oh, parece muy ofendido ahora mismo. El miedo aumenta de nuevo.
-Emmett…-
¿Y ahora tienes miedo? Sus pensamientos rugen en mi mente. Emmett sacude la cabeza y luego pone sus manos a los lados de mi cabeza, ahuecando mi cara. Moriría por ti, mi Rosalie. ¿Cómo puedes pensar que podría hacerte daño?
-Porque tus ojos se están volviendo negros- susurro.
Estoy enojado y herido porque me dejaste tocarte sin que lo disfrutaras. Quiero que estés complacida con mi toque. Quiero que me anheles como yo te anhelo a ti.
-Eso no sucederá.-
¿Pero por qué?
¿Por qué? ¿Le digo que es por Royce? ¿Royce y sus crueles manos y su forma de hacerme sentir como la persona más pequeña y más zorra de la tierra porque hice lo que tenía que hacer para sobrevivir? Antes de que pueda elegir qué decir, sus ojos se abren mucho y están muy, muy negros.
¿Otro macho?
-No tienes que preocuparte por él- digo rápidamente, tratando de pensar en cosas felices. Corazones y gatitos y arco iris. Cualquier cosa menos Royce -lo odio.-
¿Este hombre te tocó? ¿No vamos a dejar esto? Frustrada, me pregunto:
-¿Cómo crees que me he roto el brazo?- las fosas nasales de Emmett se inflaman. Sus ojos se vuelven negros como la noche. Luego presiona su frente contra la mía.
Dame una imagen de él.
Su voz es tan directa, tan contundente en mi mente, que no quiero, pero sucede de todos modos. Una imagen de Royce revolotea en lo alto de mis pensamientos. Royce, con esa sonrisa cruel y sádica en su cara, como la que tenía momentos antes de que me rompiera el brazo como una ramita. Emmett se aleja de mí y da vueltas alrededor. Se tambalea hacia adelante y luego cae de rodillas, encorvado como si tuviera dolor. Yo... no sé qué hacer. Trago con dificultad, con la garganta seca.
-¿Emmett? Mi voz es un mero susurro asustado. Estoy aterrorizada. ¿Y si está perdiendo el control como dijo que lo había hecho en el pasado? Se necesita todo mi coraje para dar un paso adelante, pero puse una mano en su hombro -¿Estás bien?-
Por alguna razón, las imágenes de cuervos y plumas llenan mi mente. Emmett se vuelve y me mira, y sus ojos se diluyen del negro a un oscuro y turbio oro. Se endereza a su altura y roza sus nudillos contra mi mejilla, con mucha ternura.
Te llevaré a casa.
-¿Necesitamos hablar?- me preocupa la mirada en su cara. No puedo decir si es de asco o asesina o ambas cosas. Pero no dice nada. Sólo se vuelve en forma de dragón y se lanza al aire. Sé lo que viene después, y no me sorprende cuando las garras bajan y él me levanta suavemente, volando.
Tampoco me sorprende que volvamos al SuperMart poco tiempo después, justo cuando la lluvia cesa. Emmett aterriza y con mucho cuidado me pone en el suelo. Le miro y espero que se convierta en humano para que podamos hablar más. En lugar de eso, sus ojos se ponen negros y se lanza de nuevo al aire, volando. Eso fue... inesperado.
-¿Emmett?- Llamo, y cuando no hay respuesta, lo intento en mi cabeza. Emmett, ¿estás ahí?
Todo lo que consigo son más cuervos.
EMMETT
Voy a destruir a todos los humanos de la colmena. Todos ellos deben morir. Apestosos, sucios, asquerosos... humanos. En mi cabeza, los cuervos ríen salvajemente. Se burlan de mí y de mis esfuerzos. Pensabas que eras muy fuerte, muy libre. Nunca te librarás de nosotros.
Nunca.
Nunca.
Nunca, nunca, nunca.
Mis pensamientos están negros por la ira. Tengo hambre de sumergirme en la colmena humana, de convertirla en cenizas y carbón y de respirar el humo grasiento que dejan los cuerpos. Merecen ser eliminados. ¿No es el botín de guerra para el conquistador destruir a los conquistados? No será suficiente que encuentre al hombre humano, este Royce, y lo mate. Tengo que hacerle sufrir, como él hizo sufrir a mi Rosalie. Quiero que conozca el dolor. Quiero que conozca el miedo. Quiero destruir todo lo que ha tocado, amado y pensado.
Mientras tanto, los cuervos se ríen en su deleite. Están encantados de tenerme de vuelta. Les encanta que mi mente ya no sea la mía. Quieren caos y destrucción, y yo soy el que se los va a dar. No me importa que se posen en mis hombros y me hablen en susurros con su maldad en los oídos. Los acojo con agrado. Alimentan la negra ira en mi alma. Vuelo sobre la colmena humana, lo suficientemente bajo para que puedan ver mi sombra mientras me deslizo. Me tomo mi tiempo, disfrutando del hecho de que deben estar aterrorizados. La bocina se dispara, advirtiéndoles, y yo lanzo llamas de mi garganta al aire, decidiendo que les haré temblar de miedo antes de dejar que ardan.
Abajo, una mujer humana corre para refugiarse, sus largas faldas se enredan en sus piernas. Su pelo es oscuro y es delgada, y por un momento, creo que es mi Rosalie. Pero mi Rosalie está a salvo en su nido. No puede ser ella. Incluso cuando envío sensores por mi conexión mental, se sienten distantes. Rosalie está a una buena distancia. No está aquí en la colmena. Aún así, la vista de la hembra me hace girar bruscamente, y golpeo mis alas para ganar altura en el aire. Necesito pensar. Rodeo la colmena humana una vez más, y luego me voy volando.
Quédate, susurran los cuervos.
Pero, la vista de la hembra humana me ha recordado que soy Drakoni una vez más. Tengo un corazón, y está con Rosalie. No puedo ser la bestia sin sentido que ella cree que soy. No puedo matar a hembras inocentes y a sus crías. No puedo asesinar y destruir a todos simplemente porque estoy enfadado con uno. Este Royce morirá. Morirá lenta y dolorosamente, pero no será aquí en la colmena humana. No se llevará a otros con él.
Debo darle caza. Encontrar dónde se esconde. Esperar a que salga de su agujero. Una vez que le haya visto, le cogeré con mis garras y se lo llevaré a mi Rosalie para que pueda ver cómo le desgarro miembro a miembro. Lentamente. Esto requerirá sigilo. Los humanos estarán en alerta si ven un dragón cerca. Vuelo a una buena distancia, detrás de uno de los altos nidos metálicos que se desmoronan, y me transformo en mi forma de dos piernas. Los cuervos se callan una vez que lo hago, y camino resueltamente hacia la colmena humana, el lugar que Rosalie llama Fort Dallas. Ignoro la lluvia torrencial y el barro que se me pega a la piel. Nada de eso importa. No presto atención al hedor de su colmena, o al ruido que parece fluir sin cesar de las mentes salvajes de mi gente cercana.
Llego a la barrera metálica y la trepo, y luego me tumbo sobre uno de los cascos oxidados para poder ver a la gente de abajo. Escaneo los rostros humanos, buscando uno en particular. No descansaré hasta encontrarlo. Sus días son pocos. Mis garras se clavan en el metal ante el agradable pensamiento.
ROSALIE
Emmet se ha ido durante horas y yo estoy sola en la tienda. No sé qué pensar. Me siento miserable al pensar en ser la causa de que su mente se rompa de nuevo. Y todavía estoy molesta porque estamos unidos mentalmente y él no me lo dijera. Sobre todo estoy asustada, sola y asustada. Odio esto. Odio que incluso ahora, Royce esté arruinando mi vida.
Mi nota a Esme no ha sido tocada, y le escribo otra sólo porque es eso u otras diecisiete páginas de Sudoku o crucigramas. Necesito la distracción de hablar con otro ser humano, aunque sólo sea en papel. Así que le cuento todo sobre Emmett y lo que sé. Que es mi novio, en cierto modo, y que solía estar loco, pero ahora está mejor. Excepto que ya no sé si eso es verdad, así que termino arrugando la carta y tirándola a la basura. Tal vez el hecho de estar emparejado conmigo ha llevado a Emmett a la locura y nunca lo volveré a ver.
Estoy tan aterrorizada de ser abandonada de nuevo. Hace tiempo, si me hubieras dicho que la seguridad es lo más importante del mundo, me habría reído. Pero es lo que más anhelo, más que nada. Quiero saber que estoy a salvo y protegida. Quiero saber que soy amada. Quiero que alguien me abrace y me diga que todo va a estar bien, y que realmente estará bien. Que no será sólo una mentira. Que alguien me ame lo suficiente como para quedarse conmigo.
Me acurruco en mis mantas y apago la vela perfumada que uso como fuente de luz. Tendré que pensar en algo que hacer, pero por esta noche, sólo quiero regodearme. Isabela me diría que me dejara en paz y que hiciera algo con mi miseria, pero no está aquí. Estoy completamente sola. Y es difícil seguir siendo fuerte después de tanto tiempo. Sorbo mi llanto, permitiéndome ceder a las lágrimas. Aquí me sentí muy querida por Emmett y siento como si me hubiera traicionado y me hubiera dejado de nuevo. Me pregunto si está destruyendo el Fuerte Dallas incluso ahora.
Ya regreso, dice Emmett, con su voz tan clara como si estuviera a mi lado. Me siento en mi cama, mirando a mi alrededor.
-¿Estás aquí?-
Todavía no. Pronto.
-¿Pero puedes oírme?-
Siento tus pensamientos. No necesito escuchar tu voz. Oh... No puedo evitar sentirme aliviada de que vuelva. Y un poco preocupada, también. Sus pensamientos eran muy oscuros antes. No necesitas preocuparte. Soy yo mismo. Sí, pero hay un borde duro en su mente que sé que no estoy imaginando. Decido darle una oportunidad al lenguaje mental.
¿Estás... bien?
Escuchar tus pensamientos ayuda.
Esa no es realmente una respuesta.
Antes no te gustaba mi silencio. Estoy tratando de ser mejor.
Me parece justo. Me preocupaba que no volvieras. Que me hubieras abandonado para siempre.
Nunca. La idea es tan vehemente que me asusta. Siempre volveré a ti, Rosalie. Tú eres mía y yo soy tuyo.
Es un poco difícil de procesar, considerando que yo no pedí esto. Pero al mismo tiempo, me gusta escucharlo. Me quita mucha de mi ansiedad.
Gracias, Emmett.
Todo estará bien entre nosotros, Rosalie. Esto es algo que debo hacer.
¿Qué hiciste exactamente? ¿Puedo preguntar eso?
Pero su mente está en silencio una vez más. Sea lo que sea que se sienta obligado a hacer, incendiar el fuerte, asesinar a todos los que están dentro, algo por el estilo, no lo comparte conmigo. Y no puedo evitar preocuparme. Poco tiempo después, no puedo soportar la espera y enciendo mi lámpara de nuevo, y luego empiezo a leer. Incluso mientras lo hago, escucho a Emmett cuando entra en la tienda. Lo oigo moverse, pero no me levanto de donde estoy leyendo mi libro. Estoy tratando de jugar limpio.
Olvidas que estoy conectado a ti. Puedo oír tus pensamientos. Mierda. Lo olvidé. Es demasiado. Me gusta que te preocupes por mí, me dice.
Un momento después, Emmett aparece a la luz de las velas, todo dorado y perfecto. Avanza y siento un pequeño escalofrío de aprensión y emoción al verlo. Pero sólo se sube a la cama a mi lado y me empuja contra su pecho. Su calor y su fuerza se mueven sobre mí, y me relajo contra él con un pequeño suspiro. Él entierra su cara contra mi cuello e inhala profundamente.
Extrañaba tu olor, mi Rosalie.
Yo también te extrañé. No me gusta estar sola. Sus brazos se sienten tan bien a mi alrededor, y cierro los ojos, disfrutando de la sensación.
No quería dejar de estar a tu lado. Frota la nariz contra mi pelo. Estaría contigo en todo momento si pudiera.
Eso me hace sentir mejor. Y aún así, con la forma en que me abraza, me pregunto si quiere tener sexo. ¿Este es él presionando su causa? Tendré sexo con él de nuevo si eso significa que no me abandonará.
No quiero tomar parte en eso si tú no lo deseas, me llega el vehemente pensamiento. No volveremos a hablar de ello.
Me siento un poco culpable ante el enfado en sus pensamientos, también siento alivio. Eso significa que puedo relajarme. Suspiro y me acomodo contra él, durmiéndome. Antes de darme cuenta, estoy profundamente dormida en los brazos del hombre-dragón. Por la mañana, cuando me despierto, estoy sola.
