ROBAGENES

Alala era un mundo agrícola y minero en el segmentum Última, su importancia era menor dentro del Imperio, donde dos mil millones de almas vivían plácidamente; no poseía ciudades colmenas, sus urbes eran enormes complejos catedráticos, iglesias y construcciones góticas se apoderaban del paisaje urbano. Alala al igual que todo mundo en el Imperio de la Humanidad debía entregar un diezmo, este se pagaba con los alimentos producidos, los metales extraídos y un regimiento de guardias Imperiales reclutados de las Fuerzas de Defensa Planetaria del mundo, el tiempo de recaudación se acercaba; el planeta no poseía naves interplanetarias y mucho menos de motores de disformidad para viajar entre las estrellas, las pocas naves que los visitaban llegaban cada tres meses a comerciar con los productos, y las naves del administratum que arribaban a cobrar el diezmo una vez al año. El adeptus arbites, la fuerza policíaca del Imperio, se hallaba atareada en las cuestiones de control y seguridad para los preparativos de las naves Imperiales que vendrían a cobrar el impuesto.

Una mujer de piel oscura en armadura de caparazón de arbites, acompañada por dos subordinados camina con paso firme por grises pasillos, llegaron hasta una puerta metálica con una placa dorada que tenía escrito: "Prefecto".

La mujer abre la puerta sin pedir autorización, halla un tecnosacerdote manipulando un cogitador en el escritorio del Prefecto.

-Adepto Olev- saluda la arbites.

El tecnosacerdote portaba la túnica roja y el símbolo del Culto Marciano, pero no poseía mejoras augméticas, más allá de tres sensores que reemplazaban a sus ojos.

-Un gusto Jueza de la Justicia Mayor Ke'lla Medina- expresa Olev sin levantar su vista del labor que lo ocupaba.

-Con Jueza Medina es suficiente- menciona estoica. Su casco ocultaba la parte superior del rostro mostrando solamente una mandíbula estrecha y labios gruesos curvados en una mueca severa.

-Por supuesto.

-¿Y el Prefecto Samaniego?- pregunta mientras mira toda la estancia, cabía la posibilidad de que estuviera fuera de su vista periférica.

-Dijo que venía a recibirla, no obstante llevará trece minutos con diecisiete segundos de retraso cuando termine mi sentencia.

Medina da un ligero gruñido.

-Tomen asiento, por favor- pide Olev sin dejar de trabajar.

Ke'lla pone sus brazos tras su espalda y se acerca a la ventana que daba a la calle -Luis, Nadia, esperen fuera.

-Señora- dijo el par antes de salir.

Olev detiene su labor, se levanta y profiere -¿Ocurre algo Ke'lla?

La mujer sin moverse expresa -Son las desapariciones, están en aumento.

Olev con cautela se le aproxima -¿No tienen indicios?

-Todo lo contrario- señala apartando su mirada de la ventana, vuelve su vista hacia el tecnoadepto -Tenemos firmes creencias, y pruebas que la Gobernadora Planetaria está involucrada.

-Oh- exclama Olev genuinamente sorprendido -¿Quieres apoyo del Prefecto para enfrentarla?

-No, solo necesito su popularidad, debemos mantener la calma después de "destituirla". Quiero convertirlo en Gobernador transitorio.

Olev frunce el entrecejo, el mohín de su boca delata su estado dubitativo -Son muy cercanos- señala.

-Subir escalafones le vendría bien a su currículum, estoy segura que lo aceptara.

Repentinamente el enlace vox de Ke'lla resuena, se aparta unos pasos del tecnosacerdote -Medina al habla.

-Ke'lla, nos ha llegado una denuncia. Han secuestrado al Prefecto Samaniego.

-¿Cuándo?- pronuncia estupefacta.

-La información que se nos proporcionó indica que hace dos horas.

Ke'lla bufa decepcionada -Grandioso. ¿Dónde?

-Gendarme Santos y Ulises Bauto, frente a la Catedral de los Mártires.

-Vamos de inmediato- profiere al cerrar la llamada -Olev, ¿guardas los registros de todas las actividades del Prefecto?

El tecnosacerdote sin mostrar preocupación enuncia -Hasta la pregunta ofende.

-Sígueme, necesitaremos tu ayuda.

Ke'lla se lleva al adepto en el repressor que la llevó hasta el edificio de la prefectura. Les tomó veinte minutos llegar, el área estaba acordonada con una cinta roja, equipos de agentes rodeaban la escena, su presencia alejaba a los curiosos y los hacía apartar la vista.

La Jueza Medina baja del repressor, observa a los ciudadanos en las calles susurrándose los unos con otros, "chismosos seguramente" pensó. Ke'lla llevaba veinte años en Alala, llegó tras una invasión T'au que fue expulsada por Ultramarines y Sororitas de la Orden de la Túnica Azul. A pesar de los años que había residido no se acostumbraba al clima, las mañanas eran frías, la temperatura nunca pasaba de los nueve grados centígrados como máximo planetario en los desiertos de sal en el sur; la gente sin embargo se había acostumbrado, por ello los habitantes de abrigos gruesos, bufandas, sombreros de ala larga y lentes oscuros se le hacían curiosos, cuando llegó no vio a demasiados usando esa vestimenta, pero ahora parecía que se volvió una moda muy popular, calando entre todas las clases sociales y edades. Casi la mitad de los curiosos vestían aquellas llamativas vestimentas de diversos colores y formas.

-Señora- llama Luis.

Ke'lla se libera de su introspección, se encamina a la escena. Un vehículo civil de gruesos neumáticos yacía volcado, sus cristales aunque rotos eran de policarbonatos, sus fragmentos sin filo se hallaban esparcidos por la avenida manchada con la sangre y los cuerpos de los guardaespaldas, el aquila imperial adornaba su puerta, el transporte personal del Prefecto sin lugar a duda.

Un equipo de investigadores se hallaba recabando las pruebas que el accidente pudiera otorgarles, analizan con un trabajo más parecido al de un rastreador que el de un detective. Un hombre robusto arrodillado miraba con perspicacia la abolladura del impacto, y las marcas del material sintético que derrapó en el rococemento.

-Vladimir, ¿qué pistas tienes?- interroga Medina.

El investigador poseía un ojo biónico, su cabello castaño estaba polvoriento, y su armadura de caparazón llena de marcas y sellos de pureza.

-Otro vehículo blindado fue el responsable, hay pocos con el dinero para conseguir uno del modelo que describió el conductor.

-Traje conmigo al asistente del Prefecto. Vamos a interrogarlo en privado- indica al tocarle el hombro para que se levantase.

Vladimir se sacude el cabello -De acuerdo.

En una habitación de interrogación bien iluminada, Vladimir y Ke'lla se sentaron frente a Olev.

-Sesión de interrogatorio Número: Cero. Dos. Cinco. Dos. Siete. Ocho. Interrogadores, Jueza de Justicia Mayor Ke'lla Medina e Investigador Vladimir Kuchenko. Interrogado, Tecnoadepto Olev Opparin Beta-Sigma, el cual se ofrece voluntariamente al procedimiento y colaborar con la justicia, cumpliendo con su deber hacia el Imperio y la voluntad del Dios Emperador de la Humanidad. Amado por todos.- expresa Ke'lla para los registros de audio.

Olev se veía en calma con sus manos sobre la mesa -Salve el Omnissiah.

-Adepto Olev, ¿es usted el asistente personal del Prefecto Diego Francisco Samaniego, encargado de la Prefectura de Diógenes en Alala?- inquiere Vladimir.

-Así es.

Vladimir se acomoda en su asiento -¿Usted se encarga entre otras cosas de la agenda personal del Prefecto?

-Correcto.

-¿Dónde se hallaba el Prefecto el día de hoy a las Nueve con treinta minutos de la mañana?

-En la Catedral de los Mártires para sus plegaria matutina, como es su costumbre. Aunque asistió dos horas más tarde de lo habitual.

-¿Debía encontrarse con alguien en particular el día de hoy?

-Si, con la Gobernadora Planetaria Gracia Perpetua Cantares del Castillo Rocafuerte.

Vladimir y Ke'lla se miraron sorprendidos, todas las piezas caían en su posición.

Ke'lla mira al tecnoadepto -Agradecemos su colaboración Olev. Yo, la Jueza Medina, doy por terminada la sesión. Que el Emperador lo proteja Tecnoadepto.

Las grabaciones cesaron, pero el interrogatorio no culminó.

-¿Qué debían discutir?- indaga Ke'lla.

-Lo desconozco.- responde Opparin.

-¿Y qué supone?

Olev se lleva la mano a la mandíbula -Estos últimos meses hablaban mucho del diezmo, y de los reclutas que debían enviar.

-¿Cómo iban estas conversaciones?- interviene Kuchenko.

-La Gobernadora pidió que se entregaran individuos específicos dentro de las filas de las FDP, entre edades de veinticinco y dieciocho años- informa con estoicismo.

Ke'lla y Vladimir volvieron a encontrarse con la mirada.

-Las edades de los desaparecidos- expresa Ke'lla.

-Pero no formaban parte de las FDP- replica Vladimir -¿Por qué se ha guardado esta información tan comprometedora?

-Me considero alguien profesional, los asuntos tratados por mis superiores no deben ser revelados a menos que las autoridades judiciales me las soliciten- declara con calma.

Ke'lla se levanta -Algo trama esa mujer, no sabremos que, pero ella misma nos lo dirá.

-El Prefecto se instaló un rastreador en su placa dental- señala el tecnoadepto.

Grupos de arbitradores y agentes se colocaron sus armaduras de caparazón, tomaron bolter y mazas de energía, equipos antidisturbios llenaron las calles liderados por Vladimir; los transportes Rhino y Repressor se encaminaron al palacio de la gobernadora planetaria. La movilización no pasó desapercibida, las milicias privadas de Gracia Perpetua se atrincheraron en los jardines del palacio, bolter automáticos se dispusieron en los muros de ferrocemento, cañones automáticos en la azotea del palacio y cañones láser en los pasillos exteriores entre columnas de mármol. El cruce de fuego fue intenso, los duros arbitradores y agentes se abrieron paso lenta pero inexorablemente, obligando a los mercenarios a desperdiciar mucha de su munición disparando a los severos y perseverantes agentes del arbites.

A veinte kilómetros de distancia un grupo especial de arbitradores comandado por Ke'lla, y guiados por Olev, siguieron la señal del Prefecto Samaniego. Su última transmisión provino de un complejo de túneles que fueron en algún momento la entrada principal al motor de la ciudad bajo tierra. Un transporte repressor transportaba once pasajeros, un conductor y un tirador.

Los arbitradores entonaron las letanías para el correcto funcionamiento del espíritu máquina de sus armas y rezaron al Emperador pidiendo su protección.

Una mujer alta, fornida, de cabello negro corto y piel canela musita -Ya era hora de una misión de verdad.

-Si que te entusiasmas Dáo- dice Luis mientras pasaba el humo del incienso sobre su escopeta.

-Lo cual es arriesgado, la última vez se rompió catorce huesos- menciona con sorna Mclaren un hombre delgado y fibroso.

En medio de las risas de sus compañeros Dáo Vû replica -Para ser justos me rompí cinco con los sentones de tu novia.

MClaren en lugar de sentirse ofendido ríe junto a sus compañeros -Esa estuvo buena.

-Tú te lo buscaste mi hermano- menciona Atreius riendo, un hombre de relativa baja estatura pero de cuerpo grueso y fornido.

Ke'lla no reía junto a sus subordinados pero les permitió mantener ese sentimiento de unidad y amistad, pero ya era suficiente -Basta gente, dos minutos, colóquense los cascos.

-¿Realmente esperamos recuperar vivo al Prefecto?- pregunta un hombre calvo de piel pálida y constitución robusta.

-Eso pretendo- dice secamente al quitar el seguro de sus pistolas bolter.

-Cualquiera que sea el desenlace debemos cumplir con nuestro deber, no te lo cuestiones tanto Takeshi- profiere Nadia al guardarse dos granadas en su cinturón magnético.

Por los parlantes se escucha la voz de Nguyen , su conductor -Un minuto para llegar al punto.

Un hombre alto, de cabello rubio y ojos verdes toma un mazo de energía y un escudo -Vamos Dáo, nosotros salimos primero.

Dáo Vû con escudo y maza se coloca al lado de la puerta -Estoy lista, Rodión.

-Todos en posición, Mir'ka y Aurelio ustedes conmigo a la retaguardia- ordena Ke'lla dando un último vistazo a su equipamiento.

El vehículo reduce su velocidad mientras los arbitradores toman posición, Olev que se ofreció a acompañarlos fue colocado en la retaguardia, el transporte se detiene por completo.

Mientras las piezas hidráulicas y mecánicas abrían la rampa Mir'ka profiere en voz alta -El Emperador protege.

El grupo baja del blindado, se mueven en dos columnas, los agentes al frente con escudos antidisturbios y mazas de energía, protegen el avance de sus camaradas. El tecnoadepto fue encargado de monitorear el auspex y los instrumentos, llegan a las puertas sin percances, los sensores no detectan ninguna señal biométrica. Olev desde su brazo saca un pequeño tentáculo metálico que se conecta a la puerta, el panel se llena de código binario mientras los seguros de la puerta son descifrados.

Las puertas se abren, dejan escapar un olor seco y mortecino, como carne disecada en putrefacción, los arbites fruncen el entrecejo ante el olor y avanzan. Las farolas desprenden una luz blanca muy débil, apenas logrando iluminar la sección central de los anchos corredores, e incluso en algunas partes en la profundidad se ven secciones sin iluminación. Las gruesas botas resuenan al golpear el rococemento de la construcción.

-¿A dónde Olev?- pregunta Ke'lla, sostenía dos pistolas bolter conocidas como "Las gemelas sanguinarias", y se posicionó en la retaguardia junto al tecnoadepto.

-Sigamos adelante, tomaremos el elevador y bajaremos tres niveles hasta la sala de monitoreo, esperemos que sus sensores vuelvan a funcionar tras un par letanías y reparaciones.

Medina asiente -Adelante.

-Lugares como estos los usaría para tender una emboscada- señala Aurelio con su vista fijada en las intersecciones esperando ver a alguien contra quien desatar el fuego de su bolter.

-Por ello no bajes la guardia- formula Medina.

El elevador es una plataforma de carga para maquinaria pesada, suben en formación, las puertas se cierran y mientras descienden el olor se hace más fuerte. La plataforma chirría, las luces se tornan rojas, se detiene de golpe y los arbites son derribados por el brusco frenado, la sección izquierda cede, se inclina y algunos de ellos se golpean contra los muros al perder el equilibrio.

-¿Cuánto bajamos?- pregunta Luis al incorporarse y recuperar su escopeta de munición incendiaria bautizada como "Soplo de Dracomorfo".

Olev logró permanecer de pie gracias a sus botas magnéticas, sacudiéndose un poco responde -Dos niveles.

Ke'lla levanta a una de sus subordinadas -Nadia, abre esa puerta.

-Si este lugar no estuviera abandonado tanto tiempo creería que alguien saboteó esta plataforma- masculla Dáo Vû.

Nadia regula el flujo de su lanzallamas de mano "Flamas de Justicia", un chorro fino pero potente de promethium derrite la gruesa puerta de plastiacero, hace un arco irregular y tras dar una fuerte patada les abre paso. Los agentes con escudos salen primero, el resto les sigue con cautela.

Bajan por las escaleras hacia un piso sin luces, el desagradable olor de arriba se convierte en un vaho nauseabundo, pegándose en las fosas nasales, aferrándose a la mente de los arbitradores, continúan aunque escupieron espesa saliva en disgusto. Las linternas se encienden, prosiguen su camino con cautela. El brillo verde del auspex golpea el rostro de Olev dándole una apariencia tenebrosa.

-Marciano- exclama Mir'ka.

-Estamos cerca, giren a la izquierda en la próxima intersección.

Los pasos ruidosos y secos se tornan paulatinamente en silenciosos y húmedos, esto llama la atención de Ke'lla, observando detecta una película pegajosa sobre el piso; tan pronto como la ve su corazón se acelera, levanta la mirada y una mucosidad negra colgaba del techo.

-Esto no me gusta- menciona MClaren al apretar fuertemente su bolter contra el peto.

-Regresamos- dice Medina al momento.

Olev confundido expresa -Pero el Prefecto...

-Ya no existe como tal, debemos regresar- gruñe.

El auspex emite pitidos de alarma, en su pantalla aparecen señales biométricas, docenas de ellas que provenían de más adelante.

-¡Rápido!

-¡Carajo!- gruñe Luis.

Las dos columnas apresuran su paso, empiezan a escuchar el sonido de garras raspando contra el plastiacero, un ruido penetrante y enervante. El auspex chirría incansablemente, Ke'lla toma el aparato y lo arroja hacia atrás para librarse de ese ruido al menos. A los macabros pasos se les unen gruñidos hambrientos y la persistente respiración de sus inhumanos acosadores.

-Malditos Xenos- resopla Atreius viendo en todas direcciones.

Cruzaban una intersección en dirección a las escaleras cuando una garra purpúrea arrastra a uno de los arbitradores hacia la oscuridad, el resto continúa su huida mientras el grito de desafío y el sonido del bolter se callaban con un ahogado y gutural grito de dolor y el sonido metálico del bolter cayendo al suelo, pocos segundos después la explosión de una granada provoca el grito agónico de criaturas siniestras.

-¡Malditos infelices!- grita Nadia al arrojar una granada, apartando temporalmente a las bestias.

-Perdimos a McLaren- advierte Olev con una voz sumamente nerviosa.

-¡Si no nos apresuramos lo acompañaremos!- exclama Medina, hala de Olev para que no estorbase el avance de todos.

Los impávidos adeptus arbites sienten algo que hace mucho tiempo no habían experimentado, el frío en sus espaldas, el retumbar trepidante de su músculo cardíaco y el entumecimiento de sus estómagos; entrenados para ignorarlo, el sentimiento los golpea de improviso y saben reconocerlo al instante. Miedo.

Suben por las escaleras disparando sus bolters, las ráfagas logran iluminar efímera y tenuemente una cabeza quitinosa de ojos y dientes amarillos además de una babosa lengua carmesí. La sangre púrpura brota de las criaturas manchando las paredes y escudos de los arbites; las temibles garras de estas criaturas cortan los escudos antidisturbios como si se tratasen de pliegues de cartón. Las linternas del casco permiten a los arbitradores ver como una de estas criaturas atrapa a su compañera ahora sin escudo, el xeno introduce su larga lengua en la boca de la arbites, la mujer entre espasmos usa su pistola bolter para acabar con la bestia. El estrecho espacio permite que los disparos de la escuadra sean más precisos, el fuego bolter despedaza la piel quitinosa, la cortina de fuego aniquila a los xenos, viendo sus número disminuir las bestias huyen.

-Dáo Vû- dice Ke'lla al recoger a la mujer - ¿Cómo estás?

Ella no responde, se afloja el cinturón y entrega sus granadas -Nada bien- con la mirada abatida también entrega su pistola y mazo de energía -El Emperador protege- suspira al cerrar los ojos.

Toma los objetos y apunta la pistola contra la sien de la arbitradora -Sí, lo hace- murmura al apretar el gatillo; el cráneo se convierte en un vaho sanguinolento.

Medina observa el cuerpo decapitado por el disparo, había matado a muchos en el pasado, pero nunca a un siervo fiel del Emperador, perdió subordinados en el curso de su labor, sin embargo no había tenido que aplicarles la paz del Emperador, habían muerto luchando hasta la última bala, hasta el último aliento, hasta que la sangre de su cuerpo se agotara por completo; en esta ocasión no había tal opción, estas monstruosidades te quitaban incluso tu lealtad.

-Jueza- llama Mir'ka -Debemos continuar.

Medina le entrega las granadas -No dejarás que tomen nuestra fe, ¿comprendes?

Mir'ka asiente -Si señora- toma el cinturón y se lo cuelga al hombro.

-Jodidos xenos- espeta Luis mientras el cuerpo de su compañera desaparecía en la oscuridad.

Sus pasos se apresuran, las botas resuenan contra las metálicas escaleras, la respiración se hace pesada, no pueden determinar la causa de tal efecto sobre su cuerpo, el aire enviciado y añejado por años dentro de la construcción abandonada es la única explicación que pueden darse y ruegan porque así sea. Los oscuros pasillos son reemplazados por corredores pobremente iluminados.

-¿Quién fue el infeliz que decidió no poner una salida directa al exterior?- recrimina Aurelio que había tomado la posición de retaguardia.

-Fue construida hace diez mil años, y seguro no pensaron que se volvería un nido de genestealers- menciona Olev, las lecturas de sus sensores se le aparecían en su sistema visual como números binarios.

-¿Dónde está el elevador de personal?- indaga Ke'lla con sus bolter gemelos apuntando hacia el frente.

Olev reproduce el mapa en su campo visual -Trescientos metros...

Las farolas se apagan repentinamente, quedando de nuevo solo con las luces de sus linternas.

-Maravilloso, simplemente maravilloso- menciona Takeshi con un tono evidentemente irónico y tortuoso.

-La opción del elevador queda descartada- señala Olev que ya empezaba a sudar y su corazón a agitarse.

-No- responde Ke'lla -Subiremos por el hueco del elevador.

Las pisadas se renuevan, el escudo del frente se coloca en diagonal buscando proteger al par que iba adelante; el trayecto se recorre con prisa, sudan atemorizados pero listos para oprimir el gatillo de sus armas. Crean un perímetro alrededor de la puerta. Nadia se abre paso con su lanzallamas , el metal derretido gotea sobre el rococemento, al enfriarse libera un olor metálico, un fuerte aroma ferroso, intoxicante aunque tolerable.

El ruido de las patas quitinosas regresa con el rugido cavernoso de los xenos, el sonido es tan fuerte y espantoso que disparan antes de que entren en el rango de sus linternas; emergen por la ventilación, desafiando la gravedad se arrastran por las paredes, las garras y mandíbulas afiladas se aproximan tanto que el hedor cálido y repugnante de las fauces de las bestias se introduce por las fosas nasales. El grupo es inundado por los bichos, las granadas de fragmentación e incendiarias evitan que las despreciables monstruosidades los abrumen, las llamas de promethium arden el tiempo suficiente para que Nadia termine de abrir ese primer obstáculo.

Nadia trepa por los paredes, aferrándose de las pequeñas salientes y cables, volver a usar el lanzallamas ya no era opción, serían engullidos o asimilados antes de que terminase, con el seguro magnético coloca el reservorio de promethium del lanzallamas y regresa juntos a sus compañeros.

-¡Nadia, ¿qué pasa con esa puerta?!- grita Ke'lla mientras disparaba sus dos bolter.

-Un momento- le responde mientras toma su pistola láser y apunta. Con un certero tiro el combustible estalla y derrite la puerta al completo.

-¡Ya era hora!- clama Takeshi regresando su vista hacia su compañera. Ese pequeño momento de descuido fue fatal, unos filamentos carnosos atraviesan su armadura y se clavan como arpones, sin que nadie pudiera reaccionar es arrastrado velozmente hacia la las oscuras fauces de las bestias, lo último que ve son unos penetrantes ojos amarillos inyectados en sangre.

-¡AAAAAAAAHHH!

El grupo siente escalofríos al oír ese desgarrador aullido de dolor y desesperación, emociones prístinas y arcaicas emergen desde las profundas fosas cerradas en su código genético, regresan a los tiempos atávicos, en los que la humanidad se escondía en las cavernas de las bestias depredadoras de las llanuras, y temblorosos se acurrucaban al fuego.

Medina aprieta la mandíbula y recarga sus bolters -¡Nadia, Luis trepen y aseguren unas cuerdas!

Disparo por disparo los casquillos ardientes caen al frío rococemento y la munición reactiva explota al penetrar la quitinosa piel de los xenos, al hacerlo las criaturas se despedazan arrojando icor maloliente y entrañas retorcidas.

-Puta mierda- masculla Atreius al detener sus disparos para recargar mientras sus compañeros lo cubrían.

Una de las criaturas con sus garras afiladas emerge de las llamas con la piel chamuscada, arremete clavando sus extremidades en el vientre de Atreius, la armadura no detiene las afiladas y poderosas zarpas del alien, dos brazos más atrapan sus manos aplastándolo contra el suelo, una larga lengua probóscide sale de una boca babeante.

Sus compañeros derriban a la bestia con fuego de bolter, las tripas le caen el rostro, el hedor nauseabundo era igual de atosigante que el aberrante dolor que siente en su abdomen. Mir'ka y Aurelio liberan a su compañero de las garras, e inyectan drogas de combate en su sistema para que se recupere, arrastran a Atreius hasta el hueco del ascensor y lo sujetan con la soga que Luis proporciona desde lo alto.

Olev fue a por la cuerda de Nadia -Espera- la voz de Ke'lla -Yo lo llevaré tecnoadepto.

-No es necesario, mis botas son magnéticas me dan bastante estabilidad- replica Olev.

-De acuerdo, ten cuidado- profiere con sutileza, su voz suena como un arroyo, suave y condescendiente.

Olev sonríe débilmente -Estaré bien- su voz expresa las emociones que sus ojos cibernéticos no pueden demostrar.

Atreius y el tecnoadepto llegan al nivel superior en pocos segundos, las sogas caen de regreso.

-Mir'ka, Aurelio van ustedes- indica Medina ocupando la posición del par con sus pistolas bolter.

-No señora, vayan ustedes. Esto no podrán contenerlo solo dos personas, pero les daremos el tiempo- formula Aurelio mientras seguía disparando.

Ke'lla permanece en silencio hasta que su otro subordinado, Rodión, habla -Vaya mi señora, el Adeptus Arbites no puede darse el lujo de perder a una oficial como usted.

-El Emperador recordará esto, y yo también- enuncia haciendo el signo del aquila con sus manos.

Las mujeres trepan por las cuerdas, el sonido de sus compañeros disparando se detiene antes de que terminaran de subir, de inmediato el sonido de las mazas eléctricas impactando contundentemente contra materia orgánica reemplaza el sonido de bolter; los gruñidos, quejidos y palabras soeces gorgoteantes es lo último que se escucha antes de la explosión de las granadas que portaban.

Ke'lla mira hacia abajo, los xenos no los persiguen, regresa su mirada hacia los subordinados que todavía le quedaban.

-Hemos perdido siervos leales al Emperador, salgamos de aquí y regresemos con refuerzos a purgar este asqueroso agujero.

Atreius a pesar de la enorme herida infligida se levanta, con su rostro pálido como la nieve no daba la impresión de aguantar mucho más.

-Me gustaría... acabar con más de estos malditos... genestealers, señora- masculla con dificultad.

-Salgamos de aquí primero- Ke'lla enfunda uno de sus bolter y lo ayuda a caminar.

-Apresurémonos, todavía pueden volver- musita Luis al recargar su escopeta de munición incendiaria.

Olev ensimismado reproduce todas las posibilidades y variantes de su situación -Esto no se quedó bajo tierra todos estos años.

Ke'lla asiente en comprensión-De eso tendremos que encargarnos un...

Unos garfios húmedos atraviesan la espalda de Medina, desgarrando uno de sus riñones; Atreius también es atrapado por las prolongaciones de la criatura que ahora aparece en toda su terrible anatomía. Una bestia enorme que apenas cabe en el pasillo, extremidades delgadas, y tentáculos viscosos cubriendo sus fauces; su insectoide piel recubierta por quitinosas espinas puntiagudas y sus afiladas patas delanteras le daban un aire intimidante. Sus ojos amarillos poseen una mirada potente, analítica y casi humana.

Los arpones de la bestia se retraen arrastrando al par, sus armas se les caen, dejan un rastro de sangre por el rococemento; Ke'lla observa el rostro herido de la bestia, unos ojos rabiosos en un rostro quemado y pintado de carmesí con la sangre de su equipo. "¿Hallaré mi fin aquí?" se pregunta impotente, levanta su mirada hacia atrás, esperando un atisbo de esperanza.

Olev al percibir los sucesos corre hacia Ke'lla con toda intención de rescatarla, sin embargo su cuerpo orgánico no le permite alcanzarla, la ve ser arrastrada hacia la poderosa bestia tiranida, más no desiste, la arrancaría de las fauces de la bestia si fuese necesario. La criatura le aterra con su tentaculosa boca y terribles garras, pero su deseo por salvar a aquella mujer es más poderosa; sus músculos llenos de adrenalina se apresuran vertiginosamente hacia adelante, su corazón agitado no pierde la fe. "Omnissiah por favor" ruega decidido.

Artreius conoce su destino y su labor, había aguantado heridas peores y sobrevivido, puede librarse con su cuchillo, pero hacerlo solo le daría pocos segundos más de vida, no tiene la fuerza para combatir, para él solo hay un único curso de acción posible.

-El Emperador protege- gruñe al usar su afilado cuchillo para cortar los arpones que apresaban a la Jueza.

Ke'lla es alcanzada por Olev, voltea justo a tiempo para presenciar el último intento de confrontación de Atreius. El arbitrador clava la daga en uno de los ojos del bicho, la sangre purpúrea de la bestia se derrama en el suelo. La criatura en un instante, un espacio de tiempo efímero, veloz y brutal parte al arbitrador, destroza la armadura de caparazón, piel y huesos como si fuesen de papel, el líquido escarlata cubre la sangre del monstruo, mientras el rostro de Atreius se deformaba en una mueca de dolor sordo, y las vísceras sanguinolentas se desparraman por el suelo que ahora luce un carmesí violento. La criatura avanza con sus monstruosas patas aplastando los restos del arbitrador convirtiéndolo en una masa de huesos y carne deformada.

-¡Líctor!- clama Luis al disparar su escopeta, la munición estalla sobre la piel, derramando promethium ardiente que logra detener el envite por un instante -¡Basura xenos!

Nadia con su lanzallamas crea una pared de fuego que permite a Ke'lla y Olev llegar hasta ellos, reanudan la huida. Mir'ka con su bolter apoya el fuego de sus compañeros -¡Asquerosos insectos!

Luis con su escopeta de tambor Vox Legi continua disparando las toscas y sólidas municiones reactivas. El líctor sobrepasa las llamas, con las largas extremidades alcanza a Luis, las zarpas le atraviesan el casco y el cráneo, materia gris se dispersa por el suelo. Ke'lla se sobrepone al dolor, se separa de Olev y dispara su pistola bolter mientras toma su porra de energía para encarar a la monstruosidad. De un veloz y severo golpe la criatura abolla la armadura de Nadia, se le rompen varias costillas y su lanzallamas se cae de sus manos. Mir'ka horrorizada vacía su bolter sobre el tiránido, el xeno furibundo la atraviesa con sus garras y la acerca a su boca; la arbitradora sabe que es su final, activa la granada que aún le quedaba y la introdujo en las fauces de la bestia, su mano le fue arrancada de un mordisco, sin embargo su plan fue fructífero; la granada estalla, la quijada de la bestia se desprende, la metralla se incrusta en su cráneo, la sangre purpúrea se riega a raudales; no obstante la bestia quitinosa no cae y de rabia aplasta el cuerpo de Mir'ka con sus zarpas hasta despedazarla, dejando sus restos como si fuesen carne molida.

El líctor avanza mientras Ke'lla continua disparando su pistola bolter, la bestia jadea con su hocico hecho añicos; la sangre xeno salpica por todo el suelo, el cuerpo del tiránido se lanza hacia adelante y se desploma por sus heridas, convulsiona en el suelo y sus debilitadas extremidades intentaban patéticamente ponerlo de pie.

Medina se acerca hasta el lanzallamas tirado en el suelo manchado con la sangre del tiránido -Olev, ayuda a Nadia.

-En seguida- el tecnoadepto rodea a la criatura moribunda con cautela.

Observa a la bestia condenada, sus ojos amarillos miran con rencor e ira salvaje, sin temor, solo odio y hambre, un hambre insaciable que se cierne sobre Alala de forma inminente.

Ke'lla aún sangrando y con su vitalidad escapando de su ser mira lo bestial de aquel ser, a pesar de lo atemorizante de este líctor no era más que una fuerza de vanguardia, un explorador que preparaba el terreno para una sombra voraz.

-Bicho asqueroso- masculla al disparar el lanzallamas.

El promethium se pega en la piel quitinosa, las llamas arden espectralmente mientras consumen la carne alienígena, la criatura da sus últimos espasmos de vida, la piel se carboniza y fragmenta desprendiendo un hedor sombrío.

Ke'lla, Olev y Nadia alcanzan el exterior, el repressor lo esperaba con sus armas apuntando hacia la entrada.

El vox de Ke'lla resuena -Jueza Medina, han surgido revueltas por todo Alala.

Medina aprieta la mandíbula con rabia -Ha empezado.

Esperen dos capítulos más...